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Thursday, July 16, 2009

Harry Potter y El Príncipe Mestizo


La gente necesita la magia de la diversión

Ricardo Martínez García

El filón de oro que creó la escritora J. K. Rowling desde que publicó a fines de junio de 1997 el primer volumen de esta exitosísima serie, sigue dando lo mejor de sí cinematográficamente. Harry Potter y El Príncipe Mestizo representa el aprendizaje de las otras cinco cintas precedentes y las supera ampliamente. El misterio y el suspenso que rodean la vida académica y personal del más famoso de los personajes creados por la autora británica son llevados a niveles magistrales en esta cinta dirigida por David Yates, responsable de Harry Potter y la Orden del Fenix, y de las dos cintas a estrenarse en 2010 y 2011, Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte 1 y 2.

La cinta nos muestra a unos estudiantes de Hogwarts, la utópica Academia de Magia, en plena efervescencia adolescente. Los tres grandes amigos aprendices de mago (acá diríamos de brujos) se enfrentan a sus agitadas hormonas y a algo más: a la constante amenaza que representa el regreso –siempre inminente- del Señor Oscuro, Lord Voldemort, que no termina por aparecer completamente.

Hay básicamente dos ingredientes que añaden gran atractivo a esta sexta entrega de la saga del mago de anteojos redondos. Por una parte los enredos amorosos, con grandes toques de comicidad, que comienzan a producirse entre Ron y la empalagosa Lavender Brown, los incipientes pero innegables celos de la adorable y talentosa Hermione ante este hecho, los pequeños y tiernos escarceos entre Harry y la hermana menor de Ron, Ginny, y los intentos fallidos de Romilda Vane por conquistar a Harry con chocolates preparados para tal fin.

El segundo ingrediente es la aparición de un nuevo profesor, que a decir de Dumbledore (Michael Gambon, quien es fácilmente confundible con Ian McKellen en su papel de Gandalf, de El Señor de los Anillos) es crucial para saber cómo contrarrestar la aparición de Voldemort. Tal profesor es Horace Slughorn (Jim Broadbent), quien imparte la clase de pócimas encantadas. Es en esa clase donde Harry se encuentra con un libro propiedad de un tal Príncipe Mestizo, que con sus anotaciones en dicho libro hace de Harry el primero de la clase.

El espectador no puede por menos pensar en este punto que ojalá así fueran las cosas en la vida, la magia y los encantamientos estarían a la orden del día, y se venderían en botica como pan caliente. La magia podría ser usada de este modo para ganar juegos de manera tramposona, para enamorar a aquellos que se muestran reacios a hacerlo, para arreglar el tiradero de la casa, en fin para mejorar las cosas, si ese es el humor del brujo, tal como se ve en cintas como El Castillo Vagabundo (Hayao Miyazaki, 04), donde el guapo y narcisista mago Howl realiza operaciones increíbles en su castillo con la magia, o en La Espada en la Roca (Wolfgang Reitherman, 63), donde el bonachón mago Merlín se ayuda de la magia para casi todas sus actividades.

El asunto en Harry Potter y el Príncipe Mestizo es que se intuye la labor negativa del Señor Oscuro, que ya cobró la vida de Sirius Black en la cinta anterior, a manos de su subordinada Bellatrix Lestrange (Helena Bonham Carter), pero no queda muy claro que digamos qué va a ocurrir cuando finalmente se decida a regresar y actuar tanto en el mundo de los magos como en el de los llamados Muggles. Lo que sí se sabe es que eso sería malo para ambos mundos, y la misión de Harry se vuelve cada vez más complicada.

El antagonista de Harry, el antipático albino Draco Malfoy (Tom Felton) es el más próximo que se atreve a usar la magia para cosas malvadas, por lo que se vuelve el instrumento natural de operaciones del grupo de seguidores de Voldemort, encabezados por Bellatrix, y cuya acción tendrá consecuencias terribles para la causa de Harry.

En algún momento inicial de la cinta uno de los protagonistas dice que la gente necesita diversión, y eso es justamente lo que ofrece la sexta entrega de la saga de Harry Potter, que es muy buena en efectos especiales, la trama es ágil y entretenida, de buen ritmo, con elementos de un romanticismo juvenil muy inocente, y con un argumento que deja en claro quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Incluso una nota ayer de ¡Hey! da cuenta de que El Vaticano, a través de su periódico El Osservatore Romano, dio su bendición a la película, a través de una crítica positiva, cuando antes se había opuesto constantemente al personaje. ¿Qué más puede pedir este joven mago de buen corazón, además de divertir y entretener?

