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Saturday, February 15, 2014

El Juego de Ender

Juego o realidad
La vida es un juego

Ricardo Martínez García

La premisa general de la cinta El juego de Ender (13) del director Gavin Hood, es que los humanos intentan evitar que una especie alienígena inteligente, conocida como los Inséctores, invada y deje de ser una amenaza para la Tierra, y para ello se preparan para una guerra definitiva.

Ender Wiggin (Asa Butterfield) es un joven estudiante descubierto como un gran estratega bélico y es entrenado, a partir de juegos y simulaciones computarizadas muy reales, para la futura guerra con los Inséctores. Sus instructores son el coronel Graff (Harrison Ford) y el mítico Mazer Rackham (Ben Kingsley), además de la mayor Anderson (Viola Davis). Pero las habilidades de estratega de Ender van más alla de lo bélico, así como los juegos en los que se entrena.

Basada en la novela del mismo nombre, escrita por Orson Scott Card, la cinta va más allá de los meros planteamientos de la ciencia ficción (vuelos interespaciales cotidianos, armas de destrucción más que masiva, etc.) y explora los dilemas éticos implicados siempre en los conflictos bélicos. En este caso el enemigo es de naturaleza alienígena, pero no por eso deja de plantear interesantes reflexiones sobre el derecho a la vida y a la existencia tanto de unos como de otros. Ahí radica el valor dramático de la película, cuyo reparto hace muy bien su trabajo. Por otro lado, los efectos especiales pueden fácilmente competir con los que muestra la cinta Gravedad, de Alfonso Cuarón.

Orson Scott Card ha escrito la llamada Saga de Ender, con cuatro libros más que dan continuidad a la historia que comienza con El juego de Ender. Ha escrito además otra saga a partir de su libro La Sombra de Ender y cuatro libros más, conocida como la Saga de la Sombra, que es como la continuación de la Saga de Ender, así que con gran probabilidad veremos en un futuro cercano más cintas basadas en sus obras. Un elemento en común en las obras de Card es la preocupación por el medio ambiente y por la vida en general.

El guión de Hood no es exacto respecto al libro original pero sí ofrece la esencia de la historia de Card, quien tiene otros muchos libros de ciencia ficción y es un autor que ha ganado varias veces los premios Hugo y Nébula, dos de los más reconocidos en este género literario.



Wednesday, June 19, 2013

Iron Man 3

Enemigos reales y aparentes
Ella es toda una heroína

Ricardo Martínez García

Tony Stark (Robert Downey Jr.) es un personaje carismático, simpático y cínico a la vez, multimillonario, filántropo, genio y playboy, pero no puede evitar comportarse a veces como un buscapleitos de cantina ante las cámaras de televisión.

Lo mismo que a Mr. Increíble, menospreciar a posibles colaboradores le genera a Tony su animadversión automática, que luego le pasará la factura.

Con una actuación irónica y ligera, casi de parodia, sir Ben Kingsley se despoja de toda su ceremoniosidad de caballero inglés al realizar el papel del terrorista llamado el Mandarín, terrorista que es la cómica fachada de algo más.

Guy Pearce hace el papel del villano Aldrich Killian, el despreciado posible colaborador vuelto enemigo mortal de Stark. Aldrich acumula tanto poder como tecnología suficientes como para destruir completamente a medio planeta y a este solitario Vengador, que se ha mudado a la Costa Oeste de los Estados Unidos, lugar del cual anuncia dirección y código postal en cadena nacional.

¿Nacerá una nueva heroína? Posiblemente Pepper Potts sea la protagonista de una nueva franquicia, lo cual permitiría ver más tiempo a la bella Gwyneth Paltrow en la pantalla grande para beneplácito de los papás de los niños que acuden a ver la cinta.

Shane Black es el guinista y director de esta entretenida cinta, Iron Man 3 (13), que descansa sobre todo en el carisma del personaje y del actor, así como en los suficientes efectos especiales que la hacen atractiva, sin importar demasiado la trama y el contexto en el cual se asienta la historia.


