Friday, October 24, 2008

Max Payne


El mito del supersoldado
Ricardo Martínez García

Basada en un videojuego que data del 2001 y que trata de la lucha entre un policía y miembros de la mafia, Max Payne, película de John Moore y protagonizada por Mark Wahlberg, deja de lado asunto de la mafia y se centra en la búsqueda de los culpables del asesinato de la esposa de este rudo policía.

La esposa de Payne lleva tres años de muerta y aún no han sido hallados los culpables, lo cual ocasiona la obsesión y tortura de Max. El caso se reactiva cuando el ex compañero de Payne encuentra nuevas pistas pero es asesinado antes de poner al tanto al detective.

Las pistas que sigue Payne lo llevan a descubrir que la empresa farmacéutica para la que trabajaba su esposa había desarrollado una droga que supuestamente haría de los soldados de las tropas norteamericanas unos guerreros invencibles, cosa con lo que contaban para ganar cualquier guerra.

Los problemas surgieron cuando la droga sólo funcionó en el 1% de los soldados, y en el resto provocaba alucinaciones, además de volver adictos a quienes lo tomaban. La señora Payne tuvo la mala suerte de encontrarse casualmente con esa información, lo que marcó su destino.

La cinta cuenta a ratos con un ambiente de dark triller apocalíptico, por ejemplo cuando aparecen esas oscuras figuras con alas en las tristes calles de Nueva York y que luego nos enteramos que son producto del efecto de la droga fallida.

Algunas cintas en cartelera (y muchas otras en el pasado) muestran la concepción de los cineastas de hasta dónde creen que está dispuesto a llegar un gobierno que tiene que administrar sus tropas desplegadas en misiones “de paz y de democratización” en varias importantes plazas del mundo.

En Traidor (08) Jeffrey Nachmanoff y Steve Martin plantean el problema que tiene que resolver un soldado de primera, especializado en explosivos, ante la disyuntiva entre serle fiel a su patria o a su religión. En esta cinta el asunto –como ejercicio de imaginación- es suponer hasta qué punto las autoridades militares están dispuestas a llegar con el fin de garantizar que sus soldados se vuelvan verdaderas máquinas de matar, sin temor a nada.

Mark Wahlberg tiene ya rato de ofrecer actuaciones contundentes en películas donde saca su mejor imagen como matón, policía o ladrón, que son casi lo mismo en sus duras y a veces hasta brutales pero convincentes caracterizaciones. Así lo hemos visto en Los Infiltrados (Scorsesse, 06), Cuatro Hermanos (Singleton, 05) y El trabajo italiano (Gray, 03).

Se trata de una cinta entretenida que mezcla y abreva de fuentes como el cine de detectives, los efectos negativos de las drogas y un específico tipo de ficción obtenida de un videojuego. El resultado es bastante aceptable como espectáculo, más el plus que otorga la idea de un sistema empresarial militar fácilmente corrompible con efectos nefastos para los involucrados.

Thursday, October 23, 2008

Traidor


Fidelidad a la Patria o ¿a Dios?
Ricardo Martínez García
Don Cheadle, actor de cintas como Hotel Rwanda, y la saga de Oceans 12 y 13, produce y protagoniza Traidor (08), del director Jeffrey Nachmanoff, basada en una idea escrita por el comediante Steve Martin, quien se pone serio y ofrece una historia de espías y terrorismo, dentro del marco de las luchas reivindicatorias de los pueblos árabes musulmanes ante la opresión “de occidente”.

En la lucha contra el terrorismo y la defensa del territorio norteamericano, el agente especial del FBI Ron Clayton (Guy Pearce) sigue las pistas de las actividades de un grupo musulmán extremista y sus proveedores de explosivos, entre los cual está Samir Horn (Cheadle), comerciante de explosivos que en realidad es un agente infiltrado de la CIA, cuya existencia es tan secreta que sólo sabe de él su jefe inmediato, el agente Carter (Jeff Daniels).
Horn apunta con exactitud el hecho de que no sólo él comercia explosivos sino también fabricantes norteamericanos (y británicos, israelíes, rusos, etcétera) que venden sus productos sin importarles que esas mismas armas puedan ser usadas en contra de los Estados Unidos.
Tanto Horn como Carter están enfrascados en una ideología extremista -cada uno en su propio bando- que los acerca demasiado a sus supuestos enemigos: llevan a cabo una guerra en la que no importan los daños colaterales sino el impacto que se pueda producir con los fines últimos: hacerle sentir al enemigo que no hay lugar ni tiempo en que alguien se pueda sentir a salvo.

La cinta parecería ser una más de terroristas y contraespionaje, y Don Cheadle aparece en un papel semejante a aquellos que hicieron famoso a Wesley Snipes, gran actor de acción actualmente de capa caída tras su sentencia de tres años de prisión por evasión de impuestos, aunque eso no le ha impedido seguir trabajando en proyectos como El Arte de la Guerra 2, pero en este caso Cheadle encarna a un norteamericano musulmán convencido y amplio conocedor de su religión, y tal condición es lo interesante de la película.

¿Qué hará un soldado norteamericano, experto en explosivos y reclutado por la CIA para infiltrarse en las filas de una organización extremista islámica con el fin de tener acceso a los líderes para acabar con la amenaza que representan, pero a la vez actuar de acuerdo a su religión? ¿Cómo conciliar su fidelidad tanto a su patria como a su religión? El argumento de Steve Martin es muy bueno. La respuesta sólo se ve al final de la cinta.

Don Cheadle más que sucesor de Snipes es su competidor en este tipo de películas, puesto que sólo tiene dos años menos que Snipes. Tiene el carisma, el talento, la presencia escénica y se encuentra en el mejor momento de su carrera. Su trabajo es realmente sobresaliente y tan solo por eso vale la pena ir a ver esta cinta.

Bajo la Sal

Asesinatos en Serio

Ricardo Martínez García

Bajo la Sal es un triller mexicano interesante, dirigido por el debutante Mario Muñoz, de buena hechura aunque a ratos irregular. El trabajo de Humberto Zurita y Plutarco Haza está a la altura de la fama que cada uno ha creado, y sirve de buen soporte al protagónico que corre a cargo del novel Ricardo Polanco en el papel de Víctor, y de Irene Azuela –ganadora de un Ariel este año- como Isabel.

El comandante Trujillo (Zurita) acude a un pueblo llamado Santa Rosa de la Sal, pueblo costero cuya existencia depende de una salinera (en realidad locaciones en Guerrero Negro, BC), para ayudar a su viejo compañero policía, el comisario Salazar (Emilio Guerrero), a resolver unos crímenes en contra de unas mujeres jóvenes, que parecen apuntar a un asesino serial como el autor.

Se trata de una serie de asesinatos cuyo elemento en común es que todas las muertas iban a la misma escuela preparatoria, lugar en donde el desfigurado prefecto (Haza) y un profesor de matemáticas libinidoso (Julio Bracho) tienen roles intrigantes, por decir lo menos, y es ahí donde comienzan las pesquisas de Trujillo. Al ir conociendo más detalles del caso, Trujillo se va acercando a la verdad, pero eso, lejos de evitar más muertes, propiciará la suya misma.

El título Bajo la sal alude también a aquello que subyace bajo la superficie de lo meramente aparente en las vidas de la gente del pueblo de Santa Rosa: saber quién es quién, qué hacen y a qué se dedican. Así, está el tímido y retraído Víctor, quien además de ser el hijo y ayudante del embalsamador del pueblo, entre sus aficiones tiene una muy particular: concebir y filmar películas animadas con la técnica conocida como stop motion o cuadro por cuadro, en los cuales se realiza un pequeño movimiento en las figuras y luego es fotografiada. También está Isabel, ex estudiante de la prepa y sus dos trabajos, el diurno y el nocturno, además de sus secretos muy bien guardados.

Con un guión escrito por el propio director Mario Muñoz, en colaboración con Ángel Pulido, guión originalmente titulado La Venganza del Valle de las Muñecas, el resultado de la cinta es bastante mejor que el de algunas cintas de origen extranjero que llegan a nuestras salas. Además son de resaltar las breves pero concisas implicaciones y analogías que se hacen con los casos de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Trujillo llegará a decir que en esos casos “ya hay mucha gente involucrada” y que ahí hay una verdadera mafia.

A pesar de que a veces el ritmo es irregular, y de que hay algunos cabos sueltos, como la suspensión de Trujillo en la Ciudad de México o el modus operandi del asesino, si usted busca cine mexicano diferente y de calidad, no se pierda esta cinta.

