Friday, February 22, 2008

Rambo de Regreso al Infierno

De regreso a la violencia
Rambo el Guerrero Total
Ricardo Martínez García

John James Rambo (Silvester Stallone) es un soldado veterano de la guerra de Vietnam que “no lucha por su país sino por sí mismo” y que se quedó en algún lugar de Asia a vivir, pescando y viajando en su destartalado bote por las aguas del río Salween, uno de los más largos de Asia, que nace en el Tíbet, atraviesa parte de China, Birmania y Tailandia.

Se trata una vez más del famoso personaje creado por el escritor de origen canadiense David Morrell en su novela First Blood (1972), publicada cuando aún los Estados Unidos luchaban el la jungla contra el Viet Cong, y que Stallone convirtió en franquicia cinematográfica.

A veinte años de su antecesora Rambo 3 (88), un corpulento y demacrado Stallone toma la batuta de la dirección del filme y continúa con el estilo legado en las anteriores cintas: un argumento simple pero efectivo: el renegado soldado antihéroe, que ha sufrido los horrores de la guerra y que al principio se niega a ayudar a quienes se lo solicitan, pero luego convirtiéndose en la piedra angular de la salvación de aquellos, demostrando que es el guerrero total.

Stallone propone una historia que puede ubicarse casi en cualquier tiempo y lugar: un feroz ejército con oficiales crueles y tiranos que esclavizan o torturan a la población y obligan a los más jóvenes a formar parte de sus filas. Situaciones así se han dado con cierta frecuencia en Centroamérica, en África, en Europa, en Vietnam, Afganistán, Iraq, Guantánamo y en casi todos los lugares que han sufrido conflictos bélicos.

En esta cuarta película, Rambo recibe la petición de llevar a un grupo de misioneros que desean ir a un lugar inaccesible y peligroso para los civiles, y con mayor razón para los extranjeros. A regañadientes decide llevarlos, teniendo que matar a un grupo de piratas de río para lograr el objetivo.

Una vez que los pasajeros pisan tierra, Rambo regresa a su choza con la certeza de que esa misión no tendrá buen fin, cosa que se verifica con la presencia de un ministro religioso en la jungla, que a su vez le solicita lleve a un grupo de rescate en busca de sus feligreses, en una situación tal como antes se la presentaba un oficial del ejército gringo y le daba instrucciones de su próxima misión, cuando el buen John lo único que quería era vivir en paz.

Sea porque Rambo se conmueve por los misioneros, porque le gustó la rubia imprescindible o porque es fiel a su doctrina de que más vale morir por una causa a vivir sin tenerla, decide conducir al grupo de mercenarios al lugar del desembarco. Los mercenarios le impiden ir con ellos pues “es un barquero”, sin saber la clase de máquina de matar que tienen ante ellos. Las cosas se complican tanto para los mercenarios como para los misioneros y sólo Rambo puede ayudarlos.

Lo mejor –o lo peor, según se vea- de la cinta son las escenas de acción, que alcanzan niveles bizarros de violencia y destrucción. Para los efectos especiales los gringos son insuperables: explosiones al por mayor, cuerpos destrozándose luego de recibir ráfagas potentísimas de ametralladora, gente corriendo, confusión, sangre mezclada con la tierra.

La fiesta de sangre y destrozos, que deja sembrada la tierra de infinidad de cuerpos, enfrenta en un momento a soldados del ejército con los de las fuerzas rebeldes, ganando éstos últimos, sin saberse si para bien o para mal, lo cual para efectos de la cinta no es lo importante.

La cinta es ante todo espectáculo pirotécnico de gran nivel, no apología de algún bando, a menos que se quiera verla como una cinta anti violencia que muestra las consecuencias de ella.
Rambo dice en algún momento que las misiones religiosas “no cambian nada” a menos que “traigan armas”, lo cual equivale a que vayan unidas a contingentes armados (como podrían ser los cascos azules, que también tienen sus travesuras), y al final su único comentario es “así son las cosas” mostrando una acrítica aceptación del estado bélico de las cosas humanas, como diciendo “¿para qué nos molestamos en averiguar las causas de éste o aquel conflicto, si de todas maneras no vamos a poder cambiar nada?”.

Uno podría imaginar al personaje, luego de la batalla, viviendo plácidamente a la orilla del gran río, cazando peces con su arco, y recordando lo relacionado con el rescate como si fuera una pasajera pesadilla. Pero no, decide regresar a Arizona, al american way of life, donde probablemente todavía vive su viejo padre, en un rancho que pudiera ser el de Bush en Texas, sólo que un poco más humilde. ¡Qué cambio, de la jungla al rancho!

Thursday, February 21, 2008

El Viaje de la Nonna

¡Qué bonita familia!
Ricardo Martínez García

Emotiva, alegre, absurda, divertida, engañosa, así es El Viaje de la Nonna, película de todos los que la hicieron pero dirigida por Sebastián Silva y coproducida por el Fidecine y Artecinema.

Nietzche decía que había que ser muy fuerte para seguir hasta sus últimas consecuencias una mentira, y que por ello pocas personas sabían mentir bien. Tomadas así las cosas, el cine de ficción es un ejercicio sobre algo que no es –una de las acepciones de mentira- y que pretende serlo hasta el final, pero el descubrimiento del engaño puede ser decepcionante o catártico.

El cine apela a la imaginación y a la complicidad del espectador para crear en él un mundo de fantasía que parece o es más feliz que el real, porque lo sustituye y elimina problemas.

Sabedores de esto, los hijos de María (la primerísima actriz Ana Ofelia Murguía), ante las enormes dificultades y riesgos de salud que implicaría llevarla a Italia, como es su deseo antes de morir, pues su difunto esposo nunca la llevó, deciden montar un escenario fílmico italiano en Jajalpa o un lugar así -con todo y extras-, y filmar el viaje ficticio a Italia.

Los jocosos problemas para mantener la absurda farsa se presentan cuando las dificultades de producción se vuelven demasiado notorias, incluso para alguien que comienza a olvidarlo todo, como María. Llega un momento incluso en que lo están pasando tan bien en la construcción del ambiente italiano del pueblo, con fallas y todo, que los hijos se olvidan de María, cuando efectivamente -al menos por un momento- ella cree estar en el pueblo donde nació su esposo Gaetano, ya fallecido.

La cinta es una bella e interesante alegoría sobre dos temas capitales en nuestra sociedad: la familia y el papel de los deseos individuales. En el primero, se muestran los cotidianos problemas que viven los miembros de una familia clasemediera (como también lo hizo recientemente la cinta de Alejandro Springall Morirse está en Hebreo), cada uno con un universo propio (el hijo adicto al trabajo, el hijo adicto al alcohol, la hija tres veces divorciada, la nieta con inclinaciones sexuales por su mismo sexo, etcétera), pero cuyo núcleo unificador es precisamente María.

El segundo tema, el de los deseos individuales que tienen su verificativo no en la realidad sino en la apariencia o la imaginación (“el hecho de que no te acuerdes de haber ido al mar no significa que no hayas ido”, le repiten a María, quien al final le agradece a sus hijos el enorme ejercicio de la apariencia, pues “pocas veces me había reído tanto”), la cinta lo convierte en un homenaje al poder lúdico e imaginativo del cine y en una reafirmación del poder unificador de la familia.

La película resulta ágil y divertida en la medida en que el espectador se siente parte del “secreto” de la pretensión de estar en Italia pues ve el esfuerzo de algunos por aparentar ser de la península con mejores o peores resultados. Los extras tienen que jugar dobles papeles y María, que si bien es olvidadiza no es tonta, pronto se da cuenta del engaño pero decide seguirles el juego, lo cual mete en cómicos apuros a sus hijos.

El juego de la película consiste en hacer una película dentro de otra, en la que todo se vale porque lo que al fin está en juego es la imaginación.

El guión y la historia son obra de Sebastián Silva y Antonio Armonía y es un trabajo de propuestas sencillas y por ello disfrutable. Mariana Gironella también participó en el guión. Por otra parte, Silva es un destacado guionista que ha trabajado recientemente con Julian Schnabel.

Las actuaciones de Verónica Langer, Rodrigo Murray, Julio Bracho, Martín Altomaro (lejos de aquellos que se mandan solos), Jimena Ayala, José Carlos Rodríguez, Jorge Zárate (que con una actuación sumamente graciosa como cantante italiano representa, en una escena colectiva, el clímax lúdico de la cinta) y Cecilia Suárez (siempre simpática y oportuna), son muy solventes, están bien dirigidos, su trabajo hace sentir al espectador como en familia, de tan conocidos que son.

De hecho en la industria del cine mexicano, por ser pequeña, es posible observar cómo se desarrollan las familias cinematográficas que trabajan en él. Está la familia a la que pertenecen los actores mencionados, está la relacionada directamente con las televisoras productoras de telenovelas, la de los consagrados (Armendariz, Alcázar, Jesús Ochoa y otros), la de los independientes, la de los excluídos o aislados en el teatro y la de los que ya la hicieron (Diego, Gael, Salma) y que se cuecen aparte.

