Thursday, October 22, 2009

Roberto Bolaño


En busca de Bolaño o de la obra de un autor de culto

Ricardo Martínez García

El mundo de los escritores noveles, pobres e inexpertos, completamente marginales, que apenas sobreviven en oscuras y sucias buhardillas, mal pagados en el mejor de los casos o explotados por revistas o periódicos de mala facha y de peor prestigio, en suma, el mundo de los escritores fracasados pero comprometidos hasta los huesos con la literatura, es un tema que aparece constante en los escritos de Roberto Bolaño.

Las ciudades de México, Barcelona, París, Londres, son escenarios típicos que dan sustancia a los relatos o novelas de Bolaño. El conocimiento de algunos barrios y calles populares –que parece haber recorrido una y otra vez- que tiene de esas ciudades introducen al lector en ambientes familiares, conocidos, que permiten su identificación plena tanto con lugares como con personajes.

El amor por la literatura lleva a los protagonistas –a la manera de modernos Ulises homéricos- por odiseas pletóricas de aventuras, de sufrimientos, de gozo, de experiencias vitales y humanas, a veces demasiado humanas. Los argumentos bolañescos son complejas ramificaciones dramáticas que se desprenden de un hilo conductor común: el gusto por escribir y por la vida misma.

El estilo sabroso y juvenil que desprenden de las narraciones de esos primeros escritores –a la vez personajes del escritor- al hablar del amor, de la libertad inconsciente del que tiene todo el tiempo del mundo para la literatura y para nada más, escritores que como buenos lectores de otros escritores como José Emilio Pacheco o José Agustín son llevados a extremos muy bien elaborados en novelas como Los Detectives Salvajes, 2666 o en relatos como Llamadas Telefónicas. Ese gusto que se desprende de la narración de personajes como Arturo Belano (alter ego de Bolaño, escritor chileno atormentado y trotamundos) o de Juan García Madero o Ulises Lima, o Leprince, que son personajes que revelan en sus odiseas la Odisea mayor del autor que se proyecta y se identifica en sus propios personajes, dotándolos de una tangible –por humana- realidad.

Bolaño es un creador de historias de escritores desaparecidos, escritores míticos, o generadores de escuelas o corrientes literarias (como el real visceralismo, hermano ficticio del infrarrealismo), escritores cultos y a la vez objetos de culto; es un creador de historias de lectores voraces capaces de enfrentar y vencer el hambre con tal de satisfacer su necesidad de lectura; Bolaño crea estudiosos que trabajan tras las pistas de algún escritor o escritora -como verdaderos detectives- del cual se han vuelto especialistas pero que se alcanzan a dar cuenta de que sus búsquedas no alcanzan a llenar sus propias vidas. Historias de vida que son inabarcables, en las que las vidas de los personajes se parecen tanto a las de su autor.

Roberto Bolaño nació en Santiago de Chile el 28 de abril de 1953. Vivió su infancia en esa ciudad y luego se mudó a la Ciudad de México en 1968, donde se convirtió en un lector voraz, asiduo visitante de bibliotecas públicas. Fue cuando decidió ser escritor. Tras un breve regreso a Chile, donde estuvo preso durante una semana, regresó a México y fundó una corriente literaria de vanguardia llamada infrarrealismo. Luego, decepcionado del mundo literario mexicano y de sus manejos, partió hacia El Salvador, a diferentes lugares de Europa y África, lugares en los que trabajó en muy diversos oficios. Finalmente decidió quedarse en España, donde pudo dedicarse exclusivamente a escribir, ganando cada vez mayores premios y reconocimiento.

Bolaño murió a causa de una insuficiencia hepática, el 14 de julio de 2003. Sus obras incluyen títulos como Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, La Senda de los Elefantes, Los perros románticos, La pista de hielo, La literatura nazi en América, Estrella Distante, Llamadas Telefónicas, Los Detectives Salvajes, Nocturno de Chile y 2666.

Tuesday, October 20, 2009

9


Mística versus tecnología

Ricardo Martínez García

En un mundo completamente destruido por la guerra, las creaciones tecnológicas con forma de máquinas robóticas tremendas, al principio utilizadas como armas contra otros humanos, se han vuelto contra sus creadores, obteniendo previsiblemente la victoria.

