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Friday, February 22, 2008

Rambo de Regreso al Infierno

De regreso a la violencia
Rambo el Guerrero Total
Ricardo Martínez García

John James Rambo (Silvester Stallone) es un soldado veterano de la guerra de Vietnam que “no lucha por su país sino por sí mismo” y que se quedó en algún lugar de Asia a vivir, pescando y viajando en su destartalado bote por las aguas del río Salween, uno de los más largos de Asia, que nace en el Tíbet, atraviesa parte de China, Birmania y Tailandia.

Se trata una vez más del famoso personaje creado por el escritor de origen canadiense David Morrell en su novela First Blood (1972), publicada cuando aún los Estados Unidos luchaban el la jungla contra el Viet Cong, y que Stallone convirtió en franquicia cinematográfica.

A veinte años de su antecesora Rambo 3 (88), un corpulento y demacrado Stallone toma la batuta de la dirección del filme y continúa con el estilo legado en las anteriores cintas: un argumento simple pero efectivo: el renegado soldado antihéroe, que ha sufrido los horrores de la guerra y que al principio se niega a ayudar a quienes se lo solicitan, pero luego convirtiéndose en la piedra angular de la salvación de aquellos, demostrando que es el guerrero total.

Stallone propone una historia que puede ubicarse casi en cualquier tiempo y lugar: un feroz ejército con oficiales crueles y tiranos que esclavizan o torturan a la población y obligan a los más jóvenes a formar parte de sus filas. Situaciones así se han dado con cierta frecuencia en Centroamérica, en África, en Europa, en Vietnam, Afganistán, Iraq, Guantánamo y en casi todos los lugares que han sufrido conflictos bélicos.

En esta cuarta película, Rambo recibe la petición de llevar a un grupo de misioneros que desean ir a un lugar inaccesible y peligroso para los civiles, y con mayor razón para los extranjeros. A regañadientes decide llevarlos, teniendo que matar a un grupo de piratas de río para lograr el objetivo.

Una vez que los pasajeros pisan tierra, Rambo regresa a su choza con la certeza de que esa misión no tendrá buen fin, cosa que se verifica con la presencia de un ministro religioso en la jungla, que a su vez le solicita lleve a un grupo de rescate en busca de sus feligreses, en una situación tal como antes se la presentaba un oficial del ejército gringo y le daba instrucciones de su próxima misión, cuando el buen John lo único que quería era vivir en paz.

Sea porque Rambo se conmueve por los misioneros, porque le gustó la rubia imprescindible o porque es fiel a su doctrina de que más vale morir por una causa a vivir sin tenerla, decide conducir al grupo de mercenarios al lugar del desembarco. Los mercenarios le impiden ir con ellos pues “es un barquero”, sin saber la clase de máquina de matar que tienen ante ellos. Las cosas se complican tanto para los mercenarios como para los misioneros y sólo Rambo puede ayudarlos.

Lo mejor –o lo peor, según se vea- de la cinta son las escenas de acción, que alcanzan niveles bizarros de violencia y destrucción. Para los efectos especiales los gringos son insuperables: explosiones al por mayor, cuerpos destrozándose luego de recibir ráfagas potentísimas de ametralladora, gente corriendo, confusión, sangre mezclada con la tierra.

La fiesta de sangre y destrozos, que deja sembrada la tierra de infinidad de cuerpos, enfrenta en un momento a soldados del ejército con los de las fuerzas rebeldes, ganando éstos últimos, sin saberse si para bien o para mal, lo cual para efectos de la cinta no es lo importante.

La cinta es ante todo espectáculo pirotécnico de gran nivel, no apología de algún bando, a menos que se quiera verla como una cinta anti violencia que muestra las consecuencias de ella.
Rambo dice en algún momento que las misiones religiosas “no cambian nada” a menos que “traigan armas”, lo cual equivale a que vayan unidas a contingentes armados (como podrían ser los cascos azules, que también tienen sus travesuras), y al final su único comentario es “así son las cosas” mostrando una acrítica aceptación del estado bélico de las cosas humanas, como diciendo “¿para qué nos molestamos en averiguar las causas de éste o aquel conflicto, si de todas maneras no vamos a poder cambiar nada?”.

Uno podría imaginar al personaje, luego de la batalla, viviendo plácidamente a la orilla del gran río, cazando peces con su arco, y recordando lo relacionado con el rescate como si fuera una pasajera pesadilla. Pero no, decide regresar a Arizona, al american way of life, donde probablemente todavía vive su viejo padre, en un rancho que pudiera ser el de Bush en Texas, sólo que un poco más humilde. ¡Qué cambio, de la jungla al rancho!

Thursday, February 21, 2008

El Viaje de la Nonna

¡Qué bonita familia!
Ricardo Martínez García

Emotiva, alegre, absurda, divertida, engañosa, así es El Viaje de la Nonna, película de todos los que la hicieron pero dirigida por Sebastián Silva y coproducida por el Fidecine y Artecinema.

Nietzche decía que había que ser muy fuerte para seguir hasta sus últimas consecuencias una mentira, y que por ello pocas personas sabían mentir bien. Tomadas así las cosas, el cine de ficción es un ejercicio sobre algo que no es –una de las acepciones de mentira- y que pretende serlo hasta el final, pero el descubrimiento del engaño puede ser decepcionante o catártico.

El cine apela a la imaginación y a la complicidad del espectador para crear en él un mundo de fantasía que parece o es más feliz que el real, porque lo sustituye y elimina problemas.

Sabedores de esto, los hijos de María (la primerísima actriz Ana Ofelia Murguía), ante las enormes dificultades y riesgos de salud que implicaría llevarla a Italia, como es su deseo antes de morir, pues su difunto esposo nunca la llevó, deciden montar un escenario fílmico italiano en Jajalpa o un lugar así -con todo y extras-, y filmar el viaje ficticio a Italia.

Los jocosos problemas para mantener la absurda farsa se presentan cuando las dificultades de producción se vuelven demasiado notorias, incluso para alguien que comienza a olvidarlo todo, como María. Llega un momento incluso en que lo están pasando tan bien en la construcción del ambiente italiano del pueblo, con fallas y todo, que los hijos se olvidan de María, cuando efectivamente -al menos por un momento- ella cree estar en el pueblo donde nació su esposo Gaetano, ya fallecido.

La cinta es una bella e interesante alegoría sobre dos temas capitales en nuestra sociedad: la familia y el papel de los deseos individuales. En el primero, se muestran los cotidianos problemas que viven los miembros de una familia clasemediera (como también lo hizo recientemente la cinta de Alejandro Springall Morirse está en Hebreo), cada uno con un universo propio (el hijo adicto al trabajo, el hijo adicto al alcohol, la hija tres veces divorciada, la nieta con inclinaciones sexuales por su mismo sexo, etcétera), pero cuyo núcleo unificador es precisamente María.

El segundo tema, el de los deseos individuales que tienen su verificativo no en la realidad sino en la apariencia o la imaginación (“el hecho de que no te acuerdes de haber ido al mar no significa que no hayas ido”, le repiten a María, quien al final le agradece a sus hijos el enorme ejercicio de la apariencia, pues “pocas veces me había reído tanto”), la cinta lo convierte en un homenaje al poder lúdico e imaginativo del cine y en una reafirmación del poder unificador de la familia.

La película resulta ágil y divertida en la medida en que el espectador se siente parte del “secreto” de la pretensión de estar en Italia pues ve el esfuerzo de algunos por aparentar ser de la península con mejores o peores resultados. Los extras tienen que jugar dobles papeles y María, que si bien es olvidadiza no es tonta, pronto se da cuenta del engaño pero decide seguirles el juego, lo cual mete en cómicos apuros a sus hijos.

El juego de la película consiste en hacer una película dentro de otra, en la que todo se vale porque lo que al fin está en juego es la imaginación.

El guión y la historia son obra de Sebastián Silva y Antonio Armonía y es un trabajo de propuestas sencillas y por ello disfrutable. Mariana Gironella también participó en el guión. Por otra parte, Silva es un destacado guionista que ha trabajado recientemente con Julian Schnabel.

Las actuaciones de Verónica Langer, Rodrigo Murray, Julio Bracho, Martín Altomaro (lejos de aquellos que se mandan solos), Jimena Ayala, José Carlos Rodríguez, Jorge Zárate (que con una actuación sumamente graciosa como cantante italiano representa, en una escena colectiva, el clímax lúdico de la cinta) y Cecilia Suárez (siempre simpática y oportuna), son muy solventes, están bien dirigidos, su trabajo hace sentir al espectador como en familia, de tan conocidos que son.

De hecho en la industria del cine mexicano, por ser pequeña, es posible observar cómo se desarrollan las familias cinematográficas que trabajan en él. Está la familia a la que pertenecen los actores mencionados, está la relacionada directamente con las televisoras productoras de telenovelas, la de los consagrados (Armendariz, Alcázar, Jesús Ochoa y otros), la de los independientes, la de los excluídos o aislados en el teatro y la de los que ya la hicieron (Diego, Gael, Salma) y que se cuecen aparte.

Ante tal panorama no queda de otra que exclamar ¡Qué bonitas familias!

Thursday, February 07, 2008

Cloverfield

Nuevos enemigos: monstruos de ficción

Ricardo Martínez García

El ataque a la paradigmática sociedad de la libertad ahora es de origen extraterrestre o sobrenatural, tal como lo muestra la cinta Cloverfield con un monstruo de origen desconocido que arranca la cabeza a la Estatua de la Libertad y la arroja contra los edificios.

Dirigida por Matt Reeves, conocido por su trabajo en series de televisión como Felicity y Gideon´s Crossing y viejo colaborador del productor y director J. J. Abrams (que ha dirigido Misión Imposible 3 y episodios de la serie Lost), la película es como un viaje en una montaña rusa visual: escenas cotidianas de una fiesta que se entremezclan con el horror de ver destruida la ciudad de Nueva York (mucho más fílmica que realmente) por un ser gigantesco que, además, genera pequeños monstruos-araña que invaden sus calles.

