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Friday, April 17, 2015

Kingsman, The Secret Service

Competencia al 007
Los nuevos caballeros
Ricardo Martínez García

La nueva cinta de Matthew Vaughn , quien ha dirigido entre otras las películas Kick Ass 1 y X-Men Primera Generación, está basada en la serie de cómics de espías escritos por Mark Millar y Dave Gibbons titulada Kingsman Servicio Secreto (15).

Un ñoño y rico empresario de las telecomunicaciones, Richmond Valentine (Samuel L. Jackson) decide que el mundo está sobrepoblado, así que desea hacerle un favor a la Tierra y eliminar a unos cuantos millones de habitantes, a través de sus teléfonos celulares. En su camino, muy a su pesar, se cruzan los agentes de una organización súper secreta que se autodenominan Kingsman, una suerte de órden de caballeros modernos cuya misión es preservar la paz y la armonía en la sociedad, usando para tal fin todos los adelantos tecnológicos y las habilidades de los agentes secretos.

Harry Hart (Colin Firth) es un súper agente, el prototipo de Kingsman, quien se encarga de enrolar para la organización al hijo de un agente caído en combate, el joven Gary “Eggsy” Unwin (Taron Egerton). Vemos a Eggsy sobresalir en casi todas las pruebas a las que es sometido, y luego participar activamente en el combate contra Valentine.

En medio de muestras de la mejor flema inglesa y de su peculiar sentido del humor (efectivo casi siempre), la narración es fluida y entretenida, con luchas, escenas de acción muy bien logradas, con las exageraciones en efectos especiales propias del género (muy buenos por cierto), además de un estupendo trabajo del equipo actoral, que incluye además de a Jackson y a Firth al experimentado Michael Cain y a Mark Strong, cuyo resultado es el de una película disfrutable, sin mayores pretensiones.

Del mismo tenor que las cintas del Agente 007, Kingsman se inclina más por un argumento más ligero, pero no por eso menos entretenido, menor acción y efectos especiales.

Wednesday, February 15, 2012

El espía que sabía demasiado

En algunos lugares lo llaman El Topo

¿Jaque mate al espía?

Ricardo Martínez García.

Al final de la Segunda Guerra Mundial los que hasta entonces habían sido aliados se vuelven adversarios a lo largo del periodo histórico llamado “Guerra Fría”. Los Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrascaron en una competencia por desarrollar armas cada vez de más alcance y capacidad de destrucción. En esa competencia, los trabajos de inteligencia, y de espionaje y contraespionaje fueron cosa de todos los días. Cada bando tenía agentes instalados en las bases enemigas, tratando de obtener información vital para enfrentar a los adversarios. Hubo incluso agentes dobles, que ya no se sabía claramente a qué bando pertenecía.

Tratos con agentes que desertan de su patria son relatados en novelas como La reina en el palacio de las corrientes de aire, de Stieg Larsson, llevada a la pantalla grande por Daniel Alfredson, en la que es la última parte de la trilogía de libros y películas conocidas como Millenium. Otra novela que aborda el tema, pero con agentes británicos que se dan cuenta de que han sido infiltrados por un agente doble que trabaja para los soviéticos es la que ha llevado al la pantalla grande el director sueco Tomas Alfredson. Esta cinta está basada en la novela de John Le Carré titulada Tinker Taylor Soldier Spy, y que ha sido subtitulada como El Espía que Sabía Demasiado (2011).

Como toda película de espías que se precie, la trama es algo enredada, con nombres y situaciones, encubrimientos, burocracia, traiciones, inteligencia aplicada casi de modo detectivesco e incluso pinceladas de amor. Los agentes de uno y otro bando son como las piezas de un gran ajedrez en el que no se sabe quién es el que realmente mueve las piezas.

El protagonista es el agente George Smiley (Gary Oldman), que es despedido pero luego requerido para una misión delicada: identificar quién es ese agente doble que ha estado mandando información confidencial al bloque soviético. Es una cinta que tal vez requiera de verse más de una vez, con al menos dos fines: enterarnos bien de quién es quién y gozar del trabajo actoral no solo de Gary Oldman, gran candidato al Oscar, sino de todo el elenco, que incluye a grandes actores como John Hurt, Colin Firth, Mark Strong, Toby Jones y un largo etcétera.

Al final de la cinta todo se resuelve aparentemente bien, pero ¿no será que en el juego del espionaje en realidad no hay ganadores?