El científico creador de una súper máquina llamada Cerebro, luego de la traición de su gobierno y ejército (clara referencia a los gobiernos de corte fascista), se da cuenta de las escasas posibilidades de sobrevivencia del ser humano en esa guerra contra Cerebro, y entonces se ve obligado a hacer uso de viejos conocimientos de hechicería o misticismo (magia, en cualquier caso) para traspasar o transmutar partes de su espíritu a unos muñequitos con el fin de preservar esa última esperanza en el ser humano.

Con un argumento más parecido a Terminator 3 pero sin perder cercanía con ciertos aspectos de Coraline, 9 es una cinta escrita por Pamela Pettler, la guionista de El Cadaver de la Novia y La Casa de los Monstruos.

Dirigida por el debutante cineasta Shane Acker, la película es una historia animada y elaborada de manera soberbia, cuya originalidad radica, además de los estupendos diseños, en el aspecto místico mágico que resulta de usar la transmutación –entendida como el traslado de una energía o alma contenida en un cuerpo a cualquier otro material u objeto- para contrarrestar el peligro de la tecnología sin conciencia convertida en eficaz destructora del mundo.

En ese aspecto la cinta está más próxima a El Castillo Vagabundo, de Hayao Miyazaki (04) solo que con una visión mucho más compleja, siniestra y oscura, aunque ambas comparten aspectos humanos como la solidaridad, la amistad y la unión.

La cinta es producida por Tim Burton (que no necesita presentación), Timor Bekmambetov, el director ruso de Los vigilantes de la noche y Jim Lenley, productor ejecutivo de la estupenda cinta francesa La Escafandra y la Mariposa.

9 es el nombre del último de los muñecos que el científico creador de Cerebro ha construido y ha puesto en él lo último que le quedaba. Cada uno de esos muñecos lleva como nombre el número correspondiente a su confección. Están así el número 1 que es el viejo líder que se cree algo así como un sumo sacerdote que tiene que ser obedecido aunque a veces sus órdenes responden más al miedo que a otra cosa. Su guardia es el fortachón número 8, 6 es un artista gráfico, 2 es un inventor, 5 un especialista mecánico y 7 una intrépida guerrera. La animación de estos muñecos es tan buena que uno puede percibir sus ágiles y gráciles movimientos como si fueran pequeñas ardillas corriendo.

Las voces en inglés de estos simpáticos muñecos han corrido a cargo de Elijah Wood (9), Christopher Plummer (1), Jennifer Connelly (7), Martin Landau (2), Crispin Glover (6) y John C. Reilly (5).

Se trata sin duda de una cinta muy atractiva para el público infantil pero con grandes mensajes para los adultos. Así como Coraline, se volverá muy pronto una cinta clásica de la animación inteligente, cuyo mensaje es que la tecnología usada sin conciencia siempre caerá en la depravación, justamente porque carece de corazón o alma. No deje de verla.

Rec 2


Terror a la española 2

Ricardo Martínez García

En el año 2006 Jaume Balagueró y Paco Plaza realizaron una cinta que rozaba lo sublime y a la vez lo ridículo, con buenas caracterizaciones y un maquillaje correcto, tal era Rec, aunque la historia no fuera muy original. Ahora sin olvidarse del maquillaje correcto y buenos y sencillos efectos, ambos cineastas españoles sí se olvidan del aspecto sublime y se acercan peligrosamente al ridículo completo en Rec 2.

Si bien aquella primera cinta estaba más definida por su parentesco terrorífico-catastrófico con cintas como Exterminio (Boyle, 02) y otras, planteada en un ambiente claustrofóbico donde los protagonistas se las tenían que ver con un supuesto brote de algún tipo de feroz epidemia en un aislado edificio habitacional, y cuyo desenlace consistió en una atinada vuelta de tuerca al proponer que no era una epidemia sino la consecuencia de una enzima obtenida de la sangre de una niña, supuestamente poseída por algún demonio y que se había salido de control (?), otra cosa es arrancar en esta nueva cinta de esa misma premisa para desarrollar una trama con resultados inverosímiles y absurdos.

El resultado es una cinta gore voluntaria o involuntariamente cómica a ratos, con ligeras y probables referencias, se me ocurre, a Santo en la Venganza de la Momia de René Cardona (71) a El Exorcista de William Friedkin (73) y al Nosferatu de Werner Herzog (79). Más allá de esas probables referencias y los vaivenes de calidad que eso representaría, la cinta de Balagueró y Plaza –en la que abundan las muy españolas expresiones lingüísticas como hijo de puta, joder, mierda, etcétera- propone algo imposible y científicamente absurdo: encontrar la forma de sintetizar un espíritu maligno a partir de una sustancia material con el fin de fabricar un antídoto, como si el mal fuera algo tangible como la influenza o como un virus o algo parecido y que pudiera propagarse a través de una mordida. Es como pretender obtener la esencia del amor a partir de una muestra de sangre humana. El mal no es físico sino metafísico, lo mismo que el bien, el amor, el odio, etcétera. El bien y el mal son cuestiones de moralidad y espiritualidad, no de química o física.

