Friday, October 24, 2008

Max Payne


El mito del supersoldado
Ricardo Martínez García

Basada en un videojuego que data del 2001 y que trata de la lucha entre un policía y miembros de la mafia, Max Payne, película de John Moore y protagonizada por Mark Wahlberg, deja de lado asunto de la mafia y se centra en la búsqueda de los culpables del asesinato de la esposa de este rudo policía.

La esposa de Payne lleva tres años de muerta y aún no han sido hallados los culpables, lo cual ocasiona la obsesión y tortura de Max. El caso se reactiva cuando el ex compañero de Payne encuentra nuevas pistas pero es asesinado antes de poner al tanto al detective.

Las pistas que sigue Payne lo llevan a descubrir que la empresa farmacéutica para la que trabajaba su esposa había desarrollado una droga que supuestamente haría de los soldados de las tropas norteamericanas unos guerreros invencibles, cosa con lo que contaban para ganar cualquier guerra.

Los problemas surgieron cuando la droga sólo funcionó en el 1% de los soldados, y en el resto provocaba alucinaciones, además de volver adictos a quienes lo tomaban. La señora Payne tuvo la mala suerte de encontrarse casualmente con esa información, lo que marcó su destino.

La cinta cuenta a ratos con un ambiente de dark triller apocalíptico, por ejemplo cuando aparecen esas oscuras figuras con alas en las tristes calles de Nueva York y que luego nos enteramos que son producto del efecto de la droga fallida.

Algunas cintas en cartelera (y muchas otras en el pasado) muestran la concepción de los cineastas de hasta dónde creen que está dispuesto a llegar un gobierno que tiene que administrar sus tropas desplegadas en misiones “de paz y de democratización” en varias importantes plazas del mundo.

En Traidor (08) Jeffrey Nachmanoff y Steve Martin plantean el problema que tiene que resolver un soldado de primera, especializado en explosivos, ante la disyuntiva entre serle fiel a su patria o a su religión. En esta cinta el asunto –como ejercicio de imaginación- es suponer hasta qué punto las autoridades militares están dispuestas a llegar con el fin de garantizar que sus soldados se vuelvan verdaderas máquinas de matar, sin temor a nada.

Mark Wahlberg tiene ya rato de ofrecer actuaciones contundentes en películas donde saca su mejor imagen como matón, policía o ladrón, que son casi lo mismo en sus duras y a veces hasta brutales pero convincentes caracterizaciones. Así lo hemos visto en Los Infiltrados (Scorsesse, 06), Cuatro Hermanos (Singleton, 05) y El trabajo italiano (Gray, 03).

Se trata de una cinta entretenida que mezcla y abreva de fuentes como el cine de detectives, los efectos negativos de las drogas y un específico tipo de ficción obtenida de un videojuego. El resultado es bastante aceptable como espectáculo, más el plus que otorga la idea de un sistema empresarial militar fácilmente corrompible con efectos nefastos para los involucrados.

Thursday, October 23, 2008

Traidor


Fidelidad a la Patria o ¿a Dios?
Ricardo Martínez García
Don Cheadle, actor de cintas como Hotel Rwanda, y la saga de Oceans 12 y 13, produce y protagoniza Traidor (08), del director Jeffrey Nachmanoff, basada en una idea escrita por el comediante Steve Martin, quien se pone serio y ofrece una historia de espías y terrorismo, dentro del marco de las luchas reivindicatorias de los pueblos árabes musulmanes ante la opresión “de occidente”.

En la lucha contra el terrorismo y la defensa del territorio norteamericano, el agente especial del FBI Ron Clayton (Guy Pearce) sigue las pistas de las actividades de un grupo musulmán extremista y sus proveedores de explosivos, entre los cual está Samir Horn (Cheadle), comerciante de explosivos que en realidad es un agente infiltrado de la CIA, cuya existencia es tan secreta que sólo sabe de él su jefe inmediato, el agente Carter (Jeff Daniels).
Horn apunta con exactitud el hecho de que no sólo él comercia explosivos sino también fabricantes norteamericanos (y británicos, israelíes, rusos, etcétera) que venden sus productos sin importarles que esas mismas armas puedan ser usadas en contra de los Estados Unidos.
Tanto Horn como Carter están enfrascados en una ideología extremista -cada uno en su propio bando- que los acerca demasiado a sus supuestos enemigos: llevan a cabo una guerra en la que no importan los daños colaterales sino el impacto que se pueda producir con los fines últimos: hacerle sentir al enemigo que no hay lugar ni tiempo en que alguien se pueda sentir a salvo.

