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Saturday, February 15, 2014

El Lobo de Wall Street

La banalización del dinero

Ricardo Martínez García

La nueva cinta de Martin Scorsese trata de la vida de un antihéroe norteamericano de la vida real. Leonardo Di Caprio da vida a Jordan Belfort, corredor de bolsa de Wall Street que con todo desparpajo nos muestra a los espectadores los trucos para defraudar a personas que invierten en acciones de empresas fantasmas.

Basada en las memorias de este personaje de la vida real, Jordan Belfort, la cinta está plagada de acciones desenfrenadas, pues donde hay abundancia de dinero, sin importar su procedencia, se producen excesos que resultan chocantes para las personas comunes y corrientes, esas que no destacan porque son demasiado honestas, y en ese sentido aburridas a más no poder.

A ese grupo de personas pertenece el agente del FBI Patrick Denham (Kyle Chandler), quien se enfrasca en una investigación para desenmascarar a Belfort, que no desea, comprensiblemente, abandonar su estilo de vida.


Si bien las escenas divertidas y estrambóticas de la cinta casi siempre las protagoniza Belfort y su corte de colaboradores, encabezado por Donnie Azoff (Jonah Hill en plan grande), con orgías cada que logran vender acciones basura, también hay algunas escenas donde se atestigua el nivel de degradación al que llegan estos antihéroes de la cultura norteamericana.

Friday, August 06, 2010

El Origen

Sueño que sueño que sueño
La Realidad de los sueños
Ricardo Martínez García

Son muchas las coincidencias. Christopher Nolan, director de El Caballero de la Noche, presenta en El Origen (Inception, 10) protagonizada por Leonardo Di Caprio, la historia de unos extractores e inoculadores de ideas que se cuelan en los sueños de sus víctimas, por más inverosímil que esto suene, pero que recuerda muy de cerca a los libros de Carlos Castaneda -especialmente El Arte de Ensoñar- aunque sin el esoterismo y mística de los esfuerzos de un aprendiz de brujo que sigue el camino del guerrero y se vuelve un ensoñador y acechador tremendo, gracias a sus habilidades naturales, como lo muestra el propio Castaneda, aquel famoso antropólogo de la UCLA devenido en el aprendiz del brujo o nagual Don Juan Matus.

Di Caprio encabeza un reparto más que interesante: desde Michael Caine como el profesor universitario Miles que da clases en París y fue mentor de Dom Cobb (Di Caprio) en el aprendizaje del manejo de los sueños. Ahora Cobb es un extractor o ladrón de sueños y secretos de sus víctimas; Ellen Page como Ariadna, la más avezada estudiante de Miles y arquitecta de ambientes de los sueños (algo en lo que Cobb y su esposa Mal -Marion Cotillard- eran muy buenos: reconstruir en los sueños lugares de la realidad a su más mínimo detalle, y que es lo que hace El Inquilino en El Arte de Ensoñar de Castaneda); Joseph Gordon-Levitt, como Arthur, a cargo de la operatibilidad de las incursiones en el subconsciente de las víctimas del equipo de Cobb; Ken Watanabe como Saito y cliente de este mismo equipo al que le plantea una misión, y Cillian Murphy como Robert Fisher Jr., heredero de un imperio económico y principal víctima de Cobb.

No se trata de una película de ciencia ficción porque no centra el argumento en el uso de hipotéticos aparatos tecnológicos que permitieran la incursión de conciencias diferentes en el subconsciente de alguien (solo se ve un maletín de donde sacan algo para concectarse), sino que más bien se explora la idea de que si tal cosa fuera posible -ingresar al sueño de alguien- entonces sería posible ingresar al sueño de alguien que ya está soñando, e ir a un nivel más profundo de ese sueño y así hasta un tercer nivel. Si en los libros de Castaneda se habla del control de los sueños y de su utilización como canales hacia otros universos y suena plausible gracias a que esto es resultado de un incisivo aprendizaje, en la cinta de Nolan todo parece natural pero desconectado, justamente porque no se explica cómo sería posible tal cosa.

