Saturday, January 31, 2009

Una Familia Genial

La gente inteligente debería arreglárselas siempre bien

Ricardo Martínez García

Noam Murro, director de origen israelí conocido por sus creativos trabajos para el mundo de la publicidad, presenta en Una Familia Genial (Smart People, 08) una ácida y difícil comedia familiar protagonizada por un envejecido Dennis Quaid y la siempre tierna y linda Ellen Page.

Al principio la película tiene un aire denso y un tanto forzado. El distante y casi enajenado profesor universitario de literatura Lawrence Wetherhold (Quaid) se encuentra con que ninguna casa editora quiere publicar su libro más reciente. De carácter amargado, gruñón y un tanto rebelde, tiene que lidiar con su hija adolescente igual de ácida que él, sin amigos y fungiendo como la verdadera ama de casa, ante la viudez de su padre. Además está su hijo –el más sobrio de todos- y su hermano adoptivo (Thomas Haden Church), un vendedor de tarjetas telefónicas sin mayores aspiraciones que vivir al día sin demasiadas complicaciones.

La trama y el manejo de los personajes no deja de recordar en ciertos momentos a otras familias peculiares que salen a flote de los mejores modos, tal como en las cintas Miss Pequeña Sunshine o Juno (el personaje de Page parece el mismo de Juno, solo que sin estar embarazada). Por otra parte, hay breves pasajes que de tan desolados recuerdan esa América profunda retratada en filmes de ambientes deprimentes como Stroszeck (Herzog, 77) o en My Own Private Idaho (Van Sant, 91).

El panorama de sórdida cotidianidad americana comienza a cambiar cuando Wetherhold inicia un romance con su ex alumna y doctora Janet Hartigan (Sarah Jessica Parker), quien quiere con el profesor pero no está dispuesta a lidiar con su a veces pedante egolatría y ensimismamiento.

La historia atraviesa por momentos de dudas, torpezas, inseguridades, incomunicación pero también de comprensión y generosidad por parte de los personajes menos pensados, hasta que la trama llega a buen puerto. Cuando finalmente los personajes comienzan a caerle bien al espectador, la película llega a su fin.

El mensaje de la cinta de Murro –que deja un buen sabor de boca- es que aún la gente más inteligente no deja de cometer torpezas, pero siempre será gente inteligente como para arreglárselas bien, sin importar si es doctor en literatura o vendedor de tarjetas telefónicas.

Sunday, January 25, 2009

El Espíritu


Una Novela Gráfica Filmada.
Ricardo Martínez García
Frank Miller, director y escritor de libros como Sin City 1 y 2, además de guionista de cintas como Robocop 2 y 3 y colaborador de Robert Rodríguez, presenta El Espíritu (The Spirit, 08), inspirada en el personaje de Will Eisner, creador de las llamadas “novelas gráficas”, con una estética parecida a la de Sin City pero con un toque que remite aún más al cómic del cual está basada.

La visión estética de la cinta muestra a los personajes y a Ciudad Central en fuertes contrastes de blanco y negro (ahora al estilo de las revistas en las que aparecían estas historias, pues antes las historias eran dibuadas con encuadres inspirados en el cine) y uno que otro toque de color –que hace resaltar corbatas, tenis, manchas de sangre-, combinando elementos antiguos y modernos como autos y vestimentas de mediados del siglo XX con computadoras y celulares.
La historia es bastante sencilla: cuenta con un villano frankesteniano llamado Octopus (Samuel L. Jackson, arriesgándose con un personaje llamado igual que el que aparece en el Hombre Araña y que es representado por Alfred Molina), quien realiza experimentos de índole genéticos y usa como conejillo de indias a El Espíritu (Gabriel Macht) quien antes de morir se llamaba Denny Colt y luego se convertirá en el nuevo héroe de la ciudad que regresa de la muerte gracias a las sustancias que le inyecta Octopus, quien también se inyecta la sustancia sobre sí mismo (de manera parecida al Duende Verde en El Hombre Araña, interpretado por Willem Defoe) convirtiéndolos en algo parecido a seres inmortales.

No conforme como lo anterior, Octopus desea conseguir una antigua vasija que contiene supuestamente la sangre de Heracles (mejor conocido como Hércules), la cual le dará poderes extraordinarios a quien lo tome. Las alusiones a la mitología y el mundo griego es de lo más interesante en la cinta.

En esta cinta se repiten ciertos patrones dramáticos y narrativos que fueron ampliamente desarrollados por Stan Lee y sus colaboradores en la creación de sus personajes -mucho más conocidos que los de Eisner- para la Marvel en sus cómics.
En lo que sí hay novedad es en la inclusión de dos mujeres de fuerte personalidad: Eva Mendes como la súper sexy y ambiciosa Sand Saref, nombre que es un guiño al mundo editorial y a las fuentes tipográficas, y quien logra lo insospechado: su personaje eclipsa totalmente al de Scarlett Johannson, la aparentemente recatada y tímida Silken Floss, socia de Octopus. La hace ver como una adolescente jugando a ser una villana coqueta y audaz.

Seychelle Gabriel, por otra parte, es la hermosa actriz que da vida a la juvenil Saref cuando era novia del joven Espíritu (Johnny Simmons) y que muestra que sí hay mujeres que declaran abiertamente lo que quieren: joyas, mansiones, autos.

La contraparte de Sand Saref es la doctora Ellen Dolan (Sarah Paulson), novia o esposa de Danny Colt y quien probablemente sabe que El Espíritu es su Danny, quien también fue novio de Sand Saref. Ellen es la abnegada mujer que siempre está atenta para auxiliar al Espíritu, pues sólo ella “conoce su cuerpo y el modo en que funciona”, o al menos eso le dice a su padre, el Comisionado Dolan (interpretado por Dan Lauria, el famoso papá de Kevin, el de Los Años Maravillosos).
La recreación de un héroe sin poderes especiales, pero héroe al fin no es novedad, y la cinta seguramente será disfrutada por los seguidores de las novelas gráficas de Eisner. Pero quien ha disfrutado con cintas como Hombres X, El Hombre Araña, o Los Cuatro Fantásticos, probablemente se sentirá un poco decepcionado.

Saturday, January 17, 2009

A la Orilla del Cielo


Amor y Sacrificio


Ricardo Martínez García


Por fin se exhibe en el circuito comercial de cines de la Ciudad de México la celebrada cinta de Fathi Akin A la Orilla del Cielo, ganadora en el Festival de Cannes en 2007 tanto en la categoría de Mejor Guión como en el Premio del Jurado.


Director nacido en Alemania pero de raíces turcas, Akin (73) expone en sus trabajos fílmicos (como en A Man`s Fear of God, Crossing the Bridge: The Sound of Estambul y otras) ciertas preocupaciones por los problemas sociales generados por las guerras, las relaciones raciales, la inmigración, así como las fuertes paradojas que dichos problemas y relaciones generan.


A la Orilla del Cielo (Auf der Anderen Seite, 07) es un drama humano fuerte y complejo pero expuesto de manera sencilla, en el que abundan las ironías del destino, cruces de caminos ignorados, casualidades que son las que conforman la vida cotidiana de Nejat, un profesor universitario de origen turco que da clases de alemán en Alemania, y de su padre retirado Ali, quien decide invitar a vivir con él a Yeter, una dama de la vida galante, quien a su vez tiene una hija que la cree dependienta de una zapatería.


Las cosas se complican cuando ocurren los imprevistos: Ali accidentalmente da muerte a Yeter, y va a dar a la cárcel. Nejat reniega de su padre (con el que había vivido toda su vida) y se da la tarea de encontrar a la hija de Yeter, Ayten, para lo cual viaja a Estambul en su busca. Dicho viaje le cambia la vida en varios sentidos.

Akin enfatiza el papel de la muerte y del amor en las paradójicas situaciones de la vida. Pareciera que al perder a alguien por muerte o prisión, se gana a alguien más.


Los cambios de escenarios, de Alemania a Turquía, o de escenas domésticas de familias alemanas o turcas ofrecen una riqueza enorme en la expresión de las relaciones humanas. Incluso Akin se permite algunas observaciones políticas en voz de Ayten, quien es activista por los derechos humanos en Turquía –gobierno que la considera terrorista- y que por ninguna razón acepta la entrada de Turquía a la Unión Europea.


Por amor se cometen las más grandes locuras, los más grandes sacrificios, y eso lo constata tanto Nejat como Ayten y la novia de ésta, la alemana Lotte, quien abandona todo con tal de ayudarla. Dicho amor le da sentido y sustancia a su vida, lo cual no puede entender su madre. Por circunstancias absurdas (lo mismo que en el caso de Yeter), Lotte pierde la vida, y su madre decide continuar con el apoyo que su hija le daba a Ayten.