La cinta parecería ser una más de terroristas y contraespionaje, y Don Cheadle aparece en un papel semejante a aquellos que hicieron famoso a Wesley Snipes, gran actor de acción actualmente de capa caída tras su sentencia de tres años de prisión por evasión de impuestos, aunque eso no le ha impedido seguir trabajando en proyectos como El Arte de la Guerra 2, pero en este caso Cheadle encarna a un norteamericano musulmán convencido y amplio conocedor de su religión, y tal condición es lo interesante de la película.

¿Qué hará un soldado norteamericano, experto en explosivos y reclutado por la CIA para infiltrarse en las filas de una organización extremista islámica con el fin de tener acceso a los líderes para acabar con la amenaza que representan, pero a la vez actuar de acuerdo a su religión? ¿Cómo conciliar su fidelidad tanto a su patria como a su religión? El argumento de Steve Martin es muy bueno. La respuesta sólo se ve al final de la cinta.

Don Cheadle más que sucesor de Snipes es su competidor en este tipo de películas, puesto que sólo tiene dos años menos que Snipes. Tiene el carisma, el talento, la presencia escénica y se encuentra en el mejor momento de su carrera. Su trabajo es realmente sobresaliente y tan solo por eso vale la pena ir a ver esta cinta.

Bajo la Sal

Asesinatos en Serio

Ricardo Martínez García

Bajo la Sal es un triller mexicano interesante, dirigido por el debutante Mario Muñoz, de buena hechura aunque a ratos irregular. El trabajo de Humberto Zurita y Plutarco Haza está a la altura de la fama que cada uno ha creado, y sirve de buen soporte al protagónico que corre a cargo del novel Ricardo Polanco en el papel de Víctor, y de Irene Azuela –ganadora de un Ariel este año- como Isabel.

El comandante Trujillo (Zurita) acude a un pueblo llamado Santa Rosa de la Sal, pueblo costero cuya existencia depende de una salinera (en realidad locaciones en Guerrero Negro, BC), para ayudar a su viejo compañero policía, el comisario Salazar (Emilio Guerrero), a resolver unos crímenes en contra de unas mujeres jóvenes, que parecen apuntar a un asesino serial como el autor.

Se trata de una serie de asesinatos cuyo elemento en común es que todas las muertas iban a la misma escuela preparatoria, lugar en donde el desfigurado prefecto (Haza) y un profesor de matemáticas libinidoso (Julio Bracho) tienen roles intrigantes, por decir lo menos, y es ahí donde comienzan las pesquisas de Trujillo. Al ir conociendo más detalles del caso, Trujillo se va acercando a la verdad, pero eso, lejos de evitar más muertes, propiciará la suya misma.

El título Bajo la sal alude también a aquello que subyace bajo la superficie de lo meramente aparente en las vidas de la gente del pueblo de Santa Rosa: saber quién es quién, qué hacen y a qué se dedican. Así, está el tímido y retraído Víctor, quien además de ser el hijo y ayudante del embalsamador del pueblo, entre sus aficiones tiene una muy particular: concebir y filmar películas animadas con la técnica conocida como stop motion o cuadro por cuadro, en los cuales se realiza un pequeño movimiento en las figuras y luego es fotografiada. También está Isabel, ex estudiante de la prepa y sus dos trabajos, el diurno y el nocturno, además de sus secretos muy bien guardados.

Con un guión escrito por el propio director Mario Muñoz, en colaboración con Ángel Pulido, guión originalmente titulado La Venganza del Valle de las Muñecas, el resultado de la cinta es bastante mejor que el de algunas cintas de origen extranjero que llegan a nuestras salas. Además son de resaltar las breves pero concisas implicaciones y analogías que se hacen con los casos de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Trujillo llegará a decir que en esos casos “ya hay mucha gente involucrada” y que ahí hay una verdadera mafia.

