Wednesday, May 28, 2008

Tus Santos y Tus Demonios

Vida y Obra de Dito Montiel
Ricardo Martínez García

Vidas juveniles desperdiciadas, destinos sin esperanza, desorientación y confusión en las más tristes calles del barrio de Queens en la Nueva York de los años ochentas, son algunos de los ingredientes de esta película dirigida, escrita y casi protagonizada por Dito Montiel en persona.

Dito (Orlandito Montiel, 1970, más conocido y reconocido como compositor que como escritor o cineasta) prefirió que Shia LaBeouf y Robert Downey Jr. interpretaran al Dito adolescente y adulto respectivamente, con lo que logró que su persona fuera caracterizada por dos de los actores más emblemáticos de sus propias generaciones.

A diferencia del hiperrealismo utilizado por Gus Van Sant en su cinta Paranoid Park en la que muestra el micromundo de algunos patinetos de Portland desde la perspectiva de un adolescente abrumado por una muerte involuntaria y cuya narración, que de tan cotidiana y real resulta obtusa, tal como es la vida, Montiel muestra una interesante pero ligeramente pretenciosa película (con un toque hagiográfico en el sentido de “halago al biografiado”, pero es válido: es su película, su guión, su libro, etcétera) en la que contrasta la dicotomía entre el adolescente con familia y vida “funcional”, como es el propio Dito (LaBeouf, en un papel ajeno completamente al de Mutt Williams en Indiana Jones 4), y sus amigos Antonio y Guissepe (el ex modelo y ahora actor Chaning Tatum y Adam Scarimbolo) con un padre abusivo y golpeador.

Dito es un chavo que puede tener una vida normal, con sus padres Monty y Flori (los veteranos y excelentes Chazz Palminteri y Dianne Wiest), pero sus amigos de la calle y de la escuela influyen, para bien o para mal, en sus acciones y decisiones.

No hace falta ser un adivino para saber que las alocadas vidas de estos jóvenes tarde o temprano acabarán mal. Por ejemplo, un chavo puertorriqueño comienza a molestar a Dito hasta que le da una paliza. Antonio, el amigo grandulón y gandalla del grupo, arde en deseos de vengar a Dito, a pesar de que éste no entiende el por qué de su afán, sobre todo cuando recién velaran a Guissepe, quien murió estúpida o suicidamente esperando escuchar de labios de Antonio que su vida sí le importaba, cosa que ni siquiera en la inminencia de su muerte Antonio logra decir.

Una venganza lleva a la otra, de lo que resulta la muerte de Mike –amigo de la escuela de Dito, con quien trabajaba paseando perros, y con el que esperaba irse a California-, muerte que no le impide finalmente irse y forjar una vida como escritor, abandonando a su familia, a su amigo Antonio, a Laurie, su novia (Melonie Diaz) y a su ciudad.

El argumento se nos presenta en forma de flashbacks perfectamente integrados. Dito como adulto es un relativamente exitoso escritor pero que no ha logrado conciliar su vida con aspectos del pasado que le hieren más de la cuenta.

La enfermedad de su padre y las llamadas de su madre hacen que finalmente Dito regrese a Nueva York, a esas desconchadas y tristes calles que hablan de la deprimente decadencia de ciertas zonas de la más cosmopolita de las ciudades del mundo.

Su regreso parecería ser la conclusión natural de la cinta, pero queda la sensación de ser una obra inacabada.

La cinta está basada, al menos parcialmente, en el libro de Montiel A Guide to Recognizing Your Saints publicado en 2003, título que le da nombre a la cinta. En el libro se habla de algunas anécdotas esenciales que no aparecen en la película, como la descripción de las giras realizadas con su banda Gutterboy, así como de su breve carrera como modelo de Versace y Calvin Klein.

Si la cinta es de carácter biográfico, entonces no se entienden tales omisiones, a menos que se prepare una segunda parte, pues hubiera sido interesante que el Dito director mostrara ese lado musical del Dito músico, o la historia acerca de su carrera con la banda de hard punk Major Conflict y del contrato de un millón de dólares que Geffen Records le ofreció en 1989 a su recién formada banda Gutterboy, contrato estratosférico en aquella época para una banda que se consideraba underground, y su posterior y absoluto fracaso, lo que dio origen a que la llamaran “una de las bandas fracasadas más exitosas de la historia”.

Montiel grabó en octubre del 2006 un disco titulado “Dito Montiel”, el cual cuenta con letras reflexivas e interiorizadas, y dicen que la música suena a Thom Yorke o a Jakob Dylan, que es otra manera de decir que suena a Radiohead o a Wallflowers. Habría que escucharlo, pero creo que ya es demasiado Montiel. Lo dicho, la hagiografía en sentido de autohalago.

Wednesday, May 21, 2008

Indiana Jones y El Reino de la Calavera de Cristal

¿Será el fin del famoso arqueólogo?
Las Asombrosas Aventuras del Eterno Trotamundos Indiana Jones
Ricardo Martínez García

Dos son las cosas más sorprendentes de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal: en primer lugar, la increíble vitalidad que Harrison Ford (1942) inyecta a su famoso personaje del doctor en arqueología Henry “Indiana” Jones Jr, puesto que no parece un sexagenario para nada, a excepción de algunas arrugas de su rostro (Ford siempre ha sido de rostro duro), pero el actor tiene un físico envidiable.

En segundo lugar, la manera en que Spielberg le saca todo el provecho posible a una historia característica de George Lucas (a partir de la cual David Koepp escribió el guión) quien, junto con Spielberg, ha explotado todas y cada una de las fórmulas del éxito comercial cinematográfico.

La saga de Indiana Jones con sus tres películas anteriores alcanzó ingresos, tan solo en taquilla, por casi quinientos millones de dólares.

“Ya nada puede sorprenderme, soy un hombre de ciencia” dice el más famoso arquéologo del mundo, encarnado por Ford, en El Templo de la Maldición, frase por demás contundente y que puede utilizarse para referirnos al argumento de esta nueva película.

Es el año es 1957 y una militar rusa, la coronela Spalko (la siempre extraordinaria Cate Blanchet) decide obligar a Indiana a ayudarle a buscar una mítica calavera que supuestamente otorga poderes ilimitados. Pero el cráneo parece ser de un ser extraterrestre, uno de los varios que habrían llegado a la Tierra a enseñar a los pueblos indígenas de Mesoamérica algunas cosas muy útiles como la agricultura y la construcción de magníficos edificios, todo en la mejor tradición narrativa de la revista Duda, Lo Increíble es la Verdad.

Independientemente del argumento -con pirámides mayas en pleno Amazonas, en un lugar que supuestamente es El Dorado, sitio que otros arqueólogos más serios pero menos conocidos ubican en California-, la historia está tan bien manejada y cuenta con un ritmo tan ágil que el resultado es francamente divertido, con todo lo palomera que se quiera considerar.

Los sarcásticos diálogos entre los protagonistas ofrecen una serie de puntadas que difícilmente dejarán de arrancar carcajadas en los espectadores, como aquellos en los que Indiana platica con el joven Mutt Williams (Shia LaBeouf) y éste le dice muy quitado de la pena que dejó la escuela porque “no era lo que le gustaba”, a lo que Indiana le contesta empáticamente que no deje que nadie lo convenza de lo contrario, pero posteriormente al enterarse de que es su hijo, de inmediato lo regaña y le exige continuar sus estudios, justificando que antes “no sabía que era tu padre”.

Intriga, situaciones de peligro mortal, traiciones de supuestos amigos, avaricia, objetos perdidos, recuperados, robados y vueltos a recuperar, romance y aventuras, muchas aventuras, son los ingredientes que han caracterizado a esta exitosísima saga de aventuras.

El director de esta serie, Steven Spielberg, es un cineasta que a diferencia del también director George Lucas y sus cintas de ciencia ficción como las Guerras de las Galaxias, ha incursionado en diferentes géneros fílmicos con iguales o mejores resutados que en sus cintas de acción, como por ejemplo en La Lista de Schindler (93) Salvando al Soldado Ryan (98), Inteligencia Artificial (01) o en la aclamada Munich (05), para mencionar algunas.

Las anteriores entregas de esta serie, Los Cazadores del Arca Perdida (81), Indiana Jones y El Templo de la Maldición (84) e Indiana Jones y la Última Cruzada (89) son películas caracterizadas visualmente en mayor o menor medida por mostrar escenografías artificiales, muy de estudio, con abundancia de tablarroca y cartón piedra, así como complicadas construcciones en carpintería (como la especie de montañita rusa que se aprecia en la segunda cinta) y una estupenda iluminación, nada mal para su tiempo, pero cuya cuarta entrega es sin duda la mejor de ellas, excelencia conseguida en parte gracias a los avances tecnológicos en los efectos especiales. No en balde han pasado casi veinte años desde La Última Cruzada.

Los efectos especiales no llegan a ser demasiado excesivos en su uso, a excepción de la escena final de la destrucción de la pirámide, efectos que por otra parte no son más numerosos que los vistos en la también espectacular cinta El Tesoro Perdido, el Libro de los Secretos (Turteltaub, 07), protagonizada por Nicolas Cage, quien al parecer desea convertirse en el heredero fílmico de Indiana, si es que el joven Shia LaBeouf lo deja.

La cinta podría verse como el final de la serie, puesto que el aventurero, mujeriego y trotamundos Indiana parece establecerse de fijo en el mundo académico, pero lo más preocupante para su estilo de vida es que reconoce a su hijo (¡ojo Creel!) y termina por ¡casarse con su eterna novia Marion (Karen Allen)!

Monday, May 12, 2008

The Well, de Chava Alberstein y The Klezmatics, a diez años

World Music que abreva del pozo judío o Música Judía que abreva de la World Music

Ricardo Martínez García

La cantante israelí Chava Alberstein (1946) produjo en 1995 un documental sobre poetas Yiddish del siglo XX titulado Too Early to Be Quiet, Too Late to Sing. De ese trabajo fílmico surgieron una serie de canciones que adaptaban algunos de esos grandiosos poemas con música compuesta por la cantante, y que en colaboración con el grupo The Klezmatics grabó en el disco The Well, publicado en 1998.