Los súper héroes a veces no pueden dejar de ser humanos, demasiado humanos. Tal vez por eso es relativamente sencilla la identificación con sus pasiones, debilidades y fortalezas.  

Saturday, February 04, 2012

La invención de Hugo Cabret

Inventar mundos nuevos

La máquina de los sueños

Ricardo Martínez García

La nueva cinta de Martin Scorsese no es solo su primera obra dirigida al público “familiar”, es toda una celebración al amor, a la amistad, a la historia de la cinematografía y al arte de hacer películas. Es una reflexión sobre los cambios y motivos del quehacer cinematográficos y su estrecha relación con los cambios experimentados en la sociedad y en la vida en general.

De una primera intención lúdica por mostrar escenas cotidianas, como la llegada de un tren a la estación, o de contar historias divertidas o entretenidas, el cine pasó a mostrar la angustia y el desencanto (sobre todo en documentales de guerra), adquiriendo no solo una función entretenedora, sino ahora reflexiva y crítica, o complaciente, según los casos y los motivos.

A partir de la historia de un niño huérfano en la ciudad de París, esta nueva obra de Scorsese titulada La invención de Hugo Cabret (Hugo, 2011) va entrelazando diversas historias, en un despliegue de flashbacks, extractos de cintas mudas, efectos especiales maravillosos. La cinta ofrece una visión del mundo en el que cada quien debe descubrir su misión en la vida, como si fuéramos todos parte de una maquinaria enorme en la que por más pequeños que seamos como piezas, debemos encajar en alguna parte, ser necesarios en alguna parte. Puede uno estar o no de acuerdo con esa visión determinista, mecanicista del mundo, pero es interesante reflexionar sobre ello y sobre sus posibles consecuencias.

Scorsese, enorme contador de historias, nos muestra su maestría en este arte de divertir, entretener, conmover, educar, informar, meditar, y hasta sintetizar historias dentro de otras historias, para finalmente hacer soñar al espectador ante esta grandiosa máquina autómata que es el cine y que es posible que pueda reparar algunas almas descompuestas, o puede acabar por descomponerlas más. Un poco a la manera de Stan Lee, Scorsese aparece unos segundos como el camarógrafo del director Georges Méliès (Ben Kingsley), pieza clave en el engranaje de la vida de Hugo Cabret.

Excelentes actuaciones de Asa Butterfield como Hugo, y de su amiga Isabelle, interpretada pro Cloë Grace Moretz.

Wednesday, March 17, 2010

La Isla Siniestra


Aceptar la realidad

Ricardo Martínez García

¿Vale más vivir la vida como un hombre bueno o morir como un monstruo? Tal es la pregunta que se hace el Sheriff Edward Daniels (Leonardo Di Caprio) al final de la cinta La Isla Siniestra (Shutter Island, 10) del laureado cineasta Martin Scorsese.

Daniels decide investigar la desaparición de un paciente en un centro psiquiátrico llamado Shutter Island, ante la sospecha de un complot por parte del gobierno de usar personas para experimentos mentales, investigación cuyo resultado le hace preguntarse al espectador ¿qué es lo real? Y ante esa crucial pregunta solo queda atenerse a las evidencias, por duras que éstas sean y difíciles de aceptar.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de los Estados Unidos llevó a cabo una serie de juicios por crímenes de guerra conocidos como los Juicios de Nuremberg. El primero de ellos fue un enjuiciamiento por crímenes por realizar experimentos médicos y psicológicos en seres humanos, los cuales eran elegidos en los campos de concentración de Auschwitz, Dachau y otros.

La cinta de Ingmar Bergman El Huevo de la Serpiente (77) ya exploraba de manera más explícita las consecuencias de la experimentación en seres humanos sin su consentimiento. En la cinta de Scorsese también se plantea, por parte de Daniels, la posibilidad de que el gobierno de su propio país haya realizado ese tipo de experimentos, lo cual parecería posible aunque suene a una locura.

