Tuesday, August 28, 2007

El Evangelio según Graves

Ricardo Martínez García

Una de las ventajas de la creación literaria es que el escritor, en su elaboración o composición, puede incluir en la trama sucesos históricos auténticos combinados con elementos de su propia imaginación, o con otros elementos históricos no reconocidos oficialmente. El resultado de estas combinaciones es a veces sumamente atractivo (e inquietante).

Jesús Cristo, el Hijo del Hombre, es con toda probabilidad el personaje más importante de la historia, tanto religiosa como social en occidente. Su vida y acciones, conocidas sobre todo por los textos evangélicos del Nuevo Testamento, han inspirado desde hace veinte siglos toda una concepción de la vida y la muerte que devino religión, marcada por los que se han considerado los más altos valores éticos y sociales. Es lo que se ha llamado Cristianismo.

La veracidad de lo narrado en los cuatro Evangelios ha sido aceptada por los creyentes, luego de que los miembros de los diferentes concilios históricos no tuvieron duda de su autenticidad ni de su carácter sagrado.

La Iglesia Católica comenzó a consolidar su postura e influencia dentro del Imperio Romano, a finales del siglo IV, gracias al reconocimiento que el emperador Teodosio hizo del cristianismo como religión oficial. Desde entonces, dicha iglesia sustenta el dogma que afirma la divinidad de Jesús, su nacimiento y vida marcada por los milagros, así como su resurrección luego de tres días de muerto.

Estos fundamentales dogmas –proposiciones aceptadas como verdaderas en función de la fe- casi nunca han sido puestos en duda, salvo por algunas herejías como el arrianismo, a principios del mismo siglo IV, la cual niega la divinidad de Jesús, al que sólo reconoce como un hombre sabio, o algunos otros que niegan la concepción virginal de María, la madre de Jesús.

Jesús, personaje literario

El escritor libanés Kahlil Gibrán Kahlil, uno de los grandes representantes de la literatura árabe de principios del siglo XX, escribió una hermosa novela de ficción en la que da voz a personajes que vivieron en tiempos de Jesús y ofrecen su testimonio sobre él y los prodigios que vieron. El título es Jesús Hijo del Hombre.

Otros autores en cambio aluden directa o indirectamente en sus obras a la vida de Jesús y construyen tramas que no están de acuerdo con algunos aspectos del dogma cristiano.

Ejemplo bien conocido es el del escritor griego Nikos Kazantzakis y su novela de 1955 La última tentación. En ella Kazantzakis –autor de la también célebre Alexis Zorba, ambas novelas llevadas a la pantalla grande- describe a un Jesús mucho más humano que divino, quien es víctima de pequeñas y grandes dudas y tentaciones, la última de ellas, justo en el momento en que se encuentra crucificado, consiste en convertir a María la Magdalena en su mujer.

Caso aparte es el de la novela Rey Jesús de Robert Graves, que está contextualizada históricamente de una manera muy precisa y compleja.

Jesucristo según Graves

Prolífico autor de una obra poética de más de 20 títulos, así como de prosa –obras de ficción y de no ficción con más de 60 libros- Robert Graves es conocido principalmente por sus obras claudianas: Yo, Claudio y Claudio el dios, así como por sus textos Mitos Romanos y Mitos Hebreos, pero además como un gran escritor de novelas históricas, como El vellocino de oro y Las islas de la imprudencia.

Publicada en 1946, Rey Jesús es una novela que al principio resulta hasta cierto punto complicada. Graves se esfuerza por sintetizar las diferentes vertientes de la historia judía, que estaba íntimamente ligada a la de griegos, romanos, egipcios, etc., y sólo un gran conocedor de ella, como él, lo puede hacer tan limpiamente.

Graves hace que la narración de la historia de Jesús corra a cargo del personaje Agabo el Decapolitano, quien supuestamente comienza a escribir en el “año noveno del emperador Domiciano”, es decir en el año 90 de nuestra era. Se trata de la misma época en la que se supone empezaron a compilarse los evangelios que conforman el Nuevo Testamento.

Una de las principales diferencias entre la novela y los evangelios oficiales es que Jesús habría nacido de María no por concepción divina, sino por el matrimonio secreto de su madre con uno de los hijos del rey Herodes, de nombre Antípater. Dicho matrimonio se habría producido a instancias del sumo sacerdote del templo de Jerusalén en ese entonces, Simón, quien era gran conocedor de la historia y genealogía judía. Veía este personaje en esta unión el cumplimiento cabal y legítimo de los requisitos anunciados para que Jesús fuera realmente el rey de los judíos.

El nacimiento de Jesús, del mismo modo, sería uno de los grandes prodigios esperados por Simón, quien recuerda la afirmación egipcia acerca de que la vida de una nación es de ocho mil años. Él considera que en la época en que le propone a Antípater contraer nupcias con María, faltarían dos años para llegar justo a la mitad de esos ocho mil años, cuatro mil desde el nacimiento de Adán. Y como explica, cada fin de milenio traía un gran acontecimiento.

José se casaría con María sólo después de que ésta estuviera embarazada y luego de la muerte de Antípater.

El Jesús que nos muestra Graves es pelirrojo, de mente muy aguda, sumamente gentil y gran capacidad de aprendizaje, y como el Jesús de Kazantzakis, muy humano, que llora y sufre. Uno de los pasajes más deliciosos es cuando Jesús adolescente debate con un par de doctores en el Templo sobre temas complicados, dando una muestra enorme de su sabiduría y conocimiento.

Para Graves no sólo era importante contextualizar perfectamente sus novelas con gran exactitud histórica, sino que buscaba la manera de llevar a cabo una reflexión de los valores morales que imperaban (e imperan hasta ahora) en el mundo moderno del siglo XX, siglo testigo de las dos más grandes guerras que la humanidad haya vivido.

Graves nació en 1895, en pleno centro del imperio británico: Londres, específicamente en la localidad de Wimbledon, famosa por el torneo de tenis. Participó como fusilero en la primera guerra Mundial, luego de la cual pudo constatar que el grueso de la población no tenía ni idea de los horrores dela guerra que él sí había vivido.

Su experiencia traumática en la guerra chocó con la doctrina inglesa “Dios, el Rey y la Nación”, por lo que comenzó a escribir con la idea de examinar los valores morales de una sociedad consumista e industrial, con el fin de mostrar un mejor modo de afrontarlos.

Graves murió en 1985, luego de vivir cuarenta años en Deía, Mallorca, España, en donde se realiza un evento titulado Tertulia@Deía y en el cual se reúnen artistas e intelectuales españoles y británicos para departir juntos algunos días a fines de octubre, en el lugar en el que Graves vivió y trabajó.

Se trata, pues, de un autor que más que escritor, es un filósofo, al que hay que leer para aprender sobre las raíces de nuestra cultura occidental.

Friday, August 17, 2007

La Ahogada

Ricardo Martínez García

La celebración de las fiestas patrias no podía comenzar sin los invitados especiales, por lo que ya nos esperaban todos, reunidos hacía más de una hora, en el salón anexo a la iglesia, donde se llevaban a cabo eventos de todo tipo. Llegamos a la cita tarde como siempre. Cuando entramos, la expectación se desbordó en un grito de júbilo, mientras serpentinas y confeti caía sobre nuestras cabezas. No era para menos, considerando que una chica había estado en peligro de morir unas horas antes.

En esa ocasión, la aventura comenzó con la organización de un día de campo como cualquier otro, o eso parecía.

Yo formaba parte de un grupo juvenil de evangelización por aquel entonces; nos habían invitado a dar un retiro espiritual en un poblado llamado Téjaro, cercano a la ciudad de Morelia y próximo a su aeropuerto, en el que era difícil conseguir que los jóvenes fueran a misa, para no hablar de que se integraran a un trabajo de pastoral serio. La labor realizada fue ardua e incompleta en varios sentidos, pero los frutos cosechados fueron más que satisfactorios, sobre todo para nuestros fines personales y un tanto egoístas.

Como en otras ocasiones, me tocó ofrecer una charla sobre la amistad y el noviazgo, temas en los que no soy ni era especialmente apto. El tema, según entiendo, me fue asignado debido a mi antecedente de seminarista, justificación tan buena como cualquiera otra. Para elaborar la charla que, suponía yo, debía ser reflexiva e ilustrativa sobre lo que creemos que es el amor y la amistad, me inspiré en algunas ideas de Ortega y Gasset, de Schopenhauer y Platón, más que en los evangelios.

No sé qué tan efectivas o aleccionadoras pudieron ser mis peroratas, pero me pareció que varias chicas me miraban de manera agradablemente diferente luego de escucharme, algo digno de tener en cuenta en un pueblo donde la mayoría de las muchachas son verdaderamente guapas y muchos chicos pasan la mayor parte del año trabajando en diferentes lugares Estados Unidos. “¿Dónde queda Oxnar?”, pregunté más de una vez.

Como miembro del equipo de coordinadores, sabía que el retiro había tenido graves fallas, pues la exposición de algunas charlas no tuvo una preparación adecuada; no se notó nada, o al menos los participantes no lo dieron a entender. Realmente el entusiasmo puede suplir algunas carencias.

El retiro, luego de tres días, llegó a su fin con una misa en la iglesia del pueblo, adornada especialmente para la ocasión. Todo mundo estaba feliz, especialmente los padres de familia, quienes siempre ven con buenos ojos a aquellos que hacen algo por sus hijos, y a veces por ellos también.

A los lados del pasillo central del templo había gardenias blancas, adornos de papel de china recortado y globos colgados de listones blancos y velas encendidas por toda la nave, que iluminaron y caldearon mucho el ambiente, casi de horno para bollos. Lo mejor de la misa fue la parte musical, a cargo de un conjunto de mariachis que interpretó cada una de las canciones litúrgicas. La piel se me enchinaba al oír las guitarras, trompetas y violines con que se cantaron el Aleluya, la Barca del Pescador, y el Padre Nuestro. El placer auditivo que experimenté se me hizo patente como un cosquilleo en la parte trasera de la cabeza. ¡Qué delicia de música!

Una vez fuera de la iglesia, como en un sueño del que no se está totalmente consciente, me vi caminando alrededor del pequeño zócalo próximo al templo, platicando con dos chicas tomadas de mis brazos. Tardé un poco en darme cuenta de que mis compañeros se encontraban en idénticas circunstancias. Todo era risas y alegría, con conversaciones como “¿A qué te dedicas?”, “Soy profesor”, “Ahh! ¿Y tienes novia?”, “No, no tengo”, “¿Y por qué?”, “Pues no sé, no he tenido suerte”, “¡Qué mala suerte!”, y así.

La velada terminó casi a media noche y el regreso a México en autobús estuvo plagado de un incesante intercambio de impresiones que nos hizo darnos cuenta de que todos –éramos doce- habíamos sido invitados a pasar las fiestas patrias en esa población.