Los personajes en la cinta están apenas esbozados, pero todo ocurre tan vertiginosamente que es difícil definirlos. Todos comparten la histeria, la desesperación, la angustia, una vez que se dan cuenta de que no tienen salida, de que se han metido en una trampa mortal y horrorosa. Esas sensaciones son amplificadas gracias a la técnica de filmación de cámara al hombro (igual que su antecesora), que refleja un punto de vista sumamente subjetivo.

En esta nueva cinta reaparece Ángela (Manuela Velasco) la periodista de aquel show de televisión llamado “Mientras usted duerme” en el mismo papel pero con un protagonismo algo más trascendente que aquel de la cinta anterior, ahora sin gritos histéricos ni locuras exageradas, pero que la aproximan al papel realizado por Linda Blair, que tan famosa la hiciera en la mencionada cinta de William Friedkin, aunque esta vez va un poco más allá.

Si usted vio la cinta anterior, tal vez tenga curiosidad de ver esta secuela que, a mi gusto, no es mejor que la primera.

Thursday, October 15, 2009

Sector 9


Fascismo y ciencia ficción

Ricardo Martínez García

El lugar: Sudáfrica (sede del próximo mundial de futbol y conocido país donde se produjo el infame apartheid o segregación política, económica, social y racial de parte de la raza blanca de los Bóeres hacia la raza negra nativa), la situación: una enorme nave extraterrestre averiada se estaciona sobre Johanesburgo, lleva ahí más de 20 años y la tripulación que traía vive hacinada en un horrible ghetto llamado Sector 9. Son casi dos millones de “langostinos” como peyorativamente los llaman los miembros de la Multi National Union (MNU), una especie de confederación de naciones.

La presencia de estos langostinos extraterrestres es tolerada por supuestas “razones humanitarias” pero viven en condiciones más que miserables; nadie sabe para qué llegaron a la Tierra o cuál era su misión, simplemente están ahí, sin integrarse, sin trabajar (a diferencia de lo que cualquier grupo de migrantes desea justamente al migrar, con los cuales pudieran ser comparados estos extraterrestres), siendo objeto de segregación y represión por unos humanos hipócritas y facciosos –los nigerianos controladores de las apuestas, la prostitución y otras lindezas, los empresarios que ven oportunidades de lucrar en cualquier situación que se presenta, los gobiernos represores que desean mantener a toda costa el control sobre la población o las propias buenas sociedades que se desentienden de los problemas “sociales” y sólo muestran indiferencia.

Esta cinta, dirigida por Neill Blomkamp y producida por Peter Jackson, el famoso director de la trilogía de El Señor de los Anillos, es una metáfora de las relaciones que se producen con los extraños, sean migrantes o –en este caso- los ficticios extraterrestres. La discriminación, la segregación, los abusos, el sentimiento de superioridad siempre emergen cuando hay un grupo que se apodera del control. En este caso el MNU (especie de ONU pero de carácter empresarial), es el organismo que decide trasladar, quién sabe por qué, a los extraterrestres hacia un lugar en peores condiciones aún. En esta infame labor de desalojo Wikus van der Merwe (Sharlto Copley), el responsable de la operación, se infecta de algo y este hecho le cambiará la existencia. La vida de Wikus se convierte en una pesadilla kafkiana en la que pasa a ser objeto de una feroz persecución.

No todos los extraterrestres que se muestran en la cinta son (inexplicablemente) poco menos que cavernícolas y eso lo descubrirá Wikus con base en el sudor y la sangre. El desenlace será feliz para algunos y trágico para otros.

Abrevando de cintas como Starship Troopers (Verhoeven, 97) por el tipo de extraterrestres y la forma militar de tratarlos, de Distrito 13 (Morel, 04) por el encierro obligatorio, las negras intenciones de los gobernantes y los grupos que se disputan la organización delictiva, o de los Hombres X (Singer, 00) por la segregación y experimentación a las que son expuestos algunos de sus miembros, Sector 9 hace de los extraterrestres el objeto de cierta codicia por parte de los empresarios que anhelan sus armas, o de aquellos grupos menos globales pero igual de voraces que desean el poder de sus extraños cuerpos a través de ritos extraños.

