Tuesday, March 31, 2009

La Pantera Rosa 2


Clouseau entra en acción nuevamente


Ricardo Martínez García


Ver a actores como Alfred Molina, Andy García, Jeremy Irons y Jean Reno haciendo de patiños involuntarios de Steve Martin resulta extraño en La Pantera Rosa 2, película cuyo famoso personaje central del inspector Clouseau hiciera famoso el británico Peter Sellers, primero en 1963 y luego en 1976.


Estos magníficos actores parecen desaprovechados y fuera de lugar en esta cinta dirigida por Harald Zwart. Su presencia en el filme parece obedecer más a su posible amistad con Martin que a la improbable atracción que tuviera sobre ellos el aparecer en esta versión que queda bastante lejana de la serie original del director Blake Edwards.


La cinta no deja de tener sus momentos graciosos, chuscos, como cuando Clouseau interroga al Papa, le habla descaradamente y supone que tiene esposa para finalmente disfrazarse de él, o como cuando quema por segunda ocasión un restaurante en Roma, lugar en el que conquistaba a la bella Nicole (Emily Mortimer).


 Es curioso que siendo un inspector de la policía francesa, Jacques Clouseau haya sido interpretado por dos actores anglosajones, en una especie de versión inversa de aquellos cuentos e historias detectivescas al estilo de Gilbert K. Chesterton y sus personajes del padre Brown y su contraparte francesa, el poco avispado inspector Valentin, siempre obsesionado por atrapar al famoso ladrón Flambeau.


La Pantera Rosa es un enorme diamante objeto de la codicia de los ladrones internacionales, custodiado por Clouseau, quien se toma su salvaguarda como algo personal. Pero eso es solo porque él se sabe el único capaz de garantizar su seguridad. Tal prestancia ocasiona la envidia de su jefe, el inspector Dreyfus (John Cleese, quien toma el lugar dejado por Kevin Kline en dicho personaje). Dreyfus rebaja a Clouseau al encomendarle la “grandiosa” tarea de multar a autos en la calle. Pero no sabe que aún en esa actividad Clouseau se las ingenia para acumular pistas que luego utilizará para dar con el culpable del robo de la joya.


La Pantera Rosa 2 es una comedia mediana, hecha para el lucimiento de Martin, por lo que si usted gusta de su humor (que lo tiene a ratos), pasará momentos agradables aunque no muchos, gozando además de la belleza de la actriz Ashwarya Rai, originaria de la India y Miss Mundo 1994.


Harald Zwark es el cineasta noruego responsable de las cintas Cody Banks, Agente Secreto 1 y 2, y cuyo siguiente proyecto es una nueva versión del Karate Kid, con Jaden Smith (hijo de Will Smith) y Jackie Chan.

Friday, March 20, 2009

El casamiento de Raquel

Ricardo Martínez García

El director neoyorquino Jonathan Demme ofrece en El Casamiento de Raquel una visión introspectiva de las relaciones humanas y familiares centradas en un personaje atribulado –Kym- interpretado de manera más que aceptable por Anne Hathaway, quien fuera nominada como mejor actriz en la pasada ceremonia del Oscar.

Demme es un director polifacético que maneja muy bien diferentes géneros, como cuando dirigió El Silencio de los Inocentes (91), que lanzó al estrellato de manera permanente tanto a Jodie Foster como a Anthony Hopkins, o cuando llevó a la pantalla grande el documental musical Stop Making Sense, concierto de los Talking Heads dado en 1984, o el drama social protagonizado por Tom Hanks, Philadelphia (93).

En El Casamiento de Raquel prevalece una visión intimista de algunos detalles domésticos relativos a los preparativos de una boda. La historia a veces se detiene demasiado en ciertos detalles, con gente conviviendo, riendo, cantando, bailando, celebrando. Tanto los preparativos como la celebración de la boda se transforman en verdaderas fiestas en las que si el espectador no logra sentirse como un invitado más que participa de ella, entonces se sentirá como el intruso al que no le interesa nada de lo que atestigua.

El contrapunto a esta alegría y felicidad lo da la personalidad de Kym (Hathaway), joven adicta en rehabilitación que sale del sanatorio exclusivamente para participar en la boda de su hermana Raquel. En el transcurso de los preparativos queda claro que Kym tiene una personalidad conflictiva, que su familia no está contenta con ella y que ella misma tiene serios asuntos que resolver consigo misma.

El estilo cinematográfico de la cinta la ubica muy cerca del movimiento llamado Dogma 95, movimiento impulsado por directores como Lars Von Trier y Thomas Vinterberg: escenarios naturales sin iluminación artificial, filmados con una cámara al hombro, lo cual le da un carácter nervioso a la narración, y una musicalización sin efectos especiales, son algunas de las características de dicho movimiento que se pueden apreciar en esta cinta.

En lo que sí se regodea Demme es en el carácter multicultural de la convivencia familiar y social –con escenas muy bohemias- y de la música que ambienta tanto los preparativos como la boda misma: del folk anglosajón pasa al reggae y luego a la batucada, pasando por Neil Young, en una especie de mosaico en donde se entiende muy bien gente de varias razas en paz y armonía, siendo como es una boda interracial.

Sin llegar al nivel de drama de Festen (98), o al de la cómica alegría de Casarse está en Griego (Joel Zwick, 02), El Casamiento de Raquel es una cinta muy humana, pero que sale fuera del modelo hollywoodense de acción y distracción, por lo que si usted espera una cinta de entretenimiento más que una que invita a la reflexión, entonces esta película no será buena elección.

Wednesday, March 18, 2009

La Duda


Duelo de Actuaciones
Ricardo Martínez García

La estupenda actriz Meryl Streep hace el papel de una monja que se toma su papel de supervisora de las buenas conciencias muy en serio en la cinta La Duda. Es el problema de confiar demasiado en los propios juicios, sin importar que éstos en realidad sean prejuicios.

A pesar de reconocer que no tiene más pruebas que su fecunda imaginación, y que ella confunde con “experiencia”, la madre Aloysius Beauvier (Streep), directora de una escuela católica en el barrio neoyorquino del Bronx, es alertada por la joven e ingenua hermana James (Amy Adams) de una relación posiblemente “inapropiada” entre el sacerdote y maestro de la escuela, el padre Flynn (Phillip Seymour Hoffman) y el único estudiante negro en la escuela, el jovencito Donald Miller (Joseph Foster II), a partir de su cercanía.

El padre Flynn se ve de pronto confrontado con la madre Aloysius a causa de lo que ella cree firmemente que es un caso de pedofilia, y se empecina de la manera más odiosa y cerrada en su idea, lo cual la hace ver como una mujer intransigente e intolerante.

Sin duda lo que Sydney Pollack dijo alguna vez de Meryl Streep acerca de que ella es la mejor actriz de finales del siglo XX (y principios del XXI naturalmente) con el paso de los años se reafirma. Luego de verla no hace mucho bailar y brillar alegremente como una adolescente efervescente en Mamma Mia!, ahora la vemos como una rígida y obtusa monja que se aferra a su autoconvicción y a su inflexibilidad (casi anticristiana) y se dispone a desterrar de la escuela a su cargo al padre Flynn, quien mejor opta por hacerse a un lado al ver la determinación de la monja de cumplir lo que ella considera su misión.

El espectador atestigua que aunque la madre superiora es severa, no por eso pierde su humanidad. Así la vemos ayudar a una anciana y casi ciega monja a encontrar su cuchara a la hora de la comida, o intenta dirigir a sus hermanas en lo que ella considera correcto. Pero aún a la hermana James la intenta convencer de que hay que sospechar de todos (en especial del padre Flynn) examinar por qué se dicen ciertas cosas en el sermón, a quién va dirigido, sin ocurrírsele que es precisamente a ella a quien va dirigida la homilía del padre.

No es sino hasta que ve consumada su amenaza de expulsar al sacerdote que ella comienza verdaderamente a dudar. Claro, una vez hecho el daño.

