




Comedia nórdica de situaciones
Ricardo Martínez García
Viaje de Bodas (Sveitabrúðkaup, 08) es una cinta que nos muestra, dentro de una tradición fílmica poco dada al género de comedia, un aspecto tan universal como el de ciertas situaciones cotidianas que se salen de control en el momento menos esperado.
La cineasta islandesa Valdis Óskarsdottir, quien también escribió el guión, presenta una mirada casual pero íntima de la vida de Ingibjorg y Barði el día que contraerán nupcias. Para tal fin han planeado casarse en una pequeña iglesia en la campiña y han rentado un par de autobuses para menos de veinte invitados, entre amigos y familiares.
La influencia de la corriente fílmica denominada Dogma (con Lars Von Trier y Thomas Vinterberg, entre los más destacados) es patente en esta cinta, como por ejemplo el uso exclusivo de la iluminación natural –lo que le da un aire casi de documental, aumentando los contrastes entre los tonos oscuros y claros- en todas las escenas, o las tomas de movimiento con cámara en mano siguiendo las acciones de los actores.
Cada uno de los invitados a la boda tiene su propia historia personal, cada uno representa un pequeño microcosmos que se relaciona a veces de manera bastante precaria con los demás invitados. Está la abuelita con Alzheimer que hay que cuidar constantemente y que hace reír con sus comentarios fuera de lugar. Está el típico desconocido que fue invitado de la manera más tangencial, o la pareja de gays que no acaban de salir del clóset. O el señor que necesita unos tragos para sentirse tranquilo.
Las historias se entremezclan haciendo ver al espectador que en todos lados se cuecen las habas, pues nos enteramos de que una de las invitadas ha vivido engañada respecto a quién es su padre, uno de los gays, el más joven, no tiene seguridad de ser gay, por lo que rompe con su novio.
También está el hecho de que nadie sabe dónde está la iglesia donde se casará la pareja, por lo que el viaje se convierte en algo frustrante, además de constatar que en el campo las iglesias se parecen tanto, del mismo modo que los paisajes de montañas frías y desoladas.
En franco tono de comedia, nos enteramos de que el sacerdote de la iglesia es un fanático del fútbol, que solo ha oficiado funerales y bautizos, que en la mayor frustración sale ebrio a hablar con los contrayentes y acompañantes y que a fin de cuentas es el amor de la pareja lo importante en todo.
El ritmo es semilento, tal como ocurren las cosas muchas veces en la realidad, pero una vez que la cinta atrapa la atención del espectador, éste disfruta y hasta se divierte al comprobar que todos los pueblos de la tierra tienen las mismas reacciones graciosas en situaciones inesperadas. Hay un momento en que parece una tragicomedia mexicana.
La cinta representa una buena opción para quienes desean ver algo diferente de las comedias que se encuentran en cartelera.
La Unidad del Bien y el Mal 



Reencuentro
Ricardo Martínez García
La ya veterana actriz Helen Hunt debuta como directora con la cinta Reencuentro (Then she found me, 07), un trabajo personal con un guión escrito por ella misma, a partir de una novela, del mismo título en inglés, de Elinor Lipman, que ofrece una visión de la confrontación entre el deseo de una maestra de kínder de tener hijos, con las situaciones amorosas que vive, aunado al hecho de conocer a su madre biológica en plena madurez.
Hunt es una actriz prolífica con una carrera que comienza en su infancia y que ha trabajado tanto en cine como en televisión. Su trabajo, que en cantidad y calidad tal vez solo podría ser comparado con el de Jodie Foster pues ambas comenzaron siendo niñas, incluye un Oscar como mejor actriz en 1996 por Mejor Imposible, así como un Emy y un Globo de Oro por la serie Mad About You.
April Epner es una casi cuarentona (aunque la Hunt cumplirá 46 el próximo 15 de junio) que desea un bebé luego de casarse con Benjamin Green (Matthew Broderick, al que no se le quita el aspecto de adolescente a pesar de los años, aunque ahora está algo más llenito). Luego de intentarlo durante casi un año, sin conseguirlo, Ben decide abandonarla, dejándola luego de tener sexo con ella.
En su desconsuelo, April comienza a relacionarse con Frank (Colin Firth), un divorciado que tiene a sus hijos en el kínder donde trabaja ella. El amor que sienten mutuamente se mezcla a los sentimientos encontrados que ella experimenta a partir del reencuentro con su madre biológica, Bernice Graves (Bette Midler, que con su sola presencia es el antídoto para la parquedad y seriedad de la Hunt), una conductora de televisión al estilo de Ophra Winfrey.
