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Wednesday, February 10, 2016

Spectre 007

¿Hasta pronto?
Historia agotada

Ricardo Martínez Garcìa

Alguna vez todos los hombres quisimos ser como Bond. Conquistadores, audaces, intrépidos, fuertes, inteligentes e inquebrantables, tal como el espía británico. Pero en esta última entrega vemos a un Bond inmerso en una gris historia cíclica , predecible y anticlimática.

La cinta, dirigida por Sam Mendes, comienza con un día de muertos en México, en una celebración festivalesca que sobrepasa la realidad. Sin duda es muy vistosa y fantástica la versión fílmica, que recuerda a los festivales en Río con mucho baile y música, pero con la muerte como tema central, y que al final resulta exagerada, como es exagerado el papel que supuestamente tenía la mexicana Stephanie Sigman de chica Bond, pues en realidad aparece solo unos cuantos segundos en pantalla. 
Tal vez esa secuencia inicial sea la más atractiva de la cinta, no solo para el espectador mexicano sino para todo tipo de espectador.

La historia -que tiene algunos pocos momentos divertidos e incluso espectaculares- ya es conocida: Bond se enfrenta a un villano, jefe de los anteriores adversarios que enfrentó y venció el 007, como Le Chiffre, Dominic Green, Silva, todos ellos miembros de una organización criminal llamada Spectre. Esta mente maestra criminal declara haber estado detrás de cada muerte de alguien querido o apreciado para Bond, entre ellos la anterior M (Judi Dench) y Vesper (Eva Green).

Antes de morir, el señor White, uno de sus antiguos enemigos, le da la clave al espía británico para enfrentar a Blofeld (Christoph Waltz) el enigmático líder de Spectre. Con la ayuda de Madeleine Swann (Léa Seydoux), hija del señor White, Bond se traslada a un inhóspito lugar, donde están las instalaciones de Spectre, para enfrentar a ese poderoso personaje, cuyas siniestras intenciones son convertirse en una especie de big brother global y ofrecer mediante la extorsión servicios de seguridad.


Se trata de una cinta irregular, tal vez la de menor fuerza expresiva en esta serie interpretada por Daniel Craig. Ni la inclusión de Christoph Waltz o de Léa Seydoux (ella sí la nueva chica Bond) son suficientes para darle un toque de frescura a la cinta, que adolece de una estructura narrativa y de una historia que ya dio lo mejor de sí y muestra ya signos de agotamiento, convirtiendo a los nuevos personajes rápidamente en los viejos estereotipos ya muy usados. La cinta tiene un efecto de nostalgia, como cuando una serie llega a su fin.

Saturday, February 04, 2012

La Chica del Dragón Tatuado

Lisbeth goes to Hollywood

La heroína sueca versión Hollywood.

Ricardo Martínez García

David Fincher, director de cintas como Seven, La Red Social, El club de la pelea, es el encargado de dirigir este remake de la cinta sueca de Daniel Alfredson basada en la primera parte de la trilogía de novelas escritas por Stieg Larsson titulada Los hombres que no amaban a las mujeres.

Con los papeles protagónicos de Daniel Craig como Mikael Bloomkvist y de Rooney Mara como Lisbeth Salander, la cinta no es tan apegada a la novela de Larsson, sobre todo al final, como sí lo es la de Alfredson. Si bien tanto los libros como las cintas suecas han originado la creación de una nueva heroína, la Salander de Fincher aparece algo desdibujada respecto a la Salander interpretada por Noomi Rapace, más fiel al personaje creado por Larsson, o mejor dirigida por Alfredson.

Si bien la propia historia en el libro se toma su tiempo para desarrollar la trama, en la cinta de Fincher las cosas adquieren cierta dinámica propia del ritmo fílmico, que debe ser más rápido. Aún así la cinta dura 157 minutos, pues nos muestra los cambios de historias, investigaciones, etc., en esta trama que va de un periodista que es contratado por un poderoso industrial para que averigüe lo ocurrido a una sobrina desaparecida cuarenta años atrás. La historia entraña a asesinos múltiples que se ensañan en cierto tipo de mujeres.

En la cinta de Fincher la Salander no es mostrada tan hábil con las computadoras como en la de Alfredson, ni tan desadaptada social pero a la vez tan inteligente. Definitivamente la comparación favorece a la cinta de Alfredson, aunque la de Fincher no está mal, sobre todo si no se pudo ver la del director sueco.