Phillip Seymour Hoffman, Amy Adams y Viola Davis no se quedan atrás y ofrecen un trabajo histriónico y dramático de muy alta calidad en esta cinta de muy grato sabor a tablas.
John Patrick Shanley es el director de esta cinta, pero además es un reconocido autor y guionista que alcanzó la fama con el guión para la película Hechizo de Luna, (Moonstruck), protagonizada en 1987 por Cher y Nicolas Cage y por la cual ganó un Oscar al mejor guión; la obra para teatro titulada Doubt, la cual él mismo adaptó para la pantalla grande, es una ratificación a su talento, aunque sólo alcanzó nominaciones de la Academia y de algunas otras organizaciones, lo cual es injusto dada la profundidad de emociones y reflexiones que plantean sus personajes.

Saturday, March 14, 2009

El Transportador 3



La mafia diversifica actividades


Ricardo Martínez García


Las actividades de la mafia internacional se han diversificado tanto que ahora hasta realizan gestiones para desembarazarse de sustancias altamente tóxicas y recibir jugosos beneficios.


Tal es el eje de la historia en El transportador 3, cinta de acción dirigida por Olivier Megaton, producida por Luc Besson y protagonizada por Jason Statham, un excelente heredero de actores del tipo de Silvester Stallone o Arnold Schwarzenegger, pero mejor actor que ellos.


Una joven de nombre Valentina (Natalya Rudakova) es raptada de una fiesta por una banda de mafiosos de Ucrania, con el fin de presionar y chantajear a su padre, un importante funcionario, para que autorice la entrada a ese país de material de desecho sumamente peligroso.


Frank Martin (Statham), oficial capacitado especialmente en el transporte de personas, es obligado a llevar a Valentina a un lugar que sus secuestradores determinan. En el transcurso, Valentina se enamora de él, venciendo su inicial reticencia y falta de cooperación.


Como buen hombre de acción, Martin logra al fin entregar el “paquete”, solo para verla entrar en una situación de riesgo mortal.


Al principio la cinta parece no tener ni pies ni cabeza (sobre todo si uno no vio las dos cintas anteriores a esta serie), pero conforme avanza la trama, se deja ver que se trata de la viejísima práctica de la delincuencia organizada del chantaje: si firmas esos documentos entonces te devuelvo a tu hija.


Lo que deja en claro la cinta es que las asociaciones mafiosas, en el este de Europa o en cualquier parte del mundo- sólo pierden en estas películas, en las que el héroe es un hábil policía, ayudado por sus amigos. Pero en la realidad, eso sólo ocurriría si el mafioso en cuestión fuera alguien que trata de actuar por su cuenta y sin el respaldo de un cártel o familia importante. De otro modo, ellos tienen formas de hacer que se haga lo que se tiene que hacer. Ejemplos de ello se pueden encontrar en Gomorra, el libro que hizo de Roberto Saviano una celebridad pero también un periodista protegido constantemente por la policía.


En general, es una cinta de acción bastante disfrutable, con Statham haciendo alarde de su ejercitado cuerpo, pero que en términos de trabajo histriónico queda por debajo del nivel que mostró en El Robo del Siglo (08). Si le gustaron las anteriores entregas de esta serie, seguramente disfrutará de la cinta.

Monday, March 09, 2009

Watchmen

El Fin Justifica los Medios (¿o los Miedos?)

Ricardo Martínez García

Entender el tremendamente retorcido argumento de la nueva cinta de Zack Snyder, Watchmen (09), que es más que una película de entretenimiento por sus implicaciones y por el público al que va dirigida, requiere que la miremos desde adentro de la historia misma, como cualquier espectador común, pero también hacerlo desde afuera, como un espectador crítico.

La estructura argumentativa en la que se desarrollan los llamativos personajes –que es la visión que se pretende crear en el espectador a partir de su identificación con ellos-, puede ser examinada a partir de la forma en que se va construyendo la historia particular de cada uno de estos súper héroes venidos a menos (y en esto hay cierta semejanza con los personajes de la cinta infantil Los Increíbles [04] de Brad Bird, en la cual son obligados al retiro, luego de operar “normalmente” en la sociedad, al no quedar claro si ayudan o destruyen más de lo que ayudan), todo dentro de un contexto que pretende apegarse a elementos históricos como la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la extinta Unión Soviética, en la que el peligro de extinción completa está latente por ambos lados.

Cada personaje de Los Vigilantes es presentado, como en una especie de biografía comprimida, a partir de flashbacks y la narración del propio personaje, con sus trajes que rayan entre lo estrambótico y lo ridículamente ochenteno. La conmovedora historia y casi confesión de Rorschach (Jackie Earle Haley) es tal vez la más impactante y representa visualmente el motivo más probable por el que esta cinta tenga clasificación C, aunque claro, las formas insolentes que tiene El Comediante (Jeffrey Dean Morgan) para tratar con la gente, y especialmente con algunas mujeres, lo ubican como otro elemento para tal clasificación. A pesar de esta situación, es precisamente Rorschach el personaje que probablemente al final se ganará la empatía de los espectadores.

Las historias del Dr. Manhattan y de Ozymandias (Billy Cudrup y Matthew Goode) confluyen –por los caminos de la ciencia y el de la manipulación política- en la lucha por encontrar la forma de evitar el cataclismo nuclear que la rivalidad de las dos súper potencias pudiera detonar en la humanidad (y el grado de paranoia que esa posibilidad generó en algunos sectores de la población, gracias a las estrategias políticas de los líderes de las dos naciones), pero de un modo tan extravagante que pocos pudieron haber sospechado.

El poder de estos dos Watchmen es tan grande que, como buenos americanos, pueden hacer literalmente lo que se les da la gana: uno es como un dios, tocado accidentalmente por las enormes fuerzas internas de la naturaleza, y el otro es poseedor de “la más grande inteligencia” entre los hombres, además de disponer de una fortuna inmensa.

El lado humano de los Watchmen lo representan Silk Spectre II y Nite Owl (Malin Akerman y Patrick Wilson) quienes viven un tórrido romance (con escenas suficientemente explícitas para la C de los censores) luego de que la Silk rompe con Jon (Dr. Manhattan), el cual se deshumaniza cada vez más. Y son precisamente ellos los que intentan reconstruir al grupo de Vigilantes y volver a su misión de héroes de la ciudad.

La estructura argumentativa vista desde afuera nos permite observar algunas situaciones extrañas, tales como la descontextualización histórica en la que se ubican los hechos. Si bien en 1985 estaba vigente la Guerra Fría, no lo es que gobernara Richard Nixon, quien salió de la Casa Blanca en 1974 luego del escándalo del Watergate. Gobernaba en ese entonces el ex actor Ronald Reagan. Tal vez ubicar a Nixon como presidente en el 85 solo enfatiza el cinismo y la corrupción de los políticos encumbrados en las esferas del poder en los Estados Unidos. Pero no eran los únicos.

Tanto el Dr. Manhattan como El Comediante aparecen como soldados luchando en Vietnam, guerra que ellos increíblemente asumen que ganaron. Cada uno representa una postura paradigmática: El Comediante como el soldado cínico y violento, criminal de guerra que no parpadea para matar a una mujer vietnamita que le exige hacerse cargo del bebé que espera. Y el Dr. Manhattan como el súper hombre que asusta a los efectivos del Viet Cong con su sola espectral y gigantesca presencia, pero que con su indolencia e indiferencia no hace nada por evitar que su compañero cometa sus crímenes, limitándose a atestiguarlos.

El subconsciente del pueblo norteamericano pareciera proyectarse por derroteros fantásticos en estas historias de súper héroes, negándose a ver la realidad histórica tal como es. Es como si sublimaran su frustración histórica con la creación de personajes míticos (en este caso por la pluma de Alan Moore y Dave Gibbons) que representan sus deseos reprimidos o anhelados: un héroe que posee la visión del pasado y el futuro luego de alcanzar la habilidad de desatar fuerzas nucleares, otro que vive su vida heróico-trágica como una gran broma, y uno más cuya infancia llena de abusos no lo conducen a ser un asesino en serie sino a ser el más coherente de los súper héroes, y a acuñar una frase: “no se pueden perder los principios”; tal frase y su deseo de cumplirla hasta el final solo lo conducen a la aniquilación. Lo trágico es que dicha aniquilación tiene que venir de manos de quien debería ser su mejor amigo.