Lo que en realidad nos enseña Harry es que la verdadera magia está en la confianza que cada quien debería generar sobre sí mismo, sobre sus propios actos y proyectos, sin necesidad de artilugios de ningún tipo, solo con la simple inducción o suposición del elemento mágico. La vida en sí misma es mágica.

Wednesday, April 22, 2009


Una Buena Versión Actualizada
Ricardo Martínez García
A finales de los años sesenta el director mexicano Carlos Enrique Taboada realizó, en los albores de su carrera, una dupla de cintas que incursionaron en el género de suspenso más que de terror, las cuales con el tiempo se han vuelto cintas clásicas y de culto en este escaso género de nuestro cine nacional.

Taboada filmó más cintas, como El Arte de Engañar y Más Negro Que la Noche (la inquietante historia de un gato negro y su fantasmagórica dueña), ambas de 1972, pero no tuvieron la repercusión de sus dos primeras obras. Caso aparte lo representa Veneno Para Las Hadas, cinta que en 1987 ganó cinco Arieles pero aún así es casi desconocida para el gran público en la actualidad. Habrá que esperar a que Alfredo Gudini la presente por el 4 para volver a verla.

Las dos cintas clásicas de Taboada son Hasta el Viento Tiene Miedo (67) y El Libro de Piedra (68), las cuales han sido llevadas nuevamente a la pantalla grande, la primera por Gustavo Moheno, con el protagónico de Martha Higareda y Mónica Dionne y la segunda por Julio César Estrada, con Plutarco Haza, Evangelina Sosa y Ludwica Paleta, todos de actuaciones más que regulares pero sin exagerar.

Algunos podrán ser de la opinión de que los originales siempre serán mejores que sus remakes y en la mayoría de los casos así es. Estas dos nuevas cintas no superan a las originales pero al menos no van en contra de su espíritu y representan versiones actualizadas aceptables.
En el caso específico de El libro de Piedra, la versión de Estrada es muy pulcra y correcta. La edición, musicalización y tratamiento fotográfico ciertamente son muy buenos para generar la tensión y el suspenso en el espectador de tal manera que lo mantienen con un buen nivel de atención.

El argumento no plantea ninguna sorpresa por ser ya conocido, sobre todo para aquellos que han visto la cinta de Taboada: Silvia, una niña de familia rica entra en contacto con un amiguito “imaginario” llamado Hugo, quien luego se convierte en una pesadilla para sus padres y tutoras.
Resulta que el tal Hugo es un niño europeo de la época medieval condenado a la petrificación por su propio padre (un poderoso brujo austriaco) y a custodiar un libro que contiene toda su sabiduría en torno a la magia negra.
La temática de El Libro de Piedra y Veneno Para Las Hadas bien pudieran ser referencias a autores como: H. P. Lovecraft, Algernon Blackwood y Arthur Machen, en relatos como “El legado Peabody” “Antiguas Brujerías”, y “El Pueblo Blanco”, respectivamente. Pero el argumento de Más Negro que la Noche parece adelantarse a novelas como Cemeterio de Mascotas, de Stephen King. Taboada, quien escribía sus propios guiones, logra captar en esas cintas la esencia terrorífica que subyace en lugares solitarios, vidas aisladas, la relación entre el hombre y la naturaleza trastocada por ritos y actos de magia.

Siempre resulta atractivo ver anagramas dibujados en el piso con sal, así como el aspecto esotérico representado en símbolos, muñecas tipo vudú y el escuchar la interpretación de un “especialista” a estos elementos, aunque en este caso la cinta muestra una pobre interpretación por parte del especialista; hay un momento en el que de manera muy breve la película sugiere más cosas de las que muestra, como cuando Silvia (lo cual es un mérito de Taboada). Hay incluso situaciones (pocas) de verdadero sobresalto (mérito de Estrada) y por esos momentos la cinta vale la entrada a la sala.
Si usted es un espectador que vio la cinta original, disfrutará la realización de esta cinta que no desmerece demasiado a la original, pero no será nada sorpresiva. Pero si usted no ha tenido oportunidad de ver aquella cinta, seguramente saldrá satisfecho de ver un trabajo de factura nacional digno, a pesar de ser una actualización de la cinta de 1968.