Ante tal panorama no queda de otra que exclamar ¡Qué bonitas familias!

Tindersticks de regreso

Luego de los trabajos solistas de Stuart Staples
Tindersticks está de regreso

Ricardo Martínez García

A cinco años de haber lanzado Waiting for the Moon, el grupo Tindersticks pondrá a la venta en Inglaterra The Hungry Saw, su más reciente trabajo, el próximo 28 de abril.

El compositor, cantante y líder de la banda -con la cual ha realizado una carrera musical de más de doce años- Stuart Staples, decidió poco antes del 2004 que estaba listo para sacar a la luz algunas ideas musicales que compuso y conformó al parejo de su trabajo con el grupo.

Dichas ideas musicales le alcanzaron, hasta ahora, para un par de discos excepcionales: Lucky Dog Recordings 03-04, lanzado a mediados del 2005, y Leaving Songs puesto a la venta un año después. Sin exagerar, se trata de dos trabajos que muestran el alma, la esencia íntima de Staples, y por ende de los Tindersticks.

El lanzamiento de estos espléndidos álbumes en solitario de Staples (aunque en su grabación siempre estuvo acompañado por músicos exepcionales) hicieron sospechar a los fans de los Tindersticks que el grupo, creador de una maravillosa música de gran nivel artístico, había llegado a su fin. Afortunadamente no fue así. Los dos trabajos representan ante todo la expresión más personal, introspectiva y profunda del músico y compositor originario de Nottingham.

En el caso del Lucky Dog Staples comentó en su página web que el disco está compuesto de loops accidentales de piano, mayormente tocados por él mismo, (los loops son samples sincronizados que ocupan generalmente uno o varios compases musicales y son reproducidos enlazados en secuencia, dando la sensación de continuidad), y de “ideas viejas de trombón, fragmentos de ritmos y zumbidos”; dichos fragmentos ofrecen un gran ejemplo del minimalismo que prevalece en la composición, como por ejemplo en la instrumental “Dark Days” y en la melancólica, tal vez la mejor canción del álbum, “People Fall Down”.

Staples contó para este primer álbum con la colaboración de David Boulter en el órgano y el harmonio en casi todas las canciones, del guitarrista Neil Fraser (ambos compañeros suyos en Tindersticks) quien junto con Stuart ejecutó los bajos para “Say something now” y “Shame on you”, de Terry Edwards en el saxofón, del baterista Thomas Belhom, y de Yan Tiersen quien tocó el piano en “She don´t have to be good to me”.

También colaboraron dos miembros de los Tiger Lillies, el baterista Adrian Huge y el bajista Adrian Stout, quienes tocaron la base rítmica de “People Fall Down”, y además Gina Foster con su voz en algunas piezas.

En cuanto al Leaving Songs, las estructuras de las canciones son un poco más convencionales que las del Lucky Dog, que es más experimental y oscuro. Son notables por su belleza y compenetración los arreglos de cuerdas y metales, así como los coros y dúos con voces femeninas, como el de Lhasa de Sela en “That Leaving Feeling” y el de Maria McKee en “This Road is Long”.

Grabado en el estudio del productor Mark Nevers en Nashville en abril del 2005, Staples volvió a contar con la colaboración de Neil Fraser (guitarra), David Boulter (piano y órgano), Thomas Belhom (batería) y Volker Zanda (bajo) quien toca habitualmente con Calexico.

Staples escribió en su página que Leaving Songs trata de canciones escritas “en el límite entre abandonar las cosas que amé y entrar a un nuevo tipo de vida, tanto musical como personalmente. Siempre estuve consciente de que esas canciones eran el fin de algo, algún tipo de círculo que se cierra al escribir y que comencé hace mucho y que sabía que tenía que cambiar”.

Staples tiene una voz especial, profunda y de bajo tono como de barítono, que recuerda a la de Tom Waits o la de Nick Cave, pero no tan rasposa como la del primero ni con el rango del segundo.

El aspecto físico de Stuart, curiosamente, no corresponde con lo que evoca su voz, pues es de complexión delgada, con cierto aire de Michael Cain de joven (cuando protagonizó Alfie). No obstante lo anterior, posee una voz fuerte, a veces algo gutural pero que le ha servido como instrumento para expresar las nostálgicas, a veces tristes o emotivas, pero siempre interesantes letras de sus dos discos en solitario.

El nuevo y esperado disco de Tindersticks fue grabado en el estudio francés propiedad de la banda Le chien chanceux, algo así como El perro afortunado. La formación actual del grupo cuenta con solo tres de sus miembros originales: el propio Staples, David Boutler y Neil Fraser, y ahora han subido a bordo Thomas Belhorn en la batería y el bajista Dan McKinna, cuya colaboración en los discos solistas de Staples fue bastante activa.

En myspace.com/tindersticksofficial se puede bajar y escuchar gratuitamente The Flicker of a little girl, una muestra de lo que vendrá a finales de abril.

Thursday, February 14, 2008

El Ojo del Mal

El ojo malvado
Ricardo Martínez García

El problema de realizar un remake es que el argumento ya es conocido, por lo que la nueva versión, en este caso la producción norteamericana llamada “El Ojo del Mal”, (The Eye, 08) protagonizada por Jessica Alba, tendría que aportar algo más a la original, y no lo consigue del todo.

En 2002 los hermanos hongkoneses Danny y Oxide Pang lanzaron su cinta “El Ojo”, producción de Singapur y Hong Kong, en la que narran la historia de una joven ciega que recibe las córneas de otra joven en un trasplante. El problema surge cuando la receptora comienza a ver extrañas y oscuras figuras humanoides que se acercan a los moribundos y se los llevan. Naturalmente horrorizada, con su vida vuelta de cabeza, Mann (así se llamaba aquella chica ciega) decide investigar la procedencia de sus córneas, y descubre que provienen de la tailandesa Ling, quien había muerto por propia mano debido al rechazo social generado por la equivocada manera de interpretar su siniestro don, ver cuándo se acercaba la muerte a las personas.

En el remake, las acciones se sitúan en Los Ángeles, lugar de residencia de la violinista ciega Sydney (Jessica Alba), que recibe las córneas de una chica mexicana acusada de bruja -por el horrible don de ver a la muerte- en una comunidad al norte de México, donde vivía hasta que se suicidó.

Jessica Alba, que no luce tan hermosa como en Los Cuatro Fantásticos, realiza una actuación aceptable, aunque pudo ser mucho mejor; los efectos especiales son predecibles pero, aún así, pueden arrancar uno que otro verdadero escalofrío.

Los directores de esta nueva versión, los franceses David Moreau y Xavier Palaud, realizadores de la cinta de terror y angustia Them (06), explotan una estética cinematográfica interesante: colores oscuros o sepia en escenas clave, flasbacks y elipsis oportunas con escenas vertiginosas.

El subtítulo “El Ojo del Mal” sugiere un ojo, o un par de ojos, malvado o satánico, cuando en realidad se trata de un don terrible que quien lo posee, en este caso Sydney, no logra comprender y cuando lo hace lo utiliza para salvarle la vida a mucha gente. No es por lo tanto un ojo maligno, es simplemente un ojo que puede ver y anticipar hechos lamentables, y que al hacerlo se vuelve bueno.

A fin de cuentas se trata de un entretenido filme que recomendamos sobre todo para los que no hayan visto la cinta de los hermanos Pang. Ojalá que el título no sea de mala suerte, como lo sería si lo hubieran titulado “El mal de ojo”.

Sunday, February 10, 2008

El ritmo básico y sustancial de Sly y Robbie
Ricardo Martínez García

Sly Dunbar y Robbie Shakespeare unieron sus carreras en 1975 y desde entonces han formado una de las más exitosas mancuernas en la industria musical no sólo de Jamaica sino del mundo, colaborando con gente como Peter Tosh, Bob Marley, Gregory Isaacs, Ian Dury, Bob Dylan, los Rolling Stones, Grace Jones o Cindy Lauper.

Sly y Robbie, ambos originarios de Kingston, Jamaica, han puesto su ritmo y talento musical tocando la batería y el bajo, respectivamente, en una cantidad enorme de trabajos musicales de gran variedad de artistas del rock y del reggae, que han solicitado sus servicios tanto en el estudio de grabación como en presentaciones en vivo.

Estos músicos, destacados en un ámbito musical en constante movimiento como es el reggae, enriquecido con ritmos como el rocksteady, el dancehall y el ska, han marcado tendencias y han sido inspiración tanto en el rock como en la música pop de todo el mundo.

Lowell Filmore “Sly” Dunbar (1952) comenzó a tocar la batería, que ejecuta con maestría, contundencia y precisión, cuando aún era adolescente, a finales de los sesenta, desde que formó parte de grupos como The Yardbrooms, RHT Invincibles, The Upsetters y Skin, Flesh & Bones.

Su talento natural lo supo aprovechar ampliamente el productor, mezclador y compositor Lee “Scratch” Perry, quien produjo grabaciones de Bob Marley and the Wailers, de The Clash, Gregory Isaacs, Mad Profesor, entre otros.

