Friday, April 29, 2011

Hop, un rebelde sin Pascua

La pascua edulcorada

El extravío de los orígenes

Ricardo Martínez García

Si la Pascua –originalmente una celebración judía para conmemorar el escape de los hebreos de su cautiverio en Egipto- es una tradición religiosa que devino cristiana y cuya expresión es el huevo –símbolo de la renovación de la vida para muchos pueblos como los chinos, los hindúes, los persas, los egipcios-, en la cinta de Tim Hill Hop, un rebelde sin Pascua (Hop, 11), el conejo de pascua es llamado así porque es originario de la Isla de Pascua, en donde están las fastuosas instalaciones de una enorme fábrica de dulces y huevos de pascua, al estilo de la Fábrica de Chocolates de Willie Wonka, solo que más increíble, pues está regenteada por un Conejo cuyo capataz es un enorme pollo que ansía su poder, para mandar sobre los pequeños pollos obreros.

Para un adulto, la película puede leerse primero como una introducción infantil al mundo industrial, con la descripción visual –muy interesante- de los procesos productivos de los dulces y los huevos. También puede leerse como la búsqueda de la propia vocación, que se opone en apariencia con lo que se espera de uno como herencia familiar o como tradición, problema espinoso que se plantea desde la antigüedad (hay que recordar el famoso juicio de Sócrates y una de las acusaciones que se le imputaban, la de “pervertir a los jóvenes” al hacerles ver que no debían necesariamente dedicarse a lo que sus padres lo habían hecho).

Para un niño, es la divertida historia de un conejo en la búsqueda de su identidad y de su propio destino

Con un estilo fílmico que recuerda las cintas de Stuart Little (Rob Minkoff, 99, 02) o Alvin y las Ardillas (dirigida por el mismo Hill) la cinta logra una gran interacción entre personajes reales y animados, con buenos momentos de comedia. El argumento, escrito por Ken Daurio, Brian Lynch y Cinco Paul, a ratos ofrece ciertos guiños involuntarios que recuerdan a cintas como Rebelión en la granja, aunque sin acercarse siquiera a la crítica inherente de esta novela de George Orwell y en menor grado a la película de Joy Batchelor y John Halas de 1955 (Animal Farm).

Cuando el pollo Carlos, principal capataz del Conejo de Pascua (que en el original inglés cuenta con la voz de Hugh Laurie), comienza a albergar la idea de hacerse con el poder de su jefe, que es a su vez el padre de EB, el joven conejo rebelde a su destino de ser el sucesor del Conejo de Pascua, nadie se pregunta cómo es que el venerable Conejo de Pascua llegó al poder, o de qué tradición le viene tal poder.

“Por el poder que me fue conferido”, dice el anciano conejo cuando nombra como sucesores tanto a EB como a Fred (el otro rebelde pero humano) en una parte de la historia que muestra una clara inclinación monárquica de esas que decían que el poder les fue dado a los reyes por el mismísimo Dios.

Se trata de una cinta para niños con momentos divertidos que de un modo sutil plantea y refleja modelos de poder político incuestionables, demasiado poco claros por profundos para los niños y para alguno que otro adulto. ¿Alguien recuerda el clásico texto de Ariel Dorfman y Armand Mattelart Para leer al Pato Donald

Monday, April 25, 2011

Los piratas del rock

Rock con humor

Vivir para el Rock and Roll

Ricardo Martínez García

La existencia de la radio en el mundo del rock es tan necesaria como el agua para la vida. De acuerdo con la cinta de Richard Curtis Los piratas del Rock (The boat that rocked, 09), en la Gran Bretaña de 1966, año en el que el rock pop estaba “en su punto más alto”, la BBC, radio oficial del imperio, solo programaba unos cuantos minutos de rock and roll al día. El surgimiento y florecimiento de radios piratas fue la solución a esa necesidad del alma de escuchar música, especialmente rock.