En Turquía se conmemora en enero la festividad del Kurban Bayram, o Fiesta del Sacrificio, que recuerda la ocasión en que Ibrahim (Abraham en la tradición hebrea) estaba dispuesto a sacrificar a su hijo Ismail a petición de Dios, con el propósito de probar su fe. La casualidad hace que la madre de Lotte, Susanne, que se encuentra en Estambul a causa de su fallecida hija y de su deseo de seguir con la ayuda a Ayten, se reúna con Nejat (ambos sin saber los nexos que los unen) el día de esta celebración y presencie cómo la gente acude a la mezquita.


Susanne le pregunta a Nejat el motivo de la reunión y éste se lo explica. Nejat entonces recuerda que su padre Ali, al ser cuestionado sobre qué haría si Dios le pidiera el sacrificio de Nejat, Ali respondió que haría de Dios su enemigo si le pidiera tal cosa. En ese momento le cae el veinte a Nejat y decide reconciliarse con su padre, el cual había sido deportado desde Alemania.


Al ir a buscar a su padre a un pueblo costero, Nejat pasa por un poblado llamado Filyos, lo cual es un pequeño guiño del director a todos los que somos hijos y contamos todavía con nuestros padres. Cuando llega al lugar donde se supone está su padre, el cual salió a pescar, Nejat simplemente se sienta a esperarlo, a la Orilla del Mar.


Se trata de una película que no debe perderse, si gusta de dramas humanos sin concesiones ni sentimentalismos, profundos e inteligentes, y que además muestra que nuestros mayores enemigos son nuestros propios prejuicios.

Tuesday, January 13, 2009

Australia

Un Western muy Meridional

Ricardo Martínez García

Luego de dirigir a Leonardo Di Caprio y Claire Danes en la ecléctica versión de la obra Romeo y Julieta de Shakespeare y de trabajar dirigiendo el musical Moulin Rouge protagonizado por su paisana Nicole Kidman, ahora Baz Luhrmann entrega una cinta de corte western pero ubicada en su país natal, Australia.

Es una cinta que narra la historia de una noble inglesa que se tiene que hacer cargo de un rancho de su propiedad ubicado en el lejano país meridional de Australia. Para salvar dicha propiedad del desastre de ser absorbida por un ambicioso terrateniente, tiene que trasladar a un enorme número de cabezas de ganado hacia el puerto de Darwin, en plena Segunda Guerra Mundial y poco antes de un ataque por parte de la Fuerza Aérea Japonesa.

Nada más llegar a Australia la delicada Lady Sarah Ashley (Kidman) comienza a depender de señor Drover (El Capataz, un excesivamente varonil Hugh Jackman) con quien pronto se verá cada vez más relacionada.

Lady Sarah es una dama inglesa decidida, valerosa pero ignorante de lo que se le viene encima. Ante sus evidentes abusos corre a su capataz, el cobarde y ladrón Neil Fletcher (un excelente villano interpretado por David Wenham) quien es responsable de la concepción con una aborigen del niño Nullah (Brandon Walters, con la actuación revelación de la cinta) y a quienes maltrata sin miramientos.

El amor que surge entre lady Sarah y el señor Droven es bastante predecible pero no por eso menos eficaz entre los espectadores, sobre todo en aquellos que contamos con un corazón de pollo.

Siendo una película de carácter épico, puesto que no cualquiera arrea dos mil cabezas de ganado durante días enteros, ayudado por un equipo de vaqueros inexpertos compuesto por tres mujeres, un anciano y un niño (y un poco de magia, hay que decirlo), y con la necesidad de cruzar un desierto mortal, sorprende que en algunas escenografías no se utilicen locaciones naturales (como en gran parte de la cinta) sino que es notoria la artificialidad propia de los estudios. Tal es el caso de las escenas de la acampada al pie de unos acantilados, cuyos fondos hacen recordar los usados por el director Vicente Orona en la cinta Los Gavilanes, cuando Pedro Infante y Lilia Prado se encuentran en pleno “cerro”. Así más o menos se ve ese escenario pero ahora con la Kidman y Jackman.

Del mismo modo son notorias las escenas de animación digital en las que cientos de reses se encaminan directo a un desfiladero, lo cual era lo más recomendable dada la naturaleza de la situación.

Lo mejor de la cinta es la conmovedora relación que se gesta entre Sarah y Nullah, la cual ofrece tanto el dramatismo como la parte sentimental, así como el respeto a las tradiciones autóctonas, dadas las condiciones en las que se da dicha relación. En Australia, como en muchos otros lugares del mundo que han conocido la colonización por parte de pueblos europeos, los habitantes autóctonos se encontraban en su propia tierra como extraños, los prejuicios raciales generaron problemas en ambos lados y la hipocresía social se hacía de la vista gorda ante algunos actos bajos de miembros de la raza conquistadora. Tal es el caso de Nullah, que al ser hijo del blanco Fletcher y de una negra, no sabe cuál es su lugar en el mundo, hasta que lo rescata su abuelo, tanto de los peligros reales como de los de su aparente falta de identidad.

Dicen que a Nicole Kidman no le gustó cómo quedó la cinta finalmente, pero creo que hay muchas películas mucho más malas y menos disfrutables que este western australiano. Vale la pena verla.

Rocknrolla


La Fascinación Cinematográfica por la Delincuencia
Ricardo Martínez García

Si hay algo que tienen en común cineastas como Guy Ritchie, Quentin Tarantino, Roger Donaldson o David Mamet (solo para mencionar a mis preferidos), es la fascinación, el gusto que sienten por el mundo del hampa, de la delincuencia y el bajo mundo del crimen para reflejarlo en complejas y divertidas tramas.

Cintas como Perros de Reserva (o Pulp Fiction), Lock, Stock and Two Smoking Barrels, El Robo del Siglo o Asalto ofrecen diferentes visiones del universo del hampa, dependiendo del reflejo de la personalidad de cada uno de esos grandes directores.

En México se exhibió hace poco Revolver (06), pero ahora se encuentra en cartelera Rocknrolla, el más reciente trabajo de Guy Ritchie cinta que probablemente reivindica un poco su trabajo luego de la irregular y casi fallida cinta anterior.

Los excéntricos, salvajes y a veces divertidos personajes creados por Ritchie siguen siendo del tipo de grandes corruptos como el mafioso Lenny Cole (un estupendo y veterano Tom Wilkinson), y su lugarteniente Archy (el casi gemelo de Andy García, Mark Strong) que se pasan la vida negociando por debajo del agua con concejales o funcionarios públicos no menos corruptos para conseguir muy ventajosos cambios de uso de suelo con el fin de construir bienes inmuebles -algo con lo que posiblemente estén familiarizados ciertos funcionarios de las delegaciones Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón, Cuauhtémoc y otras en la Ciudad de México- o entrevistándose con poderosos inversores rusos asentados en Londres que desean gastar un poco de dinero para conseguir los permisos correspondientes.

Ese escaso dinero ruso puede llegar a sumar tranquilamente unos catorce millones de euros, los cuales son escamoteados a instancias de la ambiciosa contadora al servicio del multimillonario Obamavich (Karel Roden), la bella Stella (la morenaza y delicada actriz Thandie Newton, novia de Tom Cruise en Misión Imposible), encargando el robo del dinero a un trío de despistados e ineptos delincuentes encabezados por el señor “Uno Dos” (el muy versátil Gérard Butler, famoso por El Fantasma de la Òpera y por 300) y sus socios El Guapo Bob (que al salir del clóset y a punto de entrar en prisión logra que Uno Dos haga algo con él, y de lo cual éste no quiere que nadie se entere) y el fortachón Mumbles.

También está el hijastro de Cole, el clavadísimo yonky Johnny Quid, un frustrado músico del punk que finge su muerte (“un rockero muerto vale mucho más que uno vivo”) y que es quien introduce el elemento caótico en todo el sistema corrupto productor de grandes cantidades de dinero al robar un cuadro.

No todo en la cinta de Ritchie es ficción: en Madrid, Londres y algunos otros lugares de Europa de vez en vez estallan casos de la vieja “corrupción urbanística” (o de cualquier otro tipo) involucrando a funcionarios públicos, alcaldes, concejales o munícipes que se encargan de conseguir como sea -y cobrando enormes comisiones- permisos para que empresas gigantes construyan viviendas o edificios en lugares donde estaba prohibido. Gente como Pedro Antonio Torrejón, Joaquín Tejeiro, Antonio Reino, María de la Poza, José Luis Tello, y otros son algunos funcionarios españoles que han sido señalados por haberse beneficiado con negociaciones turbias de ese tipo (ver http://www.elmundo.es/especiales/2006/11/espana/corrupcion_urbanistica/mapa/madrid.html).
También están esos personajes rusos mafiosones inmensamente ricos que son una clara alusión a gente como el multimillonario Roman Abramovich, conocido por ser el dueño del equipo Chelsea de la Premier League, y por su afición a las obras de arte; hasta el nombre del personaje en la película es parecido. ¿Acso le sabrán algo al señor Abramovich?

