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Saturday, June 28, 2008

El Super Agente 86

Maxwell Smart regresa por sus (escasos) fueros

Ricardo Martínez García

Al principio de la cinta dirigida por Peter Segal El Super Agente 86 (Get Smart, 08), el famoso personaje creado para la televisión por Mel Brooks, aparece un tanto desdibujado: es una mezcla de un afeminado y meticuloso aspirante a espía que gusta de escuchar la música de Abba y de un obsesivo-compulsivo que necesita apuntar todo en pequeños papelitos para no olvidar nada, manía que recuerda al personaje de Monk.

Conforme avanza la película, el agente 86 va definiendo su personalidad, y cada vez el espectador se familiariza más con este aparentemente inepto agente de Control, aquella vieja (y ficticia) organización de contraespionaje que junto con la CIA y otras agencias gubernamentales son las encargadas de velar por la seguridad nacional de los Estados Unidos, en contra de la otra mítica organización del mal llamada Caos.

El personaje que ahora interpreta en la pantalla grande el actor y comediante Steve Carrel puede ser del todo desconocido y poco atractivo para los adolescentes actuales, pero para aquellos que llegaron a ver la serie de televisión de los sesenta –protagonizada por Don Adams y Barbara Feldon- y que se transmitió en México, con un excelente trabajo de doblaje encabezado por Jorge Arvizu “El Tata”, seguramente les traerá gratos recuerdos.

Maxwell Smart es un recopilador y analista de información confidencial cuyo meticuloso trabajo a pocos de sus compañeros realmente interesa, pero tiene la aspiración de convertirse en agente a cargo de peligrosas misiones.

Luego de aprobar su examen de espía, Smart es comisionado para trabajar con la agente 99 (Anne Hathaway, sin duda de lo mejor de la cinta, así como la Feldon lo era de la serie televisiva) en un peligroso trabajo en Rusia para desmantelar una operación que involucra armas nucleares.

Luego de las infaltables torpezas de rigor, de una sesión de gimnasia que es un guiño a la cinta La Trampa (Jon Amiel, 99), por la escena donde Catherine Zeta Jones le muestra a Sean Connery cómo evade los rayos láser cruzados de una alarma, y de una graciosa competencia de baile, los agentes de Control aparentemente logran desarticular los planes de Caos para desestabilizar el mundo.

Luego de traiciones de agentes dobles infiltrados en Control, del descrédito del agente 86, de su encarcelamiento y escape, éste logra llegar a tiempo a Los Angeles para salvar a un presidente dormilón e inculto (James Caan, excelente personificando a Bush) y conquistar a la reticente agente 99.

A pesar de sus buenos momentos, la cinta adolece del mal de aquellas que están basadas en exitosas series de televisión: no logran convencer del todo a aquellos que vimos las series originales (como en el caso de Los Angeles de Charly, Misión Imposible, Los Locos Adams, ecétera). Es complicado hacer parodia de la parodia original, pero aún -y a pesar de un guión del que se mofa el propio Maxwell- así la cinta se salva por las interpretaciones de Hathaway, de Carrel, de Alan Arkin y hasta de Dwayne Johnson, como el agente doble y traidor.

La adaptación y el doblaje al español “mexicano” –tan de moda y relativamente aceptable en Shrek, Los Increíbles y otras por el estilo- tiene como resultado una comicidad forzada, poco natural y descontextualizadora, por lo que a pesar de contar nuevamente con la voz inconfundible de El Tata, recomendamos la versión en su idioma original.

Sunday, April 06, 2008

Control

El lunes triste de Ian Curtis
Ricardo Martínez García


Anton Corbijn, fotógrafo de Joy Division en su momento y ahora director de la película sobre Curtis, Control (07), presenta los momentos clave de la vida de este malogrado y extraordinario artista, momentos de una expresividad tal vez demasiado sincera y hasta brutal.

Ian Curtis estaba a punto de salir de gira por los Estados Unidos con Joy Division, pero finalmente decidió el 18 de mayo de 1980 que él no quería ir ni a la gira ni a ningún lado más. El momento culminante de su corta carrera musical había llegado, lo que representaba de manera contradictoria haber alcanzado el éxito pero también el arribo del completo descontrol.