Luego de casi un mes de espera, se cumplió el día del anhelado regreso. Durante ese tiempo yo había recibido un par de cartas de chicas que se habían interesado en mi amistad, o al menos eso me pareció, así que estaba más que ansioso de ver a esas dos nuevas amigas.

Nuestra llegada fue una noche de viernes; fuimos alojados por nuestros amigos en diferentes casas, así que luego de cenar quesadillas nos fuimos con quienes habíamos sido asignados.

Al día siguiente, como Miguel Ángel y yo habíamos aceptado ir a jugar basquet con Lupita y Nora, dos chicas muy simpáticas que mostraron cierto interés por nosotros, nos despertamos muy temprano, y luego de un divertido pero reñido juego (las marcas de uñas en mis brazos así lo mostraban), Miguel se fue a desayunar con Nora y yo con Lupita a sus respectivas casas. El desayuno que me ofreció fue espléndido, sobre todo la leche de vaca recién ordeñada. Lupita se desvivió en atenciones y yo me sentí inmerecedor de tanta amabilidad. Una vez desayunados fuimos a buscar a Nora y Miguel y nos reunimos con nuestros demás compañeros en la explanada de la iglesia.

Había allí unos treinta o cuarenta muchachos. Compraron carne, cebollas, refrescos y cervezas y habían conseguido un asador enorme. Algunas chicas cargaban cazuelas con arroz rojo, frijoles refritos y chicharrón en salsa verde. Otras llevaban tortillas, queso y chorizo.

Benjamín, hermano de Nora, llegó manejando un tractor azul que arrastraba un enorme carro para cargar alfalfa, y al grito de “¡Todos arriba!” abordamos el inesperado transporte. Durante un buen rato nos alejamos del pueblo y luego empezamos a subir una pendiente. Sólo la pericia y habilidad de Benjamín evitó que nos volcáramos, pues el camino estaba en terribles condiciones debido a las lluvias. Un anciano que iba bajando al pueblo nos advirtió que tuviéramos cuidado en la laguna, pues había mucha maleza cubierta con el agua y era fácil atorarse ahí.

Al subir completamente la pendiente, pudimos apreciar que la vista era magnífica: Téjaro aparecía como un pintoresco pueblo situado entre unos cerros como con terciopelo verde a la izquierda y un amplio valle a la derecha. En el valle el verdor de los vastos cultivos, especialmente de alfalfa y maíz, era impresionante. El cielo era de un intenso azul y sólo unas cuantas y blanquísimas nubes aparecían por encima de los cerros. Ahora que lo recuerdo, el colorido del lugar me hace pensar en un cuadro digno de algún genio del lienzo como Henri Matisse o de un especialista en escenas rurales como Jean-François Millet. El calor comenzaba a ser insoportable. Era difícil pensar siquiera en la posibilidad de una lluvia.

Más que de una laguna, se trataba de una represa que aprovechaba la forma natural del terreno. En las orillas había pasto crecido y la maleza era más abundante conforme aumentaba la profundidad. El color del agua me impidió pensar en la posibilidad de un chapuzón: era de un café lodoso. Otros no pensaban como yo y despreocupadamente, con todo y ropa, se metieron a chapotear.

Luego de un rato de juegos acuáticos y de charla por mi parte –platiqué arduamente con una chica llamada Ana que se declaró gran admiradora de Gloria Trevi y quien era la remitente de una de las dos cartas que había recibido- llegó la hora de la comida. El carbón ofreció cierta resistencia pero al fin el asador encendió. Pronto el olor a carne y cebollas asadas, a chorizo y queso fundido inundó el aire y empezó el banquete.

Fui a sentarme a la orilla de la laguna, con una cerveza en la mano. Estaba pensando en Lupita y en Ana y el dilema que me planteaban. Las dos eran, a su modo, adorables. Debería de haber pensado en el juego de basquet y el desayuno con Lupita y en la carta y la charla con Ana, pero mi mente estaba en tal estado de placentera confusión, debido a las varias cervezas bebidas, que cuando de pronto escuché gritos y luego un alboroto fue como despertar de un sueño.

Vi a varios muchachos lanzarse al agua a unos treinta metros de donde yo estaba. “¿Qué pasó?”, grité alarmado. La confusión duró unos segundos más y después oí que alguien decía “Tráiganla para acá”.

Entre mis compañeros había uno que estudiaba medicina, así que fue él quien aplicó los primeros auxilios a la chica. Empezó a toser y a escupir agua y todos respiramos aliviados. “¡Aquí no pasó nada!” exclamó Erik, quien desde ese momento se convirtió en el “doc” y la chica en "la ahogada".

Friday, July 13, 2007

Harold Bloom

La lectura de un lector corriente
Ricardo Martínez García


A Harold Bloom le gusta decir que el doctor
Samuel Johnson es el más grande crítico literario, que desde finales del siglo XVIII no ha habido nadie que se le iguale siquiera al extraordinario poeta, ensayista, crítico y biógrafo literario inglés.

La humildad de Bloom no le permite sugerir que él pudiera estar a la altura de Johnson, y ni qué decir que lo ha superado, aunque él es, probablemente, uno de los pocos críticos que sigue trabajando arduamente con la literatura.
Pero nosotros sí podemos proponer que Harold Bloom es el más grande crítico literario actual de habla inglesa (lo que no quiere decir que desconozca el trabajo literario escrito en muchas otras lenguas, como lo muestra, por ejemplo, la crítica que hace de la obra de Octavio Paz en El canon occidental).

Bloom (11 de julio de 1930, NY) es un hombre universal, extraordinariamente prolífico y culto, que se autodefine actualmente como un “anciano romántico e institucional”. Sus grandes pasiones, como lo demuestra su enorme obra crítica, son la literatura tanto secular como religiosa. Lector lo mismo de la Torá que de la Biblia católica y el Corán, así como de los clásicos de la literatura universal, su más célebre libro es el mencionado El canon occidental (94), obra fundamental de la crítica literaria, que lo convirtió en uno de los más famosos intelectuales de nuestros días.

De espíritu verdaderamente humanista, a Bloom no le interesa hacer proselitismo ni en la literatura ni en la religión, aunque es un especialista en ambas materias. Lo que le interesa es la sabiduría que se puede extraer de los textos de los grandes genios, tarea que, nos advierte, es una tarea personal, íntima, que tal vez no se puede transmitir, pero que de todas maneras vale mucho la pena realizar. Le interesan, naturalmente como el agudo crítico que es, aquellas razones por las que considera auténtica literatura canónica a ciertas obras.

El canon literario
El canon, señala el crítico George Alexander Kennedy, en un artículo aparecido en Canon vs Culture, Reflexions on the Current Debate, (edición de Jan Gorzk) es un acto típicamente humano para mantener y ordenar grandes legados –literarios, históricos, etcétera- del pasado, acto en el cual se lleva a cabo una selección de lo que se considera una producción o trabajo sobresaliente, y en la que se elige un número práctico de contribuciones en los diferentes géneros.

Un texto es canónico, en el contexto literario, cuando se puede afirmar que su calidad es inobjetable, que se trata de un trabajo universal, imprescindible, que –de acuerdo con Bloom- aporta luz a lo que somos como seres humanos. Son obras en las que se manifiesta clara y nítidamente la naturaleza (pues lo canónico es, en otro de sus significados, lo natural, lo que es, en oposición a lo construido o procesado) del ser humano, a través de sus costumbres, sus creencias, sus mitos, sus conocimientos e ideologías, es decir a través de su cultura.

En cada cultura hay métodos tradicionales de transmisión de los textos que se consideran canónicos. Lo canónico es algo más que lo meramente convencional, pues supone un conocimiento profundo de aquello que se juzga digno de considerarse canónico.

Los criterios para la selección, no obstante, suelen no coincidir. A críticos como Matthew Arnold, Lionel Trilling y el propio Harold Bloom, que han realizado esfuerzos por establecer algunas líneas sólidas que definan el canon, se les ha criticado a su vez por sus escritos e ideas, que mucha gente considera “desviaciones deshonrosas” de la norma anterior, o como una afrenta al sentido común o una profanación de los valores literarios completamente reconocidos.

“A lo que leo y enseño sólo le aplico tres criterios: esplendor estético, fuerza intelectual y sabiduría” dice Bloom en su libro ¿Dónde se encuentra la sabiduría?, con lo que resuelve sintética y concretamente el problema de los criterios canónicos.

Esos son los criterios para leer a los grandes maestros de la literatura, europeos, americanos del norte y latinos, africanos y asiáticos, de todos los géneros, con el fin de encontrar el goce estético e intelectual y además la sabiduría.

La prueba canónica
Para Bloom, el trabajo del crítico literario va dirigido a quien Johnson y
Woolf llamaron “lector corriente”, es decir al lector que lee para ensanchar su solitaria existencia.

El trabajo del crítico es ante todo personal. Su labor no consiste en decir qué leer y cómo hacerlo, de acuerdo con Bloom, sino en hablar de lo que ha leído y de aquello que vuelve a ser placentero al ser releído, acción que representa “probablemente la única prueba auténtica para saber si una obra es canónica o no”.

De acuerdo con lo que nuestro crítico sostiene, se puede entender por ejemplo que muchos de los textos que conforman la Biblia católica son canónicos precisamente por el carácter convencional con el que fueron seleccionados en algunos concilios a lo largo de la historia. Pero los libros que él considera verdaderamente relevantes literariamente son los que conforman el Pentateuco, los Proverbios y el libro de Job, porque son los que a su juicio merecen ser releídos una y otra vez, ya que cuentan con esplendor estético, fuerza intelectual y sabiduría.

Los tres requisitos mencionados se encuentran en todo su esplendor en la obra de dos autores universales: Shakespeare y Dante. Bloom afirma que “el canon occidental es Shakespeare y Dante”. En el canon se encuentra lo que ellos asimilaron y también los que los asimilaron. No hay más.

Los libros Shakespeare o la invención de lo humano y The Anxiety of Influence le han acarreado algunas críticas a Bloom, debido a la admiración que el autor de El rey Lear despierta, con justicia, en aquel. Pero de eso a afirmar que Bloom equipara a Shakespeare con Dios cuando dice que éste “nos inventa, y continuamente nos contiene”, es exagerar lo que el propio Bloom afirma, que es que en realidad la literatura nos inventa -o nos define- como seres humanos.

El estado de la crítica
Bloom ha afirmado también que la labor de la crítica literaria, en lo que respecta al menos al mundo anglosajón, específicamente en los Estados Unidos, prácticamente ha desaparecido. Su visión pesimista se debe a lo que ha venido observando en el ámbito de la educación literaria. En El canon deja claro que para él la educación literaria en su país se encuentra en un franco estado de enfermedad, de la cual tiene “muy poca confianza” que se reponga.