Todas las canciones del disco están cantadas en yiddish oriental, lengua resultante de la mezcla del alto alemán (que a su vez es un conjunto de dialectos germánicos medievales sin homogenizar), el hebreo y algunas lenguas eslavas, mezcla cambiante según el lugar y el tiempo, que generó dos tipos de yiddish: el oriental y el occidental.

Alberstein nació en el puerto fluvial de Szczecin, Polonia, pero a la edad de cuatro años sus padres se mudaron al recién formado estado de Israel (1948). Ahí ha vivido y hecho su fructífera carrera musical, que ha producido más de cincuenta grabaciones, la mayor parte de ellas cantada en hebreo, armada con su guitarra acústica y una voz potente y de gran presencia.

El mismo año del 98, pocos meses antes de The Well, Alberstein lanzó para la compañía discográfica Shanachie el disco Crazy Flower: A Collection, el cual, como The Well, es un muestrario de estilos folclóricos tomados de varias partes del mundo.

Se ha dicho que las composiciones de estos dos discos son un muestra del enorme rango de influencias que enriquecen el trabajo de Alberstein, que van del klezmer y la música tradicional judía a la chanson francesa o al folk americano, pasando por el peculiar estilo musical generado en Europa del Este, con influencias a su vez de música gitana, turca, balcánica y árabe.

Piezas como Di Goldene Pave (El Pavo Dorado) , Kh´vel Oyston Di Shikh (Me quitaré los zapatos) o Di Krenitze (El Pozo) son botones de muestra de la fuerza interpretativa de Alberstein, así como de la mejor forma de adaptar las influencias musicales a las cuales ha permanecido en contacto. El booklet del disco cuenta con la traducción del Yiddish al inglés, por lo que si no se habla la lengua germano-hebraica, al menos puede ser entendida con la hasta ahora todavía lengua universal originaria de Inglaterra.

Lo cierto es que al escuchar estos discos también se puede llegar a pensar que la música de origen judío ha influido y se ha dejado influir; o que ha crecido paralelamente y con-fundiéndose, con la mencionada música que se genera en el Este de Europa, y que se refleja en los citados estilos de la música como el del cabaret alemán, en la chanson francesa, en el tango y en el folk norteamericano.

Escuchar la voz y la música compuesta por Alberstein y los músicos de The Klezmatics remite a otras voces y estilos como los de Ute Lemper, Taraf de Haidöuks, la No Smoking Orchestra de Emir Kusturika, Goran Bregovic, Eleni Vitali y otros. Música klezmer, gitana, turca, alemana, balcánica, etcétera, confluyen armoniosamente en los discos citados de Alberstein, y otro tanto les sucede a los otros grupos y cantantes mencionados. Así es la fusión de la música, expresión de la fusión de los grupos sociales que conviven y se aproximan, tal vez no políticamente pero sí culturalmente.

Incluso en México el klezmer toma ciertos estilos musicales que se consideran “propios” del mexicano. Tal es el caso de la música compuesta por Jacobo Lieberman e interpretada por The Klezmatics para la película de Alejandro Springall Morirse está en Hebreo (07), en donde se hace gala de una fusión klezmer-mariachi que ofrece una gozosa síntesis de ambas.

Chava Alberstein se presentó en México en octubre del 2004, dentro del marco del XXXII Festival Internacional Cervantino en Guanajuato en el Teatro Juárez, presentación a la que muy desfortunadamente no tuve forma de asistir. El boletín emitido en esa ocasión por el propio FIC señalaba que la música de Alberstein “transita la historia de su pueblo y (en donde) hay constantes referencias a las aspiraciones de paz en un mundo que padece la pobreza, la soledad y la pérdida constante de su humanidad. Sus temas, que no militan políticamente ni tratan de defender causa alguna, tienen mas bien un carácter reflexivo”, a lo cual yo añadiría poético, de amor por la naturaleza, por el creador y dador de vida.

De esta manera es como Chava Alberstein es una de las cantantes y compositoras más destacadas de la llamada World Music, y lo mismo se puede decir de The Klezmatics.

Friday, May 09, 2008

¡Aquí falta Algo!


Ricardo Martínez García

El filósofo griego Tales de Mileto (siglo VI a. C.) propuso que el principio de todo es el agua. Probablemente Tales se refería al agua como el principio que hace posible la vida, y no se puede estar en desacuerdo con él: sin agua la vida es impensable.

En la actualidad nos encontramos ya con un problema verdaderamente grave y alarmante: la escasez del agua (tema de la imagen) afecta a todo el mundo. Ya no es necesario vivir en un desierto para ver y comprobar la falta de agua, algo que debería preocuparnos a todos (a mí sí que me preocupa).

El crecimiento acelerado de la población en algunos países, el mal uso del agua (sea por su abundancia o porque tradicionalmente ha sido relativamente barato obtener y distribuir agua para las grandes urbes), la contaminación y la sobreexplotación de los mantos acuíferos han generado una terrible escasez del agua, que pronto será verdaderamente un peligro social.

En la Ciudad de México hay delegaciones y colonias, específicamente, en las que el agua se dosifica o se raciona. En algunos lugares de la delegación G. A. Madero, como en la colonia San Felipe de Jesús (lugar donde habito), sólo hay agua algunas pocas horas del día, mientras que en otras zonas de la ciudad cuentan con agua de manera permanente, y en el caso opuesto, hay lugares donde no se cuenta en absoluto con el servicio de agua potable.

La foto que propongo para participar en el Concurso de Fotografía Agua, Tesoro de tu Ciudad, intenta mostrar metafóricamente que el agua es la fuente de vida, y que una fuente sin agua es un sinsentido. Las figuras que aparecen en esta fuente, ubicada en la Alameda Central, casi a la salida de la estación del metro Bellas Artes, son unas mujeres que vierten el contenido de sus jarras en una fuente. Pero el agua se ha agotado, la fuente está completamente seca, algo con lo que no contaba su escultor.

El agua es fuente de vida, pero se nos agota; sin agua no hay vida. Cuidémosla, es responsabilidad de todos. Ése es el mensaje que quisiera transmitir mi imagen titulada “Aquí falta algo”.

Thursday, April 17, 2008

Crimen sin Perdón

Impunidad y Maltrato Sin Fin
Ricardo Martínez García

De acuerdo con cifras del portal de la BBC Mundo.com, cada año bandas criminales compran y venden alrededor del mundo a unas ochocientas mil personas, mujeres y niños principalmente, con fines sexuales, generando ganancias cercanas a los diez mil millones de dólares. Las redes de dicho tráfico son “globales” puesto que se extienden a todos los continentes e involucran a decenas de países.

Para una niña de alguna colonia perdida en el poniente de la ciudad de México salir a pasear en bicicleta, o para una mujer atractiva tratar de emigrar desde Polonia hacia los Estados Unidos en busca de una “vida mejor”, así como para un jovencito de Tailandia simplemente caminar por la calle puede implicar ponerse al alcance de las garras de estas redes internacionales de tratantes de blancas, las cuales al parecer cuentan con el salvoconducto de ciertas autoridades locales para la realización –casi siempre impune- de sus actividades criminales.

Tal es el argumento de carácter social del cual parte la cinta Crimen sin Perdón (Trade, 07) del director alemán Marco Kreuzpaintner, a partir de un guión escrito por José Rivera (nominado a varios premios por su trabajo en la cinta de Walter Salles Jr. Diarios de Motocicleta) basado a su vez en el reportaje de Meter Landersman The girls next door, escrito para la New York Times Magazine.

Adriana (Paulina Gaitán) recibe una bicicleta como regalo de cumpleños por parte de su hermano Jorge (César Ramos), quien se dedica junto con sus cuates a timar a turistas gringos en el Centro de la ciudad, haciendo alarde de su buen inglés. Adriana sale a la calle a estrenar su regalo y es fácilmente raptada y conducida a los Estados Unidos junto con Verónica (Alicja Bachleda), atractiva polaca engañada por una agencia “de empleos” que la lleva directamente a caer en poder de una banda de traficantes de seres humanos con sede en la Ciudad de México y ser violada y golpeada.

En el intento por rescatar a su hermana y seguir al vehículo que conduce al grupo de raptadas hasta Juárez, Jorge entra en contacto con el policía Ray (Kevin Kline) quien lo ayudará a liberar a Adriana, luego de convencerse de que Jorge no es un mojado más. Ray había ido a Juárez en busca de alguna pista que lo conduzca al paradero de su hija raptada diez años atrás pero sus pesquisas no son nada alentadoras.

La película se siente débil en ciertos elementos dramáticos e incluso cae en un humor involuntario, como aquel donde uno de los secuestradores reza un Ave María frente a una cruz en pleno cerro antes de cruzar la frontera con sus víctimas, o como cuando Ray se da cuenta de que la jefa de los traficantes (Kate del Castillo) bien podría ser su hija, pues tiene los ojos color verde (¡pupilentazo de Kate!).

El retrato de la Ciudad de México que propone la cinta es hasta cierto punto convencional: escenas de la Merced con prostitutas de la calle de la Soledad dando vueltas frente a posibles clientes o simples mirones, o el retrato de lugares desolados que ni mandados a hacer para escenificar asaltos y que parecen ser los escenarios cotidianos del crimen en esta gran ciudad.

Es destacable el trabajo actoral de César Ramos y Paulina Gaitán, así como la de Alicja
Bachleda. Kline realiza un trabajo cumplidor como detective cool y generoso que hace lo que puede al darse cuenta de que la justicia gringa es muy capaz de no hacer nada por rescatar a una niña mexicana si con esa omisión logra atrapar a los verdaderos peces gordos.

Lejos de ser un documental que trata seriamente el problema del tráfico de personas en el mundo, la película da la impresión de ser como una simple narración anecdotaria –e improbable en el caso de Jorge y el rescate a su hermana- de algunos sucesos de este tipo. Algo le falta a la cinta de Kreuzpaintner que no logra cuajar del todo, aún contando con el apoyo de Kevin Kline.

Más que concientizar a la gente sobre el peligro que corren las mujeres de cualquier parte del mundo, la cinta dramatiza sobre el rescate de al menos una de las víctimas que corrió con suerte, pero ¿y las demás que quedan en el camino, las que deciden salir de tal infierno por la puerta falsa o las que se resignan y trabajan para que otros enriquezcan? Ahí está el verdadero meollo del asunto.