El mensaje final de la cinta pareciera ser entonces que la humanidad sólo sobrevivirá de la locura destructiva de aquellos que se sienten los amos del universo sólo si éstos mismos la engañan con artilugios y triquiñuelas que identifiquen al enemigo con entidades que no existen como tales (¿comunismo, terrorismo, narcos, choque de civilizaciones?).

Wartchmen es una película entretenida pero que no tiene como fin último entretener, como en el caso de Los Increíbles o Los Hombres X, (pues tiene un tufillo a propaganda política de la peor derecha, que supone al pueblo incapaz de tomar sus propias decisiones) sino ofrecer una visión adulta de la política social norteamericana en la cual el fin último justifica los medios, aún a costa de los verdaderos amigos. En todo caso, ¿quién vigilará a Los Vigilantes, quién les dio esa misión (hablando también de esos minuteman fronterizos cazadores de indocumentados)?

Saturday, February 28, 2009

Slumdog Millionaire


¡Y el Oscar es para… La India!


Ricardo Martínez García


La expansión colonial del Imperio Británico, históricamente, alcanzó su auge a mediados del siglo XIX. Por ese entonces, la joya de la corona, en términos de explotación económica, era esa inmensa zona asiática conocida como La India (sin menospreciar naturalmente las posesiones en Norteamérica, África y Oceanía) lugar que posteriormente sirvió para que algunos escritores, influidos por la teoría de Charles Darwin –mal comprendida- de la evolución de las especies, ejemplificaran lo que consideraban la superioridad de la raza blanca británica, tal como se dice fue el caso del primer Nóbel de Literatura británico.


Rudyard Kipling, que nació en Bombay aunque sus padres eran británicos, publicó en 1901 una novela de aventuras que tiene como protagonista a un niño de origen británico pero que se cría y crece dentro de la vorágine de culturas que es la India de principios del siglo XX. Mezcla heterogénea de religiones, de castas, de militarismo y colonialismo; el ambiente en el que se desenvuelve con gran soltura Kim (un rapaz casi tan moreno como los autóctonos, muy inteligente y audaz) es la ocasión perfecta para Kipling de hacer un vívido retrato de un fascinante país como es la India.


Algunos cineastas recientemente han abordado el mundo hindú desde perspectivas diferentes en cintas como Salaam Bombay (88), y The Namesake (07) ambas de Mira Nair, y ahora lo ha hecho la cinta ganadora al Oscar como Mejor Película.


Y es específicamente Mumbai (llamada anteriormente Bombay), donde Danny Boyle, cineasta británico que se hiciera famoso por su cinta debut Trainspotting, ubica Slumdog Millionaire, la cual nos hace un retrato contemporáneo de esa emblemática y compleja ciudad, ubicada en el segundo país más poblado del mundo.

Dicho retrato se construye poco a poco en torno a un joven de los barrios más pobres de la ciudad, un slumdog (término con el que se conoce a los desheredados que no tienen educación, a los huérfanos que sobreviven en la calle realizando pequeños latrocinios o comerciando con lo que pueden) que por azares del destino y ya en plena juventud, de pronto se encuentra con la posibilidad (improbable, pero no imposible) de ganar 20 millones de rupias, gracias a un show de televisión en el que le hacen preguntas que él puede responder porque su vida de una u otra manera ha estado marcada por los temas planteados. Claro que llegar a esa posibilidad lo hace ser torturado por la policía, ante la sospecha del conductor del programa televisivo de que ha hecho trampa.


La cinta recrea en retrospectiva la vida del personaje principal, el chico a punto de ser millonario, Jamal (el actor británico Dev Patel, nacido en 1990). En la primera etapa de la cinta los niños protagonistas, Jamal y su hermano mayor Saleem, se quedan huérfanos gracias a la intolerancia religiosa (ambos son musulmanes, religión que en la India es minoría) y en la que se muestra la enorme miseria, material y humana, en la que tienen que sobrevivir estos hermanos.


La relación que se establece entre Saleem y Jamal, como la de todos los hermanos, muestra conflicto, envidias, siguiendo el modelo del fuerte contra el talentoso. Al final de la cinta Saleem tendrá el suficiente espíritu fraternal para sacrificarse por su hermano.


Slumdog Millionaire muestra el ansia de esperanza, que canaliza muy bien el popular programa de televisión llamado ¿Quién Quiere ser Millonario?, de todo un pueblo hundido en la pobreza y que tiene que luchar día a día ante un mundo en constante cambio y perteneciente a los grandes potentados, mafiosos dueños de la tierra y los bienes inmuebles.


La pobreza de este pueblo es realmente impresionante, aunque Danny Boyle nos la muestra con cierta simpatía y desde la perspectiva del niño Jamal. La India se independizó de la Gran Bretaña en 1947, luego de muchas luchas y una etapa final liderada por Mahatma Gandhi. Pero esto no significa nada para los hindúes de estos días, sumidos en la miseria más terrible, tal como el Jamal ya joven resume con su comentario sobre que “algo escuchó sobre Gandhi”. Para él no significa nada en absoluto que la India consiguiera su independencia. Su vida ha sido un constante sobrevivir, como muestra la cinta.


Al final, la cinta muestra que el amor al final parece prevalecer sobre cualquier otra circunstancia. Jamal y Latika al final consiguen estar juntos, para gusto y satisfacción de la audiencia hindú y del mundo.


Slumdog Millionaire bien podría ser una cinta salida de Bolliwood, como se conoce a la segunda industria cinematográfica del mundo y cuya sede es precisamente Mumbai, salvo que el director es británico y la producción norteamericana y británica.

Los actores Dev Patel, nacido en Inglaterra pero de claros orígenes hindúes y Freida Pinto, ella sí originaria de Mumbai, no han trabajado realmente en la industria cinematográfica de esa ciudad. Ahora, Pinto trabajará con Woody Allen en su próxima cinta, compartiendo cartel con Antonio Banderas. Pero la cinta de Boyle parece un homenaje a esas cintas que han hecho soñar a millones de hindúes, por eso el Oscar es para ¡la India!

Sunday, February 15, 2009

Rolling Stones Shine a Ligth

Más sabe el diablo por rockero que por diablo

Ricardo Martínez García

El pacto que tenía el diablo con los Rolling Stones, un trato al estilo Dorian Grey, no lo cumplió totalmente el antagonista de Dios: dejó que estos sexagenarios pero grandiosos músicos británicos conservaran unos cuerpos magros y una infinita y explosiva energía juvenil, casi de adolescentes, sobre todo en el caso de Mick 

Jagger. Pero en cambio dejó que se acumularan en sus rostros, unos sobre otros, los surcos de las experiencias de la vida y el transcurso de cuarenta y cinco años.

Al menos eso es parte de lo que se puede ver en la cinta de Martin Scorsese Rolling Stones Shine a Light (08), documental que recrea un concierto que dieron en el Beacon Theather en Nueva York en el 2006, como parte de su gira Bigger Bang.

En el cine todo es premeditación como arte creativo: preparación, planeación y arreglo. Pero con un grupo como los Stones, Scorsese tuvo que esperar casi hasta el inicio del concierto para saber la lista de las canciones que ofrecería el grupo, que aplazaba su entrega al máximo pues dicha elección está más ligada a la improvisación de las emociones y deseos presentes de Mick que a un plan previamente definido. La proyección posible era tarea del director.

Los Stones resultan francamente geniales en escena: son tan buenos en lo que hacen que todo les sale natural, son una luz que brilla intensamente. El espectador es testigo de una música aparentemente sencilla pero sublime, alegre, poderosa, contagiosa. Mick Jagger canta y baila con una vitalidad verdaderamente excesiva. Sólo él es capaz de adueñarse completamente del escenario con tanto estilo y personalidad.