El ataque terrorista al estilo de Al Qaeda parece haber sido superado por el guionista de esta película, para colocar el origen del mal en una criatura de ficción, tal vez con el involuntario efecto de olvidar o minimizar las acciones bélicas que, aún ahora, lleva a cabo el ejército gringo en Irak.

El responsable del argumento es Drew Goddard, guionista de la serie Buffy the Vampire Slayer y también de uno que otro episodio de Lost, quien realiza un trabajo minimalista pero de gran fuerza, parecido en cierto modo al argumento de Aliens Vs Depredador 2.

Nadie sabe qué es ni de dónde viene, pero lo cierto es que este monstruo es mucho más destructivo que cualquier ataque terrorista y que cualquier Godzilla post atómico. Su aparición pone a prueba la solidaridad y la amistad de un pequeño grupo de amigos ante la inminente, incomprensible y monumental tragedia urbana.

Si el adjetivo “surrealista” no se usara para ciertas corrientes artísticas, Cloverfield sería una película digna de tal epíteto. Las escenas que se muestran, a manera de un video documental de aficionado grabado en una cinta usada, son vertiginosas y pesadillescas: inician con las habituales escenas de cualquier fiesta: gente divirtiéndose, chismorreando, flirteando, embriagándose.

Sin perder la continuidad de una cinta recuperada que va corriendo, todo cambia repentinamente en la fiesta cuando la ciudad se estremece y comienza la destrucción por parte del increíble monstruo.

El desconcierto y la alarma cunden por todos lados, aunque se extraña no ver a gente histérica gritando ante tamaña situación. Unos amigos se unen en torno a Rob, recién nombrado vicepresidente de alguna empresa que desea rescatar a su novia recién tronada.

La otra cara de la moneda

Como entretenimiento o como diversión esta película es realmente original, amén de sus excelentes efectos (aunque la cámara por su movilidad puede llegar a marear a algunos espectadores). El espectador siente en carne propia la angustia de los protagonistas, producto del enfrentamiento con seres de una fuerza desconocida muy superior a la de ellos.

La idea de que el argumento intenta olvidar o minimizar las consecuencias de los ataques del 11 de septiembre del 2001 arranca del hecho de que las acciones se ubican en Nueva York y del ataque a la simbólica Estatua de la Libertad. Uno no puede menos que preguntarse: si hubiera un monstruo así, ¿por qué estaría interesado en arrancarle la cabeza a tal símbolo patrio gringo?

En una entrevista para hoycinema.com el productor J. J. Abrams señaló: “Vivimos en un tiempo de temor y creo que tener una película tan extravagante en la que un monstruo ataca Nueva York permite a la gente canalizar y experimentar el tipo de miedo con el que está viviendo. Quiero experimentar ese tipo de emociones pero a la vez no quiero ver películas acerca del terrorismo o de la guerra”. En otras palabras, el productor tiene claro que el público requiere de emociones fuertes, pero no necesariamente de las producidas por el gobierno de Bush.

Esta película representa la otra cara de la moneda de cintas que directa o indirectamente abordan -de manera crítica y reflexiva- el tema de la guerra posterior al ataque terrorista del 2001 y sus consecuencias, tal como En el Valle de las Sombras (04) de Paul Haggis.

Ya se prepara la segunda parte de esta entretenida cinta, a estrenarse el año próximo. La publicidad anuncia a esta película como una de las mejores del año, lo cual es ridículo si consideramos que estamos apenas en febrero; lo que sí se puede prever es que es una de las que prometen mejores resultados en taquilla, lo que a fin de cuentas es lo que le importa a la industria.

Wednesday, January 16, 2008

En el Valle de las Sombras


Con la bandera de cabeza
Ricardo Martínez García

Desde que Estados Unidos decidió invadir Irak “en nombre de la democracia”, ha enviado a cientos de miles de soldados a combatir en ese lugar de donde algunos regresan a su patria muertos o con severos problemas siquiátricos, de adicción a drogas o incluso existenciales.

Eso es al menos lo que nos muestra la película En el Valle de las Sombras (In the Valley of Elah, 07), del director Paul Haggis, responsable también del guión, cinta que puede ser el mejor drama bélico cinematográfico realizado en el 2007 a partir de un caso real y que con toda seguridad no es un caso aislado.

Haggis trabajó como guionista en las cintas de Clint Eastwood Flags of our fathers (06), aquella película que aborda la toma de Iwo Jima desde el lado de los norteamericanos y hermanada profundamente con su contraparte desde el lado japonés, Letters from Iwo Jima (06).

En el Valle de las Sombras muestra de manera sutil el compromiso social que tanto el director como los actores tienen con sus compatriotas, y es lo suficientemente descarnada como para llamar la atención y hacerle tomar conciencia al pueblo norteamericano de la alarmante situación que ha generado esa intervención en Irak en algunos soldados de las tropas destacadas en Irak.

De ninguna manera se trata de una casualidad que en los protagónicos se encuentren el gran actor de carácter Tommy Lee Jones y la muy versátil Susan Sarandon (a la que acabamos de ver en Enchanted, como la reina bruja malvada llamada Narissa) conocidos por su activismo social y el rechazo a la política de George Bush en política exterior.

Jones y Sarandon, que son en sí una garantía de calidad, interpretan a un comprensiblemente angustiado matrimonio ante la desaparición de su hijo, soldado recién llegado para un corto periodo de vacaciones pero de quien nadie sabe nada, especialmente el ejército, que solo atina a confirmar su ausencia sin permiso oficial.

Hank Deerfield, un sargento retirado (Jones), al no encontrar a su hijo, emprende una investigación por su cuenta que de inmediato encuentra las trabas de la policía militar y la indiferencia de las autoridades civiles por un soldado perdido. Su investigación, a la que se une la detective Emily Sanders, (Charlize Theron), entra en un cauce que no hubiera querido descubrir.

Las condiciones en las que los combatientes viven el día a día en Irak los vuelve ajenos a sí mismos de la manera más peligrosa posible. Los saca de su contexto vital y trastoca sus valores. Pierden su identidad cultural y racial para ser sólo soldados. Son así, deshumanizados, capaces de actos espantosos como atropellar a un niño y a la vez encontrarle gracia a lastimar heridos.

Las acciones en combate, incluidos los crímenes de guerra, son guardados por los cuerpos militares como si fueran secretos íntimos. Ante todo, se fomenta una hipócrita apariencia de normalidad, apariencia que intenta ocultar el grado de depravación que pueden alcanzar ciertas personas en condiciones extremas.

El Valle de Elah, que da título a la cinta, es el lugar bíblico en donde se supone que se dio el encuentro entre el enorme Goliat y el pequeño David, encuentro del que salió vencedor el israelita.

La leyenda es utilizada en la cinta como metáfora para señalar que la guerra emprendida por la única súper potencia mundial y sus incondicionales aliados (Gran Bretaña, España, Polonia, Italia, Australia, Japón y hasta Colombia,) contra “el terrorismo”, Al Qaeda, Irak o como quiera llamársele a su adversario en turno, está destinada al fracaso, como antes sucedió en Vietnam.

Si juzgamos por los cálculos de organizaciones no gubernamentales acerca del número de víctimas civiles en Irak desde mayo del 2003 y hasta 2008 el número puede ir de los 40 mil a casi el millón de muertos, lo cual resulta siempre terrible.

Evidentemente a la población norteamericana en general le podría importar más el número de sus propios soldados muertos, o su estado de salud o mental, que el de las víctimas iraquíes que sólo representan números grandes pero intangibles. El cuerpo de un soldado en su ataúd cubierto por una bandera sí que los conmueve.

El ex sargento Deerfield encuentra en una ocasión a un centroamericano colocando la bandera de su país al revés en un mástil, y mientras arregla su posición le explica que izarla al revés es signo de Emergencia Nacional.

Al final de la cinta, Deerfield recibe la bandera del destacamento de su hijo, quien la había enviado por paquetería desde Irak. Deerfield decide colocarla, como recordatorio de su hijo muerto y víctima del fuego amigo, de cabeza en un mástil.

Saturday, January 12, 2008

H. R. Giger y sus Creaciones
Ricardo Martínez García

En 1978 Ridley Scott le pidió a H. R. Giger y al italiano Carlo Rambaldi (éste creador del monstruo satánico en la película de Andrzej Zulawski Posesión, de 1981, y del E. T. en la cinta de Spielberg) que diseñaran el prototipo de un ser extraterrestre y los escenarios y efectos especiales para el clásico del cine de ciencia ficción: Alien, El Octavo Pasajero (79). Giger ganó el Oscar por Efectos Visuales gracias a sus diseños.

Ni Scott ni sus diseñadores sabían que dicho monstruo sería el elemento visual fantástico que perduraría y daría pie a una serie de películas en las que la actuación de la criatura voraz sería la atracción y en la que su enemigo mortal no es el ser humano, sino otro extraterrestre verrdaderamente depredador, el cual toma como un deporte ir a planetas lejanos tan sólo para eliminar en cacerías a los feroces aliens.

El creador de dicha criatura es Hans Ruedi Giger (1940), importante escultor y artista gráfico suizo, ampliamente conocido por sus exposiciones en Alemania, Francia, Italia, República Checa, Suiza, Estados Unidos y otros países a lo largo de más de cuarenta años.

En un principio fue diseñador de interiores con clara tendencia al arte, al cual pudo dedicarse de manera completa en 1968. Poco después se unió a la actriz Li Tober, relación que duró hasta que ella decidió dar fin a su vida en 1975.

El estilo artístico de Giger, que estudió arquitectura y diseño industrial en Zurich a principios de los años sesenta, incluye sus famosos diseños que combinan cuerpos con máquinas a las que él ha llamado objetos biomecánicos, y diseños de paisajes futuristas surrealistas y estrambóticos, por lo que no es extraño observar en su trabajo la influencia de artistas como Jean Cocteau y Dalí.
La extraña inspiración de Giger y su enorme imaginación -que lo han convertido en uno de los más destacados artistas del Realismo Fantástico- lo han hecho colaborar en cintas como Dunas , de David Lynch (76), Poltergeist 2 de Brian Gibson (86), Alien 3 de David Fincher (92) y en Batman Forever de Joel Schumacher (95), en ésta última diseñando el batimovil que conduce Val Kilmer.