Los estudios literarios en los Estados Unidos –de acuerdo con él- sufren de una especie de balcanización, es decir de una fragmentación o desintegración, que no permiten la creación de un canon norteamericano “oficial”, puesto que en ese país “lo estético siempre consiste en una actitud solitaria, idiosincrásica, aislada. El «clasicismo norteamericano» es un oxímoron
Bloom señala que la crítica literaria sobrevivirá, pero no lo hará “en nuestras instituciones de enseñanza”, refiriéndose a los llamados “Departamentos de Inglés” de las grandes universidades, centros de estudios que con gran probabilidad cambiarán su nombre por el de Departamentos de “Estudios Culturales”, y en los cuales el estudio de los cómics, de los parques temáticos, de la religión mormona entre otras, del rock y de las películas reemplazará el estudio de autores como Geoffrey Chaucer, William Shakespeare, John Milton, o William Wordsworth, héroes de la literatura inglesa.

La crítica literaria sobrevivirá en aquellos que, individualmente, lean y disfruten a los escritores canónicos, en aquellos en que el amor por la Gran Poesía ya esté de manera natural en su interior. “La verdadera lectura es una actitud solitaria, y no le enseña a nadie a convertirse en mejor ciudadano”, afirma Bloom.

La invención de Jahvé
Harold Bloom se autodefine como un crítico literario, pero también como crítico religioso. Por un lado tiene claro que en la literatura secular lo esencial es la creación, pero por el otro, en la literatura religiosa tiene claro que no se trata tanto de revelaciones, sino que a semejanza de la secular, también hay invención o creación literaria de los personajes religiosos. Si no recuerdo mal, Borges decía que la Biblia es la colección de cuentos extraordinarios más grande que existe.

En The Book of J, Bloom propone, haciéndose eco de otros estudiosos, que algunos textos del Antiguo Testamento fueron escritos por un mismo autor, posible miembro de la corte real del rey Salomón, al que nuestro autor llama J, quien sería autor del Génesis, el Éxodo, Números y del segundo libro de Samuel.

Dicho miembro de la corte muy probablemente era alguien versado en la tradición persa de la concepción religiosa del mundo, tal como sugieren estudios de especialistas como el iranólogo e islamista Henry Corbin, o como Norman Cohn, estudioso de la Cábala. Pero a Bloom, dadas las características sicológicas de J, le parece que hay más probabilidades de que Jahvé haya sido inventado –literariamente- por una mujer.

De ese modo, una criatura que en el Génesis es creada de una costilla del hombre, a su vez creado a imagen y semejanza de Dios fue probablemente la inventora de J. Dadas las implicaciones de esta teoría, es una suerte que en el cristianismo no haya en la actualidad algo parecido a la Fatwa islamista.

El Hallazgo

Ricardo Martínez García

Clarisa llegó muy temprano a la misa dominical de nueve, ceremonia especial para los niños a la que acostumbraba asistir porque de esa manera le rendía el día; era una mujer muy ocupada. Entró al templo y se sentó en una banca de madera bellamente trabajada, cerca del altar. Como faltaban diez minutos para el inicio de la celebración se puso a contemplar el lugar, algo que pocas veces hacía dado que siempre andaba con prisa.

Las dos altas cúpulas y el amplio espacio que había entre ellas le producían un sentimiento de grandeza. Las imágenes de santos y vírgenes colocados a los costados de las paredes le hacían sentir una mezcla de compasión y de simpatía por ellos. “¡Qué vidas tan interesantes las de estos cristianos ejemplares!” pensó. Se arrodilló para iniciar una oración y en ese momento vio algo que llamó su atención: un sobre blanco sin cerrar, cuyo borde sobresalía del espacio que tienen las bancas en la parte trasera del respaldo y que sirve para guardar el misal.

Al principio creyó que era un sobre abandonado de los que se usan para depositar el diezmo o alguna colecta para las misiones, pero luego vio que era un sobre grueso, como los que contienen tarjetas de felicitación. Lo tomó en sus manos con curiosidad y extrajo dos hojas blancas cuidadosamente dobladas. Contenían una escritura apretada y muy bien hecha, casi de calígrafo. Todavía tenía tiempo, así que leyó:

Querida amiga:

¿Recuerdas cuando me contaste que tuviste un novio, hace mucho tiempo, al que apodaste El Satanás (porque te perseguía como si quisiera comprarte el alma)?, pues de inmediato se me ocurrió la loca idea de que todos, en el fondo, somos el Satanás de alguien más, o de que todos tenemos un Satanás persiguiéndonos.

Recordé por ejemplo las veces en que me llamabas a deshoras para platicarme tus penurias existenciales. A veces, durante esas llamadas mi atención se enfocaba más en la televisión, la cual no dejaba de mirar mientras sostenía cansinamente el auricular, que en aquello que de manera tan dramática me contabas. Lo que decías tenía tan poco que ver conmigo y hasta contigo, pues todo giraba en torno a terceras personas que conocías pero cuyas vidas eran para ti más interesantes que la tuya misma. Lo que me contabas era ajeno y extraño. Por eso no tenía empacho en contestarte de lo más cortante posible, con puros sí, no, no, no, quién sabe.

Hace poco tuve una interesante conversación –ésta sí, por la novedad- con una ex, luego de que me buscara nuevamente, y que estuvo más o menos así:

-Hola, leí tu anterior correo y quiero decirte algo. Perdóname si un día te lastimé, no era mi intención –me dijo en tono de disculpa, luego de que le recordé los motivos de nuestra separación, hace ya muchos años-. A pesar del tiempo y la distancia, mis pensamientos y mi amor siempre estuvieron y estarán contigo.

-Es gracioso –le contesté-. Cuando terminaste conmigo por segunda vez dijiste exactamente eso: que no querías lastimarme; antes no te creí pero ahora sí que te creo. El mal es involuntario e inconsciente –apunté maliciosamente- así que olvídalo, no hay nada qué perdonar.
-Pensé que eso ya estaba olvidado –reviró, como si recordara algo molesto-, pero al parecer todavía guardas resentimientos. En mí solo encontrarás amor y agradecimiento, y ya pagué mis errores, dame una oportunidad, ¿si?
-He dicho que no guardo rencores, pero ¡la memoria es la memoria! –dije a duras penas para no carcajearme-. ¿Cómo olvidar que me fuiste infiel dos veces? Aún así te digo: seamos amigos.
-No pretendo nada más que “usted” me haga ese honor; en mi vida, se terminó la exclusividad. Soy de todo ser vivo en este mundo y yo no tengo nada, solo mucho amor.
-Ya veo, ¡el olor a santidad llega hasta mi alma! –!ja jay! exclamé burlonamente-. Bien por ti y por los que te rodean, que Dios te bendiga.
-¡Qué pena!, no entendiste nada, y fíjate que no hay mucha distancia entre la santidad y yo, pero aspiro a ella –contestó con enfado-. Ojalá y tu actitud hacia mí cambie, porque es muy aburrido ser amigo de una santa, ¿no te parece?
-¡Qué charla tan divertida estamos teniendo! Me recuerda el dicho ese de “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Si creo lo que dices, mal. Si no creo lo que dices, ¡mal también! Lo que sí resulta aburrido es tener a un amigo como yo que dice lo que piensa y piensa lo que dice. Considéralo.
-No sé qué es lo que tanto te molesta de mí –señaló fastidiada- pero no quiero entrar en polémicas y terminar afectando a alguno de los dos. Cuídate.

-¿Ya no quieres ser mi amiga? Acuérdate de que el que se enoja pierde –dije, provocativamente-. Yo lo que quiero es ser tu verdadero amigo. Sin modestias innecesarias pero sin tapujos. ¿Estás lista para algo así?
-De modesta no tengo nada y pensé que me conocías un poco más. Estoy ofreciéndote mi amistad y espero me aceptes así como soy, “sin defectos”. ¡Y tan bonita!

Cuando dijo eso de tan bonita, entendí que no hablaba en serio. ¿Quién las entiende?



Pero volviendo a lo que te decía, y dejando de lado a las ex que se ponen en contacto, mientras me contabas lo del Satanás, no tardé mucho en ponerme de su lado: sostuve que tal vez él sí te quería de verdad, a pesar de tus desplantes, descortesías y ambigüedad moral, o a pesar de tu buena disposición espiritual, pues para mucha gente eres una mujer llena de bondad y caridad (y que seas misionera laica e impartas catecismo a niños y charlas a quinceañeras y de vocaciones, refuerza esa idea), pero para alguien como el Satanás, que manifiestó a las claras su interés por ti, sólo tienes menosprecio, si no es que simple compasión.Tu frase favorita sobre él era: “Pobrecito, decía que me quería, que me amaba”.

-¿No crees que de veras te quería? –te pregunté sin interés-.
- Ay, yo creo que sí, pero a mí para nada que me gustaba, ni loca que estuviera, no era feo el tal Satanás, pero sí de esos tipos encimosos, siempre quería estar conmigo. No podía estar un rato con mis amigas, cuando de pronto me decían “ahí viene tu novio”. ¡Santo Cristo del Señor! No lo soportaba.

Antes me habías presumido que eres tan cumplida en tu trabajo que hasta te hiciste merecedora de un reconocimiento público por no haber faltado un solo día. Sin duda, un gran logro, sobre todo para alguien que trabaja en un círculo laboral en el que no se goza del derecho de días económicos. Tu decepción y molestia fueron evidentes cuando te dije que eso no me impresionaba lo más mínimo: me parece que tu capacidad de compromiso, a veces a costa de tu propio bienestar, resulta digna de mejores causas.

Por cierto, cuando te propuse que nos echáramos un polvo, como dicen en España, me sorprendió desagradablemente que te importaran más las cuestiones estéticas que la coherencia religiosa: no solo no te opusiste al sexo sin boda, como dice Sabina, sino que dijiste que te diera tiempo para ponerte en forma (como si alguien con evidente sobrepeso pudiera, de una semana a la otra, eliminar al menos diez kilos. ¡Ni consumiendo pseudoefedrina!).

Acaso yo soy el que está mal, al suponer un poco de coherencia entre lo que se predica y lo que se hace, pero ¿estoy mal al pensar que tú te has convertido en mi propio Satanás, puesto que soy presa fácil de mis propias tentaciones, las cuales encuentran tierra fértil en las tuyas? No niego que a veces tengo fantasías en las que tienes un papel muy activo (algo que para ser realista no concibo de verdad), pero al final vislumbro la insatisfacción de ese whisky sin soda que me produce el sexo sin amor.

Así que al final se trata de eso, del desamor que hay entre nosotros. Lo nuestro es sólo la carnalidad de lo inmediato: la piel que se estremece, la lengua mojada que debería sentir pasión pero a la que no le alcanza la imaginación. Unos ojos que anhelan algo más que el vacío cínico de mi mirada.