Basada en el libro Touching from a Distance, Ian Curtis & Joy Division, escrito por la viuda de Curtis, Deborah, la película muestra la forma en que el cantante y también compositor a los veintitrés años ve destruida su vida, o al menos tal como él la entendía: se sentía atrapado entre el agradecimiento a su esposa y el amor inspirado por una bella amante, pero además muestra el papel tan fundamental que tuvieron sus ataques de epilepsia -los cuales lo trastornaban cada vez más- y la pérdida de control en forma de alienación que debido a su estado mental experimentaba de sí mismo en público.

La influencia musical de David Bowie, Lou Reed, los Sex Pistols e Iggy Pop, así como la transformación del nombre de su banda Warsaw en Joy Division quedan establecidas al comienzo de la película, cuyas partes musicales son muy gozosas y se convierten en poderosas e hipnotizantes presentaciones en vivo, donde Curtis hacía gala de movimientos corporales muy intensos y hasta violentos.

Sam Riley, de veintisiete años, además del actor que da vida a Curtis en la cinta, es el cantante del grupo originario de Leeds llamado 10,000 Things y su voz es bastante parecida a la de Ian.

Curtis era un hombre capaz de recitar a Wordsworth y de escribir letras profundas inspiradas con un gran sentido poético, intensamente desesperadas y tristes. Tales características líricas, sumadas a un estilo musical único –producto de sus compañeros, que luego formarían el legendario New Order- dieron por resultado que en menos de tres años el grupo (77-80) alcanzara cierto nivel de fama y reconocimiento.

El rock de Joy Division es esencial y básico, prácticamente sin arreglos: los instrumentos suenan crudos y directos, descarnados pero potentes. Con todo, el estilo que desarrollaron los hizo sonar tan diferentes a los demás grupos punks británicos (Buzzcocks, Sex Pistols, The Clash) que parecía que inauguraban una nueva clasificación musical.

El trabajo de los actores que interpretan a los músicos (Joe Anderson, James Anthony Pearson y Harry Treadaway) incluyó que aprendieran a ejecutar las canciones de Joy Division, con lo que la cinta gana enormemente en autenticidad: las escenas de las presentaciones no son mímica sino reales. De hecho, Riley y sus compañeros actores interpretaron y grabaron Transmission para el soundtrack.

El trabajo actoral de Riley y de Samantha Morton como Debbie es verdaderamente destacable desde el punto de vista dramático: convencen al espectador de estar viendo una tragedia amorosa anunciada desde su gestación: la extrema juventud del matrimonio y la exposición al éxito y la fama fueron elementos vitales que Curtis, compositor con momentos de inspiración geniales y dueño de gran sinceridad, no logró mantener bajo control. El problema o trauma de Curtis –tal vez originado por él mismo cuando a manera de travesura y junto con un compañero tenía por costumbre robar e ingerir pastillas de cualquier tipo- se manifiesta en su cada vez más intensa y frecuente introspección, expuesta magistralmente por Riley. El papel de Debbie como la esposa engañada y despechada es más convencional pero no menos intenso en la interpretación de Morton.

La vida personal de Curtis, de acuerdo con la película, se reflejaba en sus canciones: mientras peor se sentía, más tristes y desesperadas eran sus letras. Irónicamente dos de sus piezas más famosas fueron She´s lost control y Love will tear us apart.

La cinta, filmada en blanco y negro, de textura ligeramente granulada, es una delicia para el melómano que conoce el trabajo –escaso- de Joy Division, y una excelente introducción a su obra para aquellas generaciones que apenas nacían cuando la banda tuvo su lunes triste, (nombre del que tal vez sea el hit más memorable de New Order: Blue Monday) al ser ése el día en que Curtis decidió que no quería continuar con el descontrol de su vida.

Se trata de un excelente trabajo biográfico, dramático y musical que ha comenzado a cosechar premios y completamente recomendable.