Por su parte, Robbie Shakespeare (53), bajista creador de ritmos hipnóticos, dinámicos, contundentes e imaginativos, hizo sus primeros trabajos con The Hippy Boys y luego como músico de estudio para Bunny Lee, quien producía a su propio grupo, The Aggrovators.

En 1975 el productor JoJo Hookim los reunió en su grupo de estudio The Revolutionaries, iniciando así una asociación que ha generado una base musical realmente trascendental para decenas de artistas. El primer beneficiado fue Jimmy Cliff en su Follow my Mind de ese mismo año.

En aquellos inicios se les pidió que trabajaran en el álbum del cantante francés Serge Gainsbourg Aux Armes et Caetera. Tal petición les resultó extraña por su propia juventud, pero su trabajo era tan bueno que participaron en el siguiente disco del cantante galo y además fueron contratados para acompañarlo en su gira francesa.

En 1976 Sly y Robbie colaboraron con el grupo Culture en el clásico del root Two Seven Clash. Se unieron también a la gira del DJ U-Roy que realizó por el Reino Unido, ganando cada vez más reconocimiento.

A finales del 76 comenzaron a trabajar con Peter Tosh y con Leroy Smart. Tanto talento pronto produjo en los músicos la idea de crear una banda de estudio y su propio sello discográfico, el cual fue llamado Taxi Records.

Black Uhuru y Gregory Isaacs fueron de los primeros en grabar con los músicos de estudio del sello Taxi, quienes se hicieron llamar The Taxi All Stars y que conjuntaba naturalmente a miembros de las bandas de Sly y Robbie.

A finales de los setenta se hicieron llamar The Riddim Twins y participaron en memorables álbumes. Existen varias compilaciones de sus primeros trabajos, como por ejemplo Sly & Robbie Present Taxi que trae piezas de Dennis Brown, Gregory Isaacs, General Echo y Max Romeo, entre otros. Está también Taxi Fare del sello Heartbeat y los Sounds of Taxi Vol. 1 al 3 (84), las cuales muestran de forma magnífica el trabajo del dúo.

Su colaboración más duradera fue con el grupo Black Uhuru, tocando en seis de sus discos y en presentaciones en vivo, cuando Uhuru abría para los Rolling Stones.

Shakespeare y Dunbar han colaborado con su sustancia musical prácticamente con todos los grandes de Jamaica, pero también con otros grandes: artistas como Gussie Clarke, Clive Jarret, Marcia Griffiths, Joe Cocker, Herbie Hancock, Robert Palmer, Bob Dylan y los Rolling Stones. La importancia que tuvo el trabajo de Sly y Robbie en el surgimiento de Gregory Isaacs como uno de los grandes del reggae, de Black Uhuru, Peter Tosh y otros es invaluable.

La pareja de músicos no se limitó a producir y tocar con otros músicos sino que continuaron con sus proyectos personales. Tienen en su haber más de treinta discos propios hasta ahora, sin contar compilaciones, siendo el más reciente Padlock (07).

El dúo también ha hecho algunos soundtracks: para las películas Club Paradise, Buffy the Vampire Slayer y Third World Cop. Se dice que han grabado cerca de doscientas mil canciones, pero lo cierto es que Sly y Robbie son una de las asociaciones musicales más prolíficas e influyentes de la música popular de la actualidad.

Thursday, February 07, 2008

Cloverfield

Nuevos enemigos: monstruos de ficción

Ricardo Martínez García

El ataque a la paradigmática sociedad de la libertad ahora es de origen extraterrestre o sobrenatural, tal como lo muestra la cinta Cloverfield con un monstruo de origen desconocido que arranca la cabeza a la Estatua de la Libertad y la arroja contra los edificios.

Dirigida por Matt Reeves, conocido por su trabajo en series de televisión como Felicity y Gideon´s Crossing y viejo colaborador del productor y director J. J. Abrams (que ha dirigido Misión Imposible 3 y episodios de la serie Lost), la película es como un viaje en una montaña rusa visual: escenas cotidianas de una fiesta que se entremezclan con el horror de ver destruida la ciudad de Nueva York (mucho más fílmica que realmente) por un ser gigantesco que, además, genera pequeños monstruos-araña que invaden sus calles.

El ataque terrorista al estilo de Al Qaeda parece haber sido superado por el guionista de esta película, para colocar el origen del mal en una criatura de ficción, tal vez con el involuntario efecto de olvidar o minimizar las acciones bélicas que, aún ahora, lleva a cabo el ejército gringo en Irak.

El responsable del argumento es Drew Goddard, guionista de la serie Buffy the Vampire Slayer y también de uno que otro episodio de Lost, quien realiza un trabajo minimalista pero de gran fuerza, parecido en cierto modo al argumento de Aliens Vs Depredador 2.

Nadie sabe qué es ni de dónde viene, pero lo cierto es que este monstruo es mucho más destructivo que cualquier ataque terrorista y que cualquier Godzilla post atómico. Su aparición pone a prueba la solidaridad y la amistad de un pequeño grupo de amigos ante la inminente, incomprensible y monumental tragedia urbana.

Si el adjetivo “surrealista” no se usara para ciertas corrientes artísticas, Cloverfield sería una película digna de tal epíteto. Las escenas que se muestran, a manera de un video documental de aficionado grabado en una cinta usada, son vertiginosas y pesadillescas: inician con las habituales escenas de cualquier fiesta: gente divirtiéndose, chismorreando, flirteando, embriagándose.

Sin perder la continuidad de una cinta recuperada que va corriendo, todo cambia repentinamente en la fiesta cuando la ciudad se estremece y comienza la destrucción por parte del increíble monstruo.

El desconcierto y la alarma cunden por todos lados, aunque se extraña no ver a gente histérica gritando ante tamaña situación. Unos amigos se unen en torno a Rob, recién nombrado vicepresidente de alguna empresa que desea rescatar a su novia recién tronada.

La otra cara de la moneda

Como entretenimiento o como diversión esta película es realmente original, amén de sus excelentes efectos (aunque la cámara por su movilidad puede llegar a marear a algunos espectadores). El espectador siente en carne propia la angustia de los protagonistas, producto del enfrentamiento con seres de una fuerza desconocida muy superior a la de ellos.

La idea de que el argumento intenta olvidar o minimizar las consecuencias de los ataques del 11 de septiembre del 2001 arranca del hecho de que las acciones se ubican en Nueva York y del ataque a la simbólica Estatua de la Libertad. Uno no puede menos que preguntarse: si hubiera un monstruo así, ¿por qué estaría interesado en arrancarle la cabeza a tal símbolo patrio gringo?

En una entrevista para hoycinema.com el productor J. J. Abrams señaló: “Vivimos en un tiempo de temor y creo que tener una película tan extravagante en la que un monstruo ataca Nueva York permite a la gente canalizar y experimentar el tipo de miedo con el que está viviendo. Quiero experimentar ese tipo de emociones pero a la vez no quiero ver películas acerca del terrorismo o de la guerra”. En otras palabras, el productor tiene claro que el público requiere de emociones fuertes, pero no necesariamente de las producidas por el gobierno de Bush.

Esta película representa la otra cara de la moneda de cintas que directa o indirectamente abordan -de manera crítica y reflexiva- el tema de la guerra posterior al ataque terrorista del 2001 y sus consecuencias, tal como En el Valle de las Sombras (04) de Paul Haggis.

Ya se prepara la segunda parte de esta entretenida cinta, a estrenarse el año próximo. La publicidad anuncia a esta película como una de las mejores del año, lo cual es ridículo si consideramos que estamos apenas en febrero; lo que sí se puede prever es que es una de las que prometen mejores resultados en taquilla, lo que a fin de cuentas es lo que le importa a la industria.

Thursday, January 31, 2008

El Amor Platónico

Las razones amorosas de Diótima

"El amor es una amistad con momentos eróticos."
Antonio Gala


Ricardo Martínez García


El día del amor y la amistad es un día especial. Se trata de un día que todos, de alguna manera, celebramos o al menos notamos. Compras de tarjetas o muñecos de peluche, globos metálicos y reuniones con la pareja o los amigos caracterizan esta celebración.
El fenómeno amoroso lo vivimos de acuerdo a lo que experimentamos y lo que asimilamos a lo largo nuestras vidas.

Nadie puede dudar de que nuestras primeras experiencias amorosas tienen su origen en nuestros padres que, desde que éramos bebés, nos hacen la vida fácil y llevadera. En esa época de nuestras vidas ellos nos cuidaron y protegieron, nos alimentaron y educaron.
Pero apenas comienza la adolescencia, y con ella el desarrollo físico y la fiesta de las hormonas, ya no nos basta con ese amor incondicional y paternal. Todo ese amor, que nos gustaba tanto, de pronto cambia, casi siempre para mal, que incluso en ocasiones lo vivimos como una carga o un estorbo del que nos avergonzamos y abochornamos.

