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Friday, October 16, 2015

El Agente de Cipol

Amigos y adversarios
Vistazo Retro

Ricardo Martínez García

En 1953 el escritor inglés Ian Fleming publicó su primera novela en la que aparece el agente 007 James Bond, el personaje más famoso de los servicios secretos de la Corona Británica, y cuyo estilo narrtivo ha influido ampliamente en el mundo televisivo y cinematográfico. Fleming murió en 1964, luego de escribir más de una docena de novelas con Bond como protagonista.

La serie de televisión “El Agente de Cipol” fue producida entre 1964 y 1968 por la cadena norteamericana NBC. El argumento estaba ubicado durante la llamada Guerra Fría, e irónicamente dos agentes, uno norteamericano y otro ruso, se ven reunidos para enfrentar a una organización criminal que ha rebasado a las autoridades de ambas naciones. Los protagonistas eran Napoleón Solo (Robert Vaughn) e Illya Kuriakin (David McCallum).

Es de esa serie de la que toma inspiración el director británico Guy Ritchie para su nueva película “El agente de Cipol” (2015), en la que los actores Henry Cavill y Armie Hammer dan vida a Solo y a Kuryakin respectivamente. La propuesta cinematográfica de Ritchie resulta una combinación de frescura y a la vez de homenaje a la serie de los sesenta. (La franquicia que protagoniza Tom Cruise hace lo propio pero a partir de una serie más o menos contemporánea a la del Agente de Cipol: Misión Imposible).

Solo y Kuryakin compiten por rescatar a la hija de un científico nuclear alemán, el cual es obligado a construir una bomba por una organización criminal. Solo gana la partida, logrando poner a salvo a Gaby (Alicia Vikander), pero a partir de ahí se ven obligados a emprender una misión en conjunto, bajo el mando de Alexander Waverly (Hugh Grant, ya lejos de los papeles de galán), generando situaciones que van de lo combativo a lo colaborativo.

Aunque la película tarda ligeramente en tomar ritmo, cuenta con buenas dosis de humor y una trama que genera intriga y expectación. Ritchie lleva a cabo una buena película homenaje a aquella serie de televisión, cuya historia deja de lado el peligro inminente de una guerra nuclear entre las dos potencias de entonces, para centrarse en el combate a las organizaciones criminales que eventualmente representaban amenazas más inmediatas a la precaria estabilidad geopolítica durante ese periodo de la postguerra.


Como de costumbre en las cintas de Ritchie, es de destacar el sonido, así como el trabajo recopilatorio realizado para el soundtrack; mención particular merece la adecuada fotografía y el uso mesurado de los efectos especiales, dando prioridad a la escenografía y a las actuaciones.

Sunday, January 31, 2010

Sherlock Holmes


Guy Ritchie se pone clásico

Ricardo Martínez García

El Sherlock Holmes de Guy Ritchie es un ejercicio fílmico de un cineasta que ha logrado alcanzar su madurez, y lo hace con un tema clásico de la literatura popular británica, desde su visión particular pero sin dejar de lado la esencia del genial personaje creado por sir Arthur Conan Doyle.

El método detectivesco fundamentado en la observación y en la deducción, tan desarrollado por Sherlock Holmes y que es un elemento esencial en el personaje literario llevado a extremos próximos a la grosería de tan exactos, es respetado por Ritchie, no así algunos excelentes elementos ambientales o escenográficos, pero esto en la cinta del ex de Madonna se agradece, pues con ello logra un trabajo redondo: es entretenido, hay un misterio que resolver, los personajes protagónicos corren aventuras y romances y finalmente los malos no se salen con la suya.

El intercambio de diálogos entre Holmes y su inseparable compañero Watson (Robert Downey Jr. y Jude Law, ambos en una de sus mejores interpretaciones) son divertidos e ingeniosos, así como la picardía de Irene Adler (Rachel McAdams, preciosa y audaz ladrona objeto amoroso de Holmes), lo que hace que sean personajes simpáticos y con los cuales el espectador se identifica plenamente.

Holmes y Watson a ratos parecen dos esposos que se llevan tan bien que a cada rato quieren separarse pero sin lograrlo, se conocen tan bien que es un gusto verlos interactuar. No son como los personajes sobrios que dibuja Conan Doyle sino son mucho más intensos, algo que los puristas han rechazado. Ritchie adereza de modo muy lúdico la esencia de los relatos de Conan Doyle y ofrece un producto divertido, ameno, atractivo para las grandes audiencias que no necesitan haber leído los relatos detectivescos originales para disfrutarlos. Incluso aquellos que sí los hayan leído podrán ver que la transformación mantiene la esencia del personaje y la recreación es más que buena. No deje de verla si le gustan las cintas de detectives al estilo clásico.