Tuesday, February 10, 2009

Coraline y La Puerta Secreta


A los que Saben
Ricardo Martínez García
Neil Gaiman es el autor del libro convertido en best seller Coraline and the Secret Door y también del libro Stardust (llevado a la pantalla en 2007), con una trama sobre brujas, piratas, batallas, traiciones y el mítico enfrentamiento entre el bien y el mal, oposición que en cierto modo se repite en el argumento central de la cinta de animación Coraline y la Puerta Secreta (09), de recién estreno.

La falta de aprecio por la normalidad y naturalidad de ciertas circunstancias en la vida, como cuando uno depende de sus padres, con frecuencia nos hacen desear que las cosas fueran diferentes, mejores y hasta perfectas, sin darnos cuenta de que esa perfección no existe, y de que pensar en ella es una ficción a veces perversa, ficción que pasa desapercibida para los niños, sobre todo los imaginativos y demandantes de atención.

Y no solo no existe esa perfección sino que si se presenta una situación así, de perfección, a pesar de la suspicacia que esto generara, la atracción que sentimos por aquello que nos complace (tener unos padres totalmente dedicados a nosotros) es más grande que cualquier cosa, sin reparar en cómo es posible tal cosa y menos aún en las consecuencias.

Tal es lo que a grandes rasgos le ocurre a Coraline Jones –con voz de Dakota Fanning en inglés y de Ximena Sariñana en español-, protagonista de la inquietante cinta infantil del también director de El Extraño Mundo de Jack (93), Henry Selick.

Filmada con la técnica conocida como Stop Motion y en tercera dimensión, la animación es tan buena que es posible ver la acción de los amortiguadores del Beetle de la madre de Coraline, y el que esté en tercera dimensión le da una profundidad de campo visual extraordinario: el espectador siente que verdaderamente se asoma a un mundo semirreal y en cierto modo alarmante (los niños son los primeros en notarlo).

Coraline es inteligente, sensible, es una chica con quien casi todos los espectadores nos identificamos de inmediato pero, como nosotros, no está preparada de ningún modo para enfrentarse a una bruja, salvo por su inocente sentido de lo correcto y el amor por sus padres imperfectos. Está en esa edad en que ya no es una niña pero tampoco está dentro completamente de la adolescencia. Sus padres son escritores especializados en plantas y jardines y no tienen tiempo ni para ayudarla a desempacar sus cosas, pues acaban de mudarse. Coraline sale a pasear sola por el bosque circundante, como una caperucita, sin darse cuenta de que es seguida por el niño raro Wybie y su gato, y ahí comienzan sus aventuras. Luego explora la casa que habita, tan solo para descubrir la pequeña puerta que conduce a un universo paralelo, cual Alicia en el País de las Maravillas, pero en este caso Alicia en el país de los Padres Perfectos.

La cinta está plagada de signos, señales y referencias a prácticas de brujerías y naturalmente a cintas de terror, tal como el círculo de piedra en el claro de bosque que señala la boca de un pozo, como si fuera una escena de El Aro (y en el que va a colocarse directamente Coraline de manera distraída), el gato negro vigilante, la elaboración de muñecos tipo vudú de apariencia inocente con figuras precisas de personas, entradas secretas a mundos de doble cara pero que no pueden ocultar su antinaturaleza: todos ahí tienen ojos sin vida, ojos ¡de botones negros!, y principalmente la existencia de la bruja malvada (con la voz de Teri Hatcher en inglés) que se alimenta de la vida de los niños y que es capaz de crear con sus artes (no se explica cómo) un mundo propio a imagen y semejanza del real.

Coraline se da cuenta de que cuando traspasa la puerta secreta, lo único que tiene que hacer para regresar a su mundo es dormir y al despertar ya está de regreso. Pero eso deja de funcionar cuando se percata de la trampa tendida por la bruja. Duerme y despierta en su misma perfecta casa. Sale huyendo al campo y de pronto todo desaparece, todo comienza a ser un espacio en blanco que bien puede ser la nada. El gato, ahora parlante, se convierte en su único aliado contra la bruja.
La inclusión de personajes como las ancianas señoritas Spink y Forcible, actrices y acróbatas británicas siempre en competencia, y del señor Bobinski y sus ratones brincadores, que en la vida “real” ya están decrépitos y tienen una vida excéntricamente retirada, en el mundo perfecto de la bruja sus maravillosos espectáculos le dan un sabor especial como de circo a la cinta, algo que recuerda a algunas escenas en Charlie y La Fábrica de Chocolate (Burton, 05).

