Monday, November 12, 2007

Triste Democracia

Democracia y Narcotráfico en México

Ricardo Martínez García.

El oficio de profeta es peligroso, dice Norberto Bobbio, pero en México profetizar cada seis años sobre mejorar las condiciones de vida de la población ha sido la estrategia más socorrida en las campañas de los candidatos a legisladores y a cargos públicos, y sobre todo del presidente de la República.

Felipe Calderón durante su campaña se exhibió como el candidato del trabajo, pero una vez llegado a la presidencia (luego de un proceso enturbiado por la campaña negativa de su partido y por las ilegales intervenciones de su antecesor Vicente Fox) se ha olvidado de sus promesas y ahora está enfocado en una guerra sin cuartel contra el narcotráfico.

Profetizar políticamente, como lo hizo Calderón, es peligroso porque se trata de una proyección hacia el futuro, donde se encuentran los deseos y las esperanzas de lo que legítimamente la ciudadanía aspira a tener y obtener.

No obstante, ocurre que esos loables deseos de bienestar propuestos por los políticos no condicionan ni determinan los acontecimientos reales que conforman la historia, ni la predeterminan. La historia es, de acuerdo con el citado Bobbio, el resultado de millones de acciones individuales, y no de una sola persona (por más que ésta se llame Felipe Calderón, o George Bush, o Juan Carlos 1); por eso el desarrollo de la historia nadie la puede prever exactamente.

En este sentido, la tesis de Francis Fukuyama de que se ha llegado al fin de la historia porque la lucha de ideologías ha terminado,
[1] con un mundo final basado en una democracia liberal que se ha impuesto finalmente tras el fin de la Guerra Fría (tesis que sería correcta si el mundo actual fuera homogéneo política y socialmente), no aplica ni en los Estados Unidos (potencia que legitimaría –con su fuerza militar- para bien o para mal la frase hegeliana de que todo lo real es racional y todo lo racional es real), justo porque ese país cuenta con un gobierno de facto y otro formal, y con una sociedad igualmente fragmentada, lo mismo que México.

La intención de este ensayo es examinar el estado de la res publica en nuestro país. Regresando a nuestra línea argumentativa, la mayoría de las promesas de campaña de los candidatos a la presidencia son precisamente profecías, en las que los candidatos ofrecen algo que refleja los deseos y esperanzas de algunos sectores de la población. Sin embargo, el cumplimiento de tales promesas no depende mayormente de la voluntad personal de cada candidato, sino de un proceso legislativo, que puede o no producirse, que las active realmente.

El problema de la democracia en México, como lo es en muchos países “democráticos” es que se utiliza este concepto para nombrar un sistema político que en realidad tiene muy poco de democrático.

Democracia directa y democracia representativa
Tal vez la democracia más cercana al ideal del concepto que ha existido se dio en los viejos tiempos en que Pericles gobernó Atenas del 461 al 429 a. C. Ayudaba naturalmente el hecho de que la población era poco numerosa, y se consideraba ciudadanos sólo a ciertas personas, por lo general varones, que cubrían algunas características o reglas, como edad, autonomía, educación, influencia y poder, independientemente de sus riquezas materiales. Pericles por ejemplo instituyó un pago a los funcionarios de gobierno que no contaban con suficientes recursos para que pudieran servir adecuadamente en sus funciones.

Los ciudadanos atenienses interesados en el gobierno de su ciudad tenían acceso a las reuniones públicas de carácter resolutivo, es decir, aquellas que tenían la facultad de decidir y operar qué se debía hacer y de qué manera. Se trataba de una “democracia directa”. En dichas reuniones públicas se proponían y discutían proyectos de ley; también se llevaban a cabo juicios públicos, como el famoso juicio a Sócrates.

La democracia entonces (formada por miembros de la comunidad que contaban con los requisitos necesarios) era también una aristocracia en el mejor sentido de la palabra: el gobierno de los mejores. No obstante, había algunos aristócratas que consideraban demagogo a Pericles por su cercanía con el pueblo en general.

La democracia directa naturalmente no es sinónimo de una omnicracia, es decir un sistema de gobierno en el que todos intervienen en el gobierno de todos. Eso no es posible. Pero eso no impide que la democracia griega en tiempos de Pericles sea considerada la mejor democracia real que ha habido (aunque, claro, tenía características que actualmennte son impensables: las mujeres no votaban y su sistema económico estaba basado en un sistema de producción esclavista y de conquista).

¿Qué tipo de democracia tiene México como Estado? Tenemos un sistema político democrático de bajo nivel porque delega la decisión de temas importantes a un proporcionalmente reducido número de “representantes” populares.

Se trata de un “Estado representativo” -muy semejante al de los Estados Unidos, cuyo pueblo padece los mismos males pero en menor escala que los mexicanos-y que no necesariamente es democrático. De hecho el carácter democrático del sistema político mexicano se da por el solo hecho de que en la elección popular de los legisladores y gobernantes el único momento en que interviene cada ciudadano, hombre o mujer mayor de dieciocho años, sin importar educación ni poder ni influencia, emite su voto en el proceso electoral mediante el cual legitima al mismo sistema.

Hay mecanismos de consejo y participación ciudadana que conectan al representante con sus representados, pero su uso es, en el mejor de los casos, extraordinario. son pocos los que conocen a sus representantes legisladores, y menos aún aquellos que les han pedido algo.


El Congreso, con sus dos cámaras, es el conjunto que forma la plaza pública (o ágora) moderna y cuyos acuerdos cuentan con carácter resolutivo (cuando se llegan a poner de acuerdo); es el lugar donde los “representantes”, que pueden o no representar la voluntad de sus representados, llegan a algunos acuerdos, a veces por consigna o conveniencia de grupos, que en ocasiones ni ellos mismos saben qué consecuencias tendrán.

Como ejemplo en nuesto país está el caso de la controvertida “ley televisa” (como se conoce a la Ley Federal de Telecomunicaciones, que desregula el uso del espectro digital en favor de las empresas que puedan competir por ellas, es decir, Televisa y TV Azteca, entre las más fuertes), que se aprobó unánimemente el 29 de marzo del 2006 en la Cámara de Diputados y que después el propio coordinador del PRD, Pablo Gómez, reconoció ni siquiera haber leído.

El voto de los ciudadanos mexicanos, de este modo, sirve sólo para legitimar -a través de sus "representantes" el sistema político económico y marca el único momento democrático en el que participa el pueblo. Pero de ahí en adelante casi en ningún momento son vueltos a consultar.

Las decisiones tomadas en el Congreso, mas los proyectos de ley del ejecutivo, sobre todo en lo referente a leyes y proyectos económicos, difícilmente representan la voluntad popular. Se aprueban así leyes que benefician sólo a particulares o a sectores específicos de la población (como en los casos del Fobaproa e Ipab), olvidándose del ideal democrático del “bien común”.

Los grupos de poder
No hay ni puede haber bien común cuando las decisiones de gobierno responden sobre todo a intereses privados de sectores públicos muy reducidos.

Norberto Bobbio dice en El futuro de la democracia, que se da el caso de que en una democracia exista o se dé “la sobrevivencia (y consolidación) de un poder invisible al lado o abajo (o incluso sobre) del poder visible”, como en el caso de México el poder de los cárteles del narcotráfico.

No se sabe con exactitud hasta qué grado dicho grupo invisible se ha infiltrado en el sistema político, pero no hay ya duda de que lo ha hecho. Por cierto, se puede afirmar con justicia que el narcotráfico en México se consolida cada vez más porque en los Estados Unidos existe una clientela segura. Proveedores y consumidores generan un círculo vicioso cuya mayor y grave expresión es la narcoviolencia que asola varios estados de la República, como lo han denunciado hasta el cansancio estudiosos del tema y ONG´s, tal como la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, WOLA,
[2] pero que no han tenido eco entre las autoridades de ambos países. Al menos eso se puede deducir del comentario de Gerónimo Gutiérrez, subsecretario para América del Norte de la SRE, cuando señaló que “no ha habido una expresión de preocupación atípica” en el caso de los hechos violentos en territorio nacional y por el robo de 950 kilos de seudoefedrina en el Distrito Federal, el año pasado.[3]

Bobbio añade que “mientras la presencia de un poder invisible corrompe la democracia, la existencia de grupos de poder que se alternan mediante elecciones libres permanece, por lo menos hasta ahora, como la única forma en que la democracia ha encontrado su realización concreta”
[4].

En el caso de México, la afirmación de Bobbio justifica el título de este ensayo, pues si se acepta la veracidad de su afirmación, entonces no sólo se reconoce la existencia de los grupos de poder que se alternan en cada elección, sino que se acepta que esos grupos forman la oligarquía mexicana que abarca desde políticos consumados hasta grandes narcotraficantes, y son el verdadero poder de facto económica y políticamente.

La existencia de estos grupos es más que evidente -a juzgar por la enconada guerra que le ha declarado Felipe Calderón- durante la transición sexenal del poder del PRI al PAN, tiempo en el que Vicente Fox no hizo nada que no hubiera hecho Francisco Labastida, por ejemplo: mantener intacta la política económica, tratando de realizar reformas en el sector energético y eléctrico, reformas que sólo beneficiarían a los más ricos, pues son los únicos que tienen los recursos financieros para invertir en tales sectores; mantener intacta la política fiscal que sobrevigila a pequeños contribuyentes y olvida o premia a los grandes, haciéndose de la vista gorda en negocios de venta de bancos, por ejemplo. Pero lo más importante: no hubo detenidos de importancia entre los narcos, y para colmo se dio a la fuga El Chapo Guzmán en enero del 2001.

Lo que está en juego
En el conflicto postelectoral por la presidencia de la república, Felipe Calderón es el representante del grupo de poder actualmente en la presidencia, y Andrés Manuel López Obrador ha representado otro grupo de poder que desea la alternancia. La verdad es que ninguno de ellos garantiza ni garantizará cambios profundos en política social ni económica, sea porque el grupo de poder al que pertenece y representa Calderón no los desea implementar, sea porque al segundo no lo hubieran dejado de haber llegado a la presidencia, al pertenecer a un grupo de poder más débil.

Por eso es triste el estado actual de la democracia en México. Una vez terminada la jornada electoral, con impugnaciones y resoluciones del Tribunal Federal Electoral, el grupo de poder ganador, sin ningún tipo de alternancia significativa (aunque sí un intercambio grosero de legisladores de unos partidos a otros), ha actuado conforme a sus principios e intereses y dejará que la “voluntad popular” se manifieste –previo lavado de cerebro, a través del miedo y la incertidumbre- otra vez hasta el fin del sexenio y con ello nuevamente legitime al sistema político.