En la adolescencia, nuestra recién inaugurada necesidad de independencia es más fuerte que el amor de nuestros padres, que sufre un desaire como pocos. Es normal, y también es normal que luego de cierto tiempo volvemos a quererlos, de manera diferente, sí, pero los seguimos queriendo.
Mientras tanto, nuestro “amor” (o cualquier cosa que hayamos creído que era ese amor) se enfocó en una solo persona, en un amigo o amiga, en unos pantalones viejos, en unos sucios tenis, en una patineta o bicicleta, en un peinado.
¿Qué ocurrió en esa transición de la infancia a la pubertad? ¿Qué hace que de repente nos descubran haciendo bizcos y contándole las pestañas a alguien mientras la miramos? ¿Qué nos mueve a solicitar información sobre direcciones, teléfonos, gustos, y si esa persona está disponible? ¿Qué nos lleva a ser “comunicativos” –por no decir chismosos- cuando siempre nos conocieron como pertenecientes al grupo de las “personas serias”?
He ahí unas cuantas preguntas sobre la naturaleza cotidiana y habitual de eso que llamamos amor.
La esencia del amor, su definición o concepto, es algo que se ha buscado desde que el género humano existe. Hay por supuesto miles de respuestas, dependiendo del tiempo, la cultura, el lugar y el humor, de lo que es el amor, y casi todas están entre sí relacionadas.
A mí me gusta especialmente la forma en que es examinado el amor en el diálogo platónico llamado “El Banquete”, también llamado “Symposyum”. El diálogo narra una reunión de amigos en una de esas convivencias griegas, muy comunes en aquella época, en las que los convidados discutían sobre algún tema particular mientas comían y bebían (sobre todo esto último, lo cual es una costumbre que no se ha perdido, imagínense: ¿qué sería de una fiesta sin alcohol?).
Al dicho Banquete asistieron diferentes personajes. Cada uno de ellos representa una opinión específica – que aún podemos hallar ahora- ante la cuestión sobre lo que es el amor. Tales posturas son discutidas por los participantes con una cada vez más notoria desinhibición hacia el tema, fruto del constante consumo de los buenos vinos griegos. Seguro que todos han notado cómo en las fiestas el alcohol hace que –en apariencia- todos se diviertan más, claro que si hay exceso entonces ya no hay desinhibición sino intoxicación y entonces la diversión la ofrecen los intoxicados.
El primer personaje en exponer su opinión es Fedro, que tiene un punto de vista a todas luces mítico. Señala que el amor es el “dios más antiguo, el más grande y admirable”, que es un dios que otorga virtudes y valores, esenciales para la convivencia social. El amor, para Fedro, es ante todo el respeto hacia los demás. “¿Respeto?”, preguntará alguno de ustedes, “Pero si lo que quiero es que nos faltemos al respeto, mamita”, dirá otro más audaz.
Es evidente que el respeto del que habla Fedro es aquel del cual dependen algunos valores como la confianza y la fidelidad, la intimidad compartida y la visión de una vida fundada en el compromiso. Veamos qué dicen los demás.
El segundo en exponer sus ideas es Pausanias, quien con el mismo tono mítico recuerda que el amor o Eros está muy ligado con la diosa Afrodita, pero como hay dos Afroditas entonces hay dos tipos de amor: el primero, perteneciente a Afrodita Pandemo, es el amor vulgar y azaroso, mientras que el otro, el de Afrodita Urania, es el amor bello y virtuoso. Así, el amor para Pausanias cuenta con una doble cualidad: el amor vulgar y el virtuoso.
Erixímaco, tercero en exponer sus opiniones y siendo médico, sostiene una explicación más orgánica (casi científica) que mítica: señala que la constitución de los cuerpos contiene en sí un “doble amor”, pues existe “el estado sano del cuerpo y el estado enfermo”. Lo que en realidad propone Erixímaco es una dualidad en la naturaleza, no sólo del amor que para él es meramente físico, sino de todas las cosas naturales.
Tal dualidad conduce a la atracción de los contrarios, como en el caso de los sexos para la reproducción. Como puede observarse, la explicación se enfoca en un aspecto del amor específico con un argumento un tanto forzado.
El comediante Aristófanes, otro de los convidados, sostiene, en tono de guasa y de manera ingeniosa, que el poder del amor era inmenso, que al principio del tiempo había tres tipos de seres humanos: los masculinos, los femeninos y los andróginos. Cada uno de estos seres tenía dos cabezas, cuatro brazos, cuatro piernas. Según contó, eran tan poderosos que los dioses, envidiosos y temerosos de ellos, decidieron separarlos y alejarlos unos de otros, condenándolos a buscar incansablemente a su “otra mitad”.
La felicidad, según eso, consiste en reencontrarse y volver a ser un ser completo. Eso explicaría la atracción de hombres hacia otros hombres o mujeres a otras mujeres y finalmente de un hombre a una mujer (es decir, los seres andróginos o heterosexuales).
En su turno, Agatón contradice a Fedro en cuanto que el amor no es el más antiguo de los dioses sino el más joven, que tiene una forma flexiva, que la virtud del amor es igual tanto con los hombres como con los dioses, que es carente de violencia y que no hay mayor placer que el amor. Sería difícil estar en contra de sus argumentos.
Finalmente le toca el turno a Sócrates. Señala primero que los argumentos anteriores para describir al amor han sido básicamente adjetivos calificativos: que si el amor es bueno, bello, virtuoso, unificador, etcétera. Luego, Sócrates afirma que todo lo que sabe sobre el amor se lo debe a una mujer llamada Diótima con la que conversó alguna vez.
En la charla con Diótima Sócrates se dio cuenta de que en todos los casos el amor puede ser considerado tanto bello como feo, virtuoso como vulgar, unificador como separador, etcétera, pero que entonces es necesario comprender su naturaleza como algo intermedio entre los extremos.
Sócrates intenta señalar tanto la naturaleza del amor como su probable utilidad. Primero, el amor es amor a algo, a algo que no se posee; se desea aquello que no tenemos o que necesitamos. El amor no es un dios sino un genio o démon, es decir un estado emotivo, algo intermedio entre la divinidad y la humanidad que se dirige a la belleza y ésta prefigura al bien.
El amor también es deseo de vencer a la muerte con la generación de descendencia. Si el amor es amor por la belleza, comienza por la belleza sensible y asciende hasta llegar a la belleza de la sabiduría.
Diótima le explica a Sócrates el origen de Eros de la siguiente manera:
“Siendo hijo de Poros y Penía, Eros (como los griegos llaman al amor) se quedó con las siguientes características. En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es más bien duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por tener la naturaleza de su madre.
“Por otra parte, de acuerdo a la naturaleza de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, filosofa a lo largo de toda su vida, y es un charlatán terrible, un embelesador y un sofista (conozco a varios así). No es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino que en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la abundancia, y otras muere, pero recobra la vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre. Mas lo que consigue siempre se le escapa, de suerte que Eros nunca ni está falto de recursos ni es rico, y está, además, en el medio de la sabiduría y la ignorancia.
“Por otro lado, los ignorantes ni filosofan ni desean hacerse sabios, pues en esto estriba el mal de la ignorancia: en no ser ni noble, ni bueno, ni sabio y tener la ilusión de serlo en grado suficiente. Así, pues, el que no cree estar necesitado no desea tampoco lo que no cree necesitar.
“La sabiduría, en efecto, es una de las cosas más bellas y Eros es amor de lo bello, de modo que Eros es necesariamente amante de la sabiduría [filósofo], y por ser amante de la sabiduría está, por tanto, en medio del sabio y del ignorante”.
¿Cómo la ven desde ahí? Resulta evidente que para Platón el máximo objeto del amor es la sabiduría, pero ¿dónde quedó el amor de pareja?
El amor no está entonces en el objeto amado sino más bien en el acto de amar. El filósofo ama la sabiduría, el ignorante ama sus pasiones (o sus debilidades). El amor entre la pareja busca la reproducción esencialmente. Dice Diótima:
“Se cuenta una leyenda según la cual los que buscan la mitad de sí mismos son los que están enamorados (evidentemente se refiere a lo expuesto por Aristófanes), pero, según mi propia teoría, el amor no lo es ni de una mitad ni de un todo, a no ser que sea, amigo mío, realmente bueno, ya que los hombres están dispuestos a amputarse sus propios pies y manos, si les parece que esas partes de sí mismos son malas. Así que, en verdad, lo que los hombres aman no es otra cosa que el bien”.
Dicho amor, afirma Diótima, tiene una acción especial: un impulso creador, tanto en cuerpo como en alma. “La unión de hombre y mujer es, efectivamente, procreación y es una obra divina, pues la fecundidad y la reproducción es lo que de inmortal existe en el ser vivo, que es mortal”.
El problema para entender el fenómeno del enamoramiento, al menos para aquellos de nosotros que somos hijos educados con la ideología amorosa transmitida a través de la mercadotecnia, que nos vende ideas o modelos de lo que es lo bello, y que no necesariamente tienen que ver con las características estéticas presentes en la mayoría de la gente, es precisamente despojarnos de esos modelos estéticos irreales. Alcanzar a ver en las personas con quienes tratamos todos sus valores, pero sobre todo la belleza de su bondad.
Estar enamorado significa para mí tener la idea, clara y fuerte, de que alguien, por sus virtudes, vale completamente la pena tenerla como compañera o compañero de la vida (según sea el caso). Y ese enamoramiento dura mientras la idea se sostenga y esté vigente, es decir, mientras creamos en ella. El amor es una creencia.
Por otra parte, si el amor más alto es el amor a la sabiduría, ¿en dónde encontramos dicha sabiduría? En la experiencia de la vida y en lo que podemos sacar en limpio de ella; pero también en la literatura, en los escritos sapienciales presentes en todas las culturas del mundo.
Por poner un ejemplo, en el texto judío del Talmud se encuentran los “Dichos de los Padres” (o los Pirke Aboth) donde hay una frase que sintetiza una sabiduría que de tan profunda parece simple, y que se le atribuye al sabio Hillel:
“Solía decir: a más carne, más gusanos; a más riqueza, más preocupaciones; a más
mujeres, más brujería; a más doncellas, más lujuria; a más sirvientes, más robo;
a más Torá, más vida; a más aplicación, más sabiduría; a más consejo, más
comprensión; a más caridad, más paz”.1