Coraline y la Puerta Secreta puede ser interpretada como el intento de imaginación muy elaborado de una niña para paliar la falta de atención de sus padres, quienes la consideran una carga, al menos en su ideario infantil. O puede ser interpretada como una cinta de terror con momentos verdaderamente espeluznantes a nivel de intuición infantil. Algunos niños hasta querían salirse de la sala de exhibición.

Al final de esta muy entretenida y ciertamente siniestrona cinta viene una dedicatoria bastante singular: “Para los que saben”.

Dicha dedicatoria no es propiamente para los niños, que en su inocencia e ingenuidad no cuestionan ni juzgan nada, a menos que supongamos que esa forma de ser es la verdadera sabiduría. Muchos niños, en su lógica infantil, saben que para que todo regrese a la normalidad, es necesario que Coraline venza a la bruja y libere a los fantasmas de los niños atrapados. Pero no saben cómo ni por qué. ¿Quién sí sabrá?

La respuesta tal vez nos llevaría a consultar a gente como Aleister Crowley, Arthur Machen –miembros destacados de la Hermetic Order of the Golden Down-, al historiador de la brujería Frank Donovan o a Carlos Castaneda, el famoso antropólogo de la UCLA devenido hombre de conocimiento. Por eso es que esta cinta muy probablemente no está dedicada realmente a los niños, sino a los que saben.

Friday, December 01, 2006

Carlos Castaneda


Un Hombre de Conocimiento

Ricardo Martínez García

Carlos Castaneda es el autor de libros que contienen la insólita mezcla de sentido común y magia, junto con una casi imposible pero a la vez natural combinación de sensatez y misterio, así como elementos de una auténtica filosofía.

Los libros versan sobre un aprendiz de brujo que sin darse cuenta apenas se vuelve él mismo un maestro, y están plagados de anécdotas divertidas las más de las veces, terroríficas otras, pero siempre de amena lectura que nos conducen por senderos que resultan increíbles para nuestro cotidiano vivir.

Con las obras de Castaneda, el lector se ve impulsado a llevar a cabo, para su comprensión, reiteradas revisiones si no es que relecturas completas, dada la complejidad de las ideas expuestas y sus implicaciones. Don Juan Matus, su maestro brujo, le dice que las historias de brujería “no se pueden contar como si fueran cuentos. Tienes que repasarlas, y luego, pensarlas y volverlas a pensar, revivirlas, por así decirlo”.

La reacción más previsible ante las extraordinarias situaciones que cuenta Castaneda es la incredulidad, pues de otro modo nuestra manera de entender y conocer el mundo, sufre un giro total. He ahí lo cautivador pero a la vez lo inquietante de su obra.

Que sea cierto todo lo que narra, sin embargo, puede ser medido por el deseo del lector de convertirse en cómplice del autor: uno quiere creerle porque sus mundos, en interacción y no en oposición aparente con el nuestro habitual, nunca resultan aburridos, por el contrario, es enfrentarse a lo desconocido y a lo que no se puede conocer pero que está ahí.

La percepción, primera clave de la brujería.

Castaneda escribe, a través de lo que asegura son sus experiencias personales vividas con su maestro yaqui que la realidad es mucho más de lo que normalmente percibimos y conocemos, que lo que llamamos “nuestro mundo” es un conjunto múltiple de campos de energía, accesibles sólo a los iniciados llamados guerreros, a través del desarrollo de la percepción, los cuales son entrenados para tal fin por un grupo de “brujos” liderados por un nagual para percibir y actuar en ellos.

Pero la ampliación de la percepción es sólo el primer paso hacia la meta final del “hombre de conocimiento”: la conciencia total, la libertad total.

La tarea más importantes en el aprendizaje de lo que en un principio se maneja como brujería, pero que Don Juan después llama “el camino del guerrero”, es desarrollar o ampliar la percepción del “mundo”; en el caso del propio Carlos, Don Juan implementa dicho desarrollo de dos modos: a través del uso de “plantas de poder”, toloache, peyote y hongos, y la aplicación punto por punto del camino del guerrero.

