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Wednesday, February 05, 2020

Se Busca

La incierta frontera entre el cómic y lo real

Ricardo Martínez García

Hombres que pueden desviar trayectorias de balas a voluntad, o controlar la adrenalina para volverse mortales instrumentos de un “destino” que dicta a quién eliminar con el fin de mantener el equilibrio político en las naciones del mundo, son algunos de los elementos de la cinta Se Busca (08), del realizador ruso Timor Bekmambetov.

Más familiarizados con cómics populares como Los Cuatro Fantásticos, El Hombre Araña, Hombres X etc., y sus respectivas sagas, en las que se sabe de antemano que las tramas y acciones son ficción, los espectadores pueden sentir que en Se Busca, de Bekmambetov, ven acciones increíbles en un contexto que pretende ser realista... y caer en una ambigüedad que se mueve entre descalificarla o darle cierto crédito a la imaginación: los personajes de la novela de Mark Millard y J. G. Jones no son fáciles de ubicar en los estereotipos ya conocidos de la famosa liga de los súper héroes.

La cinta sólo pretende entretener, lo mismo que aquellas más populares, y lo hace bien a partir de grandes efectos visuales y estética un tanto oscura, apoyada en una trama interesante y diferente, pero sobre todo, con un personal histriónico de grandes ligas.

Bekmambetov, conocido por Los Guardianes de la Noche y su secuela, Los Guardianes del Día, realiza su primer largometraje en inglés, con actuaciones -regulares- de Morgan Freeman, Angelina Jolie y James McAvoy, (cuyos papeles como el simpático fauno Mr. Tumnus en Las Crónicas de Narnia 1 o como el doctor Nicolas Garrigan en El Último Rey de Escocia, lo han puesto en el camino hacia el estrellato, haciendo recordar, con el debido respeto, a un actor como Dustin Hoffman, dadas sus características físicas). Contar tan solo con Freeman y Jolie en el reparto actualmente le otorga gran caché a cualquier cinta.

La premisa central de la película es una mezcla de dos elementos míticos: la existencia de una Fraternidad de asesinos que actúan bajo el designio de una tejedora, la cual determina quién debe ser eliminado en aras de mantener el orden natural de las cosas, a través de la composición del entramado de sus hilos.

El primer elemento mítico, la llamada Fraternidad, tiene referencias a la secta persa musulmana ismaelí, llamada Hashshashin, fundada en el siglo VIII y que se distinguía por asesinar a miembros de las élites Abbásidas por razones políticas y religiosas.

El otro elemento mítico tiene que ver con las historias acerca de una tejedora, que aparecen en culturas tan distantes como la japonesa (en el texto tradicional llamado Adachigahara de los Cuentos de Hadas Japoneses, o en el texto Tsuru No Ongae -La Grulla Agradecida-), y algunas sudamericanas (como en la tradición de los indios Kogi colombianos, o los Guajiros de Venezuela).
Encontramos con más claridad la representación de una tejedora del “destino” en algunos relatos y creencias de Norteamérica(como en los de la serie de historia ficción de Alvin Maker, de Orson Scott Card). Estos cuentos tienen en común la creencia de que una tejedora hilvana hilos que son la representación de la existencia de cada ser humano. Cuando se termina un hilo, la vida de una persona también llega a su fin. La vida de esa persona dependerá de cómo esté hilvanada con las demás.

En la película de Bekmambetov, Sloan (Freeman), jefe de la Fraternidad, manda reclutar al aburrido y mediocre contador Wesley Gibson (McAvoy), luego de que uno de los suyos los ha “traicionado” y ha decidio emprenderla contra los miembros de su sociedad.

La sexy e implacable Fox (Jolie) es la encargada de contactar a Gibson, “rescatarlo” de su ordinaria y sosa existencia y entrenarlo; el giro que da su vida es algo que todo mundo desearía: aventura, acción, tener un objetivo por el cual luchar (aunque no se comprenda): cumplir los designios de la tejedora (en este caso industrial) que Sloan es el único que puede “interpretar”.
Gibson descubre que lo que él pensaba que eran sus ataques de angustia o de soponcio era en realidad la manifestación no controlada de habilidades generadas por su gran producción de adrenalina. Sumado a ello, descubre su capacidad para combar las trayectorias de las balas disparadas, lo que lo hacen -junto con un durísimo entrenamiento con El Reparador y El Carnicero, expertos en castigo físico y manejo de armas blancas, respectivamente- el más poderoso de los asesinos, único capaz de enfrentar al renegado.

Pero al ser Sloan el intermediario entre la tejedora y los asesinos profesionales, ¿quién puede garantizar que es un buen traductor y no un traditore?

Si usted vio las anteriores películas de Bekmambetov, no debe perderse esta cinta, lo mismo si es fan de la bella Angelina Jolie.

Tuesday, November 25, 2014

Lucy

Evolución explosiva
El máximo narcótico

Ricardo Martínez García

El uso de drogas y alucinógenos en las culturas tradicionales tienen por lo general intenciones místicas, de unión con la naturaleza o con deidades que de otro modo estarían fuera de alcance para los seres humanos. Pero en la actualidad son también una vía de escape de la realidad, una lúdica manera de concebir el mundo. O tal vez algo más.