Friday, October 17, 2008

Quémese Después de Leerse

La Reafirmación de los Actores Sexys

Ricardo Martínez García

Con un gran reparto encabezado por George Clooney, John Malkovich, Tilda Swinton y Brad Pitt, los hermanos Ethan y Joel Coen muestran en Quémese Después de Leerse (Burn After Reading, 08) lo que se puede hacer con estos actores: una cinta llena de enredos, de humor negro y sarcásticas críticas a algunos aspectos del American Way of Life.

Contrario al glamour de la vida personal de los actores Pitt y Clooney, ambos considerados como dos de los hombres más sexys del mundo por las revistas Vanity Fair y Empire, el trabajo que desarrollan en esta cinta no deja lugar a dudas de su capacidad histriónica.

Los personajes de este dúo dinámico, dentro del guión escrito por los propios hermanos Coen, corresponden a tipos comunes y corrientes, tanto así que en el caso de Chad Feldheimer (Pitt), se trata de un teto simpaticón, empleado de gimnasio, sin más aspiraciones que ejercitarse continuamente en su bicicleta.

El eje argumentativo arranca con la renuncia del analista de datos de la CIA Osborne Cox (John Malcovich), el inminente divorcio que le prepara su distante e infiel esposa, la doctora Katy (Tilda Swinton), y el intento de chantaje, demasiado chabacano, al que es sometido por los empleados de un gimnasio: la secretaria Linda Litzke (Frances McDormand), quien está obsesionada con una cirugías que quiere hacerse, y su amigo y perfecto compañero de locuras, Chad.

Clooney encarna a un empleado del Tesoro, Harry Pfarrer, que es cínico, simpático y mujeriego galán otoñal, y que se enreda con Katy y con cuanta mujer se le pone enfrente, entre ellas Linda.

Katy, aconsejada por un abogado inescrupuloso, despoja hasta de la camisa a su aún esposo Osborne. El abogado consigue información personal de Osborne pero su secretaria pierde un disco con la información al ir al gimnasio. Así comienza la historia del chantaje.

Linda está tan obsesionada con las cirugías que necesita para “reinventarse”, que no le importa absolutamente nada, e incluso llega a ofrecer la información y memorias de Osborne a la embajada rusa. “Ustedes no tienen ideología” le espeta el funcionario que los atiende. Ni Linda ni Chad dan muestras de entender a qué se refiere tal aseveración.

La actuación de Clooney resulta realmente llena de vitalidad, en este galán que también es un gran director y productor. El trabajo de Swinton, que se encuentra ahora un tanto alejada del cine de arte que la hiciera famosa y por el cual es recordada en cintas como Orlando, de Sally Potter (92), pero sobre todo por su trabajo con el director de culto Derek Jarman, es también bastante destacable.

La cinta es una muestra más de la versatilidad de John Malkovich, quien tiene en su haber cintas como Relaciones Peligrosas de Stephen Frears (88), En la línea de Fuego de Wolfgang Petersen (93) y en Being John Malkovich, de Spike Jonze (99) donde se interpreta a sí mismo. Su personaje en Burn After Reading –título que hace referencia a la práctica de los espías con documentos confidenciales o ultrasecretos que han cumplido con su cometido- es tal vez el más cotidiano de todos, pero Malkovich lo hace estupendo.

Al principio cuesta trabajo concebir a Pitt en su personaje, pero su trabajo, lo mismo que en el caso de Clooney, no tarda en convencernos de la credibilidad de su papel. Una de las razones de la dificultad pudiera ser que nos hemos acostumbrando más a verlo como el padre de los hijos de la bella Angelina Jolie que como actor.

Difícilmente alguno de los actores en esta cinta será nominado al Oscar por el trabajo realizado en ella, (tal vez McDormand tenga una oportunidad) pero eso es debido a la inclinación de la Academia por las cintas “serias”.

Es tal la riqueza interpretativa en esta película que uno podría llegar a sentirse indigesto, si no se tratara de una comedia que ante todo ironiza sobre la estulticia con la que se rigen tanto algunas instituciones y personas en la actual sociedad norteamericana.

La cinta expone el sinsentido, la obsolencia y vacuidad de la burocracia que impera en la CIA y en otros organismos (como el FBI o, para ser inclusivos, en una institución extranjera como la Embajada Rusa en los Estados Unidos), señalando con humor la inoperancia de tales instituciones. Después del enredo generado por el intento de extorsión de Linda, un jefe de la CIA le pregunta a su subalterno “¿Qué aprendimos?”, “No tengo la menor idea” le contesta éste. “Que no lo volveremos a hacer” concluye el jefe. La ganadora al final es Linda, pues al parecer sus cirugías correrán a cargo de la Agencia de Inteligencia (?).

Ethan y Joel Coen hacen realmente lo que quieren con lo más granado de Hollywood y así lo demuestra esta curiosa y divertida cinta.

Thursday, October 16, 2008

¿Quién es Charlie?

¿Qué quieren los adolescentes?

Ricardo Martínez García

El director debutante Jon Poll presenta ¿Quién es Charlie? (Charlie Bartlett, 07) cinta que tal vez sea la mejor comedia estudiantil del año. Recuerda cintas tan memorables como La Sociedad de los Poetas Muertos o Perfume de Mujer pero sin el esnobismo de las escuelas privadas norteamericanas y además con una insospechada profundidad temática que va más allá de la mera solidaridad y la amistad.

Charlie Bartlett (el joven pero experimentado actor de origen ruso Anton Yelchin) es un adolescente de clase alta que como tantos jóvenes de su edad no se hallan en el mundo y deambula por la vida sin saber a qué atenerse.

No obstante, su necesidad de congraciarse con los demás, de tener verdaderos amigos, lo hace cometer actos que van de lo extraño a lo disparatado, amén de su inventiva y creatividad.

Charlie se vuelve popular tal vez por las razones equivocadas (en la última escuela privada en la que estuvo se dedicaba a falsificar credenciales para sus compañeros, y en la escuela pública a la que finalmente termina asistiendo, se dedica a dar una suerte de consultas siquiátricas y a recetar medicamentos antidepresivos, cosa que lo catapulta a lo más alto de la popularidad escolar), sin ser tan consciente de lo que realmente está haciendo, pero siempre es bienintencionado.

Charlie quiere ayudar a sus compañeros, quiere amigos y los consigue por medios poco ortodoxos –tal vez demasiado poco ortodoxos, pero algo de ficción debía tener la cinta-, lo cual le atrae inevitablemente algunos conflictos. La relación que establece con el director de la escuela, el señor Gardner (el magnífico actor Robert Downey Jr.) se deteriora a extremos deplorables, sobre todo por la otra relación que establece con Susan (la juvenil actriz Kat Dennings), la hija del director, pero es en esa relación con el director que precisamente ambos lograrán encauzar sus acciones hacia fines loables.

La cinta mueve a la reflexión sobre el modo de percibir el mundo que tienen los estudiantes, sobre la labor académica y su insuficiencia para formar y adoptar algunos valores vitales, así como la necesidad de asumir ciertas responsabilidades por nuestros propios actos.

A veces, con la intención de ayudar, se puede llegar a poner en bandeja de plata las opciones para actos desesperados –ante la falta de un involucramiento personal profundo-, como en el caso de un deprimido joven que siente que la vida nada le ofrece y que a nadie le interesa lo que le ocurra, por lo que toma la decisión de salir por la puerta falsa.

Realmente apesadumbrado al saber de ese intento, pues fue él el proveedor de las píldoras fatales, Charlie acude a ver a su amigo deprimido y convaleciente. Es en ese momento que le cae el veinte y la historia – narrada con un ritmo algo irregular pero que no demeritan en la atención- da un giro que la encauza por el buen camino.

Charlie al final descubre que es popular a pesar de ya no ofrecer medicamentos, sino por su única y verdadera habilidad: saber escuchar al otro (aún a pesar de reconocer que él está tan perdido como los demás), y además por su buen sentido común.

Se trata de una cinta entretenida, divertida y profunda en los momentos precisos. Recomendable sobre todo para los estudiantes de nivel medio superior (y para sus profesores) que seguramente encontrarán figuras con las cuales identificarse.

Tuesday, September 30, 2008

Misión Babilonia

El Caótico Futuro

Ricardo Martínez García

Mathieu Kassovitz, el director francés de Los Ríos de Color Púrpura y Amèlie, dos de sus más conocidas cintas, realiza en Misión Babilonia (Babylon A. D., 08) un trabajo parecido en temática al que realizó Alfonso Cuarón en Niños del Hombre: a partir de una fábula futurista que mezcla ciencia ficción con elementos religiosos se plantea la existencia de una joven muy especial y aparentemente imprescindible para ciertos grupos que anhelan alcanzar cotos específicos de poder dentro de la sociedad globalizada.