Con un reparto encabezado por Philip Seymour Hoffman, Bill Nighy, Nick Frost y Kenneth Branagh, la cinta muestra momentos de alegría y de baile domésticos, momentos plenos de esa  clandestinidad cotidiana en la que incurren los radioescuchas al sintonizar la estación pirata Radio Rock, montada en un buque anclado en el Mar del Norte, lejos de la jurisdicción británica pero cerca del corazón y el gusto de la población.

De manera un tanto cómica, la cinta señala una cierta necesidad de control por parte de las autoridades del gobierno británico sobre las radiodifusoras, especialmente sobre Radio Rock, cuyos altos niveles de audiencia se deben a la gran variedad de locutores y sus estilos, que van desde la irreverencia y picardía sexual más ácidas, hasta un casi inexpresivo D´J con la voz más sexy y aterciopelada.

Con un guión escrito por el propio Curtis, autor del guión de películas como El Diario de Bridget Jones y Un lugar llamado Notting Hills, y de series de televisión como Mr. Bean, esta entretenida película resulta divertida gracias a la flemática e ingeniosa manera británica de bromear de la mayoría de los protagonistas, como el locutor estrella Gavin Kavanagh (Rhys Ifans), el gerente de la estación Quentin (Bill Nighy) o el “doctor” Dave (Nick Frost), así como el Duke (Hoffman), que aunque sea norteamericano, no desentona en absoluto.

La cinta cuenta con una musicalización de primera línea, cuyas canciones merecen mención aparte, pues muestran toda una época de oro del rock pop  a partir de una amplia gama que va del hard rock de The Who (My generation), The Animals (House of the rising sun), Jimmy Hendrix (The wind cries Mary) o The Kinks (All day and all of the night), pasando por las románticas plenas de Soul de grupos como The Supremes (The happening), The Isley Brothers (This old heart of mine) o de Smokey Robinson and The Miracles (Ooo baby baby) hasta llegar a rolas clásicas de grupos como The Box Tops (The letter), Tommy James and the Shondells (Crimson and Clover), The Moody Blues (Nights in White Satin). No deje de verla.

Sunday, April 24, 2011

La chica que soñana con una cerilla y un bidón de gasolina

Heroína del siglo XXI
El surgimiento de una heroína nórdica

Ricardo Martínez García

Stieg Larsson, el escritor sueco autor de la saga de Milenium, de la cual se han adaptado las versiones fílmicas y exhibidas en México dos de ellas, murió en el año 2004 a la edad de 50 años. Milenium 2, cinta dirigida por Daniel Alfredson, es la adaptación correspondiente al libro La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.

Si en la primera parte de esta trilogía literaria y fílmica la acción se centra en el trabajo de investigación periodística de Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist) y la valiosa ayuda de la hacker Lisbeth Salander (Noomi Rapace) para solucionar la desaparición de la sobrina-nieta de un importante empresario, en esta segunda parte Lisbeth se enfrenta con sus demonios particulares y su historia particular, ajusta cuentas con algunas personas de su pasado, mientras que Mikael siempre anda un paso atrás en las pistas que va dejando ella, pero haciendo su aparición en el momento más apremiante.

El ritmo de la acción es trepidante, con nuevos personajes que le aportan riqueza y agilidad argumentativa a la cinta de Alfredson, la cual solo resulta incoherente o al menos falta de credibilidad al final de la cinta, cuando ésta se deja llevar por una especie de síndrome de Rambo encarnándose en el personaje de la Salander. Un pequeño tropiezo que puede ser obviado por las más de dos horas de intensa e intrigante narración policiaca y de investigación criminal.

El planteamiento novedoso de esta cinta, protagonizada por actores europeos, no ha sido suficiente para mantenerla por más de dos semanas en la cartelera cinematográfica de la Ciudad de México, lo cual es una pena, puesto que ofrece una excelente alternativa a la escasa oferta de películas de calidad previas a la temporada veraniega.