Tuesday, November 11, 2008

Quantum of Solace


Todos queremos ser Bond
Ricardo Martínez García
¿Quién no quisiera ser James Bond? Es un tipo varonil, rudo, frío, sumamente eficaz en su trabajo, el cual requiere de conducir desde Aston Martins hasta desvencijadas camionetas, viajar por todo el mundo y todo lo que hace un espía al servicio de su Majestad, conquistar y hacerles el amor a hermosas mujeres desde el primer día y ser casi indestructible sin llegar a convertirse en un súper héroe de los de la Marvel, más cercano a Rambo o al robot aquel de Terminator
.
Bond además es un hombre que como cualquiera, tiene deseos de venganza, de dirigir su ira hacia aquellos que causaron la muerte de su amada (porque de manera increíble en la cinta anterior, Casino Royale, James aparentemente se enamoró de verdad de la guapísima Vesper (Eva Green).

Daniel Craig da vida formidablemente a este Bond, más resentido y cruel que nunca, del cual hasta su jefa M (Judi Dench) en algún momento desconfía, suponiendo que el agente británico pudiera haberse pasado a las filas del enemigo (que no es uno sino muchos y de diversa índole), cuando en realidad Bond representa la quintaesencia de la fidelidad a la Corona y a su “deber” de patriota.

La fidelidad y el patriotismo de Bond no son tan evidentes como pudiera suponerse: no lo vemos en ningún momento envolverse en la bandera británica ni nada por el estilo. Al contrario, lo vemos metiéndose en medio de mafiosas y corruptas transacciones en las que las “nacionalidades” no significan gran cosa, que evidencian el carácter antihumano y agiotista que impulsa a algunas grandes corporaciones o conglomerados, los cuales hipócritamente dicen estar a favor de la conservación del medio ambiente, mientras que bajo la mesa se hacen de los recursos naturales de países enteros.

Dominic Greeene (Mathieu Amalric, el estupendo actor de La Escafandra y la Mariposa), encabeza una organización que pone su poder económico al servicio de un depuesto y corrupto líder boliviano, el general Medrano (Joaquín Cosío) en busca de apropiarse de los recursos hidráulicos de ese país, recursos que son ahora el nuevo oro deseado por los avorazados de siempre y que dará riqueza a estas organizaciones: quien controle su abasto, tendrá o mantendrá el poder.

En dichas transacciones están involucrados empresarios de las grandes potencias, agentes encubiertos de la CIA, del M16 y vaya a saberse de cuántas organizaciones secretas más. La misión de Bond así, es por partida doble: una, de carácter privado, la búsqueda del asesino de Vesper, que se mezcla inexorablemente con su deber como agente secreto, encontrar al villano señor White, que a su vez lo conduce a Greene y su aristocrático mundo empresarial corrupto.

El joven director suizo Marc Foster logra darle a la cinta un ritmo vertiginoso bien distribuido, en los que no importa saber la razón de tantas persecuciones, caídas y malabares, sino el deleite visual y la tensión emocional que tales acciones producen en el espectador. La película por eso es muy buena dentro del género de acción, pero también aprovecha la historia -casi de modo subrepticio- para mostrar con cierta profundidad una postura y preocupación de carácter ecológica y geopolítica: pronto los territorios con agua (y ya no tanto los que tienen petróleo) serán los más codiciados, los que provoquen las disputas o guerras entre las grandes potencias. Es una visión del futuro próximo de la cual ya hemos oído hablar –la inminente escasez mundial de agua- pero tal vez no lo suficientemente y de la que es muy fácil olvidarse.

La cinta es un producto para todo tipo de espectadores: hay romance, aventura, intriga, violencia, paisajes espectaculares, belleza femenina, en suma los ingredientes necesarios (bien manejados) para crear una atmósfera fílmica ligeramente ominosa, con sus pequeños momentos divertidos y que en conjunto garantiza un buen rato para cada espectador.
La historia de Casino Royale tiene un toque ligeramente inclinado hacia la relación romántica de Bond y Vesper, mientras que en Quantum of Solace el ambiente que predomina es de ira contenida, de revancha o deseo de hacer justicia por propia mano. La bella Camille (Olga Kurylenko, no tan sensual pero más actriz que como aparece en la cinta Max Payne), compañera de aventuras en turno del 007 y más chica Bond que la casi desapercibida señorita Fields (Gemma Arterton), logra arreglar cuentas con su antiguo ofensor, el general Medrano, pero ¿Bond lo logra con los suyos?