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Wednesday, June 17, 2015

Crímenes ocultos

Infancia y guerra

El peso de la ideología


Ricardo Martínez García.

La cinta Crímenes Ocultos (15), está basada en el libro de Tom Rob Smith, Child 44, que corresponde al título original de la película. Se trata de un niño huérfano, producto de las situaciones sociales generadas en Rusia, luego de la Revolución Bolchevique y sus consecuencias, pues al consolidarse Stalin en el poder, realizó un barrido de opositores a sus políticas industrializadoras, conocido como la Gran Purga, en 1930, lo cual dio como resultado una gran cantidad de niños huérfanos. Tal es la historia al menos, que se cuenta al inicio de la cinta.

Dirigida por Daniel Espinosa, la película se centra en un niño que logra sobrevivir al orfanato, volverse soldado y convertirse en un propagandístico héroe de guerra. Este soldado, Leo Demidov (Tom Hardy) se convierte en un policía del estado. Consigue casarse con Raisa (Noomi Rapace) y ambos viven en un denso y adverso ambiente político.

La trama poco a poco nos deja ver algunos aspectos del terror, el control, la censura o la completa intolerancia a cualquier otra verdad que no sea la que emiten las instituciones políticas, dominadas por una ideología que defiende a ultranza al régimen comunista. “En el paraíso no hay asesinatos” es una frase que se enarbola como bandera de identidad de lo que supuestamente es el régimen comunista instaurado por Stalin: un paraíso. Lejos de eso, sí que había asesinatos, pero en la versión oficial son convertidos y reportados como meros accidentes.

El descontento y la descomposición social que va generando esa ideología apologetizadora del comunismo ante un decadente capitalsmo (que también tiene sus propios pecados), produjo más dramas de las que es capaz de evocar la cinta.

La denuncia social implícita se vuelve un motivo de reflexión, ante las nuevas formas de ideología y de propaganda que nos han tocado vivir en esta era de la globalización, pero se va diluyendo conforme avanza la película, enfocada ya en el caso detectivesco que desarrolla Leo, quien logra la colaboración de un general retirado, Mikhail Nesterov (Gary Oldman), en la búsqueda del llamado carnicero de Rostov. Tal búsqueda los llevará a descubrir graves secretos.


Las actuaciones de Rapace y de Hardy son de lo mejor de la cinta, la cual, luego de un inicio más o menos histórico confuso, se consolida como un thriller, que va ganando en emociones conforme se acerca al final. Raisa se da cuenta de que su esposo Leo es diferente a los demás miembros de la policía estatal, cuya sola presencia generaba temor a los que los trataban. Buena cinta para un fin de semana.

Wednesday, February 15, 2012

El espía que sabía demasiado

En algunos lugares lo llaman El Topo

¿Jaque mate al espía?

Ricardo Martínez García.

Al final de la Segunda Guerra Mundial los que hasta entonces habían sido aliados se vuelven adversarios a lo largo del periodo histórico llamado “Guerra Fría”. Los Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrascaron en una competencia por desarrollar armas cada vez de más alcance y capacidad de destrucción. En esa competencia, los trabajos de inteligencia, y de espionaje y contraespionaje fueron cosa de todos los días. Cada bando tenía agentes instalados en las bases enemigas, tratando de obtener información vital para enfrentar a los adversarios. Hubo incluso agentes dobles, que ya no se sabía claramente a qué bando pertenecía.

Tratos con agentes que desertan de su patria son relatados en novelas como La reina en el palacio de las corrientes de aire, de Stieg Larsson, llevada a la pantalla grande por Daniel Alfredson, en la que es la última parte de la trilogía de libros y películas conocidas como Millenium. Otra novela que aborda el tema, pero con agentes británicos que se dan cuenta de que han sido infiltrados por un agente doble que trabaja para los soviéticos es la que ha llevado al la pantalla grande el director sueco Tomas Alfredson. Esta cinta está basada en la novela de John Le Carré titulada Tinker Taylor Soldier Spy, y que ha sido subtitulada como El Espía que Sabía Demasiado (2011).

Como toda película de espías que se precie, la trama es algo enredada, con nombres y situaciones, encubrimientos, burocracia, traiciones, inteligencia aplicada casi de modo detectivesco e incluso pinceladas de amor. Los agentes de uno y otro bando son como las piezas de un gran ajedrez en el que no se sabe quién es el que realmente mueve las piezas.

El protagonista es el agente George Smiley (Gary Oldman), que es despedido pero luego requerido para una misión delicada: identificar quién es ese agente doble que ha estado mandando información confidencial al bloque soviético. Es una cinta que tal vez requiera de verse más de una vez, con al menos dos fines: enterarnos bien de quién es quién y gozar del trabajo actoral no solo de Gary Oldman, gran candidato al Oscar, sino de todo el elenco, que incluye a grandes actores como John Hurt, Colin Firth, Mark Strong, Toby Jones y un largo etcétera.

Al final de la cinta todo se resuelve aparentemente bien, pero ¿no será que en el juego del espionaje en realidad no hay ganadores?

Sunday, February 21, 2010

El libro de los secretos


Visiones apocalípticas

Ricardo Martínez García

A lo largo de la historia de la literatura universal de vez en cuando aparecen noticias o rumores de libros secretos, esotéricos o no aptos para todo el público, que contienen conocimientos considerados peligrosos por su poder evocativo, regulatorio o francamente subversivos, sean de carácter político, religioso o social.

Así, en El Nombre de la Rosa (Annaud, 86), por ejemplo, la trama gira en torno a un libro de Aristóteles –el titulado Poética- que ridiculiza el culto divino según cierta interpretación, la cual hace que los monjes benedictinos medievales que poseen una copia única la consideren prohibida, no solo para el gran público sino para sí mismos.

En la literatura es famoso Howard Phillips Lovecraft por sus cuentos de terror, sobre todo Los Mitos de Cthulu, en los que crea toda una bibliografía fantástica de ciertos libros secretos, exclusivos para iniciados en ritos satánicos y monstruosos.

En El libro de los secretos, de los hermanos Albert y Allen Hughes (The Book of Eli, 10), el mundo o al menos los Estados Unidos han sufrido la tercera guerra mundial, que ha dejado en ruinas casi todo. En medio de paisajes apocalípticos, que recuerdan a Mad Max (Miller, 79) y de algún modo a 9 (sí, la cinta animada de Shane Acker, 09), el caminante Eli (Denzel Washington, en un personaje cuyo nombre hebreo significa algo así como el sublime) se ha fijado como misión llegar al Oeste, específicamente a la isla de Alcatraz, antigua cárcel inexpugnable devenida en refugio de la cultura universal, para entregar un libro que sólo él posee.

Ese mismo libro es buscado por Carnegie (Gary Oldman), que supone que el libro le puede dar poder sobre los pocos habitantes del mundo sobrevivientes. Para encontrarlo manda a unos salvajes pero analfabetas secuaces a confiscar todos los libros que puedan. El desenlace de la cinta recuerda aquellas historias de algunos judíos recluidos en los campos de exterminio de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y quienes eran capaces de recordar de memoria la totalidad de los textos que ellos consideran sagrados, para no hablar de las doctas interpretaciones de las que eran capaces.

Por momentos la cinta muestra una fotografía excelente que hace recordar con fuerza a Gabriel Figueroa y el trabajo característico que hizo en asociación con Emilio El Indio Fernández. Solo por esas imágenes y su evocación vale la pena ver esta cinta.