Saturday, February 04, 2012
Al borde del Abismo
Wednesday, November 30, 2011
Al filo de la mentira
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| Ella es una espía real |
Friday, April 30, 2010
Furia de Titanes

La Unión Indisoluble
Ricardo Martínez García
La imaginación que el hombre ha puesto en los mitos y las cosmogonías de los pueblos y en las culturas que éstos generaron no tiene límites, pero además algunas de ellas son parecidas o tienen puntos en común entre sí. Por ejemplo, Perseo, el mítico ser de la mitología griega que es mitad humano y mitad divino (pues es hijo de Zeus), tiene un origen parecido al de Jesús de Nazareth, que también nace de una mujer que concibe luego de que el Espíritu Santo (una de las tres personas que componen la Divina Trinidad) se posa sobre ella y la deja preñada.
Es Perseo también un héroe que libera a su pueblo de la opresión de un horrible monstruo llamado Kraken, en la película del director Louis Leterrier Furia de Titanes, (Clash of Titans, 10). Jesús en comparación tiene una misión menos fantástica pero no menos emancipadora: libera al hombre del pecado.
Sam Worthington, luego de dar vida al personaje principal en Avatar, encarna Perseo, el cual presenta en esta nueva versión de Leterrier, que recrea ciertos pasajes de la mitología griega –un tanto alejada de los cánones reconocidos- un valor y un encono en contra de Zeus (Liam Neeson), quien ha castigado a los hombres por su falta de amor y obediencia a través de su hermano Hades (Ralph Fiennes). El resentimiento particular de Perseo es debido a que culpa a los dioses de haber dado muerte a sus padres y hermana.
Los efectos especiales recuerdan otras versiones de cintas heróicas y míticas, como Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille, 56), o la misma Furia de Titanes (Desmond Davies, 81). No es que estén chafas los efectos, sino que hacen un homenaje a esas cintas clásicas.
Luego de que Perseo decide pelear contra la Medusa y luego contra el Kraken, manteniendo su esencia humana, muestra primero su desprecio hacia Zeus su padre, pero luego decide aceptar sus regalos (entre ellos el de la bella Io) y luego se reconcilia con él. El carácter épico y aventurero de la cinta recuerda la historia de Jasón y los Argonautas (tan bien contada por Robert Graves en El Vellocino de Oro) que dan ganas de volver a leer todas esas hermosas historias (y tal vez volver a compararlas con los mitos hebreos).
El mensaje principal pareciera ser que es imposible que el ser humano se desapegue completamente de los dioses, los cuales pueden confabular un rato contra ellos (como le pasó a Job) pero no quieren realmente su eliminación. Como dice el dicho: Dios aprieta pero no ahorca, y así parecen establecerlo diferentes cosmogonías.
Friday, December 18, 2009
Historias reales hechas ciencia ficción
Ricardo Martínez García
La nueva cinta de James Cameron, Avatar, presenta un espectáculo visualmente magnífico que dejará contentos a aquellos que gustaron de películas aparentemente tan disímbolas entre sí como Apocalipsis Now, Aliens, Titanic, Identidad Sustitua, Shrek y Un hombre llamado caballo, entre otras.
La animación y los efectos especiales son magníficos, así como la combinación de ambientes que mezclan escenarios de guerra, de viajes espaciales, de aventuras fantásticas, de viejas mitologías sobre la naturaleza y hasta de romance.
La argumentación dramática de la cinta es como un tratado sintético de varios momentos estelares de la historia de la humanidad: la conquista de ciertos territorios en busca de los tesoros autóctonos por parte de los invasores inversores, tal como hicieran aquellos países colonialistas europeos (y luego preponderantemente los Estados Unidos) de los siglos XVI al XX en América, Asia y África; en esa búsqueda de lugares míticos como El Dorado, los conquistadores en busca de riquezas se ven en la necesidad de “desalojar” a los pueblos habitantes de esos lugares objeto de su ambición.
Historias como la de la Malinche pero a la inversa, o del exterminio de los indígenas y el ecocidio de todo aquel elemento natural que estorbe a las desmedidas ambiciones de riqueza por parte de un gran conglomerado empresarial poseedor de naves espaciales son expuestas en esta interesante cinta como si fueran el resultado de una cegera moral y social de esos mega ricos que solo ven por sus propios intereses.
Jack Sully (Sam Whortington, al que vimos como el buen robot en Terminator 3) es un ex marine asignado a una misión espacial comercial como sustituto de su hermano gemelo y desarrollador de un proyecto de creación de avatares dirigido por la enérgica pero de buen corazón doctora Grace (la siempre correcta Sigourney Weaver).
El proyecto Avatar es concebido como una manera de infiltrar a un humano, con el fin de ganar su confianza y conocer sus debilidades, en la comunidad de los nativos Na´vi del satélite Pandora de un planeta llamado Polyphemus, ubicado a casi cinco años luz de la Tierra y que tiene una atmósfera nociva para los humanos. El proyecto así genera criaturas que combinan el ADN de los nativos con el de los humanos, y estas criaturas son controladas a distancia (como en la película de Identidad Sustituta) por algún ser humano que duerme, como aquellos dobles de los que habla Don Juan Matus en los libros de Carlos Castaneda.
El avatar de Sully ingresa a la comunidad de los Na´vis de una manera afortunada, al ser señalado como alguien único (como si fuera un ungido) y protegido por la hija del jefe de uno de los clanes de Na´vis. En la lógica precisa de estos nativos, son los humanos los que son alienígenas. Scully, tal como el personaje de Richard Harris en A man Called Horse (Silverstein, 70) es expuesto a algunas pruebas, luego de las cuales es considerado como uno de ellos y luego como un líder, se liga a la hija del jefe, la bella Neytiri (Zoe Saldana) y hasta doma a una criatura voladora (como Burro en Shrek) que lo distingue aún más.