Al menos, sabemos que hay grandes posibilidades de que la policía no haga nada por ellas, lo cual es un conocimiento desolador.

Imágenes del Más Allá

Pasiones que No Mueren
Ricardo Martínez García

Si se aparecen fantasmas a personas específicas es porque éstas tienen deudas pendientes con ellas, sobre todo de carácter pasional. Las cintas de terror orientales se caracterizan por proponer que ciertos espíritus no pueden separarse de este mundo al fallecer su cuerpo porque han quedado anclados a él por algún trauma mayor. Dichos traumas son como una impresión que se realiza en ciertos lugares que los guardan como si fueran grabaciones o registros de alguna forma metafísica.
Tal es el caso de películas como El Aro, La Maldición, El Ojo, Una Llamada Perdida, etcétera, y la cinta Imágenes del Más Allá (Shutter, 08) del japonés Masayuki Ochiai, no es la excepción.

La cinta es un remake, de los tantos que ha habido en Hollywood y que pretenden adaptar las historias generadas en Oriente, en este caso de la cinta tailandesa Shutter de los directores Banjong Pisanthanakun y Parkpoom Wongpoom estrenada en el 2005, a un mercado más global.

El actor canadiense Joshua Jackson, ex novio y compañero de Katie Holmes en la serie de televisión Dawson´s Creek, encarna a Benjamin Shaw, un joven y exitoso fotógrafo recién casado que por cuestiones de trabajo viaja a Tokio con su esposa Jane (Rachel Taylor).

A ratos la película sigue una trama cercana a la de Perdidos en Tokio (Sofia Coppola, 06), sobre todo cuando Jane pasea por la ciudad y el metro, pero pronto la cinta toma unos cauces metafísicos incompatibles con la dirigida por la hija de Francis Ford Coppola.

Jane comienza a ver extrañas figuras en lugares insólitos a la vez que las fotos de la luna de miel y de la boda, así como las de las sesiones con las modelos con las que trabaja Ben revelan formas fantasmagóricas.

Jane, sobreponiéndose a su espanto, comienza a investigar tal fenómeno, investigación que la conduce a conocer algo de la vida de Megumi (Megumi Okina), traductora con la que su esposo tuvo sus queveres.

Ben literalmente tiene que cargar en sus hombros con el peso de las acciones realizadas por él y sus amigos en contra de la despechada, humillada y violentada Megumi, la cual sólo busca –comprensiblemente- vengarse de las malas acciones sufridas.

Rachel Taylor lleva el peso dramático de esta historia con guión de Luke Dawson. Se trata de una actriz que físicamente tiene un parecido tanto a Nicole Kidman como a Naomi Watts, es como una síntesis de ellas, y su trabajo resulta convincente.

Joshua Jackson por su parte muestra versatilidad y madurez cada vez mayores. El resultado final es una cinta con un nivel de calidad muy semejante al de La Maldición, el también remake protagonizado por Sarah Michell Gellar.

Aquellos que no vieron la original tailandesa podrán ver una versión bastante disfrutable aunque no lo suficientemente original. Está bien para una tarde en compañía de la novia o el novio, quienes tal vez se lo pensarán mejor antes de cometer contra el otro alguna humillación o infidelidad, si es que creen algo de las premisas de la cinta.

Sunday, April 13, 2008

Los Reyes de la Calle

Si todos somos malos, ¿a quién perseguirá la policía?
Ricardo Martínez García


El tema recurrente en las novelas de James Ellroy es la tremenda corrupción policíaca que impera en la ciudad de Los Ángeles, ciudad en la que ficticia o verdaderamente se ha asentado el poder criminal de la policía en contra de la propia hipócrita sociedad, la cual debido a sus pecados se ve expuesta al chantaje y la extorsión.

Si la cinta Los Ángeles al Desnudo (Curtis Hanson, 97) mostraba al agente Bud White (Russel Crowe en una gran actuación encabezando un estupendo reparto: Kevin Spacey, Kim Bassinger, Guy Pearce y James Cromwell) como un fornido agente que es utilizado como brazo ejecutor de la ley e inmerso en una maraña de relaciones corruptas de las cuales sólo puede salir bien librado hasta que “abre los ojos”, ante la evidencia de que los jefes de la policía perseguían sistemáticamente a los criminales con métodos que los convertían en sujetos mucho más perversos que los delincuentes, en Los Reyes de la Calle (David Ayer, 08), nos encontramos con el atormentado y borrachín agente Tom Ludlow (Keanu Reeves, un poco más humano que en Matrix) un “guerrero” que ha tomado por su cuenta, en una especie de cruzada personal, la lucha contra los criminales angelinos.

Tanto White como Ludlow son agentes que exceden con mucho los límites legales permitidos en la lucha contra “los malos”, y ambos son consentidos y solapados por sus jefes, en aras supuestamente de su utilidad como “instrumentos de justicia”.

Las cintas basadas en novelas de Ellroy, como las dos mencionadas y La Dalia Negra (Brian de Palma, 06), están llenas de secretos, mentiras y chantajes dentro de los círculos del poder político y económico, donde nada es lo que parece ser, pero en los que todos los protagonistas están involucrados para bien o para mal, en lo que representa un sistema legal corrompido y al servicio de los más astutos.

Los Reyes de la Calle tiene grandes escenas de acción y algunos momentos de humor, tal vez involuntario, como en las que el cinismo campea en las conversaciones. Por ejemplo cuando el detective Ludlow pregunta ingenuamente a su jefe el comandante Jack Wander (Forest Whitaker): ¿Y qué pasó con lo de “encerrar a los malos”?, Éste le responde lacónicamente: “Todos somos malos”. Tal es la ideología –que si no fuera tan alarmante sería hilarante- con la cual se justifica la perversión policíaca, que pareciera encarnar a la perfección la máxima hobbesiana de que el hombre es el lobo del hombre.

A pesar de que la cinta tiene un aire de déjà vu (es como la gemela de Los Angeles al Desnudo) no deja de ser interesante y entretenido ver a Reeves crecer como actor y además corretear con su Charger negro deportivo a punto de atropellar a unos peatones y matando salvajemente a los criminales, a Whitaker mostrando una vez más sus facultades histriónicas como el cerebro que mueve los hilos policiacos a placer, a Hugh Laurie en un papel diferente al del Dr. House, pues resulta curiosa su aparición como el capitán Biggs, de asuntos internos de la policía, en el hospital en el que Ludlow es atendido por su novia enfermera (Martha Higareda, en un papel discreto que representa su incursión en Hollywood), como si fuera un guiño a su famoso personaje.

También es sorpresivo el papel de Chris Evans (Johnny, el simpático antorcha humana de Los Cuatro Fantásticos) como el detective Diskant quien al final paga su novatez de manera trágica.

Lo que resulta realmente disfrutable es que la cinta propone una desmitificación de la sociedad norteamericana como paladina de la legalidad y el respeto a las normas civiles: todos los policías, salvo excepciones, están sistemáticamente coludidos en una cínica corrupción que ciega e inútilmente atina sólo a acumular dinero en una pared (algo que tampoco es creíble entre los corruptos de verdad: éstos seguramente cuentan con asesores en inversiones y ese tipo de cosas).

David Ayer es un joven director que ha trabajado en el guión de cintas como Rápido y Furioso (Rob Cohen, 01), SWATT (Clarck Johnson, (03) y Dark Blue (Ron Shelton, 03), y ha dirigido Harsh Times (06), y Mafia Cop (08). Como puede verse, son cintas en las que, a partir de las novelas de autores como James Ellroy o Elmore Leonard, las actividades policiales y su corrupción son elementos comunes, ya sea en la ciudad de Los Angeles o en la de Nueva York.

Como espectáculo, la cinta funciona muy bien. Como crítica social resulta puntillosa si se le sabe ver el ángulo. No deje de verla de cualquier manera.

Sunday, April 06, 2008

Control

El lunes triste de Ian Curtis
Ricardo Martínez García


Anton Corbijn, fotógrafo de Joy Division en su momento y ahora director de la película sobre Curtis, Control (07), presenta los momentos clave de la vida de este malogrado y extraordinario artista, momentos de una expresividad tal vez demasiado sincera y hasta brutal.

Ian Curtis estaba a punto de salir de gira por los Estados Unidos con Joy Division, pero finalmente decidió el 18 de mayo de 1980 que él no quería ir ni a la gira ni a ningún lado más. El momento culminante de su corta carrera musical había llegado, lo que representaba de manera contradictoria haber alcanzado el éxito pero también el arribo del completo descontrol.

Basada en el libro Touching from a Distance, Ian Curtis & Joy Division, escrito por la viuda de Curtis, Deborah, la película muestra la forma en que el cantante y también compositor a los veintitrés años ve destruida su vida, o al menos tal como él la entendía: se sentía atrapado entre el agradecimiento a su esposa y el amor inspirado por una bella amante, pero además muestra el papel tan fundamental que tuvieron sus ataques de epilepsia -los cuales lo trastornaban cada vez más- y la pérdida de control en forma de alienación que debido a su estado mental experimentaba de sí mismo en público.

La influencia musical de David Bowie, Lou Reed, los Sex Pistols e Iggy Pop, así como la transformación del nombre de su banda Warsaw en Joy Division quedan establecidas al comienzo de la película, cuyas partes musicales son muy gozosas y se convierten en poderosas e hipnotizantes presentaciones en vivo, donde Curtis hacía gala de movimientos corporales muy intensos y hasta violentos.

Sam Riley, de veintisiete años, además del actor que da vida a Curtis en la cinta, es el cantante del grupo originario de Leeds llamado 10,000 Things y su voz es bastante parecida a la de Ian.

Curtis era un hombre capaz de recitar a Wordsworth y de escribir letras profundas inspiradas con un gran sentido poético, intensamente desesperadas y tristes. Tales características líricas, sumadas a un estilo musical único –producto de sus compañeros, que luego formarían el legendario New Order- dieron por resultado que en menos de tres años el grupo (77-80) alcanzara cierto nivel de fama y reconocimiento.