Ha diseñado también las portadas de al menos diez discos de artistas como Debby Harry (ex de Blondie) y su álbum de 1981 KooKoo, para Emerson Lake and Pamer la del disco Brain Salad Surgery, para Steve Stevens y su Atrocity y para Dr Death con Somewhere in Nowhere. Había diseñado para el álbum de los Dead Kennedys titulado Frankenchrist un paisaje llamado Penis Landscape, pero por problemas legales quedó otra portada.


Giger ha destacado por sus exposiciones -tanto individuales como colectivas- y sus trabajos para el cine y para las mencionadas portadas de discos, pero también cuenta con una considerable obra editada, entre catálogos , diseños cinematográficos, y colecciones de ilustraciones, como la basada en el libro mágico de ficción creado por Howard Phillips Lovecraft llamado Necronomicon, del que Giger realizó dibujos y editó el H. R. Giger´s Necronomicon.

Lo anterior viene a cuento por la exhibición en México de Aliens vs Predator: Requiem (07), de los hermanos Greg y Colin Strause, la cual intenta aterrizar un argumento sobre esas dos criaturas alienígenas.

Resulta que estos aliens, llegados en una nave de depredadores a la tierra accidentalmente, pueden inocular a sus retoños directamente en una mujer preñada y salir de su incubación de manera inmediata. ¿Qué pasó con los huevos translúcidos de aquella clásica versión original? Dicha película suponía -era de ciencia ficción pura- que la humanidad contaba con la suficiente tecnología para enviar naves exploradoras a galaxias lejanas.

Las acciones en Aliens vs Predator: Requiem están ubicadas en el presente -situadas en el estado de Colorado, pero filmadas en una zona boscosa de Canadá- y la ficción consiste en la existencia de seres peligrosísimos que hacen de las suyas.

El diseño de las criaturas, inspiradas en las creadas por Giger, son buenas y corrieron a cargo de Amalgamated Dynamics y los artistas Alec Gillis y Tom Woodruff Jr. La cinta pretende superar a la primera parte, que con mayor imaginación incluía una pirámide enterrada en algún polo y que por la intrusión humana activa una especie de cacería.

Lo mejor de la película es que no se anda con sentimentalismos a la hora de mostrar el exterminio de la población. A pesar de ello, como siempre ocurre en estas cintas, sólo un reducido grupo de humanos, aquellos que no confiaron en el coronel y en su “ayuda”, logran salvarse de milagro. Y es cierto: si existieran criaturas tan omnipotentes como los aliens o el depredador, en un enfrentamiento con cualquiera de esas dos especies los humanos no tendríamos nada que hacer.

Saturday, December 29, 2007

La Leyenda del Tesoro Perdido 2

Fantasía arqueológica déjà vu
Ricardo Martínez García

Nicolas Cage da vida en La leyenda del Tesoro Perdido: El libro de los Secretos al arqueólogo Ben Franklin Gates, quien debe encontrar las pruebas de que un antepasado suyo no formó parte del grupo de personas que planificaron y ejecutaron el asesinato del presidente Abraham Lincoln, lo que lo llevará a las aventuras más inverosímiles pero muy bien presentadas fílmicamente.

El referente más próximo de esta cinta es la saga de Indiana Jones, protagonizada por Harrison Ford. La estructura narrativa es muy parecida: hay un arqueólogo cazador de tesoros que, en aras de limpiar el buen nombre de un antepasado, (en Indiana Jones y el Templo del Destino (Spielberg, 84) el motivo de las aventuras –que transcurren en la exótica India- es encontrar una piedra sagrada), se enrola en una serie de aventuras que incluyen el secuestro del presidente de los Estados Unidos.

La cinta, dirigida por Jon Turteltaub, presenta a un Nicolas Cage mucho más suelto y natural de lo que nos tiene acostumbrados, excepción de contadas cintas, como Salvaje de Corazón de David Lynch.

Lo mismo se puede decir del espectacular trabajo de producción, que es responsabilidad de Jerry Bruckheimer, uno de los productores más destacados en la industria del cine y la televisión de su país.

El principio del filme es un poco confuso, con tantos nombres históricos manejándose (que son el pretexto de la cinta), pero luego queda claro que de lo que se trata es de hallar un tesoro perdido, para poder desmentir que el antepasado de Gates hubiera sido un traidor a la patria.

Entonces comienzan las aventuras, aderezadas con efectivas dosis de humor y romance y la inevitable aparición de un villano que naturalmente también quiere el tesoro, el cual, luego un viaje a París y Londres y del secuestro presidencial y complicadas pesquisas en la biblioteca del Congreso, resulta ser un bien oculto conjunto de pirámides de oro (referencia histórica al mítico El Dorado) ubicadas en el subsuelo del lago a espaldas del Mount Rushmore National Memorial, en Keystone, Dakota del Sur.

Apoyada en un reparto de primer nivel la calidad actoral está garantizada, pues cuenta con el trabajo de la extraordinaria Helen Mirren (Emily Appleton, mamá de Ben y experta descifradora), los veteranos Jon Voigt (Patrick Henry Gates, papá de Ben y cazador de fortunas), Ed Harris (Wilkinson, el villano) y Harvey Keitel (Sadusky, agente del FBI y amigo de Ben), además del de la bella Diane Kruger (Abigail Chase, ex de Ben) y de Justin Bartha (Riley Poole, colaborador de Ben y escritor de libros).

La cinta tiene un defecto: cojea en ciertas partes de la historia misma, la cual hace pensar que en tanto película de acción, las de James Bond le vienen quedando cortas.

No se puede negar la buena hechura de las escenas de persecuciones en las calles de Londres, o las escenas semiacuáticas en las pirámides de oro. Pero eso de que Gates y su equipo puedan vulnerar tan fácilmente los sistemas de seguridad del Palacio de Buckingham y de la Casa Blanca –ayudados con tecnología portátil de punta, o con los encantos de su ex- es difícil de imaginar. Lo que de plano es del todo inverosímil es el secuestro del presidente y su posterior comprensión, dadas las circunstancias en las que se produce su secuestro: se trata de limpiar el buen nombre de un compatriota.

En descargo de lo anterior, hay que decir que la cinta es de Disney y tiene clasificación A y a fin de cuentas es muy disfrutable en un día de vacaciones -palomitas incluidas- y para todo el público no exigente de un poco de realismo.

Wednesday, December 26, 2007

Miss Potter

Una Bella Biografía
Ricardo Martínez García


Beatrix Potter es una señorita madura, adorable y bella, que tiene grandes habilidades para escribir y dibujar cuentos infantiles, pero vive en una sociedad victoriana que no entiende a una mujer con inquietudes intelectuales ni ve con buenos ojos que a su edad no se haya casado –especialmente su madre- y por ello tiene que luchar para ganar cierto respeto.

Una vez más la excelente actriz tejana Reneé Zellweger interpreta un papel que le exige hablar un inglés británico, tal como lo hizo antes en El Diario de Bridget Jones y su secuela. Para algunos, en esta cinta su actuación como Miss Potter resulta afectada, pero si se han leído novelas británicas del siglo XIX y principios del XX, con autoras como Jane Austen, Mary Shelley o Virginia Woolf, su interpretación resulta mucho más creíble y sumamente fiel a la época.

La inclusión de efectos animados puede resultar extraña pero enfatiza el poder imaginativo que tenía nuestra autora, creadora del personaje Peter Rabbit.

Potter exigía gran calidad en los grabados que ilustraban sus libros, los cuales le dieron a ganar grandes sumas de dinero, beneficios que le permitieron cierto margen de acciòn. Antes había sufrido cierta decepción cuando quiso publicar un trabajo sobre los líquenes justamente por ser mujer, cosa inaceptable por los miembros de la sociedad científica de su tiempo (hecho del cual no da cuenta la cinta).

Miss Potter es una cinta dirigida por el australiano Chris Noolan, famoso por la celebrada película para niños Babe, el puerquito valiente (95), y cuenta además con el excelente trabajo fotográfico de Andrew Dunn, quien retrata bellas y magníficas escenas de la campiña inglesa.

El drama del filme se centra en el momento en que la señorita Potter, luego de conseguir editor para sus cuentos, el señor Norman Warne (el siempre solvente Ewan McGregor) y de enamorarse de él, decide casarse, pero primero tiene que aceptar ciertas condiciones que sus padres le exigen, en un principio reacios a que su hija se case con un “comerciante”, o con cualquiera que tuviera que trabajar para vivir.

En el cumplimiento de dichas condiciones, Beatrix se aleja de Norman, tan solo para dejar constancia de que a veces la infelicidad se encuentra de cualquier modo en el camino de los que se aman sinceramente. Norman muere y Beatrix encuentra consuelo y desahogo en Millie, hermana de Norman (Emily Watson, discreta pero eficaz), quien como ella, es solterona y muy abierta intelectualmente.

Una vez muerto su prometido, Miss Potter se traslada a vivir a una granja que había adquirido. Ahí se reencuentra con un amigo de la infancia con el cual contrae matrimonio años después.
Poseedora de una gran fortuna, producto de las regalías de sus libros y de la herencia de sus padres, Beatrix adquirirá otras granjas aledañas a la suya con la intención de preservarlas y evitar que se fraccionaran debido al crecimiento urbano. Luego donaría esos terrenos que se convirtieron en parques.

Se trata de una cinta muy recomendable para aquellos que gustan de ver buenas biografías cinematográficas, aderezada con momentos de comedia y de romance que harán reír a más de una pareja de enamorados.