El recio actor Vin Diesel protagoniza esta cinta de acción, que se ve engalanada por la presencia de la bella actriz hongkonesa Michelle Yeho, que con un gran trabajo complementa a Diesel y a la novel actriz Mélanie Thierry.

Toorop (Diesel) es un mercenario norteamericano calificado de terrorista por sus compatriotas, que es reclutado por Gorsky (un apenas reconocible Gérard Depardieu), mafioso ruso o algo parecido, para escoltar a Aurora (Thierry) y a la Hermana Rebeca (Yeho) desde un monasterio en Mongolia hasta la ciudad de Nueva York. El propósito de esto no queda claro sino hasta el final de la cinta –aunque ambiguamente-, algo característico en Kassovitz, tal como se ve en Los Ríos de Color Púrpura.

La cinta es una mezcla de géneros: acción, con violentos combates, persecuciones y explosiones; ciencia ficción, en la que se especula sobre lo que se puede hacer con la clonación y el diseño de ingeniería genética y sus posibilidades. En lo que falla es en el argumento dramático que no se ve hacia dónde va: ¿es Aurora un símbolo de los excesos científicos en el campo de la ingeniería genética, o es un ser humano sobrenatural, algo como la Virgen María del futuro, o es las dos cosas a la vez, por contradictorio que parezca?

Aparentemente hasta el propio director de la cinta la definió como un puro caos de violencia y destrucción, (se supone que hay una entrevista de Kassovitz en amctv.com pero no he podido corroborarlo) alegando que fueron los estudios cinematográficos quienes le impidieron dar mayor coherencia a su trabajo. Puede ser.

Lo que sí se puede afirmar es que la cinta a ratos es bastante violenta, casi como de videojuego, y está armada para resultar entretenida.

Es de notar que Diesel actúa cada vez más consistentemente, y que su inclusión en la cinta de Steven Spielberg Salvando al Soldado Ryan no fue casual. No es de extrañar que protagonice cintas que se alejan cada vez más del mero género de acción, como lo es Misión Babilonia.

Thursday, September 18, 2008

Mamma Mia!

¡El disfrute completo de la vida!
Ricardo Martínez García

En muy pocas películas musicales se puede apreciar el valor de una buena interpretación –lírica y actoral- de algunas de las canciones más populares y exitosas de los últimos tiempos. Tal es el caso de la cinta Mamma Mia! y las canciones que hicieron archifamoso al grupo sueco Abba.

Se trata de una cinta dirigida por la debutante cineasta Phyllida Lloyd (responsable de la dirección teatral de la obra desde hace más de diez años y puesta en escena tanto en Londres como en Broadway) que genera de inmediato en el espectador una sensación de comunidad en el sentido de asamblea para el culto de algo, como la ecclesia litúrgica que en este caso celebra el amor, la amistad y la memoria.

Uno de los grandes aciertos en este trabajo fílmico es que plantea un especial contacto con la naturaleza y con aquellas personas que son importantes para nuestra vida, en este caso de Donna, la protagonista (la siempre bella y magnífica Meryl Streep), una ex cantante que administra junto con su hija una villa u hotel, ubicado en medio de islas paradisíacas -Skiathos y Skopelos- con aguas azul cobalto en algún lugar de la costa griega del mar Egeo, las cuales a su vez nos hablan por completo del espíritu dionisiaco de la aceptación integral y entusiasta de la vida en todas sus expresiones, espíritu único del pueblo griego.

Tanto la madre como la hija cuentan con un par de amigas de toda la vida con las cuales están plenamente identificadas, y verlas reunidas nuevamente por el casamiento de Sophie (Amanda Seyfried), la hija de Donna, es un verdadero deleite. Las amigas de la novia, por cierto, desaparecen ante la presencia de las de su madre, que son la vitalidad en persona y opacarían a cualquiera.

Las conocidas canciones de Abba, interpretadas en la voz de Meryl Streep, Pierce Brosnan y de los otros miembros del elenco (Colin Firth, Stellan Skarsgard, Julie Walters y Christine Baranski), retoman nuevo y profundo significado, ilustrando la alegría por el amor vivido, la nostalgia por los amores pasados, los reencuentros y las complicaciones de una duda existencial: ¿quién es el padre de la hija de Donna? Tal es el pretexto del hilo conductor de la trama de esta divertida cinta.

En musicales llevados al cine como Grease, (Randal Kleiser, 78), Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 01) o incluso en obras de teatro como Hoy no me puedo levantar (Nacho Cano) encontramos ecos de las grandes tragedias o comedias griegas, como el coro que constantemente anima, reclama, exige, como si en efecto fuera la conciencia colectiva que le pide a los individuos actuar.
Además las coreografías y el dramatismo puesto en cada pieza musical, como en la que Donna le canta a Sam (Brosnan) The Winner takes it all, alcanza niveles interpretativos sorprendentes que realmente son conmovedores.

Definitivamente es una cinta para melómanos, pero que puede muy bien tolerar –y hasta disfrutar- alguien no muy afecto a los musicales, como quien escribe esto. Recomendable para una tarde romántica indudablemente.

Una Película de Guerra

Los chicos se divierten

Ricardo Martínez García

Si de lo que se trataba era de pasársela lo mejor posible con amigos actores pero a la vez con el pretexto de trabajar, Ben Stiller lo logra con creces. No sólo por la sátira que hace de películas como Pelotón (Oliver Stone, 86), o Mi Nombre es Sam (Jessie Nelson, 01), y del oscuro deseo de todo actor por obtener la estatuilla de la Academia, sino por la burla que, junto con sus amigos, hace del mundo oculto hollywoodense: representantes de artistas increíblemente mimados y ricos, productores autoritarios que hacen y deshacen a su antojo todo lo que quieran, o actores que no pueden vivir sin sus adicciones, las cuales disfrazan hasta extremos ridículos.

¿Hasta qué punto llega la parodia? Escenas como la que muestra al actor Tudd Speedman (Stiler) pintarrajeado y con harapos, pero feliz de representar a un retrasado mental cada noche ante unos “llenos” en un teatro improvisado en el cual unos espectadores vietnamitas le aplauden y se emocionan hasta las lágrimas, lo cual él goza hasta no desear regresar a su país. ¿Será acaso una sutil representación sobre el cine basura que se elabora en Hollywood pero que se consume en países tercermundistas, en donde se “goza” con tales cintas?

¿Hasta qué límite se pueden manejar o manipular los sentimientos de los espectadores, cuando la cinta dirigida por el comediante Stiller nos muestra que todo gag, todo drama es resultado del premeditado esfuerzo de guionistas por exprimir tales sentimientos? No es que ese hecho sea algo que se muestre por primera vez, pero se agradece la reflexión inherente en cada parodia.
Lo que sí muestra Una Película de Guerra (Tropic Thunder, 08) es la capacidad de convocatoria de Stiller: en el reparto lo mismo aparecen como coestelares Jack Black, Robert Downey Jr. (como el personaje que encarna la conciencia negra de Tudd Speedman –representación a su vez de los actores héroes de la acción como Stallone o Schwarzenegger-, quien le da consejos medio en broma sobre qué papeles le conviene realizar si quiere ganar el premio de la Academia), Matthew McConaughey, Nick Nolte y hasta un desatado Tom Cruise en el papel del obeso productor judío Less Grossman y sus excentricidades manifestadas en un baile con el que se autoparodia hasta hartarse.

La crítica o sátira que plantea Stiller no es realmente muy profunda, pues se refiere sobre todo a la manera en que se elaboran las películas, a los tejes y manejes de la producción de una cinta, sus efectos visuales y de sonido, pero deja de lado totalmente el aspecto teórico del cine como medio de comunicación, aunque a decir verdad ésa no es nunca su intención, sino sólo la de divertirse.

No se puede dejar de notar que toda cinta posee explícita o implícitamente un carácter propagandístico e ideológico, y esto es particularmente importante en las cintas de género bélico. En ese sentido, Stiller no aporta nada diferente de lo visto y propuesto por Oliver Stone, Francis Ford Coppola o Steven Spielberg.

El resultado al final no es novedoso, pero es interesante ver cómo trabajan la parodia lúdicamente estrellas como Cruise o McConaughey. Ben Stiller es un buen guionista pero no como Adam Sandler y su No te Metas con Zohan, en el que sí es posible encontrar crítica y sátira política.