1 Bloom, Harold, Dónde se encuentra la sabiduría, Santillana Ediciones, Barcelona, 2004.

Friday, January 25, 2008

Tarde de Toros

Rejoneador







Largas con muleta

Derechazo























Un natural





Fotos de Ricardo Martínez García

Wednesday, January 16, 2008

En el Valle de las Sombras


Con la bandera de cabeza
Ricardo Martínez García

Desde que Estados Unidos decidió invadir Irak “en nombre de la democracia”, ha enviado a cientos de miles de soldados a combatir en ese lugar de donde algunos regresan a su patria muertos o con severos problemas siquiátricos, de adicción a drogas o incluso existenciales.

Eso es al menos lo que nos muestra la película En el Valle de las Sombras (In the Valley of Elah, 07), del director Paul Haggis, responsable también del guión, cinta que puede ser el mejor drama bélico cinematográfico realizado en el 2007 a partir de un caso real y que con toda seguridad no es un caso aislado.

Haggis trabajó como guionista en las cintas de Clint Eastwood Flags of our fathers (06), aquella película que aborda la toma de Iwo Jima desde el lado de los norteamericanos y hermanada profundamente con su contraparte desde el lado japonés, Letters from Iwo Jima (06).

En el Valle de las Sombras muestra de manera sutil el compromiso social que tanto el director como los actores tienen con sus compatriotas, y es lo suficientemente descarnada como para llamar la atención y hacerle tomar conciencia al pueblo norteamericano de la alarmante situación que ha generado esa intervención en Irak en algunos soldados de las tropas destacadas en Irak.

De ninguna manera se trata de una casualidad que en los protagónicos se encuentren el gran actor de carácter Tommy Lee Jones y la muy versátil Susan Sarandon (a la que acabamos de ver en Enchanted, como la reina bruja malvada llamada Narissa) conocidos por su activismo social y el rechazo a la política de George Bush en política exterior.

Jones y Sarandon, que son en sí una garantía de calidad, interpretan a un comprensiblemente angustiado matrimonio ante la desaparición de su hijo, soldado recién llegado para un corto periodo de vacaciones pero de quien nadie sabe nada, especialmente el ejército, que solo atina a confirmar su ausencia sin permiso oficial.

Hank Deerfield, un sargento retirado (Jones), al no encontrar a su hijo, emprende una investigación por su cuenta que de inmediato encuentra las trabas de la policía militar y la indiferencia de las autoridades civiles por un soldado perdido. Su investigación, a la que se une la detective Emily Sanders, (Charlize Theron), entra en un cauce que no hubiera querido descubrir.

Las condiciones en las que los combatientes viven el día a día en Irak los vuelve ajenos a sí mismos de la manera más peligrosa posible. Los saca de su contexto vital y trastoca sus valores. Pierden su identidad cultural y racial para ser sólo soldados. Son así, deshumanizados, capaces de actos espantosos como atropellar a un niño y a la vez encontrarle gracia a lastimar heridos.

Las acciones en combate, incluidos los crímenes de guerra, son guardados por los cuerpos militares como si fueran secretos íntimos. Ante todo, se fomenta una hipócrita apariencia de normalidad, apariencia que intenta ocultar el grado de depravación que pueden alcanzar ciertas personas en condiciones extremas.

El Valle de Elah, que da título a la cinta, es el lugar bíblico en donde se supone que se dio el encuentro entre el enorme Goliat y el pequeño David, encuentro del que salió vencedor el israelita.

La leyenda es utilizada en la cinta como metáfora para señalar que la guerra emprendida por la única súper potencia mundial y sus incondicionales aliados (Gran Bretaña, España, Polonia, Italia, Australia, Japón y hasta Colombia,) contra “el terrorismo”, Al Qaeda, Irak o como quiera llamársele a su adversario en turno, está destinada al fracaso, como antes sucedió en Vietnam.

Si juzgamos por los cálculos de organizaciones no gubernamentales acerca del número de víctimas civiles en Irak desde mayo del 2003 y hasta 2008 el número puede ir de los 40 mil a casi el millón de muertos, lo cual resulta siempre terrible.

Evidentemente a la población norteamericana en general le podría importar más el número de sus propios soldados muertos, o su estado de salud o mental, que el de las víctimas iraquíes que sólo representan números grandes pero intangibles. El cuerpo de un soldado en su ataúd cubierto por una bandera sí que los conmueve.

El ex sargento Deerfield encuentra en una ocasión a un centroamericano colocando la bandera de su país al revés en un mástil, y mientras arregla su posición le explica que izarla al revés es signo de Emergencia Nacional.

Al final de la cinta, Deerfield recibe la bandera del destacamento de su hijo, quien la había enviado por paquetería desde Irak. Deerfield decide colocarla, como recordatorio de su hijo muerto y víctima del fuego amigo, de cabeza en un mástil.

Saturday, January 12, 2008

H. R. Giger y sus Creaciones
Ricardo Martínez García

En 1978 Ridley Scott le pidió a H. R. Giger y al italiano Carlo Rambaldi (éste creador del monstruo satánico en la película de Andrzej Zulawski Posesión, de 1981, y del E. T. en la cinta de Spielberg) que diseñaran el prototipo de un ser extraterrestre y los escenarios y efectos especiales para el clásico del cine de ciencia ficción: Alien, El Octavo Pasajero (79). Giger ganó el Oscar por Efectos Visuales gracias a sus diseños.

Ni Scott ni sus diseñadores sabían que dicho monstruo sería el elemento visual fantástico que perduraría y daría pie a una serie de películas en las que la actuación de la criatura voraz sería la atracción y en la que su enemigo mortal no es el ser humano, sino otro extraterrestre verrdaderamente depredador, el cual toma como un deporte ir a planetas lejanos tan sólo para eliminar en cacerías a los feroces aliens.

El creador de dicha criatura es Hans Ruedi Giger (1940), importante escultor y artista gráfico suizo, ampliamente conocido por sus exposiciones en Alemania, Francia, Italia, República Checa, Suiza, Estados Unidos y otros países a lo largo de más de cuarenta años.

En un principio fue diseñador de interiores con clara tendencia al arte, al cual pudo dedicarse de manera completa en 1968. Poco después se unió a la actriz Li Tober, relación que duró hasta que ella decidió dar fin a su vida en 1975.

El estilo artístico de Giger, que estudió arquitectura y diseño industrial en Zurich a principios de los años sesenta, incluye sus famosos diseños que combinan cuerpos con máquinas a las que él ha llamado objetos biomecánicos, y diseños de paisajes futuristas surrealistas y estrambóticos, por lo que no es extraño observar en su trabajo la influencia de artistas como Jean Cocteau y Dalí.
La extraña inspiración de Giger y su enorme imaginación -que lo han convertido en uno de los más destacados artistas del Realismo Fantástico- lo han hecho colaborar en cintas como Dunas , de David Lynch (76), Poltergeist 2 de Brian Gibson (86), Alien 3 de David Fincher (92) y en Batman Forever de Joel Schumacher (95), en ésta última diseñando el batimovil que conduce Val Kilmer.

Ha diseñado también las portadas de al menos diez discos de artistas como Debby Harry (ex de Blondie) y su álbum de 1981 KooKoo, para Emerson Lake and Pamer la del disco Brain Salad Surgery, para Steve Stevens y su Atrocity y para Dr Death con Somewhere in Nowhere. Había diseñado para el álbum de los Dead Kennedys titulado Frankenchrist un paisaje llamado Penis Landscape, pero por problemas legales quedó otra portada.


Giger ha destacado por sus exposiciones -tanto individuales como colectivas- y sus trabajos para el cine y para las mencionadas portadas de discos, pero también cuenta con una considerable obra editada, entre catálogos , diseños cinematográficos, y colecciones de ilustraciones, como la basada en el libro mágico de ficción creado por Howard Phillips Lovecraft llamado Necronomicon, del que Giger realizó dibujos y editó el H. R. Giger´s Necronomicon.