Monday, February 28, 2011

El discurso del Rey


El símbolo de un imperio

Ricardo Martínez García

El director británico Tom Hooper narra en El discurso del Rey (11) la historia del rey George VI de Inglaterra, de cómo llega al trono luego de que su hermano mayor se ve presionado para abdicar, pero sobre todo de cómo lucha contra su tartamudez.

Bertie (Colin Firth, como siempre en plan grande) es un hombre inseguro que no soporta hablar en público, a tal grado que su esposa, la princesa Elizabeth y madre de la actual reina, (Helena Bonham Carter) busca con insistencia un remedio a su problema de lenguaje, y peregrina entre doctores hasta que da con el desconchado consultorio del terapista Lionel Logue (un estupendo Geoffrey Rush) y comienza el arduo trabajo por hacer su discurso medianamente fluido.

Es la interesante historia de una inesperada amistad, de un periodo histórico de la Inglaterra de la primera mitad del siglo XX, de grandes y terribles retos, de una nación y su representante, el rey, quien ha de dar la cara aunque no sea él precisamente quien tome las grandes decisiones, quien es cabeza de una monarquía pero cuyo papel es más modestamente representativo.

La lucha que realmente lleva a cabo Bertie es contra sí mismo, contra sus traumas y frustraciones alimentados desde la infancia, contra su inseguridad acrecentada por su propia familia. La ayuda que Lionel le ofrece es la de mostrarle cómo ser espontáneo, de soltarse un poco de esa rigidez que no lo deja ser él mismo. Lionel es un personaje aparte: es un amante de Shakespeare, medio psicólogo y terapeuta a la vez, cuyos métodos heterodoxos causan escozor en algunos personajes cercanos al entonces príncipe e inminente rey.

Se trata de una cinta de época bellamente realizada, divertida, con escenarios fastuosos (que contrastan con el consultorio de Lionel), excelentes actuaciones, buen ritmo y que enfatiza dos cosas: el valor extraordinario de la imagen del rey inglés y el valor más palpable de una gran amistad.

Saturday, August 14, 2010

El Retrato de Dorian Gray


Los años no pasan por él
La Edad de la Perversión

Ricardo Martínez García

Un inocente y joven hombre entra, por azares del destino y de una jugosa herencia, a los círculos aristocráticos en Londres y comienza una vida llena de depravaciones, alentadas por el cinismo e hipocresía de esa misma sociedad, representada en quien se supone su protector y amigo. A grandes rasgos es ésta la trama que manifiesta El retrato de Dorian Gray (Dorian Gray, 09) la clásica obra del famoso escritor irlandés Oscar Wilde, llevada a la pantalla grande en esta ocasión por Oliver Parker.

Sin tratos diabólicos a la vista pero sí con toda la natural perversión de la que es capaz el ser humano, esta cinta nos presenta a un Dorian Gray más que apuesto (el excelente actor británico Ben Barnes, que tiene un parecido a Keanu Reeves pero es mucho más expresivo que éste), símbolo de la juventud y la belleza que se vuelve un asiduo a las fiestas aristocráticas y fiel seguidor de la filosofía cínica y vitalista de lord Wotton (el no menos excepcional Colin Firth), aunque el mismo lord no sea coherente con lo que predica.

Wilde fue un escritor de grandes dotes de observador social, sus jucios reflejan una visión aguda y mordaz, constantemente muestra los detalles, los defectos más notorios y divertidos de su sociedad a lo largo de sus escritos. La vanidad de la alta clase social a la que tuvo acceso le hicieron ver lo superfluo de sus vidas, que consistía para la gran mayoría en buscar la mayor cantidad posible de placeres, en el desenfreno disfrazado de liberalismo o en romper cualquier tipo de limitaciones morales. 
 
“Hoy en día, tanta gente engreída anda por la sociedad pretendiendo ser buena que yo pienso mostrar al contrario una dulce y modesta disposición a ser malo”, dice lord Darlington, uno de los personajes de El abanico de Lady Windermere, obra de teatro de Wilde, personaje como el también lord Wotton, pero Dorian Gray no muestra esa pequeña y modesta predisposición sino que se mete con todo y de lleno en el mundo desenfrenado de las pasiones. Dorian Gray pasa de una campirana inocencia a una cosmopolita perversión a instancias de Wotton, pero todo tarde o temprano tiene su costo, pareciera ser la moraleja.