Thursday, December 20, 2007

Los Sultanes del Sur

¡Nadie sabe para quién trabaja!
Ricardo Martínez García

Los Sultanes del Sur, dirigida por Alejandro Lozano y escrita por Tony Dalton, es la historia de una banda de ladrones que inicia con escenas bien logradas y prometedoras –tomando en cuenta la fotografía, el ritmo y la presencia de una despampanante Ana de la Reguera- pero que se diluyen poco a poco por un argumento que no acaba de cuajar y termina por ser una caricatura de sí misma.

Pareciera al principio de la cinta que estamos viendo la versión hispano-mexicana-argentina de una espectacular película sobre el robo a un banco al estilo de Fuego contra Fuego (Heat, Michael Mann, 95) y en la que hay un líder cerebral que planea perfectamente el golpe millonario, líder que en esta película es eliminado muy pronto por las intrigas de sus adversarios argentinos.

No se puede negar tampoco que en el guión puede haber –tal vez de manera involuntaria- alguna referencia a Tarde de Perros (Dog Day Afternoon, Sidney Lumet, 75), filme sobre unos ladrones ineptos que secuestran a los clientes de un banco, hacen trabajar a la policía y finalmente caen en una trampa mortal.

La referencia anterior termina cuando estos ladrones mexicanos, Sánchez, Leserio (Dalton y Silverio Palacios) y Mónica (Ana de la Reguera), comandados por el español Leo (Jordi Mollá) escapan por un hoyo excavado en el piso del banco.

La cinta conforme avanza se inclina cada vez más hacia las que se clasifican como Tipo B, es decir aquellas hechas para la televisión sin grandes pretensiones de superproducción internacional.
Los ladrones mexicanos discuten, luego del golpe y la fuga mientras viajan en clase turista hacia Argentina, si ya pueden o no celebrar su éxito (uno sólo puede celebrar tales cosas si es dueño de una curul en el congreso o si uno es gobernador y amigo de los magistrados de la suprema corte), aunque sólo uno de ellos sabe con certeza que sí.

Al llegar a su destino, Leo, el líder de los ladrones, es el primero en ser ejecutado por uno de los dos prominentes cabezas de la delincuencia organizada en Argentina (los verdaderos Sultanes del Sur), luego de un fallido intercambio de los 12 millones de dólares robados por pesos argentinos, pues hacen la transacción tan mal que pierden todo: dólares y pesos. El supuesto beneficiado es Pablito, jefe policiaco argentino, que se queda con todo el dinero, pero eso le genera problemas con El Texano, dueño de los pesos argentinos y el otro capo de importancia en Argentina. El Texano obliga a Sánchez a que recupere su dinero, tomando como rehén a Mónica. Sánchez recupera el dinero, movido por su amor a Mónica, tan solo para ver cómo todo termina en una traición.

Jordi Mollá está muy bien en su papel de Leo, es una lástima que tuviera que ser tan breve, pues su presencia le daba calidad a la cinta. El personaje de Ana de la Reguera es algo plano, no logra transmitir a la femme fatale que pretendía Dalton y que el director no pudo obtener, sólo es una mujer despampanante e inexpresiva que no conecta con sus compañeros; se extraña su natural actuación de la que hace gala en los comerciales de agua embotellada o en otras cintas.


El rol de Dalton intenta ser la de un duro y estoico, arrojado e imprudente pero demasiado poco inteligente ladrón. Eso de ir a gritarle a Pablito frente a sus hombres que es un policía de mierda y luego salir vivo de esa, sí que es increíble. Por su parte, Silverio Palacios es el único que logra hacer de su personaje, un ladrón vulgar e histérico, alguien plausible de tan común y corriente, y por lo mismo, a final de cuentas el más sorprendente.

Como película de acción, la cinta se queda como tipo B, con algunas bien logradas escenas de acción, como la de la explosión de la bodega de Pablito, pero como thriller deja bastante qué desear, pues le falta profundidad argumentativa y cuenta con un ritmo irregular.

¿Qué salió mal?, pregunta la voz en off de Sánchez al principio de la película, y parece que lo que hizo que saliera mal es confiar en uno que, por principio, no se puede confiar, o al menos así lo muestra el dicho ladrón que roba a ladrón…, pero lo que sale mal en gran parte de la cinta es el trabajo argumentativo y narrativo: no hay manera de dar credibilidad a una cinta en la que los líderes de la banda de asaltantes actúan como si no hubiera necesidad de autorización por parte de la delincuencia organizada mexicana o argentina, y de ahí los enfrentamientos con El Texano y con Pablito, ambos personajes tratados con los típicos clichés y por ello bastante desdibujados.

Tal vez lo único que rescata de una debacle a la película es el final inesperado –dado el poco material argumentativo que había mostrado el guión- en el que un moribundo Sánchez toma conciencia de momentos clave, a partir de flashes, de quién y cómo resulta ser el verdadero ganador en esta feroz lucha por el dinero. Esa parte es lo mejor del guión de Dalton: nadie de la banda sabe para quién trabaja, excepción, claro, de quien se queda al final con el dinero, que es mucho suponer del personaje.

Thursday, November 29, 2007

Máxima Traición

La ley del Talión amoroso
Ricardo Martínez García


Lo que aparentemente comienza como el secuestro de una niña, poco a poco se desvela como la complicada y bien planeada estrategia para castigar a un esposo desleal hasta destruirlo completamente, como venganza a su traición, en un angustiante filme, repleto de tensión sicológica.

Pierce Brosnan, actor irlandés de 54 años famoso entre otros trabajos por haber encarnado a James Bond, el agente 007, protagoniza Máxima Traición (Butterfly on a Wheel, 07), drama dirigido por Mike Barker y coprotagonizada por María Bello y Gerard Butler.

Brosnan, ya lejos de las escenas de acción que requería filmar como el famoso agente británico, o de películas como El pico de Dante, El caso Thomas Crown o El sastre de Panamá, encuentra en esta cinta una manera clara y contundente de mostrar sus dotes de actor de carácter, tal vez más que en El Matador.

El personaje que interpreta Brosnan, Ryan, es despiadado pero a la vez mesurado y contenido, sabedor del control que ejerce sobre unos destrozados padres de familia al comunicarles que tiene bajo su poder a su pequeña hija y que los tendrá totalmente a su disposición durante 24 horas. Dicho personaje lo muestra como un sicópata que goza con el sufrimiento ajeno. La angustia de los padres se desborda porque no tienen ni idea de lo que Ryan realmente quiere.

Gerard Butler, actor escocés con una poco conocida pero fructífera carrera tanto en teatro, televisión y cine (sus trabajos en este último renglón incluyen el protagónico en El fantasma de la ópera –la versión de Joel Schumacher-, y su participación en El reino del fuego y 300, y que alguna vez fue propuesto para sustituir a Brosnan en la franquicia del Agente 007), realiza el papel de Neil Warner, ejecutivo estrella de la empresa para la que trabaja, casado con la atractiva Abby (Maria Bello) y padre de la tierna Sophie, pero que al tener todo lo que se puede desear, se extralimita y deja de ser sincero consigo mismo.

El personaje más imprevisible de los tres es el que interpreta María Bello, la abnegada Abby, quien al celebrar su cumpleaños planea salir con sus amigas, aprovechando que su esposo tiene una junta con su jefe en la casa de campo de éste.

La pesadilla comienza cuando los esposos se trasladan de su casa, en los acomodados suburbios de Chicago, al centro de la ciudad, donde ella verá a sus amigas y él verá a su jefe. Al subir a su Land Rover no se percatan de la presencia de Ryan, quien los amaga con una pistola y les dice que tiene en su poder a su hija. Luego obliga a Neil a sacar todo el dinero de su cuenta bancaria, para de inmediato prenderle fuego a los billetes y lanzarlos a un río. Después los obliga a entregar paquetes de los que no saben qué contienen ni para qué se les piden que los entreguen.

Los esposos con sus desavenencias y todo (pues Neil constantemente pone en riesgo a su hija al desobedecer las instrucciones de Ryan, ante el enojo de Abby), están de acuerdo en que harán todo lo que Ryan les pida, con tal de que éste no le haga daño a Sophie, pues están dispuestos a hacer todo lo que sea necesario para salvaguardar a la niña.

La película resulta angustiante porque plantea los sentimientos de unos padres ante el secuestro de su hija. La impotencia, la desesperación de saber que alguien ha tomado el control de sus vidas y que con ello los pone completamente a su servicio, nos hace sentir nuestra propia vulnerabilidad en toda su crudeza y no solo la de ellos. Y si a esa impotencia añadimos la pérdida completa de nuestros ahorros y del empleo tan solo en unos minutos, la situación se torna completamente desastrosa.

De hecho, la película había sido titulada Shattered, algo así como destrozados, pero la producción prefirió el más poético título de Butterfly on a Wheel. Al parecer el título hace alusión a un poema de Alexander Pope, la Epístola al Dr Arbuthnot, escrito en 1735, que a su vez se refiere a un tipo de tortura con una rueda que estira el cuerpo. En México, como siempre, los tituladores en busca de la creatividad perdida le han puesto Máxima Traición, título que ciertamente hace alusión a parte del argumento.

Aunque el trabajo de Brosnan es muy cumplidor, el peso dramático lo carga Butler, pues tiene que interpretar a un personaje sobrado de sí mismo, que siempre cree ser más listo que los demás, pero ve destruida su vida en muy poco tiempo, y aún así insiste en engañar a su esposa, sin darse cuenta de que se engaña a sí mismo.

Si usted es infiel, piensa serlo o alguna vez ha sentido el deseo o la tentación, no se la pierda, pero sobre todo no deje de verla si usted ha sido víctima de la infidelidad.

Thursday, November 08, 2007

¡Porque lo digo yo!

Patético amor maternal
Ricardo Martínez García

La natural relación amorosa entre madres e hijos muchas veces no es tan sana como se esperaría. Tal es el caso de la cinta Porque lo digo yo (06) en la cual el amor maternal de Daphne Wilder (Diane Keaton) por su hija menor Milly (Mandy Moore) es llevado hasta límites enfermizos, como por ejemplo tomar iniciativas que no le corresponden, transformándose en una moderna e indeseable celestina cibernética.