Así, lo que está en juego, del lado visible es la consolidación de un grupo de poder a través de las reformas en tres rubros básicos: energía, electricidad y estado. El grupo de Felipe Calderón, al que también pertenece Vicente Fox, está más cerca de lograr dichas reformas ahora con Calderón que con Fox, pues podría contar con un juego de alianzas con otros grupos de poder representados por los legisladores del PRI en el Congreso, que finalmente le den luz verde a esas reformas.


Del lado no visible, está en juego el dominio territorial de los cárteles, y ver a cuál de ellos protegerá o perseguirán las autoridades federales.

A menos que Calderón resulte tan mal político como Fox, o que sea tan petulante como él, la aprobación de las reformas citadas se darán tarde o temprano, y mientras se ayuda con su famosa guerra al narcotráfico, que ha dado como resultado la confiscación del cargamento más grande de cocaína: 23 toneladas incautadas en Manzanillo que nadie sabe a ciencia cierta a quién pertenecen; pero eso sí: ¡no hay hasta ahora ningún narco de importancia detenido!.


[1] Fukuyama, F., El fin de la historia y el último hombre, Planeta, 1992.
[2] Narcoviolencia: el círculo vicioso, en Reforma, 05/08/06, página 11.
[3] Narcotráfico, preocupación latente de EU, en El Universal, 06/08/06, página A19.
[4] Bobbio, Norberto, El futuro de la democracia, Fondo de Cultura Económica, México, 2001, páginas 16 y 17.

Thursday, November 08, 2007

¡Porque lo digo yo!

Patético amor maternal
Ricardo Martínez García

La natural relación amorosa entre madres e hijos muchas veces no es tan sana como se esperaría. Tal es el caso de la cinta Porque lo digo yo (06) en la cual el amor maternal de Daphne Wilder (Diane Keaton) por su hija menor Milly (Mandy Moore) es llevado hasta límites enfermizos, como por ejemplo tomar iniciativas que no le corresponden, transformándose en una moderna e indeseable celestina cibernética.

Daphne ha tenido que sacar adelante a sus tres hijas prácticamente sola; actualmente no tiene problemas de dinero por lo cual sus principales preocupaciones en la vida son las relaciones amorosas de su hija Milly, que en su opinión puede quedarse sola (como ella) si continúa arruinando todo prospecto de pareja.

Tomando en sus manos la iniciativa que tendría que corresponderle a la propia Milly, quien es dueña de un negocio de repostería, Daphne publica en internet un anuncio de búsqueda de pareja (servicios que por cierto pululan en la red), para lo cual cita a los candidatos en un restaurante.

La procesión de sujetos que se presentan a la cita va desde adefesios a ñoños e inadaptados, hasta que se presenta el guapo y presumido arquitecto Jason (Tom Everett Scott), el cual le llena el ojo a Daphne (pensando más en ella misma que en Milly), y arregla todo para que éste conozca a su hija.

Toda la escena del desfile es presenciada por el guitarrista que ameniza el ambiente en el restaurante, el también bien parecido Johnny (Gabriel Macht), quien se acerca a Daphne, pero como ésta ya ha hecho la elección que a ella le gustó, no lo considera siquiera como un candidato más.

La comedia se desarrolla de tal manera que el espectador sabe de antemano en qué va a terminar todo: la hija es puesta en una disyuntiva que ella cree que es suya (elegir entre Jason o Johnny), pero cuando se entera de la participación más que activa de su madre su furia no puede ser más que justificada.

En su corazón Milly tiene claro –lo mismo que el espectador- que es con Johnny con quien le gustaría estar, aparte de sentirse a gusto con él, su hijo y su padre (del cual Daphne –más protagonista naturalmente que la propia Milly- se enamora muy rápido), puesto que Jason saca a relucir su materialismo y pedantería, pero como era el que le había caído mejor a su madre, eso la detiene hasta que se entera de cómo se habían dado las cosas: desde la publicación del mensaje, las entrevistas y la elección del “mejor candidato”.

Esta comedia ligera, dirigida por Michael Lehmann (La verdad acerca de perros y gatos), presenta a una Diane Keaton muy instalada en su rol de mujer y madre desenvuelta y torpe a la vez pero con problemas para desarrollar un sano amor de pareja; en un momento de íntima comunicación con Milly, le confiesa no haber podido experimentar orgasmo alguno con el padre de ellas, pero luego la vemos aparentemente ponerse al día con Joe, el padre de Johnny, y con el que terminará casándose.

El trabajo de la Keaton resulta pues similar a su papel en Alguien tiene que ceder, o a algunos papeles que interpretó para filmes de su ex pareja en la vida real Woody Allen (como Annie Hall o Interiors) pero con más drama que comicidad.

El argumento puede considerarse absurdo, pero lo innegable es que en la realidad se pueden encontrar casos todavía más patéticos o enfermizos, y si no, ¡que le pregunten al ya famoso “caníbal de la Guerrero” sobre la relación con su mami!, o a todos aquellos que han tenido madres autoritarias que todo lo justifican con el argumento de porque así lo digo yo.

Wednesday, October 31, 2007

1408


Sin Resplandor pero con Maldad
Ricardo Martínez García

Stephen King es uno de los más prolíficos autores que existen en el género de terror y de ficción, cuyas novelas han sido fundamento de películas como El resplandor (Stanley Kubrick, 80), Cemeterio de Mascotas (Mary Lambert, 89), Los Tommyknockers (John Power, 93), La mitad siniestra (George A. Romero, 91), y muchas otras, además de series de televisión.

1408 es una película, dirigida por el sueco Mikael Håfström, que saca la cara por el género de terror a la americana, ante la oleada de cintas asiáticas –algunas muy buenas- que han surgido, y ofrece un argumento retorcido e imprevisible, tal como le gustan a King, en el que se reivindica el derecho a la creencia en el más allá, ante el estéril escepticismo de la vida moderna.

Mike Enslin (un solvente John Cusack) es un impopular escritor especializado en cazar eventos supuestamente paranormales (una especie de alter ego del propio King), cuyo último libro parece más una guía de hoteles encantados a los cuales se puede visitar como si fueran atracciones turísticas. El título de su libro es Diez noches en cuartos de hotel embrujados.

Escéptico y a veces cínico ante la mayor parte de los pretendidos casos de muertos y aparecidos en los cuartos de hoteles (temática que ya había sido explorada en El Resplandor, donde el guardián-escritor Jack Torrance –el más memorable Jack Nicholson- enloquece en el vasto y solitario Overlook Hotel), Enslin toma su trabajo literario como un ejercicio reporteril cuyo objeto de investigación es corroborar, más que la autenticidad de los fantasmas, su carácter fraudulento.

Un día, luego de visitar algunos de esos decepcionantes hoteles en los que no ocurre nada, Mike va a la playa a practicar su mal surfing, y mientras trata de leer algo en una manta que es arrastrada por una avioneta, una ola por poco lo ahoga.

Luego, a salvo en la playa, Enslin se repone y acude a la oficina de correos a recoger su correspondencia. Ahí ve una postal del Dolphin Hotel, ubicado en pleno corazón de Nueva York (a diferencia del Overlook, enclavado en una aislada zona montañosa), cuyo reverso dice algo como “no te quedes en el 1408”, que funciona como el anzuelo perfecto para el iconoclasta del terror que es Enslin.

Ni tardo ni perezoso Mike solicita por teléfono reservación para esa habitación en el Dolphin, pero le dicen una y otra vez que no está disponible. Su editor, con la ayuda de un abogado, le dice que constitucionalmente le tienen que dar el cuarto, si no está ocupado.

El escritor finalmente llega al hotel, pide su habitación y aparece entonces el gerente (el siempre correcto Samuel L. Jackson), el cual lo trata de convencer de que no se quede, revelando datos que no habían sido dados a conocer por la prensa.

Más de cincuenta muertes –naturales o no- han sucedido en la habitación 1408 desde su puesta en servicio, habitación en la que nadie ha durado más de una hora y cuya apariencia no denota nada malo, a pesar de la afirmación del gerente de que se trata de “la habitación del diablo” (cosa que también podría decirse de la habitación 237 del Overlook, en El Resplandor).

Una vez dentro del cuarto, Mike no encuentra nada extraño, recostado en la cama comienza a grabar una descripción de la decoración y el mobiliario, se asoma a la ventana y cuando voltea hacia la cama, la encuentra nuevamente arreglada y con un par de chocolates encima. Su escepticismo lo lleva a sospechar que alguien está dentro de la habitación; entonces comienzan algunos sucesos que lo harán perder la cabeza.

Incapaz de discernir entre la realidad y las “alucinaciones” o lo que sea que experimenta, lo único que desea es salir, pero como si se tratara de una ratonera, ¡el cuarto no lo deja ir!

La incredulidad que había sido su punta de lanza se le resquebraja cuando aparecen ante él escenas familiares en las que juega con su hija, antes de que ésta falleciera de cáncer. La aparición de la pequeña marca el momento más intenso en sus alucinaciones e implora por salir de la habitación.

El cuarto se destroza, se sacude y se cae a pedazos, para finalmente inundarse con la fuerza de las olas de mar. Entonces Mike cree ahogarse y de pronto, como si saliera de un sueño, despierta en la playa donde había surfeado, la escena se repite y pareciera que todo había sido un mal sueño, pero luego, al ir a la oficina de correos, se da cuenta con desconsuelo de que aún sigue adentro de la nefasta habitación. No hay otra opción que prenderle fuego al cuarto.

Las vueltas de tuerca aún no terminan ahí. Håfström utiliza los recursos a su alcance, tanto técnicos como sicológicos, para crear suspenso, escalofríos y uno que otro auténtico susto en esta recomendable cinta.

El estudioso de la comunicación Ignacio Ramonet ha señalado en su libro La Golosina Visual que cuando una sociedad tiene que canalizar la desesperanza y la angustia que generan diversos aspectos de la vida moderna expuestos a una crisis (no tanto económica, sino existencial, como la que pueden llegar a sentir algunos neoyorquinos luego del ataque a las Torres Gemelas, o como la que seguro sienten millones de personas en Hiroshima, Vietnam, Afganistán, Irak, Líbano, etcétera) surgen cintas que hacen precisamente eso: canalizar la angustia y el extravío, ofrecer, más que entretenimiento, esperanza en el más allá, algo en qué creer y no el mero vacío después de la muerte, algo que los haga sentir cierto optimismo.