Creadores de una ya vasta iconografía del pop mundial, desde la famosa lengua roja hasta pasar por todos los afiches imaginables, mas cierta actitud contestataria ante el mundo y la generación de un gigantesco catálogo musical, la banda formada en Londres en 1963 se ha vuelto con el tiempo una especie de Rey Midas musical: una plumilla para guitarra usada por Richards, los instrumentos que tocan, los conciertos, los discos, las películas, etcétera, se vuelven objeto de culto inmediato, multiplicando su valor inmensamente.

Tal es el caso de Shine a Light que, como película que se vuelve objeto mercantil, lo que hace es “democratizar” un show de la banda al permitir acceder, por el precio de una entrada al cine, a un concierto de los Rolling, ciertamente grabado pero que resulta un buen producto sustituto de la experiencia misma de haber estado ahí –físicamente- en el concierto.

Scorsese se encarga de mostrarnos los mejores ángulos, acercamientos, vistas panorámicas y todo lo que se puede hacer con los grandes recursos cinematográficos en manos de este director tan competente y versado que permite una experiencia más rica que la de un espectador en la sala de conciertos que permanece en su lugar.

Los Rolling Stones pueden considerarse ante todo sobrevivientes de sí mismos, o al menos eso puede interpretarse de los breves fragmentos de viejas entrevistas incluidas en el documental.

En sus primeros años ni ellos pensaban que pasarían más allá de los dos o tres años como banda, pero el éxito los catapultó hasta donde están actualmente. Algunas escenas

muestran a unos músicos a ratos perdidos en el viaje, como en el caso de Charlie Watts, quien con su actual apariencia de respetable gerente de banco no se parece en nada al joven baterista que aparece con la mirada constantemente perdida y sin hilar demasiado bien una frase coherente en esas antiguas entrevistas. Otras escenas nos presentan de algunos miembros una mal disfrazada soberbia y autocomplacencia (por ejemplo cuando Jagger llega en helicóptero a una reunión con importantes personajes) que seguramente les hizo pasar malos ratos con la prensa, la policía y con gente del espectáculo. Pero ya por entonces eran los Rolling Stones, quienes alguna vez se autoproclamaron la banda de rock and roll más grande del mundo.

El grupo ha estado así formado por unos tipos con muchísima suerte: ni las drogas, las mujeres, las ambiciones o las muertes de ex compañeros (como Brian Jones) pudieron socavar su unión, cosa que por ejemplo no ocurrió con los Beatles, la única banda que realmente les hace sombra. El viejo y astuto pirata Richards señala con humildad que es posible que haya mejores guitarristas que él y Ron Wood, pero que juntos son mejores que diez de ellos. En realidad se queda corto: ellos son una aplastante máquina que produce música gloriosa a través de sus guitarras.

La cinta de Scorsese, quien ha filmado también en el terreno musical las excelentes cintas The Last Waltz que gira en torno a un show del extinto grupo The Band en 1976, y No Direction Home: Bob Dylan del 2005, nos atrapa inexorablemente ante el magno espectáculo mostrado, que por cierto tuvo como presentador en esa ocasión al ex presidente norteamericano Bill Clinton.

Los miembros de los Stones han dicho que Scorsese es el mejor cineasta que existe y que por eso decidieron que fuera él quien hiciera esta cinta. El director de filmes como Taxi Driver, Bandas de Nueva York, La Última Tentación de Cristo o Los Infiltrados, para no ser menos a su vez dijo que ellos son la mejor banda de rock que existe. En su momento también se arrojaron flores mutuamente otros directores y grupos, como Jonathan Demme y los Talking Heads, director y protagonistas de Stop Making Sense (84), y seguramente muchos melómanos han considerado a The Wall, la película con música de Pink Floyd y dirigida por Alan Parker en 1982, como la mejor en su género, por citar dos ejemplos.

Pero la verdad es que esta obra de Scorsese muestra a los Rolling Stones como dueños de la sustancia primigenia y esencial del rock, haciendo música que se empareja con gente como Jack White, interpretando melodías que abrevan del clásico blues en compañía de alguien tan dotado como Buddy Guy y gozando la música que luce mucho con la bella y talentosa Christina Aguilera y su extraordinario rango de voz. Para los melómanos es imprescindible verla, sean fans o no de los Stones.

Tuesday, February 10, 2009

Coraline y La Puerta Secreta


A los que Saben
Ricardo Martínez García
Neil Gaiman es el autor del libro convertido en best seller Coraline and the Secret Door y también del libro Stardust (llevado a la pantalla en 2007), con una trama sobre brujas, piratas, batallas, traiciones y el mítico enfrentamiento entre el bien y el mal, oposición que en cierto modo se repite en el argumento central de la cinta de animación Coraline y la Puerta Secreta (09), de recién estreno.

La falta de aprecio por la normalidad y naturalidad de ciertas circunstancias en la vida, como cuando uno depende de sus padres, con frecuencia nos hacen desear que las cosas fueran diferentes, mejores y hasta perfectas, sin darnos cuenta de que esa perfección no existe, y de que pensar en ella es una ficción a veces perversa, ficción que pasa desapercibida para los niños, sobre todo los imaginativos y demandantes de atención.

Y no solo no existe esa perfección sino que si se presenta una situación así, de perfección, a pesar de la suspicacia que esto generara, la atracción que sentimos por aquello que nos complace (tener unos padres totalmente dedicados a nosotros) es más grande que cualquier cosa, sin reparar en cómo es posible tal cosa y menos aún en las consecuencias.

Tal es lo que a grandes rasgos le ocurre a Coraline Jones –con voz de Dakota Fanning en inglés y de Ximena Sariñana en español-, protagonista de la inquietante cinta infantil del también director de El Extraño Mundo de Jack (93), Henry Selick.

Filmada con la técnica conocida como Stop Motion y en tercera dimensión, la animación es tan buena que es posible ver la acción de los amortiguadores del Beetle de la madre de Coraline, y el que esté en tercera dimensión le da una profundidad de campo visual extraordinario: el espectador siente que verdaderamente se asoma a un mundo semirreal y en cierto modo alarmante (los niños son los primeros en notarlo).

Coraline es inteligente, sensible, es una chica con quien casi todos los espectadores nos identificamos de inmediato pero, como nosotros, no está preparada de ningún modo para enfrentarse a una bruja, salvo por su inocente sentido de lo correcto y el amor por sus padres imperfectos. Está en esa edad en que ya no es una niña pero tampoco está dentro completamente de la adolescencia. Sus padres son escritores especializados en plantas y jardines y no tienen tiempo ni para ayudarla a desempacar sus cosas, pues acaban de mudarse. Coraline sale a pasear sola por el bosque circundante, como una caperucita, sin darse cuenta de que es seguida por el niño raro Wybie y su gato, y ahí comienzan sus aventuras. Luego explora la casa que habita, tan solo para descubrir la pequeña puerta que conduce a un universo paralelo, cual Alicia en el País de las Maravillas, pero en este caso Alicia en el país de los Padres Perfectos.

La cinta está plagada de signos, señales y referencias a prácticas de brujerías y naturalmente a cintas de terror, tal como el círculo de piedra en el claro de bosque que señala la boca de un pozo, como si fuera una escena de El Aro (y en el que va a colocarse directamente Coraline de manera distraída), el gato negro vigilante, la elaboración de muñecos tipo vudú de apariencia inocente con figuras precisas de personas, entradas secretas a mundos de doble cara pero que no pueden ocultar su antinaturaleza: todos ahí tienen ojos sin vida, ojos ¡de botones negros!, y principalmente la existencia de la bruja malvada (con la voz de Teri Hatcher en inglés) que se alimenta de la vida de los niños y que es capaz de crear con sus artes (no se explica cómo) un mundo propio a imagen y semejanza del real.