La parte de la religión que compartimos sólo es una anécdota divertida y, si quieres, cursilona. Digamos que fue a su práctica –abandonada ya hace mucho por mi parte- que nos conocimos. En el fondo creo que nos conducimos más por nuestros instintos que por la bella idea de que hay un Dios bueno y sabio, pero que a la vez es un Dios del que no queremos saber nada y al que no le damos nada que no podamos darle de manera natural, sin esforzarnos. Porque creo que en ti no hay esfuerzo por ser una misionera o catequista, ya que has hecho de esas actividades tu mejor manera de autorreconocerte (y ahora con una nueva modalidad: la enseñanza a adolescentes en un instituto presidido por religiosos ¡a quienes dices ya extrañar!). Pero ¿quién soy yo para juzgar algo así?

Todavía recuerdo que, luego de exponerte lo anterior, en un arranque de furia y de rabia me dijiste: "no seas hipócrita, como si no supiera que tú también te aprovechabas de la convivencia que se produce en los grupos de apostolado en la iglesia, como si no supiera nada de tu carrera de Juan Tenorio barato que conquistaba a todas las crédulas que se te ponían enfrente y luego huías como el cobarde que eres, porque es miedo lo que tienes, eres un tipo que no ha alcanzado a madurar para comprender que en toda relación humana existe algo que tú no entiendes ni por equivocación: algo que se llama compromiso, responsabilidad, respeto y fidelidad, pues tú no eres fiel ni siquiera a tí mismo, y menos a ese Dios que dices adorar, porque ese dios es un reflejo de tí mismo, y en sus ojos sólo ves el vacío que tú has producido en tu corazón".

Todo lo anterior me lo dijiste con la cara bañada en lágrimas, el gesto descompuesto y la respiración agitada.

Necesitaba decirte esto que siento: no dudo que seas una buena persona, pero creo que no te conoces realmente –quién sí ¿vedad?- ni creo que me conozcas verdaderamente, ni yo me conozco de lo que soy y he podido ser capaz. Espero que esta carta llegue precisamente a ti. Ya he sufrido antes decepciones amorosas o relacionadas con el sexo. Por eso, deseo pedirte que, la próxima vez que nos veamos, sea verdaderamente para ir al cine, o a comer, o incluso a rezar un Rosario o un Ave María, o el bellísimo Magníficat, que ya no recuerdo bien cómo va. Y si es el caso, el polvo que ha quedado pendiente!
Cuídate, sinceramente.
El Satanás o Don Juan Tenorio


Clarisa había ido enrojeciendo conforme leía la carta, que ahora le parecía horrible. Si bien no conocía a alguien apodado El Satanás, había algunas cosas con las que se podía identificar. Incluso pensó que podía ser una broma pesada, pero no conocía a alguien que pudiera hacer ese tipo de bromas precisamente con ella.

Cuando terminó, su primer impulso fue quemarla con la primera veladora al alcance de la mano, pero luego pensó que tal vez no era en realidad para ella, que tal vez iba dirigida a alguien muy parecida a ella. La duda la hizo meter las hojas al sobre y dejarlo exactamente en el sitio donde la encontró. No había motivo para suponer que era para ella.

Tuesday, June 05, 2007

La Educación Prohibida

La real bestialidad
Ricardo Martínez García


En El Huevo de la Serpiente de Ingmar Bergman, (1977) el gran director sueco muestra de manera cruda las actividades secretas y pseudocientíficas de un grupo de investigadores en el Berlín de los años veinte, que realiza experimentos, sin ningún sentido de la ética, sobre seres humanos pobres y necesitados.

Dichos científicos buscan establecer los cambios conductuales que se producen bajo el influjo de ciertos gases, tomando como conejillos de indias a judíos pobres, presas de su antisemitismo (antecedente del nazismo), que con el pretexto de ofrecerles viviendas con rentas baratas, los exponen a la inhalación de gases, una vez que se instalan en habitaciones previamente preparadas con tuberías disimuladas.

En otra escena, un científico explica cómo una mujer objeto de otro “experimento”, y que se encuentra prisionera, luego de soportar el llanto constante de un niño enfermo enloquece momentáneamente; la mujer termina por azotar y matar al niño.

Aunque esta película fue criticada porque narra una aparente pero improbable historia, historia que personalmente no me parece tan descabellada, sería interesante examinar las fuentes desde las cuales Bergman se inspiró para escribir el argumento de esa cinta.

En La Educación Prohibida (The Fine Art of Love, John Irvin, 2005), coproducción británica, italiana y checa, hay una metahistoria: la de las causas que originan estas consecuencias. Sin embargo, dicha metahistoria está presente sólo a nivel simbólico.

Basada en la novela Mine-Haha: The Corporal Education Of Young Girls (1888), del escritor alemán Frank Wedekin (1864-1918), la película plantea inicialmente un mundo hermoso, con lugares fastuosos y bella música, pero sólo se trata de una apariencia: la realidad última de las cosas aparece sólo al final como un tomar conciencia de la inexorabilidad del destino.

Un internado (que pudo estar en Austria o Alemania), recibe a niñas pequeñas para su mantenimiento y educación, la cual está centrada en las buenas maneras sociales y principalmente en las clases de ballet. El evento máximo para las maestras y las alumnas bailarinas es la presentación ante el príncipe, en un teatro, de las piezas de ballet ensayadas, para la cual son elegidas las mejores.

Hidalla, joven en plena pubertad, ha vivido ahí desde que tiene memoria. Ante el nulo contacto con gente del exterior, entabla algo más que una amistad con su compañera Irene. Ambas son sorprendidas en pleno beso por quienes resultan ser viejas ex alumnas del internado, pero degradadas como sirvientas luego de ser descubierta su relación amorosa (tal vez de ahí su título en español). La intención de estas sirvientas es la de gozar de carne fresca, como quien dice, pero ellas se niegan, dispuestas a encararlas.

La directora del internado, interpretada por la legendaria Jacqueline Bisset, es la única que sabe el origen verdadero de cada una de las chicas, el cual mantiene en el más riguroso secreto. Su severidad, en general, es tal que les prohíbe hablar con la servidumbre. “Les recuerdo que los sirvientes no tienen alma”, les dice luego de reprenderlas, obligando a las sirvientas a trabajar usando unas máscaras que cubren cualquier rasgo de personalidad.

Hidalla, la protagonista, cree ser hija de una noble familia, pero gracias a la audaz curiosidad de una compañera (curiosidad que paga con su vida), se da cuenta de que no es así. Mientras tanto llega el día de la elección de la prima ballerina, escogida por una mujer ajena al internado, quien la elige de entre dos candidatas –Hidalla y Vera, la favorita y amante de una profesora- auscultando sus desnudos cuerpos como si se tratara de dos animales, tocando sus partes íntimas. Luego de la humillación, la elegida es Vera, pero en un acto de venganza, Irene delata el amor de Vera y la profesora; Hidalla es designada entonces para el papel principal.

Ese acto de amor de Irene, que tiene que ver con el título original de la película, lejos de beneficiar a Hidalla, representará su perdición. La razón real de ser del internado es proveer chicas púberes al príncipe, lo del ballet y la fina educación es un mero pretexto, pues una vez que el príncipe presencia las danzas, se lleva a la prima ballerina a un lugar privado y se convierte en un animal que sacia en ella sus reprimidas pasiones. La directora del internado, el jefe de la policía, los nobles que rodean al príncipe saben de la función que brindan al príncipe las bellas primas ballerinas pero todos aceptan el hecho sin más. Una de las nobles, en su visita al internado, al ver a las chicas atina a decir: “pero qué bellos especimenes”, eso eran para ellos.

En elintermedio de la presentación del ballet, la directora le dice a Hidalla que todo es un éxito rotundo, pues “el príncipe no te quita los ojos de encima”. La mirada lasciva del príncipe hacia Hidalla no le pasa desapercibida a Irene que, en un arrebato de celos e impotencia, se cuelga de una viga. La desconsolada Hidalla incendia el escenario, le grita al príncipe que es un asesino, y entre llamas llega el aludido y se la lleva.

Luego de la violación, Hidalla despierta en una especie de palacete, con lujosas pero desoladas habitaciones. Sale de ahí corriendo; corre durante un buen rato y finalmente llega a un lugar muy conocido por ella: la parte trasera del internado. Su grito se convierte en un alarido al ver las caras espantadas de las niñas que la contemplan desde el interior. Así termina la película.

Tal vez grita, pienso, porque se dio cuenta de que no tenía escapatoria y que su destino era convertirse en profesora o institutriz del internado, o de que la directora y las profesoras en su tiempo fueron primas ballerinas, o porque recordó que una de ellas comentó que era imposible escapar de ahí, a menos que fuera “con los pies por delante”. Probablemente se dio cuenta de las implicaciones de ser prima ballerina, o todo a la vez.

Es posible que Bergman no conociera la obra de Wedekin, pero seguramente sí conocía algunos muy particulares sentimientos sociales, como las creencias de supremacía racial, la marcadísima jerarquización social, la discriminación (tanto racial como social), la ausencia total de una idea de humanidad que deviene en abusos personales vistos como algo totalmente natural, que es lo que, me parece, muestra el filme de Irvin.

En suma, Bergman conocía seguramente al autoritarismo totalitario enraizado en algunas casas reales de la Europa “civilizada”. Por cierto, hay otra película inspirada en la novela de Wedekin, Inocencia (04), de Lucile Hadzihalilovic.


Monday, May 21, 2007

¿Te gusta el terror?

William Peter Blatty
y las noches de insomnio
Ricardo Martínez García.
El miedo es uno de los sentimientos más fuertes que experimentamos a lo largo de nuestras vidas. Miedo al fracaso, al desamor, a la soledad. Pero los miedos que se provocan de manera mediatizada, es decir a través del cine y la televisión principalmente, son los que permanecen en nuestro subconsciente por más tiempo, como el miedo a la muerte, a lo desconocido y, en general, a lo que en el imaginario colectivo suponemos como encarnación del mal. Ejemplo de esto es el pavor que provoca la idea del demonio y de sus terribles acciones sobre la humanidad. Pavor que, por otro lado, nos atrae y fascina, siempre que sea desde la butaca de una sala de proyección.

Lo anterior viene a cuento porque en mi última visita a la librería más grande que tiene el Fondo de Cultura Económica, aquí en chilangolandia, me hice de la novela de William Peter Blatty, El Exorcista, que fue publicada en 1971 y llevada a la pantalla sólo dos años después, estrenándose el 26 de diciembre del 73, con lo cual se homogenizó la idea visual –a través de la película- de la posesión demoníaca que se describe en el libro.

