Saturday, June 28, 2008

El Fin de los Tiempos


Una metáfora ecologista
Ricardo Martínez García
M. Night Shiamalan escribe, produce y dirige El Fin De Los Tiempos (The Happening, 08) cinta apocalíptica-ecológica cuyo contexto post 11-S le da un aire inquietante, de histeria colectiva que se dispara a la menor provocación, pero cuyos alcances, más allá de Norteamérica, blanco súper natural de actos del terrorismo yihadista, ahora abarca todo el planeta.

En un día cualquiera, las personas que pasean en Central Park en Nueva York (como frecuente escenario de los peores desastres) comienzan a paralizarse, algunos a matarse o suicidarse, aparentemente sin causa alguna.

Las hipótesis que se manejan para explicar tan extraño fenómeno van desde el natural atentado terrorista y hasta la invención de nuevas y tremendas armas químicas elaboradas por el propio Pentágono.

Elliot (Mark Whalberg) es un profesor de métodos científicos en una preparatoria que tiene que lidiar con su esposa Alma (Zooey Deschanel, hermana menor de la famosa Emily, protagonista de la teleserie Bones), cuidar de Jess, hija de su amigo Julian (John Leguizamo), y con la histeria colectiva y el desconocimiento ante los hechos que, poco a poco, se revelarán como algo de mayor magnitud que un atentado terrorista.

Ante las muertes que se multiplican y confirman en varias ciudades del extremo norte de la costa Este norteamericana, la histeria colectiva induce a la población a buscar refugio en zonas rurales. Para entonces se maneja la hipótesis de que son las plantas las que sueltan sustancias tóxicas para protegerse, sustancia que resulta fatal para los seres humanos.

La parte espeluznante de la cinta comienza con la llegada de Elliot, Alma y Jess a una casa en lo profundo de la campiña, donde una anciana señora, acostumbrada al aislamiento y a suponer todo tipo de fechorías por parte de los extraños, les da alojamiento, pero sus costumbres son bastante inquietantes.

En tal aislamiento la pareja replantea su amor, mientras son víctimas del azote de un viento asesino, invisible enemigo mortal de los seres humanos.

El mensaje de la cinta no puede ser más claro: hemos atentado tanto y desde hace mucho contra los organismos vegetales que éstos han comenzado a defenderse. Ojalá fuera así, pues al menos en la ficción el planeta verde tendría una oportunidad, cosa que el afán destructor que tenemos los seres humanos no da pie ni siquiera a su defensa. Y si no, hay que ver los índices de deforestación en el Amazonas, o en cualquier otro lugar que tiene verdor vital.

El Super Agente 86

Maxwell Smart regresa por sus (escasos) fueros

Ricardo Martínez García

Al principio de la cinta dirigida por Peter Segal El Super Agente 86 (Get Smart, 08), el famoso personaje creado para la televisión por Mel Brooks, aparece un tanto desdibujado: es una mezcla de un afeminado y meticuloso aspirante a espía que gusta de escuchar la música de Abba y de un obsesivo-compulsivo que necesita apuntar todo en pequeños papelitos para no olvidar nada, manía que recuerda al personaje de Monk.

Conforme avanza la película, el agente 86 va definiendo su personalidad, y cada vez el espectador se familiariza más con este aparentemente inepto agente de Control, aquella vieja (y ficticia) organización de contraespionaje que junto con la CIA y otras agencias gubernamentales son las encargadas de velar por la seguridad nacional de los Estados Unidos, en contra de la otra mítica organización del mal llamada Caos.

El personaje que ahora interpreta en la pantalla grande el actor y comediante Steve Carrel puede ser del todo desconocido y poco atractivo para los adolescentes actuales, pero para aquellos que llegaron a ver la serie de televisión de los sesenta –protagonizada por Don Adams y Barbara Feldon- y que se transmitió en México, con un excelente trabajo de doblaje encabezado por Jorge Arvizu “El Tata”, seguramente les traerá gratos recuerdos.

Maxwell Smart es un recopilador y analista de información confidencial cuyo meticuloso trabajo a pocos de sus compañeros realmente interesa, pero tiene la aspiración de convertirse en agente a cargo de peligrosas misiones.

Luego de aprobar su examen de espía, Smart es comisionado para trabajar con la agente 99 (Anne Hathaway, sin duda de lo mejor de la cinta, así como la Feldon lo era de la serie televisiva) en un peligroso trabajo en Rusia para desmantelar una operación que involucra armas nucleares.

Luego de las infaltables torpezas de rigor, de una sesión de gimnasia que es un guiño a la cinta La Trampa (Jon Amiel, 99), por la escena donde Catherine Zeta Jones le muestra a Sean Connery cómo evade los rayos láser cruzados de una alarma, y de una graciosa competencia de baile, los agentes de Control aparentemente logran desarticular los planes de Caos para desestabilizar el mundo.

Luego de traiciones de agentes dobles infiltrados en Control, del descrédito del agente 86, de su encarcelamiento y escape, éste logra llegar a tiempo a Los Angeles para salvar a un presidente dormilón e inculto (James Caan, excelente personificando a Bush) y conquistar a la reticente agente 99.

A pesar de sus buenos momentos, la cinta adolece del mal de aquellas que están basadas en exitosas series de televisión: no logran convencer del todo a aquellos que vimos las series originales (como en el caso de Los Angeles de Charly, Misión Imposible, Los Locos Adams, ecétera). Es complicado hacer parodia de la parodia original, pero aún -y a pesar de un guión del que se mofa el propio Maxwell- así la cinta se salva por las interpretaciones de Hathaway, de Carrel, de Alan Arkin y hasta de Dwayne Johnson, como el agente doble y traidor.

La adaptación y el doblaje al español “mexicano” –tan de moda y relativamente aceptable en Shrek, Los Increíbles y otras por el estilo- tiene como resultado una comicidad forzada, poco natural y descontextualizadora, por lo que a pesar de contar nuevamente con la voz inconfundible de El Tata, recomendamos la versión en su idioma original.

Thursday, June 19, 2008

Tomaso Landolfi

Las mujeres de Tommaso Landolfi

Ricardo Martínez García

Tommaso Landolfi fue un ameno, inteligente e interesante narrador italiano, además de ensayista, dramaturgo y poeta que cultivó un estilo de vida parecido al de Byron o Baudelaire: de verdadero dandy.

De origen noble, Landolfi expresó en su tiempo su desacuerdo con el régimen fascista que se hizo del poder político y social en Italia, con Mussolini a la cabeza, hecho que lo llevó a pasar un breve periodo de tiempo en prisión. Licenciado en literatura rusa, tradujo al italiano a los escritores Alexander Pushkin y Nikolai V. Gógol, y a los poetas alemanes Novalis y Hugo Von Hofmannstahl.

Landolfi, quien nació el 9 de agosto de 1908 y murió el 8 de julio de 1979,es poco conocido en México (e incluso en su país), aun cuando se han publicado algunos libros en castellano de sus obras, como el volumen titulado Invenciones (Siruela, 1991) con textos seleccionados por Italo Calvino, La piedra Lunar (Seix Barral, 1956), Relato de Otoño (Siruela, 1992) y uno de relativamente reciente publicación editado por su hija Idolina, titulado Tres Relatos (Siruela, 2007).

Los temas en sus cuentos reflejan, como en todo escritor, un poco de sus ideas y convicciones, aun cuando cuidó de que su vida personal como tal no fuera demasiado conocida, al grado de prohibir a sus editores la publicación de cualquier dato biográfico.

La enorme atracción que sentía por el juego, una de las más fuertes aficiones en su vida, y/o las extrañas relaciones que ciertos hombres pueden llegar a entablar con algunas mujeres, son ejemplos de algunos temas que nos hablan de sus intereses.

En su relato Mano Robada, Landolfi escribe sobre los pasatiempos de un grupo de personas de sociedad, formada por intelectuales, escritores y nobles que se reúnen cotidianamente para compartir sus diversiones burguesas.

El narrador, quien ha observado en la concurrencia a una mujer sumamente hermosa y altiva, tanto que según él resultaba difícil sustraerse al deseo de sojuzgarla y hacerla recibir humillaciones, planea un juego de cartas -de ahí el título- en las que los perdedores (teniendo en mente especialmente a la mujer de aspecto soberbio) deberán desnudarse, como castigo, ante el único ganador. Como alternativa se propone una idea absurda: que quien no desee desnudarse, entonces tendrá que suicidarse (se propone tal cosa en la convicción de que nadie en su sano juicio optará por suicidarse si puede simplemente desnudarse).

El grado de introspección que alcanza el narrador es tan intenso que uno sabe qué está pensando y los cambios que le ocurren pero no en qué va a resultar todo, pues los resultados dependen de los otros, de sus decisiones inescrutables y misteriosas, en este caso de la hermosa y altiva mujer que ha inspirado tal descabellado juego, planeado con tal de verla al desnudo, despojada de toda su dignidad arropada por la vestimenta.

Esta misma introspección es llevada aún a límites verdaderamente inquietantes en el cuento La Muda, en la que asistimos a las confesiones de un individuo que hace reflexiones sobre la muerte, lo que ésta pueda significar para un condenado a ella y cómo puede o no ser un alivio para un delito tan sui generis como el que él ha cometido.

De tal modo, asistimos al proceso de atracción y seducción de una inocente jovencita que realiza este hombre, de la cual junto con él no sabemos nunca qué pudo llegar a pensar porque era muda y sólo sabemos de ella lo que nos cuenta su victimario, quien interpreta sus gestos y miradas, mientras que sí lo sabemos todo de los pensamientos del perpetrador del delito que, es necesario decirlo, bien podríamos ser nosotros mismos, de tan bien que conoce el alma humana y sus pasiones. Eso es lo inquietante del asunto, lo atrayente y lo perverso.