Daphne ha tenido que sacar adelante a sus tres hijas prácticamente sola; actualmente no tiene problemas de dinero por lo cual sus principales preocupaciones en la vida son las relaciones amorosas de su hija Milly, que en su opinión puede quedarse sola (como ella) si continúa arruinando todo prospecto de pareja.

Tomando en sus manos la iniciativa que tendría que corresponderle a la propia Milly, quien es dueña de un negocio de repostería, Daphne publica en internet un anuncio de búsqueda de pareja (servicios que por cierto pululan en la red), para lo cual cita a los candidatos en un restaurante.

La procesión de sujetos que se presentan a la cita va desde adefesios a ñoños e inadaptados, hasta que se presenta el guapo y presumido arquitecto Jason (Tom Everett Scott), el cual le llena el ojo a Daphne (pensando más en ella misma que en Milly), y arregla todo para que éste conozca a su hija.

Toda la escena del desfile es presenciada por el guitarrista que ameniza el ambiente en el restaurante, el también bien parecido Johnny (Gabriel Macht), quien se acerca a Daphne, pero como ésta ya ha hecho la elección que a ella le gustó, no lo considera siquiera como un candidato más.

La comedia se desarrolla de tal manera que el espectador sabe de antemano en qué va a terminar todo: la hija es puesta en una disyuntiva que ella cree que es suya (elegir entre Jason o Johnny), pero cuando se entera de la participación más que activa de su madre su furia no puede ser más que justificada.

En su corazón Milly tiene claro –lo mismo que el espectador- que es con Johnny con quien le gustaría estar, aparte de sentirse a gusto con él, su hijo y su padre (del cual Daphne –más protagonista naturalmente que la propia Milly- se enamora muy rápido), puesto que Jason saca a relucir su materialismo y pedantería, pero como era el que le había caído mejor a su madre, eso la detiene hasta que se entera de cómo se habían dado las cosas: desde la publicación del mensaje, las entrevistas y la elección del “mejor candidato”.

Esta comedia ligera, dirigida por Michael Lehmann (La verdad acerca de perros y gatos), presenta a una Diane Keaton muy instalada en su rol de mujer y madre desenvuelta y torpe a la vez pero con problemas para desarrollar un sano amor de pareja; en un momento de íntima comunicación con Milly, le confiesa no haber podido experimentar orgasmo alguno con el padre de ellas, pero luego la vemos aparentemente ponerse al día con Joe, el padre de Johnny, y con el que terminará casándose.

El trabajo de la Keaton resulta pues similar a su papel en Alguien tiene que ceder, o a algunos papeles que interpretó para filmes de su ex pareja en la vida real Woody Allen (como Annie Hall o Interiors) pero con más drama que comicidad.

El argumento puede considerarse absurdo, pero lo innegable es que en la realidad se pueden encontrar casos todavía más patéticos o enfermizos, y si no, ¡que le pregunten al ya famoso “caníbal de la Guerrero” sobre la relación con su mami!, o a todos aquellos que han tenido madres autoritarias que todo lo justifican con el argumento de porque así lo digo yo.

Wednesday, October 31, 2007

1408


Sin Resplandor pero con Maldad
Ricardo Martínez García

Stephen King es uno de los más prolíficos autores que existen en el género de terror y de ficción, cuyas novelas han sido fundamento de películas como El resplandor (Stanley Kubrick, 80), Cemeterio de Mascotas (Mary Lambert, 89), Los Tommyknockers (John Power, 93), La mitad siniestra (George A. Romero, 91), y muchas otras, además de series de televisión.

1408 es una película, dirigida por el sueco Mikael Håfström, que saca la cara por el género de terror a la americana, ante la oleada de cintas asiáticas –algunas muy buenas- que han surgido, y ofrece un argumento retorcido e imprevisible, tal como le gustan a King, en el que se reivindica el derecho a la creencia en el más allá, ante el estéril escepticismo de la vida moderna.

Mike Enslin (un solvente John Cusack) es un impopular escritor especializado en cazar eventos supuestamente paranormales (una especie de alter ego del propio King), cuyo último libro parece más una guía de hoteles encantados a los cuales se puede visitar como si fueran atracciones turísticas. El título de su libro es Diez noches en cuartos de hotel embrujados.

Escéptico y a veces cínico ante la mayor parte de los pretendidos casos de muertos y aparecidos en los cuartos de hoteles (temática que ya había sido explorada en El Resplandor, donde el guardián-escritor Jack Torrance –el más memorable Jack Nicholson- enloquece en el vasto y solitario Overlook Hotel), Enslin toma su trabajo literario como un ejercicio reporteril cuyo objeto de investigación es corroborar, más que la autenticidad de los fantasmas, su carácter fraudulento.

Un día, luego de visitar algunos de esos decepcionantes hoteles en los que no ocurre nada, Mike va a la playa a practicar su mal surfing, y mientras trata de leer algo en una manta que es arrastrada por una avioneta, una ola por poco lo ahoga.

Luego, a salvo en la playa, Enslin se repone y acude a la oficina de correos a recoger su correspondencia. Ahí ve una postal del Dolphin Hotel, ubicado en pleno corazón de Nueva York (a diferencia del Overlook, enclavado en una aislada zona montañosa), cuyo reverso dice algo como “no te quedes en el 1408”, que funciona como el anzuelo perfecto para el iconoclasta del terror que es Enslin.

Ni tardo ni perezoso Mike solicita por teléfono reservación para esa habitación en el Dolphin, pero le dicen una y otra vez que no está disponible. Su editor, con la ayuda de un abogado, le dice que constitucionalmente le tienen que dar el cuarto, si no está ocupado.

El escritor finalmente llega al hotel, pide su habitación y aparece entonces el gerente (el siempre correcto Samuel L. Jackson), el cual lo trata de convencer de que no se quede, revelando datos que no habían sido dados a conocer por la prensa.

Más de cincuenta muertes –naturales o no- han sucedido en la habitación 1408 desde su puesta en servicio, habitación en la que nadie ha durado más de una hora y cuya apariencia no denota nada malo, a pesar de la afirmación del gerente de que se trata de “la habitación del diablo” (cosa que también podría decirse de la habitación 237 del Overlook, en El Resplandor).

Una vez dentro del cuarto, Mike no encuentra nada extraño, recostado en la cama comienza a grabar una descripción de la decoración y el mobiliario, se asoma a la ventana y cuando voltea hacia la cama, la encuentra nuevamente arreglada y con un par de chocolates encima. Su escepticismo lo lleva a sospechar que alguien está dentro de la habitación; entonces comienzan algunos sucesos que lo harán perder la cabeza.

Incapaz de discernir entre la realidad y las “alucinaciones” o lo que sea que experimenta, lo único que desea es salir, pero como si se tratara de una ratonera, ¡el cuarto no lo deja ir!

La incredulidad que había sido su punta de lanza se le resquebraja cuando aparecen ante él escenas familiares en las que juega con su hija, antes de que ésta falleciera de cáncer. La aparición de la pequeña marca el momento más intenso en sus alucinaciones e implora por salir de la habitación.

El cuarto se destroza, se sacude y se cae a pedazos, para finalmente inundarse con la fuerza de las olas de mar. Entonces Mike cree ahogarse y de pronto, como si saliera de un sueño, despierta en la playa donde había surfeado, la escena se repite y pareciera que todo había sido un mal sueño, pero luego, al ir a la oficina de correos, se da cuenta con desconsuelo de que aún sigue adentro de la nefasta habitación. No hay otra opción que prenderle fuego al cuarto.

Las vueltas de tuerca aún no terminan ahí. Håfström utiliza los recursos a su alcance, tanto técnicos como sicológicos, para crear suspenso, escalofríos y uno que otro auténtico susto en esta recomendable cinta.

El estudioso de la comunicación Ignacio Ramonet ha señalado en su libro La Golosina Visual que cuando una sociedad tiene que canalizar la desesperanza y la angustia que generan diversos aspectos de la vida moderna expuestos a una crisis (no tanto económica, sino existencial, como la que pueden llegar a sentir algunos neoyorquinos luego del ataque a las Torres Gemelas, o como la que seguro sienten millones de personas en Hiroshima, Vietnam, Afganistán, Irak, Líbano, etcétera) surgen cintas que hacen precisamente eso: canalizar la angustia y el extravío, ofrecer, más que entretenimiento, esperanza en el más allá, algo en qué creer y no el mero vacío después de la muerte, algo que los haga sentir cierto optimismo.

El mensaje de la cinta, ciertamente ambiguo, parece inclinarse más por resaltar las cosas que valen la pena de la propia vida, como el amor a la familia (como verdadero resplandor), pero dejando una ligera sugerencia de que el horror aún no termina. ¿Se preparará una segunda parte?

Monday, October 22, 2007

Adrenalina Total

Solución final = Eliminación indiscriminada
Ricardo Martínez García


Las grandes películas de acción francesas, como Los Ríos de Color Púrpura 1 y 2 (que exploran las posibilidades y consecuencias de usar ingeniería genética con fines oscuros), Nikita o Nido de Avispas (donde se muestra el poder de la delincuencia organizada y la vulnerabilidad de los cuerpos policiacos), pocas veces pueden llegar a ser el preludio de una sombría realidad que nos alcanza más rápido de lo que se pudiera pensar. No es el caso de Adrenalina Total.

A finales del 2005 se produjeron en París una serie de disturbios realizados por habitantes de los llamados “barrios calientes” o suburbios del norte de la ciudad que arrojaron como resultado gran cantidad de heridos y detenidos, cientos de autos incendiados, así como escuelas y centros sociales y deportivos dañados.

Aparentemente la causa original de los motines fue la muerte accidental de un par de adolescentes el 27 de octubre de ese año, aunque por supuesto se produjeron manifestaciones en contra de las llamadas “Leyes de excepción” y la discriminación hacia los suburbios y los franceses de origen extranjero que viven en ellos, acusados casi siempre de realizar actividades delictivas.