A pesar de que a veces el ritmo es irregular, y de que hay algunos cabos sueltos, como la suspensión de Trujillo en la Ciudad de México o el modus operandi del asesino, si usted busca cine mexicano diferente y de calidad, no se pierda esta cinta.

Friday, October 17, 2008

Quémese Después de Leerse

La Reafirmación de los Actores Sexys

Ricardo Martínez García

Con un gran reparto encabezado por George Clooney, John Malkovich, Tilda Swinton y Brad Pitt, los hermanos Ethan y Joel Coen muestran en Quémese Después de Leerse (Burn After Reading, 08) lo que se puede hacer con estos actores: una cinta llena de enredos, de humor negro y sarcásticas críticas a algunos aspectos del American Way of Life.

Contrario al glamour de la vida personal de los actores Pitt y Clooney, ambos considerados como dos de los hombres más sexys del mundo por las revistas Vanity Fair y Empire, el trabajo que desarrollan en esta cinta no deja lugar a dudas de su capacidad histriónica.

Los personajes de este dúo dinámico, dentro del guión escrito por los propios hermanos Coen, corresponden a tipos comunes y corrientes, tanto así que en el caso de Chad Feldheimer (Pitt), se trata de un teto simpaticón, empleado de gimnasio, sin más aspiraciones que ejercitarse continuamente en su bicicleta.

El eje argumentativo arranca con la renuncia del analista de datos de la CIA Osborne Cox (John Malcovich), el inminente divorcio que le prepara su distante e infiel esposa, la doctora Katy (Tilda Swinton), y el intento de chantaje, demasiado chabacano, al que es sometido por los empleados de un gimnasio: la secretaria Linda Litzke (Frances McDormand), quien está obsesionada con una cirugías que quiere hacerse, y su amigo y perfecto compañero de locuras, Chad.

Clooney encarna a un empleado del Tesoro, Harry Pfarrer, que es cínico, simpático y mujeriego galán otoñal, y que se enreda con Katy y con cuanta mujer se le pone enfrente, entre ellas Linda.

Katy, aconsejada por un abogado inescrupuloso, despoja hasta de la camisa a su aún esposo Osborne. El abogado consigue información personal de Osborne pero su secretaria pierde un disco con la información al ir al gimnasio. Así comienza la historia del chantaje.

Linda está tan obsesionada con las cirugías que necesita para “reinventarse”, que no le importa absolutamente nada, e incluso llega a ofrecer la información y memorias de Osborne a la embajada rusa. “Ustedes no tienen ideología” le espeta el funcionario que los atiende. Ni Linda ni Chad dan muestras de entender a qué se refiere tal aseveración.

La actuación de Clooney resulta realmente llena de vitalidad, en este galán que también es un gran director y productor. El trabajo de Swinton, que se encuentra ahora un tanto alejada del cine de arte que la hiciera famosa y por el cual es recordada en cintas como Orlando, de Sally Potter (92), pero sobre todo por su trabajo con el director de culto Derek Jarman, es también bastante destacable.

La cinta es una muestra más de la versatilidad de John Malkovich, quien tiene en su haber cintas como Relaciones Peligrosas de Stephen Frears (88), En la línea de Fuego de Wolfgang Petersen (93) y en Being John Malkovich, de Spike Jonze (99) donde se interpreta a sí mismo. Su personaje en Burn After Reading –título que hace referencia a la práctica de los espías con documentos confidenciales o ultrasecretos que han cumplido con su cometido- es tal vez el más cotidiano de todos, pero Malkovich lo hace estupendo.

Al principio cuesta trabajo concebir a Pitt en su personaje, pero su trabajo, lo mismo que en el caso de Clooney, no tarda en convencernos de la credibilidad de su papel. Una de las razones de la dificultad pudiera ser que nos hemos acostumbrando más a verlo como el padre de los hijos de la bella Angelina Jolie que como actor.

Difícilmente alguno de los actores en esta cinta será nominado al Oscar por el trabajo realizado en ella, (tal vez McDormand tenga una oportunidad) pero eso es debido a la inclinación de la Academia por las cintas “serias”.

Es tal la riqueza interpretativa en esta película que uno podría llegar a sentirse indigesto, si no se tratara de una comedia que ante todo ironiza sobre la estulticia con la que se rigen tanto algunas instituciones y personas en la actual sociedad norteamericana.