En Hasta el fin del mundo (91) Wim Wenders presenta en un momento dado también un pequeño aparato grabador de los sueños, algo como un ipod y que se conecta directamente en la cabeza, que al reproducirlos genera adicción en la persona que los ha soñado, enajenándola de la realidad. De alguna manera El origen alude a la misma idea, aunque con un tono dramático diferente, que se centra en la relación de Cobb y su esposa.

Si Carlos Castaneda no permitió que sus obras fueran llevadas al cine, cuando estaba en este mundo, “para no ver a Anthony Quinn haciéndola de Don Juan”, ahora no ha podido evitar que algunas o muchas de las ideas de sus libros coincidan -o tal vez algo más que eso- con argumentos cinematográficos que ciertamente resultan interesantes, pero no hay nada como leer sobre el explorador azul con el que Castaneda se topa en el mundo de los seres inorgánicos en el citado libro El Arte de Ensoñar, si se trata de irse al origen, o al menos a un origen. Y la afirmación es la misma: este mundo no es real.

Thursday, April 08, 2010

Shutter Island II


Armando Extremas Simulaciones

Ricardo Martínez García

La trama de esta cinta, en una segunda lectura, es también la de una historia que contiene otras historias dentro o paralelamente a ella. La capacidad del protagonista Teddy Daniels/Andrew Laeddis (Di Caprio en plan sensacional) para identificar cuál es la real, la que vive en ese momento, es puesta a prueba (lo mismo que la del espectador) por el maravilloso doctor Cawley (sir Ben Kingsley) que a diferencia de sus anticuados colegas cree en los tratamientos psicológicos amables y respetuosos, a través de una enorme y tremenda simulación, que engloba a prácticamente todo el personal de este sanatorio-reclusorio psiquiátrico, tan solo para “seguirle la corriente” a este peculiar personaje de Teddy Daniels y ver hasta dónde llega su tratamiento.

El verdadero artista de la simulación es el director de la cinta, en este caso Martin Scorsese, lo mismo que todos los realizadores o directores de cine: cada película implica el armado de tremendos tinglados (aunque a más grandilocuencia de éstos, menor credibilidad, como en las cintas de ficción o de acción que abusan de los efectos especiales y de las situaciones inverosímiles) que van dirigidos a los espectadores con el fin de inducirlos a la diversión, o a la conmoción, o a la reflexión, o a lo que sea que quieran despertar en quien ve sus cintas.

Lo que el doctor Cawley quiere despertar en Daniels con el armado de su simulación extrema –algo difícilmente imaginable en los anales del tratamiento psiquiátrico, si hubiera sido el caso- es la capacidad de distinguir y aceptar aquello que le ha causado un trauma, y por ende una enfermedad mental, tal que estimula a sus magníficos mecanismos de defensa para crear “realidades alternativas” con el fin de escapar de tal trauma, trauma que es controlable con ciertas drogas psicotrópicas.

Cintas como The Matrix (Hermanos Wachowski, 99), en donde la realidad se confunde con la virtualidad de otras realidades al soñar y al estar dicho sueño controlado por unas máquinas, o como en Identidad Sustituta (Mostow, 09), donde las personas deciden mejor vivir virtualmente en sus “sustitutos” hechos a la medida y al deseo de cada quien, o en Avatar (Cameron, 09), en donde la alteridad es llevada a extremos de diseñar organismos con el fin de ser controlados a través de una virtual enajenación mental (proceso en el que la mente es enviada, de manera electrónica y altamente tecnificada, de un organismo a otro, utilizando como vía de acceso el sueño), son algunos ejemplos de esas construcciones de grandes y extremas “simulaciones” tanto en el sentido de la trama como en el de la propia construcción de la película en sí. Pero la clave de la cinta de Scorsese me parece que está en la conciencia del personaje protagónico que se ha encontrado a sí mismo y que al final se pregunta si vale más vivir como un monstruo o morir como un buen hombre.