De acuerdo con el doctor Cawley (Ben Kingsely) hay tres formas de tratar a los pacientes: por medio de una psicocirugía (como la lobotomía, que es un tratamiento radical), la psicofarmacología (tratamiento con drogas) y la que él prefiere, el tratamiento que consiste en escuchar al paciente, en tratarlo con amabilidad y de manera razonable e incluso en seguirle la corriente a los enfermos. Pero su método preferido al parecer no funciona con casos extremos. ¿Quién le sigue el juego a quien?

Conforme la cinta avanza, la trama se va convirtiendo en una constante vuelta de tuerca muy interesante y que mantiene al borde de la butaca al espectador. La fotografía y ciertas escenas oníricas son verdaderamente hermosas, en una especie de homenaje a Tarkovsky, sobre todo de su cinta El Espejo (74), con esas escenas en cámara lenta de incendios, donde aparecen personajes acuosos que se desintegran, que así como aparecen desaparecen, todo dentro de un ambiente antinatural pero no sobrenatural.

El trabajo actoral es de primera línea, como ya es costumbre en los actores dirigidos por Sorsese.

Se trata de un complejo y entretenido thriller psicológico que explota hábilmente la paranoia y las alucinaciones de un ex combatiente de la Segunda Guerra Mundial, producto de los horrores de guerra, los cuales se suman a su tragedia familiar que lo termina por traumatizar, en un ambiente de paranoia social generalizada luego de conocerse los crímenes de guerra aludidos y dados a conocer con los Juicos de Nuremberg. Un ejemplo más de que la ciencia sin conciencia moral destruye la humanidad.

Tuesday, September 22, 2009

Transsiberian


Pasiones en el Expreso de Medianoche

Ricardo Martínez García

El director Brad Anderson entrega en El Expreso de Medianoche (poco que ver con el título original Transsiberian, y que además refiere injustificadamente a la cinta de Alan Parker de 1978, Midnight Express) un thriller combinado con una movie road que lleva al espectador por los maravillosos bosques y tundras que el mítico tren atraviesa en su larguísimo camino desde Pekín hasta Moscú.

Un matrimonio en misión religiosa en China formado por el simpático Roy (Woody Harrelson) y

la taciturna Jessie (Emily Mortimer) deben regresar a los Estados Unidos, pero antes deciden hacer un viaje en el Transiberiano en busca de un poco de aventura, sin saber que encontrarán algo más que eso. El viaje les proporciona la posibilidad de conocer gente diferente, conocer a su pareja y finalmente a sí mismos. Entre aquellos con los que entran en contacto se encuentra una pareja formada por el bien parecido español Carlos (Eduardo Noriega, en un personaje que recuerda un poco al que hizo en Tesis, 96) y Abby (Kate Mara), que a todas luces tienen algo extraño: él con una actitud demasiado desenvuelta y hasta maliciosa y ella reservada y tímida.

La trama se desarrolla al principio como en cualquier viaje largo, pero durante el trayecto afloran las pasiones, las debilidades, las inseguridades. Jessie y Carlos son los antagonistas principales en esta lucha pasional, con resultados insospechados. Hay aquí también una historia muy conocida por los mexicanos sobre el tráfico de drogas y la corrupción policiaca, en la que de pronto se encuentran inmiscuidos tanto Roy como su esposa.

El muy versátil actor inglés Ben Kingsely, ganador del Oscar por su trabajo en la cinta de 1982 Ghandi, interpreta a un detective de narcóticos ruso, el oficial Grinko, que hace ver su suerte a Jessie, al llevarla al límite de sus emociones.

Anderson maneja muy bien las tensiones humanas y el ritmo, dando como resultado una película interesante y a la vez realista. Muestra cierta parte de la condición humana de manera cruda, como la imprevisibilidad de la actitud de los personajes, sobre todo hablando de las dos parejas, que se supone se conocen, pero es bastante previsible al mostrar la corrupción de los sistemas policiacos dedicados a la lucha antidrogas. Es decepcionante ver cómo miente la gente, y cómo otros son demasiado ingenuos al enfrentarse a situaciones límite.

La moraleja tal vez sería que uno no debe confiar en la policía rusa ni china y si a esas vamos, mexicana o de cualquier lugar, y menos si es de narcóticos.