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Monday, March 12, 2012
La Dama de Hierro
Sunday, January 31, 2010
Enamorándome de mi ex

Pasiones otoñales divertidas
Ricardo Martínez García
Meryl Streep es tan buena actriz que en cualquier género cinematográfico se ve desenvuelta y muy natural. No por nada es considerada una de las más grandes actrices en la actualidad. Tal es el caso de su trabajo en la tragicomedia romántica de Nancy Meyers, en la cual comparte créditos con Alec Baldwin y Steve Martin.
Es una tragicomedia porque mientras reímos con las situaciones jocosas que se presentan en la vida de Jane (Streep) al tener que lidiar con un reencuentro con su ex esposo Jake (Baldwin), por otro lado la vemos sufrir y debatirse con el conflicto que le genera el saber que aunque su ex es alguien todavía importante para ella, la relación que tenía a nivel individual con él se ha terminado mucho tiempo atrás.
La vemos sufrir las dudas, las inseguridades propias de quien ha perdido la práctica de salir y divertirse con alguien, y que cuando las circunstancias lo permiten, se da el lujo de vivir algo que ella desea pero que no sabe qué final tendrá. Es complicado, como ella le dice a su terapeuta.
Jake es un hombre maduro y en la antesala de la vejez que logró fundar una nueva relación con la joven Agness (Lake Bell) y tiene un niño de cinco años. Pero esto no lo hace feliz y luego del reencuentro casual con su ex intenta regresar a la relación que tuvo con ella. Ambos lo intentan pero las inercias de tantos años presentan sus circunstancias propias haciendo que todo sea “complicado”.
Una nueva oportunidad se abre para Jane cuando conoce a Adam (Steve Martin) pero entre que sí y que no regresa con Jake hay una enorme ambigüedad que tiene que ser resuelta. ¿Quién no se ha visto en una situación humana así? Meyers presenta una cinta aparentemente ligera pero de la cual el espectador puede sacar temas de reflexión de manera divertida y madura.
Thursday, September 18, 2008
Mamma Mia!
¡El disfrute completo de la vida!Ricardo Martínez García
Se trata de una cinta dirigida por la debutante cineasta Phyllida Lloyd (responsable de la dirección teatral de la obra desde hace más de diez años y puesta en escena tanto en Londres como en Broadway) que genera de inmediato en el espectador una sensación de comunidad en el sentido de asamblea para el culto de algo, como la ecclesia litúrgica que en este caso celebra el amor, la amistad y la memoria.
Uno de los grandes aciertos en este trabajo fílmico es que plantea un especial contacto con la naturaleza y con aquellas personas que son importantes para nuestra vida, en este caso de Donna, la protagonista (la siempre bella y magnífica Meryl Streep), una ex cantante que administra junto con su hija una villa u hotel, ubicado en medio de islas paradisíacas -Skiathos y Skopelos- con aguas azul cobalto en algún lugar de la costa griega del mar Egeo, las cuales a su vez nos hablan por completo del espíritu dionisiaco de la aceptación integral y entusiasta de la vida en todas sus expresiones, espíritu único del pueblo griego.
Tanto la madre como la hija cuentan con un par de amigas de toda la vida con las cuales están plenamente identificadas, y verlas reunidas nuevamente por el casamiento de Sophie (Amanda Seyfried), la hija de Donna, es un verdadero deleite. Las amigas de la novia, por cierto, desaparecen ante la presencia de las de su madre, que son la vitalidad en persona y opacarían a cualquiera. Las conocidas canciones de Abba, interpretadas en la voz de Meryl Streep, Pierce Brosnan y de los otros miembros del elenco (Colin Firth, Stellan Skarsgard, Julie Walters y Christine Baranski), retoman nuevo y profundo significado, ilustrando la alegría por el amor vivido, la nostalgia por los amores pasados, los reencuentros y las complicaciones de una duda existencial: ¿quién es el padre de la hija de Donna? Tal es el pretexto del hilo conductor de la trama de esta divertida cinta.
En musicales llevados al cine como Grease, (Randal Kleiser, 78), Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 01) o incluso en obras de teatro como Hoy no me puedo levantar (Nacho Cano) encontramos ecos de las grandes tragedias o comedias griegas, como el coro que constantemente anima, reclama, exige, como si en efecto fuera la conciencia colectiva que le pide a los individuos actuar.
Además las coreografías y el dramatismo puesto en cada pieza musical, como en la que Donna le canta a Sam (Brosnan) The Winner takes it all, alcanza niveles interpretativos sorprendentes que realmente son conmovedores.
Definitivamente es una cinta para melómanos, pero que puede muy bien tolerar –y hasta disfrutar- alguien no muy afecto a los musicales, como quien escribe esto. Recomendable para una tarde romántica indudablemente.
