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Friday, October 08, 2010

Comer, Rezar, Amar


En busca de la vida interior 
Ella descubre!
Ricardo Martínez García
Desde los antiguos griegos y hasta Sigmund Freud los grandes sabios han teorizado sobre la finalidad de la vida. La felicidad o la búsqueda de ésta ha ocupado siglos de reflexiones y meditaciones sumamente interesante de gran cantidad de filósofos y hombres de ciencia. Las fuentes de la felicidad que se han planteado, entre otras, corresponden al goce estético de los sentidos, el conocimiento de Dios, el amor y la sexualidad.
En lo que constituye tal vez su mejor cinta desde Erin Brockovich (Soderbergh, 00), Julia Roberts vuelve con una cinta intimista, variada, espiritual, madura, de la mano del cineasta Ryan Murphy y su obra Comer, rezar, amar (10), basada en las memorias de la periodista Elizabeth Gilbert, que se han vuelto un verdadero best seller.
Liz Gilbert es una reportera en crisis de identidad, su matrimonio se va a pique porque cada uno de ellos tiene ideas diferentes de la dirección que debería tener su vida. Ella decide hacer un viaje a diferentes partes del mundo con el fin de alcanzar cierta paz espiritual y corporal. Italia, la India, la paradisiaca isla de Bali, en Indonesia, son sus destinos donde más que buscar experiencias de turista, que ya tenía demasiadas, se busca a sí misma con la ayuda de algunos amigos.
Tres son los aspectos que enfatiza la cinta de las dimensiones de la vida humana. Desde la necesidad física de alimentarse, pasando por el arte del buen comer, hasta el replanteamiento de la existencia y del amor, superando miedos y resistencias, descubriendo en la labor en pro de otras personas y el olvido del natural egoísmo una fuente de placer y bienestar, tales son las cosas que hacen de Liz una mejor persona.
Se trata de una muy disfrutable cinta, optimista en muchos aspectos, dramática en grados solo necesarios, divertida (sobre todo con la aparición del personaje de Javier Bardem) y que deja un buen sabor de boca en el espectador. No deje de verla.

Thursday, May 07, 2009

Duplicidad


Desgana al doble

Ricardo Martínez García

Tras cierto tiempo de inactividad por maternidad o por lo que fuera, Julia Roberts regresa a la pantalla grande con la insípida cinta Duplicidad, del director Tony Gilroy, alguna vez candidato al Oscar y guionista de las tres cintas de la serie Bourne, de Michael Clayton y El Abogado del Diablo, por mencionar algunas.

La Roberts, ganadora del Oscar por su trabajo en Erin Brockovich (00) se ve desencanchada, a pesar de estar bien apoyada por Clive Owen, y tal vez eso se deba más al argumento, escrito por el propio Gilroy, que a la probada capacidad actoral de estas dos estrellas. Extraña que el argumento quede a deber, considerando el trabajo que ha realizado Gilroy en ese terreno.

Dos altos ejecutivos de empresas productoras de cosméticos planean el robo de la fórmula de un producto que “cambiará el rumbo del mercado”, y para ello se entremezclan en un confuso trabajo de espionaje que más que tener atento al espectador lo sumen en profundos momentos de sopor.

La película muestra lo que no es ningún misterio: el trabajo honrado de las personas verdaderamente inventivas puede caer en manos de empresarios vivales que de pronto se adjudican el mérito y los beneficios de un descubrimiento.

En la necesidad de ser ingeniosa, meta de la que queda lejos debido a una excesiva pretensión de sofisticación, la cinta muestra también cómo al mejor cazador se le va la liebre (a menos que pensemos que habrá una segunda parte –poco probable- en la que se verá que Claire Stenwick (Roberts) y Ray Koval (Owen) finalmente se salieron con la suya).

Ni el romance ni el trabajo de intriga realizado por los dos espías contienen momentos que se pudieran destacar. Un juego de aparentes traiciones entre estos dos ex de la CIA y M16 da como resultado que ninguno puede confiar demasiado en el otro, en lo que tal vez representa el mejor momento de la cinta, por lo cómicamente absurdo de las situaciones planteadas. Pero como el juego psicológico es excesivo, el espectador de pronto tampoco sabe qué pensar sobre los resultados obtenidos. Lo que sí parece claro es que una relación que experimenta tantos giros no tiene buen augurio de llegar lejos, a menos que se asuman y compartan los fracasos.

Anticipándose a toda maniobra de espionaje por parte de sus empleados, el empresario Howerd Tully (Tom Wilkinson) se adelanta no solo a dichos saboteadores, sino a su principal enemigo, el soberbio Dick Garsil (Paul Giamatti), para revelarse como el verdadero cerebro detrás de las operaciones subversivo-comerciales en esos grandes conglomerados de cosméticos.

Tully y Garsil abren la cinta en una escena que los muestra en un aeropuerto, junto a su equipo de colaboradores, a un lado de sus respectivos aviones, enzarzándose en una absurda pelea como si fueran niños. Tal escena no se comprende si suponemos que Tully es el que se sale con la suya, o a menos que se conjeture que se pelean porque ambos fueron burlados por la pareja Stenwick-Koval, lo que la cinta al finalizar no muestra.

El resultado final de la película es muy poca acción, casi no hay generación de expectativas sobre lo que ocurrirá, el ritmo es semilento. Es un trhiller fallido. Ni la aparición de esas dos estrellas del cine hollywoodense logra levantar el carácter de esta cinta que es sólo apta para aquellos que realmente sean fans de la Roberts o para aquellas que gustan de ver atractivos galanes como Owen.