La cinta de Ritchie cuenta con gran cantidad de ingredientes audiovisuales manejados a veces a gran velocidad, como la voz en off de Uno Dos que al inicio de la película nos explica el contexto e introduce a los personajes, así como los delirantes diálogos (los subtítulos cambian tan rápido que se hace recomendable no leerlos sino tratar de entender directamente el inglés si es que no resulta demasiado callejero para ser entendible) o las escenas de acción; otras veces dichos elementos son presentados con marcadas pausas para enfatizar un estado subjetivo (como cuando Johnny Rocknrolla se droga y sufre los efectos en un inmundo y sórdido lugar que comparte con otro yonqui), o como cuando unos guaruras casi indestructibles e incansables realizan una aparatosa persecusión a la banda de Uno Dos en una hilarante parodia de Terminator.

El universo de los personajes de Ritchie, cínicos, toscos, listillos pero leales a su manera, es a ratos bastante parecido a los de Tarantino, logrando imprimirles un sello particular, aunque ambos carecen de la sutileza y elegancia de los creados por Mamet, que está al otro extremo de ellos (sobre todo por ejemplo en la elegante, pulcra e inteligente Asalto, en donde se lucen Gene Hackman, Delroy Lindo y Danny De Vito), siendo sus personajes de más clase si se puede decir así, no obstante su misma profesión.

Mención aparte merece el soundtrack de la cinta, con grupos como The Clash, The Hives, The Scientists, The Subways, The Sonics, y gente como Lou Reed, Kim Fowley, Steve Isles y otros. Afortunadamente Ritchie tiene buena intuición musical: nada del repertorio de su ex Madonna y sí piezas como la poderosa I´m a Man de Black Strobe.

El baile desenfadado, al principio un tanto epiléptico pero poco a poco con más ritmo y cadencia que se discuten Stella y Uno Dos (bailando Waiting for a Train, de Flash & The Pan, mientras acuerdan someramente la forma de realizar un asalto) y el romántico baile de éste con El Guapo Bob son de antología y representan dos de las escenas más divertidas.

Rocknrolla es una película veloz, entretenida, compleja, a ratos ininteligible y estrambótica pero con todo el sello creador del memorable Guy Ritchie de principios de los noventa, fascinado por el mundo de la delincuencia, en donde también caben las drogas, un poco de sexo y mucho rock and roll.

Por cierto, pronto veremos el trabajo de Ritchie dirigiendo a Robert Downey Jr. y a Jude Law en la esperada nueva versión de las aventuras de Sherlock Holmes y su inseparable amigo el Dr. Watson. La pregunta es ¿podrá Ritchie mantener su estilo y gusto de filmación en una cinta como esa, de corte tan clásico, tal y como son los personajes creados por Arthur Conan Doyle?

Friday, December 12, 2008

Revolver




El Dr. Jeckill and Mr. Ritchie


Ricardo Martínez García


Revolver es probablemente la cinta más sofisticada pero a la vez la más introspectiva y lenta que ha hecho hasta ahora Guy Ritchie, el famoso cineasta británico nacido en Hertfordshire hace cuarenta años y ahora ex esposo de Madonna.


Sin dejar de lado su temática favorita, el bajo mundo de la delincuencia británica (organizada y a veces desorganizada, como en las divertidas Snatch y Lock, Stock and Two Smoking Barrels)) ahora a Ritchie le entra la vena de la exploración del subconsciente, del estudio del ego como elemento enajenante del ser humano o como aquello que impide el natural desarrollo del yo, ocasionando que éste caiga en terribles excesos.


El nuevo enfoque de los personajes que propone Ritchie hace de Jake Green (un sobredirigido Jason Statham en el rol de un jugador experto en fraudes y ex prisionero) una nueva versión, bastante ligera por cierto, del clásico personaje creado por Robert Louis Stevenson, el Dr. Jeckill y Mister Hide: un atormentado individuo que lucha constantemente consigo mismo o con su ego a través de una especie de diálogo interno ezquizoide, lucha que si no fuera porque Ritchie la plantea con cierta fastidiosa seriedad y pesadez, sería más que risible.


El mismo problema de ego, pero desbocado totalmente, lo tiene el mafioso Dorothy Macha (un estupendo Ray Liotta) quien actúa como si fuera el amo y señor del universo, sólo por debajo de un tal señor Gold, mítico representante del intocable nivel superior en la escala delictiva. La simbología es patente, una vez entrados en cuestiones de análisis sicológico.


Macha es un individuo que atiende sus “negocios” en bata y calzoncillos, cuando no está totalmente desnudo. Es todo un personaje, el cual le da cierta tierna frescura a la cinta de Ritchie, la que por cierto llega a México (por muy poco tiempo en cartelera) con algo de retraso: su fecha de producción es del 2005.


El mundo de los personajes de Ritchie es un combo que tiene cabida para todos los clichés del género: además de Macha, está el italiano Zach (Vincent Pastore, el de Los Soprano) y su socio afroamericano Avi (el músico miembro de Outkast y actor Andre Benjamin), ambos mentores de Jake en la prisión sin que éste los viera nunca, así como unos mafiosos con pinta de rusos y de chinos.

Ritchie lo tiene claro: el ego, alimentado por los halagos excesivos y el afán de reconocimiento, daña seriamente la salud del simple yo, el cual se ve abrumado por esa “instalación foránea” (como probablemente lo llamaría Carlos Castaneda) que se hace pasar por nuestro verdadero yo.

La temática de la película nos permite especular sobre el origen inspirador de la cinta. Tal vez para cuando comenzó a escribir el guión, la presión de estar casado con la ahora cincuentona Madonna, diez años mayor que él y poseedora de una arrolladora personalidad, lo hizo concebir la historia de Revolver. Ahora que se han divorciado, nos hemos enterado de que la reina del pop ha afirmado que hay gente a su alrededor que está “discapacitada emocionalmente”, probablemente refiriéndose a su ex esposo. El cuadro entonces estaría completo: uno es incapaz de amar a la otra del ego superdesarrollado.

Fuera de toda especulación, la cinta deja mucho que desear. Si usted cree que Revolver es otra cinta más de culto a la Ritchie, no encontrará el ritmo vertiginoso, ni los diálogos pintorescos ácidos y vulgares, emitidos en un casi incomprensible slang propio del bajo mundo y tan comunes en sus trabajos iniciales, encontrará más bien el intento fallido de una cinta pretenciosa y densa cuya clave de interpretación se ofrece al final con los testimonios de especialistas sicólogos o siquiatras que dan su calificada definición de qué es el ego y qué nos hace a los seres humanos.

Uno de esos especialistas afirma que el mejor truco del ego es hacernos creer que el demonio sí existe, cuando dicha figura del mal en realidad solo es un disfraz del propio ego. Así, lo mejor de la cinta es que provoca ciertas reflexiones, pero no a través de ella sino de lo que dicen los citados especialistas.

Visto así, no es de extrañar que Revolver no dure más de dos o tres semanas en cartelera: un golpe leve al ego del propio Ritchie, si su intención era generar elogios, lo cual dudo. Se trata más bien de su forma de darle cauce a sus sentimientos más íntimos, referidos a él o a las personas que viven o vivían en su círculo personal.

Saturday, December 06, 2008

Centinelas

El fracaso de la justicia

Ricardo Martínez García

En la vida uno puede encontrarse en cualquier lugar a personas abusadoras, violentas, gandallas, que van coleccionando víctimas hasta que alguien les pone el alto. Puede tratarse desde simples broncudos racistas de taberna, oportunistas que se apropian del trabajo de los otros, hasta mafiosos narcotraficantes que amenazan y asesinan sin ningún remordimiento.
La cinta Centinelas (Outlaw, 08) del británico Nick Love, muestra a un grupo de personas que de una u otra manera han sido víctimas de abusos y violencia, formando una banda de vengadores para tratar de hacer algo en contra de abusadores, pedófilos y mafiosos.