El primer libro de Castaneda Las enseñanzas de Don Juan se popularizó en los Estados Unidos durante el auge de la cultura hippie, con la característica sicodelia e ideas de amor y paz y unión a la naturaleza. No es de extrañar que muchos hippies vieran en Las enseñanzas de Don Juan y Una realidad aparte, su segundo libro, una manera de experimentar con drogas y alucinógenos.

Cuando Carlos sabía suficiente sobre plantas de poder y sobre lo que sustenta la idea de la ampliación de la percepción, se dio cuenta de que en muchos casos no es necesario su uso; le pregunta entonces a Don Juan por qué le administró tal cantidad de ellas. Su maestro le contesta que en su caso particular fueron necesarias: él estaba muy tieso, muy fijo en su forma única de percibir el mundo, y tuvo que ser ayudado a remover dicha percepción.

“Tenía el punto de encaje casi soldado y él (Don Juan) sabía que sólo con alucinógenos lo podía remover. Pero no hizo lo mismo con otros (aprendices), no les dio ni café. Los alucinógenos valían para mí, pero yo lo tomé como un índice total”, comentó Castaneda en una entrevista que concedió a Arturo García en 1996.

Don Juan le explica a Carlos que el ser humano, a la vista de aquellos que pueden percibir la energía de modo directo, como él, aparece como un objeto ovoide y luminoso; que dentro de ese “huevo o capullo” se encuentra el punto de encaje, centro de la percepción. De lo que se trata es de aprender a mover dicho punto de encaje para percibir otras bandas de la realidad.

El problema está en que los humanos se encuentran tan acostumbrados a una posición del punto de encaje (la que da como resultado la percepción que conocemos, y que puede considerarse social en términos de que es compartida por la gran mayoría, posición con la que todos construimos y mantenemos nuestra “realidad” u orden social) que les cuesta trabajo siquiera imaginar cómo sería percibir de otro modo.

El silencio interno, la clave principal

Las plantas de poder sólo son una manera artificial de mover el punto de encaje, el verdadero secreto está en seguir las reglas de conducta que propone la “senda del guerrero” y que consisten en eliminar la importancia personal, con lo que uno logra saberse del mismo valor que cualquier otra criatura, no ser más pero tampoco menos que nadie; en aprender a utilizar a la muerte como consejera, pues la muerte elimina las dudas siempre que las tenemos, o como dice Don Juan, “no tenemos tiempo” qué perder cuando sabemos que el nuestro es limitado, entonces se acaba cualquier duda, no hay de otra mas que la acción.

Romper las rutinas, actuar por actuar, sin esperar nada a cambio, ponerse en contacto y tratar con pinches tiranos –una de las partes más hilarantes de El segundo anillo de poder- son acciones que le dan sobriedad y mesura al guerrero, que tienen como fin la tarea mayor: alcanzar el estado de “silencio interior”, la llave al mundo de los brujos.

El silencio interior sólo es posible si se cuenta con la suficiente energía. Tanto el objetivo de la eliminación de la importancia personal y de todas las estrategias de conducta que propone el “camino del guerrero” tienen como fin la acumulación de la energía a nuestro alcance. Es a esto a lo que Don Juan llama la “impecabilidad”.

“La brujería es el uso especializado de la energía...es la habilidad de usar otros campos de energía que no son necesarios para percibir el mundo que conocemos. La brujería es un estado de conciencia, es la habilidad de percibir lo que la percepción común no puede captar. Lo que estás haciendo es aprender a ahorrar energía”, le dice Don Juan a Carlos en El conocimiento silencioso.

La percepción sólo puede acrecentarse si hay ahorro de energía, energía que el ser humano desperdicia normalmente de la manera más absurda: la desperdicia sintiendo lástima por sí mismo, sintiéndose víctima de los demás, o sintiendo que no hay nadie más importante que él, o la gasta hablando de los demás, dejando que le afecte la opinión que otros tengan de él, o si tiene deseos de dominio o de poder.

Incluso hay brujos que a pesar de haber alcanzado dicho estado de silencio interno, no pudieron sustraerse a sus deseos de poder o de dominio, y se quedaron atrapados en mundos misteriosos, como el de los seres inorgánicos, en la esperanza de obtener grandes conocimientos, que sí los tenían, pero al precio de quedarse en esos mundos, tal como se lee en El arte de ensoñar.