El mensaje de la cinta, ciertamente ambiguo, parece inclinarse más por resaltar las cosas que valen la pena de la propia vida, como el amor a la familia (como verdadero resplandor), pero dejando una ligera sugerencia de que el horror aún no termina. ¿Se preparará una segunda parte?

Friday, October 26, 2007

Morirse está en Hebreo

Mariachi y klezmer funerario
Ricardo Martínez García


La muerte es pareja con todos los seres humanos, del mismo modo que todos estamos expuestos a las pasiones propias de nuestra especie, como la infidelidad, la hipocresía, la falta de fe, la conveniencia, el interés, y finalmente el amor, pasiones que afloran en el seno de una familia judía en el transcurso de siete días de duelo.

Dos realizadores mexicanos han estrenado cintas, en menos de un mes, en las que abordan situaciones humanas enmarcadas dentro de grupos religiosos bien definidos, con resultados satisfactorios en ambos casos justamente porque no se necesita ser menonita o judío para comprender sus temáticas. Lo hizo Carlos Reygadas con Luz Silenciosa (06), y ahora Alejandro Springall presenta la comedia Morirse está en hebreo (06) situada en la capital del país.

La película, del también director de Santitos (99), nos muestra de una manera ligera y divertida cómo en un grupo judío mexicano la muerte es un acontecimiento que se toma de manera muy semejante respecto a cualquier otro grupo social o religioso. Incluso el título recuerda a películas como “Casarse está en griego” “Mi boda judía” y otras, y sí, hay cierta semejanza.

Un día, Moishe (Sergio Klainer) se encuentra rodeado de amigos en gran comilona, divirtiéndose, bailando al ritmo de una mezcla de mariachi con klezmer, cuando de pronto sufre un paro cardiaco. Su muerte fulminante toma por sorpresa –naturalmente- a sus familiares, quienes en esas horas tristes se tienen que reunir a regañadientes y organizar la shiváh o celebración fúnebre de una semana de duración.

La celebración inicia en medio de jocosos comentarios e indiscreciones de las “dolientes”. Llega por ejemplo una señora presentando a su marido, un judío alemán altísimo, (a quien se le van los ojos detrás de las caderas de la sirvienta), y otra señora, que recuerda a la abuelita de la Niñera –la de Fran Drescher-, lo mira fijamente y con mucha gracia le pregunta “¿De dónde lo sacaste?”.

El muerto no era afecto a su religión, aparte de haber vivido una vida irregular, como se irá develando. Los judíos que acostumbran rezar utilizan una prenda especial llamada Talit, pero como Moishe no lo hacía, no tenía esa prenda.

La familia contrata a un director de ceremonias fúnebres y es alguien que está muy interesado en seguir al pie de la letra la ley en esa materia, pero lo está más en convencer a los hijos del fallecido que ordenen alimentos kosher que él mismo promueve. Al querer envolver el cuerpo de Moishe se da cuenta de que no tenía su Talit e irónico pregunta “¿Con qué rezaba, con un rebozo?”, mientras reparte los pequeños gorritos llamados kipá a quienes no lo tienen.

Moishe tenía muchos amigos gentiles y algunos judíos comunistas, todos mal vistos, había engañado a su esposa con una mujer cristiana llamada Julia Palafox (la siempre bella Blanca Guerra), antes de abandonarla al saber de sus males cardiacos. Además era amigo del líder de un grupo de mariachis, cómplices de parrandas, que llegan pidiendo les dejen cumplir la promesa de tocar en su casa ahora que ha muerto. Es así como nos enteramos de que Moishe le llevaba serenatas de mariachi a Julia.

Los hijos de Moishe, Ricardo (David Ostrosky) y Esther (Raquel Pankowsky, alejada de su personaje de Martita, pero no de su ocasional seseo), al ser los parientes más próximos son los que tienen que someterse al ritual del rasgado de vestiduras y atender a los participantes de la shiváh.

Ricardo tiene que lidiar además con los reclamos de su novia, la cual le hace un pequeño escándalo callejero, y con el arresto –¡en plena shiváh!- de su recién repatriado hijo Nicolás, que había sido enviado a Israel por Moishe sin revelar la causa verdadera de ese autoexilio: Nicolás tenía orden de aprensión por algo relacionado con tráfico de narcóticos.

Esther, por su parte, culpa de la muerte de su padre a su amante Julia Palafox, y jura que cuando la vea le sacará los ojos. La Palafox se apersona en la celebración fúnebre y Esther, con lágrimas en los ojos, no tiene corazón para cumplir su promesa e incluso la invita a quedarse. Esther se conmueve al saber por Julia que su padre hablaba de ella y la quería mucho, y en esas están cuando su hijo ve a Julia y exige que se vaya.

Mientras tanto, Ricardo le había echado ya el ojo a Julia, comprensiblemente, (como del mismo modo se lo había echado Galia, la despampanante hija de Esther, a su ortodoxo primo Nicolás), y va a buscarla hasta el templo de San Agustín, tan sólo para darse cuenta de que sus tácticas de seducción ya habían sido utilizadas por su padre para conquistarla.

Un par de graciosos y viejos judíos ortodoxos, con sus sombreros negros y blancos caireles, irreales como ángeles, son los cronistas de la ceremonia: se encargan de anotar sus observaciones sobre el desarrollo de la shiváh en un cuaderno, y comentan con sarcasmo las ambigüedades en la interpretación de la ley, así como qué tipo de ángeles acompañarán al difunto en su viaje al más allá: si serán ángeles luminosos o tenebrosos. Concluyen que dado el tipo de vida de Moishe, es difícil de saber.

Alejandro Springall, quien además de director es guionista y productor, logra una comedia divertida y de buen ritmo; además es de destacar que la música para la película es interpretada por The Klezmatics, probablemente el mejor grupo de klezmer del mundo, y es el complemento perfecto para enfatizar momentos dramáticos del argumento en el filme.

Wednesday, October 24, 2007

SiCKO

¡Documental Enfermizo!
Ricardo Martínez García


Michael Moore lo vuelve a hacer: pone el dedo en una de las llagas purulentas de la vida política y social de Estados Unidos, generando nuevamente polémica alrededor de su persona.

A pesar de que su modus operandi cinematográfico es bastante conocido, con documentales provocativos que van de ritmos irregulares y momentos aburridos, a otros muy dinámicos y divertidos, nos ofrece en Sicko (07) una sorprendente visión crítica del sistema de salud en su país, en manos de compañías de seguros médicos privados que son todas como hermanas… pero del tenebroso Conde Drácula.

Cada vez que las grandes desgracias nacionales de Estados Unidos son ejemplificadas con casos particulares, como cuando una persona no tiene seguro y tiene que pagar fortunas para atenderse (y que lo obligan a decidir cuál de los cercenados dedos que tiene deben reimplantar los doctores), o peor, cuando sí tiene seguro con cobertura total y no le autorizan los pagos, o se lo autorizan pero luego se lo quieren cobrar (como una señora que tenía un tipo de cáncer), la fuerza de la denuncia pareciera caer más en el sentimentalismo o en la lástima que en la propia fuerza de los hechos.

Michael Moore es un investigador serio y riguroso –como puede verse en sus libros, en los que muestra puntualmente sus fuentes, o en sus filmes, donde con documentos y grabaciones demuestra la veracidad de lo que dice- pero que ofrece los resultados de su labor con tonos irónicos y humorísticos. Hay personas que seguramente no sabrán distinguir si está de guasa o va en serio.


Tal vez esa es la razón por la que Moore sea a la vez odiado, vilipendiado, que querido y homenajeado. Y con esa ambigüedad es como el espectador ve sus documentales.

La intención de Moore en Sicko es, como en sus anteriores trabajos, traer a la conciencia del espectador medio –en primera instancia a sus propios paisanos, pero cada quien debe juzgar lo que observa de acuerdo a su nacionalidad- algunas graves situaciones que ocurren en su entorno pero que se diluyen en la indiferencia social.

La estrategia de Moore puede ser chocante, pero no se puede dudar de que es efectiva. A nadie le agradan las comparaciones, sobre todo si son para mostrar defectos, y el regodeo que el documentalista utiliza al llevarnos en un paseo por los sistemas universales médicos de Canadá, Gran Bretaña, Francia y finalmente Cuba sólo pueden hacer sonrojar a los contribuyentes gringos (y hacer que deseáramos haber sido franceses).

“¿Quiénes somos?” se pregunta Moore, luego de ver las bondades de esos sistemas médicos eficientes y humanos. La respuesta no puede ser más ilustrativa: ellos son la nación más poderosa del mundo, pero también son los más egoístas y voraces capitalistas, preocupados enfermizamente por la pura y absoluta ganancia. Pero ¿cómo fue que las cosas son así y desde cuándo?, cuestiona nuevamente el realizador de Fahrenheit 911.

La grabación en donde un asesor ejecutivo le explica al presidente Richard Nixon cómo va a funcionar el nuevo sistema de seguros médicos privados que están a punto de autorizar no tiene desperdicio: el asesor le dice que con el nuevo sistema de lo que se trata es de captar más asegurados y ofrecer menos servicios, lo que se busca es reducir costos y aumentar ganancias, a lo que Nixon responde con un escueto “bien”, y luego lo vemos anunciando el nuevo sistema como la gran panacea, en una escena que muestra un cinismo del tamaño del mundo (y algo parecido ocurrirá con el propio Bush, naturalmente).

Hillary Rodham Clinton alguna vez propuso, siendo Primera Dama, la creación de un seguro médico universal y con ello se echó encima tanto a empresas farmaceúticas como a las compañías de seguros (Kaiser Permanente, Cigna, Aetna, Humana, entre las más fuertes) y tuvo que desistir. Tiempo después algunas de esas compañías son las que han aportado grandes donativos a sus campañas políticas. ¡Las vueltas que da la vida de una demócrata!

¿Cómo es posible que actos así ocurran en el país que ostenta el título de “primera y única potencia democrática”? La diferencia con otras democracias capitalistas como la francesa o la británica está en que la “democracia americana” no conoce –o aborrece- el significado de la palabra solidaridad, como bien se lo hace ver a Moore un ciudadano británico que le explica desde cuándo su país adoptó el Servicio de Salud Nacional, el NHS, fundado en 1948.

En Estados Unidos mucha gente no se siente satisfecha con lo que tiene, teoriza otro británico, joven médico que trabaja para la NHS y dueño de una bella casa y un Audi; “quieren más de una casa, más de un auto” y eso los obliga a sacar dinero de donde sea.