Coraline se da cuenta de que cuando traspasa la puerta secreta, lo único que tiene que hacer para regresar a su mundo es dormir y al despertar ya está de regreso. Pero eso deja de funcionar cuando se percata de la trampa tendida por la bruja. Duerme y despierta en su misma perfecta casa. Sale huyendo al campo y de pronto todo desaparece, todo comienza a ser un espacio en blanco que bien puede ser la nada. El gato, ahora parlante, se convierte en su único aliado contra la bruja.
La inclusión de personajes como las ancianas señoritas Spink y Forcible, actrices y acróbatas británicas siempre en competencia, y del señor Bobinski y sus ratones brincadores, que en la vida “real” ya están decrépitos y tienen una vida excéntricamente retirada, en el mundo perfecto de la bruja sus maravillosos espectáculos le dan un sabor especial como de circo a la cinta, algo que recuerda a algunas escenas en Charlie y La Fábrica de Chocolate (Burton, 05).

Coraline y la Puerta Secreta puede ser interpretada como el intento de imaginación muy elaborado de una niña para paliar la falta de atención de sus padres, quienes la consideran una carga, al menos en su ideario infantil. O puede ser interpretada como una cinta de terror con momentos verdaderamente espeluznantes a nivel de intuición infantil. Algunos niños hasta querían salirse de la sala de exhibición.

Al final de esta muy entretenida y ciertamente siniestrona cinta viene una dedicatoria bastante singular: “Para los que saben”.

Dicha dedicatoria no es propiamente para los niños, que en su inocencia e ingenuidad no cuestionan ni juzgan nada, a menos que supongamos que esa forma de ser es la verdadera sabiduría. Muchos niños, en su lógica infantil, saben que para que todo regrese a la normalidad, es necesario que Coraline venza a la bruja y libere a los fantasmas de los niños atrapados. Pero no saben cómo ni por qué. ¿Quién sí sabrá?

La respuesta tal vez nos llevaría a consultar a gente como Aleister Crowley, Arthur Machen –miembros destacados de la Hermetic Order of the Golden Down-, al historiador de la brujería Frank Donovan o a Carlos Castaneda, el famoso antropólogo de la UCLA devenido hombre de conocimiento. Por eso es que esta cinta muy probablemente no está dedicada realmente a los niños, sino a los que saben.

Saturday, January 31, 2009

Una Familia Genial

La gente inteligente debería arreglárselas siempre bien

Ricardo Martínez García

Noam Murro, director de origen israelí conocido por sus creativos trabajos para el mundo de la publicidad, presenta en Una Familia Genial (Smart People, 08) una ácida y difícil comedia familiar protagonizada por un envejecido Dennis Quaid y la siempre tierna y linda Ellen Page.

Al principio la película tiene un aire denso y un tanto forzado. El distante y casi enajenado profesor universitario de literatura Lawrence Wetherhold (Quaid) se encuentra con que ninguna casa editora quiere publicar su libro más reciente. De carácter amargado, gruñón y un tanto rebelde, tiene que lidiar con su hija adolescente igual de ácida que él, sin amigos y fungiendo como la verdadera ama de casa, ante la viudez de su padre. Además está su hijo –el más sobrio de todos- y su hermano adoptivo (Thomas Haden Church), un vendedor de tarjetas telefónicas sin mayores aspiraciones que vivir al día sin demasiadas complicaciones.

La trama y el manejo de los personajes no deja de recordar en ciertos momentos a otras familias peculiares que salen a flote de los mejores modos, tal como en las cintas Miss Pequeña Sunshine o Juno (el personaje de Page parece el mismo de Juno, solo que sin estar embarazada). Por otra parte, hay breves pasajes que de tan desolados recuerdan esa América profunda retratada en filmes de ambientes deprimentes como Stroszeck (Herzog, 77) o en My Own Private Idaho (Van Sant, 91).

El panorama de sórdida cotidianidad americana comienza a cambiar cuando Wetherhold inicia un romance con su ex alumna y doctora Janet Hartigan (Sarah Jessica Parker), quien quiere con el profesor pero no está dispuesta a lidiar con su a veces pedante egolatría y ensimismamiento.

La historia atraviesa por momentos de dudas, torpezas, inseguridades, incomunicación pero también de comprensión y generosidad por parte de los personajes menos pensados, hasta que la trama llega a buen puerto. Cuando finalmente los personajes comienzan a caerle bien al espectador, la película llega a su fin.

El mensaje de la cinta de Murro –que deja un buen sabor de boca- es que aún la gente más inteligente no deja de cometer torpezas, pero siempre será gente inteligente como para arreglárselas bien, sin importar si es doctor en literatura o vendedor de tarjetas telefónicas.

Sunday, January 25, 2009

El Espíritu


Una Novela Gráfica Filmada.
Ricardo Martínez García
Frank Miller, director y escritor de libros como Sin City 1 y 2, además de guionista de cintas como Robocop 2 y 3 y colaborador de Robert Rodríguez, presenta El Espíritu (The Spirit, 08), inspirada en el personaje de Will Eisner, creador de las llamadas “novelas gráficas”, con una estética parecida a la de Sin City pero con un toque que remite aún más al cómic del cual está basada.

La visión estética de la cinta muestra a los personajes y a Ciudad Central en fuertes contrastes de blanco y negro (ahora al estilo de las revistas en las que aparecían estas historias, pues antes las historias eran dibuadas con encuadres inspirados en el cine) y uno que otro toque de color –que hace resaltar corbatas, tenis, manchas de sangre-, combinando elementos antiguos y modernos como autos y vestimentas de mediados del siglo XX con computadoras y celulares.
La historia es bastante sencilla: cuenta con un villano frankesteniano llamado Octopus (Samuel L. Jackson, arriesgándose con un personaje llamado igual que el que aparece en el Hombre Araña y que es representado por Alfred Molina), quien realiza experimentos de índole genéticos y usa como conejillo de indias a El Espíritu (Gabriel Macht) quien antes de morir se llamaba Denny Colt y luego se convertirá en el nuevo héroe de la ciudad que regresa de la muerte gracias a las sustancias que le inyecta Octopus, quien también se inyecta la sustancia sobre sí mismo (de manera parecida al Duende Verde en El Hombre Araña, interpretado por Willem Defoe) convirtiéndolos en algo parecido a seres inmortales.

No conforme como lo anterior, Octopus desea conseguir una antigua vasija que contiene supuestamente la sangre de Heracles (mejor conocido como Hércules), la cual le dará poderes extraordinarios a quien lo tome. Las alusiones a la mitología y el mundo griego es de lo más interesante en la cinta.

En esta cinta se repiten ciertos patrones dramáticos y narrativos que fueron ampliamente desarrollados por Stan Lee y sus colaboradores en la creación de sus personajes -mucho más conocidos que los de Eisner- para la Marvel en sus cómics.
En lo que sí hay novedad es en la inclusión de dos mujeres de fuerte personalidad: Eva Mendes como la súper sexy y ambiciosa Sand Saref, nombre que es un guiño al mundo editorial y a las fuentes tipográficas, y quien logra lo insospechado: su personaje eclipsa totalmente al de Scarlett Johannson, la aparentemente recatada y tímida Silken Floss, socia de Octopus. La hace ver como una adolescente jugando a ser una villana coqueta y audaz.

Seychelle Gabriel, por otra parte, es la hermosa actriz que da vida a la juvenil Saref cuando era novia del joven Espíritu (Johnny Simmons) y que muestra que sí hay mujeres que declaran abiertamente lo que quieren: joyas, mansiones, autos.