La información que ofrece la cinta al inicio es como la de los conocidos noticieros que hablan de los conflictos de guerra: espectaculares, vertiginosos y confusos, que apenas si alcanzan para dar un contexto a lo que el espectador ve, desde la comodidad de su hogar. Esa parte puede cansar al espectador, pero el drama humano-extraterrestre es bastante interesante y la historia de Wikus y sus nuevos amigos vale la pena.

Friday, October 09, 2009

Bastardos sin Gloria


Tarantino y su visión ficticia de la historia

Ricardo Martínez García

Bastardos sin Gloria representa la consumación definitiva de Tarantino como un cineasta de culto. Esta historia ficción es un ejercicio grandioso y gozoso pleno de imaginación que mezcla elementos del western, el thriller psicológico, el mejor cine de espías en guerra y además una reflexión sobre la importancia y el papel del cine en la difusión de las ideas y como excelente canal para la diversión y la catarsis emocional e histórica.

Quentin Tarantino presenta en Bastardos sin Gloria un filme clásico e intenso, intrigante, que exige la atención total del espectador, al nivel de la famosa Pulp Fiction. La trama, compleja pero excelentemente estructurada, está ambientada en la Francia de 1944, ocupada por los alemanes en plena Segunda Guerra Mundial; Tarantino nos ofrece la fantástica historia de la existencia de un pequeño escuadrón cazador de nazis llamados los Bastardos. Este escuadrón es comandado por el teniente Aldo el apache Raine (Brad Pitt, en plan estupendo) y su objetivo principal es darle muerte a todo alemán que lleve el uniforme nazi. En su grupo hay un psicópata, el sargento Hugo Stiglitz (personaje al parecer nombrado así porque a Tarantino le gustó el del actor mexicano), y otros salvajes soldados que están dispuestos a todo por las cabelleras nazis.

La contraparte de Raine es el coronel Hans Landa (un sobresaliente Christopher Waltz, actorazo que se luce hablando en alemán, inglés, francés e italiano de manera perfecta) oficial de las SS encargado de buscar a los judíos franceses que se ocultan en la campiña en casas de buenos vecinos. Landa es culto, inteligente y despiadado, con cierto toque de humor, justo como le gustan los personajes a Tarantino. Landa se considera más un detective que un soldado, y en realidad así lo muestra su labor para encontrar judíos.

En la primera parte de la cinta Tarantino se demora algo más de lo necesario, pero lo hace para llevar la tensión psicológica al máximo. Un granjero recibe la visita de Landa, éste le habla en francés y luego en inglés, lo acorrala y le hace confesar que en efecto oculta a una familia judía. De ese encuentro sólo sobrevivirá Shosanna, a la que años después, en el 45, se encontrará Landa sin reconocerla.

Tanto para elegir a personajes, diálogos, actores y música Tarantino es algo especial y sumamente atinado, no solo en el caso de Pitt y Waltz. Basta recordar la inclusión en algunas de sus cintas de actores como Harvey Keitel, Samuel L. Jackson, Bruce Willis, John Travolta, David Carradine, Umma Thurman, y ver ahora a la francesa Mèlanie Laurent (a quien se le vio estupenda en El Cuarto de los Muertos, cinta exhibida en el reciente 13º Tour de Cine Francés), o a la alemana Diane Kruger (quien acompaña a Nicolas Cage en El Tesoro Perdido 1 y2), ambas actrices verdaderamente bellas y talentosas en los papeles de Shosanna Dreyfus y Bridget von Hammersmark respectivamente, o a actores como Eli Roth (el sargento Donnie Donowitz), Michael Fassbender (el teniente Archie Hicox) y hasta Mike Myers en un papel serio como el general Ed Fenech, para darnos cuenta de que uno de los talentos principales de Tarantino es de saber elegir a sus actores.

En esta película de historia ficción Tarantino no está interesado en una crítica social tanto como en mostrar, a la manera de un crisol dramático un argumento en el que los sentimientos inmanentes de los personajes, propios del maniqueo ideario norteamericano, generan naturalmente simpatía hacia el lado políticamente correcto. No sería demasiado extraño que alguna comunidad judía norteamericana intentara convertir a Tarantino a su fe.