Rescatando a los rescatistas

El momento de mayor provocación llega con las insólitas escenas de unos rescatistas que participaron como voluntarios (no reconocidos oficialmente por las autoridades, pues no estaban “en nómina”) en el atentado del 11-S, abordando unas lanchas con dirección a la tierra de Castro.
Estos bomberos y rescatistas que quedaron mal a causa de su presencia en la zona cero no cuentan con seguros médicos; Moore los convence de ir a la base norteamericana de Guantánamo a exigir al menos la misma atención médica que dan a los detenidos de Al-Qaeda. No son recibidos por nadie.

Para no desaprovechar el viaje, se hacen atender en un hospital cubano, con grandes resultados en el plano médico y humano, además de recibir un homenaje por parte de un cuerpo de bomberos en la Habana, algo que podría hacer pasar vergüenza a más de uno en la alcaldía de Nueva York.

En su página web (www.michaelmoore.com) el realizador propone una receta para el cambio: 1. Cada residente de los Estados Unidos debe contar con un seguro médico universal, gratuito y de por vida. 2. Todas las compañías de seguros médicos deben ser abolidas, y 3. Las compañías farmacéuticas deben ser estrictamente reguladas por el interés público. ¡Se vale soñar, doctor Moore!

Monday, October 22, 2007

Adrenalina Total

Solución final = Eliminación indiscriminada
Ricardo Martínez García


Las grandes películas de acción francesas, como Los Ríos de Color Púrpura 1 y 2 (que exploran las posibilidades y consecuencias de usar ingeniería genética con fines oscuros), Nikita o Nido de Avispas (donde se muestra el poder de la delincuencia organizada y la vulnerabilidad de los cuerpos policiacos), pocas veces pueden llegar a ser el preludio de una sombría realidad que nos alcanza más rápido de lo que se pudiera pensar. No es el caso de Adrenalina Total.

A finales del 2005 se produjeron en París una serie de disturbios realizados por habitantes de los llamados “barrios calientes” o suburbios del norte de la ciudad que arrojaron como resultado gran cantidad de heridos y detenidos, cientos de autos incendiados, así como escuelas y centros sociales y deportivos dañados.

Aparentemente la causa original de los motines fue la muerte accidental de un par de adolescentes el 27 de octubre de ese año, aunque por supuesto se produjeron manifestaciones en contra de las llamadas “Leyes de excepción” y la discriminación hacia los suburbios y los franceses de origen extranjero que viven en ellos, acusados casi siempre de realizar actividades delictivas.

Hubo incluso interpretaciones de esos hechos que señalaban el origen de una probable “nueva revolución francesa”.

Un año antes de tales eventos se filmaba en París Banlieue 13 (Adrenalina Total, 04) filme del director Pierre Morel con guión y producción del famoso Luc Besson.

Ubicada en el año 2010, la película presenta una ficción –que muestra la buena lectura social del guionista- sobre el estado criminal de uno de esos distritos “calientes” donde las autoridades oficiales han claudicado completamente en su función de poner orden y ofrecer servicios a la comunidad.

Tal distrito o barrio, confinado dentro de unos muros (al estilo del nada ficticio muro del oprobio en la frontera México-Estados Unidos), cuenta con una población de unos dos millones de habitantes, divididos abstractamente con el viejo maniqueísmo de los poderosos, como si fueran dos bandos perfectamente definidos: los buenos y los malos (en nuestro caso los simpáticos gringos del norte y los detestables mexicanos del sur).

Leito es un habitante que conoce tan bien como su mano el territorio de su enclaustrado y nativo Distrito, al que quiere lo más limpio posible de narcóticos. Tal deseo lo lleva a tirar por el caño varios kilos de coca que aparentemente le llegan a su casa por azar, pertenecientes a uno de los traficantes del barrio, quien al darse cuenta de la pérdida, ordena su captura con el fin de que pague la droga perdida.

Experto en escaparse, Leito (David Belle) logra evadir a sus perseguidores e incluso, ayudado por su hermana, capturar a Kruger (François Chattot), jefe de los narcos, pero al entregarlo a la policía (que no sólo había capitulado ya en la “guerra contra el narcotráfico” sino que cooperaba con ellos) sufre una previsible traición y él es encarcelado quién sabe por qué cargos mientras que su hermana es reclamada por el jefe narco, a la que convierte en su siempre drogada mascota.

La gran solución total que se les ocurre a los altos mandos militares-policiacos, representados por un Coronel (Patrick Olivier), para meter en orden a ese revoltoso distrito es eliminarlo totalmente, simulando el robo de un misil nuclear de baja intensidad, que luego aparece en el corazón del barrio de Leito.

El coronel comisiona a Damien (Ciryl Rafaelli), un agente experto en artes marciales, para que “recupere” la bomba, y con el fin de facilitar la misión lo unen a Leito –una vez liberado- para que lo guíe dentro del Distrito 13.

La pareja de hombres de acción (con persecuciones y muchas peleas que recuerdan algunas escenas famosas de películas de Bruce Lee, Jackie Chan, o Jet Li) dan batalla a los hombres de Kruger y logran llegar a donde está la bomba, tan sólo para darse cuenta de que todo el tiempo los han querido manipular, de que han sido los instrumentos, sobre todo Damien, de los cuales se han valido las autoridades para operar su “solución total”.

El final de la película es optimista, pues supone que la mínima conciencia social (encarnada en Leito, quien desea seguir viviendo en el Distrito 13 a pesar de su ambiente delictivo) se sobrepone al deber policiaco (representada por Damien, que a toda costa desea cumplir su misión sin hacer caso de los razonamientos de Leito) con el que se ha querido eliminar al barrio.

Así, la exposición ante los medios de comunicación de las negras intenciones del Coronel es la vía para el restablecimiento de los servicios sociales en el Distrito 13, el cual tuvo que ver en peligro su propia existencia para reintegrarse a la sociedad.

Se trata de una entretenida película de acción con contenido social, mucho menos ficticia de lo que podría suponerse, como lo han mostrado en los hechos las revueltas parisinas del 2005 y en otros planos más graves los verdaderos intentos de “soluciones totales” a lo largo de la historia (limpiezas raciales y formación de ghettos, campos de concentración o reservaciones, invasiones a territorios extranjeros con el pretexto de llevar a cabo guerras contra el terrorismo o contra el narcotráfico, y demás lindezas), que una y otra vez muestran lo peor de los seres humanos, tanto de un bando como del otro, y sus consecuentes víctimas.

Friday, October 12, 2007

Luz Silenciosa

La paz es más fuerte
que el amor
Ricardo Martínez García

El director, productor y guionista mexicano Carlos Reygadas presenta en su tercer largometraje, Luz Silenciosa (Stellet Licht, 06), la historia de amor entre un granjero y una propietaria de restaurante pertenecientes a la comunidad menonita de Chihuahua.


La película ha sido ganadora del premio del Jurado en el Festival Cinematográfico de Cannes, del premio Fipresci (la Federación Internacional de Críticos Cinematográficos) en Rio de Janeiro, y del premio Tequila del Festival de Morelia, entre otros.

Seleccionada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas para representar al país en los premios Oscar, la cinta cuenta con un extraordinario trabajo fotográfico, de sonido y filmación, en el que se nota la conducción madura de Reygadas.

Johan (Cornelio Wall Fehr), campesino y padre de familia, y su esposa Esther (Miriam Toews), junto con sus seis hijos forman una familia menonita que respeta su riqueza tradicional pero viven de una manera “moderna”, usando autos y electricidad.

Los menonitas llegaron a México en 1922, cuyos antepasados eran holandeses que vivieron en Alemania, Rusia, Estados Unidos y Canadá. Son una rama de los protestantes anabaptistas y reciben su nombre de Menno Simons un sacerdote católico que rompió con la Iglesia y con el protestantismo.

Son pacifistas y creen en la vida del campo, pero las ramas más ortodoxas tienen prohibido el uso de vehículos, la radio y la televisión, así como el tabaco.
Asentados en Manitoba, Ciudad Cuauhtémoc y otras colonias en Chihuahua (aunque hay menonitas en Tamaulipas, Zacatecas, Durango y Campeche), es en este estado norteño donde Reygadas encontró las bellas locaciones naturales para su filme.

La película abre con una toma nocturna de las estrellas y un horizonte con el amanecer despuntando.

La vida del campo, ordinaria, disciplinada y rutinaria parece resquebrajarse por un hecho insólito para la vida de Johan: vive enamorado de otra mujer llamada Marianne (María Pankratz). Esther sufre en silencio la infidelidad de su esposo, tratando de vivir lo más normal posible ante estas circunstancias.

Un hecho interesante, resultado de la convicción o de la fe de los miembros de la comunidad acerca de que sólo pueden ser responsables de sus actos ante Dios y ante sí mismos, es que Johan le hizo saber a su mujer desde el principio que tenía una relación con Marianne.

Johan no se siente bien respecto a su doble vida, a pesar de su religiosidad y de su idea de que la situación que vive con Marianne no es cosa del maligno, sino de Dios; por ello busca consuelo con Zacarías, su confidente y mecánico. Zacarías le dice que es bueno que haya encontrado a su “mujer natural”. También busca la ayuda de su padre, quien ante la situación le dice que tiene que optar por alguna de las dos mujeres o perderá a ambas.

Los amantes buscan ocasiones para mostrarse su amor, pero luego de dos años de relación “secreta”, ambos se ven empujados a tomar decisiones importantes.

Con el pretexto de ir a entregar algún producto al restaurante de Marianne, acompañado de dos de sus hijos pequeños, a quienes debe llevar al dentista y luego abandona un rato, Johan tiene un encuentro amoroso en un motel con Marianne. Al final ésta le dice que ésa fue la última vez que estará con él, y añade que “la paz es más fuerte que el amor”.

La actitud ausente que adopta Johan en su casa mortifica más de lo debido a Esther. Entonces deciden hacer un viaje juntos, dejando a los niños a cargo de la hija mayor. Durante el trayecto, con una conversación carente casi por completo de inflexiones –así son los diálogos durante toda la película- ella primero llama “puta” a Marianne y luego la compadece, algo que también había hecho ésta a propósito de Esther. “Pobre Esther”, le dice a Johan cuando estaban en el motel.

Por su parte, Johan habla de sí mismo como si se tratara de alguien más. Esther empieza a sentirse mal, se queja de un dolor en el pecho y le pide a su esposo que pare el auto. Sin importarle el clima, baja y se deja dominar por el llanto, en medio del torrencial aguacero. El dolor en el pecho es un aviso de un ataque al corazón y Esther muere en el campo, al lado de unos árboles.

Con la muerte de su esposa, Johan llora sinceramente ante la pérdida de su compañera, a la que ciertamente amaba, pero es con su desaparición que toma conciencia de ello.