Sean Bean, actor nacido en Sheffield conocido por su trabajo en El Señor de los Anillos (en donde da vida a Boromir) y en Ronin (como un supuesto soldado de élite) entre otras, tiene el protagónico en esta cinta como el sargento Danny Bryant, quien acaba de regresar de algún cuerpo de paracaidistas asignado en Irak o Afganistán, asqueado y cansado de lo que ha visto en el frente, por lo que decide dadas las circunstancias –su esposa lo ha dejado para estar con otro- formar un pequeño grupo de reacción ante las agresiones de que han sido objeto.

Bryant es el encargado de “entrenar” a los miembros de la banda cuyo objetivo es “hacer algo” en contra de los malos. Tal intención no se realiza inmediatamente: sufren una tunda al enfrentarse a unos buscones en un bar; luego dejan caer dinero robado a unos mafiosos, hasta que en un tercer intento comienzan a levantar gente (muy al estilo del narco en México) seleccionada por sus antecedentes delictivos para torturarla y asesinarla.

Los miembros de la banda –en la cual hay un abogado al que le asesinan a su esposa embarazada por no retirarse de un caso, un joven con feas cicatrices en la cara hechas con algún arma filosa y un jefe de seguridad de un hotel que gusta de fisgonear a los huéspedes- comienzan a ser conocidos como unos modernos Robin Hoods pues el público que los ve en televisión huyendo luego de un asalto, no sabe que dejan caer el dinero por mera incompetencia, y comienzan a idealizarlos.

Las absurdas pero tétricas situaciones en las que se involucran, como golpear a unas personas atadas y encapuchadas genera dudas en algunos ellos, pues son en el fondo personas decentes, y tienen sus resquemores para aplicar la justicia por propia mano.

La cinta así planteada parece ser un conducto para canalizar y reflejar el sentimiento social generalizado de que la justicia en la Gran Bretaña ha alcanzado niveles insostenibles de corrupción (pues no solo en México se padece del mismo mal), y de que en los más sensibles e indefensos de la población campea la paranoia o el miedo a la violencia, al grado de provocarle pesadillas a un ejecutivo de ventas que es el primero en unirse a la banda de “centinelas” y a la postre el único sobreviviente.

La banda de vigilantes vengadores llega a su fin cuando los verdaderos mafiosos se las arreglan para tenderles una trampa, enviándolos a una emboscada con policías que los quieren ver eliminados, policías que presumiblemente colaboran con el jefe mafioso.

El mensaje de la cinta, filmada con un estilo de cámara nerviosa, con mucho movimiento y cambios bruscos de planos, los cuales pueden llegar a exasperar, parece ser que los ciudadanos o se resignan a vivir con la corrupción y a ser víctimas impotentes, o toman la justicia por su cuenta pero arriesgándose a echarse encima tanto a policías como a delincuentes. Es naturalmente una película pesimista, de tintes fascistoides, con un tipo de violencia muy realista (con escenas de salvajes golpizas, asesinatos y huesos fracturados a palos) y con un final triste y previsible.

A ratos la cinta parece una extraña mezcla entre Tarde de Perros, de Sydney Lumet y protagonizada por Al Pacino (por la cómica ineptitud de los miembros de la banda) y Taxi Driver de Martin Scorsese, con gran actuación de Robert de Niro (porque el líder de la banda es un ex soldado de regreso a la patria, asqueado, confundido y paranoico con ganas de hacer algo “trascendente”), y con algunos significativos detalles en la trama que recuerdan aquella famosa cinta de Charles Bronson El Vengador Anónimo (Death Wish, Michael Winner, 74), en la que el protagonista tomaba la justicia en sus propias manos luego del asesinato y violación de su esposa e hija.

¿A eso nos estaremos encaminando en los lugares en donde la corrupción y la violencia, los asaltos, secuestros y levantones, y su consiguiente impunidad hacen patente el fracaso de la justicia, a convertirnos en vengadores anónimos o centinelas? Tal vez ya haya algunos así, pero la policía no los dará a conocer.

Red de Mentiras



El amor por encima del deber


Ricardo Martínez García


La insatisfacción civil hacia las acciones bélicas que ha desarrollado el gobierno de los Estados Unidos de América tiene a veces un cauce de expresión mediatizada en la cinematografía actual. Tal es el caso de cintas como Traidor (Nachmanoff, 08), Leones por Corderos (Redford, 07), En el Valle de Elah (Haggis, 07) y algunas otras por el estilo, donde se muestra el juego político-burocrático-militar que está detrás de las acciones emprendidas en países como Afganistán e Irak, luego del 11 de septiembre del 2001.


Red de Mentiras (Ridley Scott, 2008) es una cinta en la que se sigue manifestando el sinsentido de una cruenta y lenta guerra en la que se vale realmente todo, con tal de hacer que aquel que ha sido catalogado como el enemigo asome la cabeza y pueda ser atrapado, en aras de la lucha contra el terrorismo.


La película comienza con una frase en la que queda claro que las acciones que se realizan en contra de alguien –casi siempre violentamente- tienen repercusiones, algo así como la ley del talión pero a nivel global: las masacres a las que han sido sometidos durante tantos y tantos años los pueblos “enemigos de la libertad” tal como la entienden los funcionarios del gobierno norteamericano, han comenzado a pasarle la factura a los mismos agresores en forma de explosiones y atentados terroristas. La cinta parece querer decir: “si siguen así, no se extrañen de que en el futuro se repitan más 11 de septiembres”.


Luchar genuinamente contra el terrorismo no es lo mismo que provocar terrorismo para combatir el terrorismo, y en eso es en lo que está involucrado el agente encubierto de la CIA Roger Ferris (el cada vez mejor actor Leonardo Di Caprio) y su poco fiable jefe Edward Hoffman (un Russell Crowe bastante contenido y discreto), todo en aras de conseguir la victoria sobre la amenaza real del terrorismo que amenaza a los buenos ciudadanos norteamericanos, aunque extrañamente los ataques casi siempre se producen en territorios extranjeros, salvo naturalmente aquellos del 11 de septiembre.


En la lucha mefistofélica y con sofisticaciones altamente tecnificadas caen, como siempre, víctimas “colaterales”, como el arquitecto árabe al que el buen agente Ferris, con la mano en la cintura y sin medir consecuencias, le construye una vida paralela desde la virtualidad de la red internet pero ya no como el honrado arquitecto que es, sino como un supuesto líder terrorista, todo con el sagaz objetivo de provocar la egolatría del verdadero jefe para que dé signos de vida y atraparlo.


Ferris se encuentra de pronto entre el cinismo de su jefe y la superior astucia del jefe de inteligencia jordano, el tan elegante como siniestro Hani (el inglés Mark Strong) y su despiste amoroso, elemento más que improbable en una trama de espías profesionales pero que tiene como objetivo darle cierto romanticismo a la cinta, sobre todo porque presupone que Ferris antepondrá sus sentimientos por la hermosa Aisha (la actriz iraní y ex estudiante de piano en el Conservatorio de Viena Golshifteh Farahani) por encima de su deber de patriota: tal es la red de situaciones inciertas que dan título a este entretenido filme del célebre director Ridley Scott.


Hay ciertas cosas en la trama de la cinta que difícilmente pueden ser creíbles, como el trabajo secreto de un agente de la CIA evidentemente caucásico operando casi sin problemas en peligrosos lugares de Oriente Medio, auxiliado tan solo por un teléfono satelital que lo mantiene en permanente contacto con su jefe, quien opera cómodamente desde su casa mientras atiende a sus hijos. Es más creíble en ese sentido el personaje de Don Cheadle en Traidor: un norteamericano musulmán negro estudioso del Corán, quien se encuentra en la disyuntiva de serle fiel a su país y/o a su religión. Ferris se da cuenta de sus errores operativos pero para entonces es demasiado tarde para el arquitecto-señuelo que “fabricó” y casi también para él mismo, a su vez convertido en señuelo por el jefe de la inteligencia jordano Hani, que busca en apariencia lo mismo que él: atrapar al jefe terrorista.


La cinta representa un intento más de crítica a las acciones bélicas del gobierno de Bush en Afganistán e Irak, si se le desea interpretar así, pero se distrae un poco con el planteamiento personal del modo en que resuelve Ferris su trabajo como espía y la emergencia de un nuevo amor. De otro modo, es una excelente opción o alternativa de cinta de acción con temas sobre política internacional y terrorismo.

Wednesday, December 03, 2008

La Duquesa

Las bajas pasiones de la alta sociedad

Ricardo Martínez García

La máscara de la más alta nobleza de la sociedad inglesa del siglo XVIII, levantada por gracia y obra de la literatura histórica, deja ver a los verdaderos seres humanos debajo de ella. Así lo hicieron algunos autores universales desde Shakespeare hasta Virginia Woolfe y en Francia Alejandro Dumas en su clásica trilogía Los Tres Mosqueteros, Veinte Años Después y El Vizconde de Bragelonne 1 y 2, entre otros.