La nueva película del realizador y productor francés Luc Besson, Lucy (14), protagonizada por Scarlett Johansson, nos muestra a una norteamericana que es secuestrada por una banda taiwanesa de narcotraficantes y es usada para transportar en el interior de su cuerpo cierta cantidad de una nueva droga sintética, que promete ser de gran potencia estimulante.

Hasta ahí la historia parece convencional, pero al ser golpeada por unos hombres, la carga que lleva en el interior de su vientre comienza a ingresar al organismo de Lucy (Johansson), y los efectos comienzan a hacerse patentes.

Al mismo tiempo vemos cómo un científico (Morgan Freeman) ofrece conferencias sobre el uso del potencial cerebral del ser humano, que en las personas comunes y corrientes alcanza apenas el 10 % de su capacidad. Este científico especula sobre lo que pasaría al incrementar tal potencial, sugiriendo el surgimiento de nuevas y poderosas habilidades en quien lograra tal incremento. Lucy, como conejillo de Indias involuntaria, alcanza pronto un nivel de consciencia insospechado y habilidades fuera de lo natural.

La cinta en términos de escenas de acción, persecución en autos, coreografías de artes marciales, no es muy diferente de las protagonizadas por ejemplo por Jason Statham como la serie de El Transportador (cuyo productor es el mismo Besson), y tiene una buena dosis de entretenimiento.

En lo que es diferente la película es en la idea de que al incrementar la capacidad cerebral, al llegar al 100%, el ser humano es tan consciente de todo y de poderes tan amplios, que alcanza su máximo (de manera regresiva) justo en el instante en que el universo se crea, y lo trasciende. La ciencia ficción entonces se vuelve la clave, vía la analogía, para entender conceptos abstractos como el origen del universo, la noción de Dios, la existencia y lo primigenio. O tal vez para confundirlos.


La cinta tiene el sello Johansson, es decir el sello del trabajo de una de las mejores y más versátiles actrices de la actualidad. Su presencia escénica suple casi cualquier deficiencia que tenga la cinta, que las tiene, añadiéndole un plus tanto visual como dramático, que en el cine es esencial. Buena elección la que hace Luc Besson.

Friday, February 05, 2010

Invictus


La aparente dicotomía deporte-política no lo es tanto

Ricardo Martínez García

Hace algunos días estuvo en México el periodista británico John Carlin. Reportero y escritor, Carlin trabaja para el diario español El País pero ha estado de viaje en la promoción de su libro Playing the Enemy, que en castellano se llama El Factor Humano. El libro ha dado pie a un guión admirable, a cargo de Tony Peckham, para la nueva cinta de Clint Eastwood Invictus (09), protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon.

Nelson Mandela es sin duda uno de los grandes líderes del mundo actual, carismático pero sobre todo de gran inteligencia política. Luego de pasar casi treinta años en diferentes prisiones, Mandela salió para convertirse en el primer presidente negro de Sudáfrica, dando término al terrible apartheid al que habían sometido a su población los gobiernos sudafricanos del partido Afrikáans oficialmente desde 1948.

Con la llegada de Mandela al poder, el líder ve en el Mundial de Rugby de 1995, a celebrarse en su país, la oportunidad de reconciliación nacional que tanto se necesitaba en ese momento crítico de su historia. El recelo y la desconfianza que se vivía entre los ciudadanos blancos y negros estaba imposibilitando la vida armoniosa que anhelaba el llamado Madiba.

Eastwood nos presenta el retrato de un Mandela (con una actuación de Freeman que seguramente obtendrá, por méritos propios, al menos una nominación más al Oscar de este año) carismático, amable, dispuesto a perdonar a sus enemigos en aras de un fin mayor: la concordia y la armonía de los grandes grupos raciales sudafricanos: blancos y negros.

La armonía puede ser construida a partir de un símbolo deportivo en el cual se sientan identificados todos los sudafricanos, y resulta que el débil equipo de rugby sudafricano encarna a la perfección dicha bandera simbólica. El mérito de Mandela consiste precisamente en aprovechar la popularidad del equipo entre la población blanca y brindarle su apoyo, sin importar las diferencias raciales.

Franςois Pinaar (Matt Damon) es el capitán de ese equipo que necesitaba urgentemente que alguien creyera en ellos, y quién mejor que aquel que ha salido de treinta años de prisión dispuesto a perdonar. Ante la contundencia del ejemplo, a él no le queda más que dar lo mejor de sí mismo.

“Creo que lo más importante de una película es que te atrape, que pierdas toda la noción del tiempo y que te sumerjas en ella”, dijo Carlin en una entrevista para El Universal. Tal cosa ocurre durante tres cuartas partes de la cinta. El experimentado Eastwood cede en los últimos minutos a la tentación de mostrar en toda su contundencia la fuerza de la afición al rugby en Sudáfrica (y en casi todo el planeta, sobre todo si se considera que este país será sede del Mundial de Fútbol el próximo junio), regodéandose en escenas del juego, alargando la tensión sobre el anhelado resultado. Buena película sobre el hombre que abolió el apartheid, uno de los grandes cánceres de la humanidad.

A ver qué tal le va a México al inaugurar el Mundial justo contra esos formidables anfitriones.