Tuesday, January 13, 2009

Rocknrolla


La Fascinación Cinematográfica por la Delincuencia
Ricardo Martínez García

Si hay algo que tienen en común cineastas como Guy Ritchie, Quentin Tarantino, Roger Donaldson o David Mamet (solo para mencionar a mis preferidos), es la fascinación, el gusto que sienten por el mundo del hampa, de la delincuencia y el bajo mundo del crimen para reflejarlo en complejas y divertidas tramas.

Cintas como Perros de Reserva (o Pulp Fiction), Lock, Stock and Two Smoking Barrels, El Robo del Siglo o Asalto ofrecen diferentes visiones del universo del hampa, dependiendo del reflejo de la personalidad de cada uno de esos grandes directores.

En México se exhibió hace poco Revolver (06), pero ahora se encuentra en cartelera Rocknrolla, el más reciente trabajo de Guy Ritchie cinta que probablemente reivindica un poco su trabajo luego de la irregular y casi fallida cinta anterior.

Los excéntricos, salvajes y a veces divertidos personajes creados por Ritchie siguen siendo del tipo de grandes corruptos como el mafioso Lenny Cole (un estupendo y veterano Tom Wilkinson), y su lugarteniente Archy (el casi gemelo de Andy García, Mark Strong) que se pasan la vida negociando por debajo del agua con concejales o funcionarios públicos no menos corruptos para conseguir muy ventajosos cambios de uso de suelo con el fin de construir bienes inmuebles -algo con lo que posiblemente estén familiarizados ciertos funcionarios de las delegaciones Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón, Cuauhtémoc y otras en la Ciudad de México- o entrevistándose con poderosos inversores rusos asentados en Londres que desean gastar un poco de dinero para conseguir los permisos correspondientes.

Ese escaso dinero ruso puede llegar a sumar tranquilamente unos catorce millones de euros, los cuales son escamoteados a instancias de la ambiciosa contadora al servicio del multimillonario Obamavich (Karel Roden), la bella Stella (la morenaza y delicada actriz Thandie Newton, novia de Tom Cruise en Misión Imposible), encargando el robo del dinero a un trío de despistados e ineptos delincuentes encabezados por el señor “Uno Dos” (el muy versátil Gérard Butler, famoso por El Fantasma de la Òpera y por 300) y sus socios El Guapo Bob (que al salir del clóset y a punto de entrar en prisión logra que Uno Dos haga algo con él, y de lo cual éste no quiere que nadie se entere) y el fortachón Mumbles.

También está el hijastro de Cole, el clavadísimo yonky Johnny Quid, un frustrado músico del punk que finge su muerte (“un rockero muerto vale mucho más que uno vivo”) y que es quien introduce el elemento caótico en todo el sistema corrupto productor de grandes cantidades de dinero al robar un cuadro.

No todo en la cinta de Ritchie es ficción: en Madrid, Londres y algunos otros lugares de Europa de vez en vez estallan casos de la vieja “corrupción urbanística” (o de cualquier otro tipo) involucrando a funcionarios públicos, alcaldes, concejales o munícipes que se encargan de conseguir como sea -y cobrando enormes comisiones- permisos para que empresas gigantes construyan viviendas o edificios en lugares donde estaba prohibido. Gente como Pedro Antonio Torrejón, Joaquín Tejeiro, Antonio Reino, María de la Poza, José Luis Tello, y otros son algunos funcionarios españoles que han sido señalados por haberse beneficiado con negociaciones turbias de ese tipo (ver http://www.elmundo.es/especiales/2006/11/espana/corrupcion_urbanistica/mapa/madrid.html).
También están esos personajes rusos mafiosones inmensamente ricos que son una clara alusión a gente como el multimillonario Roman Abramovich, conocido por ser el dueño del equipo Chelsea de la Premier League, y por su afición a las obras de arte; hasta el nombre del personaje en la película es parecido. ¿Acso le sabrán algo al señor Abramovich?

La cinta de Ritchie cuenta con gran cantidad de ingredientes audiovisuales manejados a veces a gran velocidad, como la voz en off de Uno Dos que al inicio de la película nos explica el contexto e introduce a los personajes, así como los delirantes diálogos (los subtítulos cambian tan rápido que se hace recomendable no leerlos sino tratar de entender directamente el inglés si es que no resulta demasiado callejero para ser entendible) o las escenas de acción; otras veces dichos elementos son presentados con marcadas pausas para enfatizar un estado subjetivo (como cuando Johnny Rocknrolla se droga y sufre los efectos en un inmundo y sórdido lugar que comparte con otro yonqui), o como cuando unos guaruras casi indestructibles e incansables realizan una aparatosa persecusión a la banda de Uno Dos en una hilarante parodia de Terminator.