Lo anterior viene a cuento por la exhibición en México de Aliens vs Predator: Requiem (07), de los hermanos Greg y Colin Strause, la cual intenta aterrizar un argumento sobre esas dos criaturas alienígenas.

Resulta que estos aliens, llegados en una nave de depredadores a la tierra accidentalmente, pueden inocular a sus retoños directamente en una mujer preñada y salir de su incubación de manera inmediata. ¿Qué pasó con los huevos translúcidos de aquella clásica versión original? Dicha película suponía -era de ciencia ficción pura- que la humanidad contaba con la suficiente tecnología para enviar naves exploradoras a galaxias lejanas.

Las acciones en Aliens vs Predator: Requiem están ubicadas en el presente -situadas en el estado de Colorado, pero filmadas en una zona boscosa de Canadá- y la ficción consiste en la existencia de seres peligrosísimos que hacen de las suyas.

El diseño de las criaturas, inspiradas en las creadas por Giger, son buenas y corrieron a cargo de Amalgamated Dynamics y los artistas Alec Gillis y Tom Woodruff Jr. La cinta pretende superar a la primera parte, que con mayor imaginación incluía una pirámide enterrada en algún polo y que por la intrusión humana activa una especie de cacería.

Lo mejor de la película es que no se anda con sentimentalismos a la hora de mostrar el exterminio de la población. A pesar de ello, como siempre ocurre en estas cintas, sólo un reducido grupo de humanos, aquellos que no confiaron en el coronel y en su “ayuda”, logran salvarse de milagro. Y es cierto: si existieran criaturas tan omnipotentes como los aliens o el depredador, en un enfrentamiento con cualquiera de esas dos especies los humanos no tendríamos nada que hacer.

Thursday, January 10, 2008

El Golem de Gustav Meyrink

El Eclecticismo de Gustav Meyrink
Ricardo Martínez García

¿Quién puede decir con toda certeza que conoce a su propio yo, que es dueño de una confianza en sí mismo a prueba de todo, que puede distinguir entre la conciencia diurna y una cuasi conciencia del sueño, después de leer El Golem, del escritor austriaco Gustav Meyrink, libro que es en sí una colección ecléctica entre budismo, cábala, divinidades egipcias, magia y onirismo?

Gustav Meyrink nació en Viena el 19 de enero de 1868, hijo natural de la actriz Marie Mayer (apellido original de este escritor que luego cambiaría por Meyrink) y del ministro de Estado Carl Freiherr Von Varnbühler. Tal situación, de acuerdo con algunas de sus biografías, le causó gran número de humillaciones sociales.

Luego de irse a vivir a Praga y casarse y divorciarse, y de volverse a casar (y entre esos matrimonios un intento de suicidio -con pistola en mano y todo- frustrado por la entrega anónima de un folletín, el cual lo indujo a penetrar en el mundo del esoterismo), Meyrink ingresó en 1903 a la revista Lieber Augustin, la cual le publicaría sus primeros textos.

Los intereses literarios de este autor, aunados a su orígen y a su consecuente rechazo a la vida burguesa, lo condujeron a escribir los textos El soldado ardiente (1903), Orquídeas (04) y El museo de cera (08), todos publicados en el volumen de 1913 titulado El cuerno encantado del pequeño burgués alemán, textos que prefiguran el ambiente oscuro, onírico y siniestro que caracteriza a su obra maestra, El Golem, publicada en 1915.

No es una coincidencia que Meyrink haya sido miembro -por un tiempo- de la sociedad secreta denominada Hermetic Order of The Golden Down. Dicha sociedad estudiaba diversas influencias y expresiones de múltiples tradiciones esotéricas como la Teosofía de Helena Blavatsky, los extraños escritos del rosacruz Eliphas Lévi, del francés Papus, y la magia enochiana del Dr John Dee. Otros miembros destacados de esta sociedad fueron los fantásticos escritores Arthur Machen, Algernoon Blackwood, William Buttler Yeats y el ocultista satánico Aleister Crowley.

El relativo éxito conseguido con la publicación de El Golem le permitió a Meyrink adquirir una pequeña casa cercana al lago de Starnberg, en Baviera, y además la necesaria tranquilidad para dedicarse al estudio de las “ciencias ocultas”, la parasicología y hasta la telepatía.

No se sabe qué avances tuvo en dichas disciplinas. Lo que sí se conoce es el título de sus siguientes trabajos. El rostro verde (1916), La Noche de Walpurgis (17), El dominico blanco (21), La muerte violeta (22), En el umbral del más allá (23), e Historias de un alquimista (25), obras que dieron continuidad a sus obsesiones con las prácticas esotéricas y con su exploración del subconsciente, tal como en su obra maestra.

El Golem
Meyrinck sin duda conocía las viejas historias judías sobre el Golem, derivadas del relato del Génesis en el cual se dice que Dios creó al hombre de un trozo de barro al que dio forma y luego le infundió el «aliento de vida», o soplo de vida, concepto que en la cosmovisión homérica también se manejó como elemento primordial de lo que es el alma, y que posteriormente utilizaría Anaxímenes como principio de su filosofía natural.

Dichos relatos cuentan que en los orígenes de la era cristiana hubo un grupo de rabinos que creyó posible encontrar una fórmula mágica que les permitiera infundir vida e inteligencia artificial a una figura de barro, tal como Dios había hecho con Adán.

Se dice que los miembros de una secta judía en el siglo XII lograron una serie de combinaciones de los signos fonéticos hebreos, los cuales harían posible que una figura de arcilla cobrara vida cuando se le introducía en la boca un papel con los signos escritos.

El relato del golem más famoso -de acuerdo con información en la web- menciona a Rabbi Judah Loew el Maharal de Praga, un rabino de siglo XVI. Se le atribuye haber creado un golem para defender al gueto de Praga de los ataques antisemitas, así como para realizar las tareas cotidianas de la sinagoga.

Quienes hayan visto un capítulo de esa peculiar serie de televisión norteamericana que es una parodia de la literatura, los mitos y las figuras culturales llamada Los Simpson, en el que se hace alusión al golem, recordarán que es presentado como un monstruo enorme que cobra vida a voluntad de un rabino que introduce el papel mágico en su boca.

Un día el rabino olvida retirarle el papel al final de sus tareas, con lo que el golem (palabra que en hebreo moderno significa “tonto” o “estúpido”) sale fuera de control y provoca una serie de estropicios, los cuales terminan hasta que el rabino logra darle alcance y retirar el objeto mágico.
El protagonista de El Golem de Meyrink es un sujeto que cree vivir la vida de un tal Athanasius Pernath. La novela bien pudo titularse “El sombrero mágico” pues el narrador, que sueña estando entre dormido y despierto con un pasaje de la vida de Buda Gautama o Siddharta (la palabra Buda designa a aquellos que han despertado a través del Nirvana y por ello son unos iluminados), comienza a tener una disociación de su yo y en consecuencia a tener vivencias extrañas -como un encuentro con su doble, clara referencia al mito del doppelgänger, pero éste es todavía mejor encarnado en el muy decente asesino Laponder- luego de utilizar un sombrero que se pone de manera accidental.

Meyrink también pudo titular el libro “Romance en el Gheto”, ya que el narrador que cree ser Pernath vive enamorado de Angelina, una condesa que conoció en su olvidada infancia, pero su verdadero amor es Miriam, la hija del archivista de la sinagoga Shemajah Hillel, un sabio santo, conocedor de la cábala que reparte todos sus ingresos entre los pobres y que es el único que puede tranquilizar la atribulada mente de Pernath con el simple expediente de pasarle la mano por encima de los ojos.

Un “sueño” recurrente de Pernath, que en una ocasión es confundido con el mismísmimo Golem, presenta a un ser hermafrodita, una representación del dios egipcio Osiris, el cual parece ser clave en lo que para la novela sería el equivalente al acceso al Nirvana budista.

El eclecticismo de la novela entraña una exploración del yo casi en los terrenos del gnosticismo, tal como Harold Bloom lo entiende, y una natural con-fusión de concepciones místicas y mítico-religiosas, si se considera que a lo largo de la historia de la humanidad los mitos y ritos se reciclan constantemente, y las migraciones llevan y traen dichas creencias de un lado para otro.

El Golem es, a fin de cuentas, una obra sumamente interesante por todas sus implicaciones culturales y folclóricas.

Saturday, December 29, 2007

La Leyenda del Tesoro Perdido 2

Fantasía arqueológica déjà vu
Ricardo Martínez García

Nicolas Cage da vida en La leyenda del Tesoro Perdido: El libro de los Secretos al arqueólogo Ben Franklin Gates, quien debe encontrar las pruebas de que un antepasado suyo no formó parte del grupo de personas que planificaron y ejecutaron el asesinato del presidente Abraham Lincoln, lo que lo llevará a las aventuras más inverosímiles pero muy bien presentadas fílmicamente.