La casi veneración divina que el pueblo británico le prodiga a sus nobles –actitud que se encuentra también en otras monarquías del mundo- resulta grotesca luego de observar la vida íntima, aceptada y asumida por sus propios miembros, y los pequeños detalles con los que se las gastan y gastaban los nobles señores, amos poderosos dueños de la vida y la muerte de sus súbditos, en gran contraste con los limitados actos permitidos a sus esposas o amantes.

La Duquesa es una cinta de época ambientada en la campiña británica a fines del siglo XVIII, fastuosa y minuciosa en su estética visual pero humana, demasiado humana en el aspecto moral y costumbrista propio de los aristócratas, caso específico del Duque de Devonshire, al que se consideraba el más poderoso de la Inglaterra de su tiempo y uno de los más claros ejemplares de hombre cuasi omnipotente producto del llamado absolutismo monárquico.

Basada en la novela histórica de Amanda Foreman Georgiana Duquesa de Devonshire, la cinta narra la vida matrimonial de Georgiana Spencer (una sorprendente Keira Knightley, ya lejos de su papel de pirata), mujer afamada por su belleza quien a instancias de su madre logra un matrimonio “ventajoso” con el frío e indiferente William Cavendish, quinto duque de Devonshire (un rígido y casi inexpresivo Ralph Fiennes), hombre inmensamente rico y poderoso.

La cinta apenas si trata de pasadita el hecho de que la duquesa tuvo cierta importante participación en algunos eventos políticos (como la formación del Partido Liberal), una destacada actividad como creadora y diseñadora de lo que llamaríamos ahora «imagen personal» y de relaciones públicas al servicio de algunos políticos, además de que era una auténtica socialité.

Dirigida por el cineasta británico Saul Dibb, La Duquesa se centra en el sufrimiento y el trato desigual e injusto que le prodiga su acaudalado esposo, a quien lo único que le interesa de ella es que le dé un heredero varón. Pero no le interesa compartir, ni conversar ni nada con su “esposa”. Y menos aún que ésta emita juicios sobre sus acciones.

En un acto de rebeldía, G, como le llaman sus amigos a la duquesa, decide aplicarle un poco de la misma sopa a su esposo al intentar conseguirse su propio amante, pero el duque le hace ver la fragilidad de su posición a pesar de ser su esposa. Ella apechuga amargamente ante la presión del duque y de su propia madre ante la perspectiva de perder de golpe los objetos de su amor maternal.

La película es muy buena en su efectismo, al grado de que nos hace sentir verdadera pena por la pobre niña rica, casi recluida en su gigantesco palacio pero mimada hasta el hartazgo y casi obligada a vivir con un marido muy paleto, pero además nos recuerda que aún las más ricas lloran y mucho por lo que más quieren, que son sus hijos, al grado de renunciar a su corazón de mujer en aras de su natural y casi divino amor de madre.

Los problemas que plantea la cinta son de carácter moral y doméstico pero con la salvedad de que son problemas aristocráticos. Nada fuera de lo común para la manera de pensar de la época, tan permisiva con los amoríos de los caballeros, a quienes les aterra ser el hazmerreír de la población o aparecer como los cornudos.

La película no alcanza a producir esa sensación de perversión que se hace patente en una película como La Educación Prohibida, o el desborde criminal de las pasiones como en Los Motivos de Luz, pues su efecto es más bien despertar indignación ante la inequitativa situación matrimonial avalada por los retorcidos valores morales socializados e hipócritas.

La trama parece un alegato contra el machismo, por muy noble y aristocrático que éste sea. Pero así se concebían y aceptaban esas situaciones entonces; ocurre que Georgiana era una mujer adelantada para su tiempo y sus hijos fueron el instrumento que se utilizó para regresarla a su época real. En realidad hay cosas que no cambian nunca: las bajas pasiones humanas aún en las altas esferas sociales.

Saturday, November 22, 2008

Crepúsculo



¡Beber de tu sangre…adolescente!


Ricardo Martínez García


Toda película de vampiros debería contar con al menos ciertas dosis de sangre corriendo por cuellos desnudos, colmillos que se encajan en frescas yugulares, oscuridad y ataúdes a flor de tierra, pero no es el caso de Crepúsculo, película de la directora norteamericana Catherine Hardwicke.


Los vampiros en esta cinta ya no son lo que eran en la vieja tradición mítica: unos no muertos sedientos de sangre humana que “viven” en oscuras propiedades dentro de viejas y antiquísimas casonas a la espera de la noche para salir a buscar su alimento, tomando forma de verdaderos y monstruosos murciélagos y haciendo alarde de una fuerza sobrehumana.


Algunos vampiros en Crepúsculo pueden deambular durante el día, como lo hacía otro cinematográfico vampiro redimido, Blade, aunque cuidan que no les dé el sol, mantenerse con un régimen dietético “vegetariano”, es decir alimentándose tan solo con sangre de animales en lugar de sangre humana, convivir casi de manera normal con la gente e incluso ser miembros activos de la sociedad. Su existencia, no obstante, sigue cargada con fuertes dosis de tensión sexual, sobre todo entre ellos mismos.


Isabella Swan, Bella (una casi inexpresiva e indiferente Kristen Stewart, tal y como son realmente algunas adolescentes) es una chica de diecisiete años que se muda de Arizona a Washington ante el nuevo matrimonio de su madre. Decide ir a casa de su padre, comisario de un poblado llamado Forks. El doctor del pueblo, Carlisle Cullen (Peter Facinelli), es un vampiro que ha logrado dominar su apetito por la sangre humana, insertándose en la sociedad y formando una familia en apariencia normal, pero en realidad también vampiros, con más pinta de pedantes burgueses o higiénicos emos que de siniestros darketos.


Edward Cullen (Robert Pattinson), hijo del doctor, se enamora de Bella. Se trata de un personaje mezcla del Joven Manos de Tijera y del novio Victor Van Dort de la película El Cadáver de la Novia, casualmente dos personajes de Tim Burton.


Bella desde que conoce a Edward en la escuela no deja de babear por él a lo largo de toda la cinta. Desafortunadamente en su amor se interpone la existencia de otros vampiros, menos civilizados que el doctor Cullen, quienes sí se alimentan de sangre humana y buscarán comerse el apetitoso manjar que representa Bella.


La historia de amor adolescente, con Edward resistiéndose y Bella derritiéndose se entremezcla con la cacería que inicia el voraz vampiro cazador llamado James (Cam Gigandet) en pos de ella. A ratos este personaje recuerda vivamente a Bestia, el esbirro de Magneto en X Men 1. Estos vampiros adolescentes son muy semejantes a algunos estudiantes de la escuela del Dr. Xavier, con sus poderes y toda la parafernalia. La latencia del verdadero vampiro que llevan dentro y a punto de emerger en los miembros de la familia Cullen, salta a la vista por ejemplo cuando advierten una herida sangrante, o cuando Edward tiene que chuparle “el veneno” a Bella para salvarle la vida.


La cinta está basada en la novela de la escritora Stephenie Meyer titulada “Twilight”, y el guión está a cargo de Melissa Rosenberg, conocida por su trabajo como productora y escritora en televisión. Con otra mujer como directora, no extraña que la trama ensalce tanto la historia de amor –esencial de por sí en toda historia de vampiros- en la que hay entrega total de Bella y la necesidad insuperable de Edward de protegerla, ambos sentimientos matizados por una antinatural castidad y continencia. Apenas si les alcanza para unos besitos.


Otro punto ensalzado de la cinta es la idea de la unión familiar, así se trate de una familia de vampiros. Si la cinta tuviera un ligero toque más humorístico, el resultado sería casi un homenaje a la Familia Monster: así de cerca está la agradable pero fría familia Cullen de ese modelo familiar clásico de la televisión de los sesentas.


El hecho de que los protagonistas principales sean adolescentes nos indica a qué mercado desea llegar la cinta, cuyo objetivo parece estar siendo alcanzado: tan sólo en su primer fin de semana de exhibición en los Estados Unidos algunos analistas estiman una taquilla de unos setenta millones de dólares, casi el doble de su presupuesto, generado por miles de adolescentes con deseos “sangrar” la economía de sus padres y de ver esta cinta, primera de una saga planeada al menos para dos películas más.


La actitud investigadora mostrada por la adolescente Bella es digna de mencionarse, sobre todo cuando realmente le interesa conocer más sobre un tema: el de los vampiros. Ante ello, no queda sino recomendar a los jóvenes cinéfilos la literatura esencial sobre los no muertos: el clásico de Stocker, Drácula, el Carmilla de Le Fanu, de Polidori El Vampiro, o La Religiosa de Diderot, para no mencionar a autores contemporáneos como Anne Rice y un largo etcétera.