Hubo incluso interpretaciones de esos hechos que señalaban el origen de una probable “nueva revolución francesa”.

Un año antes de tales eventos se filmaba en París Banlieue 13 (Adrenalina Total, 04) filme del director Pierre Morel con guión y producción del famoso Luc Besson.

Ubicada en el año 2010, la película presenta una ficción –que muestra la buena lectura social del guionista- sobre el estado criminal de uno de esos distritos “calientes” donde las autoridades oficiales han claudicado completamente en su función de poner orden y ofrecer servicios a la comunidad.

Tal distrito o barrio, confinado dentro de unos muros (al estilo del nada ficticio muro del oprobio en la frontera México-Estados Unidos), cuenta con una población de unos dos millones de habitantes, divididos abstractamente con el viejo maniqueísmo de los poderosos, como si fueran dos bandos perfectamente definidos: los buenos y los malos (en nuestro caso los simpáticos gringos del norte y los detestables mexicanos del sur).

Leito es un habitante que conoce tan bien como su mano el territorio de su enclaustrado y nativo Distrito, al que quiere lo más limpio posible de narcóticos. Tal deseo lo lleva a tirar por el caño varios kilos de coca que aparentemente le llegan a su casa por azar, pertenecientes a uno de los traficantes del barrio, quien al darse cuenta de la pérdida, ordena su captura con el fin de que pague la droga perdida.

Experto en escaparse, Leito (David Belle) logra evadir a sus perseguidores e incluso, ayudado por su hermana, capturar a Kruger (François Chattot), jefe de los narcos, pero al entregarlo a la policía (que no sólo había capitulado ya en la “guerra contra el narcotráfico” sino que cooperaba con ellos) sufre una previsible traición y él es encarcelado quién sabe por qué cargos mientras que su hermana es reclamada por el jefe narco, a la que convierte en su siempre drogada mascota.

La gran solución total que se les ocurre a los altos mandos militares-policiacos, representados por un Coronel (Patrick Olivier), para meter en orden a ese revoltoso distrito es eliminarlo totalmente, simulando el robo de un misil nuclear de baja intensidad, que luego aparece en el corazón del barrio de Leito.

El coronel comisiona a Damien (Ciryl Rafaelli), un agente experto en artes marciales, para que “recupere” la bomba, y con el fin de facilitar la misión lo unen a Leito –una vez liberado- para que lo guíe dentro del Distrito 13.

La pareja de hombres de acción (con persecuciones y muchas peleas que recuerdan algunas escenas famosas de películas de Bruce Lee, Jackie Chan, o Jet Li) dan batalla a los hombres de Kruger y logran llegar a donde está la bomba, tan sólo para darse cuenta de que todo el tiempo los han querido manipular, de que han sido los instrumentos, sobre todo Damien, de los cuales se han valido las autoridades para operar su “solución total”.

El final de la película es optimista, pues supone que la mínima conciencia social (encarnada en Leito, quien desea seguir viviendo en el Distrito 13 a pesar de su ambiente delictivo) se sobrepone al deber policiaco (representada por Damien, que a toda costa desea cumplir su misión sin hacer caso de los razonamientos de Leito) con el que se ha querido eliminar al barrio.

Así, la exposición ante los medios de comunicación de las negras intenciones del Coronel es la vía para el restablecimiento de los servicios sociales en el Distrito 13, el cual tuvo que ver en peligro su propia existencia para reintegrarse a la sociedad.

Se trata de una entretenida película de acción con contenido social, mucho menos ficticia de lo que podría suponerse, como lo han mostrado en los hechos las revueltas parisinas del 2005 y en otros planos más graves los verdaderos intentos de “soluciones totales” a lo largo de la historia (limpiezas raciales y formación de ghettos, campos de concentración o reservaciones, invasiones a territorios extranjeros con el pretexto de llevar a cabo guerras contra el terrorismo o contra el narcotráfico, y demás lindezas), que una y otra vez muestran lo peor de los seres humanos, tanto de un bando como del otro, y sus consecuentes víctimas.

Friday, October 12, 2007

Luz Silenciosa

La paz es más fuerte
que el amor
Ricardo Martínez García

El director, productor y guionista mexicano Carlos Reygadas presenta en su tercer largometraje, Luz Silenciosa (Stellet Licht, 06), la historia de amor entre un granjero y una propietaria de restaurante pertenecientes a la comunidad menonita de Chihuahua.


La película ha sido ganadora del premio del Jurado en el Festival Cinematográfico de Cannes, del premio Fipresci (la Federación Internacional de Críticos Cinematográficos) en Rio de Janeiro, y del premio Tequila del Festival de Morelia, entre otros.

Seleccionada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas para representar al país en los premios Oscar, la cinta cuenta con un extraordinario trabajo fotográfico, de sonido y filmación, en el que se nota la conducción madura de Reygadas.

Johan (Cornelio Wall Fehr), campesino y padre de familia, y su esposa Esther (Miriam Toews), junto con sus seis hijos forman una familia menonita que respeta su riqueza tradicional pero viven de una manera “moderna”, usando autos y electricidad.

Los menonitas llegaron a México en 1922, cuyos antepasados eran holandeses que vivieron en Alemania, Rusia, Estados Unidos y Canadá. Son una rama de los protestantes anabaptistas y reciben su nombre de Menno Simons un sacerdote católico que rompió con la Iglesia y con el protestantismo.

Son pacifistas y creen en la vida del campo, pero las ramas más ortodoxas tienen prohibido el uso de vehículos, la radio y la televisión, así como el tabaco.
Asentados en Manitoba, Ciudad Cuauhtémoc y otras colonias en Chihuahua (aunque hay menonitas en Tamaulipas, Zacatecas, Durango y Campeche), es en este estado norteño donde Reygadas encontró las bellas locaciones naturales para su filme.

La película abre con una toma nocturna de las estrellas y un horizonte con el amanecer despuntando.

La vida del campo, ordinaria, disciplinada y rutinaria parece resquebrajarse por un hecho insólito para la vida de Johan: vive enamorado de otra mujer llamada Marianne (María Pankratz). Esther sufre en silencio la infidelidad de su esposo, tratando de vivir lo más normal posible ante estas circunstancias.

Un hecho interesante, resultado de la convicción o de la fe de los miembros de la comunidad acerca de que sólo pueden ser responsables de sus actos ante Dios y ante sí mismos, es que Johan le hizo saber a su mujer desde el principio que tenía una relación con Marianne.

Johan no se siente bien respecto a su doble vida, a pesar de su religiosidad y de su idea de que la situación que vive con Marianne no es cosa del maligno, sino de Dios; por ello busca consuelo con Zacarías, su confidente y mecánico. Zacarías le dice que es bueno que haya encontrado a su “mujer natural”. También busca la ayuda de su padre, quien ante la situación le dice que tiene que optar por alguna de las dos mujeres o perderá a ambas.

Los amantes buscan ocasiones para mostrarse su amor, pero luego de dos años de relación “secreta”, ambos se ven empujados a tomar decisiones importantes.

Con el pretexto de ir a entregar algún producto al restaurante de Marianne, acompañado de dos de sus hijos pequeños, a quienes debe llevar al dentista y luego abandona un rato, Johan tiene un encuentro amoroso en un motel con Marianne. Al final ésta le dice que ésa fue la última vez que estará con él, y añade que “la paz es más fuerte que el amor”.

La actitud ausente que adopta Johan en su casa mortifica más de lo debido a Esther. Entonces deciden hacer un viaje juntos, dejando a los niños a cargo de la hija mayor. Durante el trayecto, con una conversación carente casi por completo de inflexiones –así son los diálogos durante toda la película- ella primero llama “puta” a Marianne y luego la compadece, algo que también había hecho ésta a propósito de Esther. “Pobre Esther”, le dice a Johan cuando estaban en el motel.

Por su parte, Johan habla de sí mismo como si se tratara de alguien más. Esther empieza a sentirse mal, se queja de un dolor en el pecho y le pide a su esposo que pare el auto. Sin importarle el clima, baja y se deja dominar por el llanto, en medio del torrencial aguacero. El dolor en el pecho es un aviso de un ataque al corazón y Esther muere en el campo, al lado de unos árboles.

Con la muerte de su esposa, Johan llora sinceramente ante la pérdida de su compañera, a la que ciertamente amaba, pero es con su desaparición que toma conciencia de ello.

Luego de las oraciones y los rituales funerarios, y de la preparación del cuerpo llevado a cabo por las mujeres de la familia, Johan se sume en una especie de sopor, del cual sale cuando tiene que recibir la visita de Marianne, quien le pide conocer a Esther antes de que la entierren, después de escuchar a Johan decir que daría todo por que las cosas fueran como antes.

El cuerpo de Esther yace en un cuarto blanco lleno de luz, una luz silenciosa, blanquecina, lechosa y pacífica. Marianne se planta a un lado del cadáver, se inclina para darle un beso en la boca, como insuflándole un aliento de vida y se levanta dejando unas lágrimas en la mejilla de Esther. Y entonces se produce un milagro: Esther comienza a abrir los ojos, ve a su rival de amores al lado y le dice “gracias Marianne”.

Dos de las hijas de Esther entran para ver a su mamá, la ven despierta, la saludan y una de ellas va a decirle a Johan que su mamá está despierta. En eso aparece Marianne y sin despedirse de nadie se va de la casa. “La paz es más fuerte que el amor”, había dicho.

Los premios a la película hablan por sí mismos y son más que justificados.

Con el director
Carlos Reygadas comentó, durante una conferencia de prensa en un hotel de la Condesa, que para él la película trata de mostrar cómo actuar de la mejor manera cuando amas a alguien. Añadió que escogió como lugar de filmación esta comunidad menonita porque ofrecía un contexto muy bello y perfecto, donde sus habitantes viven prácticamente sin la división de las clases sociales, lo que permitió exponer una problemática casi universal.