El referente más próximo de esta cinta es la saga de Indiana Jones, protagonizada por Harrison Ford. La estructura narrativa es muy parecida: hay un arqueólogo cazador de tesoros que, en aras de limpiar el buen nombre de un antepasado, (en Indiana Jones y el Templo del Destino (Spielberg, 84) el motivo de las aventuras –que transcurren en la exótica India- es encontrar una piedra sagrada), se enrola en una serie de aventuras que incluyen el secuestro del presidente de los Estados Unidos.

La cinta, dirigida por Jon Turteltaub, presenta a un Nicolas Cage mucho más suelto y natural de lo que nos tiene acostumbrados, excepción de contadas cintas, como Salvaje de Corazón de David Lynch.

Lo mismo se puede decir del espectacular trabajo de producción, que es responsabilidad de Jerry Bruckheimer, uno de los productores más destacados en la industria del cine y la televisión de su país.

El principio del filme es un poco confuso, con tantos nombres históricos manejándose (que son el pretexto de la cinta), pero luego queda claro que de lo que se trata es de hallar un tesoro perdido, para poder desmentir que el antepasado de Gates hubiera sido un traidor a la patria.

Entonces comienzan las aventuras, aderezadas con efectivas dosis de humor y romance y la inevitable aparición de un villano que naturalmente también quiere el tesoro, el cual, luego un viaje a París y Londres y del secuestro presidencial y complicadas pesquisas en la biblioteca del Congreso, resulta ser un bien oculto conjunto de pirámides de oro (referencia histórica al mítico El Dorado) ubicadas en el subsuelo del lago a espaldas del Mount Rushmore National Memorial, en Keystone, Dakota del Sur.

Apoyada en un reparto de primer nivel la calidad actoral está garantizada, pues cuenta con el trabajo de la extraordinaria Helen Mirren (Emily Appleton, mamá de Ben y experta descifradora), los veteranos Jon Voigt (Patrick Henry Gates, papá de Ben y cazador de fortunas), Ed Harris (Wilkinson, el villano) y Harvey Keitel (Sadusky, agente del FBI y amigo de Ben), además del de la bella Diane Kruger (Abigail Chase, ex de Ben) y de Justin Bartha (Riley Poole, colaborador de Ben y escritor de libros).

La cinta tiene un defecto: cojea en ciertas partes de la historia misma, la cual hace pensar que en tanto película de acción, las de James Bond le vienen quedando cortas.

No se puede negar la buena hechura de las escenas de persecuciones en las calles de Londres, o las escenas semiacuáticas en las pirámides de oro. Pero eso de que Gates y su equipo puedan vulnerar tan fácilmente los sistemas de seguridad del Palacio de Buckingham y de la Casa Blanca –ayudados con tecnología portátil de punta, o con los encantos de su ex- es difícil de imaginar. Lo que de plano es del todo inverosímil es el secuestro del presidente y su posterior comprensión, dadas las circunstancias en las que se produce su secuestro: se trata de limpiar el buen nombre de un compatriota.

En descargo de lo anterior, hay que decir que la cinta es de Disney y tiene clasificación A y a fin de cuentas es muy disfrutable en un día de vacaciones -palomitas incluidas- y para todo el público no exigente de un poco de realismo.

Wednesday, December 26, 2007

Miss Potter

Una Bella Biografía
Ricardo Martínez García


Beatrix Potter es una señorita madura, adorable y bella, que tiene grandes habilidades para escribir y dibujar cuentos infantiles, pero vive en una sociedad victoriana que no entiende a una mujer con inquietudes intelectuales ni ve con buenos ojos que a su edad no se haya casado –especialmente su madre- y por ello tiene que luchar para ganar cierto respeto.

Una vez más la excelente actriz tejana Reneé Zellweger interpreta un papel que le exige hablar un inglés británico, tal como lo hizo antes en El Diario de Bridget Jones y su secuela. Para algunos, en esta cinta su actuación como Miss Potter resulta afectada, pero si se han leído novelas británicas del siglo XIX y principios del XX, con autoras como Jane Austen, Mary Shelley o Virginia Woolf, su interpretación resulta mucho más creíble y sumamente fiel a la época.

La inclusión de efectos animados puede resultar extraña pero enfatiza el poder imaginativo que tenía nuestra autora, creadora del personaje Peter Rabbit.

Potter exigía gran calidad en los grabados que ilustraban sus libros, los cuales le dieron a ganar grandes sumas de dinero, beneficios que le permitieron cierto margen de acciòn. Antes había sufrido cierta decepción cuando quiso publicar un trabajo sobre los líquenes justamente por ser mujer, cosa inaceptable por los miembros de la sociedad científica de su tiempo (hecho del cual no da cuenta la cinta).

Miss Potter es una cinta dirigida por el australiano Chris Noolan, famoso por la celebrada película para niños Babe, el puerquito valiente (95), y cuenta además con el excelente trabajo fotográfico de Andrew Dunn, quien retrata bellas y magníficas escenas de la campiña inglesa.

El drama del filme se centra en el momento en que la señorita Potter, luego de conseguir editor para sus cuentos, el señor Norman Warne (el siempre solvente Ewan McGregor) y de enamorarse de él, decide casarse, pero primero tiene que aceptar ciertas condiciones que sus padres le exigen, en un principio reacios a que su hija se case con un “comerciante”, o con cualquiera que tuviera que trabajar para vivir.

En el cumplimiento de dichas condiciones, Beatrix se aleja de Norman, tan solo para dejar constancia de que a veces la infelicidad se encuentra de cualquier modo en el camino de los que se aman sinceramente. Norman muere y Beatrix encuentra consuelo y desahogo en Millie, hermana de Norman (Emily Watson, discreta pero eficaz), quien como ella, es solterona y muy abierta intelectualmente.

Una vez muerto su prometido, Miss Potter se traslada a vivir a una granja que había adquirido. Ahí se reencuentra con un amigo de la infancia con el cual contrae matrimonio años después.
Poseedora de una gran fortuna, producto de las regalías de sus libros y de la herencia de sus padres, Beatrix adquirirá otras granjas aledañas a la suya con la intención de preservarlas y evitar que se fraccionaran debido al crecimiento urbano. Luego donaría esos terrenos que se convirtieron en parques.

Se trata de una cinta muy recomendable para aquellos que gustan de ver buenas biografías cinematográficas, aderezada con momentos de comedia y de romance que harán reír a más de una pareja de enamorados.

Thursday, December 20, 2007

Los Sultanes del Sur

¡Nadie sabe para quién trabaja!
Ricardo Martínez García

Los Sultanes del Sur, dirigida por Alejandro Lozano y escrita por Tony Dalton, es la historia de una banda de ladrones que inicia con escenas bien logradas y prometedoras –tomando en cuenta la fotografía, el ritmo y la presencia de una despampanante Ana de la Reguera- pero que se diluyen poco a poco por un argumento que no acaba de cuajar y termina por ser una caricatura de sí misma.

Pareciera al principio de la cinta que estamos viendo la versión hispano-mexicana-argentina de una espectacular película sobre el robo a un banco al estilo de Fuego contra Fuego (Heat, Michael Mann, 95) y en la que hay un líder cerebral que planea perfectamente el golpe millonario, líder que en esta película es eliminado muy pronto por las intrigas de sus adversarios argentinos.

No se puede negar tampoco que en el guión puede haber –tal vez de manera involuntaria- alguna referencia a Tarde de Perros (Dog Day Afternoon, Sidney Lumet, 75), filme sobre unos ladrones ineptos que secuestran a los clientes de un banco, hacen trabajar a la policía y finalmente caen en una trampa mortal.

La referencia anterior termina cuando estos ladrones mexicanos, Sánchez, Leserio (Dalton y Silverio Palacios) y Mónica (Ana de la Reguera), comandados por el español Leo (Jordi Mollá) escapan por un hoyo excavado en el piso del banco.

La cinta conforme avanza se inclina cada vez más hacia las que se clasifican como Tipo B, es decir aquellas hechas para la televisión sin grandes pretensiones de superproducción internacional.
Los ladrones mexicanos discuten, luego del golpe y la fuga mientras viajan en clase turista hacia Argentina, si ya pueden o no celebrar su éxito (uno sólo puede celebrar tales cosas si es dueño de una curul en el congreso o si uno es gobernador y amigo de los magistrados de la suprema corte), aunque sólo uno de ellos sabe con certeza que sí.

Al llegar a su destino, Leo, el líder de los ladrones, es el primero en ser ejecutado por uno de los dos prominentes cabezas de la delincuencia organizada en Argentina (los verdaderos Sultanes del Sur), luego de un fallido intercambio de los 12 millones de dólares robados por pesos argentinos, pues hacen la transacción tan mal que pierden todo: dólares y pesos. El supuesto beneficiado es Pablito, jefe policiaco argentino, que se queda con todo el dinero, pero eso le genera problemas con El Texano, dueño de los pesos argentinos y el otro capo de importancia en Argentina. El Texano obliga a Sánchez a que recupere su dinero, tomando como rehén a Mónica. Sánchez recupera el dinero, movido por su amor a Mónica, tan solo para ver cómo todo termina en una traición.