El retrato de Dorian Gray, la hermosa pintura que realiza Basil, deviene en una especie de terrible fetiche que ensalza en primera instancia esos dos grandes “valores” humanos, la juventud y la belleza, pero que ignora su propia naturaleza temporal y transitoria, y en esa vanidad lleva su castigo. La obra de Wilde muestra el camino torcido de unos valores que no buscan la trascendencia sino el goce de lo inmediato que busca prolongarse indefinidamente, cayendo en una contradicción insostenible.

La cinta de Parker -que ha filmado también cintas como la shakespereana Otelo y las obras de Wilde The Importance of Being Earnest y An Ideal Husband- es una de esas raras piezas que son como obras de arte por su hechura, realización escénica, mínimos pero efectivos efectos visuales y excelente dirección dramática. No deje de verla.

Tuesday, December 15, 2009

Buenas Costumbres


Diálogos y personajes inteligentes y divertidos

Ricardo Martínez García

Buenas costumbres es una cinta de época costumbrista sobre cierta aristocracia británica que nos remite de inmediato a los ambientes familiares narrados por Jane Austen en Sensatez Y Sentimientos o en algunos cuentos de Virginia Woolf, pero con la peculiaridad de introducir un elemento discordante en esa sociedad en los años veinte: la bella esposa americana de John Whittaker (Ben Barnes), el hijo aventurero que regresa a la palaciega casa familiar para presentarla a sus parientes.

Larita Whittaker (Jessica Biel, que presenta un trabajo sobresaliente) es una hermosa y joven mujer adelantada a su tiempo, avispada e inteligente conductora de autos de carreras, que se casa con el joven John porque es un alma pura e intachable. Pero el encuentro con la familia de su esposo, sobre todo con su suegra Verónica (Kristin Scott-Thomas, siempre en plan grandioso) resulta cada vez más complicado: a pesar de la cortesía con la que se tratan, entablan ingeniosas conversaciones en donde descargan toda su mordacidad una contra otra, como si se tratara de personajes de El Abanico de Lady Windermere, obra sensacional de Oscar Wilde.

La belleza, frescura e ímpetu de Larita pronto contrasta con el anquilosado estilo inglés de vida familiar de los Whittaker y hace obvios sus prejuicios e idiosincracia. Con el único que medianamente congenia es con Jim Whittaker (Colin Firth, haciendo una vez más alarde de su capacidad histriónica y de sus dotes para el tango), su suegro y ex capitán en el ejército británico, atormentado por su experiencia en la guerra.

El director Stephan Elliot presenta esta comedia romántica que a ratos parece una incisiva y crítica disección de la aristocracia y de sus pequeños secretos, de sus hipocresías y envidias, todo ambientado magníficamente en la hermosa campiña británica y musicalizada con piezas de charleston y música popular norteamericana de principios del siglo XX.

Basada en la novela del escritor británico Noël Coward Easy Virtue, el ritmo de esta cinta pareciera sugerir una ligereza de estilo de vida de la familia Whittaker, en la que aparentemente su estilo de vida es de sibaritas, pero que en el fondo esconde situaciones maritales, familiares, económicas y sociales que nadie se atreve a reconocer. Ciertos estilos y situaciones de vida, como el de Larita y el de Jim Whittaker, son incomprendidos o de plano juzgados con los prejuicios de una clase social enclavada en una tradición de siglos.

Se trata de una excelente película que en su ritmo sutil y ameno encierra algo más que una comedia de situaciones familiares. No deje de verla.

Friday, November 27, 2009

Génova


Sencillez y elegancia

Ricardo Martínez García

El cineasta británico Michael Winterbottom entrega un trabajo preciosista con su cinta Génova, un drama que enfatiza la importancia del bienestar familiar, de los valores como el amor filial y fraternal, la amistad y el compañerismo, a través de un guión bastante sencillo y filmada en bellas locaciones de la extraordinaria ciudad italiana del título, con sus construcciones, iglesias y paisajes costeros, además musicalizada exquisitamente con piezas de Satie y de Chopin entre otros. El resultado es bastante agradable y sin pretensiones.

Un desafortunado accidente automovilístico deja a Joe (Colin Firth) viudo prematuramente. Sus hijas Mary y Kelly sobreviven al accidente pero con secuelas traumáticas que no logran identificar sino con el paso del tiempo.

Con el fin de olvidar o de recuperarse del terrible golpe emocional, Joe decide llevar a sus hijas a Génova, donde a través de su amiga Barbara (Katherine Keener) ingresa a una universidad a dar clases.