La contraparte de Sand Saref es la doctora Ellen Dolan (Sarah Paulson), novia o esposa de Danny Colt y quien probablemente sabe que El Espíritu es su Danny, quien también fue novio de Sand Saref. Ellen es la abnegada mujer que siempre está atenta para auxiliar al Espíritu, pues sólo ella “conoce su cuerpo y el modo en que funciona”, o al menos eso le dice a su padre, el Comisionado Dolan (interpretado por Dan Lauria, el famoso papá de Kevin, el de Los Años Maravillosos).
La recreación de un héroe sin poderes especiales, pero héroe al fin no es novedad, y la cinta seguramente será disfrutada por los seguidores de las novelas gráficas de Eisner. Pero quien ha disfrutado con cintas como Hombres X, El Hombre Araña, o Los Cuatro Fantásticos, probablemente se sentirá un poco decepcionado.

Saturday, January 17, 2009

A la Orilla del Cielo


Amor y Sacrificio


Ricardo Martínez García


Por fin se exhibe en el circuito comercial de cines de la Ciudad de México la celebrada cinta de Fathi Akin A la Orilla del Cielo, ganadora en el Festival de Cannes en 2007 tanto en la categoría de Mejor Guión como en el Premio del Jurado.


Director nacido en Alemania pero de raíces turcas, Akin (73) expone en sus trabajos fílmicos (como en A Man`s Fear of God, Crossing the Bridge: The Sound of Estambul y otras) ciertas preocupaciones por los problemas sociales generados por las guerras, las relaciones raciales, la inmigración, así como las fuertes paradojas que dichos problemas y relaciones generan.


A la Orilla del Cielo (Auf der Anderen Seite, 07) es un drama humano fuerte y complejo pero expuesto de manera sencilla, en el que abundan las ironías del destino, cruces de caminos ignorados, casualidades que son las que conforman la vida cotidiana de Nejat, un profesor universitario de origen turco que da clases de alemán en Alemania, y de su padre retirado Ali, quien decide invitar a vivir con él a Yeter, una dama de la vida galante, quien a su vez tiene una hija que la cree dependienta de una zapatería.


Las cosas se complican cuando ocurren los imprevistos: Ali accidentalmente da muerte a Yeter, y va a dar a la cárcel. Nejat reniega de su padre (con el que había vivido toda su vida) y se da la tarea de encontrar a la hija de Yeter, Ayten, para lo cual viaja a Estambul en su busca. Dicho viaje le cambia la vida en varios sentidos.

Akin enfatiza el papel de la muerte y del amor en las paradójicas situaciones de la vida. Pareciera que al perder a alguien por muerte o prisión, se gana a alguien más.


Los cambios de escenarios, de Alemania a Turquía, o de escenas domésticas de familias alemanas o turcas ofrecen una riqueza enorme en la expresión de las relaciones humanas. Incluso Akin se permite algunas observaciones políticas en voz de Ayten, quien es activista por los derechos humanos en Turquía –gobierno que la considera terrorista- y que por ninguna razón acepta la entrada de Turquía a la Unión Europea.


Por amor se cometen las más grandes locuras, los más grandes sacrificios, y eso lo constata tanto Nejat como Ayten y la novia de ésta, la alemana Lotte, quien abandona todo con tal de ayudarla. Dicho amor le da sentido y sustancia a su vida, lo cual no puede entender su madre. Por circunstancias absurdas (lo mismo que en el caso de Yeter), Lotte pierde la vida, y su madre decide continuar con el apoyo que su hija le daba a Ayten.


En Turquía se conmemora en enero la festividad del Kurban Bayram, o Fiesta del Sacrificio, que recuerda la ocasión en que Ibrahim (Abraham en la tradición hebrea) estaba dispuesto a sacrificar a su hijo Ismail a petición de Dios, con el propósito de probar su fe. La casualidad hace que la madre de Lotte, Susanne, que se encuentra en Estambul a causa de su fallecida hija y de su deseo de seguir con la ayuda a Ayten, se reúna con Nejat (ambos sin saber los nexos que los unen) el día de esta celebración y presencie cómo la gente acude a la mezquita.


Susanne le pregunta a Nejat el motivo de la reunión y éste se lo explica. Nejat entonces recuerda que su padre Ali, al ser cuestionado sobre qué haría si Dios le pidiera el sacrificio de Nejat, Ali respondió que haría de Dios su enemigo si le pidiera tal cosa. En ese momento le cae el veinte a Nejat y decide reconciliarse con su padre, el cual había sido deportado desde Alemania.


Al ir a buscar a su padre a un pueblo costero, Nejat pasa por un poblado llamado Filyos, lo cual es un pequeño guiño del director a todos los que somos hijos y contamos todavía con nuestros padres. Cuando llega al lugar donde se supone está su padre, el cual salió a pescar, Nejat simplemente se sienta a esperarlo, a la Orilla del Mar.


Se trata de una película que no debe perderse, si gusta de dramas humanos sin concesiones ni sentimentalismos, profundos e inteligentes, y que además muestra que nuestros mayores enemigos son nuestros propios prejuicios.

Tuesday, January 13, 2009

Australia

Un Western muy Meridional

Ricardo Martínez García

Luego de dirigir a Leonardo Di Caprio y Claire Danes en la ecléctica versión de la obra Romeo y Julieta de Shakespeare y de trabajar dirigiendo el musical Moulin Rouge protagonizado por su paisana Nicole Kidman, ahora Baz Luhrmann entrega una cinta de corte western pero ubicada en su país natal, Australia.

Es una cinta que narra la historia de una noble inglesa que se tiene que hacer cargo de un rancho de su propiedad ubicado en el lejano país meridional de Australia. Para salvar dicha propiedad del desastre de ser absorbida por un ambicioso terrateniente, tiene que trasladar a un enorme número de cabezas de ganado hacia el puerto de Darwin, en plena Segunda Guerra Mundial y poco antes de un ataque por parte de la Fuerza Aérea Japonesa.

Nada más llegar a Australia la delicada Lady Sarah Ashley (Kidman) comienza a depender de señor Drover (El Capataz, un excesivamente varonil Hugh Jackman) con quien pronto se verá cada vez más relacionada.

Lady Sarah es una dama inglesa decidida, valerosa pero ignorante de lo que se le viene encima. Ante sus evidentes abusos corre a su capataz, el cobarde y ladrón Neil Fletcher (un excelente villano interpretado por David Wenham) quien es responsable de la concepción con una aborigen del niño Nullah (Brandon Walters, con la actuación revelación de la cinta) y a quienes maltrata sin miramientos.

El amor que surge entre lady Sarah y el señor Droven es bastante predecible pero no por eso menos eficaz entre los espectadores, sobre todo en aquellos que contamos con un corazón de pollo.

Siendo una película de carácter épico, puesto que no cualquiera arrea dos mil cabezas de ganado durante días enteros, ayudado por un equipo de vaqueros inexpertos compuesto por tres mujeres, un anciano y un niño (y un poco de magia, hay que decirlo), y con la necesidad de cruzar un desierto mortal, sorprende que en algunas escenografías no se utilicen locaciones naturales (como en gran parte de la cinta) sino que es notoria la artificialidad propia de los estudios. Tal es el caso de las escenas de la acampada al pie de unos acantilados, cuyos fondos hacen recordar los usados por el director Vicente Orona en la cinta Los Gavilanes, cuando Pedro Infante y Lilia Prado se encuentran en pleno “cerro”. Así más o menos se ve ese escenario pero ahora con la Kidman y Jackman.

Del mismo modo son notorias las escenas de animación digital en las que cientos de reses se encaminan directo a un desfiladero, lo cual era lo más recomendable dada la naturaleza de la situación.

Lo mejor de la cinta es la conmovedora relación que se gesta entre Sarah y Nullah, la cual ofrece tanto el dramatismo como la parte sentimental, así como el respeto a las tradiciones autóctonas, dadas las condiciones en las que se da dicha relación. En Australia, como en muchos otros lugares del mundo que han conocido la colonización por parte de pueblos europeos, los habitantes autóctonos se encontraban en su propia tierra como extraños, los prejuicios raciales generaron problemas en ambos lados y la hipocresía social se hacía de la vista gorda ante algunos actos bajos de miembros de la raza conquistadora. Tal es el caso de Nullah, que al ser hijo del blanco Fletcher y de una negra, no sabe cuál es su lugar en el mundo, hasta que lo rescata su abuelo, tanto de los peligros reales como de los de su aparente falta de identidad.