Como buen traductor y lector de Gógol, Landolfi se inspiró en el autor ruso y escribió otro relato titulado La Señora de Gógol que es como una síntesis sicológica del autor de Almas Muertas. Se sabe que la madre de Gógol profesaba una fuerte devoción por el cristianismo ortodoxo, y tal fe ejerció gran influencia en la personalidad de su hijo, reflejada en algunos aspectos morales de sus escritos.

Así como en algunos cuentos Gógol hace alarde de un ácido y refinado sentido del humor, Landolfi hace lo propio y en La Señora de Gógol (cuya trama condensa y sintetiza magistralmente uno de los mayores críticos literarios de la actualidad, Harold Bloom, en unas pocas pero sustanciales líneas en Como leer y por qué) el narrador, que se supone es amigo y biógrafo del escritor, nos cuenta que el genial ruso se llega a casar con una muñeca inflable, a la cual nombra Caracas y cambia de tamaño y forma según el gusto que se cargue. Hay una película con un tema parecido (Lars y una Chica de Verdad, Craig Gillespie, 2007) pero no se iguala con el nivel de mordacidad del relato de Landolfi.

Todo es felicidad sexual con Caracas por varios años hasta que Gógol se da cuenta de que tiene sífilis e incongruentemente culpa a su “esposa”. En un arranque de furia la infla hasta hacerla explotar, lanzando sus restos a la chimenea, lo mismo que a otro pequeño muñeco, “hijo” de Caracas, y también a sus obras no publicadas (¿Acaso la segunda parte de Almas Muertas?).

¿Qué tipo de mujer está describiendo Landolfi en los relatos mencionados, y a propósito de Gógol, con gracia y sutileza, y aún con bastante humor negro? Una a la que por su altivez no se puede resistir el deseo de humillar o sojuzgar; u otra a la que el deseo de poseerla absolutamente es incompatible con su naturaleza temporal, por lo que para poseerla de una vez y para siempre sólo se logrará a través de su sacrificio físico, de la negación de su ser temporal; o una más con la que no hay necesidad de comunicación ni de afecto recíproco, algo así como un amor profiláctico en el que no es posible reconocer una falla no de la otra (lo cual dadas las circunstancias plásticas sería imposible) sino de uno mismo -como propietario “esposo” de la muñeca-, evidenciando una falta total de autocrítica y por lo tanto de un egoísmo ilimitado.

El concepto de mujer que nos muestra Landolfi en estos relatos enseña más sobre lo que somos algunos como hombres, lo que sentimos y pensamos acerca de las mujeres, que lo que en realidad son las mujeres, porque a fin de cuentas su ser es un misterio aún para el escritor que escribe pretendidamente sobre ellas.

Sunday, June 15, 2008

Persépolis

Marjane Satrapi, una mujer de Persépolis

Ricardo Martínez García

A casi un año de su estreno en el Festival de Cannes del 2007, se exhibe en México Persépolis, cinta animada de la dibujante iraní Marjane Satrapi y del realizardor francés Vincent Peronnaud.

La cinta está basada en los cuatro volúmenes de la obra de Satrapi del mismo nombre, publicados en español por Norma Editorial entre 2002 y 2004. Dichos volúmenes son una colección de los dibujos de Satrapi que tienen como tema su vida, abarcando diferentes etapas: cuando era una niña de 10 años y veía el mundo con una curiosidad intelectual poco frecuente en pequeños de esa edad, luego como adolescente que vive la guerra de su país con Irak (80-84), su estadía en Austria (84-89), el regreso a Teherán –donde obtuvo una maestría en Bellas Artes- y su partida definitiva a París.

El trabajo de Satrapi está caracterizado gráficamente por dibujos de trazos limpios y bien definidos, en los que prevalece un fuerte contraste entre el blanco y el negro utilizado para delinear a los protagonistas, así como una gama de grises para los fondos.

En una entrevista para el diario El País, la dibujante señaló que algunas referencias artísticas utilizadas en su cinta provienen de “filmes expresionistas alemanes y los del neorrealismo italiano. Son dos referencias artísticas surgidas de países que acaban de sufrir una guerra”.

Del lado político Satrapi llama la atención por su postura crítica ante el gobierno de Irán, cosa que le ha granjeado algunos roces y conflictos con las autoridades de su país natal. Por ejemplo, la Fundación Cinematográfica Farabi, del Ministerio de Cultura y Guía Islámica iraní –una sección más de los Guardianes de la Revolución- señaló en un comunicado en mayo del 2007 que el Festival de Cannes había seleccionado una cinta sobre Irán que “presentaba un cuadro irreal de las consecuencias y resultados de la revolución islámica”.

Satrapi señala y acusa en su largometraje la terrible situación de las mujeres en un régimen dominado por inclinaciones religiosas muy fuertes de inspiración islámica, la masacre que representó la guerra con Irak, la cual produjo un millón de muertos, así como la manera en que tanto iraníes como iraquíes le siguieron “estúpidamente” el juego a lo que ella llama “occidente” (básicamente Estados Unidos y la Gran Bretaña pues el primero le vendía armas a ambos países y el segundo ha tenido viejos intereses petroleros en la zona).

También hay un trabajo de profunda introspección en la cinta: mientras narra cuáles fueron durante su infancia los hechos y las personas inspiradoras de sus ideas y convicciones –como su abuela y su tío, encarcelado por el gobierno del sha y luego ejecutado por el gobierno revolucionario-, se confiesa ante el espectador como una mujer que lucha por comprender el mundo, por vivirlo personalmente y enamorarse y recuperarse de las decepciones que una y otra vez se presentan.

Satrapi nos cuenta su vida sin ánimo de glorificarse ni de vender una imagen de heroína, más bien nos ofrece un aspecto humano, demasiado humano con el cual reconocernos en ella, porque ¿quién no ha caído en severas depresiones, se ha sentido defraudado por el sistema, por el amor, pero se ha recuperado para seguir viviendo?

Persépolis nos muestra que el concepto que tenemos de algunos extranjeros (en este caso de los habitantes del Medio Oriente como los iraníes, pero también de los palestinos, de los afganos, de los iraquíes, de los sirios, etcétera) son ideas moldeadas y manipuladas por la propaganda occidental –muy eficaz, ciertamente- para producir el efecto de percibirlos e imaginarlos como “terroristas” o como bárbaros que no tienen el menor aprecio por la vida humana. Pero hay que decir que a la inversa, del lado iraní también se maneja una propaganda que vende la idea de que la cultura occidental es “decadente” (en algunos escasos casos ambos bandos tienen razón).

Así, gracias a la propaganda, algunos pueden llegar a pensar que cualquiera con aspecto de árabe es un potencial suicida capaz de dirigir aviones en contra de edificios tan solo porque odia la “libertad y la democracia” norteamericana u occidental. Y ellos a su vez pueden llegar a pensar que somos decadentes porque escuchamos a Michael Jackson o nos gusta el punk.

Satrapi y Peronnaud contaron con la colaboración de Chiara Mastroiani y de su madre Catherine Deneuve, quienes hacen las voces de Marjane y de su madre respectivamente. El resultado es una cinta muy recomendable y disfrutable aunque no apta para quienes no sienten ningún interés histórico o cultural por este pueblo del Medio Oriente.

La cinta no cuenta con la tecnología animada de Shrek o Toy Story, por ejemplo, pero es un trabajo que atrapa y cautiva al espectador por su excelente realización y concepción visual y por su efectiva musicalización.

Cabe destacar que los libros de Satrapi han merecido algunos premios, pues ha ganado el Premio al Autor Revelación (Coup de Coer) en el 2001, premio perteneciente al Salón del Cómic de Angouleme, así como el norteamericano Premio Harvey a la Mejor Obra Extranjera en el 2004 y el español Premio de la Paz Fernando Buesa Blanco en el mismo 2004.

Saturday, June 14, 2008

No Te Metas con Zohan


La ridícula verdad de un conflicto armado

Ricardo Martínez García

Irreverente, de un humor difícil, provocadora, áspera y exagerada, a ratos repulsiva y hasta ofensiva, ahistórica pero finalmente hilarante, así es esta nueva cinta con Adam Sandler, No Te Metas Con Zohan.

Sandler, actor reconocido por su capacidad humorística, que coproduce y coescribe el guión de la cinta junto con Judd Apatow y Robert Smigel, hace de Zohan, su personaje, el estandarte erótico-heróico del filme, que normalmente le correspondería a una mujer: un ser tremendamente sexualizado y multiorgásmico, capaz de pasear en una playa con un short de mezclilla sin dar por completo la pinta de gay.

La palabra Zohan en eslavo significa “don de Dios”, pero en la cinta es el nombre de un súper soldado israelí increíblemente dotado virilmente, entrenado y especializado en la lucha “antiterrorista” y enamorado de la música disco, con el secreto sueño de emigrar a América.

Zohan aprovecha la misión de atrapar al terrorista palestino llamado El Fantasma (John Turturro) para fingir su muerte y marcharse a los Estados Unidos con el fin de realizar su más caro sueño, que es completamente opuesto a su profesión destructora: convertirse en un estilista, cosa que le permite a sus padres reírse de él y considerarlo un maricón o poco menos.

Zohan está harto, comprensiblemente, de la guerra infinita entre palestinos y judíos, la cual, de acuerdo con la descripción de la película, parece una fiesta de violencia y terror provocada y mantenida por ambos lados y en la que las partes lejos de olvidarse los mutuos agravios cada vez se provocan nuevas ofensas (o tal vez son las mismas pero que no dejan de decirse y hacerse).