Varias generaciones han visto con horror y repulsión, con el corazón encogido, las escenas en las que Regan (Linda Blair) vomita sobre el padre Merrin (Max Von Sydow), luego levita sobre la cama y a duras penas es contenida por los rezos del padre Merrin, auxiliado por el padre Karras (Jason Millar).

A pesar de lo anterior, y luego de varias veces de ver la cinta, de pronto se comienzan a ver tales escenas ya no tan terroríficas, e incluso se ven absurdas y hasta cómicas, o al menos eso me pasó cuando fui a ver con unos amigos la llamada “Edición del Director”, con la brevísima escena del paso de la araña, allá por el 2001: la mayor parte del tiempo nos la pasamos chacoteando y bromeando a expensas de las conocidas escenas, mientras comíamos ruidosamente palomitas en una sala completamente abarrotada.

Pero leer el libro es otra cosa, por varias razones. Primero porque en este caso pude constatar algunas pequeñas discrepancias con lo visto en la película, elementos que a fin de cuentas no alteran la trama general. No es como en la serie de El señor de los anillos en la que la adaptación cinematográfica deja de lado grandes secciones de las novelas que empobrecen la versión filmada. Pero ése era precisamente el reto de Peter Jackson, realizar una serie de películas basadas en la fecunda fantasía de Tolkien sin simplificarlas demasiado. El resultado aún así es aceptable, pero no hay como leer los libros.

En segundo lugar, porque la lectura es un acto esencialmente solitario; es enfrentar el texto sin bromas ni chacoteos. Es también un diálogo entre el lector y el autor, íntimo y profundo.

Tengo la costumbre de leer antes de dormir, acostado en mi cama, a altas horas de la noche. La lectura de la novela de Blatty, lo digo sin rubores, me produjo la sensación de estar leyendo un libro prohibido, como si me asomara a un mundo siniestro al cual no debería visitar por mi propio bienestar espiritual. “He leído libros más esotéricos”, pensé, en un intento por aplacar mi inquietud. La diferencia es que esos otros libros esotéricos no me inquietaron (detesto decirlo) a un nivel tan concreto, era como si sus tramas no pudieran afectarme directamente. Seguramente lo anterior se debe a los resabios de mi descuidado catolicismo.

Al principio de la lectura, luché por quitar de mi mente los recuerdos visuales producto de la película. Una vez logrado eso, la recreación escénica mental fluyó con facilidad, pero al mismo tiempo me hizo consciente –de manera desagradable- de la negritud profunda de las sombras y de los ruidos más nimios afuera de mi recámara, o los ruidos que, a mi juicio, algo producía sobre la puerta que da a la calle. En una ocasión tuve que levantarme ante la sospecha de que Dominique, nuestra perra, se hubiera quedado en la calle accidentalmente, y gimiera y arañara la puerta para que la dejara entrar. Encontré a mi mascota en su casita; tenía el aire lastimero que adopta cuando la regaño; imaginé que tenía miedo por alguna razón, pero ya no quise averiguar a qué podría ser.

La inquietud y la desazón que me produjo la lectura de El exorcista me llevó a tener noches de insomnio, en las que, de manera extraña, a mis pensamientos se sobreponían escenas de la novela que, por otra parte, Blatty escribió de manera objetiva, como si el narrador fuera solo un observador más y describiera escuetamente lo que atestigua.

Lo curioso del asunto es que ni siquiera esas descripciones son tan aterradoras, ni en el libro ni en la película. Más bien lo que me parece que sucede es que esas escenas nos evocan cosas que ya tenemos instaladas en la mente, tal vez de manera natural, pero más seguro de manera cultural. Jung sin duda tiene razón con lo de los arquetipos acerca del bien y del mal.

Ahora mismo, a plena luz del día, me parece que exagero en lo anterior, pero eso mismo fue lo que se me ocurrió por la noche: que el miedo que tenía me iba a parecer exagerado cuando me acordara de él durante el día. Es sorprendente ver cómo la confianza en mí mismo merma durante las horas difíciles de la noche, pero es más sorprendente constatar con qué facilidad la recupero en la mañana mientras me desayuno. ¿Será que a final de cuentas sí se trata sólo de luz y oscuridad, al menos para los seres humanos? No, no lo creo, no somos tan simples, tan maniqueos.

La novela la terminé en horas diurnas, no vaya a ser el diablo panzón, como dice una amiga.

Tuesday, May 08, 2007

Francesca Woodman

La atormentada búsqueda del ser propio
Ricardo Martínez García
Las bellas e inquietantes fotos de Francesca Woodman expresan la búsqueda de sí misma a través de imágenes en blanco y negro en donde el sujeto retratado –ella misma como modelo- aparece difuso o borroso, en un ambiente depresivo y surrealista, como de película de David Lynch.
Los desnudos y las poses en la obra de esta precoz artista norteamericana (comenzó a tomar fotos cuando tenía alrededor de trece años) parecen reflejar la búsqueda desesperada del autorreconocimiento pero a la vez -y de manera contradictoria- un deseo de aislarse del mundo, de manifestar una desolación o una soledad máximas.


De algún modo, su trabajo está en el extremo opuesto al de artistas visuales como Spencer Tunick (no lo imagino posando desnudo para sus propias fotos), quien explora el fenómeno que él mismo ha creado de las masas humanas dispuestas a adoptar insólitas y homogéneas poses en escenarios espectaculares, como en el Zócalo de la ciudad. Tunick representa la objetivación de la masa; Francesca la íntima objetivación del sujeto.

La etapa europea
Francesca nació el 3 de abril de 1958 en la ciudad de Denver, Colorado. Estudió en la Escuela de Diseño de Rhode Island de 1975 a 1979 y pasó un año becada en Roma. Estos años estuvieron marcados por una gran creatividad; además, en su trabajo muestra la influencia del clacisismo, la sensualidad y la idea de la decadencia que experimentó en Roma.


La composición en algunas de sus fotos es rica en contrastes de texturas, donde la naturaleza –frutas, escenas boscosas o de playa- se funde con el cuerpo de la artista; en la imagen titulada “Tres tipos de melón” se muestra la foto, no exenta de humor, de una imagen de melón sostenido por la modelo, otro melón partido a la mitad y los senos de la modelo. El erotismo no es la excusa pero tampoco está excluido de su interés, incluso cuando su modelo es un hombre u otra mujer.

Durante su estancia en Roma (77-78) Francesca tomó muchas fotos en las que el fondo de sus imágenes muestra paredes deconchadas y corroídas por el salitre, como de vecindad tepiteña, frecuentemente formando ángulos rectos y perpendiculares, como enfatizando la calidad geométrica del origen arquitectónico clásico, cuyo estado físico es ruinoso. Estos escenarios recuerdan los ambientes en los que le gustaba ubicar su trabajo en Rhode Island, donde buscaba viejas mansiones victorianas o fábricas abandonadas que le pudieran ofrecer el contexto apropiado para lo que quería expresar.


Las fotos de este periodo muestran su conocimiento e influencia de los pintores clásicos italianos. Un ejemplo de ello es la serie “Calendario Pez -6 días” que cuenta con un aspecto general de naturalezas muertas combinadas con desnudos parciales.


En otras imágenes hay una especie de espiritualidad místico religiosa de inspiración cristiana que clama por una transformación de la carne: el dolor autoinflingido es casi palpable por la explicitud de los objetos lacerando su cuerpo, o en las que la postura de éste y su etérea apariencia muestran una estética muy bien lograda, que a veces raya en lo monstruoso y terrorífico, como expresando su deseo de escapar de la prisión del espacio representado por su propio cuerpo, o también como si se poseyera la conciencia de la permanencia sumamente temporal de nuestro ser en este mundo. Tal percepción resulta realmente angustiante.


Algunas fotos parecen afirmar nuestra calidad de fantasmas que, al revés de la máxima del viejo Fidel Velásquez, “el que se mueve no sale en la foto”, en las tomas de Woodman la foto es del que sí se está moviendo, del que es inaprensible y aparece por lo tanto borroso y confuso.


Cuando ella no está en primer plano, aparecen desvencijadas puertas colocadas contra la pared, fuera de su sitio natural, en posiciones curiosamente geométricas y, una vez más, acompañadas del cuerpo desnudo de la modelo en posturas cercanas a la fetal, que reflejan su deseo de esconderse.


El subjetivismo de la mirada

Francesca era la típica adolescente norteamericana, como puede verse en los autorretratos que sí muestran su cara, pero sus gestos denotan una especie de conocimiento de quien se ha asomado demasiado al destino final de la humanidad: la muerte. Francesca mostró con sus fotografías que una artista como ella no necesitaba estar detrás de la cámara para hacer sus fotos, que la idea previa y la conceptualización de la composición y realización de las tomas son las que cuentan al final para obtener perturbadoras pero a la vez inocentes imágenes.


Woodman realizó un ejercicio introspectivo que la llevó a conocerse, sin otra mediación más que la de su mirada, al hacerse objeto de la imagen con su propia cámara colocándose al frente de ella, pero a la vez siendo la autora de la foto, en un hábil movimiento que logra el reconocimiento de su subjetividad, haciendo de la foto un reflejo –pero no al modo de un espejo, sino de la construcción interna de su propia imagen- de su ser. No obstante lo anterior, en su serie Self Deceit (auto engaño) Woodman parece jugar con la idea de encontrarse y desencontrarse en las imágenes.


La obra de Woodman consta de casi quinientas fotos que, con el tiempo, se han vuelto de culto entre los admiradores del arte fotográfico. Es una obra considerable para alguien que tenía 22 años al morir.

Exhibió por primera vez sus fotografías en la Galería Maldoror. Luego de su regreso a los Estados Unidos, se mudó a Nueva York. Su único libro publicado en vida fue Some Disordered Interior Geometries, el cual apareció en enero de 1981, mes en que decidió poner fin a su vida, saltando al vacío desde la ventana de su estudio en un edificio de Manhattan, Nueva York.


Su obra, realmente poco conocida por el público general, ha sido resguardada desde entonces por sus padres, Betty Woodman (reconocida por su trabajo con cerámica) y su esposo George. De vez en cuando organizan alguna exposición de la obra de su hija.


Aparte de Some Disordered Interior Geometries hay un libro con fotos y ensayos sobre su obra llamado Francesca Woodman, edición a cargo de Hervé Chandès y con ensayos de Philippe Sollers, David Levi Strauss, Elizabeth Janus, y Sloan Rankin. Está editado por Scalo Books.


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Thursday, April 26, 2007

The Church

En plena madurez musical
Ricardo Martínez García

El Momento Siguiente es la continuación del proyecto acústico de The Church, iniciado en 2004 con El Momento Descuidado, para el sello australiano Liberation Blue en su colección Acoustic Series.