Tampoco es novedoso que una película comience con falsos trailers (como ejemplo reciente los que se hicieron para el proyecto de Tarantino y Rodríguez llamado Grindhouse) los cuales anuncian la undécima parte de tal o cual cinta de acción o de comedia escatológica. El mensaje final podría ser: en Hollywood todo se vale, pero sobre todo que nos burlemos de nosotros mismos. Eso sí, no aspires a que esta película alcance algún premio importante de la crítica.
Para disfrutar de Una Película de Guerra lo único que hace falta es acudir a la sala con muy buen humor y sin otra pretensión que divertirse y contar con las imprescindibles palomitas.

Wednesday, September 03, 2008

El Robo del Siglo

Buen Trabajo
Ricardo Martínez García

El actor Jason Statham alguna vez fue miembro durante una década del equipo olímpico de clavados de la Gran Bretaña que acudió a las Olimpiadas de Seúl en 1988; ha sido modelo para la línea de ropa French Conection e hizo comerciales para los pantalones Levi´s y luego se convirtió en un pícaro y pequeño timador muy al estilo de los personajes que llegaría a interpretar en las películas de Guy Ritchie Lock, Stock and Two Smoking Barrels y Snatch, Cerdos y Diamantes. Esa fue la razón por la que el aún esposo de Madonna lo hizo parte del elenco de tales películas: su vida se parecía demasiado a esos personajes.

Con tal historial, Statham es un actor peculiar que tiene el tono “adecuado”: maneja el caló de la calle de manera natural, es un bribón listo, capaz de vender una bagatela como si fuera parte de las joyas de la corona. Así, resultó ideal para el papel del ladrón líder de una banda en la cinta del director británico Roger Donaldson El Robo del Siglo (The Bank Job, 08).

Basada en hechos reales, la cinta trata de unos ladrones que nunca habían jugado en las grandes ligas del crimen organizado, y la oportunidad se les presenta cuando la ya no tan joven ex modelo y rufianesca Martine Love (Saffron Burrows), vieja conocida del barrio, es detenida por tráfico de drogas y obligada a operar para el MI-5 (agencia de seguridad interna británica) un robo a las cajas de seguridad de un banco (ubicado, tal vez como guiño del director, en la mítica Baker Street, la misma en la que Arthur Conan Doyle ubica la vivienda de Sherlock Holmes), con el fin de recuperar unas fotos comprometedoras de una integrante de la realeza.

La banda, liderada por Terry Leather (Statham) y la chica en cuestión Love, no sabe en la que se mete: el robo es exitoso y masivo (para Love sólo tiene interés cierta caja de seguridad), pero el problema es que salen afectados por igual miembros de la realeza, del parlamento y algunos cabecillas del mundo de la mafia, aquellos que controlan prostíbulos y drogas y están coludidos con cualquier cantidad de agentes policíacos corruptos.

Los grandes aciertos del trabajo de Donaldson, por una parte, son los ingeniosos y picantes diálogos combinados con la parsimonia de las escenas de la consumación del robo (poco que ver con la espectacularidad de Heat [Michael Mann, 95] o The Italian Job [F. Gary Gray, 03] en la que también participa Statham), y por otra, el desencadenamiento de vertiginosas escenas junto con la previsión y reacciones de Terry ante las inesperadas consecuencias y el buen manejo o control de daños.

Además de la dramatización propiamente dicha del asalto, que va subiendo cada vez más de intensidad y mantiene al público al filo de la butaca, está también, de manera paralela, la lucha personal de Terry, excelentemente manejada por el director, pues al final de todo logra quedar como el buen ladrón al optar –una vez superados todos los obstáculos y quedarse con el botín del robo- por una vida familiar, por encima de la aventura romántica con la bella Love.

Pocas películas sobre ladrones hacen sentir bien al espectador al final, y ésta es una de ellas, por lo que no debe perdérsela si gusta de los filmes de estilo británico del que Guy Ritchie dio buenas muestras en aquellas cintas del 98 y 2000.

Saturday, August 30, 2008

[REC]


Terror a la española
Ricardo Martínez García

Rozando lo sublime con lo ridículo, el largometraje de Jaume Balagueró y Paco Plaza [REC] (06), se encuentra íntimamente emparentado con cintas como Exterminio (Danny Boyle, 02) y sus secuelas, Cuarentena (John y Drew Dowdle, 08), la cual es el remake gringo de REC, y algunas otras del género, pero aportando su granito de arena en cuanto a finales originales, o al menos inesperados.

La cinta muestra un tono dramático aceptable en la parte inicial, cuando se plantea el trabajo reporteril de la inexperta Ángela (Manuela Velasco) en una estación de bomberos, para su programa de televisión llamado “Mientras Usted Duerme” (“¿y entonces quién ve el programa?”, le pregunta uno de los entrevistados), al hacer guardia ahí y a la espera de algún siniestro que cubrir. Pareciera como si nos dispusiéramos a ver un documental medianamente interesante sobre el trabajo de estos héroes.

Pero en un momento a altas horas de la noche, el tan ansiado evento llega, pues hay que atender una contingencia en un edificio habitacional: una señora asusta a sus vecinos con terribles gritos, por lo que se llama a los bomberos y a la policía. A partir de ahí se dan situaciones extrañas en las que tanto policías como bomberos, vecinos y periodistas se ven involucrados en un problema de sanidad pública, al grado de que tienen que ser aislados totalmente en el edificio.

Los que quedan atrapados en el edificio desesperan ante la poca información que les llega, y poco a poco se darán cuenta de que entre ellos ha cundido una especie de epidemia que cada vez los ataca más inmisericordemente.

La acción es continua, no da pausas, por lo que sin transición apenas, de la estación de bomberos ya estamos dentro del edificio y vemos cómo un policía es atacado por una señora anciana, luego vemos cómo es abatida a balazos y poco después cómo su cadáver ya no está en el lugar donde había caído, todo en medio de los histéricos gritos de Ángela, quien parece creer que mientras más grita más suspenso y realismo le pone a la situación, pero el resultado es exactamente el contrario.

Filmada con la técnica de cámara móvil al hombro, al estilo de la más reciente Cloverfield (Matt Reeves, 08) persiguiendo el objetivo de dar “testimonio visual” de todo lo que ocurre (Pase lo que pase, nunca dejes de grabar), esta película del también realizador de Frágil, Darkness y Los Sin Nombre, no hace alarde de efectos visuales y en cambio apuesta más al trabajo interpretativo y a un correcto trabajo de maquillaje e iluminación.

El espectador no puede menos que esbozar una sonrisa de condescendencia: se nota el gran esfuerzo de producción detrás de la cinta, a la que pretenden darle realismo, y a ratos lo logran innegablemente, pero algunas de las actuaciones son algo desafortunadas, como la de la reportera, haciendo preguntas y comentaros cada vez más absurdos. El contraste está en los personajes de los bomberos y los policías, casi siempre en su papel, hasta que ellos mismos caen víctimas de la epidemia.

Al final de la cinta, los directores y guionistas nos recetan una buena vuelta de tuerca: luego de que los encerrados se enteran de que dicha epidemia comenzó con un perro enfermo, el ambiente cambia.
Ángela y su camarógrafo, los únicos todavía no infectados, entran en un piso del que nadie sabía nada, huyendo de los demás, y se topan con un conjunto de sórdidas y oscuras habitaciones, con recortes de periódicos pegados en los muros sobre un recurrente caso de posesión demoníaca de una niña portuguesa.

En una de las habitaciones que tiene aspecto de laboratorio clandestino, con una camilla equipada con correas para brazos y piernas, Ángela se las arregla para accionar una grabadora a pesar de que no hay luz en el piso, y escuchan la narración de lo que parece una bitácora médica (algo que recuerda uno de los cuentos de Lovecraft y Derleth en La Habitación Cerrada, (en la edición española de Alianza Editorial) titulado “El Superviviente”, que relata los extraños sucesos relacionados con los experimentos de un tal doctor Charriere).

Es así como el espectador se entera –que no la aterrorizada Ángela, pues no para de gritar- de que alguien realizó experimentos con la niña poseída y le extrajo una enzima, la cual se le salió de control.

Lo mejor de la cinta son esos últimos cinco minutos, lo que la coloca junto a la excelente El Orfanato, de Juan Antonio Bayona, pues ambas pueden ser consideradas como la muestra de una buena tradición de cintas de terror a la española.

Wednesday, August 27, 2008

Búsqueda Implacable

Violencia comprensible
Ricardo Martínez García

“No hay que olvidar que somos animales, y más cuando dañan a nuestros hijos”. Estas palabras las dijo el filósofo francés George Steiner a Juan Cruz en una reciente entrevista en la revista El País Semanal. Y es totalmente cierto, así lo muestran los hechos en la realidad y también la nueva cinta de Pierre Morel Búsqueda Implacable (Taken, 08).