Luego de las oraciones y los rituales funerarios, y de la preparación del cuerpo llevado a cabo por las mujeres de la familia, Johan se sume en una especie de sopor, del cual sale cuando tiene que recibir la visita de Marianne, quien le pide conocer a Esther antes de que la entierren, después de escuchar a Johan decir que daría todo por que las cosas fueran como antes.

El cuerpo de Esther yace en un cuarto blanco lleno de luz, una luz silenciosa, blanquecina, lechosa y pacífica. Marianne se planta a un lado del cadáver, se inclina para darle un beso en la boca, como insuflándole un aliento de vida y se levanta dejando unas lágrimas en la mejilla de Esther. Y entonces se produce un milagro: Esther comienza a abrir los ojos, ve a su rival de amores al lado y le dice “gracias Marianne”.

Dos de las hijas de Esther entran para ver a su mamá, la ven despierta, la saludan y una de ellas va a decirle a Johan que su mamá está despierta. En eso aparece Marianne y sin despedirse de nadie se va de la casa. “La paz es más fuerte que el amor”, había dicho.

Los premios a la película hablan por sí mismos y son más que justificados.

Con el director
Carlos Reygadas comentó, durante una conferencia de prensa en un hotel de la Condesa, que para él la película trata de mostrar cómo actuar de la mejor manera cuando amas a alguien. Añadió que escogió como lugar de filmación esta comunidad menonita porque ofrecía un contexto muy bello y perfecto, donde sus habitantes viven prácticamente sin la división de las clases sociales, lo que permitió exponer una problemática casi universal.

Por su parte, el actor Cornelio Wall Fehr, quien interpreta a Johan y es menonita pero no ortodoxo, dijo que luego de la película aprendió a amar más al prójimo, “aprendí qué es el verdadero amor”. Señaló que es la primera película en la lengua que su comunidad habla, algo así como plot, que es una mezcla de alemán, inglés y un poquito de español.

Reygadas una vez más trabajó en esta película con actores no profesionales porque considera que son lo más cercano a la vida real. Los actores profesionales según su visión, “sobreactúan” cuando actúan, sobre todo en el teatro. “La cámara de cine es tan fidedigna que no necesita actuación, la actuación siempre es sobreactuación”.

Para Reygadas el trabajo de interpretar qué es lo que al final propone su película es tarea del espectador. “Mi trabajo es intuitivo, emocional, y muchas cosas que filmo tienen un significado que no está siendo pensado”. Por ejemplo, en la escena donde está el cuerpo de Esther en el cuarto blanco lleno de luz, es “como si la luz generara los milagros”.

Para finalizar, el realizador dijo a pregunta expresa que el arte en el cine consiste en “entrar en contacto con las cosas en sí mismas”, como en busca de lo verdadero de ellas.

Catacumbas

¡Broma de pesadilla!
Ricardo Martínez García


Victoria vive los momentos más espantosos de su vida al visitar a su hermana Carolyn, que estudia en París. En su primera noche en la capital francesa, Carolyn la lleva a una fiesta la cual, según ella, le cambiará la vida.

El reventón se realiza en algún lugar del subsuelo de la ciudad, la que se dice fue edificada sobre los restos de cientos de cementerios. Pero la fiesta no es, de ninguna manera, algo que pudiera divertir a Victoria.


David Elliot, conocido por su trabajo como guionista en The Watchers (00) y Four Brothers (05), entrega en Catacumbas (06), su segundo trabajo (el primero fue Nothing Sacred, hace ya una década) como director, una cinta que oscila entre el thriller sicológico y la clásica cinta de terror.


A pesar de que el guión es un trabajo conjunto con Tomm Coker, la trama no logra cuajar ni del lado sicológico ni del terrorífico, y tiene el defecto de explotar al máximo las situaciones absurdas en las que incurre la protagonista.


Víctima de una fuerte farmacodependencia, Victoria (Shannyn Sossamon) tiene una tendencia a la tranquilidad y la pasividad. Si de ella dependiera, se quedaría a dormir en lugar de irse al antro. A pesar de eso, Carolyn (Alecia Moore) insiste y la arrastra con ella hasta un lugar bajo las calles, oscuro, lleno de pequeños y laberínticos túneles, cuyas paredes están atiborradas de cráneos y huesos humanos.


Los organizadores de esos eventos son dos amigos de su hermana, Jean Michel (Mihai Stanescu) y Hugo (Cabral). Jean Michel señala, como anfitrión de la fiesta, que lo especial de ésta consiste en hacer sentir a cada uno la inminencia de su muerte, lo que, en el mejor de los casos, podría hacer que vivan mejor sus vidas.


A todas luces ella está en la fiesta como pez fuera del agua, soportando primero un ambiente típico de música bailable a gran volumen, y después escuchando historias macabras de Jean Michel, sobre cómo se habrían formado algunas sectas satánicas y la artificial producción de un anticristo.


Es entonces cuando comienza la pesadilla para Victoria: se asusta con las historias de Jean Michel y sale corriendo hacia ninguna parte; su hermana la persigue tan solo para caer fulminada de un aparente hachazo en el cuello; Victoria naturalmente termina por extraviarse en los oscuros túneles.


La protagonista de esta cinta (que difícilmente ganará algún premio a la mejor actuación, gracias en parte al trabajo de dirección) demuestra lo inútil –y desesperante para el espectador- de los gritos y peticiones de que la dejen en paz en un lugar así.


Victoria muestra también que el brutal instinto de supervivencia está presente aún en una frágil y delicada mujer como ella, pues en su extravío se encuentra con otro perdido, abandonado también en los túneles, al que también ella abandona, herido, arrebatándole un mapa que no sabe usar, en su afán por salir de tan lúgubre lugar.


Algunos detalles de la película de tan absurdos resultan exasperantes. Por ejemplo, rogarle e implorarle a una lámpara que no se apague cuando se ha quedado sin batería, o gritar interminablemente –como si estuviera en la montaña rusa- cuando el hombre cabeza de chivo la persigue y pedirle que “la deje en paz”, son cosas que resultan tan estériles como patéticas y enojosas.


Otro detalle lo ofrece la protagonista, que no aprovecha la incursión de unos policías para salir y ponerse a salvo. Incomprensiblemente se desmaya o algo le ocurre y cuando despierta se da cuenta de que está sola y abandonada.

Luego de mil peripecias, Victoria es hallada por su propia hermana, que no estaba muerta, y por los amigos de ésta. Le explican que todo lo ocurrido era una broma y que luego de que ella saliera corriendo y se perdiera en la oscuridad, ellos habían intentado encontrarla, pero que la llegada de la policía lo había impedido.


La reacción de Victoria es –ésta sí- comprensible ante la magnitud del “chascarrillo”.


A la luz de la revelación de que las experiencias terroríficas de Victoria fueron producto de una broma, el espectador puede pensar con toda naturalidad que la película es también una tomada de pelo por parte de los realizadores. Broma pesada y de mal gusto.


Catacumbas es una película sólo para los amantes del género, que están dispuestos a realizar las mil y una concesiones que hay que hacer ante la falta de sentido común que Victoria exhibe.

Tuesday, October 02, 2007

Supercool

¡La divertida alcoholescencia!
Ricardo Martínez García

Tres adolescentes preparatorianos pasan los momentos más excitantes de sus vidas al tratar de conseguir bebidas alcohólicas para una fiesta y quedar bien con la anfitriona y sus amigas.

Seth es el típico adolescente neurótico, rechoncho y malhablado, obsesionado con el sexo y frustrado por su escaso éxito con las mujeres y convertido en centro de humillaciones que sólo cuenta con la amistad de Evan, más centrado pero igual de tímido con las chicas, y de Fogell, el más ñoño de los tres.

A pocos días de graduarse de la High School, los muchachos viven vertiginosa y angustiosamente los últimos días escolares, conscientes de que sus sueños sexuales de prepa están por irse. Pero su gran oportunidad llega cuando Fogell consigue una tarjeta de identificación falsa de Hawai, en la que se hace llamar McLovin.

Lo mejor de Superbad, filme titulado en “español” con el anglicismo Supercool, del director Greg Mottola –conocido por su trabajo en las series de televisión Undeclared y Arrested Development (donde debutó Michael Cera)- comienza cuando el trío intenta comprar las bebidas para la fiesta.

Fogell-McLovin (Christopher Mintz-Plasse) es comisionado para la tarea; se presenta en una tienda, y todo parece ir bien hasta que comienza a alardear de que bebe un tipo de cerveza desde hace mucho. La cajera sospecha y le pide su identificación, justo cuando un ratero le pega sorpresivamente un golpe y roba el dinero.

Al reporte de asalto llegan un par de policías a quienes sólo les falta como compañero el Jefe Górgory, el de Los Simpson, pues son tan parecidos a ellos: beben en servicio, tergiversan una y otra vez los hechos, usan la sirena sólo para jugar, le prestan a McLovin una pistola, luego de ofrecer llevarlo a su casa, etcétera.

Los gags que sostienen estos polis de pacotilla son en verdad hilarantes. Uno de ellos comenta riendo inocentemente que antes de entrar a la corporación creía que en las investigaciones de escenas del crimen (alusión contundente a las series CSI) siempre era posible encontrar semen “con el cual identificar a los delincuentes”. Así, si hubiera un archivo de semen, sería fácil localizar a cualquier malhechor.

Evan (Michael Cera) y Seth (Jonah Hill), al ver a su amigo interrogado por los policías creen que ya fue arrestado, por lo que buscan desesperadamente otro plan de acción. En esas están cuando Seth es atropellado por un auto en reversa, cuyo conductor los convence de pagar el daño consiguiendo alcohol para ellos, entonces los lleva a una fiesta en la que no sólo hay alcohol sino drogas duras a granel.

En la fiesta Evan y Seth vivirán cada uno su After Hours particular, en una especie de homenaje a Scorsese, que a momentos parece demasiado amenazador para los muchachos.

La película cuenta con un aire bastante ligero, pero puede ofrecer material para la reflexión, si puede uno hacer tal cosa mientras se carcajea.

Desde siempre el alcohol ha sido una vía de acceso a comportamientos desinhibidos, un punto de comunión (los aplausos y hurras que Seth recibe cuando finalmente llega con las bebidas a la fiesta, o los policías que narran partes tormentosas de sus vidas en la barra de un bar son una pequeña muestra), una manera de iniciar –y continuar, diría Rafael Tonatiuh- la vida social.

Parece que la iniciación a la vida sexual está conectada casi siempre con las primeras borracheras, como lo muestran estos adolescentes y podrían constatar los estudiantes de bachillerato en general.