Dicen que a Nicole Kidman no le gustó cómo quedó la cinta finalmente, pero creo que hay muchas películas mucho más malas y menos disfrutables que este western australiano. Vale la pena verla.

Rocknrolla


La Fascinación Cinematográfica por la Delincuencia
Ricardo Martínez García

Si hay algo que tienen en común cineastas como Guy Ritchie, Quentin Tarantino, Roger Donaldson o David Mamet (solo para mencionar a mis preferidos), es la fascinación, el gusto que sienten por el mundo del hampa, de la delincuencia y el bajo mundo del crimen para reflejarlo en complejas y divertidas tramas.

Cintas como Perros de Reserva (o Pulp Fiction), Lock, Stock and Two Smoking Barrels, El Robo del Siglo o Asalto ofrecen diferentes visiones del universo del hampa, dependiendo del reflejo de la personalidad de cada uno de esos grandes directores.

En México se exhibió hace poco Revolver (06), pero ahora se encuentra en cartelera Rocknrolla, el más reciente trabajo de Guy Ritchie cinta que probablemente reivindica un poco su trabajo luego de la irregular y casi fallida cinta anterior.

Los excéntricos, salvajes y a veces divertidos personajes creados por Ritchie siguen siendo del tipo de grandes corruptos como el mafioso Lenny Cole (un estupendo y veterano Tom Wilkinson), y su lugarteniente Archy (el casi gemelo de Andy García, Mark Strong) que se pasan la vida negociando por debajo del agua con concejales o funcionarios públicos no menos corruptos para conseguir muy ventajosos cambios de uso de suelo con el fin de construir bienes inmuebles -algo con lo que posiblemente estén familiarizados ciertos funcionarios de las delegaciones Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón, Cuauhtémoc y otras en la Ciudad de México- o entrevistándose con poderosos inversores rusos asentados en Londres que desean gastar un poco de dinero para conseguir los permisos correspondientes.

Ese escaso dinero ruso puede llegar a sumar tranquilamente unos catorce millones de euros, los cuales son escamoteados a instancias de la ambiciosa contadora al servicio del multimillonario Obamavich (Karel Roden), la bella Stella (la morenaza y delicada actriz Thandie Newton, novia de Tom Cruise en Misión Imposible), encargando el robo del dinero a un trío de despistados e ineptos delincuentes encabezados por el señor “Uno Dos” (el muy versátil Gérard Butler, famoso por El Fantasma de la Òpera y por 300) y sus socios El Guapo Bob (que al salir del clóset y a punto de entrar en prisión logra que Uno Dos haga algo con él, y de lo cual éste no quiere que nadie se entere) y el fortachón Mumbles.

También está el hijastro de Cole, el clavadísimo yonky Johnny Quid, un frustrado músico del punk que finge su muerte (“un rockero muerto vale mucho más que uno vivo”) y que es quien introduce el elemento caótico en todo el sistema corrupto productor de grandes cantidades de dinero al robar un cuadro.

No todo en la cinta de Ritchie es ficción: en Madrid, Londres y algunos otros lugares de Europa de vez en vez estallan casos de la vieja “corrupción urbanística” (o de cualquier otro tipo) involucrando a funcionarios públicos, alcaldes, concejales o munícipes que se encargan de conseguir como sea -y cobrando enormes comisiones- permisos para que empresas gigantes construyan viviendas o edificios en lugares donde estaba prohibido. Gente como Pedro Antonio Torrejón, Joaquín Tejeiro, Antonio Reino, María de la Poza, José Luis Tello, y otros son algunos funcionarios españoles que han sido señalados por haberse beneficiado con negociaciones turbias de ese tipo (ver http://www.elmundo.es/especiales/2006/11/espana/corrupcion_urbanistica/mapa/madrid.html).
También están esos personajes rusos mafiosones inmensamente ricos que son una clara alusión a gente como el multimillonario Roman Abramovich, conocido por ser el dueño del equipo Chelsea de la Premier League, y por su afición a las obras de arte; hasta el nombre del personaje en la película es parecido. ¿Acso le sabrán algo al señor Abramovich?

La cinta de Ritchie cuenta con gran cantidad de ingredientes audiovisuales manejados a veces a gran velocidad, como la voz en off de Uno Dos que al inicio de la película nos explica el contexto e introduce a los personajes, así como los delirantes diálogos (los subtítulos cambian tan rápido que se hace recomendable no leerlos sino tratar de entender directamente el inglés si es que no resulta demasiado callejero para ser entendible) o las escenas de acción; otras veces dichos elementos son presentados con marcadas pausas para enfatizar un estado subjetivo (como cuando Johnny Rocknrolla se droga y sufre los efectos en un inmundo y sórdido lugar que comparte con otro yonqui), o como cuando unos guaruras casi indestructibles e incansables realizan una aparatosa persecusión a la banda de Uno Dos en una hilarante parodia de Terminator.

El universo de los personajes de Ritchie, cínicos, toscos, listillos pero leales a su manera, es a ratos bastante parecido a los de Tarantino, logrando imprimirles un sello particular, aunque ambos carecen de la sutileza y elegancia de los creados por Mamet, que está al otro extremo de ellos (sobre todo por ejemplo en la elegante, pulcra e inteligente Asalto, en donde se lucen Gene Hackman, Delroy Lindo y Danny De Vito), siendo sus personajes de más clase si se puede decir así, no obstante su misma profesión.

Mención aparte merece el soundtrack de la cinta, con grupos como The Clash, The Hives, The Scientists, The Subways, The Sonics, y gente como Lou Reed, Kim Fowley, Steve Isles y otros. Afortunadamente Ritchie tiene buena intuición musical: nada del repertorio de su ex Madonna y sí piezas como la poderosa I´m a Man de Black Strobe.

El baile desenfadado, al principio un tanto epiléptico pero poco a poco con más ritmo y cadencia que se discuten Stella y Uno Dos (bailando Waiting for a Train, de Flash & The Pan, mientras acuerdan someramente la forma de realizar un asalto) y el romántico baile de éste con El Guapo Bob son de antología y representan dos de las escenas más divertidas.

Rocknrolla es una película veloz, entretenida, compleja, a ratos ininteligible y estrambótica pero con todo el sello creador del memorable Guy Ritchie de principios de los noventa, fascinado por el mundo de la delincuencia, en donde también caben las drogas, un poco de sexo y mucho rock and roll.

Por cierto, pronto veremos el trabajo de Ritchie dirigiendo a Robert Downey Jr. y a Jude Law en la esperada nueva versión de las aventuras de Sherlock Holmes y su inseparable amigo el Dr. Watson. La pregunta es ¿podrá Ritchie mantener su estilo y gusto de filmación en una cinta como esa, de corte tan clásico, tal y como son los personajes creados por Arthur Conan Doyle?

Friday, December 12, 2008

Revolver




El Dr. Jeckill and Mr. Ritchie


Ricardo Martínez García


Revolver es probablemente la cinta más sofisticada pero a la vez la más introspectiva y lenta que ha hecho hasta ahora Guy Ritchie, el famoso cineasta británico nacido en Hertfordshire hace cuarenta años y ahora ex esposo de Madonna.


Sin dejar de lado su temática favorita, el bajo mundo de la delincuencia británica (organizada y a veces desorganizada, como en las divertidas Snatch y Lock, Stock and Two Smoking Barrels)) ahora a Ritchie le entra la vena de la exploración del subconsciente, del estudio del ego como elemento enajenante del ser humano o como aquello que impide el natural desarrollo del yo, ocasionando que éste caiga en terribles excesos.