El peso dramático lo aporta en primera instancia Mary (Perla Haney-Jardine), quien por ser la más pequeña de la familia sufre de modo más directo la pérdida de su madre, además de culparse por su muerte.

La reconstrucción de esta familia, traumatizada por una pérdida de tal magnitud, es muy lenta y complicada, sobre todo cuando cada uno debe ocuparse de sus propios deberes. El hecho de que Kelly (Willa Holland) está en plena pubertad le hace ver su suerte a Joe, que tiene que lidiar con ciertos aspectos de su rebeldía.

El balance que logra Winterbottom entre la cotidianidad herida de la familia y los preciosos lugares en que filma su cinta, el sabor cosmopolita que se percibe en la convivencia general es algo que sobresale en esta cinta exhibida en la presente Muestra Internacional de Cine en la Cineteca. Se trata de una película de primer nivel pero a la vez sin pretensiones, no deje de verla.

Wednesday, May 27, 2009

Reencuentro

Reencuentro

Ricardo Martínez García


La ya veterana actriz Helen Hunt debuta como directora con la cinta Reencuentro (Then she found me, 07), un trabajo personal con un guión escrito por ella misma, a partir de una novela, del mismo título en inglés, de Elinor Lipman, que ofrece una visión de la  confrontación entre el deseo de una maestra de kínder de tener hijos, con las situaciones amorosas que vive, aunado al hecho de conocer a su madre biológica en plena madurez.

Hunt es una actriz prolífica con una carrera que comienza en su infancia y que ha trabajado tanto en cine como en televisión. Su trabajo, que en cantidad y calidad tal vez solo podría ser comparado con el de Jodie Foster pues ambas comenzaron siendo niñas, incluye un Oscar como mejor actriz en 1996 por Mejor Imposible, así como un Emy y un Globo de Oro por la serie Mad About You.

April Epner es una casi cuarentona (aunque la Hunt cumplirá 46 el próximo 15 de junio) que desea un bebé luego de casarse con Benjamin Green (Matthew Broderick, al que no se le quita el aspecto de adolescente a pesar de los años, aunque ahora está algo más llenito).  Luego de intentarlo durante casi un año, sin conseguirlo, Ben decide abandonarla, dejándola luego de tener sexo con ella.

En su desconsuelo, April comienza a relacionarse con Frank (Colin Firth), un divorciado que tiene a sus hijos en el kínder donde trabaja ella. El amor que sienten mutuamente se mezcla a los sentimientos encontrados que ella experimenta a partir del reencuentro con su madre biológica, Bernice Graves (Bette Midler, que con su sola presencia es el antídoto para la parquedad y seriedad de la Hunt), una conductora de televisión al estilo de Ophra Winfrey.

Al dejar abierta la relación con su esposo Ben, y luego de ese último encuentro sexual, April queda embarazada, con lo que su relación amorosa con Frank se complica más de lo debido. Entendiblemente éste se enoja al darse cuenta de que ella se ha visto con su esposo, del que se suponía estaba separada. Hunt ofrece aquí su mirada más fría y escrutadora sobre los motivos que llevan a alguien a buscar a la otra persona. April busca ser madre pero se resiste a aceptar a la madre que no buscaba, echándole en cara su decisión de darla en adopción. Busca también el amor, pero se resiste a dejar ir al que ya no es, aunque le ofrece el beneficio de participar en el proceso del embarazo, pero a su vez lastimando sin querer al nuevo prospecto, con quien en un momento dado se sintió hasta en familia.

La trama, que está de alguna manera inmersa en contextos religiosos judíos, llega a un anticlímax cuando ella pierde al feto a las diez semanas de gestación. La tristeza que esto genera en April es de los mejores momentos interpretativos de Hunt.

Siguiendo los consejos de su madre, April al final se decide por la adopción, con lo que reinicia el ciclo que ella misma vivió al ser adoptada y criada por una familia judía.

Un dato curioso es el cameo que realiza el escritor británico hindú Salman Rushdie, a petición seguramente de Hunt, como el tranquilo ginecólogo que le hace los ultrasonidos a April, y que pregunta si falta alguien cuando ella se hace acompañar por Ben y Frank en una revisión, o el que respetuosamente escucha las plegarias en hebreo que April recita en su segunda revisión, acompañada solo de su madre.

La cinta tiene sus momentos conmovedores, alegres (debido a la gracia natural de Midler), y románticos. La directora logra darle un ritmo tal que resulta atractiva para casi cualquier espectador sensible. Más de uno se verá reflejado en las situaciones planteadas de manera realista en las escenas.