Por tales motivos, Zohan –a quien no le interesa indagar por las causas históricas de un conflicto tan largo- decide huir a Nueva York donde pretende laborar para un prestigiado estilista, un tal Paul Mitchel, pero al no ser acogido como esperaba, termina trabajando desde el puesto más bajo en una pequeña estética propiedad de una bella palestina llamada Dalia (la bella Emmanuelle Chriqui). Zohan descubre que en esta cosmopolita ciudad palestinos e israelíes conviven pacíficamente y hasta bromean entre sí (la escena donde discuten qué primera dama está más buena es realmente hilarante).

Tan pronto como recibe la oportunidad de ser un verdadero hairdresser, Zohan se populariza entre la geriátrica clientela por su peculiar y exitoso estilo erótico (servicios sexuales incluidos) con el que las atiende.

Los problemas comienzan cuando un potentado local decide borrar del mapa a los feos barrios judíos y palestinos para construir una moderna plaza comercial y lanza una provocadora campaña incriminatoria para cada bando. Entonces Zohan y el Fantasma –convocado a Nueva York por un palestino taxista (Rob Schneider) que ha descubierto casualmente al Zohan- unen esfuerzos en contra del enemigo común.

El conflicto palestino-israelí es un tema delicado que sólo puede abordarse con seriedad o con la completa irreverencia con que lo hace la cinta, pues ésta plantea que se trata de un conflicto que ha alcanzado grados sublimes en las atrocidades y crueldad inflingida y que sólo continúa gracias a la ridícula existencia de posiciones extremistas en ambos lados.

La película –dirigida por el veterano actor y director Dennis Dugan- naturalmente no pretende hacer historia sino comedia a partir de hechos históricos: no ahonda en los orígenes o causas de la guerra (la formación de Israel como país en 1948 –con el irrestricto apoyo norteamericano- a costa de la ocupación del territorio de Palestina, pasando por encima de la población y del derecho internacional).

El aspecto humorístico de la cinta arma un buen mosaico de clichés culturales: judíos comerciantes a quienes nadie les gana en el regateo, palestinos taxistas que atienden llamadas de trabajo mientras manejan, hábitos alimenticios peculiares, etc.

Tal mosaico junto con la parte dramática son lo mejor de la película, la cual muestra al personaje de Sandler a fin de cuentas muy parecido al romántico aquel que se quedaba con la chica en The Wedding Singer (98), pues Zohan previsiblemente se enamora de la bella palestina Dalia, su patrona de la estética.

El mensaje al final no puede ser más políticamente correcto: que el amor, la paz y la comprensión deberían prevalecer por encima de cualquier conflicto en el que sólo ciertos personajes salen ganando, generalmente ricos norteamericanos comerciantes de petróleo y/o armas (y negocios anexos) a los que sólo les preocupa su propio interés y a los que judíos y palestinos siguen su juego.

El mundo real está repleto de sociedades internacionales que velan por sus intereses económicos, lleno de alianzas entre gobiernos, de intereses cruzados. Ojalá fuera tan sencillo obtener la paz como propone la cinta.

Sunday, June 01, 2008

Dr. House


Medicina más allá del bien y del mal

Ricardo Martínez García

La fascinación que ejerce el personaje del Dr. House en los televidentes (que interpreta magistralmente el actor Hugh Laurie) es producto de una mezcla de personalidades: es un Sherlock Holmes de la medicina que alardea de su capacidad de observación, es un aparente ogro al que le encanta hacer repelar y contradecir a todo mundo, un maestro tirano que se deleita en mostrar y exhibir las flaquezas de sus discípulos (trata a todos como tales) y un Don Juan latente a punto de conquistar a la bella y juvenil doctora Cameron y/o a la no menos hermosa doctora Cody.

Como personaje de ficción, Gregory House es bastante humano: adicto al vicodin, su amor por la ciencia lo lleva a trasgredir (aparentemente) cualquier regla ética o moral que impida la metodología más rápida y precisa para diagnosticar correctamente a sus pacientes, por los cuales siente la misma desapegada y amoral curiosidad científica -no indiferencia- que un entomólogo siente por sus insectos. La particularidad de su trabajo exige naturalmente el desapego de ciertos aspectos de la ética médica, sobre todo cuando se enfrenta a casos únicos e inesperados. Es un personaje que está más allá del bien y del mal de las conductas morales en condiciones normales.

House es en realidad un filósofo de la ciencia médica que en cada caso-episodio realiza una cuasi mini revolución científica: analiza, compara, niega, supera y a veces trasciende los diferentes paradigmas a disposición del diagnóstico médico conocido, hasta alcanzar la satisfacción máxima de la ciencia pura: el mero saber (de ahí su aparente obsesión por algunos casos).

Una ciencia así no conoce de limitaciones éticas, aún cuando su conocimiento sirva para explicar lo que le ocurre a un paciente y curarlo.

House, a pesar de ser un hombre de ciencia probado y comprobado, vive en la incomprensión y en la oposición de su pequeña comunidad científica formada por sus internos, su jefa Cody y su amigo Wilson.

La estructura del programa difícilmente le hace justicia a este doctor de bastón, pues en cada caso que se presenta él es el único que aporta soluciones creativas porque más que investigar, reflexiona, piensa, y en última instancia, se le ocurren cosas geniales a través de su pensamiento análogo, y que a veces son las explicaciones más sencillas, en las que nadie cree hasta que demuestra que tenía razón. Sus colegas nunca están convencidos de su capacidad y le escatiman continuamente su confianza. Es como un loco genial al que hay que andar cuidando de que su locura no dañe a alguien, cuando es al contrario: gracias a su locura es que algunos pacientes sobreviven.

El resultado del trabajo del doctor House siempre apunta en dos direcciones: por un lado en la búsqueda de la explicación objetiva y científica, como diagnóstico, de lo que le ocurre a los pacientes, y por otra parte a la curación o muerte del paciente.

Los métodos heterodoxos de House podrían colocarlo en una postura semejante a la de los científicos alemanes que aparecen en la cinta de Bergman El Huevo de la Serpiente (77), que hacían experimentos en seres humanos sin su consentimiento y menos aún sin su conocimiento, por el exclusivo fin de saber, de conocer “hasta dónde humanamente es posible aguantar ciertas situaciones”.

Como House, esos científicos se colocaban por encima de las limitaciones éticas y morales, pero la diferencia es que House lo hace para curar y para saber, mientras que los otros realizaban sus experimentos subrepticia y abusivamente, casi como métodos de tortura, bajo un plan que no contemplaba como fin último la salud del paciente.

Así, House es en realidad un verdadero paladín del juramento hipocrático… aunque aparentemente le falte a cada momento, como por ejemplo en la parte que tal juramento dice “no operaré a nadie por cálculos”, o sea por mera especulación, pero ¿qué hacer cuando no se sabe la causa de alguna enfermedad y sólo operando se puede tener algún indicio del mal? El trabajo de House es precisamente la razonada especulación -cuyos puntos le gusta escribir en su pizarrón-, pero cuando se necesitan las biopsias, no duda en obtenerlas del modo que sea. Siempre aboga por sus pacientes seriamente enfermos, de los demás se burla constantemente.

Un libro italiano (que no he leído) sobre House, titulado La filosofía del Dr. House. Ética, lógica y epistemología de un héroe televisivo, del que escribió el ensayista y filósofo Jesús Salazar Velasco en el suplemento El Angel del Reforma (25/05/08), explica que House posee una ética “más allá de la ética”, puesto que su campo de acción se encuentra dentro de situaciones verdaderamente extremas. No hay forma de no estar de acuerdo con eso, como ya hemos expresado.

Dichas situaciones extremas, de acuerdo con los autores del mencionado libro (que se hacen llamar Blitris), ameritan la creación de nuevas reglas, como “mentir, ocultar, lastimar y hasta matar al paciente” para posteriormente revivirlo, pero no se dan cuenta de que las reglas éticas con las que se rige House son siempre las mismas, es decir la de diagnosticar y conocer las causas de la enfermedad y, si es posible, la curación del paciente.

No es que haya necesidad de nuevas reglas. Lo que ocurre es que a House, que tiene claros sus objetivos regulares, los medios para alcanzarlos le tienen sin cuidado, de manera un tanto maquiavélica. Y en eso radica gran parte de su encanto.

Los autores del libro, de acuerdo con Salazar Velasco, explican que si la ética es una serie de normas universales que regulan las decisiones de los sujetos para garantizar el bien común, “entonces House no tiene ética”. Nada más falso: ninguna regla universal se aplica universalmente, ojalá fuera así, sino que sólo se aplican en casos particulares y de manera particular (yo soy el que actúo en cada caso) y no por ello negamos que haya ética.

House sí tiene una ética y es una ética que, al contrario de lo que piensa Salazar Velasco, puede calificarse como un imperativo categórico kantiano: no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a tí. Y a él no le gustaría que nadie, por ignorancia o falta de espíritu científico, lo dejara morir, simplemente porque se dificulta su diagnóstico.

Wednesday, May 28, 2008

Tus Santos y Tus Demonios

Vida y Obra de Dito Montiel
Ricardo Martínez García

Vidas juveniles desperdiciadas, destinos sin esperanza, desorientación y confusión en las más tristes calles del barrio de Queens en la Nueva York de los años ochentas, son algunos de los ingredientes de esta película dirigida, escrita y casi protagonizada por Dito Montiel en persona.