Jordi Mollá está muy bien en su papel de Leo, es una lástima que tuviera que ser tan breve, pues su presencia le daba calidad a la cinta. El personaje de Ana de la Reguera es algo plano, no logra transmitir a la femme fatale que pretendía Dalton y que el director no pudo obtener, sólo es una mujer despampanante e inexpresiva que no conecta con sus compañeros; se extraña su natural actuación de la que hace gala en los comerciales de agua embotellada o en otras cintas.


El rol de Dalton intenta ser la de un duro y estoico, arrojado e imprudente pero demasiado poco inteligente ladrón. Eso de ir a gritarle a Pablito frente a sus hombres que es un policía de mierda y luego salir vivo de esa, sí que es increíble. Por su parte, Silverio Palacios es el único que logra hacer de su personaje, un ladrón vulgar e histérico, alguien plausible de tan común y corriente, y por lo mismo, a final de cuentas el más sorprendente.

Como película de acción, la cinta se queda como tipo B, con algunas bien logradas escenas de acción, como la de la explosión de la bodega de Pablito, pero como thriller deja bastante qué desear, pues le falta profundidad argumentativa y cuenta con un ritmo irregular.

¿Qué salió mal?, pregunta la voz en off de Sánchez al principio de la película, y parece que lo que hizo que saliera mal es confiar en uno que, por principio, no se puede confiar, o al menos así lo muestra el dicho ladrón que roba a ladrón…, pero lo que sale mal en gran parte de la cinta es el trabajo argumentativo y narrativo: no hay manera de dar credibilidad a una cinta en la que los líderes de la banda de asaltantes actúan como si no hubiera necesidad de autorización por parte de la delincuencia organizada mexicana o argentina, y de ahí los enfrentamientos con El Texano y con Pablito, ambos personajes tratados con los típicos clichés y por ello bastante desdibujados.

Tal vez lo único que rescata de una debacle a la película es el final inesperado –dado el poco material argumentativo que había mostrado el guión- en el que un moribundo Sánchez toma conciencia de momentos clave, a partir de flashes, de quién y cómo resulta ser el verdadero ganador en esta feroz lucha por el dinero. Esa parte es lo mejor del guión de Dalton: nadie de la banda sabe para quién trabaja, excepción, claro, de quien se queda al final con el dinero, que es mucho suponer del personaje.

Thursday, December 06, 2007

Bee Movie

Una Broma Seinfeldiana!
Absurda Filosofía Política para Niños
Ricardo Martínez García

La cinta Bee Movie, que podría ser considerada como un curso intensivo infantil sobre lo que debe ser la sociedad –una cuasi broma seinfeldiana-, navega ambiguamente por el mar de la ideología social contemporánea, naturalmente sin llegar a puerto seguro.

El entomólogo norteamericano Edward Wilson, profesor de sociobiología en Harvard, publicó en 1975 un trabajo de investigación, La Sociedad de Insectos y la Sociobiología: La Nueva Síntesis, que armó gran alboroto entre la comunidad científica especializada.

El doctor Wilson propuso, entre otras cosas, que la conducta animal, específicamente la de insectos como las hormigas y las abejas, responde a una especie de altruismo, el cual beneficia a los genes del individuo que la realiza. Así, la conducta social –de acuerdo con los resultados de sus investigaciones- es la que el individuo realiza de manera natural en relación con otros sujetos de su propia especie, conducta que puede considerarse generosa en la medida en que garantiza una selección natural individual que beneficia al grupo social.

En otras palabras, lo que explica Wilson es que cualquier tipo de actividad social (en las hormigas y las abejas) está dirigida por la selección natural que beneficia al grupo en general. La evolución sigue siendo en todo caso predeterminada genéticamente, y tal cosa, por supuesto, no requiere de la voluntad o deseo de los individuos sino del orden genético con el que están constituidas dichas criaturas.

El problema surgió cuando a Wilson se le ocurrió sugerir que ocurre algo muy parecido en las sociedades humanas, y de ahí el gran escándalo. ¿Cómo es posible que alguien dude de la capacidad de decidir del ser humano, o de su libertad para establecer qué se quiere ser, señalando que no sólo estamos condicionados genéticamente en nuestra constitución física sino también moralmente? ¡Porque aceptar esto último sería como aceptar que no existe la libertad de elección personal sobre lo que queremos ser en la vida!

En el libro Periodismo Canalla (96), Tom Wolfe escribío un artículo titulado “Lo lamento pero su alma ha muerto”, en el que explica con un tono jocoso las consecuencias de las propuestas teóricas de Wilson, a quien Wolfe llama Darwin actualizado.

Wolfe explica que Wilson ha señalado que el cerebro humano al nacer no es como una hoja en blanco o una tabula rasa (como John Locke afirmaba) en la que se imprimen las experiencias. Más bien es como “un negativo expuesto que espera a ser revelado”, en el que existen ya las directrices genéticas que nos determinan. Uno puede revelar muy bien ese negativo, o revelarlo pobremente (dependiendo del nivel educativo y cultural), pero no hay posibilidades de desarrollar lo que no esté en dicho negativo. ¿Qué determina lo que hay en el negativo? Los genes.

De ese modo, son los genes –resultado de la evolución- los que van marcando las acciones que constituyen nuestra historia personal, y no hay mucho que alguien pueda hacer sobre ello. Pero Wilson sostiene que la genética no solo explica cosas como el temperamento, las preferencias, las reacciones emocionales o los niveles de agresividad, sino también gran parte de nuestras reverenciadas elecciones morales, las cuales no son elecciones en absoluto de una voluntad libre, sino tendencias impresas en algunas zonas del cerebro, tal como explica, con mayor detalle, James Q. Wilson –que no es pariente de Edward- en El sentido moral (93). La supremacía del fuerte sobre el débil estaría justificada por los genes.

De la sociobiología a la filosofía política para niños

Los niños a quien va dirigida la cinta Bee Movie, coescrita y producida por el famoso Jerry Seinfeld, y a sus padres que los llevan al cine, tal vez no vean problema en que el argumento de la cinta muestre a una abeja macho que tiene reticencias a ser lo que su naturaleza le dicta.

Se trata de una fábula que antropomorfiza una sociedad de abejas que viven en un mundo ideal, donde la muerte y el trabajo son lo más cotidiano, mostrándola como si sus individuos tuvieran conciencia y capacidad de elección (elecciones limitadas, pues sólo permiten elegir una función laboral, no un estilo de vida).

Bueno, pues resulta que la abeja protagonista llamada Barry Benson no desea ser una abeja que trabaje en el panal (escena que recuerda a los jóvenes discípulos de Sócrates a los cuales supuestamente pervertía –según una acusación en su contra en la Apología- haciéndoles ver que podían elegir su profesión y no limitarse a seguir la tradición laboral familiar), y pronto se le presenta la ocasión de salir del panal y entrar en contacto con los humanos.

El encuentro abeja-humanos resulta en la toma de dos direcciones por parte de Barry: como es una abeja pícara, se enamora de una humana (cosa que las mismas abejas se tienen prohibido), y como también es muy sensible socialmente, al darse cuenta de que los humanos se apropian cual parásitos del producto del trabajo de sus compañeras, entabla una increíble lucha ante los tribunales humanos para que toda esa miel en los supermercados les sea devuelta a sus legítimas dueñas.

La metáfora señala claramente al trabajo de la clase obrera y a los grandes capitalistas y dueños de los medios de producción que se quedan con las plusvalías, dejándole a sus obreros sólo las sobras llamadas reparto de utilidades.

En otras cintas como Hormiguitas (98) y Bichos (98), hay metáforas parecidas, en las que se busca la anhelada libertad (que casi siempre consiste en aceptarse como partes activas de una sociedad), pero no hay interacción directa con los humanos, como sí la hay en Bee Movie.

En un alarde de justicia imparcial que sólo existe en las películas animadas, Barry logra lo impensable: que les devuelvan a las abejas toda la miel que ilegalmente les fue recogida de sus panales.

Hasta ahí la película parecía revolucionaria y liberal, pero de pronto da el cambio de rumbo total: como las abejas viven ahora con un exceso de miel, ya no salen a trabajar, y ya no cumplen con su misión natural de polinizar las flores, por lo que éstas se marchitan y mueren.

Como la mujer de la cual está enamorado Barry es florista, éste se da cuenta de que su altruista labor por los derechos de las abejas fue contraproducente, al menos en parte, por lo que nuevamente se erige en líder de las abejas y las conmina a volver a su trabajo natural de polinizar las flores.

Una fábula se cuenta con la intención de ofrecer una moraleja. La cinta Bee Movie, que visualmente es excelente, propone la conclusión: no busques cambiar el orden natural de las cosas, pues así es como deben ser, o casi casi si naciste para maceta, del pasillo no pasarás. Edward Wilson tenía razón, o eso pareciera confirmar la película.