El rock de Joy Division es esencial y básico, prácticamente sin arreglos: los instrumentos suenan crudos y directos, descarnados pero potentes. Con todo, el estilo que desarrollaron los hizo sonar tan diferentes a los demás grupos punks británicos (Buzzcocks, Sex Pistols, The Clash) que parecía que inauguraban una nueva clasificación musical.

El trabajo de los actores que interpretan a los músicos (Joe Anderson, James Anthony Pearson y Harry Treadaway) incluyó que aprendieran a ejecutar las canciones de Joy Division, con lo que la cinta gana enormemente en autenticidad: las escenas de las presentaciones no son mímica sino reales. De hecho, Riley y sus compañeros actores interpretaron y grabaron Transmission para el soundtrack.

El trabajo actoral de Riley y de Samantha Morton como Debbie es verdaderamente destacable desde el punto de vista dramático: convencen al espectador de estar viendo una tragedia amorosa anunciada desde su gestación: la extrema juventud del matrimonio y la exposición al éxito y la fama fueron elementos vitales que Curtis, compositor con momentos de inspiración geniales y dueño de gran sinceridad, no logró mantener bajo control. El problema o trauma de Curtis –tal vez originado por él mismo cuando a manera de travesura y junto con un compañero tenía por costumbre robar e ingerir pastillas de cualquier tipo- se manifiesta en su cada vez más intensa y frecuente introspección, expuesta magistralmente por Riley. El papel de Debbie como la esposa engañada y despechada es más convencional pero no menos intenso en la interpretación de Morton.

La vida personal de Curtis, de acuerdo con la película, se reflejaba en sus canciones: mientras peor se sentía, más tristes y desesperadas eran sus letras. Irónicamente dos de sus piezas más famosas fueron She´s lost control y Love will tear us apart.

La cinta, filmada en blanco y negro, de textura ligeramente granulada, es una delicia para el melómano que conoce el trabajo –escaso- de Joy Division, y una excelente introducción a su obra para aquellas generaciones que apenas nacían cuando la banda tuvo su lunes triste, (nombre del que tal vez sea el hit más memorable de New Order: Blue Monday) al ser ése el día en que Curtis decidió que no quería continuar con el descontrol de su vida.

Se trata de un excelente trabajo biográfico, dramático y musical que ha comenzado a cosechar premios y completamente recomendable.

Wednesday, April 02, 2008

De la serie Puros Cuentos

Crónica de dos tardes calurosas
Ricardo Martínez García

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La figura del francés Sebastián Castella está caracterizada por su juventud, esbeltez y abundante cabellera. Bien podría encarnar a Howl, el del Castillo Vagabundo, o al Rémy de las animaciones japonesas. Sin dejar de ser guapo, tiene un aspecto de garçon de muelle del Mediterráneo, pero a la vez poseedor de una enorme gracia y agilidad de movimientos.

Con su primer toro, encontrándose ya en el último tercio de lidia, Castella –de quien algunos dicen que es el mejor torero del mundo en el presente- hace gala de control y valentía: parece que coquetea o hipnotiza al toro: tan suaves y delicados son sus audaces movimientos con la muleta. La flema que le da a cada natural, con diferentes pases y recortes, como jugando con el toro pero sin menospreciarlo en ningún momento, resulta verdaderamente deliciosa.

La proximidad entre el torero y el astado queda asentada por la sangre que macula la taleguilla que viste el franco, quien parece conocer de toda la vida al morlaco. La cercanía entre el diestro y este testigo queda establecida por los diez metros entre el sitio principal de su faena y mi sucio lugar en la tercera fila. La tarde me fue propicia ante el inesperado espectáculo.

En comparación, el trabajo del Zotoluco –quien junto con Garibay comparte este día ruedo con Castella en la Silverio Pérez- resulta algo tosco aunque no menos valiente ni arriesgado. Es como una lucha entre un rudo y un técnico: arrojo y audacia de ambos lados, finura, técnica y delicadeza del lado francés.

-Es muy bueno, ¿no?-, comenta Mark mientras me pasa la bota con vino. Jules, nuestro mecenas, conversa animadamente con un señor que tiene toda la pinta de ser ganadero.
-¡Es impresionante!, ¿ya viste cómo tiene sangre en la pierna?-, pregunto a mi vez.
-Sí, casi monta al toro. Y todo al natural, sin aspavientos ni falsas poses como otros que hemos visto.

Pues sí, Castella es tan auténtico que su toreo fluye artesanalmente a la vista de todos.

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En verdad que hace calor este día, tanto así que no se apetece siquiera salir al patio del edificio.
-¡Me opongo!-, exclamó Erny, el ingeniero de sistemas, tan pronto como le respondí sobre lo que haría el domingo por la tarde. Siempre preguntaba lo mismo y yo siempre temía lo mismo: que me fuera a invitar a algún lado.
-¿A qué te opones, a que vaya a la Plaza de Toros?-, contesté algo picado pues no me gusta la idea de que alguien me impida hacer algo.
-No, a que los maten, eso es tortura, es inhumano.
-Siempre hay gente protestando por eso afuera de la Plaza, ¿has ido alguna vez a una corrida?
-¡Claro que no!, pero eso no significa que no sepa lo que es.
-Bueno-, dije, con cierto fastidio, –¿No te parece que tu vehemencia en contra del toreo es digna de mejores causas? ¿Por qué no protestar por cómo son tratados y sacrificados los cerdos, o los pollos, o las focas en Canadá? O mejor por la situación de ciertos pueblos humanos. ¡Ahora mismo muere gente en Irak o en Afganistán, cuyas poblaciones han sido invadidas por las fuerzas imperiales de los Estados Unidos y sus aliados y son masacrados con armas sumamente sofisticadas! O para no ir tan lejos, en México las condiciones de vida de millones de personas son paupérrimas y no veo a nadie protestando, ¿sabes por qué?, porque lo consideran de lo más natural del mundo y además ¡porque a nadie le importa! En cambio, los bien pensantes (como tú, pensé en decirle, pero me contuve), los que cuentan con gran conciencia moral, que abarca el mundo natural y el social, consideran que es horrible y de mal gusto que se toree a unos animales estupendos como esos astados de raza, criados especialmente para la lidia, sin darse cuenta de que esos animales han tenido mejor vida que mucha gente pobre, en cuanto a cuidados y alimentación al menos, lo cual no deja de ser paradójico. ¡Hay muchas cosas inhumanas que no conmueven a nadie!
Erny me miraba cada vez con mayor desprecio e incredulidad conforme yo me descosía ante él. Era un buen tipo, amable y gentil en muchos aspectos de la vida cotidiana, pero tenía una idea de sí mismo algo pretenciosa, lo cual lo hacía caer con frecuencia en la necesidad de manipular y controlar a las personas a su alrededor, sobre todo a las que quería de verdad.
No es que yo fuera un verdadero aficionado a la fiesta taurina, pero me cayó mal que apenas le dijera que iba a ir a los toros, de inmediato manifestara una oposición.

-Los toros, la llamada fiesta brava, mi querido Erny -continué en el mismo tono académico- representa una manifestación cultural cuyo origen se remonta a la Antigüedad, y tal como la conocemos se formó a finales del siglo XVII. Tiene un nivel cultural muy arraigado en ciertos sectores de la población en países como España, Francia, Portugal y en algunos de Latinoamérica, es como otras tradiciones que se siguen celebrando, por ejemplo como la de Semana Santa en Iztapalapa y otros lugares. ¿Te imaginas diciéndole a alguien en plena representación de viernes santo“me opongo a que crucifiquen al nazareno” o “es una crueldad que carguen semejantes crucezotas”?
-¡No te pases!-, dijo Erny soltando una carcajada. –Bueno, está bien, pues que disfrutes de tu “fiesta brava” mi Rafa.
Se alejó de mí sin siquiera voltear a verme, luego de darme el acostumbrado abrazo.

Friday, March 28, 2008

Orson Scott Card


La Historia ficción de Orson Scott Card
Ricardo Martínez García

La serie de Alvin Maker del escritor Orson Scott Card, famoso por sus obras de ciencia ficción como El Juego de Ender y la saga del Retorno a la Tierra, es un ejemplo de la nueva literatura norteamericana que se encuentra entre el best seller y la literatura «seria».

Se trata de una revisión de los momentos clave de la historia de los Estados Unidos de Norteamérica desde su independencia hasta mediados del siglo XIX: el proceso de colonización de los territorios del medio oeste (El Séptimo Hijo), los conflictos con los indios de esas regiones y su posterior eliminación (El Profeta Rojo), el esclavismo y la lucha por la abolición (desde Alvin el Aprendiz hasta Fuego del Corazón). Todo en clave de ficción fantástica: los pobladores del imaginario Rio Hatrack son poseedores de dones extraordinarios que en otros lados, como en la puritana Nueva Inglaterra, son consideradas como actos de brujería.

A pesar de que Card es un mormón practicante, no realiza proselitismo alguno de tal religión en sus novelas. Es más bien un tipo que escribe con gran sentido común y dosis de humor sobresalientes. Card utiliza las características sicológicas de sus personajes -área en la que es un verdadero maestro- para llevar a cabo reflexiones con cierta profundidad sobre los momentos históricos clave señalados.

Problemas como el respeto a las culturas autóctonas y a sus territorios invadidos por los colonos blancos, la perversidad de algunos políticos deseosos de eliminar a todo piel roja a cualquier precio, el sufrimiento y la humillación de las personas sometidas a esclavitud, la hipocresía de algunos blancos dueños de esclavos que se creen señalados por Dios y que terminan realizando tremendas bajezas con los indefensos, o de aquellos otros que sólo de dientes para afuera “desean” la libertad de la población negra, son puestos al escrutinio de manera clara en sus novelas.

Alvin, el personaje central, es un super hombre pues tiene grandes poderes, es un “hacedor” desde el momento de su nacimiento, al ser el séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón. Puede ordenar a seres vivos a hacer lo que él quiera, manipular o manejar todo tipo de materiales, especialmente la roca, los metales, e incluso convertir el hierro en oro.