Dito (Orlandito Montiel, 1970, más conocido y reconocido como compositor que como escritor o cineasta) prefirió que Shia LaBeouf y Robert Downey Jr. interpretaran al Dito adolescente y adulto respectivamente, con lo que logró que su persona fuera caracterizada por dos de los actores más emblemáticos de sus propias generaciones.

A diferencia del hiperrealismo utilizado por Gus Van Sant en su cinta Paranoid Park en la que muestra el micromundo de algunos patinetos de Portland desde la perspectiva de un adolescente abrumado por una muerte involuntaria y cuya narración, que de tan cotidiana y real resulta obtusa, tal como es la vida, Montiel muestra una interesante pero ligeramente pretenciosa película (con un toque hagiográfico en el sentido de “halago al biografiado”, pero es válido: es su película, su guión, su libro, etcétera) en la que contrasta la dicotomía entre el adolescente con familia y vida “funcional”, como es el propio Dito (LaBeouf, en un papel ajeno completamente al de Mutt Williams en Indiana Jones 4), y sus amigos Antonio y Guissepe (el ex modelo y ahora actor Chaning Tatum y Adam Scarimbolo) con un padre abusivo y golpeador.

Dito es un chavo que puede tener una vida normal, con sus padres Monty y Flori (los veteranos y excelentes Chazz Palminteri y Dianne Wiest), pero sus amigos de la calle y de la escuela influyen, para bien o para mal, en sus acciones y decisiones.

No hace falta ser un adivino para saber que las alocadas vidas de estos jóvenes tarde o temprano acabarán mal. Por ejemplo, un chavo puertorriqueño comienza a molestar a Dito hasta que le da una paliza. Antonio, el amigo grandulón y gandalla del grupo, arde en deseos de vengar a Dito, a pesar de que éste no entiende el por qué de su afán, sobre todo cuando recién velaran a Guissepe, quien murió estúpida o suicidamente esperando escuchar de labios de Antonio que su vida sí le importaba, cosa que ni siquiera en la inminencia de su muerte Antonio logra decir.

Una venganza lleva a la otra, de lo que resulta la muerte de Mike –amigo de la escuela de Dito, con quien trabajaba paseando perros, y con el que esperaba irse a California-, muerte que no le impide finalmente irse y forjar una vida como escritor, abandonando a su familia, a su amigo Antonio, a Laurie, su novia (Melonie Diaz) y a su ciudad.

El argumento se nos presenta en forma de flashbacks perfectamente integrados. Dito como adulto es un relativamente exitoso escritor pero que no ha logrado conciliar su vida con aspectos del pasado que le hieren más de la cuenta.

La enfermedad de su padre y las llamadas de su madre hacen que finalmente Dito regrese a Nueva York, a esas desconchadas y tristes calles que hablan de la deprimente decadencia de ciertas zonas de la más cosmopolita de las ciudades del mundo.

Su regreso parecería ser la conclusión natural de la cinta, pero queda la sensación de ser una obra inacabada.

La cinta está basada, al menos parcialmente, en el libro de Montiel A Guide to Recognizing Your Saints publicado en 2003, título que le da nombre a la cinta. En el libro se habla de algunas anécdotas esenciales que no aparecen en la película, como la descripción de las giras realizadas con su banda Gutterboy, así como de su breve carrera como modelo de Versace y Calvin Klein.

Si la cinta es de carácter biográfico, entonces no se entienden tales omisiones, a menos que se prepare una segunda parte, pues hubiera sido interesante que el Dito director mostrara ese lado musical del Dito músico, o la historia acerca de su carrera con la banda de hard punk Major Conflict y del contrato de un millón de dólares que Geffen Records le ofreció en 1989 a su recién formada banda Gutterboy, contrato estratosférico en aquella época para una banda que se consideraba underground, y su posterior y absoluto fracaso, lo que dio origen a que la llamaran “una de las bandas fracasadas más exitosas de la historia”.

Montiel grabó en octubre del 2006 un disco titulado “Dito Montiel”, el cual cuenta con letras reflexivas e interiorizadas, y dicen que la música suena a Thom Yorke o a Jakob Dylan, que es otra manera de decir que suena a Radiohead o a Wallflowers. Habría que escucharlo, pero creo que ya es demasiado Montiel. Lo dicho, la hagiografía en sentido de autohalago.

Wednesday, May 21, 2008

Indiana Jones y El Reino de la Calavera de Cristal

¿Será el fin del famoso arqueólogo?
Las Asombrosas Aventuras del Eterno Trotamundos Indiana Jones
Ricardo Martínez García

Dos son las cosas más sorprendentes de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal: en primer lugar, la increíble vitalidad que Harrison Ford (1942) inyecta a su famoso personaje del doctor en arqueología Henry “Indiana” Jones Jr, puesto que no parece un sexagenario para nada, a excepción de algunas arrugas de su rostro (Ford siempre ha sido de rostro duro), pero el actor tiene un físico envidiable.

En segundo lugar, la manera en que Spielberg le saca todo el provecho posible a una historia característica de George Lucas (a partir de la cual David Koepp escribió el guión) quien, junto con Spielberg, ha explotado todas y cada una de las fórmulas del éxito comercial cinematográfico.

La saga de Indiana Jones con sus tres películas anteriores alcanzó ingresos, tan solo en taquilla, por casi quinientos millones de dólares.

“Ya nada puede sorprenderme, soy un hombre de ciencia” dice el más famoso arquéologo del mundo, encarnado por Ford, en El Templo de la Maldición, frase por demás contundente y que puede utilizarse para referirnos al argumento de esta nueva película.

Es el año es 1957 y una militar rusa, la coronela Spalko (la siempre extraordinaria Cate Blanchet) decide obligar a Indiana a ayudarle a buscar una mítica calavera que supuestamente otorga poderes ilimitados. Pero el cráneo parece ser de un ser extraterrestre, uno de los varios que habrían llegado a la Tierra a enseñar a los pueblos indígenas de Mesoamérica algunas cosas muy útiles como la agricultura y la construcción de magníficos edificios, todo en la mejor tradición narrativa de la revista Duda, Lo Increíble es la Verdad.

Independientemente del argumento -con pirámides mayas en pleno Amazonas, en un lugar que supuestamente es El Dorado, sitio que otros arqueólogos más serios pero menos conocidos ubican en California-, la historia está tan bien manejada y cuenta con un ritmo tan ágil que el resultado es francamente divertido, con todo lo palomera que se quiera considerar.

Los sarcásticos diálogos entre los protagonistas ofrecen una serie de puntadas que difícilmente dejarán de arrancar carcajadas en los espectadores, como aquellos en los que Indiana platica con el joven Mutt Williams (Shia LaBeouf) y éste le dice muy quitado de la pena que dejó la escuela porque “no era lo que le gustaba”, a lo que Indiana le contesta empáticamente que no deje que nadie lo convenza de lo contrario, pero posteriormente al enterarse de que es su hijo, de inmediato lo regaña y le exige continuar sus estudios, justificando que antes “no sabía que era tu padre”.

Intriga, situaciones de peligro mortal, traiciones de supuestos amigos, avaricia, objetos perdidos, recuperados, robados y vueltos a recuperar, romance y aventuras, muchas aventuras, son los ingredientes que han caracterizado a esta exitosísima saga de aventuras.

El director de esta serie, Steven Spielberg, es un cineasta que a diferencia del también director George Lucas y sus cintas de ciencia ficción como las Guerras de las Galaxias, ha incursionado en diferentes géneros fílmicos con iguales o mejores resutados que en sus cintas de acción, como por ejemplo en La Lista de Schindler (93) Salvando al Soldado Ryan (98), Inteligencia Artificial (01) o en la aclamada Munich (05), para mencionar algunas.

Las anteriores entregas de esta serie, Los Cazadores del Arca Perdida (81), Indiana Jones y El Templo de la Maldición (84) e Indiana Jones y la Última Cruzada (89) son películas caracterizadas visualmente en mayor o menor medida por mostrar escenografías artificiales, muy de estudio, con abundancia de tablarroca y cartón piedra, así como complicadas construcciones en carpintería (como la especie de montañita rusa que se aprecia en la segunda cinta) y una estupenda iluminación, nada mal para su tiempo, pero cuya cuarta entrega es sin duda la mejor de ellas, excelencia conseguida en parte gracias a los avances tecnológicos en los efectos especiales. No en balde han pasado casi veinte años desde La Última Cruzada.

Los efectos especiales no llegan a ser demasiado excesivos en su uso, a excepción de la escena final de la destrucción de la pirámide, efectos que por otra parte no son más numerosos que los vistos en la también espectacular cinta El Tesoro Perdido, el Libro de los Secretos (Turteltaub, 07), protagonizada por Nicolas Cage, quien al parecer desea convertirse en el heredero fílmico de Indiana, si es que el joven Shia LaBeouf lo deja.

La cinta podría verse como el final de la serie, puesto que el aventurero, mujeriego y trotamundos Indiana parece establecerse de fijo en el mundo académico, pero lo más preocupante para su estilo de vida es que reconoce a su hijo (¡ojo Creel!) y termina por ¡casarse con su eterna novia Marion (Karen Allen)!

Monday, May 12, 2008

The Well, de Chava Alberstein y The Klezmatics, a diez años

World Music que abreva del pozo judío o Música Judía que abreva de la World Music

Ricardo Martínez García

La cantante israelí Chava Alberstein (1946) produjo en 1995 un documental sobre poetas Yiddish del siglo XX titulado Too Early to Be Quiet, Too Late to Sing. De ese trabajo fílmico surgieron una serie de canciones que adaptaban algunos de esos grandiosos poemas con música compuesta por la cantante, y que en colaboración con el grupo The Klezmatics grabó en el disco The Well, publicado en 1998.

