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Monday, September 21, 2009

¿Quién es el verdadero rey del pop?


En busca del heredero del rey del pop

Ricardo Martínez García

Quincy Jones, el multipremiado, mítico y excelso productor y compositor musical dijo, en una entrevista reciente al periodista Iker Seisdedos del Diario El País (14/09/09), que Michael Jackson no tenía tanto talento como los verdaderos grandes, que jugaba en otra liga (inferior) a gente como Frank Sinatra, Aretha Franklin, Louis Armstrong, Nat King Cole y Ray Charles. A pesar de la verosimilitud de sus palabras, el imaginario popular considera a Jackson dueño de un pedestal difícil de ignorar. ¿Era en verdad tan bueno Michael como para merecer el título del rey del pop?

La industria musical, léase EMI, Warner, Sony Music, Universal y algunas otras que se han ido quedando en el camino como las absorbidas Polygram y BMG, se han distinguido siempre por estar al pendiente de los mejores instrumentos mercadotécnicos, siempre en busca de la mejor frase de promoción (como “el rey” o “la reina” del pop). Michael combinó su talento más que suficiente con su ascendencia en la industria gracias al éxito de su álbum Thriller (82), el cual pasa por ser el que más copias ha vendido en esta industria.

Michael Jackson fue todo un fenómeno musical, sobre todo con los tres discos producidos por Jones, discos de los más exitosos de todos los tiempos, Off The Wall, Thriller y Bad, pero también fue un sonoro éxito mediático y comercial, todo lo cual lo lanzó al Partenón de los grandes músicos del rock y del pop pero no del jazz, que está a otro nivel, de acuerdo con Jones.

El éxito que alcanzó Jackson, no obstante, no puede ser comparado con el que tuvieron y siguen teniendo los Beatles, por ejemplo, que continúan como todo un icono de la música popular y que difícilmente podrán ser superados. Convertidos en una especie de franquicia músico-comercial, con ventas que superan los mil millones de discos vendidos hasta ahora y con ediciones especiales de sus pistas, con las llamadas Antologías, el álbum 1 y las recientes remasterizaciones a todos sus discos y que se venden en la colección The Beatles Stereo Box Set, a un costo de más de cuatro mil pesos, los Beatles siguen siendo los reyes del pop (y del mercado).

Tal vez alguien dirá que la grandeza de los Beatles ha quedado en los terrenos de lo mítico legendario. Tampoco puede el éxito de Jackson compararse con el que tuvo El Rey del Rock, Elvis Presley, quien de acuerdo con las certificaciones de sus discos vendidos está en segundo lugar con trescientos millones de discos, entre reediciones y antologías.

Si queremos encontrar en la actualidad a un compositor o grupo que tenga la suficiente presencia escénica musical y/o además con grandes composiciones y un éxito comercial sobresaliente, tal vez tengamos que buscar en otros sitios.

Algunos súper grupos que siguen en activo como Depeche Mode, Pet Shop Boys, el mismo McCartney o Whitney Houston han superado la barrera de los cien millones de discos vendidos. Todos estos con grandes y ya largas historias musicales y comerciales.

En las listas tipo top tens de Billboard o Soundscan se encuentran constantemente a artistas como Jay Z, Shakira (quienes han vendido más de 50 millones de discos), Black Eyed Peas, y otros. Pero como lo consignan algunos portales de internet como rollingstone.com, podrá el rapero Jay Z ganar una batalla por las listas de popularidad, pero los Beatles siguen siendo los reyes al permanecer por cuatro décadas como los número 1.

Si consideramos los sencillos que alcanzaron las mejores posiciones en los listados de popularidad, sencillamente no hay comparación: los Beatles superan ampliamente a Jackson. Pero estos datos no nos dicen quién o quiénes pueden ser los artistas vivos considerados como los reyes del rock pop actual.

¿Podrían Madonna, o Jennifer Lopez, o Shakira, el nuevo ídolo hecho en Cuba Juanes, Oasis, los Rolling Stones (que están en cuarto lugar de las listas de ventas), Wilco, ser los reyes del pop? El mero criterio de contabilizar los discos vendidos no parece ayudar pues hay más elementos a considerar.