Los dones de Alvin podrían ser utilizados casi para cualquier cosa, buena o mala, pero él elige utilizarlos para el bien. Desde su nacimiento, Alvin cuenta con la ayuda de Peggy, una tea que puede ver los senderos del destino de aquellos a los que examina; pero también cuenta con un adversario formidable: el deshacedor, un ser opuesto a él, que es un hacedor. Estos dos personajes, y todos los demás que intervienen en la trama, representan a los grandes prototipos humanos, con sus complejidades y sus cambios de humor.
No se puede negar por otro lado que Card utiliza, directa o indirectamente, referencias a otros personajes de la historia o literarios como características de sus personajes.
Alvin tiene un hermano llamado Calvin, y juntos representan a los bíblicos Abel y Caín; a veces Alvin es presentado como si fuera un mesías que va recolectando prosélitos, a pesar de que se casa y concibe una hija, luego de casarse con Peggy (Alvin el Oficial).
Tampoco se podría negar la similitud entre los dones de Alvin y Peggy, como correr a gran velocidad gracias al “canto verde” aprendido con los pieles rojas, o ver el “fuego interno” de las personas, con las habilidades que Carlos Castaneda dice haber aprendido de su maestro el nagual Don Juan Matus, en la famosa serie de libros de Castaneda: la “marcha del guerrero” y la capacidad de “ver” a los seres vivos como campos de energía con formas ovoides, es decir, verles sus fuegos internos.
Incluso Alvin realiza un cambio en la estructura física de Arturo Estuardo, un mulato que es como su hijo, gracias a su poder de manipulación de la materia y de su conocimiento de las partículas que componen los cuerpos humanos. Dicha manipulación recuerda la de un brujo como Don Juan, el cual puede manipular su cuerpo energético moviendo su punto de encaje para transformarse en otro ser. Alvin no lo hace consigo pero sí transforma a Arturo. El mismo Arturo puede “hablar” con algunas aves, como lo hiciera Castaneda con un coyote.
En Fuego del Corazón, Card nos presenta a Alvin y a su esposa, en compañía de algunos amigos, luchando en contra de la esclavitud y enfrentando un juicio en Nueva Inglaterra por brujería, en la cual Alvin es el acusado. El autor muestra brillantemente -en un bello contraste-las “brujerías” que practicaba la población negra para soportar su vida en esclavitud, renunciando a su nombre y a sus pasiones rebeldes, volviéndose aparentemente dóciles y hasta estúpidos.
Una de las grandes virtudes de las obras de Orson Scott son sus diálogos, llenos de humor, tan coloquiales a veces o tan profundos otras pero siempre disfrutables.
Card es un escritor lo suficientemente flexible que se da el gusto de plasmar algunas ideas críticas sobre la libertad de expresión, como cuando recuerda que Tom Jefferson era un hombre al que le gustaba hablar de libertad, a pesar de que no hizo nada por liberar a los esclavos, mientras amaba controlar a otras personas. “¡Podías tener libertad de expresión siempre que no la usaras para oponerte a la política de Jefferson!”, dice en Fuego del Corazón.
La misma idea la podemos trasladar al contexto actual norteamericano (no hacerlo sería ignorar el presente) y suponer que los ciudadanos norteamericanos pueden tener libertad de expresión, siempre que no la usen para oponerse a la política de Bush.

Reflexiones como ésa son comunes a lo largo de esta interesante y recomendable serie de historia ficción que es Alvin Maker.

Friday, February 22, 2008

Rambo de Regreso al Infierno

De regreso a la violencia
Rambo el Guerrero Total
Ricardo Martínez García

John James Rambo (Silvester Stallone) es un soldado veterano de la guerra de Vietnam que “no lucha por su país sino por sí mismo” y que se quedó en algún lugar de Asia a vivir, pescando y viajando en su destartalado bote por las aguas del río Salween, uno de los más largos de Asia, que nace en el Tíbet, atraviesa parte de China, Birmania y Tailandia.

Se trata una vez más del famoso personaje creado por el escritor de origen canadiense David Morrell en su novela First Blood (1972), publicada cuando aún los Estados Unidos luchaban el la jungla contra el Viet Cong, y que Stallone convirtió en franquicia cinematográfica.

A veinte años de su antecesora Rambo 3 (88), un corpulento y demacrado Stallone toma la batuta de la dirección del filme y continúa con el estilo legado en las anteriores cintas: un argumento simple pero efectivo: el renegado soldado antihéroe, que ha sufrido los horrores de la guerra y que al principio se niega a ayudar a quienes se lo solicitan, pero luego convirtiéndose en la piedra angular de la salvación de aquellos, demostrando que es el guerrero total.

Stallone propone una historia que puede ubicarse casi en cualquier tiempo y lugar: un feroz ejército con oficiales crueles y tiranos que esclavizan o torturan a la población y obligan a los más jóvenes a formar parte de sus filas. Situaciones así se han dado con cierta frecuencia en Centroamérica, en África, en Europa, en Vietnam, Afganistán, Iraq, Guantánamo y en casi todos los lugares que han sufrido conflictos bélicos.

En esta cuarta película, Rambo recibe la petición de llevar a un grupo de misioneros que desean ir a un lugar inaccesible y peligroso para los civiles, y con mayor razón para los extranjeros. A regañadientes decide llevarlos, teniendo que matar a un grupo de piratas de río para lograr el objetivo.

Una vez que los pasajeros pisan tierra, Rambo regresa a su choza con la certeza de que esa misión no tendrá buen fin, cosa que se verifica con la presencia de un ministro religioso en la jungla, que a su vez le solicita lleve a un grupo de rescate en busca de sus feligreses, en una situación tal como antes se la presentaba un oficial del ejército gringo y le daba instrucciones de su próxima misión, cuando el buen John lo único que quería era vivir en paz.

Sea porque Rambo se conmueve por los misioneros, porque le gustó la rubia imprescindible o porque es fiel a su doctrina de que más vale morir por una causa a vivir sin tenerla, decide conducir al grupo de mercenarios al lugar del desembarco. Los mercenarios le impiden ir con ellos pues “es un barquero”, sin saber la clase de máquina de matar que tienen ante ellos. Las cosas se complican tanto para los mercenarios como para los misioneros y sólo Rambo puede ayudarlos.

Lo mejor –o lo peor, según se vea- de la cinta son las escenas de acción, que alcanzan niveles bizarros de violencia y destrucción. Para los efectos especiales los gringos son insuperables: explosiones al por mayor, cuerpos destrozándose luego de recibir ráfagas potentísimas de ametralladora, gente corriendo, confusión, sangre mezclada con la tierra.

La fiesta de sangre y destrozos, que deja sembrada la tierra de infinidad de cuerpos, enfrenta en un momento a soldados del ejército con los de las fuerzas rebeldes, ganando éstos últimos, sin saberse si para bien o para mal, lo cual para efectos de la cinta no es lo importante.

La cinta es ante todo espectáculo pirotécnico de gran nivel, no apología de algún bando, a menos que se quiera verla como una cinta anti violencia que muestra las consecuencias de ella.
Rambo dice en algún momento que las misiones religiosas “no cambian nada” a menos que “traigan armas”, lo cual equivale a que vayan unidas a contingentes armados (como podrían ser los cascos azules, que también tienen sus travesuras), y al final su único comentario es “así son las cosas” mostrando una acrítica aceptación del estado bélico de las cosas humanas, como diciendo “¿para qué nos molestamos en averiguar las causas de éste o aquel conflicto, si de todas maneras no vamos a poder cambiar nada?”.

Uno podría imaginar al personaje, luego de la batalla, viviendo plácidamente a la orilla del gran río, cazando peces con su arco, y recordando lo relacionado con el rescate como si fuera una pasajera pesadilla. Pero no, decide regresar a Arizona, al american way of life, donde probablemente todavía vive su viejo padre, en un rancho que pudiera ser el de Bush en Texas, sólo que un poco más humilde. ¡Qué cambio, de la jungla al rancho!

Thursday, February 21, 2008

El Viaje de la Nonna

¡Qué bonita familia!
Ricardo Martínez García

Emotiva, alegre, absurda, divertida, engañosa, así es El Viaje de la Nonna, película de todos los que la hicieron pero dirigida por Sebastián Silva y coproducida por el Fidecine y Artecinema.

Nietzche decía que había que ser muy fuerte para seguir hasta sus últimas consecuencias una mentira, y que por ello pocas personas sabían mentir bien. Tomadas así las cosas, el cine de ficción es un ejercicio sobre algo que no es –una de las acepciones de mentira- y que pretende serlo hasta el final, pero el descubrimiento del engaño puede ser decepcionante o catártico.

El cine apela a la imaginación y a la complicidad del espectador para crear en él un mundo de fantasía que parece o es más feliz que el real, porque lo sustituye y elimina problemas.

Sabedores de esto, los hijos de María (la primerísima actriz Ana Ofelia Murguía), ante las enormes dificultades y riesgos de salud que implicaría llevarla a Italia, como es su deseo antes de morir, pues su difunto esposo nunca la llevó, deciden montar un escenario fílmico italiano en Jajalpa o un lugar así -con todo y extras-, y filmar el viaje ficticio a Italia.

Los jocosos problemas para mantener la absurda farsa se presentan cuando las dificultades de producción se vuelven demasiado notorias, incluso para alguien que comienza a olvidarlo todo, como María. Llega un momento incluso en que lo están pasando tan bien en la construcción del ambiente italiano del pueblo, con fallas y todo, que los hijos se olvidan de María, cuando efectivamente -al menos por un momento- ella cree estar en el pueblo donde nació su esposo Gaetano, ya fallecido.

La cinta es una bella e interesante alegoría sobre dos temas capitales en nuestra sociedad: la familia y el papel de los deseos individuales. En el primero, se muestran los cotidianos problemas que viven los miembros de una familia clasemediera (como también lo hizo recientemente la cinta de Alejandro Springall Morirse está en Hebreo), cada uno con un universo propio (el hijo adicto al trabajo, el hijo adicto al alcohol, la hija tres veces divorciada, la nieta con inclinaciones sexuales por su mismo sexo, etcétera), pero cuyo núcleo unificador es precisamente María.