Mis últimas 5 Novias

El amor es un esayo continuo

El rebote emocional

Ricardo Martínez García

Cuando las comedias románticas intentan establecer reflexiones sobre el tortuoso camino por el que a veces llega ese sentimiento que llamamos amor, suelen establecer la contradictoria situación que se presenta en el individuo que lo experimenta, y ahí está la vena de la cual se puede extraer tanto el aspecto cómico como el trágico. En la formación de tal contradicción incluso se apela a la larga tradición literaria y filosófica que aborda el tema, pero que deja abierta la experiencia porque nadie “experimenta en cabeza ajena”.

Tal es el caso de cintas que más bien abordan el desamor, o las contradicciones inherentes al amor. Quinientos días con ella, de Mark Webb, Amigos con derechos de Ivan Reitman y ahora Mis cinco últimas novias de Julian Kemp tienen en común ser comedias reflexivas, irónicas, desesperanzadas, que se preguntan si la soledad no será mejor destino que tal búsqueda y encuentro, que con bastante frecuencia conducen a la infelicidad.

Mis últimas cinco novias es el relato del desesperado y casi suicida Duncan (Brendan Patricks), que ve en retrospectiva desfilar a novias que no puede retener, sin alcanzar a  ver cuál ha sido su falla, sin que sus reflexiones (que muestran que en el fondo hay un egoísmo en su concepción del mundo, como si todo girara en torno suyo) lo conduzcan a la comprensión mínima del fenómeno llamado amor.

Se trata de una divertida y entretenida cinta británica basada en la novela de Alain de Botton Ensayos sobre el amor, (autor también de la serie Filosofía: una guía para la felicidad) en la que propone el tema de siempre pero con una propuesta novedosa e inteligente.

Wednesday, April 20, 2011

La otra familia


¿La familia es amor?
¿La misma sociedad?

Ricardo Martínez García

El caso particular de una pareja homosexual que decide hacerse cargo de un niño puede verse desde diferentes ángulos. En la propuesta fílmica del director mexicano Gustavo Loza La otra familia (11) hay crítica social, humanismo, descomposición social y prejuicios. Algunas posturas están bien planteadas pero otras son dejadas como a la deriva. En el primer caso está la aceptación entre ciertos círculos sociales de las nuevas formas de convivencia, convivencia reconocida por las leyes que rigen al menos en la Ciudad de México.

Jean Paul y José María (los estupendos actores Jorge Salinas y Luis Roberto Guzmán) son una pareja que decide casarse y arman tremendo pachangón para celebrarlo. La ceremonia es presidida por su amigo el padre Tomás (Alejandro Calva), que además es director de un instituto de educación. Esta forma de convivencia despierta si no las sospechas mal intencionadas (sobre todo de personas a su servicio o de gente de baja ralea) sí el claro prejuicio de muchas otras (como la mujer que se preocupa por que el niño que pretendía adoptar sea “protegido” por ese tipo de pareja).

Los roles sociales están bien marcados en los personajes: la sirvienta y el jardinero que sospechan de la honorabilidad de sus patrones, la adicta (Nailea Norvid en una actuación sensacional y escalofriante) que deja abandonado a su hijo por andar en el viaje, el narcomenudista que ve en la situación de abandono infantil su oportunidad de hacer negocio a costa del niño, el pudiente hijo de papi que pretende comprar a un niño porque “es un rollo adoptar en este país”. Las amigas buena onda que se preocupan realmente por la situación del niño en cuestión.

Esta cinta muestra que el problema de la adopción es problemático de por sí para las parejas heterosexuales, y no se diga para las homosexuales, que además tienen que luchar aún contra prejuicios generados por su preferencia sexual. La cinta propone una situación particular pero no ofrece una solución aunque la sugiere. La sugerencia en términos reales puede plantear más problemas que una adopción legal pero, de acuerdo con el mensaje de la cinta, esto no plantea un problema insuperable si realmente hay amor de familia.

La película cuenta con momentos de humor, sobre todo con las situaciones inesperadas cuando un niño se hace presente en un lugar en el que su presencia no era contemplada. Tierna a ratos y jocosa por absurda también, es una cinta que en general resulta agradable, aunque el final es un poco ambiguo.

