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Monday, May 02, 2011

Thor

El eterno drama de la posesión del poder

Ricardo Martínez García

Natalie Portman ha dicho que decidió participar en la nueva cinta producida por la Marvel Comics Thor (2011) porque el director sería Kenneth Branagh. Conocido por ser un actor y director especialista en las obras de Shakespeare (desde los 23 años ha sido miembro de la Royal Shakespeare Company), además de ex esposo de Emma Thompson (fueron conocidos como Ken y Em, la pareja real del cine inglés), con participaciones como actor en algunas populares películas tanto de corte shakespearianas como comerciales –Mucho ruido y pocas nueces, Hamlet, Frankenstein, Harry Potter y la Cámara Secreta- y actor de teatro galardonado (con una obra de David Mamet, Edmond).

Con ese currículum tras de sí, Branagh presenta su nueva cinta Thor en la que hay dos películas en una. La primera, la que narra las peripecias mitológicas de Thor (Chris Hemsworth), dios del trueno, hijo de Odin, aquel mítico dios venerado realmente por las antiguas tribus germánicas, en su camino hacia el poder real de su padre (Anthony Hopkins), pero que se le complica porque debe ser “digno del poder” aún para poseer el martillo todopoderoso llamado Mjolnir. Esta parte de la cinta recuerda a algunas obras como Hamlet o Ricardo III, pues muestra a unos dioses veleidosos, demasiado humanos, con envidias y apasionamientos, parecidos a los mitológicos dioses griegos. La segunda película es la que transcurre en la vida actual, con la astrofísica Jane Foster (Natalie Portman) a punto de realizar un descubrimiento junto con su colega el profesor Andrews (Stellan Skarsgard) y su ayudante Darcy (Kat Dennings), pero que son avasallados por los cuerpos de seguridad nacional norteamericanos, que no entienden que está a punto de nacer un nuevo súper héroe.

Consideradas por separado, estas dos partes de la cinta son interesantes y bien realizadas, pero al estar mezcladas pierden cierto grado de credibilidad. Por ejemplo, ¿por qué los dioses necesitan de un aparato –destruible- para trasladarse de un lado a otro? O son dioses o son científicamente avanzados (¿o será que al final son lo mismo?). Pero es una constante en algunas de estas cintas basadas en cómics jugar el juego de la imaginación que permite algunas concesiones a las leyes de la naturaleza; además en estas cintas no puede faltar el pequeño cameo por parte de Stan Lee. Branagh logra imprimirle buen ritmo y dramatismo a la cinta, sin descuidar los efectos especiales, que son la marca de identidad de las películas de la Marvel. 

Tuesday, April 19, 2011

Amigos con Derechos

La eterna búsqueda de la relación perfecta

Ricardo Martínez García

Cuando dos personas, en la clásica búsqueda del amor, entablan una relación de amigos pero en el que hay más circunstancias que las meras expresiones de amistad, como el sexo, casi siempre tal relación termina por convertirse en un embrollo, si es que las reglas no quedan claras o si las reglas dejan de tener sentido al momento de experimentar  los sentimientos que respectiva y correspondientemente se les presentan a uno y a otro.

El que se enamora pierde, y eso es justo lo que le ocurre en Amigos con Derechos (No Strings Attached, 11) a Adam (Ashton Kutcher) cuando luego de ver cómo su exnovia se junta con su padre, y de encuentros y reencuentros con su antigua compañera escolar Emma (Natalie Portman), de fundamentar su particular tipo de relación en sexo consensuado y casual pero siempre con la idea de no involucrarse más que solo de manera superficial, así como de extrañas competencias con otro galán que sí parece el indicado para Emma. 

El grado de convivencia no prevista ni deseada –como el dormir juntos y vestidos- así como el enamoramiento y la  situación que se genera asusta a Emma y decide alejar a Adam de su vida.
Adam lo tiene más claro, pero esa claridad no es nada sin la parte de ella, o al menos no lo es hasta que a Emma le cae el veinte, su propio veinte.

Esta comedia, dirigida por Ivan Reitman, resulta divertida sin duda por la participación de Kutcher, que se ha especializado en este tipo de cintas. Luego de su intenso trabajo en El cisne negro, extraña pero es un placer ver a Portman en una comedia, en la que si bien no es la que arranca las carcajadas, cumple de manera natural con su papel. El final es algo predecible y complaciente, pero vale la pena volver a verla.

Wednesday, February 16, 2011

El Cisne Negro


El otro yo

Arte y Pasión

Ricardo Martínez García

La nueva cinta de Darren Aronofsky es una historia que encierra muchas otras. Es la historia del desarrollo de los preparativos que realiza una compañía de ballet, para una nueva temporada con El lago de los cisnes, y de las relaciones entre las ballerinas y su director. También es la historia de la relación de la bailarina principal y de su controladora y sobreprotectora madre, que ve en ella lo que ella no pudo ser. Igualmente es la historia de cómo una artista en la plena extensión de la palabra lleva su performance a extremos de realismo totalmente radicales aún a costa de su vida. Del mismo modo, es la trágica historia de las pasiones humanas que juegan un papel predominante en los personajes de El lago de los cisnes de Chaikovski.