El segundo tema, el de los deseos individuales que tienen su verificativo no en la realidad sino en la apariencia o la imaginación (“el hecho de que no te acuerdes de haber ido al mar no significa que no hayas ido”, le repiten a María, quien al final le agradece a sus hijos el enorme ejercicio de la apariencia, pues “pocas veces me había reído tanto”), la cinta lo convierte en un homenaje al poder lúdico e imaginativo del cine y en una reafirmación del poder unificador de la familia.

La película resulta ágil y divertida en la medida en que el espectador se siente parte del “secreto” de la pretensión de estar en Italia pues ve el esfuerzo de algunos por aparentar ser de la península con mejores o peores resultados. Los extras tienen que jugar dobles papeles y María, que si bien es olvidadiza no es tonta, pronto se da cuenta del engaño pero decide seguirles el juego, lo cual mete en cómicos apuros a sus hijos.

El juego de la película consiste en hacer una película dentro de otra, en la que todo se vale porque lo que al fin está en juego es la imaginación.

El guión y la historia son obra de Sebastián Silva y Antonio Armonía y es un trabajo de propuestas sencillas y por ello disfrutable. Mariana Gironella también participó en el guión. Por otra parte, Silva es un destacado guionista que ha trabajado recientemente con Julian Schnabel.

Las actuaciones de Verónica Langer, Rodrigo Murray, Julio Bracho, Martín Altomaro (lejos de aquellos que se mandan solos), Jimena Ayala, José Carlos Rodríguez, Jorge Zárate (que con una actuación sumamente graciosa como cantante italiano representa, en una escena colectiva, el clímax lúdico de la cinta) y Cecilia Suárez (siempre simpática y oportuna), son muy solventes, están bien dirigidos, su trabajo hace sentir al espectador como en familia, de tan conocidos que son.

De hecho en la industria del cine mexicano, por ser pequeña, es posible observar cómo se desarrollan las familias cinematográficas que trabajan en él. Está la familia a la que pertenecen los actores mencionados, está la relacionada directamente con las televisoras productoras de telenovelas, la de los consagrados (Armendariz, Alcázar, Jesús Ochoa y otros), la de los independientes, la de los excluídos o aislados en el teatro y la de los que ya la hicieron (Diego, Gael, Salma) y que se cuecen aparte.

Ante tal panorama no queda de otra que exclamar ¡Qué bonitas familias!

Tindersticks de regreso

Luego de los trabajos solistas de Stuart Staples
Tindersticks está de regreso

Ricardo Martínez García

A cinco años de haber lanzado Waiting for the Moon, el grupo Tindersticks pondrá a la venta en Inglaterra The Hungry Saw, su más reciente trabajo, el próximo 28 de abril.

El compositor, cantante y líder de la banda -con la cual ha realizado una carrera musical de más de doce años- Stuart Staples, decidió poco antes del 2004 que estaba listo para sacar a la luz algunas ideas musicales que compuso y conformó al parejo de su trabajo con el grupo.

Dichas ideas musicales le alcanzaron, hasta ahora, para un par de discos excepcionales: Lucky Dog Recordings 03-04, lanzado a mediados del 2005, y Leaving Songs puesto a la venta un año después. Sin exagerar, se trata de dos trabajos que muestran el alma, la esencia íntima de Staples, y por ende de los Tindersticks.

El lanzamiento de estos espléndidos álbumes en solitario de Staples (aunque en su grabación siempre estuvo acompañado por músicos exepcionales) hicieron sospechar a los fans de los Tindersticks que el grupo, creador de una maravillosa música de gran nivel artístico, había llegado a su fin. Afortunadamente no fue así. Los dos trabajos representan ante todo la expresión más personal, introspectiva y profunda del músico y compositor originario de Nottingham.

En el caso del Lucky Dog Staples comentó en su página web que el disco está compuesto de loops accidentales de piano, mayormente tocados por él mismo, (los loops son samples sincronizados que ocupan generalmente uno o varios compases musicales y son reproducidos enlazados en secuencia, dando la sensación de continuidad), y de “ideas viejas de trombón, fragmentos de ritmos y zumbidos”; dichos fragmentos ofrecen un gran ejemplo del minimalismo que prevalece en la composición, como por ejemplo en la instrumental “Dark Days” y en la melancólica, tal vez la mejor canción del álbum, “People Fall Down”.

Staples contó para este primer álbum con la colaboración de David Boulter en el órgano y el harmonio en casi todas las canciones, del guitarrista Neil Fraser (ambos compañeros suyos en Tindersticks) quien junto con Stuart ejecutó los bajos para “Say something now” y “Shame on you”, de Terry Edwards en el saxofón, del baterista Thomas Belhom, y de Yan Tiersen quien tocó el piano en “She don´t have to be good to me”.

También colaboraron dos miembros de los Tiger Lillies, el baterista Adrian Huge y el bajista Adrian Stout, quienes tocaron la base rítmica de “People Fall Down”, y además Gina Foster con su voz en algunas piezas.

En cuanto al Leaving Songs, las estructuras de las canciones son un poco más convencionales que las del Lucky Dog, que es más experimental y oscuro. Son notables por su belleza y compenetración los arreglos de cuerdas y metales, así como los coros y dúos con voces femeninas, como el de Lhasa de Sela en “That Leaving Feeling” y el de Maria McKee en “This Road is Long”.

Grabado en el estudio del productor Mark Nevers en Nashville en abril del 2005, Staples volvió a contar con la colaboración de Neil Fraser (guitarra), David Boulter (piano y órgano), Thomas Belhom (batería) y Volker Zanda (bajo) quien toca habitualmente con Calexico.

Staples escribió en su página que Leaving Songs trata de canciones escritas “en el límite entre abandonar las cosas que amé y entrar a un nuevo tipo de vida, tanto musical como personalmente. Siempre estuve consciente de que esas canciones eran el fin de algo, algún tipo de círculo que se cierra al escribir y que comencé hace mucho y que sabía que tenía que cambiar”.

Staples tiene una voz especial, profunda y de bajo tono como de barítono, que recuerda a la de Tom Waits o la de Nick Cave, pero no tan rasposa como la del primero ni con el rango del segundo.

El aspecto físico de Stuart, curiosamente, no corresponde con lo que evoca su voz, pues es de complexión delgada, con cierto aire de Michael Cain de joven (cuando protagonizó Alfie). No obstante lo anterior, posee una voz fuerte, a veces algo gutural pero que le ha servido como instrumento para expresar las nostálgicas, a veces tristes o emotivas, pero siempre interesantes letras de sus dos discos en solitario.

El nuevo y esperado disco de Tindersticks fue grabado en el estudio francés propiedad de la banda Le chien chanceux, algo así como El perro afortunado. La formación actual del grupo cuenta con solo tres de sus miembros originales: el propio Staples, David Boutler y Neil Fraser, y ahora han subido a bordo Thomas Belhorn en la batería y el bajista Dan McKinna, cuya colaboración en los discos solistas de Staples fue bastante activa.

En myspace.com/tindersticksofficial se puede bajar y escuchar gratuitamente The Flicker of a little girl, una muestra de lo que vendrá a finales de abril.

Thursday, February 14, 2008

El Ojo del Mal

El ojo malvado
Ricardo Martínez García

El problema de realizar un remake es que el argumento ya es conocido, por lo que la nueva versión, en este caso la producción norteamericana llamada “El Ojo del Mal”, (The Eye, 08) protagonizada por Jessica Alba, tendría que aportar algo más a la original, y no lo consigue del todo.

En 2002 los hermanos hongkoneses Danny y Oxide Pang lanzaron su cinta “El Ojo”, producción de Singapur y Hong Kong, en la que narran la historia de una joven ciega que recibe las córneas de otra joven en un trasplante. El problema surge cuando la receptora comienza a ver extrañas y oscuras figuras humanoides que se acercan a los moribundos y se los llevan. Naturalmente horrorizada, con su vida vuelta de cabeza, Mann (así se llamaba aquella chica ciega) decide investigar la procedencia de sus córneas, y descubre que provienen de la tailandesa Ling, quien había muerto por propia mano debido al rechazo social generado por la equivocada manera de interpretar su siniestro don, ver cuándo se acercaba la muerte a las personas.

En el remake, las acciones se sitúan en Los Ángeles, lugar de residencia de la violinista ciega Sydney (Jessica Alba), que recibe las córneas de una chica mexicana acusada de bruja -por el horrible don de ver a la muerte- en una comunidad al norte de México, donde vivía hasta que se suicidó.

Jessica Alba, que no luce tan hermosa como en Los Cuatro Fantásticos, realiza una actuación aceptable, aunque pudo ser mucho mejor; los efectos especiales son predecibles pero, aún así, pueden arrancar uno que otro verdadero escalofrío.

Los directores de esta nueva versión, los franceses David Moreau y Xavier Palaud, realizadores de la cinta de terror y angustia Them (06), explotan una estética cinematográfica interesante: colores oscuros o sepia en escenas clave, flasbacks y elipsis oportunas con escenas vertiginosas.

El subtítulo “El Ojo del Mal” sugiere un ojo, o un par de ojos, malvado o satánico, cuando en realidad se trata de un don terrible que quien lo posee, en este caso Sydney, no logra comprender y cuando lo hace lo utiliza para salvarle la vida a mucha gente. No es por lo tanto un ojo maligno, es simplemente un ojo que puede ver y anticipar hechos lamentables, y que al hacerlo se vuelve bueno.

A fin de cuentas se trata de un entretenido filme que recomendamos sobre todo para los que no hayan visto la cinta de los hermanos Pang. Ojalá que el título no sea de mala suerte, como lo sería si lo hubieran titulado “El mal de ojo”.

Sunday, February 10, 2008

El ritmo básico y sustancial de Sly y Robbie
Ricardo Martínez García

Sly Dunbar y Robbie Shakespeare unieron sus carreras en 1975 y desde entonces han formado una de las más exitosas mancuernas en la industria musical no sólo de Jamaica sino del mundo, colaborando con gente como Peter Tosh, Bob Marley, Gregory Isaacs, Ian Dury, Bob Dylan, los Rolling Stones, Grace Jones o Cindy Lauper.