Al dejar abierta la relación con su esposo Ben, y luego de ese último encuentro sexual, April queda embarazada, con lo que su relación amorosa con Frank se complica más de lo debido. Entendiblemente éste se enoja al darse cuenta de que ella se ha visto con su esposo, del que se suponía estaba separada. Hunt ofrece aquí su mirada más fría y escrutadora sobre los motivos que llevan a alguien a buscar a la otra persona. April busca ser madre pero se resiste a aceptar a la madre que no buscaba, echándole en cara su decisión de darla en adopción. Busca también el amor, pero se resiste a dejar ir al que ya no es, aunque le ofrece el beneficio de participar en el proceso del embarazo, pero a su vez lastimando sin querer al nuevo prospecto, con quien en un momento dado se sintió hasta en familia.
La trama, que está de alguna manera inmersa en contextos religiosos judíos, llega a un anticlímax cuando ella pierde al feto a las diez semanas de gestación. La tristeza que esto genera en April es de los mejores momentos interpretativos de Hunt.
Siguiendo los consejos de su madre, April al final se decide por la adopción, con lo que reinicia el ciclo que ella misma vivió al ser adoptada y criada por una familia judía.
Un dato curioso es el cameo que realiza el escritor británico hindú Salman Rushdie, a petición seguramente de Hunt, como el tranquilo ginecólogo que le hace los ultrasonidos a April, y que pregunta si falta alguien cuando ella se hace acompañar por Ben y Frank en una revisión, o el que respetuosamente escucha las plegarias en hebreo que April recita en su segunda revisión, acompañada solo de su madre.
La cinta tiene sus momentos conmovedores, alegres (debido a la gracia natural de Midler), y románticos. La directora logra darle un ritmo tal que resulta atractiva para casi cualquier espectador sensible. Más de uno se verá reflejado en las situaciones planteadas de manera realista en las escenas.



La Fugacidad de la Vida
Ricardo Martínez García
¿Qué hacer cuando aquel ser querido, amado, que ha sido parte casi inadvertida de nosotros mismos durante tantos años, finalmente muere y nos deja con nuestra soledad? Esa parece ser la cuestión que plantea la cineasta alemana Doris Dörrie en su cinta Las Flores del Cerezo, su más reciente trabajo, el cual la muestra como una directora consumada que maneja a la perfección los diferentes estilos dramáticos en una misma cinta.
La crítica social y los estereotipos de género que caracterizan a algunos de sus trabajos, como Hombres (Men, 85), Nadie me ama (Keiner Liebt Mich, 95) y ¿Soy Hermosa? (Bin Ich Schön, 98) dejan lugar ahora en Las Flores del Cerezo (Hanami Kirschblüten, 08) a un trabajo introspectivo, familiar, en el que la directora explora las relaciones ordinarias y habituales de una pareja, más que madura, de Rudi (Elmar Wepper) y su esposa Trudi (Hannelore Elsner).
El parecido entre los nombres de esta pareja, unida durante muchos años en matrimonio, da una idea de la compenetración tan grande que se tienen, que aunque grande no es absoluta. Trudi siempre ha tenido la intención de aprender un estilo de baile típico de Japón, conocida como Butoh, a la cual es muy aficionada, afición que en nada es compartida por su esposo.
La pareja tiene tres hijos, los cuales son mayores, independientes y poco apegados a sus padres. Incluso no saben qué hacer con ellos cuando los visitan. La disciplina del trabajo de Rudi y la sobreprotección hacia sus hijos de Trudi parecen ir en contra de lo que podría considerarse un amor filial normal y natural.
El desapego de sus hijos en realidad no es nada para Rudi, no así la muerte de Trudi, el cual es un golpe severo del que difícilmente se recuperará, y para lo cual prepara un viaje al Japón, tan solo para ver el Monte Fuji, como era el deseo de su esposa.
La cinta se convierte en una road movie que recuerda a la aclamada Perdidos en Tokio (Coppola, 03), pero más humana y cálida, sobre todo por la intervención de Yu, (Aya Irizuki), joven simpática y desinteresada que enseña a Rudi a “bailar con su sombra”. La empatía que logran Yu y Rudi recuerda a la de los personajes de Bill Murray y Scarlett Johansson en la cinta de la hija de Francis Ford Coppola, pero la trasciende y la rebasa con mucho.
El trabajo de Dörrie es redondo en cuanto a la gama de sentimientos que despierta en el espectador. El desapego de los hijos que raya en la grosería, la ironía de ciertos actos de la vida y hasta algunos momentos absurdos, como cuando Rudi se pasea por Tokio con la ropa de su mujer bajo el abrigo, le permiten a la directora plantear algunos importantes temas de reflexión sobre las relaciones humanas. El amor de pareja, el conocimiento personal asumido que en realidad no lo es, los verdaderos intereses no compartidos, la búsqueda del sentido de la vida cuando se pierde la confortable seguridad que se deposita en el otro, son algunos tópicos de esta conmovedora cinta.