Salvando al Soldado Pérez


Pueden perder el estilo, pero no a la familia
Nuevos Héroes en la Era de los Narcos

Ricardo Martínez García

El cine es una expresión artística pero también muestra, dependiendo del guión y el contexto, las tendencias sociales que son aceptadas o rechazadas y que forman parte ya de la idiosincrasia de un pueblo, o de las tendencias a las que se quieren dirigir dichas idiosincracias.

En la cinta mexicana del director y guionista Beto Gómez Salvando al Soldado Pérez, la parodia de la cinta bélica de Steven Spielberg Salvando al Soldado Ryan (98) –con su propia carga ideológica y propagandística muy particular- es llevada a extremos cómicos que funcionan porque además de mofarse de los clichés de la cinta de Spielberg, el contexto ahora es el de los clichés, cada vez más aceptados en nuestra sociedad, de lo que parecería la consolidación de una cultura del narco.

El poder económico, el estilo de vestir y de hablar, las conexiones internacionales, el manejo de armas de alto poder, el poder hacer casi cualquier cosa que se propongan, hace de los capos del narcotráfico seres prácticamente míticos, los héroes de algunos sectores de la población que ya no solo construyen plazas para sus pueblos, o escuelas, iglesias o clínicas rurales, pareciera que ahora pueden, si no rescatar por sí mismos a los suyos en peligro, sí mandar a la gente que lo pueda hacer. La fuga del Chapo y el rescate de tantos otros reos directamente de los penales de alta seguridad son pequeñas muestras del áura que los rodea y protege ahí en la sierra donde habitan, a la vista de todos.

El elenco que ha reunido Gómez es de lo mejor en términos actorales: Isela Vega, Jesús Ochoa, Miguel Rodarte, Jaime Camil, Gerardo Taracena, todos bien dirigidos y trabajando en escenarios que no le piden nada a los de Hollywood (como esos donde se producen los feroces tiroteos y persecuciones en esos pueblos supuestamente de Irak y Turquía). Se trata de una cinta divertida que muestra que la aceptación de este tipo de personajes en la vida real ha avanzado más allá de lo que la sociedad civil está dispuesta a aceptar abiertamente.

Tuesday, April 19, 2011

Amigos con Derechos

La eterna búsqueda de la relación perfecta

Ricardo Martínez García

Cuando dos personas, en la clásica búsqueda del amor, entablan una relación de amigos pero en el que hay más circunstancias que las meras expresiones de amistad, como el sexo, casi siempre tal relación termina por convertirse en un embrollo, si es que las reglas no quedan claras o si las reglas dejan de tener sentido al momento de experimentar  los sentimientos que respectiva y correspondientemente se les presentan a uno y a otro.

El que se enamora pierde, y eso es justo lo que le ocurre en Amigos con Derechos (No Strings Attached, 11) a Adam (Ashton Kutcher) cuando luego de ver cómo su exnovia se junta con su padre, y de encuentros y reencuentros con su antigua compañera escolar Emma (Natalie Portman), de fundamentar su particular tipo de relación en sexo consensuado y casual pero siempre con la idea de no involucrarse más que solo de manera superficial, así como de extrañas competencias con otro galán que sí parece el indicado para Emma. 

El grado de convivencia no prevista ni deseada –como el dormir juntos y vestidos- así como el enamoramiento y la  situación que se genera asusta a Emma y decide alejar a Adam de su vida.
Adam lo tiene más claro, pero esa claridad no es nada sin la parte de ella, o al menos no lo es hasta que a Emma le cae el veinte, su propio veinte.

Esta comedia, dirigida por Ivan Reitman, resulta divertida sin duda por la participación de Kutcher, que se ha especializado en este tipo de cintas. Luego de su intenso trabajo en El cisne negro, extraña pero es un placer ver a Portman en una comedia, en la que si bien no es la que arranca las carcajadas, cumple de manera natural con su papel. El final es algo predecible y complaciente, pero vale la pena volver a verla.