Todas las canciones del disco están cantadas en yiddish oriental, lengua resultante de la mezcla del alto alemán (que a su vez es un conjunto de dialectos germánicos medievales sin homogenizar), el hebreo y algunas lenguas eslavas, mezcla cambiante según el lugar y el tiempo, que generó dos tipos de yiddish: el oriental y el occidental.

Alberstein nació en el puerto fluvial de Szczecin, Polonia, pero a la edad de cuatro años sus padres se mudaron al recién formado estado de Israel (1948). Ahí ha vivido y hecho su fructífera carrera musical, que ha producido más de cincuenta grabaciones, la mayor parte de ellas cantada en hebreo, armada con su guitarra acústica y una voz potente y de gran presencia.

El mismo año del 98, pocos meses antes de The Well, Alberstein lanzó para la compañía discográfica Shanachie el disco Crazy Flower: A Collection, el cual, como The Well, es un muestrario de estilos folclóricos tomados de varias partes del mundo.

Se ha dicho que las composiciones de estos dos discos son un muestra del enorme rango de influencias que enriquecen el trabajo de Alberstein, que van del klezmer y la música tradicional judía a la chanson francesa o al folk americano, pasando por el peculiar estilo musical generado en Europa del Este, con influencias a su vez de música gitana, turca, balcánica y árabe.

Piezas como Di Goldene Pave (El Pavo Dorado) , Kh´vel Oyston Di Shikh (Me quitaré los zapatos) o Di Krenitze (El Pozo) son botones de muestra de la fuerza interpretativa de Alberstein, así como de la mejor forma de adaptar las influencias musicales a las cuales ha permanecido en contacto. El booklet del disco cuenta con la traducción del Yiddish al inglés, por lo que si no se habla la lengua germano-hebraica, al menos puede ser entendida con la hasta ahora todavía lengua universal originaria de Inglaterra.

Lo cierto es que al escuchar estos discos también se puede llegar a pensar que la música de origen judío ha influido y se ha dejado influir; o que ha crecido paralelamente y con-fundiéndose, con la mencionada música que se genera en el Este de Europa, y que se refleja en los citados estilos de la música como el del cabaret alemán, en la chanson francesa, en el tango y en el folk norteamericano.

Escuchar la voz y la música compuesta por Alberstein y los músicos de The Klezmatics remite a otras voces y estilos como los de Ute Lemper, Taraf de Haidöuks, la No Smoking Orchestra de Emir Kusturika, Goran Bregovic, Eleni Vitali y otros. Música klezmer, gitana, turca, alemana, balcánica, etcétera, confluyen armoniosamente en los discos citados de Alberstein, y otro tanto les sucede a los otros grupos y cantantes mencionados. Así es la fusión de la música, expresión de la fusión de los grupos sociales que conviven y se aproximan, tal vez no políticamente pero sí culturalmente.

Incluso en México el klezmer toma ciertos estilos musicales que se consideran “propios” del mexicano. Tal es el caso de la música compuesta por Jacobo Lieberman e interpretada por The Klezmatics para la película de Alejandro Springall Morirse está en Hebreo (07), en donde se hace gala de una fusión klezmer-mariachi que ofrece una gozosa síntesis de ambas.

Chava Alberstein se presentó en México en octubre del 2004, dentro del marco del XXXII Festival Internacional Cervantino en Guanajuato en el Teatro Juárez, presentación a la que muy desfortunadamente no tuve forma de asistir. El boletín emitido en esa ocasión por el propio FIC señalaba que la música de Alberstein “transita la historia de su pueblo y (en donde) hay constantes referencias a las aspiraciones de paz en un mundo que padece la pobreza, la soledad y la pérdida constante de su humanidad. Sus temas, que no militan políticamente ni tratan de defender causa alguna, tienen mas bien un carácter reflexivo”, a lo cual yo añadiría poético, de amor por la naturaleza, por el creador y dador de vida.

De esta manera es como Chava Alberstein es una de las cantantes y compositoras más destacadas de la llamada World Music, y lo mismo se puede decir de The Klezmatics.

Friday, May 09, 2008

¡Aquí falta Algo!


Ricardo Martínez García

El filósofo griego Tales de Mileto (siglo VI a. C.) propuso que el principio de todo es el agua. Probablemente Tales se refería al agua como el principio que hace posible la vida, y no se puede estar en desacuerdo con él: sin agua la vida es impensable.

En la actualidad nos encontramos ya con un problema verdaderamente grave y alarmante: la escasez del agua (tema de la imagen) afecta a todo el mundo. Ya no es necesario vivir en un desierto para ver y comprobar la falta de agua, algo que debería preocuparnos a todos (a mí sí que me preocupa).

El crecimiento acelerado de la población en algunos países, el mal uso del agua (sea por su abundancia o porque tradicionalmente ha sido relativamente barato obtener y distribuir agua para las grandes urbes), la contaminación y la sobreexplotación de los mantos acuíferos han generado una terrible escasez del agua, que pronto será verdaderamente un peligro social.

En la Ciudad de México hay delegaciones y colonias, específicamente, en las que el agua se dosifica o se raciona. En algunos lugares de la delegación G. A. Madero, como en la colonia San Felipe de Jesús (lugar donde habito), sólo hay agua algunas pocas horas del día, mientras que en otras zonas de la ciudad cuentan con agua de manera permanente, y en el caso opuesto, hay lugares donde no se cuenta en absoluto con el servicio de agua potable.

La foto que propongo para participar en el Concurso de Fotografía Agua, Tesoro de tu Ciudad, intenta mostrar metafóricamente que el agua es la fuente de vida, y que una fuente sin agua es un sinsentido. Las figuras que aparecen en esta fuente, ubicada en la Alameda Central, casi a la salida de la estación del metro Bellas Artes, son unas mujeres que vierten el contenido de sus jarras en una fuente. Pero el agua se ha agotado, la fuente está completamente seca, algo con lo que no contaba su escultor.

El agua es fuente de vida, pero se nos agota; sin agua no hay vida. Cuidémosla, es responsabilidad de todos. Ése es el mensaje que quisiera transmitir mi imagen titulada “Aquí falta algo”.

Thursday, April 17, 2008

Crimen sin Perdón

Impunidad y Maltrato Sin Fin
Ricardo Martínez García

De acuerdo con cifras del portal de la BBC Mundo.com, cada año bandas criminales compran y venden alrededor del mundo a unas ochocientas mil personas, mujeres y niños principalmente, con fines sexuales, generando ganancias cercanas a los diez mil millones de dólares. Las redes de dicho tráfico son “globales” puesto que se extienden a todos los continentes e involucran a decenas de países.

Para una niña de alguna colonia perdida en el poniente de la ciudad de México salir a pasear en bicicleta, o para una mujer atractiva tratar de emigrar desde Polonia hacia los Estados Unidos en busca de una “vida mejor”, así como para un jovencito de Tailandia simplemente caminar por la calle puede implicar ponerse al alcance de las garras de estas redes internacionales de tratantes de blancas, las cuales al parecer cuentan con el salvoconducto de ciertas autoridades locales para la realización –casi siempre impune- de sus actividades criminales.

Tal es el argumento de carácter social del cual parte la cinta Crimen sin Perdón (Trade, 07) del director alemán Marco Kreuzpaintner, a partir de un guión escrito por José Rivera (nominado a varios premios por su trabajo en la cinta de Walter Salles Jr. Diarios de Motocicleta) basado a su vez en el reportaje de Meter Landersman The girls next door, escrito para la New York Times Magazine.

Adriana (Paulina Gaitán) recibe una bicicleta como regalo de cumpleños por parte de su hermano Jorge (César Ramos), quien se dedica junto con sus cuates a timar a turistas gringos en el Centro de la ciudad, haciendo alarde de su buen inglés. Adriana sale a la calle a estrenar su regalo y es fácilmente raptada y conducida a los Estados Unidos junto con Verónica (Alicja Bachleda), atractiva polaca engañada por una agencia “de empleos” que la lleva directamente a caer en poder de una banda de traficantes de seres humanos con sede en la Ciudad de México y ser violada y golpeada.

En el intento por rescatar a su hermana y seguir al vehículo que conduce al grupo de raptadas hasta Juárez, Jorge entra en contacto con el policía Ray (Kevin Kline) quien lo ayudará a liberar a Adriana, luego de convencerse de que Jorge no es un mojado más. Ray había ido a Juárez en busca de alguna pista que lo conduzca al paradero de su hija raptada diez años atrás pero sus pesquisas no son nada alentadoras.

La película se siente débil en ciertos elementos dramáticos e incluso cae en un humor involuntario, como aquel donde uno de los secuestradores reza un Ave María frente a una cruz en pleno cerro antes de cruzar la frontera con sus víctimas, o como cuando Ray se da cuenta de que la jefa de los traficantes (Kate del Castillo) bien podría ser su hija, pues tiene los ojos color verde (¡pupilentazo de Kate!).

El retrato de la Ciudad de México que propone la cinta es hasta cierto punto convencional: escenas de la Merced con prostitutas de la calle de la Soledad dando vueltas frente a posibles clientes o simples mirones, o el retrato de lugares desolados que ni mandados a hacer para escenificar asaltos y que parecen ser los escenarios cotidianos del crimen en esta gran ciudad.

Es destacable el trabajo actoral de César Ramos y Paulina Gaitán, así como la de Alicja
Bachleda. Kline realiza un trabajo cumplidor como detective cool y generoso que hace lo que puede al darse cuenta de que la justicia gringa es muy capaz de no hacer nada por rescatar a una niña mexicana si con esa omisión logra atrapar a los verdaderos peces gordos.