Cualquier padre de familia que haya vivido el terrible trauma de ver a alguno de sus hijos secuestrados, e incluso el gran público mexicano (pues es un tema del que en estos momentos ciertos sectores de la población de nuestro país se encuentran hipersensibilizados luego de los muy mediáticos casos de los adolescentes Fernando Martí –ya fallecido- y Silvia Vargas) se sentirá completamente identificado de inmediato con el ex agente del servicio secreto norteamericano Bryan (Liam Neeson).

El problema es que no todos los padres de familia pueden hacerle frente a los secuestradores como lo hace el magníficamente entrenado Bryan, a quien le raptan a su hija Kim de diecisiete años, en París, a donde llega desde Los Angeles con la intención aparente de seguir a U2 en alguna gira europea.

Kim es una buena y consentidísima chica que vive con su madre (Framke Janssen) y su padrastro, quien a diferencia de Bryan es un hombre muy acaudalado. Kim desea ir a París con una amiga, para lo cual necesita el permiso de Bryan. Éste lo piensa, pone sus lógicas trabas pero finalmente cede ante la presión de su madre, quien le pide que la deje ir o si no “la perderá”.

Kim es secuestrada por una banda albanesa comerciante de mujeres, a quienes no les interesa el origen ni la condición social de sus víctimas. Aquellas que no son vírgenes son destinadas a la prostitución en masa. Pero a las que son vírgenes les deparan un destino mucho más exclusivo.

Una vez que Bryan se ha dado cuenta de la grave situación de su hija, de inmediato se traslada a Francia y comienza a investigar el paradero de su hija. Hábil, meticuloso, violento, pero sobre todo inteligente, mientras más descubre Bryan sobre las redes de operaciones criminales y su contubernio con las autoridades, más sangre deja en su camino.

A Bryan no le importa nada, más que encontrar a su hija y ponerla a salvo. El ex agente, así solo sea como personaje de ficción, se convierte de esa manera en la encarnación del deseo de venganza hacia aquellos que hacen sufrir a víctimas inocentes.

La escena donde tortura y electrocuta a un tal Marko difícilmente generaría alguna protesta en los sectores progresistas por los derechos humanos del secuestrador (el horno no está para bollos). El instinto paternal es superior a cualquier consideración humana hacia el delincuente y victimario. Ahora sí que como diría el tristemente célebre Arturo Montiel: los derechos humanos son para los humanos, no para las ratas.

Para salvar a su hija, Bryan se enfrenta a subestructuras sociales en las que participan tanto criminales como autoridades y en las que todos sacan buenos beneficios. Y tal sistema trabaja en última instancia para acopiar apetitosas vírgenes que son pagadas a precio de oro por hombres indignantemente ricos, como el supuesto jeque al que le entregan finalmente ese precioso artículo que es Kim.

Los eventos ocurren en París, pero bien pueden ocurrir en cualquier otra parte del mundo, incluyendo por supuesto nuestro país. Y no, no es ficción, como dice un atolondrado aficionado al cine en un anuncio de la CNDH en la tele.

La cinta Crimen sin Perdón (Trade, 07) del cineasta alemán Marco Kreuzpaintner, cuenta con una trama bastante parecida: algunas jovencitas habitantes de zonas pobres, tienen el infortunio de caer en manos de bandas internacionales que los venden y esclavizan con fines sexuales pervertidos. Una de esas niñas es rescatada por su hermano (él mismo, de manera paradójica, un delincuente de pequeña monta, pero es que hay niveles: no es lo mismo atracar turistas que raptar niñas, o concertar con policías tarifas para traficar con seres humanos que ganar un sueldo como funcionario y no hacer nada), que hace lo imposible por seguirle la pista hasta los Estados Unidos, ayudado por un comprensivo y honesto policía (que los hay), que a su vez perdió a una hija en un secuestro. Ambos se enfrentan a esa subestructura social del mal en la que hay delincuentes simplemente hijos de la chingada, como dice Jairo Calixto Albarrán, y hay políticos hipócritas que hablan de “estridencias” cuando se les pide trabajar o irse.

Búsqueda Implacable está escrita por Luc Besson y Robert Mark Kamen, y dirigida por Pierre Morel, el mismo de Banlieu 13 (Adrenalina Total, 04). La actuación de Liam Neeson está más cerca de Batman Inicia que de La Lista de Schindler, pero siempre es un gusto ver trabajar a un actor de su talla.

Thursday, August 21, 2008


La incierta frontera entre el cómic y lo real

Ricardo Martínez García

Hombres que pueden desviar trayectorias de balas a voluntad, o controlar la adrenalina para volverse mortales instrumentos de un “destino” que dicta a quién eliminar con el fin de mantener el equilibrio político en las naciones del mundo, son algunos de los elementos de la cinta Se Busca (08), del realizador ruso Timor Bekmambetov.


Más familiarizados con cómics populares como Los Cuatro Fantásticos, El Hombre Araña, Hombres X etc., y sus respectivas sagas, en las que se sabe de antemano que las tramas y acciones son ficción, los espectadores pueden sentir que en Se Busca, de Bekmambetov, ven acciones increíbles en un contexto que pretende ser realista... y caer en una ambigüedad que se mueve entre descalificarla o darle cierto crédito a la imaginación: los personajes de la novela de Mark Millard y J. G. Jones no son fáciles de ubicar en los estereotipos ya conocidos de la famosa liga de los súper héroes.


La cinta sólo pretende entretener, lo mismo que aquellas más populares, y lo hace bien a partir de grandes efectos visuales y estética un tanto oscura, apoyada en una trama interesante y diferente, pero sobre todo, con un personal histriónico de grandes ligas.


Bekmambetov, conocido por Los Guardianes de la Noche y su secuela, Los Guardianes del Día, realiza su primer largometraje en inglés, con actuaciones -regulares- de Morgan Freeman, Angelina Jolie y James McAvoy, (cuyos papeles como el simpático fauno Mr. Tumnus en Las Crónicas de Narnia 1 o como el doctor Nicolas Garrigan en El Último Rey de Escocia, lo han puesto en el camino hacia el estrellato, haciendo recordar, con el debido respeto, a un actor como Dustin Hoffman, dadas sus características físicas). Contar tan solo con Freeman y Jolie en el reparto actualmente le otorga gran caché a cualquier cinta.


La premisa central de la película es una mezcla de dos elementos míticos: la existencia de una Fraternidad de asesinos que actúan bajo el designio de una tejedora, la cual determina quién debe ser eliminado en aras de mantener el orden natural de las cosas, a través de la composición del entramado de sus hilos.


El primer elemento mítico, la llamada Fraternidad, tiene referencias a la secta persa musulmana ismaelí, llamada Hashshashin, fundada en el siglo VIII y que se distinguía por asesinar a miembros de las élites Abbásidas por razones políticas y religiosas.


El otro elemento mítico tiene que ver con las historias acerca de una tejedora, que aparecen en culturas tan distantes como la japonesa (en el texto tradicional llamado Adachigahara de los Cuentos de Hadas Japoneses, o en el texto Tsuru No Ongae -La Grulla Agradecida-), y algunas sudamericanas (como en la tradición de los indios Kogi colombianos, o los Guajiros de Venezuela).


Encontramos con más claridad la representación de una tejedora del “destino” en algunos relatos y creencias de Norteamérica(como en los de la serie de historia ficción de Alvin Maker, de Orson Scott Card). Estos cuentos tienen en común la creencia de que una tejedora hilvana hilos que son la representación de la existencia de cada ser humano. Cuando se termina un hilo, la vida de una persona también llega a su fin. La vida de esa persona dependerá de cómo esté hilvanada con las demás.


En la película de Bekmambetov, Sloan (Freeman), jefe de la Fraternidad, manda reclutar al aburrido y mediocre contador Wesley Gibson (McAvoy), luego de que uno de los suyos los ha “traicionado” y ha decidio emprenderla contra los miembros de su sociedad.


La sexy e implacable Fox (Jolie) es la encargada de contactar a Gibson, “rescatarlo” de su ordinaria y sosa existencia y entrenarlo; el giro que da su vida es algo que todo mundo desearía: aventura, acción, tener un objetivo por el cual luchar (aunque no se comprenda): cumplir los designios de la tejedora (en este caso industrial) que Sloan es el único que puede “interpretar”.