Por su parte, el actor Cornelio Wall Fehr, quien interpreta a Johan y es menonita pero no ortodoxo, dijo que luego de la película aprendió a amar más al prójimo, “aprendí qué es el verdadero amor”. Señaló que es la primera película en la lengua que su comunidad habla, algo así como plot, que es una mezcla de alemán, inglés y un poquito de español.

Reygadas una vez más trabajó en esta película con actores no profesionales porque considera que son lo más cercano a la vida real. Los actores profesionales según su visión, “sobreactúan” cuando actúan, sobre todo en el teatro. “La cámara de cine es tan fidedigna que no necesita actuación, la actuación siempre es sobreactuación”.

Para Reygadas el trabajo de interpretar qué es lo que al final propone su película es tarea del espectador. “Mi trabajo es intuitivo, emocional, y muchas cosas que filmo tienen un significado que no está siendo pensado”. Por ejemplo, en la escena donde está el cuerpo de Esther en el cuarto blanco lleno de luz, es “como si la luz generara los milagros”.

Para finalizar, el realizador dijo a pregunta expresa que el arte en el cine consiste en “entrar en contacto con las cosas en sí mismas”, como en busca de lo verdadero de ellas.

Catacumbas

¡Broma de pesadilla!
Ricardo Martínez García


Victoria vive los momentos más espantosos de su vida al visitar a su hermana Carolyn, que estudia en París. En su primera noche en la capital francesa, Carolyn la lleva a una fiesta la cual, según ella, le cambiará la vida.

El reventón se realiza en algún lugar del subsuelo de la ciudad, la que se dice fue edificada sobre los restos de cientos de cementerios. Pero la fiesta no es, de ninguna manera, algo que pudiera divertir a Victoria.


David Elliot, conocido por su trabajo como guionista en The Watchers (00) y Four Brothers (05), entrega en Catacumbas (06), su segundo trabajo (el primero fue Nothing Sacred, hace ya una década) como director, una cinta que oscila entre el thriller sicológico y la clásica cinta de terror.


A pesar de que el guión es un trabajo conjunto con Tomm Coker, la trama no logra cuajar ni del lado sicológico ni del terrorífico, y tiene el defecto de explotar al máximo las situaciones absurdas en las que incurre la protagonista.


Víctima de una fuerte farmacodependencia, Victoria (Shannyn Sossamon) tiene una tendencia a la tranquilidad y la pasividad. Si de ella dependiera, se quedaría a dormir en lugar de irse al antro. A pesar de eso, Carolyn (Alecia Moore) insiste y la arrastra con ella hasta un lugar bajo las calles, oscuro, lleno de pequeños y laberínticos túneles, cuyas paredes están atiborradas de cráneos y huesos humanos.


Los organizadores de esos eventos son dos amigos de su hermana, Jean Michel (Mihai Stanescu) y Hugo (Cabral). Jean Michel señala, como anfitrión de la fiesta, que lo especial de ésta consiste en hacer sentir a cada uno la inminencia de su muerte, lo que, en el mejor de los casos, podría hacer que vivan mejor sus vidas.


A todas luces ella está en la fiesta como pez fuera del agua, soportando primero un ambiente típico de música bailable a gran volumen, y después escuchando historias macabras de Jean Michel, sobre cómo se habrían formado algunas sectas satánicas y la artificial producción de un anticristo.


Es entonces cuando comienza la pesadilla para Victoria: se asusta con las historias de Jean Michel y sale corriendo hacia ninguna parte; su hermana la persigue tan solo para caer fulminada de un aparente hachazo en el cuello; Victoria naturalmente termina por extraviarse en los oscuros túneles.


La protagonista de esta cinta (que difícilmente ganará algún premio a la mejor actuación, gracias en parte al trabajo de dirección) demuestra lo inútil –y desesperante para el espectador- de los gritos y peticiones de que la dejen en paz en un lugar así.


Victoria muestra también que el brutal instinto de supervivencia está presente aún en una frágil y delicada mujer como ella, pues en su extravío se encuentra con otro perdido, abandonado también en los túneles, al que también ella abandona, herido, arrebatándole un mapa que no sabe usar, en su afán por salir de tan lúgubre lugar.


Algunos detalles de la película de tan absurdos resultan exasperantes. Por ejemplo, rogarle e implorarle a una lámpara que no se apague cuando se ha quedado sin batería, o gritar interminablemente –como si estuviera en la montaña rusa- cuando el hombre cabeza de chivo la persigue y pedirle que “la deje en paz”, son cosas que resultan tan estériles como patéticas y enojosas.


Otro detalle lo ofrece la protagonista, que no aprovecha la incursión de unos policías para salir y ponerse a salvo. Incomprensiblemente se desmaya o algo le ocurre y cuando despierta se da cuenta de que está sola y abandonada.

Luego de mil peripecias, Victoria es hallada por su propia hermana, que no estaba muerta, y por los amigos de ésta. Le explican que todo lo ocurrido era una broma y que luego de que ella saliera corriendo y se perdiera en la oscuridad, ellos habían intentado encontrarla, pero que la llegada de la policía lo había impedido.


La reacción de Victoria es –ésta sí- comprensible ante la magnitud del “chascarrillo”.


A la luz de la revelación de que las experiencias terroríficas de Victoria fueron producto de una broma, el espectador puede pensar con toda naturalidad que la película es también una tomada de pelo por parte de los realizadores. Broma pesada y de mal gusto.


Catacumbas es una película sólo para los amantes del género, que están dispuestos a realizar las mil y una concesiones que hay que hacer ante la falta de sentido común que Victoria exhibe.

Saturday, September 22, 2007

eXXXorcismos

Metafísica del amor traicionado
Ricardo Martínez García


¿Hasta qué punto los elementos sociales –la familia, las instituciones, las creencias, los prejuicios- condicionan nuestros comportamientos sexuales, nuestra conciencia y nuestra culpa? Estas son las principales premisas de la trama de eXXXorcismos (02-05), filme digital de Jaime Humberto Hermosillo, que se dio cita en la Cineteca Nacional el jueves 20 para presentarla. La película se exhibirá hasta el día 26 de septiembre.

Un tema recurrente en el trabajo de Hermosillo es la sexualidad y sus problemas, sus placeres y sus sufrimientos. Este filme trata sobre la culpa que siente Marco Antonio (Alberto Estrella) luego de haber vivido un amor adolescente y homosexual con Pedro (Juan José Meraz) veinte años atrás, carga con una culpa que no lo deja vivir.

Más que un exorcismo al fantasma de Pedro, que se suicidó después de enfrentar a sus padres, según se va descubriendo a partir del soliloquio de Marco Antonio, lo que éste necesita es explicar, confesar o justificarse ante el espíritu de Pedro –en un tinte muy metafísico-erótico de la película- acerca de su propia cobardía, que fue no haber aceptado y asumido su naturaleza homosexual, además de reconocer hasta dónde llegó su participación activa en el suicidio de Pedro.

Marco Antonio le platica a Pedro, o al fantasma que se aparece de él en el famoso Pasaje Iturbide del Centro Histórico de la Ciudad, que, luego de sus experiencias de adolescente, conoció a una mujer, se casó, tuvo dos hijas y que es feliz con el “sexo tranquilo” que tiene con su esposa. Pero la presencia vívida y amorosa de Pedro en su memoria (“¿De dónde tanta creatividad erótica, dónde aprendiste tanto?”) y a quien ve reflejado en los aparadores, le recuerda cómo fueron en realidad las cosas: fue Marco Antonio quien propuso el pacto suicida, sin tener verdaderamente la intención de cumplirlo, aquejado por sus conflictos con los padres de Pedro, que querían meterlo a la cárcel por “pervertidor de menores”; también queda claro que fue Pedro el único que sí había enfrentado tales conflictos, y que decidió cumplir el pacto al tener la convicción de que Marco Antonio tarde o temprano lo dejaría solo.

Marco Antonio, confrontado así por su conciencia encarnada en la figura de Pedro, no puede más y se confiesa sus propias mentiras: no es casado ni tiene hijas ni mucho menos es feliz, y llega a la conclusión de que tiene que elegir entre seguir una vida llena de mentiras y seguir viviendo sin gozar de la presencia de Pedro. “De seguir mintiendo y no tenerte prefiero la nada” exclama, dirigiéndose a un inaprensible Pedro, y profiere una letanía de expiación: “canto trágico, consúmeme; canto triste, auxíliame”, o algo parecido. Luego, procede a cumplir el pacto, tardía pero conscientemente, y entonces se muestra la sangre derramada, la sangre sexual, desnuda, carnal.

La película es sugerente o directa según se necesita: la confesión de Marco Antonio nos conduce a través de un hilo narrativo que apela a nuestra imaginación; por otro lado, muestra escenas sexuales explícitas y a veces disimuladas con el recurso de tomarlas fuera de foco, como las que muestran a Marco Antonio y Pedro enzarzados en frenética actividad sexual. La música crea un adecuado ambiente de misterio y revelación, de intimidad.

Con el director
Jaime Humberto Hermosillo dijo, luego de la función de su película, que ésta había sido concebida “como un impulso creativo y ganas de trabajar con pocos recursos, cuya semilla estuvo latente por más de cinco años”, y señaló que la película plantea que “incluso las personas que ejercen una sexualidad distinta, no tradicional, también pueden tener conflictos entre ellos”.

Para el director de películas como La pasión según Berenice, La Tarea, Doña Herlinda y su hijo y María de mi corazón, una de las ventajas del formato digital es que permite mayor inmediatez en la grabación. “Estoy trabajando en guiones, siempre estoy interesado en eso, pero hay ciertos asuntos que puedo escribir con las cámaras. Por otra parte, en esta película nada fue improvisado aunque no hubiera un guión escrito, lo que sí había era grabaciones de los ensayos de los actores, que les permitieron ver y corregir sus escenas”.