Saturday, November 15, 2008

Código de Familia

El Típico Autosabotaje Policíaco
Ricardo Martínez García

Pocas cosas golpean a la sociedad de modo tan artero y cobarde como el abuso del poder. Y no necesariamente del evidente poder de un gobierno, sino el abuso amparado por una pistola y una placa que portan orangutanes que creen ser “policías” y usan para golpear, robar, torturar y escamotear el trabajo de otros policías honrados, que los hay aunque sea difícil de creer, pero que tienen que cargar por igual con el desprestigio generado por los corruptos.

Código de Familia (Pride and Glory) es una cinta que pertenece a una tradición de filmes policíacos que va más allá del mero espectáculo fílmico y que, por su carga temática crítica, pueden interpretarse como de “denuncia” de la sociedad a través del cine.

Claro está que dichas cintas no llegan verdaderamente a tener repercusión en alguna instancia jurídica sino solo en la opinión pública de los espectadores. Hay películas que tratan sobre actos criminales y sus juicios, pero difícilmente una película conduce a entablar demandas penales derivadas de su contenido.

Código de Familia es una cinta que narra la historia de la casi mítica lucha entre policías buenos y malos, aunque no tan maniqueamente, de ahí el conflicto ético policíaco y familiar en el que se ven envueltos los protagonistas, tal como en su momento mostraron películas como Los Infiltrados (Scorsese), Asuntos Internos (Figgis), Los Ángeles al Desnudo (Hanson) y otras muchas que mezclan ficción con evidentes elementos de negra realidad.

En esas cintas, algunos miembros de los cuerpos policíacos de las grandes urbes se encargan de sembrar evidencias, eliminarlas o modificarlas según sea la necesidad, trátese del robo a una tienda o de un magnicidio. Las contradictorias explicaciones que se suelen dar generan la natural suspicacia y desconfianza de la ciudadanía, que atestigua calladamente los tejemanejes de su “heroica” policía. (No pregunten por los casos Colosio, Ruiz Massieu, Enrique Salinas, etcétera, y los cientos de casos en los que han muerto policías enfrentando al narco, pretendidamente en el cumplimiento de su deber).

Con frecuencia esos cuerpos policíacos alcanzan el control del mundo criminal. Para justificar sus acciones, los agentes cuentan historias completamente tergiversadas, en las que agentes corruptos y sumamente ambiciosos suelen ser los protagonistas.

Gavin O`Connor, director de Código de Familia, pone el énfasis en la importancia de la familia y su idea de honor y honestidad como eje central de la vida de los policías, buenos y malos que son los personajes centrales de su filme.

El oficial retirado Francis Tierney (Jon Voight) es el patriarca de una familia de policías conformada por sus hijos, el comandante Franny (Noah Emmerich), el detective Ray (Edward Norton) y su yerno, el sargento Jimmy Egan (Colin Farrell). La cinta nos muestra momentos íntimos familiares, ambientadas en vísperas de la noche de navidad, de gran importancia para una familia de origen irlandés asentada en Nueva York.

La paz familiar, no obstante, resulta una ficción cuando las dos vertientes familiares se enfrentan al tratar de resolver un caso. La ejecución de unos agentes de narcóticos y su posterior investigación enfrentará inevitablemente a Ray con su cuñado Jimmy, con resultados funestos para ambos.

Ray y su hermano Franny representan el lado orgulloso y glorioso del espíritu policíaco, mientras que Jimmy juega el papel del policía que cayó en la tentación del dinero fácil y en las acciones brutales que cubre con una aparente impunidad. A eso le apuesta el personaje de Farell, sin saber que tendrá un final que hace recordar el caso de San Juan Ixtayopan por sus resultados.

Edward Norton –quien hace gala a ratos de un castellano champurreado que probablemente aprendió hablando con su ex Salma Hayek- muestra un sólido trabajo interpretativo ya característico en él: contenido, emotivo o profundo cuando se requiere. Colin Farrell, por su parte, está que ni mandado a hacer como el violentísimo policía irlandés capaz de todo con tal de borrar cualquier indicio de su corrupción. Emmerich puede pasar de la ternura máxima que muestra con su esposa enferma a convertirse en el más enérgico, broncudo y gritón comandante. Todos ellos están muy bien apoyados en la experiencia y el trabajo de Jon Voight, primer actor y padre de Angelina Jolie.

La cinta vale por el enfoque familiar e intimista que impera en ella, por las situaciones conflictivas que propone y por la gran actuación de sus protagonistas. El argumento por su parte aporta la idea de que con frecuencia la policía padece de autosabotaje merced a sus agentes corruptos.

Tuesday, November 11, 2008

Quantum of Solace


Todos queremos ser Bond
Ricardo Martínez García
¿Quién no quisiera ser James Bond? Es un tipo varonil, rudo, frío, sumamente eficaz en su trabajo, el cual requiere de conducir desde Aston Martins hasta desvencijadas camionetas, viajar por todo el mundo y todo lo que hace un espía al servicio de su Majestad, conquistar y hacerles el amor a hermosas mujeres desde el primer día y ser casi indestructible sin llegar a convertirse en un súper héroe de los de la Marvel, más cercano a Rambo o al robot aquel de Terminator
.
Bond además es un hombre que como cualquiera, tiene deseos de venganza, de dirigir su ira hacia aquellos que causaron la muerte de su amada (porque de manera increíble en la cinta anterior, Casino Royale, James aparentemente se enamoró de verdad de la guapísima Vesper (Eva Green).

Daniel Craig da vida formidablemente a este Bond, más resentido y cruel que nunca, del cual hasta su jefa M (Judi Dench) en algún momento desconfía, suponiendo que el agente británico pudiera haberse pasado a las filas del enemigo (que no es uno sino muchos y de diversa índole), cuando en realidad Bond representa la quintaesencia de la fidelidad a la Corona y a su “deber” de patriota.

La fidelidad y el patriotismo de Bond no son tan evidentes como pudiera suponerse: no lo vemos en ningún momento envolverse en la bandera británica ni nada por el estilo. Al contrario, lo vemos metiéndose en medio de mafiosas y corruptas transacciones en las que las “nacionalidades” no significan gran cosa, que evidencian el carácter antihumano y agiotista que impulsa a algunas grandes corporaciones o conglomerados, los cuales hipócritamente dicen estar a favor de la conservación del medio ambiente, mientras que bajo la mesa se hacen de los recursos naturales de países enteros.

Dominic Greeene (Mathieu Amalric, el estupendo actor de La Escafandra y la Mariposa), encabeza una organización que pone su poder económico al servicio de un depuesto y corrupto líder boliviano, el general Medrano (Joaquín Cosío) en busca de apropiarse de los recursos hidráulicos de ese país, recursos que son ahora el nuevo oro deseado por los avorazados de siempre y que dará riqueza a estas organizaciones: quien controle su abasto, tendrá o mantendrá el poder.

En dichas transacciones están involucrados empresarios de las grandes potencias, agentes encubiertos de la CIA, del M16 y vaya a saberse de cuántas organizaciones secretas más. La misión de Bond así, es por partida doble: una, de carácter privado, la búsqueda del asesino de Vesper, que se mezcla inexorablemente con su deber como agente secreto, encontrar al villano señor White, que a su vez lo conduce a Greene y su aristocrático mundo empresarial corrupto.

El joven director suizo Marc Foster logra darle a la cinta un ritmo vertiginoso bien distribuido, en los que no importa saber la razón de tantas persecuciones, caídas y malabares, sino el deleite visual y la tensión emocional que tales acciones producen en el espectador. La película por eso es muy buena dentro del género de acción, pero también aprovecha la historia -casi de modo subrepticio- para mostrar con cierta profundidad una postura y preocupación de carácter ecológica y geopolítica: pronto los territorios con agua (y ya no tanto los que tienen petróleo) serán los más codiciados, los que provoquen las disputas o guerras entre las grandes potencias. Es una visión del futuro próximo de la cual ya hemos oído hablar –la inminente escasez mundial de agua- pero tal vez no lo suficientemente y de la que es muy fácil olvidarse.