En México es muy fácil para los menores de edad comprar y consumir alcohol, por más redadas que se hagan en antros, y en los Estados Unidos no es más difícil, como sugiere Seth cuando le dice a Fogell que “cientos de chicos están comprando ahora mismo bebidas con identificaciones falsas”.

El final de la película, no obstante lo anterior, propone que entre los adolescentes siempre va a haber algunos más prudentes que otros. Seth se quiere dar de topes en la cabeza cuando la bella Jules, objeto de su deseo y anfitriona de la fiesta, le dice que no quiere besarlo porque está borracho.

En cambio Evan, en plena cama, le pide a una ebria Becca (de quien ha estado enamorado largo tiempo) que se lo piense mejor, y ésta le vomita encima.

McLovin por su parte termina también en la cama con una linda chica, pero sufre un coitus interruptus gracias a los policías que lo andan buscando, pero que luego le confiesan haber simpatizado con él (“nosotros también fuimos adolescentes; sí nos sabemos divertir”) y lo toman bajo su protección.

También, aunque de manera velada, la cinta parece querer mostrar el valor de la amistad, o de su pérdida. Al día siguiente de la fiesta, Seth y Evan se encuentran casualmente con Jules y Becca en un centro comercial y los amigos se separan para irse cada uno con su pareja. La mirada que ambos se dirigen mientras se separan es una mirada que presagia grandes cambios en sus vidas, justo cuando habían aceptado mutua y completamente su amistad.

Se trata de una película que seguro arrancará carcajadas sobre todo de la audiencia a la que está dirigida y a varios que ya dejaron de ser adolescentes desde hace mucho. A otros les recordará sus divertidas andanzas de iniciación, que terminaban en los lugares más extraños y con gente a la que nunca vuelves a ver, en situaciones que iban de lo ridículo a lo vergonzoso; a otros tal vez les recordará el origen de sus excesos. Ni modo, también fuimos adolescentes.

Friday, September 28, 2007

El Buen Nombre

De la tradición sólo lo mejor
Ricardo Martínez García

Una pareja recién casada de hindúes bengalíes emigran a los Estados Unidos y viven un choque cultural en el que sus hijos se adaptan mejor, aunque su identidad cultural surge en los momentos más duros de su vida.

La cineasta y socióloga Mira Nair (57), originaria de Nueva Delhi, conocida por sus cortometrajes, documentales, por su primera cinta Salaam Bombay y además por La Familia Perez y Missisipi Masala (con Denzel Washington), presenta en The Namesake (El Buen Nombre, 06) una cinta costumbrista y atractiva por varias razones: es la narración del inmigrante hindú recién casado Ashoke y su esposa Ashima, que se trasladan de Calcuta a Nueva York y que se tienen que adaptar forzosamente a la nueva cultura pero sin perder su identidad.

Su primer hijo nace en Nueva York, por lo que se les pide den un nombre para el acta de nacimiento; la costumbre de esta familia bengalí es darle al niño un nombre o apodo provisional, mientras se decide su “buen nombre” lo cual puede tardar años. Ante la premura del momento, su padre decide ponerle Gogol, en honor a Nikolai Gogol, autor del libro que leía cuando, siendo joven, viajaba en un tren que se accidentó. Los rescatistas lograron ver el libro manchado de sangre que agitaba trémulamente su mano, y por eso para él ese nombre significaba algo más que un literato ruso esquizofrénico.


Al ir creciendo, Gogol reniega, ante las burlas que causa entre sus compañeros de escuela, de su nombre oficial y adopta el de Nikihil, su “buen nombre”. Su padre le explica por qué le puso Gogol, pero es hasta que éste muere que se da cuenta del significado completo que su padre puso en él.

La universalidad del fenómeno migratorio que vive esta familia (que se enfrenta raramente a muestras de xenofobia o discriminación racial) recuerda fuertemente al caso de los millones de familias mexicanas que viven en los Estados Unidos. Con tintes más humorísticos y de denuncia ante la corrupción de algunas autoridades migratorias y policiacas mexicanas, la película Bienvenido Paisano (06), dirigida por Rafael Villaseñor Kuri y protagonizada por Rafael Inclán y María Sorté, presenta a unos inmigrantes mexicanos que logran con grandes esfuerzos establecerse y criar a sus hijos en algún lugar de los Estados Unidos que regresan de vacaciones a México. Como en The Namesake, los hijos son los primeros en renegar de sus raíces, pero terminan aceptándola al final, siendo su hija mayor la que se rinde ante un guapo primo mexicano.

La película de Nair profundiza mucho más en los sentimientos, las pasiones y los deseos de sus personajes. Su narración va de una generación a otra, primero se centra en la vida del nuevo matrimonio, luego en la evolución de Gogol, aunque extrañamente omite la de su hermana menor, de la que no se sabe si tuvo un “buen nombre” o si sólo aplica a los hijos varones.

La tristeza y soledad de Ashima, luego de la muerte de su esposo, encuentra una conclusión feliz al regresar a Calcuta y proseguir con sus estudios de canto, a sus cuarenta y cinco años. Su hija menor también encuentra el amor en un hombre no bengalí. Gogol, por su parte, antes de la muerte de su padre, tiene una novia rubia, anglosajona y de mente abierta llamada Maxine, pero rompe con ella cuando la excluye de los ritos y ceremonias fúnebres de su padre.


Ante la depresión que lo anterior le genera, su madre le aconseja seguir su vida, reconciliarse con Max, o llamarle a una chica bengalí soltera, quien había estado a punto de casarse pero su boda se frustró. Nadie pregunta la razón de esto, y menos él, quien al comenzar a salir con ella se topa con una exuberante y sexy mujer; naturalmente se enamora rápidamente de ella y se casa según su tradición, pero su pasado le pasa factura (en forma de recuerdos de un ex amante francés) y el matrimonio se va a pique.

Una de las constantes de Mira Nair es mostrar en sus películas el drama humano como una odisea por la vida. Lo hizo así en su primera película Salaam Bombay (88) que significa “Saludos, Bombay”, en la que narra la odisea de un niño que es arrojado de su hogar, se une a un circo que lo abandona en un lugar lejano, luego forma parte de un grupo de niños de la calle, se vuelve vendedor de té, y otras peripecias más. Todo lo que desea este niño es regresar a casa con su madre. La obra, me parece, tiene ciertas referencias al estilo literario de Rudyard Kipling en su libro Kim.

Otra odisea familiar es la que vemos en La Familia Perez (95), una familia cubana cuyo padre, Juan Raúl Pérez, luego de salir de prisión intenta reunirse con su esposa e hija que ya han huido hacia Florida, pero en una confusión al llegar a la costa, los oficiales de inmigración creen que la mujer con la que viene Juan es su esposa, pero en realidad es una prostituta que intenta rehacer su vida. Juntos, intentarán establecerse, uniéndose a otros inmigrantes con los que fingen ser familia. La cinta cuenta con las actuaciones de Alfred Molina, Anjelica Huston, Marisa Tomei y Chazz Palminteri, entre otros.

El Buen Nombre es un filme interesante, con ritmo, centrado en los pequeños pero importantes y cotidianos dramas humanos, pero sin caer en excesos, que conducen a revalorar las manifestaciones culturales propias y las adquiridas. Como la gran mayoría de las películas de su directora (egresada de Harvard como socióloga), representa una excelente opción ante las comedias de corte Hollywoodense.

Saturday, September 22, 2007

eXXXorcismos

Metafísica del amor traicionado
Ricardo Martínez García


¿Hasta qué punto los elementos sociales –la familia, las instituciones, las creencias, los prejuicios- condicionan nuestros comportamientos sexuales, nuestra conciencia y nuestra culpa? Estas son las principales premisas de la trama de eXXXorcismos (02-05), filme digital de Jaime Humberto Hermosillo, que se dio cita en la Cineteca Nacional el jueves 20 para presentarla. La película se exhibirá hasta el día 26 de septiembre.

Un tema recurrente en el trabajo de Hermosillo es la sexualidad y sus problemas, sus placeres y sus sufrimientos. Este filme trata sobre la culpa que siente Marco Antonio (Alberto Estrella) luego de haber vivido un amor adolescente y homosexual con Pedro (Juan José Meraz) veinte años atrás, carga con una culpa que no lo deja vivir.

Más que un exorcismo al fantasma de Pedro, que se suicidó después de enfrentar a sus padres, según se va descubriendo a partir del soliloquio de Marco Antonio, lo que éste necesita es explicar, confesar o justificarse ante el espíritu de Pedro –en un tinte muy metafísico-erótico de la película- acerca de su propia cobardía, que fue no haber aceptado y asumido su naturaleza homosexual, además de reconocer hasta dónde llegó su participación activa en el suicidio de Pedro.

Marco Antonio le platica a Pedro, o al fantasma que se aparece de él en el famoso Pasaje Iturbide del Centro Histórico de la Ciudad, que, luego de sus experiencias de adolescente, conoció a una mujer, se casó, tuvo dos hijas y que es feliz con el “sexo tranquilo” que tiene con su esposa. Pero la presencia vívida y amorosa de Pedro en su memoria (“¿De dónde tanta creatividad erótica, dónde aprendiste tanto?”) y a quien ve reflejado en los aparadores, le recuerda cómo fueron en realidad las cosas: fue Marco Antonio quien propuso el pacto suicida, sin tener verdaderamente la intención de cumplirlo, aquejado por sus conflictos con los padres de Pedro, que querían meterlo a la cárcel por “pervertidor de menores”; también queda claro que fue Pedro el único que sí había enfrentado tales conflictos, y que decidió cumplir el pacto al tener la convicción de que Marco Antonio tarde o temprano lo dejaría solo.

Marco Antonio, confrontado así por su conciencia encarnada en la figura de Pedro, no puede más y se confiesa sus propias mentiras: no es casado ni tiene hijas ni mucho menos es feliz, y llega a la conclusión de que tiene que elegir entre seguir una vida llena de mentiras y seguir viviendo sin gozar de la presencia de Pedro. “De seguir mintiendo y no tenerte prefiero la nada” exclama, dirigiéndose a un inaprensible Pedro, y profiere una letanía de expiación: “canto trágico, consúmeme; canto triste, auxíliame”, o algo parecido. Luego, procede a cumplir el pacto, tardía pero conscientemente, y entonces se muestra la sangre derramada, la sangre sexual, desnuda, carnal.

La película es sugerente o directa según se necesita: la confesión de Marco Antonio nos conduce a través de un hilo narrativo que apela a nuestra imaginación; por otro lado, muestra escenas sexuales explícitas y a veces disimuladas con el recurso de tomarlas fuera de foco, como las que muestran a Marco Antonio y Pedro enzarzados en frenética actividad sexual. La música crea un adecuado ambiente de misterio y revelación, de intimidad.