Monday, February 28, 2011

El discurso del Rey


El símbolo de un imperio

Ricardo Martínez García

El director británico Tom Hooper narra en El discurso del Rey (11) la historia del rey George VI de Inglaterra, de cómo llega al trono luego de que su hermano mayor se ve presionado para abdicar, pero sobre todo de cómo lucha contra su tartamudez.

Bertie (Colin Firth, como siempre en plan grande) es un hombre inseguro que no soporta hablar en público, a tal grado que su esposa, la princesa Elizabeth y madre de la actual reina, (Helena Bonham Carter) busca con insistencia un remedio a su problema de lenguaje, y peregrina entre doctores hasta que da con el desconchado consultorio del terapista Lionel Logue (un estupendo Geoffrey Rush) y comienza el arduo trabajo por hacer su discurso medianamente fluido.

Es la interesante historia de una inesperada amistad, de un periodo histórico de la Inglaterra de la primera mitad del siglo XX, de grandes y terribles retos, de una nación y su representante, el rey, quien ha de dar la cara aunque no sea él precisamente quien tome las grandes decisiones, quien es cabeza de una monarquía pero cuyo papel es más modestamente representativo.

La lucha que realmente lleva a cabo Bertie es contra sí mismo, contra sus traumas y frustraciones alimentados desde la infancia, contra su inseguridad acrecentada por su propia familia. La ayuda que Lionel le ofrece es la de mostrarle cómo ser espontáneo, de soltarse un poco de esa rigidez que no lo deja ser él mismo. Lionel es un personaje aparte: es un amante de Shakespeare, medio psicólogo y terapeuta a la vez, cuyos métodos heterodoxos causan escozor en algunos personajes cercanos al entonces príncipe e inminente rey.

Se trata de una cinta de época bellamente realizada, divertida, con escenarios fastuosos (que contrastan con el consultorio de Lionel), excelentes actuaciones, buen ritmo y que enfatiza dos cosas: el valor extraordinario de la imagen del rey inglés y el valor más palpable de una gran amistad.

Saturday, February 26, 2011

El Rito

El Rito
La adulteración del exorcismo

Ricardo Martínez García

Si el rito es un acto -a veces de carácter simbólico- que repite incesantemente su forma y en ello radica su efectividad, el sacerdote Lucas Trevant (un declinante Anthony Hopkins) es el menos apto para enseñar el del exorcismo a un neófito (a manera de un mistagogo) y escéptico seminarista a punto de ordenarse. El padre Lucas hace de tal rito una especie de terapia en la que la madre de una víctima del maligno la lleva ante el sacerdote como si fuera una consulta más, mientras que éste durante la ceremonia se da el lujo de interrumpirlo para contestar su celular.

Con una línea argumentativa que la emparenta más con El Exorcista 2, El Hereje, (Boorman, 77), cinta mucho más inquietante por sus propuestas teológico-morales que por sus efectos especiales (y protagonizada por el gran actor Richard Burton), El Rito (11) del director Mikael Håfström, presenta un trabajo basado en “hechos reales” -sin especificar si se refieren por hechos reales a una poseída que arroja por la boca clavos de metal o si trata del modo en que un seminarista es coaccionado a tomar un curso para exorcistas con la amenaza de que si abandona el camino del sacerdocio de cobrarle su instrucción- y que en cierto nivel desmitifica o ironiza la realización y efectividad del susodicho rito.

Sin escenas de terror o de suspenso que verdaderamente impacten al espectador (quien vaya a verla pensando que es una clásica película de terror se desencantará de ella), hay una especie de ambiente cínico a lo largo de la cinta, de una especie de hastío que expresa muy bien el personaje de Hopkins, que pasa por ser el más experimentado de los exorcistas, pero que queda muy lejos de la majestuosa simpleza del padre Lankester Merrin, maravillosamente interpretado por Max Von Sidow en aquella clásica de William Friedkin de 1973.