Lejos de ser un documental que trata seriamente el problema del tráfico de personas en el mundo, la película da la impresión de ser como una simple narración anecdotaria –e improbable en el caso de Jorge y el rescate a su hermana- de algunos sucesos de este tipo. Algo le falta a la cinta de Kreuzpaintner que no logra cuajar del todo, aún contando con el apoyo de Kevin Kline.

Más que concientizar a la gente sobre el peligro que corren las mujeres de cualquier parte del mundo, la cinta dramatiza sobre el rescate de al menos una de las víctimas que corrió con suerte, pero ¿y las demás que quedan en el camino, las que deciden salir de tal infierno por la puerta falsa o las que se resignan y trabajan para que otros enriquezcan? Ahí está el verdadero meollo del asunto.


Al menos, sabemos que hay grandes posibilidades de que la policía no haga nada por ellas, lo cual es un conocimiento desolador.

Imágenes del Más Allá

Pasiones que No Mueren
Ricardo Martínez García

Si se aparecen fantasmas a personas específicas es porque éstas tienen deudas pendientes con ellas, sobre todo de carácter pasional. Las cintas de terror orientales se caracterizan por proponer que ciertos espíritus no pueden separarse de este mundo al fallecer su cuerpo porque han quedado anclados a él por algún trauma mayor. Dichos traumas son como una impresión que se realiza en ciertos lugares que los guardan como si fueran grabaciones o registros de alguna forma metafísica.
Tal es el caso de películas como El Aro, La Maldición, El Ojo, Una Llamada Perdida, etcétera, y la cinta Imágenes del Más Allá (Shutter, 08) del japonés Masayuki Ochiai, no es la excepción.

La cinta es un remake, de los tantos que ha habido en Hollywood y que pretenden adaptar las historias generadas en Oriente, en este caso de la cinta tailandesa Shutter de los directores Banjong Pisanthanakun y Parkpoom Wongpoom estrenada en el 2005, a un mercado más global.

El actor canadiense Joshua Jackson, ex novio y compañero de Katie Holmes en la serie de televisión Dawson´s Creek, encarna a Benjamin Shaw, un joven y exitoso fotógrafo recién casado que por cuestiones de trabajo viaja a Tokio con su esposa Jane (Rachel Taylor).

A ratos la película sigue una trama cercana a la de Perdidos en Tokio (Sofia Coppola, 06), sobre todo cuando Jane pasea por la ciudad y el metro, pero pronto la cinta toma unos cauces metafísicos incompatibles con la dirigida por la hija de Francis Ford Coppola.

Jane comienza a ver extrañas figuras en lugares insólitos a la vez que las fotos de la luna de miel y de la boda, así como las de las sesiones con las modelos con las que trabaja Ben revelan formas fantasmagóricas.

Jane, sobreponiéndose a su espanto, comienza a investigar tal fenómeno, investigación que la conduce a conocer algo de la vida de Megumi (Megumi Okina), traductora con la que su esposo tuvo sus queveres.

Ben literalmente tiene que cargar en sus hombros con el peso de las acciones realizadas por él y sus amigos en contra de la despechada, humillada y violentada Megumi, la cual sólo busca –comprensiblemente- vengarse de las malas acciones sufridas.

Rachel Taylor lleva el peso dramático de esta historia con guión de Luke Dawson. Se trata de una actriz que físicamente tiene un parecido tanto a Nicole Kidman como a Naomi Watts, es como una síntesis de ellas, y su trabajo resulta convincente.

Joshua Jackson por su parte muestra versatilidad y madurez cada vez mayores. El resultado final es una cinta con un nivel de calidad muy semejante al de La Maldición, el también remake protagonizado por Sarah Michell Gellar.

Aquellos que no vieron la original tailandesa podrán ver una versión bastante disfrutable aunque no lo suficientemente original. Está bien para una tarde en compañía de la novia o el novio, quienes tal vez se lo pensarán mejor antes de cometer contra el otro alguna humillación o infidelidad, si es que creen algo de las premisas de la cinta.

Sunday, April 13, 2008

Los Reyes de la Calle

Si todos somos malos, ¿a quién perseguirá la policía?
Ricardo Martínez García


El tema recurrente en las novelas de James Ellroy es la tremenda corrupción policíaca que impera en la ciudad de Los Ángeles, ciudad en la que ficticia o verdaderamente se ha asentado el poder criminal de la policía en contra de la propia hipócrita sociedad, la cual debido a sus pecados se ve expuesta al chantaje y la extorsión.

Si la cinta Los Ángeles al Desnudo (Curtis Hanson, 97) mostraba al agente Bud White (Russel Crowe en una gran actuación encabezando un estupendo reparto: Kevin Spacey, Kim Bassinger, Guy Pearce y James Cromwell) como un fornido agente que es utilizado como brazo ejecutor de la ley e inmerso en una maraña de relaciones corruptas de las cuales sólo puede salir bien librado hasta que “abre los ojos”, ante la evidencia de que los jefes de la policía perseguían sistemáticamente a los criminales con métodos que los convertían en sujetos mucho más perversos que los delincuentes, en Los Reyes de la Calle (David Ayer, 08), nos encontramos con el atormentado y borrachín agente Tom Ludlow (Keanu Reeves, un poco más humano que en Matrix) un “guerrero” que ha tomado por su cuenta, en una especie de cruzada personal, la lucha contra los criminales angelinos.

Tanto White como Ludlow son agentes que exceden con mucho los límites legales permitidos en la lucha contra “los malos”, y ambos son consentidos y solapados por sus jefes, en aras supuestamente de su utilidad como “instrumentos de justicia”.

Las cintas basadas en novelas de Ellroy, como las dos mencionadas y La Dalia Negra (Brian de Palma, 06), están llenas de secretos, mentiras y chantajes dentro de los círculos del poder político y económico, donde nada es lo que parece ser, pero en los que todos los protagonistas están involucrados para bien o para mal, en lo que representa un sistema legal corrompido y al servicio de los más astutos.

Los Reyes de la Calle tiene grandes escenas de acción y algunos momentos de humor, tal vez involuntario, como en las que el cinismo campea en las conversaciones. Por ejemplo cuando el detective Ludlow pregunta ingenuamente a su jefe el comandante Jack Wander (Forest Whitaker): ¿Y qué pasó con lo de “encerrar a los malos”?, Éste le responde lacónicamente: “Todos somos malos”. Tal es la ideología –que si no fuera tan alarmante sería hilarante- con la cual se justifica la perversión policíaca, que pareciera encarnar a la perfección la máxima hobbesiana de que el hombre es el lobo del hombre.

A pesar de que la cinta tiene un aire de déjà vu (es como la gemela de Los Angeles al Desnudo) no deja de ser interesante y entretenido ver a Reeves crecer como actor y además corretear con su Charger negro deportivo a punto de atropellar a unos peatones y matando salvajemente a los criminales, a Whitaker mostrando una vez más sus facultades histriónicas como el cerebro que mueve los hilos policiacos a placer, a Hugh Laurie en un papel diferente al del Dr. House, pues resulta curiosa su aparición como el capitán Biggs, de asuntos internos de la policía, en el hospital en el que Ludlow es atendido por su novia enfermera (Martha Higareda, en un papel discreto que representa su incursión en Hollywood), como si fuera un guiño a su famoso personaje.

También es sorpresivo el papel de Chris Evans (Johnny, el simpático antorcha humana de Los Cuatro Fantásticos) como el detective Diskant quien al final paga su novatez de manera trágica.

Lo que resulta realmente disfrutable es que la cinta propone una desmitificación de la sociedad norteamericana como paladina de la legalidad y el respeto a las normas civiles: todos los policías, salvo excepciones, están sistemáticamente coludidos en una cínica corrupción que ciega e inútilmente atina sólo a acumular dinero en una pared (algo que tampoco es creíble entre los corruptos de verdad: éstos seguramente cuentan con asesores en inversiones y ese tipo de cosas).

David Ayer es un joven director que ha trabajado en el guión de cintas como Rápido y Furioso (Rob Cohen, 01), SWATT (Clarck Johnson, (03) y Dark Blue (Ron Shelton, 03), y ha dirigido Harsh Times (06), y Mafia Cop (08). Como puede verse, son cintas en las que, a partir de las novelas de autores como James Ellroy o Elmore Leonard, las actividades policiales y su corrupción son elementos comunes, ya sea en la ciudad de Los Angeles o en la de Nueva York.

Como espectáculo, la cinta funciona muy bien. Como crítica social resulta puntillosa si se le sabe ver el ángulo. No deje de verla de cualquier manera.

Sunday, April 06, 2008

Control

El lunes triste de Ian Curtis
Ricardo Martínez García


Anton Corbijn, fotógrafo de Joy Division en su momento y ahora director de la película sobre Curtis, Control (07), presenta los momentos clave de la vida de este malogrado y extraordinario artista, momentos de una expresividad tal vez demasiado sincera y hasta brutal.

Ian Curtis estaba a punto de salir de gira por los Estados Unidos con Joy Division, pero finalmente decidió el 18 de mayo de 1980 que él no quería ir ni a la gira ni a ningún lado más. El momento culminante de su corta carrera musical había llegado, lo que representaba de manera contradictoria haber alcanzado el éxito pero también el arribo del completo descontrol.

Basada en el libro Touching from a Distance, Ian Curtis & Joy Division, escrito por la viuda de Curtis, Deborah, la película muestra la forma en que el cantante y también compositor a los veintitrés años ve destruida su vida, o al menos tal como él la entendía: se sentía atrapado entre el agradecimiento a su esposa y el amor inspirado por una bella amante, pero además muestra el papel tan fundamental que tuvieron sus ataques de epilepsia -los cuales lo trastornaban cada vez más- y la pérdida de control en forma de alienación que debido a su estado mental experimentaba de sí mismo en público.