El universo de los personajes de Ritchie, cínicos, toscos, listillos pero leales a su manera, es a ratos bastante parecido a los de Tarantino, logrando imprimirles un sello particular, aunque ambos carecen de la sutileza y elegancia de los creados por Mamet, que está al otro extremo de ellos (sobre todo por ejemplo en la elegante, pulcra e inteligente Asalto, en donde se lucen Gene Hackman, Delroy Lindo y Danny De Vito), siendo sus personajes de más clase si se puede decir así, no obstante su misma profesión.

Mención aparte merece el soundtrack de la cinta, con grupos como The Clash, The Hives, The Scientists, The Subways, The Sonics, y gente como Lou Reed, Kim Fowley, Steve Isles y otros. Afortunadamente Ritchie tiene buena intuición musical: nada del repertorio de su ex Madonna y sí piezas como la poderosa I´m a Man de Black Strobe.

El baile desenfadado, al principio un tanto epiléptico pero poco a poco con más ritmo y cadencia que se discuten Stella y Uno Dos (bailando Waiting for a Train, de Flash & The Pan, mientras acuerdan someramente la forma de realizar un asalto) y el romántico baile de éste con El Guapo Bob son de antología y representan dos de las escenas más divertidas.

Rocknrolla es una película veloz, entretenida, compleja, a ratos ininteligible y estrambótica pero con todo el sello creador del memorable Guy Ritchie de principios de los noventa, fascinado por el mundo de la delincuencia, en donde también caben las drogas, un poco de sexo y mucho rock and roll.

Por cierto, pronto veremos el trabajo de Ritchie dirigiendo a Robert Downey Jr. y a Jude Law en la esperada nueva versión de las aventuras de Sherlock Holmes y su inseparable amigo el Dr. Watson. La pregunta es ¿podrá Ritchie mantener su estilo y gusto de filmación en una cinta como esa, de corte tan clásico, tal y como son los personajes creados por Arthur Conan Doyle?

Friday, December 12, 2008

Revolver




El Dr. Jeckill and Mr. Ritchie


Ricardo Martínez García


Revolver es probablemente la cinta más sofisticada pero a la vez la más introspectiva y lenta que ha hecho hasta ahora Guy Ritchie, el famoso cineasta británico nacido en Hertfordshire hace cuarenta años y ahora ex esposo de Madonna.


Sin dejar de lado su temática favorita, el bajo mundo de la delincuencia británica (organizada y a veces desorganizada, como en las divertidas Snatch y Lock, Stock and Two Smoking Barrels)) ahora a Ritchie le entra la vena de la exploración del subconsciente, del estudio del ego como elemento enajenante del ser humano o como aquello que impide el natural desarrollo del yo, ocasionando que éste caiga en terribles excesos.


El nuevo enfoque de los personajes que propone Ritchie hace de Jake Green (un sobredirigido Jason Statham en el rol de un jugador experto en fraudes y ex prisionero) una nueva versión, bastante ligera por cierto, del clásico personaje creado por Robert Louis Stevenson, el Dr. Jeckill y Mister Hide: un atormentado individuo que lucha constantemente consigo mismo o con su ego a través de una especie de diálogo interno ezquizoide, lucha que si no fuera porque Ritchie la plantea con cierta fastidiosa seriedad y pesadez, sería más que risible.


El mismo problema de ego, pero desbocado totalmente, lo tiene el mafioso Dorothy Macha (un estupendo Ray Liotta) quien actúa como si fuera el amo y señor del universo, sólo por debajo de un tal señor Gold, mítico representante del intocable nivel superior en la escala delictiva. La simbología es patente, una vez entrados en cuestiones de análisis sicológico.


Macha es un individuo que atiende sus “negocios” en bata y calzoncillos, cuando no está totalmente desnudo. Es todo un personaje, el cual le da cierta tierna frescura a la cinta de Ritchie, la que por cierto llega a México (por muy poco tiempo en cartelera) con algo de retraso: su fecha de producción es del 2005.


El mundo de los personajes de Ritchie es un combo que tiene cabida para todos los clichés del género: además de Macha, está el italiano Zach (Vincent Pastore, el de Los Soprano) y su socio afroamericano Avi (el músico miembro de Outkast y actor Andre Benjamin), ambos mentores de Jake en la prisión sin que éste los viera nunca, así como unos mafiosos con pinta de rusos y de chinos.

Ritchie lo tiene claro: el ego, alimentado por los halagos excesivos y el afán de reconocimiento, daña seriamente la salud del simple yo, el cual se ve abrumado por esa “instalación foránea” (como probablemente lo llamaría Carlos Castaneda) que se hace pasar por nuestro verdadero yo.

La temática de la película nos permite especular sobre el origen inspirador de la cinta. Tal vez para cuando comenzó a escribir el guión, la presión de estar casado con la ahora cincuentona Madonna, diez años mayor que él y poseedora de una arrolladora personalidad, lo hizo concebir la historia de Revolver. Ahora que se han divorciado, nos hemos enterado de que la reina del pop ha afirmado que hay gente a su alrededor que está “discapacitada emocionalmente”, probablemente refiriéndose a su ex esposo. El cuadro entonces estaría completo: uno es incapaz de amar a la otra del ego superdesarrollado.