Gibson descubre que lo que él pensaba que eran sus ataques de angustia o de soponcio era en realidad la manifestación no controlada de habilidades generadas por su gran producción de adrenalina. Sumado a ello, descubre su capacidad para combar las trayectorias de las balas disparadas, lo que lo hacen -junto con un durísimo entrenamiento con El Reparador y El Carnicero, expertos en castigo físico y manejo de armas blancas, respectivamente- el más poderoso de los asesinos, único capaz de enfrentar al renegado.

Pero al ser Sloan el intermediario entre la tejedora y los asesinos profesionales, ¿quién puede garantizar que es un buen traductor y no un traditore?

Si usted vio las anteriores películas de Bekmambetov, no debe perderse esta cinta, lo mismo si es fan de la bella Angelina Jolie.

Thursday, August 14, 2008

El Encierro

Martirio en América

Ricardo Martínez García

La historia detrás del asesinato de la adolescente Sylvia Likens, a finales de la década de los sesenta, le hubiera encantado a Truman Capote, aunque Felipe Cazals también hubiera estado muy a gusto con la historia. Recuerda obras como A sangre Fría o Los Motivos de Luz, respectivamente.

En esta cinta de Tommy O´Haver, titulada en español El Encierro (An American Crime, 07), no hay ficción, al menos en los hechos esenciales. Actos atroces e inhumanos que devienen en la muerte de Sylvia (Ellen Page) a manos de la desequilibrada y desesperada madre de seis niños, Gertrude Baniszewski, interpretada extraordinariamente por Catherine Keener, actriz que hiciera el papel de Harper Lee en la cinta Capote de Bennett Miller (05), protagonizada por Phillip Seymour Hoffman.

En un pueblo del estado de Indiana vive, en condiciones económicas deplorables, Gertrude, quien es una mujer imbécil que se deja embarazar a cada rato, que permite que su novio Andy (James Franco) la golpee y le saque los pocos dólares que consigue planchando ajeno y por concepto de “cuidar” a unas adolescentes.

En un acto de gran imprudencia por parte de los señores Likens, Gertrude se convierte en la cuidadora de sus hijas Sylvia y Jennie, pues ellos son vendedores en una feria ambulante y deciden no llevarlas de gira con el fin de establecerlas en algún sitio.

La película desarrolla las acciones de manera cronológica, de agosto a octubre de 1968, e intercala momentos del juicio que se le hizo a Gertrude.

La fachada de decencia de Gertrude se le cae a pedazos cuando azota a las niñas Likens porque sus padres no envían a tiempo el cheque semanal de veinte dólares por concepto de pago de sus “servicios”. El azote es incomprenisible pues las chicas no tienen nada que ver con tal retraso. Sylvia pide que todo el castigo sea para ella, queriendo proteger a su hermana Jennie, afectada de polio. Ahí comienza su martirio.

El espectador es testigo mudo e impotente de cómo una calumnia sigue a otra, cómo una atrocidad es seguida por una más grande hasta alcanzar niveles de crueldad insospechados tanto en adultos, como en adolescentes y niños, personas asiduas a los servicios religiosos cada domingo.

Gertrude decide castigar a Sylvia de manera todavía más injusta y cruel, supuestamente por haber manchado el honor de su hija Paula. Cada acto de Sylvia es puesto en tela de juicio por su watch dog.

El ambiente familiar en casa de los Baniszewski se torna tremendamente violento y tiránico. Gertrude se convierte –por decisión e inspiración propia y sin ningún beneficio apreciable- en la jueza suprema y ciega de la vida de Sylvia, en quien recaen todas las injurias y ataques, al grado de encerrarla en el sótano de su casa.

Las ofensas que Sylvia recibe, ya no sólo de Gertrude sino de sus hijos y de los amigos de sus hijos (quienes en un abrir y cerrar de ojos se deshumanizan completamente), son tan indignantes que uno se pregunta por qué no pidió ayuda para escapar de las garras de Gertrude, por qué no se las ingenió para escapar de esa casa de terror.

Sylvia se vuelve incapaz de acusar, de defenderse, de pedir auxilio, vejada y traicionada hasta por Ricky, un supuesto enamorado.

Tommy O´Haver, director de la cinta, coescribió el guión con Irene Turner. Dirigió también la película Hechizada (Elle Enchanted, 05), protagonizada por Anne Hathaway, y en la que el personaje principal es una versión moderna de la Cenicienta. Elle sufre de grandes abusos gracias a un absurdo don de obediencia hasta que decide irse y vivir para sí misma. Esa cinta tiene un final feliz, lo cual no ocurre de ninguna manera en An American Crime.

El trabajo de Ellen Page es más meritorio como Sylvia que como Juno, pues si bien en esta cinta del mismo nombre, escrita por Diablo Cody (seudónimo de Brook Busey-Hunt), interpreta a una indolente pero alivianada adolescente que sobrelleva muy bien su embarazo, en El Encierro se le exige mayor interpretación dramática, en un contexto de hipocresía, perversión, maldad y crueldad gratuitas.

Aunque nunca se ve a Getrude asesinar a Sylvia, nadie podría decir que no fue responsable directa de su tormento y muerte. En descargo de su culpabilidad se podría considerar el probable efecto nocivo que tuvo sobre ella un medicamento que tomaba para su persistente tos, pero ¿quién podría atribuir toda la carga nefasta de su moral corrompida al uso de un simple jarabe? El resultado de esa moral es un martirio a la americana.

Thursday, August 07, 2008

El más X de los Expedientes Secretos

Ricardo Martínez García

Fox Mulder, el personaje inevitablemente avejentado de la famosa y venerada serie televisiva X Files, llevada a la pantalla grande hace ya una década, se muestra en esta largamente esperada secula como siempre: con más fe e intuición que razonamientos, en oposición a la no menos maltratada por el titánico Cronos, Dana Scully, la eterna escéptica de espíritu científico.

Luego de nueve exitosas temporadas y del estreno de la cinta Los Expedientes Secretos X (Rob Bowman, 98) aparece esta nueva entrega titulada Los Expedientes Secretos X: Quiero Creer, bajo la dirección del propio creador de la famosa serie televisiva Chris Carter, en la que tal vez sea uno de los capítulos de más bajo nivel de la serie, sólo que vuelto película.

Mulder (David Duchovny) se deja seducir –como usualmente lo hizo en la serie televisiva- por la creencia de que ciertos poderes síquicos o sobrenaturales, en posesión de quien menos merecimientos tiene, ofrecen mejores resultados en el momento en que las ciencias criminalísticas han quedado rebasadas, evidenciando la incapacidad de corporaciones como el FBI. Ésa es la premisa principal de la afirmación quiero creer del título de la película.

Lejos de las tramas en las que se veían envueltas criaturas extraterrestres, secretos o misterios extraordinarios muy bien guardados por el gobierno de los Estados Unidos, la cinta nos muestra a un Mulder alejado del FBI viviendo como barbón ermitaño y a Scully ejerciendo la medicina en una clínica dirigida por sacerdotes católicos.

Sin pizca de ciencia ficción ni misterio, pero sí con vistazos de atroces experimentos antinaturales que devienen en auténticos asesinatos dignos del Carnicero de Milwuakee, el argumento de la película no es muy diferente de la que presenta, por ejemplo, El Dragón Rojo (02) de Brett Ratner: unos agentes retirados del FBI regresan a la corporación para ayudar a resolver un caso, el cual es eminentemente policiaco.

En la cinta de Carter, una agente de la Agencia es la víctima pero, en la medida en que avanzan las “investigaciones” (apoyadas en los poderes síquicos de un sacerdote pederasta) deviene en un caso no solo de secuestro sino de asesinatos en serie.

La particularidad del nuevo Expediente es que se plantea la paradoja de que el que ahora ayuda, es un sacerdote católico castrado y autoexiliado del mundo, que se refugia en una colonia de ofensores sexuales debido a su incontrolable deseo por la carne infantil, pero que pone a disposición de los escépticos agentes (Scully la primera, naturalmente) sus dones paranormales para encontrar a las víctimas de aquellos que fueron sus propias víctimas.

En pleno siglo XXI, unos doctores de origen alemán trafican con órganos humanos, raptan y desmembran a sus víctimas, cual grotescos émulos del famoso personaje creado por Mary W. Shelley, Víctor Frankenstein, quien estaba obsesionado con la idea de crear vida.

Si bien estos modernos “doctores” no quieren crear vida, objetivo de Frankenstein, sí quieren cambiar o mejor dicho trasplantar la cabeza de una persona al cuerpo de otra, como si el cuerpo humano fuera un automóvil al que se le cambian las piezas dañadas, o que ya no le funcionan, por refacciones nuevas, o al que se le ponen los accesorios que se desean al gusto.