Wednesday, February 16, 2011

El Cisne Negro


El otro yo

Arte y Pasión

Ricardo Martínez García

La nueva cinta de Darren Aronofsky es una historia que encierra muchas otras. Es la historia del desarrollo de los preparativos que realiza una compañía de ballet, para una nueva temporada con El lago de los cisnes, y de las relaciones entre las ballerinas y su director. También es la historia de la relación de la bailarina principal y de su controladora y sobreprotectora madre, que ve en ella lo que ella no pudo ser. Igualmente es la historia de cómo una artista en la plena extensión de la palabra lleva su performance a extremos de realismo totalmente radicales aún a costa de su vida. Del mismo modo, es la trágica historia de las pasiones humanas que juegan un papel predominante en los personajes de El lago de los cisnes de Chaikovski.

El afán por sentir al personaje dual del cisne blanco y el negro, que tan intensa y eficazmente le exige el director de la compañía Thomas (un excelente Vincent Cassel) llevan a Nina (Natalie Portman en plan excelso), su prima ballerina, a experimentar un cambio radical de forma de ser, como si fuera el surgimiento de una especie de mitad siniestra (al estilo de Stephen King), con sus desdobles en espejos y dualidad de ser. Hay una Nina contenida, frígida y controlada por su madre, y hay otra que se apodera de su ser completamente pero solo a ratos, que es toda sensibilidad y lujuria. En Nina confluyen demasiado cercanas las pulsiones del eros y del tánathos, conducidas por las exigencias de su doble interpretación, pero la segunda pulsión –avivada por el instinto sexual- pugna por salir completamente (dejándose llevar), justo en el momento del clímax de la danza del tercer acto, pero mostrando su poder solo en la conclusión del cuarto acto.

Con una cámara que a ratos va al hombro y que sigue a la protagonista por las calles, o va delante de ella a través de los camerinos, la técnica fílmica no da tregua al espectador, marcando un ritmo acompasado con los crescendos de esa hermosa música compuesta por el genial ruso. Música, danza y actuación se entremezclan bella y constantemente, dando como resultado una extraordinaria y exquisita cinta que cuenta historias más allá de la propia historia cinematográfica, trascendiendo la de la reina cisne –el cisne blanco y el cisne negro-, la de Rothbart y la del príncipe.

El Turista


¿Se enamora siempre del hombre correcto?
El refinamiento absoluto: hacer lo que quieran

Ricardo Martínez García

En clave de comedia romántica y de espías, la cinta El turista (10), de Florian Henckel von Donnersmark, oscila entre el homenaje a las viejas películas europeas de espías al estilo de las novelas de Agatha Christie, el guiño al llamado cine de arte, con escenarios fastuosos y actrices bellísimas, y cintas con tramas más cercanas a la serie de Bourne, o a las del Agente 007 –en una versión femenina protagonizada por esa femme fatale que es Angelina Jolie-, pero con un final que recuerda a El Talentoso Mr. Ripley, solo que en este caso se trata de un talentoso banquero y sus habilidades para hacer cambiar de manos a enormes sumas de dinero.

Frank (Johnny Depp) es un relajado turista norteamericano en Europa que se encuentra de pronto con una mujer despampanante y muy segura de sí misma llamada Elise (mismos adjetivos para Angelina Jolie) que lo seduce y conduce a una aventura con persecuciones y confusiones de personalidad, de la que saldrá bien librado por su insospechada capacidad de previsión.

Divertida y amena si no se es demasiado exigente, con agradables actuaciones de estas dos súper estrellas que están a un nivel personal y profesional en el que realmente hacen lo que quieren y que se encuentran en una situación fílmica parecida a la que tuvo Jolie con Brad Pitt en Sr. y Sra. Smith, otra comedia no tan refinada como ésta cinta de Donnersmark (aunque Depp se encuentra lejos de una situación personal como la de Pitt), la cinta es bastante disfrutable, con muy buen ritmo, aunque sea ligeramente predecible.