El trabajo fotográfico de Hanno Lentz es digno de destacarse, ya mostrando el caos vehicular de Tokio, o su vida nocturna, (de la que Rudi se da una probadita, tan solo para darse cuenta de su soledad insoportable) y el contraste con plácidas escenas como la del Monte Fuji, o la tranquila y vetusta provincia que habitan Rudi y Trudi. El título de la cinta hace alusión a una noción filosófica de la vida: las flores del cerezo representan la fugacidad de la vida: en unos cuantos días las flores se abren, desprenden su polen y finalmente mueren. Así es también la vida humana.


Extrañas apariciones
Ricardo Martínez García
Se dice que uno de los aspectos más tétricos y terroríficos dentro de la magia negra es esa parte llamada nigromancia, la cual consiste en la consulta y uso de personas muertas o de sus espíritus (si tal cosa es posible) con fines de adivinación o de ejercer una voluntad sobre algo o alguien, generalmente de manera perversa.
La cinta del director debutante Peter Cornwell cuenta con las actuaciones de Virginia Madsen, famosa por la serie de televisión Monk, y Elias Koteas, quien participara en la cinta bélica La Delgada Línea Roja, de Terrence Mallick.
Madsen juega el rol de Sara Campbell, una madre atribulada por la enfermedad de uno de sus hijos, Matt (Kyle Gallner), quien en busca de su comodidad alquila una casa que pronto se convierte en su peor pesadilla.
Con varios elementos clásicos en cintas de este género, como la atracción incomprensible del joven enfermo hacia la parte más siniestra de la casa, o sus constantes visiones que pudieran ser producto del tratamiento de su cáncer, la película resulta entretenida e intrigante a ratos.
A pesar de ser previsible en ciertos aspectos, hay momentos en que el ambiente de terror es bastante efectivo y puede arrancar uno que otro verdadero sobresalto al espectador sensible (como pude ver en algunas pocas personas en la sala), sobre todo porque no recurre a efectos excesivos y por la aceptable recreación de la actividad a principios del siglo pasado del joven vidente Jonah (Erik Berg), quien era el maleable instrumento de un poderoso brujo, al cual se le salen las cosas de control.
El sacerdote Popescu (Koteas), al igual que Matt, está cerca de la muerte, por lo que decide aplicarse en el auxilio de la familia Campbell en su encuentro con esa casa que más que embrujada es un acumulador de lo peor del espíritu humano: había visto mucha mala onda, con funerales y cuerpos robados del cementerio, horriblemente mutilados, y algo o mucho de esa mala vibra la guarda entre sus paredes, literalmente. En este sentido hay ciertos elementos semejantes en The Grudge (04) del japonés Takashi Shimizu
De acuerdo con la publicidad, esta cinta está basada en un caso verdadero, lo cual resulta inquietante, aunque hay que pensar que algunos hechos horribles se convierten en tema de productos de la industria del cine. Además está como antecedente el documental realizado por Discovery Channel titulado A Haunting in Connecticut (02) y dirigido por John Kavanaugh. Hay que destacar que la palabra Haunting se refiere en general a un lugar en donde se supone que se aparecen los muertos o donde los muertos espantan.
Otras cintas con temática parecida son A Haunting in Georgia (Jeffrey Fine, 02), la serie de Amityville (8 cintas) y hasta la mexicana Cañitas (07), de Julio César Estrada. Claro que la calidad de estas películas varía, así como varían los gustos de los espectadores. Véala si gusta usted del género y si no tiene pesadillas por la noche luego de ver cintas de espantos.
Miedo


El buen ojo de James Cameron
Ricardo Martínez García
Cuando James Cameron filmó una de las cintas más premiadas de la historia, Titanic (97), con once Oscares en su haber, no sólo estaba realizando su obra maestra, sino que estaba impulsando la carrera de dos jóvenes actores, los cuales, a lo largo de los años han demostrado que Cameron y Mali Finn (quien estuvo a cargo del casting de la cinta) no se equivocaron al incluir a Leonardo Di Caprio y especialmente a Kate Winslet.
Winslet, luego de estar nominada cinco veces previamente, ganó el Oscar a la mejor actriz este año, con la cinta Una Pasión Secreta (The Reader), trabajo que se suma a los ya múltiples que ha realizado y que la han mostrado como una de las mejores actrices de su generación.
El británico Stephen Daldry, realizador también de Billy Elliot (00), dirige esta cinta de época en la que la treintañera Hanna Schmitz (Winslet), empleada del servicio de tranvías de Berlín, conoce al adolescente Michael Berg (David Kross) cuando éste enferma en la calle y ella lo ayuda. Luego se establece un romance entre ellos, romance que más que el despertar sexual del adolescente está caracterizado por las lecturas de obras clásicas (como Las Aventuras de Tom Sawyer, La Odisea y El Amante de Lady Chatterly) que él le hace en voz alta.