Con tres canciones totalmente nuevas, un cover y diez piezas ya conocidas, este nuevo trabajo, cuyo lanzamiento se produjo a principios de marzo, muestra lo mejor de The Church –de la lista de favoritas del propio grupo- pero trabajadas y elaboradas con nuevas instrumentaciones, y cuyo resultado ofrece un disco verdaderamente refinado y delicioso, una obra representativa de recreación acústica.


A diferencia del Acoustic Sermon de 1995, trabajo previo semejante y recopilación no oficial en vivo, realizada durante tres giras hechas en 1988, 1990 y 1994 en Santa Mónica, San Diego y Chicago (con momentos de gran improvisación musical, propios de las presentaciones en vivo, y una calidad de sonido bastante aceptable), El momento Siguiente es una grabación oficial y profesional hecha en estudio, producto de un plan musical perfectamente ejecutado.

Los miembros de la banda Steve Kilbey, Marty Wilson-Piper, Tim Powles y Peter Coppes elaboraron, con viejas y hermosas canciones de algunos de sus álbumes más memorables, un trabajo que guarda cierta semejanza con los famosos Unplugged de MTV, aunque los fans que conocen bien a estos artistas no los imaginan actuando y formando parte del catálogo de esa cadena televisiva: The Church es un grupo alternativo de rock pop que no se conduce bajo la lógica del mercado, que no busca la difusión masiva sino tocar y divertirse, expresarse a través de la música y, en última instancia, ganar dinero, que lo han hecho pero por la calidad, profusión y profesionalismo de su trabajo, tanto en grupo como individualmente.

Para constatar lo anterior, ahí están los 26 años que ya tiene The Church en la escena musical y una fructífera carrera de más de veinte álbumes y recopilaciones que en total rebasan los treinta discos, para no hablar de los discos piratas.

La utilización de instrumentos como el piano, tocado por el guitarrista Peter Koppes, y el violonchelo de Sophie Glasson en piezas como Reptile, Tantalized, It´s no Reason y Two Places at Once, instrumentos no siempre vinculados con una banda de rock, ofrecen un toque de intimidad, de calidez y de nostalgia, propia de quien vuelve la cabeza y mira el camino andado con la madurez que dan los años y la experiencia (que en su caso da tocar y hacer giras por gran parte del mundo –como siempre con excepción de México- de manera constante), y que está satisfecho con lo que ve, o mejor, con lo que escucha.

La voz de Kilbey suena tan fresca como en el disco debut de la banda Of Skin and Heart de 1981, y su música sigue siendo a la vez tan armónica, directa, diáfana y entretenida, sin importar que se trate de un pop emparentado íntimamente con el New Wave de los ochenta (y sus reminiscencias del Punk) o de una pieza experimental que refleja la influencia de Pink Floyd, David Bowie o Joy Division.

Capítulo aparte son los temas de las letras de las canciones. Kilbey, autor de la gran mayoría de ellas es un autor verdaderamente prolífico. Se inspira en elementos tan disímbolos como historias de amor en el que la reencarnación juega un papel central, o la alabanza a culturas antiguas que construyeron pirámides, la solidaridad ante la soledad o el continuo cambio en la vida humana, por el cual no hay por qué estar triste, pero tampoco alegre.

La primera pista de El Momento Siguiente, Wide Open Road, es original del grupo de folk australiano The Triffids, cuyo líder David McComb fue una gran influencia musical para The Church. Es una especie de tributo a un músico ya fallecido pero que en su país fue un artista respetado y admirado por los miembros de la banda.

Hay también, como suele presentar el grupo, elementos musicales novedosos, como el estilo country utilizado en la clásica Electric Lash, los requintos de guitarras acústicas con sabor español (tanto de Steve Kilbey como de Marty Willson-Piper), o el uso de ritmos percusivos de bongó al inicio de Tantalized.

La bella e introspectiva Pure Chance, extraída del Uninvited by Clouds, nos muestra a Kilbey acompañado de la también cantante y compositora australiana Inga Liljeström, dúo muy equilibrado cuyo resultado es de gran sensualidad y sofisticación. (La exquisita conjunción pero lo insólito del dúo recuerda el que hizo Stuart Staples, líder de Tindersticks, con Lhasa de Sela, o el mismo Staples con la experimentada Gina Foster en su disco debut Lucky Dog).

Una pieza clásica de rock acústico es Grind, del Gold Afternoon Fix, tan parecida en ritmo pero tan diferente en textura de la versión original, tal como son todas las canciones. El Momento Siguiente es un disco creado para el disfrute personal de quien lo escucha; se trata sin duda de uno de los mejores discos de The Church.



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Monday, April 23, 2007

Casas verdes para tomates rojos
Ricardo Martínez García

El territorio de Israel es en gran parte un páramo desértico, en el que es muy difícil cultivar y obtener una producción suficiente de alimentos para satisfacer la demanda de consumo de su población; posee además un clima muy variado pese a su pequeña extensión. Los israelíes, no obstante estas dificultades, han tenido que enfrentarse a la necesidad de vivir y cultivar en el desierto, sobre todo desde de la fundación de Israel como estado independiente, en 1948.

Con gran inventiva, lograron no sólo satisfacer sus necesidades sino que ahora exportan tecnología agrícola de alto nivel, consecuencia de la creación y experimentación de sistemas de cultivos rápidos y productivos en sus kibutz.

El cultivo en invernaderos (greenhouses en inglés, o sea casas verdes en español) es un sistema utilizado con gran éxito, y se ha vuelto un producto de exportación. Algunos ingenieros agrónomos israelíes que se dedican a la fabricación y operación de invernaderos llegaron a México hace varios años ya, y han estado haciendo negocio con varios productores mexicanos.
Los campesinos que forman la Integradora de Productores de Santa Martha Chichihualtepec son un ejemplo de lo anterior.

Santa Martha es una población perteneciente al municipio de Ejutla de Crespo, próxima a Ocotlán, aproximadamente a dos horas de viaje en auto desde la ciudad de Oaxaca, por la carretera federal hacia Puerto Escondido.

La Integradora de Productores la conforman, para el proyecto de compra de invernaderos, alrededor de veinte campesinos que, con grandes esfuerzos económicos (muchos de ellos han tenido que recurrir a parientes en Estados Unidos para solventar los gastos) han logrado adquirir invernaderos que dedicarán al cultivo del tomate rojo.

Dos árabes y un judío en Oaxaca

Guideon Mishaeli es especialista en el cultivo de rosas en invernadero y se describe a sí mismo como un ingeniero agrónomo, internacional y “que no habla español”; es el técnico enviado por la empresa Telman a México, avalado por el Ministerio de Agricultura de Israel, para asesorar a los productores mexicanos en el montaje y operación de los invernaderos.

Con Mischaeli trabajan dos técnicos palestinos que llegaron a Santa Martha algunos días antes de Semana Santa; se llaman Harat y Alá. Han tenido grandes dificultades para comunicarse pues sólo hablan árabe, y aunque casi nadie les entiende, lucen adaptados al menos a nivel personal en la convivencia con los trabajadores mexicanos. Alá, joven de unos treinta años es muy risueño y dice con toda claridad algunos vocablos que ha aprendido: “gracias” y “mañana”. Harat, cuarentón pequeño y de frágil figura, parlotea en árabe constantemente con su compañero, quien lo mira y asiente. Parece ser el líder de ambos.

Harat es casado y, según se logró dejar en claro, tiene sólo una esposa (parece que en su cultura se les permite tener hasta cuatro, siempre que puedan mantenerlas); ha encontrado un incentivo para trabajar tiempo extra en el campo donde se encuentra uno de los invernaderos: una joven local intenta enseñarle algo de español. “Esto se llama oreja, esto cachete”, dicen que le enseña.

La presencia de Mischaeli obedece al retraso en el trabajo del armado de los invernaderos. Mischaeli habla hebreo, árabe e inglés, en ese orden de más a menos, y también tiene dificultades para hacerse entender entre los productores. En ocasiones, este reportero tiene que hacer de intérprete, con resultados a veces poco satisfactorios: el inglés de Mischaeli es de acento gutural y extraño. Al señalarle esta situación, sonríe y señala que el inglés no es su lengua materna, “the same for me” respondo.

Para Mischaeli, en el diccionario de los campesinos productores debería desaparecer el vocablo “mañana” (que tan bien ha aprendido Alá). Por lo que se ve, el mismo Mischaeli desconoce algunos vocablos que harían más grata su tarea, tanto para él como para los demás: “Thank you” o “Please”. Su tono de voz pertenece más a la de un duro capataz que a la de un especialista agrícola con mucho mundo que ha estado en Uganda, Tailandia, Venezuela, y un largo etcétera.

La conexión con México

Los ritmos de trabajo entre mexicanos e israelí no se empatan completamente: los campesinos prefieren trabajar en las horas en que el sol no pega tan fuerte, con sus consiguientes pausas; el israelí prefiere hacerlo de un jalón, de 9 a 19 horas. No obstante el desentendido, todos trabajan duramente.

El distribuidor de productos agrícolas y enlace con Israel es el ingeniero Julio César Mendoza, quien es el que hace el trabajo de relaciones públicas entre los extranjeros y los productores locales.

El trabajo de este ingeniero parece ser el eje central de la actividad, pues la adquisición de los invernaderos se realiza luego de una eficaz labor de marketing: muestra los beneficios de sus productos y sus características, realiza los contratos, hace depósitos, va y viene, pasa largas jornadas con los campesinos, los asesora.

Algunos productores lo invitan a comer a sus casas, a tomar cerveza o a beber mezcal (invitaciones difíciles de rechazar). Se entiende tanto con los productores locales como con los proveedores israelíes. Incluso es el encargado de recoger en el aeropuerto a los especialistas extranjeros y transportarlos a su lugar de trabajo.

El cuidado del agua

Santa Martha es un lugar áspero y agreste pero, del mismo modo que en Israel, los campesinos luchan contra la adversidad del terreno y logran sacarle el mayor provecho. En tiempos mejores, en los que el calentamiento global todavía no aparecía en el mapa, había un río y hasta una pequeña presa, pero de ello ya sólo quedan los vestigios.

Todos los campesinos están conscientes de la necesidad de utilizar el agua disponible, que no es mucha, de la mejor manera posible. Por eso es que ven en la utilización de los invernaderos una buena manera de economizar el agua, ya que cuentan con un sistema de irrigación que mejora el aprovechamiento del vital líquido.

Uno de ellos comenta, sin hacer alarde de su buena suerte, que en una parte de su terreno cuenta con un pequeño manantial, lo que le asegura buena irrigación a sus cultivos. Otros comentan en voz alta que podría ser bueno entubar esa agua. “Sí, se puede hacer” es la respuesta.