El periodista Iñigo López señala en un artículo de El País (Nadie después de los Beatles, 20/09/09) que en el pop, “mientras las multinacionales imponían sus criterios con ayuda de la publicidad era más cómodo y rentable fijar los recursos en unos pocos músicos, condenando al resto a la semiindigencia” pero con las herramientas actuales de internet que posibilitan bajar y compartir música gratis, ahora “los pequeños ya no lo son tanto y los grandes lo son menos”.

Comercialización, distribución, popularidad y producción son aparentemente elementos prioritarios para designar a un rey o reyes del pop, pero estos elementos dependen de lo novedoso de las propuestas musicales, de la calidad de composición y ejecución (para no hablar de los arreglos musicales, que pueden hacer oír maravillosamente un álbum en estudio pero la gente se decepciona al oírlos en vivo).

Conciertos como el de Supertramp en París en 1979 (que algunos catalogan como grupo de rock progresivo), el de Status Quo en el Apollo Theater en 1977 (grupo de hard rock), la serie de presentaciones de los Tindersticks (grupo inclasificable) en el Institute of Contemporary Arts de Londres (del 5 al 9 de noviembre de 1996) o los de los Rolling Stones filmados y presentados en un documental por Martin Scorsese, Shine a Light (08) son algunas muestras mínimas de conciertos de ejecuciones excelentes. Salvo los Rolling Stones casi ninguno de los citados podría ser considerado grupo rey del pop, aunque los géneros musicales son lo suficientemente flexibles.

Lo que sí queda claro es que los auténticos reyes no solo del pop sino de cualquier género son los dueños de las compañías discográficas, que constituyen el verdadero negocio musical. Para qué nos hacemos bolas, aquellos grupos pop que son de nuestra preferencia, mas aquellos que lleguemos a conocer (hay que mantener una actitud musicalmente abierta ante todo), son a fin de cuentas los que debemos considerar en nuestro ideario popular como los reyes del pop.

El mero hecho de hablar de un o unos reyes del pop es hacerle el juego a las estrategias mercadotécnicas de las discográficas, el hacer popular masivamente a quien por x o y circunstancias –incluso por talento- llega a la cúspide. Pero ninguno como los Beatles: ¡a comprar los remasterizados!

Sunday, February 15, 2009

Rolling Stones Shine a Ligth

Más sabe el diablo por rockero que por diablo

Ricardo Martínez García

El pacto que tenía el diablo con los Rolling Stones, un trato al estilo Dorian Grey, no lo cumplió totalmente el antagonista de Dios: dejó que estos sexagenarios pero grandiosos músicos británicos conservaran unos cuerpos magros y una infinita y explosiva energía juvenil, casi de adolescentes, sobre todo en el caso de Mick 

Jagger. Pero en cambio dejó que se acumularan en sus rostros, unos sobre otros, los surcos de las experiencias de la vida y el transcurso de cuarenta y cinco años.

Al menos eso es parte de lo que se puede ver en la cinta de Martin Scorsese Rolling Stones Shine a Light (08), documental que recrea un concierto que dieron en el Beacon Theather en Nueva York en el 2006, como parte de su gira Bigger Bang.

En el cine todo es premeditación como arte creativo: preparación, planeación y arreglo. Pero con un grupo como los Stones, Scorsese tuvo que esperar casi hasta el inicio del concierto para saber la lista de las canciones que ofrecería el grupo, que aplazaba su entrega al máximo pues dicha elección está más ligada a la improvisación de las emociones y deseos presentes de Mick que a un plan previamente definido. La proyección posible era tarea del director.

Los Stones resultan francamente geniales en escena: son tan buenos en lo que hacen que todo les sale natural, son una luz que brilla intensamente. El espectador es testigo de una música aparentemente sencilla pero sublime, alegre, poderosa, contagiosa. Mick Jagger canta y baila con una vitalidad verdaderamente excesiva. Sólo él es capaz de adueñarse completamente del escenario con tanto estilo y personalidad.