Sin dejar de hacer un pequeño señalamiento sobre el dominio judío en la industria cinematográfica en Hollywood, las acciones de los personajes de Tarantino, comandados por el teniente Aldo y secundados por Shosanna y Marcel (Jacky Ido), representan una catarsis al trauma producido por a persecución y sacrificio de millones de judíos por parte del régimen nazi. Es de hecho una catarsis llevada algo más allá de la descarga o liberación de emociones, pues se convierte en salvaje y a la vez cómico sadismo por momentos.

A Tarantino no le llama demasiado la atención proponer verdaderas interpretaciones de historia; con él el contexto histórico se mantiene al mínimo de la teorización. Habría sido interesante por ejemplo ver al teniente Aldo rechazar cualquier tratado para firmar la paz, aduciendo que los Estados Unidos tenían a todo lo que daba la industria militar en ese momento. Bisnes son bisnes.

Ambientada musicalmente a ratos a la manera de su admirado Sergio Leone y con varias piezas de quien fuera su músico de cabecera, Ennio Morricone, también resulta sumamente agradable oír a David Bowie y su Cat People y una que otra pieza de Charles Berstein, del quinto Beatle Billy Preston o de la cantante y actriz Samantha Shelton.

Inglorious Basterds es tal vez la mejor película de Tarantino hasta ahora, director que no es muy prolífico y ha tenido algunos desaguisados con la taquilla, como por ejemplo con su poco afortunada cinta Jackie Brown. Esta nueva cinta es una pieza madura, que muestra lo que ha ido avanzando el director en su arte y en su trabajo. Sin duda una película interesante pero que sobre todo mantiene cierto tipo de sonrisa irónica en más de un espectador, divertido por la manera en que maneja los personajes.

Hay una escena en la que mientras ambos ven el estreno de la cinta "El orgullo de la Nación", Hitler (Martin Wuttke) le dice a Josef Goebbels (Sylvester Groth) que ese trabajo "es tu mejor cinta", mientras el público aplaude a rabiar. Si pensáramos que Hitler es la crítica de cine y Goebbels es Tarantino, mientras que el público es aquel al que va dirigida la cinta, tanto para manipularla como para divertirla, menos para ilustrarla, el modo en el que se incendia la sala ¿qué tipo de metáfora indicaría? No puede dejar de ver esta cinta.

Wednesday, October 07, 2009

El exorcismo de Dorothy Mills


La personalidad de los muertos

Ricardo Martínez García

En una pequeña comunidad rural muy cerrada, dominada por una peculiar religiosidad y aparente unión, enclavada en algún húmedo y verde lugar de las costas irlandesas, una adolescente es sorprendida maltratando a un niño a su cuidado. Para determinar qué pasó, se pide la intervención de una psiquiatra que examine a la chica. Así comienza El Exorcismo de Dorthy Mills (Dorothy Mills, 08) de la directora francesa Agnès Merlet.

En una mini sociedad, tan cerrada, las creencias y los prejuicios son el pan de cada día. Éstos afloran a cada paso, o al menos es lo que nota la psiquiatra Jane Morton (la bellísima actriz holandesa Carice Van Houten), quien es la encargada de examinar a Dorothy Mills (Jenn Murray, excelente actriz), una adolescente que muestra signos de personalidad múltiple.

Nada más comenzar las investigaciones del caso, Morton comienza a notar una general actitud negativa hacia su trabajo, o hacia lo que su ciencia “representa”. Pronto descubre que lo que tiene Dorothy es algo auténticamente patológico pero también que hay algo genuinamente paranormal en ella.

Dorothy es como un imán o un objeto que concentra cierto tipo de energías, sobre todo de gente que ya ha muerto. Esto lo saben los lugareños, quienes se aprovechan de ella para realizar actos deleznables a sus costillas. Pero lo que realmente descubre la psiquiatra Morton, y con ella la mayoría de los pobladores, es el grado de hipocresía que se oculta en algunos de los ellos, quienes amparados en su modo obtuso de entender la religión, no son capaces de reconocer sus propias culpas.

Esta pequeña población no sabe ni reconoce otra ley que la del pastor Ross (Gary Lewis), quien desviando completamente su labor pastoral dirige ciertos ritos excesivos con Dorothy como víctima propiciatoria. Es interesante el simbolismo de las ovejas muertas por manos desconocidas, es como si fueran los propios habitantes de ese pueblo muertos a manos de la maldad inconsciente, en una metáfora muy intensa.