Sly y Robbie, ambos originarios de Kingston, Jamaica, han puesto su ritmo y talento musical tocando la batería y el bajo, respectivamente, en una cantidad enorme de trabajos musicales de gran variedad de artistas del rock y del reggae, que han solicitado sus servicios tanto en el estudio de grabación como en presentaciones en vivo.

Estos músicos, destacados en un ámbito musical en constante movimiento como es el reggae, enriquecido con ritmos como el rocksteady, el dancehall y el ska, han marcado tendencias y han sido inspiración tanto en el rock como en la música pop de todo el mundo.

Lowell Filmore “Sly” Dunbar (1952) comenzó a tocar la batería, que ejecuta con maestría, contundencia y precisión, cuando aún era adolescente, a finales de los sesenta, desde que formó parte de grupos como The Yardbrooms, RHT Invincibles, The Upsetters y Skin, Flesh & Bones.

Su talento natural lo supo aprovechar ampliamente el productor, mezclador y compositor Lee “Scratch” Perry, quien produjo grabaciones de Bob Marley and the Wailers, de The Clash, Gregory Isaacs, Mad Profesor, entre otros.

Por su parte, Robbie Shakespeare (53), bajista creador de ritmos hipnóticos, dinámicos, contundentes e imaginativos, hizo sus primeros trabajos con The Hippy Boys y luego como músico de estudio para Bunny Lee, quien producía a su propio grupo, The Aggrovators.

En 1975 el productor JoJo Hookim los reunió en su grupo de estudio The Revolutionaries, iniciando así una asociación que ha generado una base musical realmente trascendental para decenas de artistas. El primer beneficiado fue Jimmy Cliff en su Follow my Mind de ese mismo año.

En aquellos inicios se les pidió que trabajaran en el álbum del cantante francés Serge Gainsbourg Aux Armes et Caetera. Tal petición les resultó extraña por su propia juventud, pero su trabajo era tan bueno que participaron en el siguiente disco del cantante galo y además fueron contratados para acompañarlo en su gira francesa.

En 1976 Sly y Robbie colaboraron con el grupo Culture en el clásico del root Two Seven Clash. Se unieron también a la gira del DJ U-Roy que realizó por el Reino Unido, ganando cada vez más reconocimiento.

A finales del 76 comenzaron a trabajar con Peter Tosh y con Leroy Smart. Tanto talento pronto produjo en los músicos la idea de crear una banda de estudio y su propio sello discográfico, el cual fue llamado Taxi Records.

Black Uhuru y Gregory Isaacs fueron de los primeros en grabar con los músicos de estudio del sello Taxi, quienes se hicieron llamar The Taxi All Stars y que conjuntaba naturalmente a miembros de las bandas de Sly y Robbie.

A finales de los setenta se hicieron llamar The Riddim Twins y participaron en memorables álbumes. Existen varias compilaciones de sus primeros trabajos, como por ejemplo Sly & Robbie Present Taxi que trae piezas de Dennis Brown, Gregory Isaacs, General Echo y Max Romeo, entre otros. Está también Taxi Fare del sello Heartbeat y los Sounds of Taxi Vol. 1 al 3 (84), las cuales muestran de forma magnífica el trabajo del dúo.

Su colaboración más duradera fue con el grupo Black Uhuru, tocando en seis de sus discos y en presentaciones en vivo, cuando Uhuru abría para los Rolling Stones.

Shakespeare y Dunbar han colaborado con su sustancia musical prácticamente con todos los grandes de Jamaica, pero también con otros grandes: artistas como Gussie Clarke, Clive Jarret, Marcia Griffiths, Joe Cocker, Herbie Hancock, Robert Palmer, Bob Dylan y los Rolling Stones. La importancia que tuvo el trabajo de Sly y Robbie en el surgimiento de Gregory Isaacs como uno de los grandes del reggae, de Black Uhuru, Peter Tosh y otros es invaluable.

La pareja de músicos no se limitó a producir y tocar con otros músicos sino que continuaron con sus proyectos personales. Tienen en su haber más de treinta discos propios hasta ahora, sin contar compilaciones, siendo el más reciente Padlock (07).

El dúo también ha hecho algunos soundtracks: para las películas Club Paradise, Buffy the Vampire Slayer y Third World Cop. Se dice que han grabado cerca de doscientas mil canciones, pero lo cierto es que Sly y Robbie son una de las asociaciones musicales más prolíficas e influyentes de la música popular de la actualidad.

Thursday, February 07, 2008

Cloverfield

Nuevos enemigos: monstruos de ficción

Ricardo Martínez García

El ataque a la paradigmática sociedad de la libertad ahora es de origen extraterrestre o sobrenatural, tal como lo muestra la cinta Cloverfield con un monstruo de origen desconocido que arranca la cabeza a la Estatua de la Libertad y la arroja contra los edificios.

Dirigida por Matt Reeves, conocido por su trabajo en series de televisión como Felicity y Gideon´s Crossing y viejo colaborador del productor y director J. J. Abrams (que ha dirigido Misión Imposible 3 y episodios de la serie Lost), la película es como un viaje en una montaña rusa visual: escenas cotidianas de una fiesta que se entremezclan con el horror de ver destruida la ciudad de Nueva York (mucho más fílmica que realmente) por un ser gigantesco que, además, genera pequeños monstruos-araña que invaden sus calles.

El ataque terrorista al estilo de Al Qaeda parece haber sido superado por el guionista de esta película, para colocar el origen del mal en una criatura de ficción, tal vez con el involuntario efecto de olvidar o minimizar las acciones bélicas que, aún ahora, lleva a cabo el ejército gringo en Irak.

El responsable del argumento es Drew Goddard, guionista de la serie Buffy the Vampire Slayer y también de uno que otro episodio de Lost, quien realiza un trabajo minimalista pero de gran fuerza, parecido en cierto modo al argumento de Aliens Vs Depredador 2.

Nadie sabe qué es ni de dónde viene, pero lo cierto es que este monstruo es mucho más destructivo que cualquier ataque terrorista y que cualquier Godzilla post atómico. Su aparición pone a prueba la solidaridad y la amistad de un pequeño grupo de amigos ante la inminente, incomprensible y monumental tragedia urbana.

Si el adjetivo “surrealista” no se usara para ciertas corrientes artísticas, Cloverfield sería una película digna de tal epíteto. Las escenas que se muestran, a manera de un video documental de aficionado grabado en una cinta usada, son vertiginosas y pesadillescas: inician con las habituales escenas de cualquier fiesta: gente divirtiéndose, chismorreando, flirteando, embriagándose.

Sin perder la continuidad de una cinta recuperada que va corriendo, todo cambia repentinamente en la fiesta cuando la ciudad se estremece y comienza la destrucción por parte del increíble monstruo.

El desconcierto y la alarma cunden por todos lados, aunque se extraña no ver a gente histérica gritando ante tamaña situación. Unos amigos se unen en torno a Rob, recién nombrado vicepresidente de alguna empresa que desea rescatar a su novia recién tronada.

La otra cara de la moneda

Como entretenimiento o como diversión esta película es realmente original, amén de sus excelentes efectos (aunque la cámara por su movilidad puede llegar a marear a algunos espectadores). El espectador siente en carne propia la angustia de los protagonistas, producto del enfrentamiento con seres de una fuerza desconocida muy superior a la de ellos.

La idea de que el argumento intenta olvidar o minimizar las consecuencias de los ataques del 11 de septiembre del 2001 arranca del hecho de que las acciones se ubican en Nueva York y del ataque a la simbólica Estatua de la Libertad. Uno no puede menos que preguntarse: si hubiera un monstruo así, ¿por qué estaría interesado en arrancarle la cabeza a tal símbolo patrio gringo?

En una entrevista para hoycinema.com el productor J. J. Abrams señaló: “Vivimos en un tiempo de temor y creo que tener una película tan extravagante en la que un monstruo ataca Nueva York permite a la gente canalizar y experimentar el tipo de miedo con el que está viviendo. Quiero experimentar ese tipo de emociones pero a la vez no quiero ver películas acerca del terrorismo o de la guerra”. En otras palabras, el productor tiene claro que el público requiere de emociones fuertes, pero no necesariamente de las producidas por el gobierno de Bush.

Esta película representa la otra cara de la moneda de cintas que directa o indirectamente abordan -de manera crítica y reflexiva- el tema de la guerra posterior al ataque terrorista del 2001 y sus consecuencias, tal como En el Valle de las Sombras (04) de Paul Haggis.

Ya se prepara la segunda parte de esta entretenida cinta, a estrenarse el año próximo. La publicidad anuncia a esta película como una de las mejores del año, lo cual es ridículo si consideramos que estamos apenas en febrero; lo que sí se puede prever es que es una de las que prometen mejores resultados en taquilla, lo que a fin de cuentas es lo que le importa a la industria.

Thursday, January 31, 2008

El Amor Platónico

Las razones amorosas de Diótima

"El amor es una amistad con momentos eróticos."
Antonio Gala


Ricardo Martínez García


El día del amor y la amistad es un día especial. Se trata de un día que todos, de alguna manera, celebramos o al menos notamos. Compras de tarjetas o muñecos de peluche, globos metálicos y reuniones con la pareja o los amigos caracterizan esta celebración.
El fenómeno amoroso lo vivimos de acuerdo a lo que experimentamos y lo que asimilamos a lo largo nuestras vidas.

Nadie puede dudar de que nuestras primeras experiencias amorosas tienen su origen en nuestros padres que, desde que éramos bebés, nos hacen la vida fácil y llevadera. En esa época de nuestras vidas ellos nos cuidaron y protegieron, nos alimentaron y educaron.
Pero apenas comienza la adolescencia, y con ella el desarrollo físico y la fiesta de las hormonas, ya no nos basta con ese amor incondicional y paternal. Todo ese amor, que nos gustaba tanto, de pronto cambia, casi siempre para mal, que incluso en ocasiones lo vivimos como una carga o un estorbo del que nos avergonzamos y abochornamos.