El afán por sentir al personaje dual del cisne blanco y el negro, que tan intensa y eficazmente le exige el director de la compañía Thomas (un excelente Vincent Cassel) llevan a Nina (Natalie Portman en plan excelso), su prima ballerina, a experimentar un cambio radical de forma de ser, como si fuera el surgimiento de una especie de mitad siniestra (al estilo de Stephen King), con sus desdobles en espejos y dualidad de ser. Hay una Nina contenida, frígida y controlada por su madre, y hay otra que se apodera de su ser completamente pero solo a ratos, que es toda sensibilidad y lujuria. En Nina confluyen demasiado cercanas las pulsiones del eros y del tánathos, conducidas por las exigencias de su doble interpretación, pero la segunda pulsión –avivada por el instinto sexual- pugna por salir completamente (dejándose llevar), justo en el momento del clímax de la danza del tercer acto, pero mostrando su poder solo en la conclusión del cuarto acto.

Con una cámara que a ratos va al hombro y que sigue a la protagonista por las calles, o va delante de ella a través de los camerinos, la técnica fílmica no da tregua al espectador, marcando un ritmo acompasado con los crescendos de esa hermosa música compuesta por el genial ruso. Música, danza y actuación se entremezclan bella y constantemente, dando como resultado una extraordinaria y exquisita cinta que cuenta historias más allá de la propia historia cinematográfica, trascendiendo la de la reina cisne –el cisne blanco y el cisne negro-, la de Rothbart y la del príncipe.

Saturday, June 05, 2010

Entre Hermanos

El fin de la guerra

Ricardo Martínez García

El cineasta irlandés Jim Sheridan presenta en Entre Hermanos (Brothers, 09) un drama sobre la vida familiar de un oficial de los marines enviado a Afganistán, donde vive la intensidad de la guerra en toda su crudeza, pero al volver al seno familiar ya no sabe si es capaz de continuar con su vida tal como era antes de la guerra.

La cinta es una versión nueva del intenso drama que realizó la directora danesa Susanne Bier en Brødre en el año del 2004, aunque adaptada (y un tanto suavizada) al caso de los soldados norteamericanos. Pareciera que la guerra es un fenómeno universal de consecuencias sociales muy semejantes, se trate de soldados daneses o norteamericanos.

El capitán Sam Cahiel (Tobey Maguire, quien al final de la cinta logra romper de gran forma su habitual y conocida limitada expresividad) es un marine casado con la hermosa Grace (Natalie Portman, grandiosa como suele serlo) y es padre de dos graciosas niñas. Su hermano menor Tommy (el cada vez mejor actor Jake Gyllenhall) ha estado encarcelado y es la oveja negra de la familia. El padre de ambos es un oficial militar retirado que ve en Sam el modelo a seguir y a Tommy como el eterno fracasado.

El drama comienza a dibujarse cuando le notifican a Grace que Sam ha muerto al chocar el helicóptero en el que se trasladaba a una misión en Afganistán. La noticia genera las reacciones naturales y esperadas en la familia y en la relación de Grace con su cuñado Tommy. Las cosas vuelven a dar un giro cuando le notifican a Grace que Sam no había muerto.

La cinta de Sheridan enfatiza el aspecto anímico de Sam cuando está en Afganistán y cuando está de regreso con su familia; la esencia trágica de la película se encuentra en lo ocurrido en Afganistan y en las secuelas que padece Sam por ello y en cómo lo refleja con su esposa e hijas. La familia entonces se vuelve receptáculo de los traumas de este militar, que para unos es un héroe de guerra, pero él sabe que eso no es cierto totalmente.

Películas como En el Valle de las Sombras (In the Valley of Elah, Paul Haggis, 07), o Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima (Clint Eastwood, 06) han mostrado desde diferentes perspectivas y periodos históricos algunas reflexiones sobre el papel de los soldados de Estados Unidos en las diferentes conflagraciones bélicas en las que se han visto involucrados, ofreciendo una visión humana y dramática de sus consecuencias vividas de manera individual por estos soldados y sus familias.

El énfasis de Sheridan es puesto en el aspecto del daño psicológico –e incluso existencial- que presenta Sam, luego del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York en septiembre 11 y las atrocidades de la guerra de ocupación que emprendió su país en Afganistán desde octubre del 2001.

Sam dice al final de la cinta que algunos creen haber visto el final de la guerra cuando mueren, pero lo que le preocupa personalmente es si podrá ser capaz de seguir con su vida luego de ver el final de la guerra, al menos para él.

Excelente película dramática que muestra a Maguire, Portman y Gyllenhaal como los grandes actores que son o que pueden llegar a ser en manos de un buen director. No se la pierda.