Como si fuera el coronel Kilgore de Apocalipsis Now (Ford Coppola, 79), personificado por Robert Duval, el Jefe de Seguridad y ex militar Miles Quaritch (Stephen Lang) se sabe jefe absoluto de esos humanos mercenarios tripulantes de helicópteros futuristas al servicio de la empresa espacial que busca hacerse de una sustancia muy valiosa y que sirve para la generación de energía, por lo que los acicatea sin piedad para destruir a estos “monos azules”, como llama el representante de dicha empresa a los nativos.
La duración de la cinta es de dos horas y cuarenta minutos pero es bastante amena y no se siente demasiado larga; el final es en cierto modo predecible, es como si Cameron sintiera culpabilidad por lo que hicieran en el pasado algunos países como el suyo, y ahora propusiera el muy positivo cuidado del medio ambiente, enfatizando la importancia de una mítica unidad entre la tierra y los seres vivos que lo habitan, los cuales están realmente conectados con ella y que son un todo armónico que se encuentra en peligro por esa especie dañina y enemiga de casi todos los demás seres en el universo, precisamente por su naturaleza destructiva: el hombre.
Se trata de una cinta entretenida que hace reflexionar sobre el papel de cierto tipo de seres humanos depredadores y su incidencia en un universo por el momento ficticio pero plausible.
Tuesday, July 28, 2009
Terminator La Salvación

Un robot de gran corazón
Ricardo Martínez García
Haciendo a un lado las imprescindibles tres leyes de la robótica propuestas por Isaac Asimov en su relato de 1942 Runaround, en las que se les prohibía a estas máquinas hacer daño a sus creadores, la nueva cinta Terminator La Salvación, la más reciente de la saga de cintas de Terminators dirigida por un cineasta llamado McG, muestra cómo el dominio en el mundo pesadillesco de los androides cibernéticos del año 2018 ha llegado al colmo y pone en jaque la existencia del género humano.
Visualmente esta nueva entrega es impactante. Hay muchas referencias voluntarias o no a otras cintas como Mad Max (como cuando aparecen escenas de autopistas como si fueran cementerios de autos), a Apocalipsis Now (con helicópteros lanzando bombas de napalm e incendiando atrozmente zonas boscosas), a Alien (con escenas dentro de naves industriales con hornos metalúrgicos) y hasta de cintas como La lista de Schindler (con seres humanos prisioneros, indefensos y famélicos, sin esperanzas, haciendo fila para ser bañados o lo que sea y luego ser exterminados a manos de máquinas, como si fueran fascistas recalcitrantes), sin contar con las obvias como las anteriores de Terminators y otras como Yo Robot y la excepcional Blade Runner para citar algunas clásicas del género.
La trama resulta retorcida en cuanto a la ubicación temporal pues supone los juegos imposibles e impredecibles de los viajes a través del tiempo, asunto que jocosamente es más palpable y disfrutable por sus inesperadas consecuencias en cintas como Regreso al Futuro 1 y 2.
La novedad en La Salvación es la inclusión por parte de Skynet –compañía dedicada inicialmente a la fabricación de robots y a cargo de algunos humanos, pero luego desplazados por sus propias creaciones- de un nuevo modelo de Terminator con el que esperan dar caza y fin al líder de la resistencia contra sus robots. El nuevo modelo sintetiza a un ser humano y a un robot,( mezcla insólita pero no novedosa, si se piensa en Robocop) personificado en Marcus Wright (Sam Worthington, que le roba cámara irremediablemente a Christian Bale, el nuevo John Connor), que de asesino condenado a muerte, y que gracias a instancias de “la ciencia” dona su cuerpo, pasa a ser una criatura que no sabe bien quién es, pues resulta que al despertar de su letal inyección no sabe qué ocurrió (algo como le ocurre a Wolverine luego de su encuentro con el militar Stryker) pero tiene plena consciencia de su naturaleza humana.
Al parecer el argumento de la cinta debía hacer un pequeño giro hacia algo con lo cual el espectador pudiera simpatizar. De otro modo no se entiende cómo la trama propone la casi completa vulnerabilidad de la humanidad, que difícilmente podría sobrevivir ante la potencia y magnitud de los robots de Skynet. Hay por cierto un par de ellos que recuerdan, por su figura y tamaño, al que aparece en Transformers 2 La Venganza del Caído, o también, en el terreno musical, en la portada del disco de los Flaming Lips titulado Yoshimi Battles the Pink Robots, en el que Wayne Coyne al cantar el tema título del álbum dice algo así como “Esos robots de naturaleza malvada, están programados para destruirnos” (cosa que bajo las leyes de la robótica de Asimov sería imposible), y si lo quisieran realmente los de Skynet así sería, salvo que los humanos han encontrado la manera de neutralizarlos.
No es difícil suponer que una creación humana se vuelva en contra de él, dada la naturaleza ambigua del ser humano; para ejemplo ahí está la criatura del doctor Frankenstein, aquel personaje de la novela de Mary Shelley, y que no es sino una muestra de lo que una larga tradición suponía de la capacidad creadora del ser humano. En terrenos mágicos otro ejemplo podría ser el mito del Gólem. Pero el caso es que esta cinta hace reflexionar sobre el poder creador del ser humano al hacer uso de su conocimiento y de su ciencia. Ciencia que sin conciencia no solo es peligrosa sino que carece de corazón, tal como lo muestra un tanto candorosamente esta disfrutable y entretenida cinta.