Actualmente algunos campesinos cuentan con varios invernaderos de fabricación nacional, pero esperan que con los nuevos invernaderos logren obtener hasta cinco cosechas al año. “Sólo de esa manera nos costea” señala uno de los productores, don Celestino, quien tiene ya tres invernaderos. “Vendemos nuestros tomates en Ocotlán, en Oaxaca y a veces en México si nos va bien, sobre todo cuando los productores de Sinaloa no alcanzan su máximo”.

El ingeniero Mendoza explica que Sinaloa es el estado donde se ubican los mayores productores de tomate, y además es uno de los estados que cuentan con mayor número de invernaderos, tal vez sólo por debajo de Baja California Norte. “La proximidad con Estados Unidos los motiva, pues producen puro producto para el otro lado”, comenta.

Lo mejor del efecto invernadero

Todos coinciden en que estos invernaderos son mejores tanto en precio y en calidad respecto a los nacionales, los cuales tienen una vida útil de seis años, a diferencia de los cuarenta del producto israelí, de acuerdo con la información ofrecida por el ingeniero mexicano.

“Tiene que ser, el material está galvanizado por dentro y por fuera y no se oxida, los postes son angulares y no tubulares, lo cual aumenta la fuerza de resistencia. Además los plásticos utilizados, que logran mayor difusión de la luz y menor radiación ultravioleta, y una correcta ventilación, irrigación y fertilización, permiten el mayor crecimiento de las plantas del tomate, o de lo que se plante, conservando sus mejores características”, explica el ingeniero Mendoza.

La tecnología agrícola avanzada no se limita al uso de invernaderos, sino al uso de diferentes variedades de tomate, no sólo de la variedad más común en México, como la Roma, sino de nuevas variedades como la Vanesa, la Laura y la Gabriela. Nadie pudo explicar la razón de esos nombres.

Existen otras variedades generadas con grandes técnicas agrícolas provenientes de Holanda o de otros países europeos y son las mejores para usarse en invernadero, aunque son probablemente muy caras para el productor nacional, tales variedades son la Trust, la Match, la Switch, y la Blitz. Aunque claro, si se adquieren semillas de esas variedades, el precio baja a mayores adquisiciones

Otra cuestión esencial la representa el tipo de tierra y los fertilizantes que se utilicen en el cultivo del tomate. Mischaeli habló de realizar análisis de suelo y a partir de los resultados determinar qué tipo de fertilizantes utilizar. Según dijo, la ceniza volcánica es uno de los mejores fertilizantes naturales.

Las plagas del tomate son un problema, explicó el ingeniero Mendoza, pues la utilización excesiva de pesticidas puede afectar la composición bioquímica del producto, lo que se aprecia en el sabor, el color y el tamaño.

En Santa Martha Chichihualtepec lo que más les interesa a los productores es que puedan recuperar lo invertido a mediano plazo (y si se puede a corto, pues muchos de ellos se han endeudado enormemente con préstamos bancarios), ya luego verán la posibilidad de cambiar de variedad cultivada. “No importa por ahora que usemos el Roma, si recuperamos lo suficientemente rápido lo invertido, ya luego Dios dirá” señala convencido don Vicente, uno de los líderes productores. “A ver cómo nos va con estas “casas verdes” para nuestros tomates rojos” dice finalmente.

">Vínculohttp://www.telman-greenhouse.com/English/Default.aspx?Section=11

Thursday, March 29, 2007

Lisa Gerrard

La voz del sentimiento
Ricardo Martínez García

Lisa Gerrard es reconocida por su trabajo, de casi dos décadas, con uno de los grupos de origen australiano más interesantes y difícilmente clasificable: Dead Can Dance.

Dueña de una tersa, melódica y flexible pero potente voz, y ahora, con una importante carrera como solista, Gerrard ha ganado importantes premios por sus trabajos y sus colaboraciones con otros artistas y por su intervención musical en varias famosas películas.

Originaria de Merlbourne, Lisa comenzó a cantar y a presentar pequeños conciertos en algunos bares de esa ciudad, donde conoció a Brendan Perry, quien ya había debutado con un grupo llamado The Marching Girls, del que salió para formar en 1981 la seminal Dead Can Dance, banda a la cual la invitó para que tocara las percusiones y cantara algunas piezas.

Por aquella época, en busca de mejores condiciones para el tipo de música que deseaban tocar y con un demo bajo el brazo, Gerrard y Perry decidieron viajar a la Gran Bretaña. Era 1982. Una vez ahí y después de un año de buscar oportunidades en Londres, consiguieron llamar la atención de Ivo Watts-Russell, fundador del sello especializado en música de culto: la 4AD. Algunos otros grupos que han formado parte del catálogo del sello son: The The, Cocteau Twins, Modern English, Bauhaus, The Birthday Party, Pixies.

La relación entre esta discográfica y el grupo fue bastante fructífera: durante once años, de 1984 a 1996 Dead Can Dance lanzó ocho discos y se volvió uno de los grupos más importantes e innovadores en la escena, gracias a la mezcla de música medieval, barroca y renacentista, folclore celta, ritmos y melodías de medio oriente con elementos musicales producto de sintetizadores.

No es extraña esta peculiar fusión musical: Gerrard recuerda que las calles del vecindario donde creció “rezumaban” melodías en griego, turco e irlandés. Una muestra excelente del poder de su voz y su sentimiento la ofrece “The wind that shakes the barley”, canción tradicional interpretada a capella en el fabuloso y tal vez el mejor disco de Dead Can Dance: Into the Labyrinth.

Lisa, una vez que se separó de Perry en 1998, ha mantenido el estilo ecléctico, elegante y multicultural característico de Dead Can Dance, fruto tanto de ella como de su ex compañero –estilo que les hizo ganar miles de adeptos en todo el mundo- a lo largo de su carrera como solista.

Así lo demostró con su álbum debut, Mirror Pool, en el que plasma las duras experiencias de su ruptura con Perry, la muerte de su hermano Mark y la alegría del nacimiento de su bebé. Este trabajo le hizo ganar más adeptos, entre los que se cuenta el cineasta norteamericano Michael Mann, que incluyó varias piezas del disco en su película Heat (Fuego contra Fuego), protagonizada por Robert de Niro y Al Pacino. Con este director Lisa comenzó una nueva faceta de su carrera musical: el soundtrack.

Mann le pidió a Gerrard y a Pieter Bourke –con quien lanzó Duality, su segundo álbum- que escribieran e interpretaran algunas piezas para su cinta The Insider (El informante, con Pacino y Russell Crowe), cosa que ellos hicieron de manera magnífica, al igual que en su película Ali.

Lisa ha colaborado también con Ridley Scott para las cintas Gladiator y Black Hawk Down. Con John Woo en Misión Imposible 2, con Antoine Fuqua en Tears of the sun, con Paul Currie en One Perfect Day, y con Tony Scott en Man on Fire, entre otros cineastas.

Su hermosa y potente voz, de timbre muy flexible, casi siempre aparece como perfecta catalizadora de los momentos más dramáticos de los filmes en que ha participado. Enfatizan la muerte, el dolor, la pérdida, el alivio o la alegría, siempre expresando sentimientos profundos e íntimos.

Con cinco grabaciones desde el 2003 (Whale Rider, Inmortal Memory 04, Abwoon 05, A Thousand Roads 05, Silver Tree 06), cuya característica general es el alto nivel de su calidad musical, Lisa Gerrard no para de trabajar, para deleite de sus seguidores.

Afortunadamente, los fans mexicanos tendrán oportunidad de verla en vivo el próximo primero de junio en el Lunario del Auditorio Nacional, concierto que forma parte de su gira internacional en el que visitará Italia, Alemania, Bélgica, Inglaterra, Hungría, Estados Unidos, Canadá y México, entre otros países.

Si no se tiene los 800 pesos que costará la entrada general, está siempre la opción del disco recién lanzado por 4AD The Best of Lisa Gerrard, en el que se puede escuchar lo mejor de la artista con Dead Can Dance, en su carrera como solista y algunos trabajos para el cine. Algo realmente para coleccionistas.
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Tuesday, March 27, 2007

John W. Backus

Patriarca de la Red
Ricardo Martínez García
John W. Backus murió el pasado 17 de marzo a la edad de 82 años y su muerte nos hace comprender la ya larga historia que ha tenido uno de los elementos tecnológicos imprescindibles de la vida contemporánea: el Internet.

Backus lideró un equipo de ingenieros y matemáticos (precursores de los ahora llamados nerds, utilizando el adjetivo sin sentido peyorativo) que trabajaba para la IBM y desarrolló en la década de los cincuenta el lenguaje lógico para computadoras conocido como Fortran (abreviaturas del FORmula TRANslation), el cual hizo posible el diseño de sistemas de programas de alto nivel que sentaron las bases lógicas y de lenguaje de las diferentes plataformas de software.

Estas plataformas han dado como resultado, a su vez, que ahora tengamos a disposición desde sistemas operativos, paqueterías de aplicaciones e infinidad de ambientes virtuales, hasta la reciente pluma digital que presentó hace poco Bill Gates o el dispositivo Apple TV.

Hace más de veinte años, científicos de prestigiosos institutos como el Massachussets Institute of Technology (MIT), la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) y algunas empresas dedicadas al desarrollo de la tecnología, como la llamada Gigante Azul, la IBM, comenzaron a pensar en la posibilidad de interconectar las enormes computadoras con el fin de compartir datos e información. Pudieron pensar en interconectar porque ellos ya contaban con los lenguajes informáticos que permitieron esa interconexión.

La interconexión, primero en pequeñas redes de computadoras, sobre todo académicas y luego militares, ha crecido de manera exponencial hasta alcanzar el nivel global que se tiene ahora, a través de Internet, en el que hasta el funcionamiento del refri o la estufa se pueden controlar vía la red.

Los datos que ahora se pueden ver y compartir van desde programas, textos, fotos, correos, blogs y chats, que abordan cualquier tema imaginado, lo que convierte al Internet en el instrumento más formidable de comunicación e información (o de incomunicación y desinformación, si se quiere, tal es la naturaleza de este instrumento de dos filos).

Es tanto el contenido informático que ofrece la red que resulta fácil perdernos navegando en ella. Uno puede ser parte de comunidades de internautas o permanecer desapercibido y asilado de la realidad, viviendo prácticamente de manera virtual y olvidando la vida real, o en caso contrario hacer de nuestra vida un espacio público a través de la red.

Todo lo anterior es ya muy conocido, pero lo que casi nunca se conoce –y reconoce- es la labor, el trabajo de aquellos que hicieron posible la construcción de los instrumentos tecnológicos que tan cotidianamente utilizamos, como la computadora y sus programas.