Hanna decide abandonar su trabajo cuando la comisionan a una oficina. Michael le pierde la pista hasta que finalmente la encuentra en un juicio contra mujeres que trabajaron para el régimen nazi, en el cual se le acusa de haber participado en la selección de personas para ser trasladadas al campo de concentración en Auswichtz. La vergüenza de Hanna ante su propia ignorancia la impelen a inculparse de las atrocidades de las cuales es acusada.
Michael, que es estudiante de leyes, se da cuenta de la ignorancia de Hanna y la enorme pena que le causa, pero no tiene el valor de dar a conocer su descubrimiento en el juicio. ¿Por qué no dijo lo que sabía, si ese conocimiento le hubiera evitado a Hanna una condena perpetua? Parecería que con su silencio, Michael en realidad condena a Hanna por omisión, o bien deja que todo ocurra puesto que ella reconoce atrocidades que ella no cometió con tal de evitarse una pena que para ella era más grande –la vergüenza pública de que se sepa que no sabe leer- y eso lo impresiona al grado del pasmo.
La cinta está basada en la novela de Bernhard Schlink del mismo nombre (The Reader), y cuyo énfasis está en la redención que ofrece la lectura al espíritu humano. Acceder por ejemplo a la lectura de La Dama del Perrito, a algunas personas como Hanna les supone un esfuerzo inaudito por aprender a leer totalmente de manera autodidacta. Hay en la lectura de esas obras más vida que en la vida real de algunos seres humanos en momentos tristes de la historia: una guardia de prisioneras que sólo hace lo que le decían que tenía que hacer.
Cuando finalmente Hanna está en posibilidades de salir libre, ella ya ha alcanzado la libertad, a pesar de los planes de Michael ya maduro (Ralph Fiennes), a través de las lecturas que ha hecho ella misma. Para ella no hay más redención que la muerte, por lo que es simbólico y significativo el hecho de que use los libros que ha leído como pedestal para su sacrificio.
Winslet demuestra con su trabajo que el Oscar en este año realmente lo merecía, con lo cual se confirma como una de las mejores intérpretes cinematográficas. No hay que perderla de vista.

Clouseau entra en acción nuevamente
Ricardo Martínez García
Ver a actores como Alfred Molina, Andy García, Jeremy Irons y Jean Reno haciendo de patiños involuntarios de Steve Martin resulta extraño en La Pantera Rosa 2, película cuyo famoso personaje central del inspector Clouseau hiciera famoso el británico Peter Sellers, primero en 1963 y luego en 1976.
Estos magníficos actores parecen desaprovechados y fuera de lugar en esta cinta dirigida por Harald Zwart. Su presencia en el filme parece obedecer más a su posible amistad con Martin que a la improbable atracción que tuviera sobre ellos el aparecer en esta versión que queda bastante lejana de la serie original del director Blake Edwards.
La cinta no deja de tener sus momentos graciosos, chuscos, como cuando Clouseau interroga al Papa, le habla descaradamente y supone que tiene esposa para finalmente disfrazarse de él, o como cuando quema por segunda ocasión un restaurante en Roma, lugar en el que conquistaba a la bella Nicole (Emily Mortimer).
Es curioso que siendo un inspector de la policía francesa, Jacques Clouseau haya sido interpretado por dos actores anglosajones, en una especie de versión inversa de aquellos cuentos e historias detectivescas al estilo de Gilbert K. Chesterton y sus personajes del padre Brown y su contraparte francesa, el poco avispado inspector Valentin, siempre obsesionado por atrapar al famoso ladrón Flambeau.
La Pantera Rosa es un enorme diamante objeto de la codicia de los ladrones internacionales, custodiado por Clouseau, quien se toma su salvaguarda como algo personal. Pero eso es solo porque él se sabe el único capaz de garantizar su seguridad. Tal prestancia ocasiona la envidia de su jefe, el inspector Dreyfus (John Cleese, quien toma el lugar dejado por Kevin Kline en dicho personaje). Dreyfus rebaja a Clouseau al encomendarle la “grandiosa” tarea de multar a autos en la calle. Pero no sabe que aún en esa actividad Clouseau se las ingenia para acumular pistas que luego utilizará para dar con el culpable del robo de la joya.
La Pantera Rosa 2 es una comedia mediana, hecha para el lucimiento de Martin, por lo que si usted gusta de su humor (que lo tiene a ratos), pasará momentos agradables aunque no muchos, gozando además de la belleza de la actriz Ashwarya Rai, originaria de la India y Miss Mundo 1994.
Harald Zwark es el cineasta noruego responsable de las cintas Cody Banks, Agente Secreto 1 y 2, y cuyo siguiente proyecto es una nueva versión del Karate Kid, con Jaden Smith (hijo de Will Smith) y Jackie Chan.