Respecto al formato digital con el que se grabó la película, el realizador señaló que actualmente se cuenta con proyectores cuya luminosidad y resolución ha mejorado muchísimo. Del mismo modo, sugirió a los estudiantes de cine que experimenten con los medios a su alcance pero que no se olviden de que lo que hay que ejercer es la creatividad.

“Nunca ha sido fácil, pero en México se siguen haciendo buenas películas, talento hay mucho, afortunadamente” respondió, a pregunta expresa, el cineasta cuyo trabajo ha sido comparado con el de Pedro Almodóvar. “Creo que hay similitudes con Almodóvar, pero en todo caso hay más similitud temática con Rainer Werner Fassbinder; las coincidencias que se dan con otros cineastas a mí me dan gusto, pues los temas (que abordamos) son universales”.

Siempre amable y sonriente, el director y guionista de 65 años nacido en la conservadora ciudad de Guadalajara, comentó acerca de la aprobación, hace ya casi un año, de la Ley de Sociedad de Convivencia para el Distrito Federal y expresó que “Es un avance muy importante para nuestra sociedad; esta película plantea precisamente que la oposición de la sociedad a una sexualidad distinta trae consecuencias lamentables”.

Saturday, September 08, 2007

Nada es lo que parece

El gran engaño
Ricardo Martínez García


En la guerra y en el amor todo se vale; por otra parte, todos somos animales de hábitos, de costumbres y de instintos, la cultura y la civilización son meras apariencias, pues en el fondo en las sociedades solo hay cazadores y presas; tales parecen ser las premisas de The last time (El gran engaño, 07), del director debutante Michael Caleo.

Jamie, un soso e inepto vendedor (Brendan Fraser) ingresa a Bindview, compañía que comercializa productos muy rentables en Nueva York, con una supuesta fama de gran vendedor, y es asignado como compañero del vendedor estrella, el pedante y grosero Ted Riker (Michael Keaton), de quien depende mayormente la salud económica de la empresa.

El trabajo de Jamie es tan malo que Ted comienza por despreciarlo, luego siente lástima por él, que se convierte en aparente empatía cuando conoce a Belisa (Amber Valleta) la prometida de Jamie. De manera casi natural, Ted se enamora poco a poco de Belisa hasta que termina por dedicarle gran parte del tiempo y olvida su trabajo como vendedor, sin importarle que la empresa quiebre gracias a su displicencia.

La película arranca con paso incierto y, si no fuera porque el público espera que se desvele el truco detrás de la inexorable caída de Ted (por algo la película se titula en español El gran engaño, pues se sugiere tal cosa y entonces se quiere saber en qué consiste), los espectadores deben armase de paciencia o marcharse del lugar.

La actuación de Fraser es tan convincente en su papel de inepto e ingenuo vendedor fracasado que más que lástima da risa verlo argumentar a los clientes que pronto se va a casar y que por ello necesita hacer una venta. Keaton, por su parte, nos convence de que es un verdadero tiburón de las ventas, utilizando como estrategia la agresividad y la iniciativa, pero además, parece que el gran engaño al que se refiere el título, es el que él lleva a cabo con la prometida de Jamie, quien aparentemente ya está harta de cargar con un novio sin futuro.

El romance entre Ted y Belisa avanza en la medida en que las ventas de la empresa descienden, al grado de que en el momento culminante del romance se produce la quiebra de Bindview y al mismo tiempo la determinación de Ted para vivir con Belisa, pero ésta decide abandonarlo inexplicablemente.

Hasta este momento todo lo que ocurre parece normal y cotidiano, salvo los indicios de que alguien espía o vigila a Ted; en realidad nada es lo que parece.


La escena clave de la cinta muestra una fiesta de ejecutivos de ventas donde se encuentra el soso Jamie totalmente transformado, y el gordo líder de una empresa competidora de Bindview narra que tuvo la ocurrencia de armar una estrategia para ganar la carrera de las ventas empresariales cuando, estando en África, escuchó que la manera de confundir a los elefantes y abatirlos fácilmente era eliminar a sus líderes. Los demás elefantes caen en confusión al no haber nadie que los conduzca, volviéndose presas enormemente fáciles. Así, pensó este líder gordo, no importa si se trata de elefantes o ejecutivos de ventas: para ganar hay que anular a los líderes; no se trata de matarlos, sino sólo de estudiarlos y descubrir sus debilidades, fomentárselas y observar cómo se autodestruyen.

Como parte de esa estrategia, a ejecutivos líderes en otras divisiones de Bindview les descubren por ejemplo su adicción al juego, a las drogas, etcétera. A Ted le descubren su necesidad de amor, por lo que su relación con Belisa no pudo ser más premeditada. Jamie ha sido el agente investigador y ejecutor de Ted, y con el mismo cinismo y audacia, le susurra al oído a su obeso jefe que está al tanto de su particular debilidad, el gusto por jóvenes coreanos. El conocimiento se desvela entonces como instrumento de destrucción o de chantaje; así es el mundo de los negocios (y por extensión, el mundo de la política, las intervenciones en el extranjero, el laboral, etcétera).


Ted, quien antes de ser vendedor estrella se dedicaba a dar clases de literatura inglesa y que deja a un lado porque “ya no tenía nada que dar”, decide regresar a la docencia (tal vez por última vez, como el título original de la cinta) luego del inexplicable abandono de su amada. Belisa, quien siempre formó parte del equipo de “eliminación”de Ted, ya no sabe qué hacer, aparentemente se arrepiente o se ha enamorado también. ¿Quién sabe?

Thursday, September 06, 2007

El otro Kennedy

Ricardo Martínez García

Ambientada en Los Angeles durante uno de los momentos históricos que debería hacer sonrojar al gobierno de los Estados Unidos que desde hace muchos años ha enarbolado la bandera “democrática” ante el resto del mundo, Bobby (El día que asesinaron a Kennedy), cinta de Emilio Estevez, nos muestra una colección de escenas cotidianas que habrán de coincidir en un momento crucial: el asesinato de Robert F. Kennedy, candidato a la presidencia en 1968, en las instalaciones del hotel Ambassador.

Para muchos la llegada de Bobby a la presidencia no sólo significaba ver a otro Kennedy en la Casa Blanca, sino la gran esperanza de terminar con la absurda y criminal intervención en Vietnam de sus fuerzas armadas y acabar con las bajas y heridos en combate (algo que el joven William (Elijah Wood) desea evitar y por eso se casa con su sacrificada amiga Diane (Lindsay Lohan)) o de mejorar los niveles de vida de mucha gente necesitada, de justicia social y respeto a los derechos humanos.

Tales esperanzas ya habían sufrido un duro golpe, o al menos así fue para grandes sectores de la población afroamericana e hispana, con el asesinato de Martin Luther King. Por ello, la única esperanza que podían concebir la representaba Robert F. Kennedy.

La película transcurre entre los discursos llenos de contenido social de Bobby (que debieron alarmar verdaderamente a los sectores conservadores del gobierno), y las situaciones de diversos personajes: la vacuidad de Virginia Fallon, cantante alcohólica y acabada (Demi Moore) que afirma que todas las mujeres son unas “cualquieras”, con la diferencia de que a algunas les pagan; la decepción de una estilista engañada (Sharon Stone) y el arrepentimiento de su marido (William H. Macy), infiel con una telefonista (Heather Graham) del Ambassador donde él es el gerente; la necesidad de escape de unos adolescentes promotores del voto demócrata que están hartos de su trabajo y prueban LSD por primera vez; la nostalgia de unos retirados ex empleados del hotel (Anthony Hopkins y Harry Belafonte) que dedican las tardes a beber whisky y a jugar ajedrez; y la politizada vida de los cocineros que discuten si los negros son “hermanos” de los latinos o si éstos son amigos de los negros.

Emilio Estevez logra por la vía de la nostalgia de los tiempos sesenteros, con la sicodelia de los hippies (encarnados en Ashton Kutcher) y música de Donovan entre otros, lo que Michael Moore logra con sus reveladores filmes: pone nuevamente en la mira viejos y olvidados problemas, como asignaturas pendientes en la sociedad gringa: los magnicidios irresueltos, los motivos reales de la guerra de Vietnam, la cual tuvo incio –es cierto- durante la administración de John F. Kennedy, pero de quien se tienen indicios de su deseo de retirada, los problemas raciales y migratorios y, para cerrar con broche de oro, una especie de vacío moral generalizado, caracterizado por la indiferencia y el consumismo.

Esteves nos recuerda, a ratos con tonos de documental, lo trágico que debió ser para la familia Kennedy y traumático para la sociedad en general, ver asesinados a John y a Robert en la cúspide de sus carreras; nos recuerda que fuerzas ocultas aparentemente muy poderosas (individuales o corporativas, da igual pues ambas son siniestras y muy inquietantes) no querían bajo ningún rubro las políticas sociales de los Kennedy.

Pero también nos recuerda que la vida común debe seguir a pesar de los momentos más inciertos y vulnerables, de momentos de confusión y rabia, como los que se viven en el lobby del hotel después de saberse que tirotearon a Bobby en la cocina y en medio de la multitud.
Lo que no nos dice la cinta es si se resolvió el asesinato de Bobby, si fue un tirador solitario al estilo de Lee Harvey Oswald o Mario Aburto (en el caso de Luis Donaldo Colosio).

Según los reportes oficiales de la policía de Los Angeles, a Robert F. Kennedy lo asesinó un palestino llamado Sirhan Sirhan con un revólver calibre 22. También se sabe que se generaron muchas sospechas acerca de si Sirhan pudo o no causarle las heridas fatales a Bobby, debido a que las versiones de los testigos son incompatibles con las trayectorias de los tiros (con pronunciados ángulos de arriba hacia abajo; Sirhan sólo pudo disparar en ángulos paralelos al piso), determinadas durante la autopsia. Además, al parecer se encontró evidencia de que se produjeron más tiros que los ocho que pudo disparar Sirhan.

En todo caso, el misterio continúa, eso es lo que a fin de cuentas recuerda esta cinta.