Lo importante es lo que se hace con lo que se conoce.

Cuando un hombre de conocimiento como Don Juan elige a sus discípulos, éstos son puestos en la disyuntiva de aceptar lo que les ofrece el mundo de los brujos o continuar con su vida normal. Aceptar la oferta del mundo de los brujos es aceptar la maravilla de la libertad, del gusto por lo desconocido, es aceptar que no somos más que pequeñas motas de polvo con conciencia, extraviadas en la inmensidad del infinito. Pero el hombre está demasiado ocupado en su vida cotidiana y no hace caso al espíritu.

El nagual –término con el que se conoce al líder de un grupo de guerreros- tiene que usar una serie de estrategias para que el hombre comprenda que lo llama el espíritu, quien “se vio en la necesidad de usar el ardid. Y la treta se transformó en la esencia del camino de los brujos”.

“La raza humana entera no quiere saber nada. Oyen solamente lo que quieren oír”, dice Don Juan en El lado activo del infinito, para explicar que aunque se le indique a alguien cómo puede recuperar la salud, simplemente no lo hace por estar tan amarrado a sus creencias.

Uno puede oír la verdad más grande del mundo, o leerla, pero si no se hace nada con lo que se escucha, o con lo que se lee, sencillamente no cambia nada. Se pueden leer las grandes enseñanzas de los santos cristianos o budistas, o las que sea, pero si no se actúa, sencillamente no pasa nada por más que el espíritu toque al hombre. “La gran tragedia –le dijo Castaneda a Patricia Vega en una entrevista de 1996- es que no queremos cambiar. Don Juan me decía que no podíamos ayudar a nadie, porque si lo haces se enojan, te insultan, te queman, te matan”.

De antropólogo a hombre de conocimiento

La identidad de Carlos Castaneda interesa menos, con todo y su enorme halo misterioso, "que los enigmas que propone su obra", dijo alguna vez Octavio Paz.

El propio Castaneda es quien ofrece datos sobre su vida en algunas de sus obras, sobre todo las primeras y las últimas. Se ha especulado que era de nacionalidad argentina, peruana o brasileña, o que tal vez era mexicoamericano. Lo cierto es que él menciona que vivió en Sudamérica con su abuelo paterno, pocas veces visitado por su padre, que hizo estudios de escultura y de antropología, en Italia y Los Ángeles, que su tesis de doctorado en esta disciplina –que Octavio Paz calificó como el triunfo de la magia sobre la antropología - constituye su primer libro, y que cada uno de ellos fue escrito más como una tarea más de brujería que como un trabajo académico.

En El lado activo del infinito se encuentran detalles de la infancia de Carlos, como cuando su abuelo le enseñó a jugar billar y se volvió tan bueno que un apostador lo incita a competir contra otros profesionales, pagándole con pasteles y golosinas; además narra cómo fue que Carlos se afana por encontrar a Don Juan, luego de ese primer contacto en la estación de autobuses de Arizona.

Carlos era un hombre insatisfecho; no se encontraba cómodo consigo mismo ni nada lo llenaba en su vida hasta que, al estar recolectando información para su tesis sobre el uso de plantas alucinógenas que usan los indios del norte de México, en lo que él llamaba “investigación de campo”, se encontró con Don Juan, al que inicialmente tomó por un indio ignorante. La mirada que éste le lanzó –una mirada de nagual- lo cautivó por completo.

Ese fue el modo en que se topó con la senda del guerrero, que es “un camino con corazón” es decir, un camino que vale la pena de ser seguido porque es el único que conduce a la libertad.

El esoterismo del lado izquierdo

Don Juan lleva a cabo sus enseñanzas, hasta cierto grado, del mismo modo como lo hacían los brujos de la antigüedad: en dos niveles de conciencia: el nivel normal, que corresponde a lo que llama “el lado derecho”, y el nivel de conciencia acrecentado, correspondiente al “lado izquierdo”.