La cinta expone el sinsentido, la obsolencia y vacuidad de la burocracia que impera en la CIA y en otros organismos (como el FBI o, para ser inclusivos, en una institución extranjera como la Embajada Rusa en los Estados Unidos), señalando con humor la inoperancia de tales instituciones. Después del enredo generado por el intento de extorsión de Linda, un jefe de la CIA le pregunta a su subalterno “¿Qué aprendimos?”, “No tengo la menor idea” le contesta éste. “Que no lo volveremos a hacer” concluye el jefe. La ganadora al final es Linda, pues al parecer sus cirugías correrán a cargo de la Agencia de Inteligencia (?).

Ethan y Joel Coen hacen realmente lo que quieren con lo más granado de Hollywood y así lo demuestra esta curiosa y divertida cinta.

Thursday, October 16, 2008

¿Quién es Charlie?

¿Qué quieren los adolescentes?

Ricardo Martínez García

El director debutante Jon Poll presenta ¿Quién es Charlie? (Charlie Bartlett, 07) cinta que tal vez sea la mejor comedia estudiantil del año. Recuerda cintas tan memorables como La Sociedad de los Poetas Muertos o Perfume de Mujer pero sin el esnobismo de las escuelas privadas norteamericanas y además con una insospechada profundidad temática que va más allá de la mera solidaridad y la amistad.

Charlie Bartlett (el joven pero experimentado actor de origen ruso Anton Yelchin) es un adolescente de clase alta que como tantos jóvenes de su edad no se hallan en el mundo y deambula por la vida sin saber a qué atenerse.

No obstante, su necesidad de congraciarse con los demás, de tener verdaderos amigos, lo hace cometer actos que van de lo extraño a lo disparatado, amén de su inventiva y creatividad.

Charlie se vuelve popular tal vez por las razones equivocadas (en la última escuela privada en la que estuvo se dedicaba a falsificar credenciales para sus compañeros, y en la escuela pública a la que finalmente termina asistiendo, se dedica a dar una suerte de consultas siquiátricas y a recetar medicamentos antidepresivos, cosa que lo catapulta a lo más alto de la popularidad escolar), sin ser tan consciente de lo que realmente está haciendo, pero siempre es bienintencionado.

Charlie quiere ayudar a sus compañeros, quiere amigos y los consigue por medios poco ortodoxos –tal vez demasiado poco ortodoxos, pero algo de ficción debía tener la cinta-, lo cual le atrae inevitablemente algunos conflictos. La relación que establece con el director de la escuela, el señor Gardner (el magnífico actor Robert Downey Jr.) se deteriora a extremos deplorables, sobre todo por la otra relación que establece con Susan (la juvenil actriz Kat Dennings), la hija del director, pero es en esa relación con el director que precisamente ambos lograrán encauzar sus acciones hacia fines loables.

La cinta mueve a la reflexión sobre el modo de percibir el mundo que tienen los estudiantes, sobre la labor académica y su insuficiencia para formar y adoptar algunos valores vitales, así como la necesidad de asumir ciertas responsabilidades por nuestros propios actos.

A veces, con la intención de ayudar, se puede llegar a poner en bandeja de plata las opciones para actos desesperados –ante la falta de un involucramiento personal profundo-, como en el caso de un deprimido joven que siente que la vida nada le ofrece y que a nadie le interesa lo que le ocurra, por lo que toma la decisión de salir por la puerta falsa.

Realmente apesadumbrado al saber de ese intento, pues fue él el proveedor de las píldoras fatales, Charlie acude a ver a su amigo deprimido y convaleciente. Es en ese momento que le cae el veinte y la historia – narrada con un ritmo algo irregular pero que no demeritan en la atención- da un giro que la encauza por el buen camino.

Charlie al final descubre que es popular a pesar de ya no ofrecer medicamentos, sino por su única y verdadera habilidad: saber escuchar al otro (aún a pesar de reconocer que él está tan perdido como los demás), y además por su buen sentido común.

Se trata de una cinta entretenida, divertida y profunda en los momentos precisos. Recomendable sobre todo para los estudiantes de nivel medio superior (y para sus profesores) que seguramente encontrarán figuras con las cuales identificarse.