Con el director
Jaime Humberto Hermosillo dijo, luego de la función de su película, que ésta había sido concebida “como un impulso creativo y ganas de trabajar con pocos recursos, cuya semilla estuvo latente por más de cinco años”, y señaló que la película plantea que “incluso las personas que ejercen una sexualidad distinta, no tradicional, también pueden tener conflictos entre ellos”.

Para el director de películas como La pasión según Berenice, La Tarea, Doña Herlinda y su hijo y María de mi corazón, una de las ventajas del formato digital es que permite mayor inmediatez en la grabación. “Estoy trabajando en guiones, siempre estoy interesado en eso, pero hay ciertos asuntos que puedo escribir con las cámaras. Por otra parte, en esta película nada fue improvisado aunque no hubiera un guión escrito, lo que sí había era grabaciones de los ensayos de los actores, que les permitieron ver y corregir sus escenas”.

Respecto al formato digital con el que se grabó la película, el realizador señaló que actualmente se cuenta con proyectores cuya luminosidad y resolución ha mejorado muchísimo. Del mismo modo, sugirió a los estudiantes de cine que experimenten con los medios a su alcance pero que no se olviden de que lo que hay que ejercer es la creatividad.

“Nunca ha sido fácil, pero en México se siguen haciendo buenas películas, talento hay mucho, afortunadamente” respondió, a pregunta expresa, el cineasta cuyo trabajo ha sido comparado con el de Pedro Almodóvar. “Creo que hay similitudes con Almodóvar, pero en todo caso hay más similitud temática con Rainer Werner Fassbinder; las coincidencias que se dan con otros cineastas a mí me dan gusto, pues los temas (que abordamos) son universales”.

Siempre amable y sonriente, el director y guionista de 65 años nacido en la conservadora ciudad de Guadalajara, comentó acerca de la aprobación, hace ya casi un año, de la Ley de Sociedad de Convivencia para el Distrito Federal y expresó que “Es un avance muy importante para nuestra sociedad; esta película plantea precisamente que la oposición de la sociedad a una sexualidad distinta trae consecuencias lamentables”.

Saturday, September 15, 2007

Sak Tzevul


Un grupo más de chavos
Ricardo Martínez García
El grupo de rock tzotzil Sak Tzevul se presentó el jueves 13 en el Museo Nacional de Antropología, en el marco del Tercer Foro de Música Tradicional y Procesos de Globalización, evento organizado como parte de la XIX Feria del Libro de Antropología e Historia.


Para esta banda, compuesta por los hermanos Damián (guitarra líder, voz y flautas) y Francisco Martínez (batería), Pedro Pérez (bajo eléctrico) y Julián Hernández (guitarra), tocar rock con letras en tzotzil y otras lenguas indígenas chiapanecas representa una muestra de identidad con su gente, con su pueblo.


“Tocamos rock como una necesidad de expresarnos; el rock es un medio que se puede digerir rápido”, dijo Julián Hernández al presentar un video con material de su primera grabación, Muk Ta Sotz (Gran Murciélago).


Si lo que desea el grupo es expresarse, no lo está haciendo por los conductos necesarios: cantar rock en tzotzil es como cantarlo en ruso, al menos para fines de comunicación; es más fácil entender algo si cantan en español o inglés. El deseo de preservar su lengua es loable, pero de esa manera no logran el objetivo de expresarse de manera comprensible, al menos para la gran mayoría de mexicanos que no hablan su lengua.


El grupo tiene como característica presentarse ataviados con las ropas típicas del pueblo tzotzil: sombrero de paja con cintas multicolores, camisa y calzón de manta, una especie de capa multicolor y huaraches al estilo azteca.


“Nos vestimos así porque es nuestra ropa; allá en el pueblo algunos chavos ya no quieren vestir así ni hablar nuestra lengua, pero nosotros creemos que ser indígena no se quita con cambiar de ropa”, expresó Damián, quien señala que no mezclan su música con la política pues su quehacer es “activismo cultural”.


A lo largo de sus diez años de existencia, el grupo ha cambiado de miembros, siendo Damián el único original, quien cuenta con estudios de guitarra clásica; además es el principal compositor de las letras del grupo. En entrevista para Milenio-El Ángel Exterminador explica que las temáticas que aborda son la migración, la discriminación, los mitos propios de los tzotziles, “como el del jaguar que avanza por la selva, lento, suave, cadencioso y peligroso”.


El representante del grupo, Ulises Fierro, comenta que cada uno de estos jóvenes (cuya edad oscila entre los 19 y los 27) ha debido enfrentar, para poder andar de gira, desde amenazas de suspensión escolar hasta rechazo en sus familias, a quienes no les gusta la idea de que sus hijos sean roqueros. La razón es que sus padres y abuelos eran músicos populares, que con sus guitarras, violines y tambores hacían música tradicional, por lo que ven mal que estos jóvenes toquen con guitarras eléctricas y batería.


Pedro, bajista de 20 años, señala que lo que le llama de estar en la banda es que “No busco ganar fama sino abrir nuevos caminos a nuestros hermanos indígenas”.


¿Rock indígena?


El video que presentaron durante la inauguración del Foro muestra un collage de imágenes de la montaña, de niños indígenas jugando, de una presentación del grupo en un escenario bien iluminado y de momentos ceremoniales indígenas.

En el escenario, durante su participación en el Museo de Antropología, el grupo se muestra tímido, casi inmóviles ante unas cien personas, y despliega un rock de sonido limpio, que denota sus horas de ensayo. Pero también es un rock plano, sin matices, que por momentos sugiere la idea de que interpretan música como de fondo para documental antropológico, pero no para prender a la concurrencia.


A pesar de lo que sostienen sus integrantes, no hay nada, o muy poco, que haga pensar que es rock indígena, salvo el hecho de que cantan en una lengua desconocida para la gran mayoría. Aunque usan eventualmente algunos instrumentos como pitos y sonajas, no hay una clara fusión de instrumentos eléctricos con los típicos usados por los indígenas, sean precolombinos o no.
Las influencias musicales que reconocen van de Pink Floyd a Lacrimosa, pasando por el Tri.


Pero inexplicablemente parecen no conocer a Jorge Reyes, músico sobresaliente que, con álbumes como El Costumbre o Bajo El Sol Jaguar ha sabido navegar a través de la fusión étnica y el tecno-tribal.
La intención de mantener viva la cultura indígena, en este caso de Zak Tzevul, debe utilizar al rock de tal modo que el mensaje sea inmediato, ya sea por la música, por las letras o por ambas, inmediatez que no alcanzan debido precisamente a que el escucha necesita saber de qué hablan o qué es lo que están cantando, que sin duda contiene gran riqueza de evocación de metáforas que hablan del espíritu de la tierra, o del canto al sol, pero que al ser interpretadas en lengua tzotzil, la inmediatez pasa a ser mediada por la lectura de algún texto que explique lo que cantan.


La singularidad de Sak Tzevul es que tocan rock y cantan y visten de tzotziles, que desean expresarse y reafirmar su identidad indígena, pero en este mundo con procesos de globalización profundos –tal como se ha visto precisamente en el Tercer Foro de Música Tradicional y Procesos de Globalización-, se tienen que utilizar los instrumentos o las reglas del juego que permitan la interacción y la comunicación global de manera eficaz. La comunicación tiene que ser inmediata y, si se puede, agradable, algo que el escucha comprenda de inmediato.


Con apenas dos años con la formación actual, Zak Tzevul realmente está en sus inicios. El vocalista Damián señala que son “un grupo más de chavos”, pero no se han dado cuenta de su verdadero potencial, sólo hace falta ampliar su visión musical, un poco de creatividad y colaboración, y mucho, mucho trabajo. De esa manera dejarán de ser una banda de chavos más.

Saturday, September 08, 2007

Nada es lo que parece

El gran engaño
Ricardo Martínez García


En la guerra y en el amor todo se vale; por otra parte, todos somos animales de hábitos, de costumbres y de instintos, la cultura y la civilización son meras apariencias, pues en el fondo en las sociedades solo hay cazadores y presas; tales parecen ser las premisas de The last time (El gran engaño, 07), del director debutante Michael Caleo.

Jamie, un soso e inepto vendedor (Brendan Fraser) ingresa a Bindview, compañía que comercializa productos muy rentables en Nueva York, con una supuesta fama de gran vendedor, y es asignado como compañero del vendedor estrella, el pedante y grosero Ted Riker (Michael Keaton), de quien depende mayormente la salud económica de la empresa.

El trabajo de Jamie es tan malo que Ted comienza por despreciarlo, luego siente lástima por él, que se convierte en aparente empatía cuando conoce a Belisa (Amber Valleta) la prometida de Jamie. De manera casi natural, Ted se enamora poco a poco de Belisa hasta que termina por dedicarle gran parte del tiempo y olvida su trabajo como vendedor, sin importarle que la empresa quiebre gracias a su displicencia.

La película arranca con paso incierto y, si no fuera porque el público espera que se desvele el truco detrás de la inexorable caída de Ted (por algo la película se titula en español El gran engaño, pues se sugiere tal cosa y entonces se quiere saber en qué consiste), los espectadores deben armase de paciencia o marcharse del lugar.

La actuación de Fraser es tan convincente en su papel de inepto e ingenuo vendedor fracasado que más que lástima da risa verlo argumentar a los clientes que pronto se va a casar y que por ello necesita hacer una venta. Keaton, por su parte, nos convence de que es un verdadero tiburón de las ventas, utilizando como estrategia la agresividad y la iniciativa, pero además, parece que el gran engaño al que se refiere el título, es el que él lleva a cabo con la prometida de Jamie, quien aparentemente ya está harta de cargar con un novio sin futuro.

El romance entre Ted y Belisa avanza en la medida en que las ventas de la empresa descienden, al grado de que en el momento culminante del romance se produce la quiebra de Bindview y al mismo tiempo la determinación de Ted para vivir con Belisa, pero ésta decide abandonarlo inexplicablemente.

Hasta este momento todo lo que ocurre parece normal y cotidiano, salvo los indicios de que alguien espía o vigila a Ted; en realidad nada es lo que parece.


