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Monday, March 12, 2012

La Dama de Hierro

Inflexible e inquebrantable

Un personaje épico

Ricardo Martínez García

Margaret Tatcher, mejor conocida como La dama de hierro por su firmeza de acciones de gobierno especialmente para la entonces URSS, es el personaje central de esta cinta de mismo nombre dirigida por la británica Phillida Lloyd, responsable también de la cinta Mamma Mia!

Sin duda se trata de un personaje trascendente: Tatcher ha sido la única mujer en ser Primera Ministra del Reino Unido, su gobierno duró de 1979 a 1990, siendo el más largo para un primer ministro británico en el siglo XX; se enfrentó de manera decisiva a los sindicatos en su país, a la reticencia inicial hacia su persona por parte de un parlamento dominado por hombres, y a la integración de la Gran Bretaña a la Unión Europea

Más allá de plantear algún tipo de crítica o reflexión política sobre su ideología política, habiendo pertenecido siempre ella al Partido Conservador, la cinta de Lloyd se centra en el aspecto humano y personal de una Margaret Tatcher que ahora con 86 años a veces cree seguir siendo la primera ministra.

La actuación de Meryl Streep es realmente espectacular, aunque a ratos parece sobreactuar el personaje, de tan detallada que es su representación. Da la impresión de que la Tatcher de Streep es más Tatcher que la propia Margaret, sobre todo en su acento y en sus modales. Asusta la capacidad de mimetismo e interpretación de Meryl Streep, sin duda la mejor actriz de los últimos 30 años.

Se trata de una interesante cinta biográfica que tal vez solo disfruten los fans de Meryl Streep, o los que gustan de filmes de corte histórico, aunque esta cinta sea sin pretensiones de crítica o reflexión de algún tipo.

Sunday, January 31, 2010

Enamorándome de mi ex


Pasiones otoñales divertidas

Ricardo Martínez García

Meryl Streep es tan buena actriz que en cualquier género cinematográfico se ve desenvuelta y muy natural. No por nada es considerada una de las más grandes actrices en la actualidad. Tal es el caso de su trabajo en la tragicomedia romántica de Nancy Meyers, en la cual comparte créditos con Alec Baldwin y Steve Martin.

Es una tragicomedia porque mientras reímos con las situaciones jocosas que se presentan en la vida de Jane (Streep) al tener que lidiar con un reencuentro con su ex esposo Jake (Baldwin), por otro lado la vemos sufrir y debatirse con el conflicto que le genera el saber que aunque su ex es alguien todavía importante para ella, la relación que tenía a nivel individual con él se ha terminado mucho tiempo atrás.

La vemos sufrir las dudas, las inseguridades propias de quien ha perdido la práctica de salir y divertirse con alguien, y que cuando las circunstancias lo permiten, se da el lujo de vivir algo que ella desea pero que no sabe qué final tendrá. Es complicado, como ella le dice a su terapeuta.

Jake es un hombre maduro y en la antesala de la vejez que logró fundar una nueva relación con la joven Agness (Lake Bell) y tiene un niño de cinco años. Pero esto no lo hace feliz y luego del reencuentro casual con su ex intenta regresar a la relación que tuvo con ella. Ambos lo intentan pero las inercias de tantos años presentan sus circunstancias propias haciendo que todo sea “complicado”.

Una nueva oportunidad se abre para Jane cuando conoce a Adam (Steve Martin) pero entre que sí y que no regresa con Jake hay una enorme ambigüedad que tiene que ser resuelta. ¿Quién no se ha visto en una situación humana así? Meyers presenta una cinta aparentemente ligera pero de la cual el espectador puede sacar temas de reflexión de manera divertida y madura.

Thursday, September 18, 2008

Mamma Mia!

¡El disfrute completo de la vida!
Ricardo Martínez García

En muy pocas películas musicales se puede apreciar el valor de una buena interpretación –lírica y actoral- de algunas de las canciones más populares y exitosas de los últimos tiempos. Tal es el caso de la cinta Mamma Mia! y las canciones que hicieron archifamoso al grupo sueco Abba.

Se trata de una cinta dirigida por la debutante cineasta Phyllida Lloyd (responsable de la dirección teatral de la obra desde hace más de diez años y puesta en escena tanto en Londres como en Broadway) que genera de inmediato en el espectador una sensación de comunidad en el sentido de asamblea para el culto de algo, como la ecclesia litúrgica que en este caso celebra el amor, la amistad y la memoria.

Uno de los grandes aciertos en este trabajo fílmico es que plantea un especial contacto con la naturaleza y con aquellas personas que son importantes para nuestra vida, en este caso de Donna, la protagonista (la siempre bella y magnífica Meryl Streep), una ex cantante que administra junto con su hija una villa u hotel, ubicado en medio de islas paradisíacas -Skiathos y Skopelos- con aguas azul cobalto en algún lugar de la costa griega del mar Egeo, las cuales a su vez nos hablan por completo del espíritu dionisiaco de la aceptación integral y entusiasta de la vida en todas sus expresiones, espíritu único del pueblo griego.

Tanto la madre como la hija cuentan con un par de amigas de toda la vida con las cuales están plenamente identificadas, y verlas reunidas nuevamente por el casamiento de Sophie (Amanda Seyfried), la hija de Donna, es un verdadero deleite. Las amigas de la novia, por cierto, desaparecen ante la presencia de las de su madre, que son la vitalidad en persona y opacarían a cualquiera.

Las conocidas canciones de Abba, interpretadas en la voz de Meryl Streep, Pierce Brosnan y de los otros miembros del elenco (Colin Firth, Stellan Skarsgard, Julie Walters y Christine Baranski), retoman nuevo y profundo significado, ilustrando la alegría por el amor vivido, la nostalgia por los amores pasados, los reencuentros y las complicaciones de una duda existencial: ¿quién es el padre de la hija de Donna? Tal es el pretexto del hilo conductor de la trama de esta divertida cinta.

En musicales llevados al cine como Grease, (Randal Kleiser, 78), Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 01) o incluso en obras de teatro como Hoy no me puedo levantar (Nacho Cano) encontramos ecos de las grandes tragedias o comedias griegas, como el coro que constantemente anima, reclama, exige, como si en efecto fuera la conciencia colectiva que le pide a los individuos actuar.
Además las coreografías y el dramatismo puesto en cada pieza musical, como en la que Donna le canta a Sam (Brosnan) The Winner takes it all, alcanza niveles interpretativos sorprendentes que realmente son conmovedores.

Definitivamente es una cinta para melómanos, pero que puede muy bien tolerar –y hasta disfrutar- alguien no muy afecto a los musicales, como quien escribe esto. Recomendable para una tarde romántica indudablemente.