Temporada de Brujas


Algunas almas ni son humanas
Ridiculous versus diabolus

Ricardo Martínez García

Hay una canción de Donovan llamada Season of the Witch, tal como se llama esta cinta de Dominic Sena, muy bien utilizada para rematar la cinta To die for de Gus Van Sant (y en la que Nicole Kidman ofrece su mejor trabajo). Dominic Sena va por otro lado y se inclina más bien por la ficción medieval, que intenta mezclar elementos históricos y religiosos pero el resultado es un híbrido de terror serie b demasiado poco creíble.

Luego de matar enormes cantidades de personas “en nombre de la Iglesia” en diferentes campañas en medio oriente, mejor conocidas como Las Cruzadas, de pronto al caballero francés Behmen (Nicolas Cage) y a su compañero Felson (Ron Perlman, lo mejor de la película), aparentemente les cae el veinte y deciden retirarse –a pesar de su juramento- de estos combates contra los infieles, que incluían a mujeres y niños indefensos. De inmediato son considerados como desertores, son atrapados y para no ser prisioneros o muertos, aceptan la misión de trasladar a una mujer acusada de brujería a un monasterio, donde sería juzgada por los frailes de manera “justa”.

Hasta ahí todo parece históricamente correcto, y la cinta resulta interesante, pero es en la narración del traslado de la acusada donde ésta pierde la brújula y se convierte en algo que mezcla elementos de cintas como Van Helsing, Legión, El exorcista, y otras por el estilo, pero de manera tal que no se puede más que sonreír con cierto sarcasmo.

¿Cómo no hacerlo al ver a Behmen luchar cuerpo a cuerpo con el mismísimo señor de la oscuridad, de tú a tú? Eso es conceder demasiado a la idea de un diablo tan poco poderoso, que solo se arredra ante un libro casi mágico y cuyos rezos aparentemente tienen el poder de regresarlo al infierno, de donde no debió salir. Tal vez lo que no debió salir es un argumento tan pobre como el de esta cinta.

Monday, February 07, 2011

Déjame entrar


El dulce sabor de la sangre fresca

Ricardo Martínez García

Hay dos escenas claves en la clásica obra del vampirismo, el Drácula de Bram Stocker: la primera cuando Jonathan Harker llega al castillo del Conde en medio de la lúgubre noche, éste le abre la pesada puerta y le dice que entre por su propia voluntad; la segunda es cuando la dulce y bella Lucy Westenra le abre la ventana semiinconsciente pero voluntariamente al Conde para que entre a su habitación. Con estas dos escenas parece establecerse que los vampiros no pueden obligar o forzar a nadie a entrar o a dejarlos pasar a los aposentos de los humanos.

El director Matt Reeves coescribe el guión de Déjame Entrar (10) junto con el autor del libro del mismo título, el sueco John Ajvide Lindqvist, con la premisa del permiso que necesita un vampiro para entrar, pero hasta ahí la referencia al clásico. La historia gira en torno de Owen, un niño flacucho, blanco predilecto de otros niños que abusan de él; su madre está en proceso de divorcio y casi no lo puede atender. Owen (Kodi Smit-McPhee) entonces se hace amigo de una niña llamada Abby (Chlöe Grace Moretz) que se muda a su mismo edificio. La amistad se hace algo más ante la soledad mutua de los niños, además de que comparten secretos que explicarían varios crímenes cometidos justo a partir de la llegada de Abby al vecindario.

Sin el glamour de otras cintas de grandes presupuestos y bellos protagonistas que explotan su sex appeal de modo más que evidente, pero sí con una historia sencilla y bien contada, pocos efectos especiales pero buenas dosis de dramatismo, Reeves logra una cinta redonda y entretenida. Tal vez no sea la película americana de terror más grande desde hace 20 años pero sí es una película bastante recomendable. Ya hubo una primera versión, filmada hace dos años por el sueco Tomas Alfredson y titulada Let the right one in, la cual fue aclamada por la crítica, pero no se vio en México.