La cinta es un producto para todo tipo de espectadores: hay romance, aventura, intriga, violencia, paisajes espectaculares, belleza femenina, en suma los ingredientes necesarios (bien manejados) para crear una atmósfera fílmica ligeramente ominosa, con sus pequeños momentos divertidos y que en conjunto garantiza un buen rato para cada espectador.
La historia de Casino Royale tiene un toque ligeramente inclinado hacia la relación romántica de Bond y Vesper, mientras que en Quantum of Solace el ambiente que predomina es de ira contenida, de revancha o deseo de hacer justicia por propia mano. La bella Camille (Olga Kurylenko, no tan sensual pero más actriz que como aparece en la cinta Max Payne), compañera de aventuras en turno del 007 y más chica Bond que la casi desapercibida señorita Fields (Gemma Arterton), logra arreglar cuentas con su antiguo ofensor, el general Medrano, pero ¿Bond lo logra con los suyos?

Friday, October 24, 2008

Max Payne


El mito del supersoldado
Ricardo Martínez García

Basada en un videojuego que data del 2001 y que trata de la lucha entre un policía y miembros de la mafia, Max Payne, película de John Moore y protagonizada por Mark Wahlberg, deja de lado asunto de la mafia y se centra en la búsqueda de los culpables del asesinato de la esposa de este rudo policía.

La esposa de Payne lleva tres años de muerta y aún no han sido hallados los culpables, lo cual ocasiona la obsesión y tortura de Max. El caso se reactiva cuando el ex compañero de Payne encuentra nuevas pistas pero es asesinado antes de poner al tanto al detective.

Las pistas que sigue Payne lo llevan a descubrir que la empresa farmacéutica para la que trabajaba su esposa había desarrollado una droga que supuestamente haría de los soldados de las tropas norteamericanas unos guerreros invencibles, cosa con lo que contaban para ganar cualquier guerra.

Los problemas surgieron cuando la droga sólo funcionó en el 1% de los soldados, y en el resto provocaba alucinaciones, además de volver adictos a quienes lo tomaban. La señora Payne tuvo la mala suerte de encontrarse casualmente con esa información, lo que marcó su destino.

La cinta cuenta a ratos con un ambiente de dark triller apocalíptico, por ejemplo cuando aparecen esas oscuras figuras con alas en las tristes calles de Nueva York y que luego nos enteramos que son producto del efecto de la droga fallida.

Algunas cintas en cartelera (y muchas otras en el pasado) muestran la concepción de los cineastas de hasta dónde creen que está dispuesto a llegar un gobierno que tiene que administrar sus tropas desplegadas en misiones “de paz y de democratización” en varias importantes plazas del mundo.

En Traidor (08) Jeffrey Nachmanoff y Steve Martin plantean el problema que tiene que resolver un soldado de primera, especializado en explosivos, ante la disyuntiva entre serle fiel a su patria o a su religión. En esta cinta el asunto –como ejercicio de imaginación- es suponer hasta qué punto las autoridades militares están dispuestas a llegar con el fin de garantizar que sus soldados se vuelvan verdaderas máquinas de matar, sin temor a nada.

Mark Wahlberg tiene ya rato de ofrecer actuaciones contundentes en películas donde saca su mejor imagen como matón, policía o ladrón, que son casi lo mismo en sus duras y a veces hasta brutales pero convincentes caracterizaciones. Así lo hemos visto en Los Infiltrados (Scorsesse, 06), Cuatro Hermanos (Singleton, 05) y El trabajo italiano (Gray, 03).

Se trata de una cinta entretenida que mezcla y abreva de fuentes como el cine de detectives, los efectos negativos de las drogas y un específico tipo de ficción obtenida de un videojuego. El resultado es bastante aceptable como espectáculo, más el plus que otorga la idea de un sistema empresarial militar fácilmente corrompible con efectos nefastos para los involucrados.

Thursday, October 23, 2008

Traidor


Fidelidad a la Patria o ¿a Dios?
Ricardo Martínez García
Don Cheadle, actor de cintas como Hotel Rwanda, y la saga de Oceans 12 y 13, produce y protagoniza Traidor (08), del director Jeffrey Nachmanoff, basada en una idea escrita por el comediante Steve Martin, quien se pone serio y ofrece una historia de espías y terrorismo, dentro del marco de las luchas reivindicatorias de los pueblos árabes musulmanes ante la opresión “de occidente”.

En la lucha contra el terrorismo y la defensa del territorio norteamericano, el agente especial del FBI Ron Clayton (Guy Pearce) sigue las pistas de las actividades de un grupo musulmán extremista y sus proveedores de explosivos, entre los cual está Samir Horn (Cheadle), comerciante de explosivos que en realidad es un agente infiltrado de la CIA, cuya existencia es tan secreta que sólo sabe de él su jefe inmediato, el agente Carter (Jeff Daniels).
Horn apunta con exactitud el hecho de que no sólo él comercia explosivos sino también fabricantes norteamericanos (y británicos, israelíes, rusos, etcétera) que venden sus productos sin importarles que esas mismas armas puedan ser usadas en contra de los Estados Unidos.
Tanto Horn como Carter están enfrascados en una ideología extremista -cada uno en su propio bando- que los acerca demasiado a sus supuestos enemigos: llevan a cabo una guerra en la que no importan los daños colaterales sino el impacto que se pueda producir con los fines últimos: hacerle sentir al enemigo que no hay lugar ni tiempo en que alguien se pueda sentir a salvo.

La cinta parecería ser una más de terroristas y contraespionaje, y Don Cheadle aparece en un papel semejante a aquellos que hicieron famoso a Wesley Snipes, gran actor de acción actualmente de capa caída tras su sentencia de tres años de prisión por evasión de impuestos, aunque eso no le ha impedido seguir trabajando en proyectos como El Arte de la Guerra 2, pero en este caso Cheadle encarna a un norteamericano musulmán convencido y amplio conocedor de su religión, y tal condición es lo interesante de la película.

¿Qué hará un soldado norteamericano, experto en explosivos y reclutado por la CIA para infiltrarse en las filas de una organización extremista islámica con el fin de tener acceso a los líderes para acabar con la amenaza que representan, pero a la vez actuar de acuerdo a su religión? ¿Cómo conciliar su fidelidad tanto a su patria como a su religión? El argumento de Steve Martin es muy bueno. La respuesta sólo se ve al final de la cinta.

Don Cheadle más que sucesor de Snipes es su competidor en este tipo de películas, puesto que sólo tiene dos años menos que Snipes. Tiene el carisma, el talento, la presencia escénica y se encuentra en el mejor momento de su carrera. Su trabajo es realmente sobresaliente y tan solo por eso vale la pena ir a ver esta cinta.

Bajo la Sal

Asesinatos en Serio

Ricardo Martínez García

Bajo la Sal es un triller mexicano interesante, dirigido por el debutante Mario Muñoz, de buena hechura aunque a ratos irregular. El trabajo de Humberto Zurita y Plutarco Haza está a la altura de la fama que cada uno ha creado, y sirve de buen soporte al protagónico que corre a cargo del novel Ricardo Polanco en el papel de Víctor, y de Irene Azuela –ganadora de un Ariel este año- como Isabel.

El comandante Trujillo (Zurita) acude a un pueblo llamado Santa Rosa de la Sal, pueblo costero cuya existencia depende de una salinera (en realidad locaciones en Guerrero Negro, BC), para ayudar a su viejo compañero policía, el comisario Salazar (Emilio Guerrero), a resolver unos crímenes en contra de unas mujeres jóvenes, que parecen apuntar a un asesino serial como el autor.

Se trata de una serie de asesinatos cuyo elemento en común es que todas las muertas iban a la misma escuela preparatoria, lugar en donde el desfigurado prefecto (Haza) y un profesor de matemáticas libinidoso (Julio Bracho) tienen roles intrigantes, por decir lo menos, y es ahí donde comienzan las pesquisas de Trujillo. Al ir conociendo más detalles del caso, Trujillo se va acercando a la verdad, pero eso, lejos de evitar más muertes, propiciará la suya misma.

El título Bajo la sal alude también a aquello que subyace bajo la superficie de lo meramente aparente en las vidas de la gente del pueblo de Santa Rosa: saber quién es quién, qué hacen y a qué se dedican. Así, está el tímido y retraído Víctor, quien además de ser el hijo y ayudante del embalsamador del pueblo, entre sus aficiones tiene una muy particular: concebir y filmar películas animadas con la técnica conocida como stop motion o cuadro por cuadro, en los cuales se realiza un pequeño movimiento en las figuras y luego es fotografiada. También está Isabel, ex estudiante de la prepa y sus dos trabajos, el diurno y el nocturno, además de sus secretos muy bien guardados.

Con un guión escrito por el propio director Mario Muñoz, en colaboración con Ángel Pulido, guión originalmente titulado La Venganza del Valle de las Muñecas, el resultado de la cinta es bastante mejor que el de algunas cintas de origen extranjero que llegan a nuestras salas. Además son de resaltar las breves pero concisas implicaciones y analogías que se hacen con los casos de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Trujillo llegará a decir que en esos casos “ya hay mucha gente involucrada” y que ahí hay una verdadera mafia.