Creadores de una ya vasta iconografía del pop mundial, desde la famosa lengua roja hasta pasar por todos los afiches imaginables, mas cierta actitud contestataria ante el mundo y la generación de un gigantesco catálogo musical, la banda formada en Londres en 1963 se ha vuelto con el tiempo una especie de Rey Midas musical: una plumilla para guitarra usada por Richards, los instrumentos que tocan, los conciertos, los discos, las películas, etcétera, se vuelven objeto de culto inmediato, multiplicando su valor inmensamente.

Tal es el caso de Shine a Light que, como película que se vuelve objeto mercantil, lo que hace es “democratizar” un show de la banda al permitir acceder, por el precio de una entrada al cine, a un concierto de los Rolling, ciertamente grabado pero que resulta un buen producto sustituto de la experiencia misma de haber estado ahí –físicamente- en el concierto.

Scorsese se encarga de mostrarnos los mejores ángulos, acercamientos, vistas panorámicas y todo lo que se puede hacer con los grandes recursos cinematográficos en manos de este director tan competente y versado que permite una experiencia más rica que la de un espectador en la sala de conciertos que permanece en su lugar.

Los Rolling Stones pueden considerarse ante todo sobrevivientes de sí mismos, o al menos eso puede interpretarse de los breves fragmentos de viejas entrevistas incluidas en el documental.

En sus primeros años ni ellos pensaban que pasarían más allá de los dos o tres años como banda, pero el éxito los catapultó hasta donde están actualmente. Algunas escenas

muestran a unos músicos a ratos perdidos en el viaje, como en el caso de Charlie Watts, quien con su actual apariencia de respetable gerente de banco no se parece en nada al joven baterista que aparece con la mirada constantemente perdida y sin hilar demasiado bien una frase coherente en esas antiguas entrevistas. Otras escenas nos presentan de algunos miembros una mal disfrazada soberbia y autocomplacencia (por ejemplo cuando Jagger llega en helicóptero a una reunión con importantes personajes) que seguramente les hizo pasar malos ratos con la prensa, la policía y con gente del espectáculo. Pero ya por entonces eran los Rolling Stones, quienes alguna vez se autoproclamaron la banda de rock and roll más grande del mundo.

El grupo ha estado así formado por unos tipos con muchísima suerte: ni las drogas, las mujeres, las ambiciones o las muertes de ex compañeros (como Brian Jones) pudieron socavar su unión, cosa que por ejemplo no ocurrió con los Beatles, la única banda que realmente les hace sombra. El viejo y astuto pirata Richards señala con humildad que es posible que haya mejores guitarristas que él y Ron Wood, pero que juntos son mejores que diez de ellos. En realidad se queda corto: ellos son una aplastante máquina que produce música gloriosa a través de sus guitarras.

La cinta de Scorsese, quien ha filmado también en el terreno musical las excelentes cintas The Last Waltz que gira en torno a un show del extinto grupo The Band en 1976, y No Direction Home: Bob Dylan del 2005, nos atrapa inexorablemente ante el magno espectáculo mostrado, que por cierto tuvo como presentador en esa ocasión al ex presidente norteamericano Bill Clinton.

Los miembros de los Stones han dicho que Scorsese es el mejor cineasta que existe y que por eso decidieron que fuera él quien hiciera esta cinta. El director de filmes como Taxi Driver, Bandas de Nueva York, La Última Tentación de Cristo o Los Infiltrados, para no ser menos a su vez dijo que ellos son la mejor banda de rock que existe. En su momento también se arrojaron flores mutuamente otros directores y grupos, como Jonathan Demme y los Talking Heads, director y protagonistas de Stop Making Sense (84), y seguramente muchos melómanos han considerado a The Wall, la película con música de Pink Floyd y dirigida por Alan Parker en 1982, como la mejor en su género, por citar dos ejemplos.

Pero la verdad es que esta obra de Scorsese muestra a los Rolling Stones como dueños de la sustancia primigenia y esencial del rock, haciendo música que se empareja con gente como Jack White, interpretando melodías que abrevan del clásico blues en compañía de alguien tan dotado como Buddy Guy y gozando la música que luce mucho con la bella y talentosa Christina Aguilera y su extraordinario rango de voz. Para los melómanos es imprescindible verla, sean fans o no de los Stones.