En la vida real hay también enormes armadores de simulaciones extremas, como el caso de George W. Bush y su persecución de Saddam Hussein y sus “armas de destrucción masiva”, o a Felipe Calderón y su secretario del trabajo, señalando las bondades de su gobierno al generar fuentes de trabajo, sin tomar en cuenta el saldo negativo de desempleados, muy superior a sus optimistas y pequeñas cifras de empleos generados. Cada quien con sus realidades alternativas, pero el problema es que estas simulaciones son reales y ocultan situaciones muy preocupantes para la sociedad civil. Tal pareciera que a menor capacidad de autocrítica, mayor simulación de situaciones inverosímiles.

Wednesday, March 17, 2010

La Isla Siniestra


Aceptar la realidad

Ricardo Martínez García

¿Vale más vivir la vida como un hombre bueno o morir como un monstruo? Tal es la pregunta que se hace el Sheriff Edward Daniels (Leonardo Di Caprio) al final de la cinta La Isla Siniestra (Shutter Island, 10) del laureado cineasta Martin Scorsese.

Daniels decide investigar la desaparición de un paciente en un centro psiquiátrico llamado Shutter Island, ante la sospecha de un complot por parte del gobierno de usar personas para experimentos mentales, investigación cuyo resultado le hace preguntarse al espectador ¿qué es lo real? Y ante esa crucial pregunta solo queda atenerse a las evidencias, por duras que éstas sean y difíciles de aceptar.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de los Estados Unidos llevó a cabo una serie de juicios por crímenes de guerra conocidos como los Juicios de Nuremberg. El primero de ellos fue un enjuiciamiento por crímenes por realizar experimentos médicos y psicológicos en seres humanos, los cuales eran elegidos en los campos de concentración de Auschwitz, Dachau y otros.

La cinta de Ingmar Bergman El Huevo de la Serpiente (77) ya exploraba de manera más explícita las consecuencias de la experimentación en seres humanos sin su consentimiento. En la cinta de Scorsese también se plantea, por parte de Daniels, la posibilidad de que el gobierno de su propio país haya realizado ese tipo de experimentos, lo cual parecería posible aunque suene a una locura.

De acuerdo con el doctor Cawley (Ben Kingsely) hay tres formas de tratar a los pacientes: por medio de una psicocirugía (como la lobotomía, que es un tratamiento radical), la psicofarmacología (tratamiento con drogas) y la que él prefiere, el tratamiento que consiste en escuchar al paciente, en tratarlo con amabilidad y de manera razonable e incluso en seguirle la corriente a los enfermos. Pero su método preferido al parecer no funciona con casos extremos. ¿Quién le sigue el juego a quien?

Conforme la cinta avanza, la trama se va convirtiendo en una constante vuelta de tuerca muy interesante y que mantiene al borde de la butaca al espectador. La fotografía y ciertas escenas oníricas son verdaderamente hermosas, en una especie de homenaje a Tarkovsky, sobre todo de su cinta El Espejo (74), con esas escenas en cámara lenta de incendios, donde aparecen personajes acuosos que se desintegran, que así como aparecen desaparecen, todo dentro de un ambiente antinatural pero no sobrenatural.

El trabajo actoral es de primera línea, como ya es costumbre en los actores dirigidos por Sorsese.

Se trata de un complejo y entretenido thriller psicológico que explota hábilmente la paranoia y las alucinaciones de un ex combatiente de la Segunda Guerra Mundial, producto de los horrores de guerra, los cuales se suman a su tragedia familiar que lo termina por traumatizar, en un ambiente de paranoia social generalizada luego de conocerse los crímenes de guerra aludidos y dados a conocer con los Juicos de Nuremberg. Un ejemplo más de que la ciencia sin conciencia moral destruye la humanidad.

Saturday, December 06, 2008

Red de Mentiras



El amor por encima del deber


Ricardo Martínez García


La insatisfacción civil hacia las acciones bélicas que ha desarrollado el gobierno de los Estados Unidos de América tiene a veces un cauce de expresión mediatizada en la cinematografía actual. Tal es el caso de cintas como Traidor (Nachmanoff, 08), Leones por Corderos (Redford, 07), En el Valle de Elah (Haggis, 07) y algunas otras por el estilo, donde se muestra el juego político-burocrático-militar que está detrás de las acciones emprendidas en países como Afganistán e Irak, luego del 11 de septiembre del 2001.


