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Friday, May 04, 2012

Los juegos del hambre


Hermosa y heróica
El mito y la realidad
Los juegos del hambre

Ricardo Martínez García
Para conmemorar hambrunas pasadas, se organizan “Los Juegos del Hambre” en donde una pareja de cada uno de los 12 distritos, de una sociedad futurista y sobreviviente de algún conflicto global, compiten para ver quién sobrevive en un ambiente controlado por los propios organizadores. El juego es hasta morir. Hasta ahí el hilo narrativo de esta película basada en la novela de Suzanne Collins que también da nombre a la cinta.

Algunos detalles de la película señalan a ciertas referencias que van desde George Orwell -y su Big Brother de la novela 1984- a aspectos de la mitología griega. La tecnología permite al hombre controlar entornos físicos y naturales, a la manera de dioses olímpicos jugando con sus humanos favoritos, influyendo en ellos, ayudándolos con su amparo, o castigándolos en beneficio de un espectáculo masivo de dudosa eticidad.

Es posible suponer que no es casual, en ese sentido, que los protagonistas tengan diversas habilidades, pues está la arquera, la cazadora, el de poderosa musculatura, la sagaz, a la manera algunos héroes griegos como Atalanta, Hércules, Jasón, etc. De ese modo, los personajes de esta cinta se vuelven una especie de homenaje a los viejos héroes, que a su vez estaban bajo la protección de unos dioses que eran lo suficientemente humanos como para actuar de manera absurda, peligrosa e irresponsable. El mito aquí no se crea ni se destruye, solo se transforma.

La lucha entonces no es propiamente entre los participantes en estos Juegos del Hambre, es entre los que creen decidir libremente sus acciones (los adolescentes participantes del juego) y los que creen imponérselas a otros (los omnipotentes organizadores). La vieja lucha entre libertad contra determinismo, entre libre albedrío y manipulación.

El elenco cuenta con actores consagrados por el olimpo del celuloide, como Donald Shuterland (como el Presidente Snow, jefe máximo de los juegos, a la manera de un Zeus poderoso e inescrutable), Lenny Kravitz, Woody Harrelson, Stanley Tucci, entre otros, conduciéndose como esos dioses tan presas de sus pasiones como lo son sus propios protegidos, la nueva heroína Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) y Peeta Mellark (Josh Hutcherson).

La cinta es una interesante y entretenida combinación de ficción futurista, reality show, aventura, romance, pero que al no resolver algunos hilos argumentales hace prever la secuela.

Tuesday, September 22, 2009

Transsiberian


Pasiones en el Expreso de Medianoche

Ricardo Martínez García

El director Brad Anderson entrega en El Expreso de Medianoche (poco que ver con el título original Transsiberian, y que además refiere injustificadamente a la cinta de Alan Parker de 1978, Midnight Express) un thriller combinado con una movie road que lleva al espectador por los maravillosos bosques y tundras que el mítico tren atraviesa en su larguísimo camino desde Pekín hasta Moscú.

Un matrimonio en misión religiosa en China formado por el simpático Roy (Woody Harrelson) y

la taciturna Jessie (Emily Mortimer) deben regresar a los Estados Unidos, pero antes deciden hacer un viaje en el Transiberiano en busca de un poco de aventura, sin saber que encontrarán algo más que eso. El viaje les proporciona la posibilidad de conocer gente diferente, conocer a su pareja y finalmente a sí mismos. Entre aquellos con los que entran en contacto se encuentra una pareja formada por el bien parecido español Carlos (Eduardo Noriega, en un personaje que recuerda un poco al que hizo en Tesis, 96) y Abby (Kate Mara), que a todas luces tienen algo extraño: él con una actitud demasiado desenvuelta y hasta maliciosa y ella reservada y tímida.

La trama se desarrolla al principio como en cualquier viaje largo, pero durante el trayecto afloran las pasiones, las debilidades, las inseguridades. Jessie y Carlos son los antagonistas principales en esta lucha pasional, con resultados insospechados. Hay aquí también una historia muy conocida por los mexicanos sobre el tráfico de drogas y la corrupción policiaca, en la que de pronto se encuentran inmiscuidos tanto Roy como su esposa.

El muy versátil actor inglés Ben Kingsely, ganador del Oscar por su trabajo en la cinta de 1982 Ghandi, interpreta a un detective de narcóticos ruso, el oficial Grinko, que hace ver su suerte a Jessie, al llevarla al límite de sus emociones.

Anderson maneja muy bien las tensiones humanas y el ritmo, dando como resultado una película interesante y a la vez realista. Muestra cierta parte de la condición humana de manera cruda, como la imprevisibilidad de la actitud de los personajes, sobre todo hablando de las dos parejas, que se supone se conocen, pero es bastante previsible al mostrar la corrupción de los sistemas policiacos dedicados a la lucha antidrogas. Es decepcionante ver cómo miente la gente, y cómo otros son demasiado ingenuos al enfrentarse a situaciones límite.

La moraleja tal vez sería que uno no debe confiar en la policía rusa ni china y si a esas vamos, mexicana o de cualquier lugar, y menos si es de narcóticos.