Fuera de toda especulación, la cinta deja mucho que desear. Si usted cree que Revolver es otra cinta más de culto a la Ritchie, no encontrará el ritmo vertiginoso, ni los diálogos pintorescos ácidos y vulgares, emitidos en un casi incomprensible slang propio del bajo mundo y tan comunes en sus trabajos iniciales, encontrará más bien el intento fallido de una cinta pretenciosa y densa cuya clave de interpretación se ofrece al final con los testimonios de especialistas sicólogos o siquiatras que dan su calificada definición de qué es el ego y qué nos hace a los seres humanos.

Uno de esos especialistas afirma que el mejor truco del ego es hacernos creer que el demonio sí existe, cuando dicha figura del mal en realidad solo es un disfraz del propio ego. Así, lo mejor de la cinta es que provoca ciertas reflexiones, pero no a través de ella sino de lo que dicen los citados especialistas.

Visto así, no es de extrañar que Revolver no dure más de dos o tres semanas en cartelera: un golpe leve al ego del propio Ritchie, si su intención era generar elogios, lo cual dudo. Se trata más bien de su forma de darle cauce a sus sentimientos más íntimos, referidos a él o a las personas que viven o vivían en su círculo personal.

Wednesday, September 03, 2008

El Robo del Siglo

Buen Trabajo
Ricardo Martínez García

El actor Jason Statham alguna vez fue miembro durante una década del equipo olímpico de clavados de la Gran Bretaña que acudió a las Olimpiadas de Seúl en 1988; ha sido modelo para la línea de ropa French Conection e hizo comerciales para los pantalones Levi´s y luego se convirtió en un pícaro y pequeño timador muy al estilo de los personajes que llegaría a interpretar en las películas de Guy Ritchie Lock, Stock and Two Smoking Barrels y Snatch, Cerdos y Diamantes. Esa fue la razón por la que el aún esposo de Madonna lo hizo parte del elenco de tales películas: su vida se parecía demasiado a esos personajes.

Con tal historial, Statham es un actor peculiar que tiene el tono “adecuado”: maneja el caló de la calle de manera natural, es un bribón listo, capaz de vender una bagatela como si fuera parte de las joyas de la corona. Así, resultó ideal para el papel del ladrón líder de una banda en la cinta del director británico Roger Donaldson El Robo del Siglo (The Bank Job, 08).

Basada en hechos reales, la cinta trata de unos ladrones que nunca habían jugado en las grandes ligas del crimen organizado, y la oportunidad se les presenta cuando la ya no tan joven ex modelo y rufianesca Martine Love (Saffron Burrows), vieja conocida del barrio, es detenida por tráfico de drogas y obligada a operar para el MI-5 (agencia de seguridad interna británica) un robo a las cajas de seguridad de un banco (ubicado, tal vez como guiño del director, en la mítica Baker Street, la misma en la que Arthur Conan Doyle ubica la vivienda de Sherlock Holmes), con el fin de recuperar unas fotos comprometedoras de una integrante de la realeza.

La banda, liderada por Terry Leather (Statham) y la chica en cuestión Love, no sabe en la que se mete: el robo es exitoso y masivo (para Love sólo tiene interés cierta caja de seguridad), pero el problema es que salen afectados por igual miembros de la realeza, del parlamento y algunos cabecillas del mundo de la mafia, aquellos que controlan prostíbulos y drogas y están coludidos con cualquier cantidad de agentes policíacos corruptos.

Los grandes aciertos del trabajo de Donaldson, por una parte, son los ingeniosos y picantes diálogos combinados con la parsimonia de las escenas de la consumación del robo (poco que ver con la espectacularidad de Heat [Michael Mann, 95] o The Italian Job [F. Gary Gray, 03] en la que también participa Statham), y por otra, el desencadenamiento de vertiginosas escenas junto con la previsión y reacciones de Terry ante las inesperadas consecuencias y el buen manejo o control de daños.

Además de la dramatización propiamente dicha del asalto, que va subiendo cada vez más de intensidad y mantiene al público al filo de la butaca, está también, de manera paralela, la lucha personal de Terry, excelentemente manejada por el director, pues al final de todo logra quedar como el buen ladrón al optar –una vez superados todos los obstáculos y quedarse con el botín del robo- por una vida familiar, por encima de la aventura romántica con la bella Love.

Pocas películas sobre ladrones hacen sentir bien al espectador al final, y ésta es una de ellas, por lo que no debe perdérsela si gusta de los filmes de estilo británico del que Guy Ritchie dio buenas muestras en aquellas cintas del 98 y 2000.