Red de Mentiras (Ridley Scott, 2008) es una cinta en la que se sigue manifestando el sinsentido de una cruenta y lenta guerra en la que se vale realmente todo, con tal de hacer que aquel que ha sido catalogado como el enemigo asome la cabeza y pueda ser atrapado, en aras de la lucha contra el terrorismo.


La película comienza con una frase en la que queda claro que las acciones que se realizan en contra de alguien –casi siempre violentamente- tienen repercusiones, algo así como la ley del talión pero a nivel global: las masacres a las que han sido sometidos durante tantos y tantos años los pueblos “enemigos de la libertad” tal como la entienden los funcionarios del gobierno norteamericano, han comenzado a pasarle la factura a los mismos agresores en forma de explosiones y atentados terroristas. La cinta parece querer decir: “si siguen así, no se extrañen de que en el futuro se repitan más 11 de septiembres”.


Luchar genuinamente contra el terrorismo no es lo mismo que provocar terrorismo para combatir el terrorismo, y en eso es en lo que está involucrado el agente encubierto de la CIA Roger Ferris (el cada vez mejor actor Leonardo Di Caprio) y su poco fiable jefe Edward Hoffman (un Russell Crowe bastante contenido y discreto), todo en aras de conseguir la victoria sobre la amenaza real del terrorismo que amenaza a los buenos ciudadanos norteamericanos, aunque extrañamente los ataques casi siempre se producen en territorios extranjeros, salvo naturalmente aquellos del 11 de septiembre.


En la lucha mefistofélica y con sofisticaciones altamente tecnificadas caen, como siempre, víctimas “colaterales”, como el arquitecto árabe al que el buen agente Ferris, con la mano en la cintura y sin medir consecuencias, le construye una vida paralela desde la virtualidad de la red internet pero ya no como el honrado arquitecto que es, sino como un supuesto líder terrorista, todo con el sagaz objetivo de provocar la egolatría del verdadero jefe para que dé signos de vida y atraparlo.


Ferris se encuentra de pronto entre el cinismo de su jefe y la superior astucia del jefe de inteligencia jordano, el tan elegante como siniestro Hani (el inglés Mark Strong) y su despiste amoroso, elemento más que improbable en una trama de espías profesionales pero que tiene como objetivo darle cierto romanticismo a la cinta, sobre todo porque presupone que Ferris antepondrá sus sentimientos por la hermosa Aisha (la actriz iraní y ex estudiante de piano en el Conservatorio de Viena Golshifteh Farahani) por encima de su deber de patriota: tal es la red de situaciones inciertas que dan título a este entretenido filme del célebre director Ridley Scott.


Hay ciertas cosas en la trama de la cinta que difícilmente pueden ser creíbles, como el trabajo secreto de un agente de la CIA evidentemente caucásico operando casi sin problemas en peligrosos lugares de Oriente Medio, auxiliado tan solo por un teléfono satelital que lo mantiene en permanente contacto con su jefe, quien opera cómodamente desde su casa mientras atiende a sus hijos. Es más creíble en ese sentido el personaje de Don Cheadle en Traidor: un norteamericano musulmán negro estudioso del Corán, quien se encuentra en la disyuntiva de serle fiel a su país y/o a su religión. Ferris se da cuenta de sus errores operativos pero para entonces es demasiado tarde para el arquitecto-señuelo que “fabricó” y casi también para él mismo, a su vez convertido en señuelo por el jefe de la inteligencia jordano Hani, que busca en apariencia lo mismo que él: atrapar al jefe terrorista.


La cinta representa un intento más de crítica a las acciones bélicas del gobierno de Bush en Afganistán e Irak, si se le desea interpretar así, pero se distrae un poco con el planteamiento personal del modo en que resuelve Ferris su trabajo como espía y la emergencia de un nuevo amor. De otro modo, es una excelente opción o alternativa de cinta de acción con temas sobre política internacional y terrorismo.