Carlos invirtió mucho tiempo para entender lo que aprendió con don Juan. A partir del quinto libro, El segundo anillo de poder, comienza el registro del trabajo realizado para recordar lo que aprendió en sus estados de “conciencia acrecentada”, estado al que él accedía mediante un certero golpe que le propinaba en la espalda don Juan. Las enseñanzas en ambos lados de la conciencia tienen como fin alcanzar la maestría del estar consciente de ser, enseñar el arte del acecho y la maestría del intento. Todo lo que aprende Carlos sobre los seres inorgánicos, o sobre los brujos de la antigüedad o sobre el inquilino se lleva a cabo en estados de conciencia acrecentada, es decir en el lado izquierdo. Incluso se llevan a veces a cabo en su “ensueño”.

Castaneda escucha por primera vez, en Viaje a Ixtlán, en voz de su benefactor, don Genaro, poderoso e impecable hombre de conocimiento miembro del grupo del nagual Juan Matus, las historias sobre el “soñador soñado” y sobre el viaje interminable “hacia Ixtlán”, que marca de manera poética la entrada definitiva del propio don Genaro al mundo de los brujos. En Relatos de poder, Carlos oye del mismo don Genaro las historias del “doble”, cosa que lo cautiva enormemente, tal como las obras de este antropólogo hombre de conocimiento han cautivado a generaciones de lectores en todo el mundo.

La huella de un brujo

Si podemos considerar la influencia cultural de las obras de Castaneda por su éxito de ventas, tan sólo en Estados Unidos se habían vendido más de 8 millones de libros hasta 1991, con más de 257 reimpresiones de sus obras. A la fecha, nadie sabe a ciencia cierta cuántos libros ha vendido.

Las Enseñanzas de Don Juan, como se ha mencionado, es un informe de sus actividades “de campo”, (o un libro fruto de una tarea de brujería), con el que se tituló como antropólogo en la UCLA, universidad que imprimió originalmente ese texto, y que luego reimprimiría la gigantesca editorial Simon and Schuster. El Fondo de Cultura Económica publicó en México dicha obra. Jaime García Terrés, en aquel entonces director de la editorial y posteriormente amigo de Castaneda, realizó un trato excelente: por mil dólares, consiguió los derechos del libro y lo publicó en castellano, con portada de Leonora Carrington y prólogo de Octavio Paz.

Fue tal el furor causado por Las enseñanzas que en 1973 la revista Time emprendió –sin éxito- una exhaustiva investigación en México, donde sus reporteros buscaron por varios estados de la república pruebas de la existencia de Don Juan. En el número publicado el 5 de marzo de ese año, Time entrevista a Castaneda y publicó las únicas fotos conocidas de él: un close-up de sus ojos y la imagen de cuerpo entero de alguien que, apoyado en un escritorio de la biblioteca de UCLA, lee un libro y se cubre el rostro con un sombrero de paja.

Amigo de José Agustín, Vicente y Alba Rojo. Héctor Manjarréz y Fernando Benítez, a quienes ve en sus visitas a la ciudad de México, muchos creen que el nombre Carlos Castaneda es un seudónimo, pero ¿eso es importante, para un hombre que desea “borrar su historia personal”, que desea “perder la forma humana”? Juan Tovar, traductor de sus primeras cuatro obras, lo describía así: “de estatura menos que mediana, complexión robusta, color moreno, cabello crespo y fisonomía mestiza”.

La editorial Diana (El Don del Aguila, El Fuego Interno y El Conocimiento Silencioso) ha agotado en México cerca de 250 mil ejemplares, y el FCE tiene ventas y reediciones anuales de hasta 20 mil libros de Las Enseñanzas de don Juan, Una Realidad Aparte, Viaje a Ixtlán y Relatos de Poder, que colocan a Castaneda, en cuanto a ventas, a la altura de autores como Octavio Paz o Carlos Fuentes.

Se dice que Castaneda rechazó la oferta que American Express le hizo de un millón de dólares para que anunciara su tarjeta de crédito en un comercial de apenas 15 segundos, y que tampoco permitió que sus obras se llevaran al cine, "para no ver a Antohny Quinn haciéndola de Don Juan".

Bibliografía
Las Enseñanzas de Don Juan (1974)
Una Realidad Aparte (1974)
Viaje a Ixtlán (1975)
Relatos de Poder (1976)
El Segundo Anillo de Poder (1979)
El Don del Águila (1981, traducción de José Agustín)
El Fuego Interno (1985)
El Conocimiento Silencioso (1988)
El Arte de Ensoñar (1993)
La Rueda del Tiempo (2002)
El Lado Activo del Infinito (2003)