¿Qué mueve a estos científicos a realizar esos espeluznantes experimentos, cuyos antecedentes fueron unos ensayos con inocentes perros?: una gigantesca y personal patología sexual digna de los más inspirados tratados freudianos: no se trata de que un hombre que se siente mujer se ponga implantes y tome hormonas femeninas para obtener crecimiento de senos o cosas por el estilo. Se trata de que éste hombre pueda simplemente cambiar su cabeza (mantenida hipotéticamente con vida por medios artificiales) al cuerpo de ¡una mujer!

Ésa parte de la película es la que más se acerca a lo que podríamos llamar ciencia ficción. Pero el tratamiento del tema que el director ofrece, no es muy diferente de lo que se puede leer en la sección de nota roja de algunos periódicos.

Carter, quien escribió el guión de la película junto con su viejo colaborador Frank Spotnitz, perdió la oportunidad de explotar la constante tensión sexual latente entre los dos protagonistas, Mulder y Scully, al obviar cualquier pizca de romance y dejar en claro que luego de su retiro del FBI, los agentes tuvieron un hijo –muerto tal vez- y viven juntos. Parecen una pareja madura venida a menos en su vida amorosa.

En cambio, sí explota el eterno conflicto del escéptico que se detiene ante la falta de evidencias y vuelve a la acción gracias a la insistencia de chispazos de dudas sobre si finalmente es válida la información obtenida de un supuesto síquico pervertido. Y sí, mientras se encuentre al culpable, no importa que se haya logrado gracias a la intervención del mundo paranormal. La película es el más x de los expedientes secretos, pero será un plato mediano para todos los televidentes asiduos a la extinta serie.

Thursday, July 31, 2008

Andanzas Veraniegas de un Cinéfilo Irredento

Ricardo Martínez García

Es plena temporada de cine de verano y ya deseo que termine. No es que no me gusten los estrenos propios de esta parte del año, pero a veces ir a las salas de cine se vuelve una especie de viaje al inframundo tipo La Divina Comedia, o un ilustrativo recorrido por uno de los más asiduos parques del animal humano -las salas cinematográficas- que es como un catálogo de sus peores costumbres.

Al ir a ver El caballero de la noche en Cinemex Aragón nos piden participar a mis hermanos y sobrinos en una encuesta para calificar tal película. La sala, abarrotada de niños y los respectivos adultos, queda convertida al final de la función en un verdadero muladar, con pisos pegajosos, asientos manchados y restos de palomitas en los lugares más recónditos de las butacas.
No es difícil imaginar el modo en que convertimos la sala en chiquero, cuando yo mismo me vi envuelto en una inconsciente y salvaje competencia con mi sobrino Rodrigo por ver quién comía más palomitas y bebía más refresco en el menor tiempo posible. “Está muy larga, no le entendí y me aburrí”, comentó mi vencedor palomero al final de la función. Hubiera querido decirle que a mí sí me gustó, sobre todo por las implicaciones morales de las propuestas guasonas que recuerdan muy de cerca al caso del bíblico Job y las terribles pruebas a las que es sometido a instancias del “adversario” de Dios. Pero la edad de mi sobrino, su aburrimiento y la susodicha encuesta llevaron mis reflexiones por otros derroteros.

Presencio Hellboy 2 con mi amiga Laura en Cinépolis Plaza Satélite. Como ella no vio la primera cinta, me mira con azoro cada vez que yo suelto grandes carcajadas. Del Toro es un genio al nivel de George Lucas o Steven Spielberg. Prueba de ello es la inmensa creación de un mundo de fantásticas criaturas a partir de su fecunda imaginación y que plasma en su famoso Cuaderno de Notas.
No es casual que Del Toro continúe con el trabajo que inició Peter Jackson a partir de las novelas de J. R. R. Tolkien, ahora con El Hobbit.
Pienso en todo lo anterior mientras alguien patea el respaldo de mi asiento. ¡Dios! ¿Cuál ha sido mi pecado que me exige esta penitencia? ¡Rara vez nadie patea mi asiento en cualquier sala de cine de la ciudad! Recuerdo una ocasión en que fui a ver una peli con un compañero cecehachero y un six de cervezas. Al abrir la primera lata salió un chorro de espuma a manera de spray, mojando el largo cabello de una mujer sentada frente a nosotros. El olor a cerveza y la verguenza, además de una incontenible risa, no nos permitieron permanecer un minuto más en la sala de cine. ¿Habrá sido eso?

Al ver Kung Fu Panda, en Cinemex Palacio Chino, me doy cuenta de que el que ríe más que cualquier niño de los que me rodean, soy yo, y eso que el jolgorio que se cargan estos infantes molestaría a cualquiera, lo mismo que la insistencia de sus madres en hacer llamadas celulares a mitad de película, con esas luces azulonas que tanto molestan a los de las filas de atrás.

Pero para risa, la que se traía un trío de maduras pero cotorrísimas y distinguidas señoras en Cinemex Casa de Arte, a las que no les dura la paciencia para echarse de una sentada las casi tres horas que dura En el Gran Silencio. Acudo a tal sitio esperando escapar de las multitudes que abarrotan las salas más comerciales y esperando ver una buena cinta en compañía de espectadores “conocedores” del arte cinematográfico, o por lo menos que guarden más silencio del que es posible esperar de infantes que ven Wall-e o Viaje al Centro de la Tierra, que como entretenimiento son muy buenas pero como ciencia ficción son un verdadero fiasco. Son ejemplos perfectos de cómo no funcionan las leyes de la naturaleza.

Pero volviendo a mi visita a Polanco: gracias a la “silenciosa” cháchara de las señoras, que me recuerda al instante una conversación tipo Ratatouille -ya que estaban cuchicheando sentadas exactamente detrás de mí- me entero de que una de ellas irá a un congreso de instituciones tipo Teletón, de que esa semana ya vieron Batman y el Super Agente 86 y de que a esta película sobre unos monjes le faltó bastante edición.

La impaciencia o el despiste afloran entre los espectadores de esta larga cinta dirigida por Phillip Gröening: una pareja de ancianos, él con su gorrito llamado kipá y ella la viva imagen de la típica madre y abuela judía, abandona la sala poco después de comenzar; otros siguen su ejemplo luego de casi dos horas de proyección.
La cinta es un documental sobre la vida monástica y contemplativa de una comunidad de religiosos de la Orden de los Cartujos, donde los monjes -que profesan votos de pobreza, obediencia y castidad- buscan a Dios en la soledad de sus oraciones, sin salir casi de sus celdas. Es una vida muy diferente a la mundana en donde prevalece la competencia, el consumismo, el afán de riquezas y el cultivo de las pasiones, todo en medio de las prisas y las impaciencias, tal como muestran algunos espectadores. Casi al final de la cinta uno de los monjes señala: “Es una lástima que el mundo haya perdido el signficado de Dios”. En ese momento se oye el suave ronquido de un señor.
En la búsqueda de una sala con gente tranquila, acudo al Lumiére Reforma a ver El Asesinato de un Presidente. Llego tarde, lo cual odio porque esas salas son pequeñas e incómodas. Son pocos los asistentes pero están perfectamente distribuidos, de tal manera que me tengo que sentar en una butaca frente a un señor con aspecto de intelectual.
Al poco rato me doy cuenta de que el “intelectual” no cabe en su asiento y cada vez que se acomoda, con irritante frecuencia, patea mi respaldo. Me levanto y busco el asiento más alejado del patilargo. El tema de la cinta me hace pensar en una analogía: para mí ir al cine es como vivir en un constante complot por parte de los asistentes en contra mía. Se trata de que realmente -a diferencia de Bush y las protestas en su contra- no vea con tranquilidad y sin novedad ninguna película.
La temporada veraniega concluirá en un par de semanas más, los estudiantes de primarias, secundarias y bachilleratos regresarán a la escuela, sus padres volverán al trabajo normal y yo estaré feliz nuevamente al ser uno de los pocos asistentes a las funciones matinales -si no es que el único, como a veces me ha tocado- en alguna sala del Cinemex San Mateo, o del Cinemark Reforma 222, por ejemplo, que darán próximamente los Expedientes Secretos X 3 y La Momia 3. Enhorabuena.

Monday, July 28, 2008

La Muerte de un Presidente

Variedades de una teoría conspiratoria
Ricardo Martínez García

La película El Asesinato del Presidente, del cineasta británico Gabriel Range (Death of a President, 06) es un ejercicio de política ficción -a manera de documental- en el que se plantea el asesinato del presidente George W. Bush y la manera en que las instancias judiciales, como el FBI, reaccionan ante el hecho.