En la adolescencia, nuestra recién inaugurada necesidad de independencia es más fuerte que el amor de nuestros padres, que sufre un desaire como pocos. Es normal, y también es normal que luego de cierto tiempo volvemos a quererlos, de manera diferente, sí, pero los seguimos queriendo.
Mientras tanto, nuestro “amor” (o cualquier cosa que hayamos creído que era ese amor) se enfocó en una solo persona, en un amigo o amiga, en unos pantalones viejos, en unos sucios tenis, en una patineta o bicicleta, en un peinado.
¿Qué ocurrió en esa transición de la infancia a la pubertad? ¿Qué hace que de repente nos descubran haciendo bizcos y contándole las pestañas a alguien mientras la miramos? ¿Qué nos mueve a solicitar información sobre direcciones, teléfonos, gustos, y si esa persona está disponible? ¿Qué nos lleva a ser “comunicativos” –por no decir chismosos- cuando siempre nos conocieron como pertenecientes al grupo de las “personas serias”?
He ahí unas cuantas preguntas sobre la naturaleza cotidiana y habitual de eso que llamamos amor.
La esencia del amor, su definición o concepto, es algo que se ha buscado desde que el género humano existe. Hay por supuesto miles de respuestas, dependiendo del tiempo, la cultura, el lugar y el humor, de lo que es el amor, y casi todas están entre sí relacionadas.
A mí me gusta especialmente la forma en que es examinado el amor en el diálogo platónico llamado “El Banquete”, también llamado “Symposyum”. El diálogo narra una reunión de amigos en una de esas convivencias griegas, muy comunes en aquella época, en las que los convidados discutían sobre algún tema particular mientas comían y bebían (sobre todo esto último, lo cual es una costumbre que no se ha perdido, imagínense: ¿qué sería de una fiesta sin alcohol?).
Al dicho Banquete asistieron diferentes personajes. Cada uno de ellos representa una opinión específica – que aún podemos hallar ahora- ante la cuestión sobre lo que es el amor. Tales posturas son discutidas por los participantes con una cada vez más notoria desinhibición hacia el tema, fruto del constante consumo de los buenos vinos griegos. Seguro que todos han notado cómo en las fiestas el alcohol hace que –en apariencia- todos se diviertan más, claro que si hay exceso entonces ya no hay desinhibición sino intoxicación y entonces la diversión la ofrecen los intoxicados.
El primer personaje en exponer su opinión es Fedro, que tiene un punto de vista a todas luces mítico. Señala que el amor es el “dios más antiguo, el más grande y admirable”, que es un dios que otorga virtudes y valores, esenciales para la convivencia social. El amor, para Fedro, es ante todo el respeto hacia los demás. “¿Respeto?”, preguntará alguno de ustedes, “Pero si lo que quiero es que nos faltemos al respeto, mamita”, dirá otro más audaz.
Es evidente que el respeto del que habla Fedro es aquel del cual dependen algunos valores como la confianza y la fidelidad, la intimidad compartida y la visión de una vida fundada en el compromiso. Veamos qué dicen los demás.
El segundo en exponer sus ideas es Pausanias, quien con el mismo tono mítico recuerda que el amor o Eros está muy ligado con la diosa Afrodita, pero como hay dos Afroditas entonces hay dos tipos de amor: el primero, perteneciente a Afrodita Pandemo, es el amor vulgar y azaroso, mientras que el otro, el de Afrodita Urania, es el amor bello y virtuoso. Así, el amor para Pausanias cuenta con una doble cualidad: el amor vulgar y el virtuoso.
Erixímaco, tercero en exponer sus opiniones y siendo médico, sostiene una explicación más orgánica (casi científica) que mítica: señala que la constitución de los cuerpos contiene en sí un “doble amor”, pues existe “el estado sano del cuerpo y el estado enfermo”. Lo que en realidad propone Erixímaco es una dualidad en la naturaleza, no sólo del amor que para él es meramente físico, sino de todas las cosas naturales.
Tal dualidad conduce a la atracción de los contrarios, como en el caso de los sexos para la reproducción. Como puede observarse, la explicación se enfoca en un aspecto del amor específico con un argumento un tanto forzado.
El comediante Aristófanes, otro de los convidados, sostiene, en tono de guasa y de manera ingeniosa, que el poder del amor era inmenso, que al principio del tiempo había tres tipos de seres humanos: los masculinos, los femeninos y los andróginos. Cada uno de estos seres tenía dos cabezas, cuatro brazos, cuatro piernas. Según contó, eran tan poderosos que los dioses, envidiosos y temerosos de ellos, decidieron separarlos y alejarlos unos de otros, condenándolos a buscar incansablemente a su “otra mitad”.
La felicidad, según eso, consiste en reencontrarse y volver a ser un ser completo. Eso explicaría la atracción de hombres hacia otros hombres o mujeres a otras mujeres y finalmente de un hombre a una mujer (es decir, los seres andróginos o heterosexuales).
En su turno, Agatón contradice a Fedro en cuanto que el amor no es el más antiguo de los dioses sino el más joven, que tiene una forma flexiva, que la virtud del amor es igual tanto con los hombres como con los dioses, que es carente de violencia y que no hay mayor placer que el amor. Sería difícil estar en contra de sus argumentos.
Finalmente le toca el turno a Sócrates. Señala primero que los argumentos anteriores para describir al amor han sido básicamente adjetivos calificativos: que si el amor es bueno, bello, virtuoso, unificador, etcétera. Luego, Sócrates afirma que todo lo que sabe sobre el amor se lo debe a una mujer llamada Diótima con la que conversó alguna vez.
En la charla con Diótima Sócrates se dio cuenta de que en todos los casos el amor puede ser considerado tanto bello como feo, virtuoso como vulgar, unificador como separador, etcétera, pero que entonces es necesario comprender su naturaleza como algo intermedio entre los extremos.
Sócrates intenta señalar tanto la naturaleza del amor como su probable utilidad. Primero, el amor es amor a algo, a algo que no se posee; se desea aquello que no tenemos o que necesitamos. El amor no es un dios sino un genio o démon, es decir un estado emotivo, algo intermedio entre la divinidad y la humanidad que se dirige a la belleza y ésta prefigura al bien.
El amor también es deseo de vencer a la muerte con la generación de descendencia. Si el amor es amor por la belleza, comienza por la belleza sensible y asciende hasta llegar a la belleza de la sabiduría.
Diótima le explica a Sócrates el origen de Eros de la siguiente manera:
“Siendo hijo de Poros y Penía, Eros (como los griegos llaman al amor) se quedó con las siguientes características. En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es más bien duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por tener la naturaleza de su madre.
“Por otra parte, de acuerdo a la naturaleza de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, filosofa a lo largo de toda su vida, y es un charlatán terrible, un embelesador y un sofista (conozco a varios así). No es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino que en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la abundancia, y otras muere, pero recobra la vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre. Mas lo que consigue siempre se le escapa, de suerte que Eros nunca ni está falto de recursos ni es rico, y está, además, en el medio de la sabiduría y la ignorancia.
“Por otro lado, los ignorantes ni filosofan ni desean hacerse sabios, pues en esto estriba el mal de la ignorancia: en no ser ni noble, ni bueno, ni sabio y tener la ilusión de serlo en grado suficiente. Así, pues, el que no cree estar necesitado no desea tampoco lo que no cree necesitar.
“La sabiduría, en efecto, es una de las cosas más bellas y Eros es amor de lo bello, de modo que Eros es necesariamente amante de la sabiduría [filósofo], y por ser amante de la sabiduría está, por tanto, en medio del sabio y del ignorante”.
¿Cómo la ven desde ahí? Resulta evidente que para Platón el máximo objeto del amor es la sabiduría, pero ¿dónde quedó el amor de pareja?
El amor no está entonces en el objeto amado sino más bien en el acto de amar. El filósofo ama la sabiduría, el ignorante ama sus pasiones (o sus debilidades). El amor entre la pareja busca la reproducción esencialmente. Dice Diótima:
“Se cuenta una leyenda según la cual los que buscan la mitad de sí mismos son los que están enamorados (evidentemente se refiere a lo expuesto por Aristófanes), pero, según mi propia teoría, el amor no lo es ni de una mitad ni de un todo, a no ser que sea, amigo mío, realmente bueno, ya que los hombres están dispuestos a amputarse sus propios pies y manos, si les parece que esas partes de sí mismos son malas. Así que, en verdad, lo que los hombres aman no es otra cosa que el bien”.
Dicho amor, afirma Diótima, tiene una acción especial: un impulso creador, tanto en cuerpo como en alma. “La unión de hombre y mujer es, efectivamente, procreación y es una obra divina, pues la fecundidad y la reproducción es lo que de inmortal existe en el ser vivo, que es mortal”.
El problema para entender el fenómeno del enamoramiento, al menos para aquellos de nosotros que somos hijos educados con la ideología amorosa transmitida a través de la mercadotecnia, que nos vende ideas o modelos de lo que es lo bello, y que no necesariamente tienen que ver con las características estéticas presentes en la mayoría de la gente, es precisamente despojarnos de esos modelos estéticos irreales. Alcanzar a ver en las personas con quienes tratamos todos sus valores, pero sobre todo la belleza de su bondad.
Estar enamorado significa para mí tener la idea, clara y fuerte, de que alguien, por sus virtudes, vale completamente la pena tenerla como compañera o compañero de la vida (según sea el caso). Y ese enamoramiento dura mientras la idea se sostenga y esté vigente, es decir, mientras creamos en ella. El amor es una creencia.
Por otra parte, si el amor más alto es el amor a la sabiduría, ¿en dónde encontramos dicha sabiduría? En la experiencia de la vida y en lo que podemos sacar en limpio de ella; pero también en la literatura, en los escritos sapienciales presentes en todas las culturas del mundo.
Por poner un ejemplo, en el texto judío del Talmud se encuentran los “Dichos de los Padres” (o los Pirke Aboth) donde hay una frase que sintetiza una sabiduría que de tan profunda parece simple, y que se le atribuye al sabio Hillel:
“Solía decir: a más carne, más gusanos; a más riqueza, más preocupaciones; a más
mujeres, más brujería; a más doncellas, más lujuria; a más sirvientes, más robo;
a más Torá, más vida; a más aplicación, más sabiduría; a más consejo, más
comprensión; a más caridad, más paz”.1


1 Bloom, Harold, Dónde se encuentra la sabiduría, Santillana Ediciones, Barcelona, 2004.