La influencia musical de David Bowie, Lou Reed, los Sex Pistols e Iggy Pop, así como la transformación del nombre de su banda Warsaw en Joy Division quedan establecidas al comienzo de la película, cuyas partes musicales son muy gozosas y se convierten en poderosas e hipnotizantes presentaciones en vivo, donde Curtis hacía gala de movimientos corporales muy intensos y hasta violentos.

Sam Riley, de veintisiete años, además del actor que da vida a Curtis en la cinta, es el cantante del grupo originario de Leeds llamado 10,000 Things y su voz es bastante parecida a la de Ian.

Curtis era un hombre capaz de recitar a Wordsworth y de escribir letras profundas inspiradas con un gran sentido poético, intensamente desesperadas y tristes. Tales características líricas, sumadas a un estilo musical único –producto de sus compañeros, que luego formarían el legendario New Order- dieron por resultado que en menos de tres años el grupo (77-80) alcanzara cierto nivel de fama y reconocimiento.

El rock de Joy Division es esencial y básico, prácticamente sin arreglos: los instrumentos suenan crudos y directos, descarnados pero potentes. Con todo, el estilo que desarrollaron los hizo sonar tan diferentes a los demás grupos punks británicos (Buzzcocks, Sex Pistols, The Clash) que parecía que inauguraban una nueva clasificación musical.

El trabajo de los actores que interpretan a los músicos (Joe Anderson, James Anthony Pearson y Harry Treadaway) incluyó que aprendieran a ejecutar las canciones de Joy Division, con lo que la cinta gana enormemente en autenticidad: las escenas de las presentaciones no son mímica sino reales. De hecho, Riley y sus compañeros actores interpretaron y grabaron Transmission para el soundtrack.

El trabajo actoral de Riley y de Samantha Morton como Debbie es verdaderamente destacable desde el punto de vista dramático: convencen al espectador de estar viendo una tragedia amorosa anunciada desde su gestación: la extrema juventud del matrimonio y la exposición al éxito y la fama fueron elementos vitales que Curtis, compositor con momentos de inspiración geniales y dueño de gran sinceridad, no logró mantener bajo control. El problema o trauma de Curtis –tal vez originado por él mismo cuando a manera de travesura y junto con un compañero tenía por costumbre robar e ingerir pastillas de cualquier tipo- se manifiesta en su cada vez más intensa y frecuente introspección, expuesta magistralmente por Riley. El papel de Debbie como la esposa engañada y despechada es más convencional pero no menos intenso en la interpretación de Morton.

La vida personal de Curtis, de acuerdo con la película, se reflejaba en sus canciones: mientras peor se sentía, más tristes y desesperadas eran sus letras. Irónicamente dos de sus piezas más famosas fueron She´s lost control y Love will tear us apart.

La cinta, filmada en blanco y negro, de textura ligeramente granulada, es una delicia para el melómano que conoce el trabajo –escaso- de Joy Division, y una excelente introducción a su obra para aquellas generaciones que apenas nacían cuando la banda tuvo su lunes triste, (nombre del que tal vez sea el hit más memorable de New Order: Blue Monday) al ser ése el día en que Curtis decidió que no quería continuar con el descontrol de su vida.

Se trata de un excelente trabajo biográfico, dramático y musical que ha comenzado a cosechar premios y completamente recomendable.

Wednesday, April 02, 2008

De la serie Puros Cuentos

Crónica de dos tardes calurosas
Ricardo Martínez García

1
La figura del francés Sebastián Castella está caracterizada por su juventud, esbeltez y abundante cabellera. Bien podría encarnar a Howl, el del Castillo Vagabundo, o al Rémy de las animaciones japonesas. Sin dejar de ser guapo, tiene un aspecto de garçon de muelle del Mediterráneo, pero a la vez poseedor de una enorme gracia y agilidad de movimientos.

Con su primer toro, encontrándose ya en el último tercio de lidia, Castella –de quien algunos dicen que es el mejor torero del mundo en el presente- hace gala de control y valentía: parece que coquetea o hipnotiza al toro: tan suaves y delicados son sus audaces movimientos con la muleta. La flema que le da a cada natural, con diferentes pases y recortes, como jugando con el toro pero sin menospreciarlo en ningún momento, resulta verdaderamente deliciosa.

La proximidad entre el torero y el astado queda asentada por la sangre que macula la taleguilla que viste el franco, quien parece conocer de toda la vida al morlaco. La cercanía entre el diestro y este testigo queda establecida por los diez metros entre el sitio principal de su faena y mi sucio lugar en la tercera fila. La tarde me fue propicia ante el inesperado espectáculo.

En comparación, el trabajo del Zotoluco –quien junto con Garibay comparte este día ruedo con Castella en la Silverio Pérez- resulta algo tosco aunque no menos valiente ni arriesgado. Es como una lucha entre un rudo y un técnico: arrojo y audacia de ambos lados, finura, técnica y delicadeza del lado francés.

-Es muy bueno, ¿no?-, comenta Mark mientras me pasa la bota con vino. Jules, nuestro mecenas, conversa animadamente con un señor que tiene toda la pinta de ser ganadero.
-¡Es impresionante!, ¿ya viste cómo tiene sangre en la pierna?-, pregunto a mi vez.
-Sí, casi monta al toro. Y todo al natural, sin aspavientos ni falsas poses como otros que hemos visto.

Pues sí, Castella es tan auténtico que su toreo fluye artesanalmente a la vista de todos.

2

En verdad que hace calor este día, tanto así que no se apetece siquiera salir al patio del edificio.
-¡Me opongo!-, exclamó Erny, el ingeniero de sistemas, tan pronto como le respondí sobre lo que haría el domingo por la tarde. Siempre preguntaba lo mismo y yo siempre temía lo mismo: que me fuera a invitar a algún lado.
-¿A qué te opones, a que vaya a la Plaza de Toros?-, contesté algo picado pues no me gusta la idea de que alguien me impida hacer algo.
-No, a que los maten, eso es tortura, es inhumano.
-Siempre hay gente protestando por eso afuera de la Plaza, ¿has ido alguna vez a una corrida?
-¡Claro que no!, pero eso no significa que no sepa lo que es.
-Bueno-, dije, con cierto fastidio, –¿No te parece que tu vehemencia en contra del toreo es digna de mejores causas? ¿Por qué no protestar por cómo son tratados y sacrificados los cerdos, o los pollos, o las focas en Canadá? O mejor por la situación de ciertos pueblos humanos. ¡Ahora mismo muere gente en Irak o en Afganistán, cuyas poblaciones han sido invadidas por las fuerzas imperiales de los Estados Unidos y sus aliados y son masacrados con armas sumamente sofisticadas! O para no ir tan lejos, en México las condiciones de vida de millones de personas son paupérrimas y no veo a nadie protestando, ¿sabes por qué?, porque lo consideran de lo más natural del mundo y además ¡porque a nadie le importa! En cambio, los bien pensantes (como tú, pensé en decirle, pero me contuve), los que cuentan con gran conciencia moral, que abarca el mundo natural y el social, consideran que es horrible y de mal gusto que se toree a unos animales estupendos como esos astados de raza, criados especialmente para la lidia, sin darse cuenta de que esos animales han tenido mejor vida que mucha gente pobre, en cuanto a cuidados y alimentación al menos, lo cual no deja de ser paradójico. ¡Hay muchas cosas inhumanas que no conmueven a nadie!
Erny me miraba cada vez con mayor desprecio e incredulidad conforme yo me descosía ante él. Era un buen tipo, amable y gentil en muchos aspectos de la vida cotidiana, pero tenía una idea de sí mismo algo pretenciosa, lo cual lo hacía caer con frecuencia en la necesidad de manipular y controlar a las personas a su alrededor, sobre todo a las que quería de verdad.
No es que yo fuera un verdadero aficionado a la fiesta taurina, pero me cayó mal que apenas le dijera que iba a ir a los toros, de inmediato manifestara una oposición.

-Los toros, la llamada fiesta brava, mi querido Erny -continué en el mismo tono académico- representa una manifestación cultural cuyo origen se remonta a la Antigüedad, y tal como la conocemos se formó a finales del siglo XVII. Tiene un nivel cultural muy arraigado en ciertos sectores de la población en países como España, Francia, Portugal y en algunos de Latinoamérica, es como otras tradiciones que se siguen celebrando, por ejemplo como la de Semana Santa en Iztapalapa y otros lugares. ¿Te imaginas diciéndole a alguien en plena representación de viernes santo“me opongo a que crucifiquen al nazareno” o “es una crueldad que carguen semejantes crucezotas”?
-¡No te pases!-, dijo Erny soltando una carcajada. –Bueno, está bien, pues que disfrutes de tu “fiesta brava” mi Rafa.
Se alejó de mí sin siquiera voltear a verme, luego de darme el acostumbrado abrazo.

Friday, March 28, 2008

Orson Scott Card


La Historia ficción de Orson Scott Card
Ricardo Martínez García

La serie de Alvin Maker del escritor Orson Scott Card, famoso por sus obras de ciencia ficción como El Juego de Ender y la saga del Retorno a la Tierra, es un ejemplo de la nueva literatura norteamericana que se encuentra entre el best seller y la literatura «seria».