Es el caso de los científicos que, a través de su esfuerzo de investigación y trabajo constante, elaboraron el lenguaje de la infraestructura programática de la red y a los que no se les reconoce ningún mérito. Uno de ellos es John W. Backus, quien nació el 3 de diciembre de 1924. Su aportación consistió entre otras cosas en la elaboración de un lenguaje de programación que utiliza notaciones matemáticas de nivel accesible o normal, es decir el lenguaje Fortran, el primer lenguaje de programación de alto nivel, el cual se utilizó en la computadora IBM 704.

Backus formó parte en la década de los sesenta del comité internacional del proyecto ALGOL, que buscaba la formulación de un lenguaje algorítmico y que dio fruto en el lenguaje BNF (Backus-Naur Form) y luego en los setenta estuvo interesado en la Programación Funcional, cuyo producto fue el lenguaje de programación FP (Function Programming, de uso básicamente académico) con el cual ganó el premio Turing -considerado como el Nóbel de la informática- en 1977.

El premio Turing lo otorga la Asociación para la Maquinaria Computacional (ACM) desde 1966. Actualmente su principal patrocinador es Intel, la famosa empresa por sus procesadores. Se trata de un premio que rinde homenaje al inglés Alan Turing, quien formuló el test o examen Turing, el cual consiste en un procedimiento para determinar si una máquina es inteligente o no. El premio 2006 correspondió a la norteamericana (primera mujer premiada) Frances Allen, por su trabajo para mejorar el rendimiento de los programas de computación y acelerar el uso de los sistemas de computación, a través de la introducción de algoritmos y tecnologías, los cuales forman la base teórica de la optimización automática de programas, relacionado naturalmente con la labor anterior de Backus.

John W. Backus continuó su labor de desarrollo del lenguaje programador en el proyecto LP (languaje programming) para la IBM hasta que se jubiló, en 1991. Cuatro años antes de su retiro había sido nombrado Miembro Asociado de la IBM y en 1993 ganó el Premio Charles Stark Draper, que otorga la Academia Nacional de Ingeniería de los Estados Unidos, por las mismas razones por las que había ganado el premio Turing. Descanse en paz este patriarca de la computación.
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Tuesday, March 20, 2007

Política Ficción

La Hija del General
Ricardo Martínez García


Algunos analistas han señalado, con razón, que la escalada de violencia que vive México en varias zonas de su territorio, producto más probablemente de la guerra de narcos entre narcos, y no del gobierno federal contra ellos, es un síntoma del grado de ingobernabilidad que se ha alcanzado.

Sin embargo, se ha dejado de lado el hecho criminal en sí de las ejecuciones, tomadas como casos particulares, y se le ha dado más importancia en los medios, sobre todo impresos, al hecho de que la ciudadanía vive en un clima de inseguridad. Al menos es el caso del asesinato de Mireya López Portillo y su esposo Jordi Peralta Samper ocurrido en la madrugada del domingo18 de marzo, quienes no ocupaban ningún cargo público, hasta donde se sabe, y su relevancia pública se debe al parentesco que tenía ella con un connotado general del ejército mexicano, actualmente retirado.

El general Luis Humberto López Portillo ocupó entre otros cargos la jefatura de la zona militar ubicada en Guerrero, durante el sexenio de Ernesto Zedillo, donde tuvo que combatir al EPR y ERPI. El de Guerrero es uno de los estados donde el narcotráfico ha sentado sus reales, como se ha constatado recientemente, con las ejecuciones en Acapulco y los recados con cabezas humanas como conductos.

Jordi Peralta era un alto ejecutivo de TV Azteca y el atentado en el que murió con su esposa no parece un asalto vulgar. La pregunta que se deben haber hecho desde el principio los investigadores del caso, sean de la PGJDF o de la PGR, y que representa uno de los cánones de la criminología, es ¿Quién se beneficia con la muerte de estos personajes? Y para redondear ¿Cuál ha sido el móvil de este crimen?

Seguramente las respuestas son bastante complicadas de por sí, y más si quienes cometieron el crimen prevén la ruta que conduzca a ellas, por lo que seguramente se encargarán de borrar toda pista que pueda ayudar a responderlas.

Si el crimen ocurrió para darle un recado a alguien, al general tal vez, y con él al ejército, se trata de un recado que no puede ignorarse, dado el costo del conducto (lo que indicaría la total carencia de escrúpulos de quien lo envía, así como de la seguridad de impunidad o la certeza de que lo que se traen entre manos bien vale la vida de dos personas muy bien relacionadas).
Si se trata de un crimen sólo relacionado con las dos personas asesinadas entonces la policía lo tiene más fácil pues su campo de investigación se limita a las esferas particulares de Mireya López y Jordi Peralta.

Por otra parte, se puede preguntar por la existencia de un arma utilizada en la escena del crimen perteneciente a la PGR. ¿Qué podrá significar tal cosa? ¿La robaron de la armería de la dependencia? ¿Por qué la abandonarían los asesinos?

La PGJDF, según fuentes de la PGR, elaboró dos hipótesis sobre la causa del crimen: que haya sido por algo relacionado con el decomiso de 204 millones de dólares en una residencia de las Lomas de Chapultepec, lo cual naturalmente implica aclarar qué tipo de relación pudo haber tenido la pareja con ese dinero. La otra hipótesis es que el crimen se haya cometido por algo referente a las actividades realizadas por el general en Guerrero, cuando fue jefe de esa zona militar.

El general no ha declarado nada que ayude a resolver el crimen, ni lo hará previsiblemente, y el ejército no se ha manifestado tampoco.

Lo que sí es claro es que este caso no se puede tratar como parte de la estadística criminal de la ciudad de México, como ha sugerido Joel Ortega, secretario de Seguridad del DF. “Ojalá que la PGR pueda establecer los vínculos que dependen para este caso con otros hechos de relevancia, pues se requiere de la panorámica federal para poder resolverlos", declaró el funcionario. Si existen esos vínculos, la idea de establecerlos, como quiere Ortega, parece demasiado conductista, o tal vez Ortega sepa algo que supone los federales deben "establecer".

Wednesday, January 24, 2007

El fútbol como terapia lúdica

Locos por el fútbol
Ricardo Martínez García
El tráiler del documental Matti per il calcio (Locos por el fútbol) recién estrenado en Italia, muestra en la primera escena al director Volfango De Biasi y al escritor Francesco Trento hablando de la realización de la cinta, luego una cama de hospital con las sábanas revueltas y unos sujetadores sueltos (como si alguien acabara de ser liberado) y finalmente a un alegre y entusiasta grupo de hombres que juega fútbol en una cancha llanera con charcos, haciendo golazos.
Con una duración de casi cien minutos, la cinta muestra que la práctica de este deporte –de carácter nacional en Italia y en muchos otros países, como el nuestro- es una manera de socializar, de sentirse parte de un equipo, aunque sea de uno llamado Il Gabbiano, compuesto casi en exclusiva por pacientes siquiátricos: la esquizofrenia y la paranoia son los desórdenes que padecen estos jugadores.
Ni caso tiene que comparemos este documental con los capítulos más vergonzosos de los jugadores “sanos” que se dejan llevar por la “calentura” del momento, o por lo que llaman la “pasión” por el fútbol. Sólo recordemos el codazo que Vidrio le dio alguna vez a Palencia, o la patada en la cara que Comizzo le propinó a Hermosillo.
El fútbol ha sido canal de escape de fanatismos y violencia tanto de jugadores como de espectadores, concentrados en barras o porras, formando grupos de hooligans y demás individuos que creen que no hay nada mejor que estar al tanto de los encuentros del equipo de sus amores cada semana y defender a muerte –a veces literalmente- su honor, sobre todo cuando el equipo es “ofendido” por algún otro.
No obstante, el doctor en siquiatría Mauro Raffaeli decidió utilizar, desde hace más de trece años, el carácter lúdico y colectivo que tiene el fútbol como juego, alejado naturalmente de todo tipo de contaminantes (toda la industria que rodea a este deporte) y creó una liga en la que participan sólo equipos formados por pacientes.
La idea es sencilla: hacer que el paciente esquizofrénico o paranoico tenga adversarios reales –en la cancha- y no sólo imaginarios. "Las personas con enfermedades mentales a menudo se encuentran encerradas en sí mismas, pero el fútbol les permite abrirse al mundo", le dijo el director del documental a la periodista Laura Lucchini recientemente.
Raffaeli, además de siquiatra, entrena a uno de estos equipos de esta sui generis liga, el “Gabbiano”.
Uno de sus integrantes, Mario de 43 años, dice que los partidos son un gran apoyo para sobrellevar su esquizofrenia. “No renuncio a ellos por nada del mundo”, señala quien enfermó luego de un viaje a Oriente y se siente mucho mejor cada vez que juega en la delantera.
Benedetto, otro integrante de la squadra, de 41 años y graduado en psicología, también padece de esquizofrenia: escucha voces y habla con ellas. Las voces lo enferman y lo asustan e influyen en su estado de ánimo. Como es un enamorado del fútbol, es el primero en llegar a los entrenamientos. Al final siempre pregunta a todos: “¿Cómo he jugado?”.
La defensa del Gabbiano cuenta con Sandro, ex policía de la NOCS (el Núcleo Central Operativo de Seguridad, unidad táctica que entre otras cosas enfrenta cualquier brote de terrorismo) cuyo problema mental consiste en su incapacidad temporal para distinguir lo real de lo imaginario. Actualmente dedica parte de su tiempo a escribir poesía, a pintar y a anotar goles por el campeonato.
En el tráiler del documental se ve a Xavier, ecuatoriano que festeja cada gol haciendo una pirueta como si fuera Hugo Sánchez. Este jugador padeció de fuertes depresiones ocasionadas por su dura condición económica, lo que le orilló a separarse de su mujer e hijo y verlos partir a su país natal. A la depresión se añadió la soledad, y fue cuando se unió al equipo de Raffaeli, el cual le fue de gran ayuda. Ahora lucha por encontrarse a sí mismo en Italia.
Raffaeli señala, en entrevista con la corresponsal de El País en Italia, que "el fútbol se convierte en terapia cuando permite a los enfermos insertarse en un contexto social común, y siendo en Italia el fútbol el deporte nacional, ningún lugar es mejor para la integración que un campo de juego".
Matti per il calcio, obtuvo el premio en su décima edición del Altropallone (Balón Alternativo) en Milán. Se trata del premio paralelo al famoso Balón de Oro y es asignado a aquellas obras a favor de la infancia o adolescencia, a obras deportivas rectas, solidarias, que se oponen al racismo y buscan la integración y el multiculturalismo. Otros premiados han sido Paolo Rossi e Iván Zamorano.
Raffaeli tiene claro el objetivo de su terapia: "Aunque reducir el consumo de fármacos es importante, a veces es imprescindible tomarlos toda la vida, sin embargo, reintegrarse en la sociedad es lo verdaderamente importante".



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