A pesar de que a veces el ritmo es irregular, y de que hay algunos cabos sueltos, como la suspensión de Trujillo en la Ciudad de México o el modus operandi del asesino, si usted busca cine mexicano diferente y de calidad, no se pierda esta cinta.

Friday, October 17, 2008

Quémese Después de Leerse

La Reafirmación de los Actores Sexys

Ricardo Martínez García

Con un gran reparto encabezado por George Clooney, John Malkovich, Tilda Swinton y Brad Pitt, los hermanos Ethan y Joel Coen muestran en Quémese Después de Leerse (Burn After Reading, 08) lo que se puede hacer con estos actores: una cinta llena de enredos, de humor negro y sarcásticas críticas a algunos aspectos del American Way of Life.

Contrario al glamour de la vida personal de los actores Pitt y Clooney, ambos considerados como dos de los hombres más sexys del mundo por las revistas Vanity Fair y Empire, el trabajo que desarrollan en esta cinta no deja lugar a dudas de su capacidad histriónica.

Los personajes de este dúo dinámico, dentro del guión escrito por los propios hermanos Coen, corresponden a tipos comunes y corrientes, tanto así que en el caso de Chad Feldheimer (Pitt), se trata de un teto simpaticón, empleado de gimnasio, sin más aspiraciones que ejercitarse continuamente en su bicicleta.

El eje argumentativo arranca con la renuncia del analista de datos de la CIA Osborne Cox (John Malcovich), el inminente divorcio que le prepara su distante e infiel esposa, la doctora Katy (Tilda Swinton), y el intento de chantaje, demasiado chabacano, al que es sometido por los empleados de un gimnasio: la secretaria Linda Litzke (Frances McDormand), quien está obsesionada con una cirugías que quiere hacerse, y su amigo y perfecto compañero de locuras, Chad.

Clooney encarna a un empleado del Tesoro, Harry Pfarrer, que es cínico, simpático y mujeriego galán otoñal, y que se enreda con Katy y con cuanta mujer se le pone enfrente, entre ellas Linda.

Katy, aconsejada por un abogado inescrupuloso, despoja hasta de la camisa a su aún esposo Osborne. El abogado consigue información personal de Osborne pero su secretaria pierde un disco con la información al ir al gimnasio. Así comienza la historia del chantaje.

Linda está tan obsesionada con las cirugías que necesita para “reinventarse”, que no le importa absolutamente nada, e incluso llega a ofrecer la información y memorias de Osborne a la embajada rusa. “Ustedes no tienen ideología” le espeta el funcionario que los atiende. Ni Linda ni Chad dan muestras de entender a qué se refiere tal aseveración.

La actuación de Clooney resulta realmente llena de vitalidad, en este galán que también es un gran director y productor. El trabajo de Swinton, que se encuentra ahora un tanto alejada del cine de arte que la hiciera famosa y por el cual es recordada en cintas como Orlando, de Sally Potter (92), pero sobre todo por su trabajo con el director de culto Derek Jarman, es también bastante destacable.

La cinta es una muestra más de la versatilidad de John Malkovich, quien tiene en su haber cintas como Relaciones Peligrosas de Stephen Frears (88), En la línea de Fuego de Wolfgang Petersen (93) y en Being John Malkovich, de Spike Jonze (99) donde se interpreta a sí mismo. Su personaje en Burn After Reading –título que hace referencia a la práctica de los espías con documentos confidenciales o ultrasecretos que han cumplido con su cometido- es tal vez el más cotidiano de todos, pero Malkovich lo hace estupendo.

Al principio cuesta trabajo concebir a Pitt en su personaje, pero su trabajo, lo mismo que en el caso de Clooney, no tarda en convencernos de la credibilidad de su papel. Una de las razones de la dificultad pudiera ser que nos hemos acostumbrando más a verlo como el padre de los hijos de la bella Angelina Jolie que como actor.

Difícilmente alguno de los actores en esta cinta será nominado al Oscar por el trabajo realizado en ella, (tal vez McDormand tenga una oportunidad) pero eso es debido a la inclinación de la Academia por las cintas “serias”.

Es tal la riqueza interpretativa en esta película que uno podría llegar a sentirse indigesto, si no se tratara de una comedia que ante todo ironiza sobre la estulticia con la que se rigen tanto algunas instituciones y personas en la actual sociedad norteamericana.

La cinta expone el sinsentido, la obsolencia y vacuidad de la burocracia que impera en la CIA y en otros organismos (como el FBI o, para ser inclusivos, en una institución extranjera como la Embajada Rusa en los Estados Unidos), señalando con humor la inoperancia de tales instituciones. Después del enredo generado por el intento de extorsión de Linda, un jefe de la CIA le pregunta a su subalterno “¿Qué aprendimos?”, “No tengo la menor idea” le contesta éste. “Que no lo volveremos a hacer” concluye el jefe. La ganadora al final es Linda, pues al parecer sus cirugías correrán a cargo de la Agencia de Inteligencia (?).

Ethan y Joel Coen hacen realmente lo que quieren con lo más granado de Hollywood y así lo demuestra esta curiosa y divertida cinta.

Thursday, October 16, 2008

¿Quién es Charlie?

¿Qué quieren los adolescentes?

Ricardo Martínez García

El director debutante Jon Poll presenta ¿Quién es Charlie? (Charlie Bartlett, 07) cinta que tal vez sea la mejor comedia estudiantil del año. Recuerda cintas tan memorables como La Sociedad de los Poetas Muertos o Perfume de Mujer pero sin el esnobismo de las escuelas privadas norteamericanas y además con una insospechada profundidad temática que va más allá de la mera solidaridad y la amistad.

Charlie Bartlett (el joven pero experimentado actor de origen ruso Anton Yelchin) es un adolescente de clase alta que como tantos jóvenes de su edad no se hallan en el mundo y deambula por la vida sin saber a qué atenerse.

No obstante, su necesidad de congraciarse con los demás, de tener verdaderos amigos, lo hace cometer actos que van de lo extraño a lo disparatado, amén de su inventiva y creatividad.

Charlie se vuelve popular tal vez por las razones equivocadas (en la última escuela privada en la que estuvo se dedicaba a falsificar credenciales para sus compañeros, y en la escuela pública a la que finalmente termina asistiendo, se dedica a dar una suerte de consultas siquiátricas y a recetar medicamentos antidepresivos, cosa que lo catapulta a lo más alto de la popularidad escolar), sin ser tan consciente de lo que realmente está haciendo, pero siempre es bienintencionado.

Charlie quiere ayudar a sus compañeros, quiere amigos y los consigue por medios poco ortodoxos –tal vez demasiado poco ortodoxos, pero algo de ficción debía tener la cinta-, lo cual le atrae inevitablemente algunos conflictos. La relación que establece con el director de la escuela, el señor Gardner (el magnífico actor Robert Downey Jr.) se deteriora a extremos deplorables, sobre todo por la otra relación que establece con Susan (la juvenil actriz Kat Dennings), la hija del director, pero es en esa relación con el director que precisamente ambos lograrán encauzar sus acciones hacia fines loables.

La cinta mueve a la reflexión sobre el modo de percibir el mundo que tienen los estudiantes, sobre la labor académica y su insuficiencia para formar y adoptar algunos valores vitales, así como la necesidad de asumir ciertas responsabilidades por nuestros propios actos.

A veces, con la intención de ayudar, se puede llegar a poner en bandeja de plata las opciones para actos desesperados –ante la falta de un involucramiento personal profundo-, como en el caso de un deprimido joven que siente que la vida nada le ofrece y que a nadie le interesa lo que le ocurra, por lo que toma la decisión de salir por la puerta falsa.

Realmente apesadumbrado al saber de ese intento, pues fue él el proveedor de las píldoras fatales, Charlie acude a ver a su amigo deprimido y convaleciente. Es en ese momento que le cae el veinte y la historia – narrada con un ritmo algo irregular pero que no demeritan en la atención- da un giro que la encauza por el buen camino.

Charlie al final descubre que es popular a pesar de ya no ofrecer medicamentos, sino por su única y verdadera habilidad: saber escuchar al otro (aún a pesar de reconocer que él está tan perdido como los demás), y además por su buen sentido común.

Se trata de una cinta entretenida, divertida y profunda en los momentos precisos. Recomendable sobre todo para los estudiantes de nivel medio superior (y para sus profesores) que seguramente encontrarán figuras con las cuales identificarse.