Se trata de una revisión de los momentos clave de la historia de los Estados Unidos de Norteamérica desde su independencia hasta mediados del siglo XIX: el proceso de colonización de los territorios del medio oeste (El Séptimo Hijo), los conflictos con los indios de esas regiones y su posterior eliminación (El Profeta Rojo), el esclavismo y la lucha por la abolición (desde Alvin el Aprendiz hasta Fuego del Corazón). Todo en clave de ficción fantástica: los pobladores del imaginario Rio Hatrack son poseedores de dones extraordinarios que en otros lados, como en la puritana Nueva Inglaterra, son consideradas como actos de brujería.

A pesar de que Card es un mormón practicante, no realiza proselitismo alguno de tal religión en sus novelas. Es más bien un tipo que escribe con gran sentido común y dosis de humor sobresalientes. Card utiliza las características sicológicas de sus personajes -área en la que es un verdadero maestro- para llevar a cabo reflexiones con cierta profundidad sobre los momentos históricos clave señalados.

Problemas como el respeto a las culturas autóctonas y a sus territorios invadidos por los colonos blancos, la perversidad de algunos políticos deseosos de eliminar a todo piel roja a cualquier precio, el sufrimiento y la humillación de las personas sometidas a esclavitud, la hipocresía de algunos blancos dueños de esclavos que se creen señalados por Dios y que terminan realizando tremendas bajezas con los indefensos, o de aquellos otros que sólo de dientes para afuera “desean” la libertad de la población negra, son puestos al escrutinio de manera clara en sus novelas.

Alvin, el personaje central, es un super hombre pues tiene grandes poderes, es un “hacedor” desde el momento de su nacimiento, al ser el séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón. Puede ordenar a seres vivos a hacer lo que él quiera, manipular o manejar todo tipo de materiales, especialmente la roca, los metales, e incluso convertir el hierro en oro.

Los dones de Alvin podrían ser utilizados casi para cualquier cosa, buena o mala, pero él elige utilizarlos para el bien. Desde su nacimiento, Alvin cuenta con la ayuda de Peggy, una tea que puede ver los senderos del destino de aquellos a los que examina; pero también cuenta con un adversario formidable: el deshacedor, un ser opuesto a él, que es un hacedor. Estos dos personajes, y todos los demás que intervienen en la trama, representan a los grandes prototipos humanos, con sus complejidades y sus cambios de humor.
No se puede negar por otro lado que Card utiliza, directa o indirectamente, referencias a otros personajes de la historia o literarios como características de sus personajes.
Alvin tiene un hermano llamado Calvin, y juntos representan a los bíblicos Abel y Caín; a veces Alvin es presentado como si fuera un mesías que va recolectando prosélitos, a pesar de que se casa y concibe una hija, luego de casarse con Peggy (Alvin el Oficial).
Tampoco se podría negar la similitud entre los dones de Alvin y Peggy, como correr a gran velocidad gracias al “canto verde” aprendido con los pieles rojas, o ver el “fuego interno” de las personas, con las habilidades que Carlos Castaneda dice haber aprendido de su maestro el nagual Don Juan Matus, en la famosa serie de libros de Castaneda: la “marcha del guerrero” y la capacidad de “ver” a los seres vivos como campos de energía con formas ovoides, es decir, verles sus fuegos internos.
Incluso Alvin realiza un cambio en la estructura física de Arturo Estuardo, un mulato que es como su hijo, gracias a su poder de manipulación de la materia y de su conocimiento de las partículas que componen los cuerpos humanos. Dicha manipulación recuerda la de un brujo como Don Juan, el cual puede manipular su cuerpo energético moviendo su punto de encaje para transformarse en otro ser. Alvin no lo hace consigo pero sí transforma a Arturo. El mismo Arturo puede “hablar” con algunas aves, como lo hiciera Castaneda con un coyote.
En Fuego del Corazón, Card nos presenta a Alvin y a su esposa, en compañía de algunos amigos, luchando en contra de la esclavitud y enfrentando un juicio en Nueva Inglaterra por brujería, en la cual Alvin es el acusado. El autor muestra brillantemente -en un bello contraste-las “brujerías” que practicaba la población negra para soportar su vida en esclavitud, renunciando a su nombre y a sus pasiones rebeldes, volviéndose aparentemente dóciles y hasta estúpidos.
Una de las grandes virtudes de las obras de Orson Scott son sus diálogos, llenos de humor, tan coloquiales a veces o tan profundos otras pero siempre disfrutables.
Card es un escritor lo suficientemente flexible que se da el gusto de plasmar algunas ideas críticas sobre la libertad de expresión, como cuando recuerda que Tom Jefferson era un hombre al que le gustaba hablar de libertad, a pesar de que no hizo nada por liberar a los esclavos, mientras amaba controlar a otras personas. “¡Podías tener libertad de expresión siempre que no la usaras para oponerte a la política de Jefferson!”, dice en Fuego del Corazón.
La misma idea la podemos trasladar al contexto actual norteamericano (no hacerlo sería ignorar el presente) y suponer que los ciudadanos norteamericanos pueden tener libertad de expresión, siempre que no la usen para oponerse a la política de Bush.

Reflexiones como ésa son comunes a lo largo de esta interesante y recomendable serie de historia ficción que es Alvin Maker.

Friday, February 22, 2008

Rambo de Regreso al Infierno

De regreso a la violencia
Rambo el Guerrero Total
Ricardo Martínez García

John James Rambo (Silvester Stallone) es un soldado veterano de la guerra de Vietnam que “no lucha por su país sino por sí mismo” y que se quedó en algún lugar de Asia a vivir, pescando y viajando en su destartalado bote por las aguas del río Salween, uno de los más largos de Asia, que nace en el Tíbet, atraviesa parte de China, Birmania y Tailandia.

Se trata una vez más del famoso personaje creado por el escritor de origen canadiense David Morrell en su novela First Blood (1972), publicada cuando aún los Estados Unidos luchaban el la jungla contra el Viet Cong, y que Stallone convirtió en franquicia cinematográfica.

A veinte años de su antecesora Rambo 3 (88), un corpulento y demacrado Stallone toma la batuta de la dirección del filme y continúa con el estilo legado en las anteriores cintas: un argumento simple pero efectivo: el renegado soldado antihéroe, que ha sufrido los horrores de la guerra y que al principio se niega a ayudar a quienes se lo solicitan, pero luego convirtiéndose en la piedra angular de la salvación de aquellos, demostrando que es el guerrero total.

Stallone propone una historia que puede ubicarse casi en cualquier tiempo y lugar: un feroz ejército con oficiales crueles y tiranos que esclavizan o torturan a la población y obligan a los más jóvenes a formar parte de sus filas. Situaciones así se han dado con cierta frecuencia en Centroamérica, en África, en Europa, en Vietnam, Afganistán, Iraq, Guantánamo y en casi todos los lugares que han sufrido conflictos bélicos.

En esta cuarta película, Rambo recibe la petición de llevar a un grupo de misioneros que desean ir a un lugar inaccesible y peligroso para los civiles, y con mayor razón para los extranjeros. A regañadientes decide llevarlos, teniendo que matar a un grupo de piratas de río para lograr el objetivo.

Una vez que los pasajeros pisan tierra, Rambo regresa a su choza con la certeza de que esa misión no tendrá buen fin, cosa que se verifica con la presencia de un ministro religioso en la jungla, que a su vez le solicita lleve a un grupo de rescate en busca de sus feligreses, en una situación tal como antes se la presentaba un oficial del ejército gringo y le daba instrucciones de su próxima misión, cuando el buen John lo único que quería era vivir en paz.

Sea porque Rambo se conmueve por los misioneros, porque le gustó la rubia imprescindible o porque es fiel a su doctrina de que más vale morir por una causa a vivir sin tenerla, decide conducir al grupo de mercenarios al lugar del desembarco. Los mercenarios le impiden ir con ellos pues “es un barquero”, sin saber la clase de máquina de matar que tienen ante ellos. Las cosas se complican tanto para los mercenarios como para los misioneros y sólo Rambo puede ayudarlos.

Lo mejor –o lo peor, según se vea- de la cinta son las escenas de acción, que alcanzan niveles bizarros de violencia y destrucción. Para los efectos especiales los gringos son insuperables: explosiones al por mayor, cuerpos destrozándose luego de recibir ráfagas potentísimas de ametralladora, gente corriendo, confusión, sangre mezclada con la tierra.

La fiesta de sangre y destrozos, que deja sembrada la tierra de infinidad de cuerpos, enfrenta en un momento a soldados del ejército con los de las fuerzas rebeldes, ganando éstos últimos, sin saberse si para bien o para mal, lo cual para efectos de la cinta no es lo importante.

La cinta es ante todo espectáculo pirotécnico de gran nivel, no apología de algún bando, a menos que se quiera verla como una cinta anti violencia que muestra las consecuencias de ella.
Rambo dice en algún momento que las misiones religiosas “no cambian nada” a menos que “traigan armas”, lo cual equivale a que vayan unidas a contingentes armados (como podrían ser los cascos azules, que también tienen sus travesuras), y al final su único comentario es “así son las cosas” mostrando una acrítica aceptación del estado bélico de las cosas humanas, como diciendo “¿para qué nos molestamos en averiguar las causas de éste o aquel conflicto, si de todas maneras no vamos a poder cambiar nada?”.

Uno podría imaginar al personaje, luego de la batalla, viviendo plácidamente a la orilla del gran río, cazando peces con su arco, y recordando lo relacionado con el rescate como si fuera una pasajera pesadilla. Pero no, decide regresar a Arizona, al american way of life, donde probablemente todavía vive su viejo padre, en un rancho que pudiera ser el de Bush en Texas, sólo que un poco más humilde. ¡Qué cambio, de la jungla al rancho!