La cinta deja en claro que hay ciertos sectores de la población norteamericana -a los que nadie pela, salvo el equivalente gringo policiaco de los granalocos de por acá, pero sólo para golpearlos- que sí muestran conciencia política y se manifiestan cada vez con mayor virulencia, con consignas como “yo odio a Bush” o “¿a cuántos niños mataste hoy, George?”, contra la política exterior de Bush (la invasión a Irak y los constantes bombardeos a Afganistán) y contra el tremendo acotamiento de los derechos civiles que representan las llamadas “actas patrióticas” expedidas a iniciativa de Bush.

Esas manifestaciones naturalmente no tienen ninguna trascendencia mediática ni política y menos socialmente. Una funcionaria cercana a Bush explica el sentir del presidente ante las protestas, contando lo que Bush le dijo de la manera más tranquila: “Respeto que manifiesten sus opiniones, sólo pediría que lo hicieran de manera pacífica”. Pero dichas manifestaciones, pacíficas casi todas, hasta ahora no han logrado cambiar el rumbo de las decisiones presidenciales.

En la película George W. Bush -a quien extrañamente algunos de sus funcionarios admiran y elogian por su “fe” y su “sentido del humor”- es víctima de un atentado que lo priva de la vida en Chicago a donde va el presidente presuntamente en octubre del 2007 (y en circunstancias muy parecidas a las del atentado que quitó la vida a Robert F. Kennedy en Los Angeles, luego de ganar las elecciones primarias del partido demócrata para ser candidato a la presidencia en 1968), donde se enfrenta a una enorme manifestación más en su contra.

La estructura de la cinta al principio resulta interesante, pero luego de los testimonios por parte del jefe de seguridad del presidente, de los agentes designados a la investigación y de algunos periodistas de la fuente presidencial y que dan como resultado la descripción de la muerte del presidente, el ritmo de la cinta decae profundamente, al punto de arrancar bostezos en algunos concurrentes.

La película se centra entonces en el trabajo de investigación y búsqueda de los responsables del asesinato, el cual es mostrado como tendencioso y realizado para justificar una hipótesis preconcebida, llena de prejuicios, con el manejo de las evidencias y no al revés: a partir de las evidencias formular la hipótesis.

El resultado de la “investigación” es la captura inmediata, juicio y condena a muerte de un ciudadano norteamericano de origen sirio -y musulmán para acabarla de amolar- llamado Jamal Abu Zikri. La pregunta es ¿así habrá sido como dieron con el palestino Sirhan Sirhan, encontrado culpable de asesinar a Robert F. Kennedy, o con Mario Aburto, el supuesto asesino de Colosio?

Las evidencias encontradas son datos para alimentar cualquier cantidad de teorías conspiratorias, sobre todo porque los de Kennedy (y ni hablar de su hermano John) y Colosio son casos reales, no ejercicios hipotéticos.

En el terreno político, la cinta simplemente plantea el nombramiento como nuevo presidente del hasta entonces vicepresidente Dick Cheney, como manda y ordena la constitución gringa, manteniendo las cosas como antes, pero ahora con un nuevo “responsable”.

Con esa salida tan oficial, la cinta pierde la oportunidad de explorar otras consecuencias. ¿Qué pasaría si realmente el actual presidente de los Estados Unidos George W. Bush fuera reemplazado, en circunstancias excepcionales, por un doble un poco más estrábico y menos pesado, si fuera posible, que el original? Nada, no pasaría nada, no nos daríamos cuenta (o tal vez no nos hemos dado cuenta de tal reemplazo), pero al menos eso daría pie a algunas divertidas conjeturas.

Lo que sí es cierto es que la cinta ganó el Premio Internacional de la Crítica en el Festival de Cine de Toronto del 2006 y que fue criticada por algunos medios políticos por haber utilizado la imagen del aún presidente George W. Bush; también algunas cadenas se negaron a exhibir la cinta por considerarla “ofensiva”. Al parecer la productora Newmarket Films había anunciado que lanzaría la cinta el 20 de enero del 2009, fecha en que el presidente número 44 inicia su periodo (Obama o McCain), pero tal vez se lo pensó mejor y se estrenó mucho antes de esa fecha. ¿Habrá sido víctima de un complot?

Wednesday, July 09, 2008

La Escafandra y la Mariposa


El lenguaje y la conciencia

Ricardo Martínez García

¿Qué sería de nosotros si tuviéramos que prescindir, por accidente o enfermedad, de la movilidad corporal y de la habilidad de comunicación vocal y gesticular de manera total, o casi? Seguramente sería una situación desesperada darnos cuenta que estamos encerrados en nuestro cuerpo, conscientes pero sin poder comunicar de manera inmediata lo que se quiere decir.

Tal es la situación que plantea la cinta del cineasta norteamericano Julian Schnabel La Escafandra y la Mariposa (The diving bell and the butterfly, 07), basada en el libro autobiográfico de Jean-Dominique Bauby –interpretado magistralmente por Mathieu Amalric- el cual narra la vida del editor de la revista francesa Elle, quien mientras desarrolla una vida profesional exitosa, sufre de pronto de una parálisis casi total, en la que sólo su ojo izquierdo mantiene la movilidad.

La terapeuta especializada en comunicación a cargo de Bauby, que está al tanto de la normalidad de los procesos mentales de su paciente, decide emprender la ardua labor de comunicarse con él, proceso que consiste en que ella deletrea las letras más comunes en la lengua francesa y Bauby indica, mediante el parpadeo, qué letra seleccionó para construir las palabras que desea dar a conocer.
A veces el proceso es demasiado lento, o demasiado rápido según las circunstancias y necesidades, necesidades que ni siquiera se plantean en el lenguaje común y cotidiano.

El método comunicativo funciona porque Bauby, al no sufrir daño mental, maneja de manera normal los códigos lingüísticos y culturales, aunque su enorme –pero no insalvable problema- es la eficiente utilización de su único párpado móvil, el cual termina usando con pausas de tiempo parecidos al código morse o a un lenguaje binario. Para afirmar algo parpadea una vez y para negarlo dos.

Mediante este sencillo pero arduo sistema de comunicación, Bauby no solo logra comunicarse con su familia y doctores, sino que emprende la titánica labor de dictar un libro, el cual fue publicado en 1997, poco después de la muerte del editor, y del cual toma nombre la cinta de Schnabel.

La situación planteada en la película –producción franco americana- no es insólita: Bauby no es el primer paciente en el mundo que sufre de parálisis casi total, ni es el único enfermo consciente y de buena salud mental, lo que sí es insólito (al menos para los estándares mexicanos) es la atención médica que se le da en ese hospital francés de primer nivel.

Jean-Dominique a pesar de la parálisis, o a causa de ella, lleva a su imaginación a niveles que probablemente no hubiera alcanzado de gozar con el funcionamiento de su aparato motriz. Así, a pesar de la escafandra, modo en que él llama a su inmovilidad que lo tiene completamente atrapado y es como una pesada losa de la cual no se desprenderá más, Bauby logra crear y recrear el mundo de su imaginario personal, al cual metafóricamente se refiere como la mariposa. Y la vía de esa “mariposa” es el activo párpado izquierdo subiendo y bajando innumerables veces.

Por otro lado su conciencia, que se proyecta sobre sí misma, le permite revaluar su relación con su padre (Max Von Sidow, siempre excelente), con la madre de sus hijos, Celine (la siempre bella y gran actriz Emmanuelle Seigner, esposa de Roman Polansky) y en general con los diversos y ricos aspectos que conformaban su vida normal.

Julian Schnabel (51), también director de las celebradas cintas Basquiat (96) y Antes de que anochezca (Befote night fall, 00), aquella que catapultó al estrellato a Javier Bardem por su estupendo trabajo como el poeta cubano Reinaldo Arenas, logra una estupenda interiorización visual del mundo de Bauby, que produce simpatía y compasión hacia su persona, aunque sin caer en falsos sentimentalismos.

Lo que llama la atención es que, a pesar de que es Celine –la madre de sus hijos con la que Bauby no quiso casarse- la que está al tanto de él, Jean-Dominique anhela la visita de su amante, quien no lo ha visitado ni una vez. ¡Así somos algunos hombres, sinceros y honestos hasta el final!

A diferencia de las cintas Mi pie izquierdo (Jim Scheridan, 89) y de Despertares (Penny Marshal, 90), en donde el drama humano involucra diferentes tipos de incapacidades físicas y mentales, todo lo insólitas que se quieran como son los casos de los que se ocupa el famoso neurólogo Oliver Sacks, en La Escafandra encontramos un verdadero mundo interior expuesto a cuentagotas mediante un metalenguaje, a través del único canal del alma que le queda a Bauby: su ojo izquierdo.