En esta cinta no hay un exorcismo como tal, cosa que sí ocurre en El Exorcista (William Friedkin, 73) o El exorcismo de Emily Rose (Scott Derrickson, 05), aunque ésta última ya tratando el asunto más del lado psicológico. No hay efectos especiales espectaculares, pasos de la araña invertidos ni nada de eso. Lo que sí hay es la muestra de las relaciones y acciones de estos pobladores, bárbaros y violentos a ratos, cerrados y con costumbres locales muy acentuadas, más como en la cinta Zona de Guerra (Tim Roth, 99), cuya estética visual con paisajes y temática rural la colocan más cerca de Dorothy Mills que las dos anteriores.

En un juego de reflejos, la doctora Morton, o su personalidad adoptada por Dorothy, reconoce con su esposo la dificultad del caso, pero no se arrepiente de nada de lo ocurrido en aquella población (¿cómo saber si ella no murió en el primer incidente al que se enfrentó ahí, y luego entrevistó a gente muerta que no sabía que lo estaba, tal como si fueran personajes rulfianos al estilo de Pedro Páramo?). El esposo, también doctor, la invita a abandonar el cuerpo de Dorothy, que parece quedar libre al fin de sus personalidades múltiples. Interesante película, que no es de terror pero sí de una ciencia que es rebasada por lo paranormal.

Monday, October 05, 2009

Identidad Sustituta


Vidas Reemplazadas

Ricardo Martínez García

En un mundo en el que los seres humanos han decidido quedarse en casa y mandar a trabajar a su sustituto robot humanoide, que tiene mucho mejor aspecto físico que el que jamás tendría el humano original pues es algo así como su avatar, la vida y la sociedad dejan de ser lo que han sido para formar una sociedad en apariencia perfecta pero que está esencialmente aislada. Tal es la premisa de esta cinta de ficción, Identidad Sustituta, que es una adaptación de la novela gráfica de Robert Venditti y está dirigida por el director Jonathan Mostow, responsable también de Terminator 3.

La vida que viven estos robots sustitutos le ahorra a los verdaderos humanos –todos ellos enclaustrados en sus casas, con aspectos desaliñados- el dolor, el sufrimiento, las imperfecciones, las incapacidades, pero también los sentimientos, el placer, el goce, el disfrute de esa vida que les han vendido como si fuera el estado ideal del ser humano. Todo parece perfecto, hasta que se descubre un asesinato, el cual será investigado por el agente del FBI Harvey Greer (Bruce Willis, excelente), o mejor dicho por su sustituto.

La trama gira en torno a la deshumanización paulatina que ciertos avances tecnológicos producen en la sociedad. La compañía VSI (Virtual Self Industries) es la encargada del diseño, fabricación y venta de estos sustitutos o Surrogates que ahorran infinidad de trabajos y defectos a los humanos. Su creador, Canter (James Cromwell) reniega de su creación –los surrogates- luego de que alguien asesina al sustituto de su hijo, asesinando también al original a través de un arma especial.

Las semejanzas con cintas como Yo Robot son evidentes aunque en el filme de Mostow los sustitutos son robots comandados a distancia por sus dueños, de quienes son fabricados a su imagen y semejanza, cosa que en la cinta de Alex Proyas ni siquiera se plantea, pues los robots se saben robots, o al menos algunos cuentan con algo parecido a la conciencia.

La semejanza va más al estilo de la clásica de ciencia ficción Blade Runner (Scott, 82), cinta en la que los robots tienen formas y figuras muy humanizadas, perfectas e ideales (basta recordar a los personajes de Sean Young o Rutger Hauer), que cuentan con una identidad propia aunque artificial y algunos ni siquiera se saben robots. En Identidad Sustituta, los robots no tienen conciencia propia pues es la mente del dueño la que los dirige. Y ahí está el problema, pues al disponer de esos hermosos cuerpos súper fuertes y capacidades enormes, casi ningún ser humano quiere volver a andar por la vida con su propio cuerpo que envejece y se debilita con el tiempo. Esto lo entiende el agente Greer, que al ver destruido su sustituto no le queda de otra más que volver a usar su viejo y auténtico cuerpo. Y realiza un acto completamente arbitrario y totalitario.

El equipo realizador de esta cinta, Mostow, Michael Ferris y John Brancatto, que trabajó anteriormente en Terminator 3, ofrece así una reflexión crítica al enajenamiento tecnológico que pudiera alcanzar a vivir la humanidad si realmente las máquinas llegaran a hacer todo por ella.