La escena clave de la cinta muestra una fiesta de ejecutivos de ventas donde se encuentra el soso Jamie totalmente transformado, y el gordo líder de una empresa competidora de Bindview narra que tuvo la ocurrencia de armar una estrategia para ganar la carrera de las ventas empresariales cuando, estando en África, escuchó que la manera de confundir a los elefantes y abatirlos fácilmente era eliminar a sus líderes. Los demás elefantes caen en confusión al no haber nadie que los conduzca, volviéndose presas enormemente fáciles. Así, pensó este líder gordo, no importa si se trata de elefantes o ejecutivos de ventas: para ganar hay que anular a los líderes; no se trata de matarlos, sino sólo de estudiarlos y descubrir sus debilidades, fomentárselas y observar cómo se autodestruyen.

Como parte de esa estrategia, a ejecutivos líderes en otras divisiones de Bindview les descubren por ejemplo su adicción al juego, a las drogas, etcétera. A Ted le descubren su necesidad de amor, por lo que su relación con Belisa no pudo ser más premeditada. Jamie ha sido el agente investigador y ejecutor de Ted, y con el mismo cinismo y audacia, le susurra al oído a su obeso jefe que está al tanto de su particular debilidad, el gusto por jóvenes coreanos. El conocimiento se desvela entonces como instrumento de destrucción o de chantaje; así es el mundo de los negocios (y por extensión, el mundo de la política, las intervenciones en el extranjero, el laboral, etcétera).


Ted, quien antes de ser vendedor estrella se dedicaba a dar clases de literatura inglesa y que deja a un lado porque “ya no tenía nada que dar”, decide regresar a la docencia (tal vez por última vez, como el título original de la cinta) luego del inexplicable abandono de su amada. Belisa, quien siempre formó parte del equipo de “eliminación”de Ted, ya no sabe qué hacer, aparentemente se arrepiente o se ha enamorado también. ¿Quién sabe?

Thursday, September 06, 2007

El otro Kennedy

Ricardo Martínez García

Ambientada en Los Angeles durante uno de los momentos históricos que debería hacer sonrojar al gobierno de los Estados Unidos que desde hace muchos años ha enarbolado la bandera “democrática” ante el resto del mundo, Bobby (El día que asesinaron a Kennedy), cinta de Emilio Estevez, nos muestra una colección de escenas cotidianas que habrán de coincidir en un momento crucial: el asesinato de Robert F. Kennedy, candidato a la presidencia en 1968, en las instalaciones del hotel Ambassador.

Para muchos la llegada de Bobby a la presidencia no sólo significaba ver a otro Kennedy en la Casa Blanca, sino la gran esperanza de terminar con la absurda y criminal intervención en Vietnam de sus fuerzas armadas y acabar con las bajas y heridos en combate (algo que el joven William (Elijah Wood) desea evitar y por eso se casa con su sacrificada amiga Diane (Lindsay Lohan)) o de mejorar los niveles de vida de mucha gente necesitada, de justicia social y respeto a los derechos humanos.

Tales esperanzas ya habían sufrido un duro golpe, o al menos así fue para grandes sectores de la población afroamericana e hispana, con el asesinato de Martin Luther King. Por ello, la única esperanza que podían concebir la representaba Robert F. Kennedy.

La película transcurre entre los discursos llenos de contenido social de Bobby (que debieron alarmar verdaderamente a los sectores conservadores del gobierno), y las situaciones de diversos personajes: la vacuidad de Virginia Fallon, cantante alcohólica y acabada (Demi Moore) que afirma que todas las mujeres son unas “cualquieras”, con la diferencia de que a algunas les pagan; la decepción de una estilista engañada (Sharon Stone) y el arrepentimiento de su marido (William H. Macy), infiel con una telefonista (Heather Graham) del Ambassador donde él es el gerente; la necesidad de escape de unos adolescentes promotores del voto demócrata que están hartos de su trabajo y prueban LSD por primera vez; la nostalgia de unos retirados ex empleados del hotel (Anthony Hopkins y Harry Belafonte) que dedican las tardes a beber whisky y a jugar ajedrez; y la politizada vida de los cocineros que discuten si los negros son “hermanos” de los latinos o si éstos son amigos de los negros.

Emilio Estevez logra por la vía de la nostalgia de los tiempos sesenteros, con la sicodelia de los hippies (encarnados en Ashton Kutcher) y música de Donovan entre otros, lo que Michael Moore logra con sus reveladores filmes: pone nuevamente en la mira viejos y olvidados problemas, como asignaturas pendientes en la sociedad gringa: los magnicidios irresueltos, los motivos reales de la guerra de Vietnam, la cual tuvo incio –es cierto- durante la administración de John F. Kennedy, pero de quien se tienen indicios de su deseo de retirada, los problemas raciales y migratorios y, para cerrar con broche de oro, una especie de vacío moral generalizado, caracterizado por la indiferencia y el consumismo.

Esteves nos recuerda, a ratos con tonos de documental, lo trágico que debió ser para la familia Kennedy y traumático para la sociedad en general, ver asesinados a John y a Robert en la cúspide de sus carreras; nos recuerda que fuerzas ocultas aparentemente muy poderosas (individuales o corporativas, da igual pues ambas son siniestras y muy inquietantes) no querían bajo ningún rubro las políticas sociales de los Kennedy.

Pero también nos recuerda que la vida común debe seguir a pesar de los momentos más inciertos y vulnerables, de momentos de confusión y rabia, como los que se viven en el lobby del hotel después de saberse que tirotearon a Bobby en la cocina y en medio de la multitud.
Lo que no nos dice la cinta es si se resolvió el asesinato de Bobby, si fue un tirador solitario al estilo de Lee Harvey Oswald o Mario Aburto (en el caso de Luis Donaldo Colosio).

Según los reportes oficiales de la policía de Los Angeles, a Robert F. Kennedy lo asesinó un palestino llamado Sirhan Sirhan con un revólver calibre 22. También se sabe que se generaron muchas sospechas acerca de si Sirhan pudo o no causarle las heridas fatales a Bobby, debido a que las versiones de los testigos son incompatibles con las trayectorias de los tiros (con pronunciados ángulos de arriba hacia abajo; Sirhan sólo pudo disparar en ángulos paralelos al piso), determinadas durante la autopsia. Además, al parecer se encontró evidencia de que se produjeron más tiros que los ocho que pudo disparar Sirhan.

En todo caso, el misterio continúa, eso es lo que a fin de cuentas recuerda esta cinta.

Sunday, September 02, 2007

El Horror de los Zombies "Recargados"

Ricardo Martínez García

Para que una película de terror funcione necesita ser creíble pero a la vez estar fuera de toda lógica natural. Cuando el argumento de una película se basa en mitos o leyendas se enfrenta a la difícil tarea de hacer verosímil lo que presenta en escena pero a la vez sorprender al espectador con algo completamente inesperado y sobrenatural.

En la cuarta cinta del director y guionista español Nacho Cerdà, The abandoned, (Los Habitantes) se agradece que ubique su historia en algún remoto lugar de la campiña rusa, sacando la escenificación del recurrente ambiente japonés o hollywoodense de las nuevas películas de terror, obteniendo así un refrescante resultado visual.

Pero más interesante es que su argumento recurra al viejo mito del doble, mito que surge en diversas culturas que sostiene la creencia de que cada individuo tiene un doble y que si éste llega a encontrarse cara a cara con su doble entonces muere inexorablemente.

Desafortunadamente, en el tejido de la historia Cerdà no logra amarrar bien algunos hilos argumentales. No se entiende cómo unos hermanos mellizos –protagonistas de la cinta- que sobreviven en su tierna infancia al ataque de su enloquecido padre, de pronto se encuentran con que han heredado la casa familiar, cada uno enterándose por su cuenta y sin saber de la existencia del otro, a más de cuarenta años de su nacimiento.

Los hermanos se reúnen por vez primera en la desvencijada y olvidada casa, luego de extrañas peripecias, como las que vive Marie (Anastasia Hille) quien recibe las escrituras de la propiedad heredada de manos de un notario-encarnación de su padre, y luego realiza un viaje hacia lo desconocido (como un Jonathan Harker camino al castillo de Drácula) en medio de la noche y acompañada de un extraño y desconfiable hombre que desaparece nada más llegar a la casa, con varias escenas de sobresalto, y ella y su hermano se topan con sus dobles zombies a quienes Marie es incapaz de reconocer (tal vez por haber sido educada en el pragmático Estados Unidos y por ello carente de cierta imaginación) preguntando inútilmente “qué son esas cosas”, no así Boris (Karen Roden), quien permaneció en Rusia y que aparentemente está al tanto de las leyendas que se cuentan sobre los dobles.

La aparición de estos dobles –que presentan rastros de las causas de su “muerte”: la palidez de la asfixia en el de Marie y las heridas de mordeduras de cerdo en todo el cuerpo en Boris- le da una vuelta de tuerca a la historia. Los eventos terroríficos parecen mostrar que los mellizos han desarrollado sus vidas a pesar de que debieron morir a manos de su padre.

En una escena que recuerda algunas cosas ya vistas en The Grudge, del japonés Takashi Shimizu, los hermanos atestiguan una representación del asesinato de su madre y el intento de hacer lo mismo con ellos por parte del desquiciado progenitor. Esos hechos han dejado su energía negativa en la casa, la cual representa nuevamente las escenas justo en el cumpleaños de Boris y Marie.

En el mejor momento de la cinta, los abandonados son los hermanos que como fantasmas vagabundos están condenados a repetir las circunstancias de su ¿frustrada? muerte, atestiguándolas y reviviéndolas, donde se confunde el presente con el pasado próximo, como esa escena en la que Marie vuelve a ver al notario que es la encarnación de su padre, y toma conciencia de la trampa cíclica en la que ha caído cuando se ve a sí misma llegar al edificio donde se entrevistará con ese mismo notario para arreglar los papeles de la propiedad heredada. La desesperación del momento es culminante, claustrofóbica: ¿Cómo le hará Marie para evitar su destino manifiesto, es decir convertirse en su doble zombificado?

Y es ahí donde encuentra su debilidad más grande la cinta: en la presentación de esos zombies, que independientemente del maquillaje, representan la parte más visible del parentesco de la película de Cerdà con el cine de John Carpenter, es decir del horror con muchos litros de sangre y cadáveres vivientes.

Apenas su cuarto trabajo en la dirección en diecisiete años (no le ha sido tan fácil conseguir financiamiento para sus películas) a Nacho Cerdà, de acuerdo con lo que señala en su blog, lo ha estado promoviendo este año el mexicano Guillermo Del Toro, que incluso le ha asegurado desear producir alguna vez una de sus cintas.

En la medida en que se aleja del mundanal ruido de las cintas comerciales elaboradas en California, y que siga recurriendo a ambientaciones alternas mejorando un poco sus argumentos, veremos cada vez mejor cine de terror de manufactura ibérica.