El nuevo enfoque de los personajes que propone Ritchie hace de Jake Green (un sobredirigido Jason Statham en el rol de un jugador experto en fraudes y ex prisionero) una nueva versión, bastante ligera por cierto, del clásico personaje creado por Robert Louis Stevenson, el Dr. Jeckill y Mister Hide: un atormentado individuo que lucha constantemente consigo mismo o con su ego a través de una especie de diálogo interno ezquizoide, lucha que si no fuera porque Ritchie la plantea con cierta fastidiosa seriedad y pesadez, sería más que risible.


El mismo problema de ego, pero desbocado totalmente, lo tiene el mafioso Dorothy Macha (un estupendo Ray Liotta) quien actúa como si fuera el amo y señor del universo, sólo por debajo de un tal señor Gold, mítico representante del intocable nivel superior en la escala delictiva. La simbología es patente, una vez entrados en cuestiones de análisis sicológico.


Macha es un individuo que atiende sus “negocios” en bata y calzoncillos, cuando no está totalmente desnudo. Es todo un personaje, el cual le da cierta tierna frescura a la cinta de Ritchie, la que por cierto llega a México (por muy poco tiempo en cartelera) con algo de retraso: su fecha de producción es del 2005.


El mundo de los personajes de Ritchie es un combo que tiene cabida para todos los clichés del género: además de Macha, está el italiano Zach (Vincent Pastore, el de Los Soprano) y su socio afroamericano Avi (el músico miembro de Outkast y actor Andre Benjamin), ambos mentores de Jake en la prisión sin que éste los viera nunca, así como unos mafiosos con pinta de rusos y de chinos.

Ritchie lo tiene claro: el ego, alimentado por los halagos excesivos y el afán de reconocimiento, daña seriamente la salud del simple yo, el cual se ve abrumado por esa “instalación foránea” (como probablemente lo llamaría Carlos Castaneda) que se hace pasar por nuestro verdadero yo.

La temática de la película nos permite especular sobre el origen inspirador de la cinta. Tal vez para cuando comenzó a escribir el guión, la presión de estar casado con la ahora cincuentona Madonna, diez años mayor que él y poseedora de una arrolladora personalidad, lo hizo concebir la historia de Revolver. Ahora que se han divorciado, nos hemos enterado de que la reina del pop ha afirmado que hay gente a su alrededor que está “discapacitada emocionalmente”, probablemente refiriéndose a su ex esposo. El cuadro entonces estaría completo: uno es incapaz de amar a la otra del ego superdesarrollado.

Fuera de toda especulación, la cinta deja mucho que desear. Si usted cree que Revolver es otra cinta más de culto a la Ritchie, no encontrará el ritmo vertiginoso, ni los diálogos pintorescos ácidos y vulgares, emitidos en un casi incomprensible slang propio del bajo mundo y tan comunes en sus trabajos iniciales, encontrará más bien el intento fallido de una cinta pretenciosa y densa cuya clave de interpretación se ofrece al final con los testimonios de especialistas sicólogos o siquiatras que dan su calificada definición de qué es el ego y qué nos hace a los seres humanos.

Uno de esos especialistas afirma que el mejor truco del ego es hacernos creer que el demonio sí existe, cuando dicha figura del mal en realidad solo es un disfraz del propio ego. Así, lo mejor de la cinta es que provoca ciertas reflexiones, pero no a través de ella sino de lo que dicen los citados especialistas.

Visto así, no es de extrañar que Revolver no dure más de dos o tres semanas en cartelera: un golpe leve al ego del propio Ritchie, si su intención era generar elogios, lo cual dudo. Se trata más bien de su forma de darle cauce a sus sentimientos más íntimos, referidos a él o a las personas que viven o vivían en su círculo personal.

Saturday, December 06, 2008

Centinelas

El fracaso de la justicia

Ricardo Martínez García

En la vida uno puede encontrarse en cualquier lugar a personas abusadoras, violentas, gandallas, que van coleccionando víctimas hasta que alguien les pone el alto. Puede tratarse desde simples broncudos racistas de taberna, oportunistas que se apropian del trabajo de los otros, hasta mafiosos narcotraficantes que amenazan y asesinan sin ningún remordimiento.
La cinta Centinelas (Outlaw, 08) del británico Nick Love, muestra a un grupo de personas que de una u otra manera han sido víctimas de abusos y violencia, formando una banda de vengadores para tratar de hacer algo en contra de abusadores, pedófilos y mafiosos.

Sean Bean, actor nacido en Sheffield conocido por su trabajo en El Señor de los Anillos (en donde da vida a Boromir) y en Ronin (como un supuesto soldado de élite) entre otras, tiene el protagónico en esta cinta como el sargento Danny Bryant, quien acaba de regresar de algún cuerpo de paracaidistas asignado en Irak o Afganistán, asqueado y cansado de lo que ha visto en el frente, por lo que decide dadas las circunstancias –su esposa lo ha dejado para estar con otro- formar un pequeño grupo de reacción ante las agresiones de que han sido objeto.

Bryant es el encargado de “entrenar” a los miembros de la banda cuyo objetivo es “hacer algo” en contra de los malos. Tal intención no se realiza inmediatamente: sufren una tunda al enfrentarse a unos buscones en un bar; luego dejan caer dinero robado a unos mafiosos, hasta que en un tercer intento comienzan a levantar gente (muy al estilo del narco en México) seleccionada por sus antecedentes delictivos para torturarla y asesinarla.

Los miembros de la banda –en la cual hay un abogado al que le asesinan a su esposa embarazada por no retirarse de un caso, un joven con feas cicatrices en la cara hechas con algún arma filosa y un jefe de seguridad de un hotel que gusta de fisgonear a los huéspedes- comienzan a ser conocidos como unos modernos Robin Hoods pues el público que los ve en televisión huyendo luego de un asalto, no sabe que dejan caer el dinero por mera incompetencia, y comienzan a idealizarlos.

Las absurdas pero tétricas situaciones en las que se involucran, como golpear a unas personas atadas y encapuchadas genera dudas en algunos ellos, pues son en el fondo personas decentes, y tienen sus resquemores para aplicar la justicia por propia mano.

La cinta así planteada parece ser un conducto para canalizar y reflejar el sentimiento social generalizado de que la justicia en la Gran Bretaña ha alcanzado niveles insostenibles de corrupción (pues no solo en México se padece del mismo mal), y de que en los más sensibles e indefensos de la población campea la paranoia o el miedo a la violencia, al grado de provocarle pesadillas a un ejecutivo de ventas que es el primero en unirse a la banda de “centinelas” y a la postre el único sobreviviente.

La banda de vigilantes vengadores llega a su fin cuando los verdaderos mafiosos se las arreglan para tenderles una trampa, enviándolos a una emboscada con policías que los quieren ver eliminados, policías que presumiblemente colaboran con el jefe mafioso.

El mensaje de la cinta, filmada con un estilo de cámara nerviosa, con mucho movimiento y cambios bruscos de planos, los cuales pueden llegar a exasperar, parece ser que los ciudadanos o se resignan a vivir con la corrupción y a ser víctimas impotentes, o toman la justicia por su cuenta pero arriesgándose a echarse encima tanto a policías como a delincuentes. Es naturalmente una película pesimista, de tintes fascistoides, con un tipo de violencia muy realista (con escenas de salvajes golpizas, asesinatos y huesos fracturados a palos) y con un final triste y previsible.

A ratos la cinta parece una extraña mezcla entre Tarde de Perros, de Sydney Lumet y protagonizada por Al Pacino (por la cómica ineptitud de los miembros de la banda) y Taxi Driver de Martin Scorsese, con gran actuación de Robert de Niro (porque el líder de la banda es un ex soldado de regreso a la patria, asqueado, confundido y paranoico con ganas de hacer algo “trascendente”), y con algunos significativos detalles en la trama que recuerdan aquella famosa cinta de Charles Bronson El Vengador Anónimo (Death Wish, Michael Winner, 74), en la que el protagonista tomaba la justicia en sus propias manos luego del asesinato y violación de su esposa e hija.

¿A eso nos estaremos encaminando en los lugares en donde la corrupción y la violencia, los asaltos, secuestros y levantones, y su consiguiente impunidad hacen patente el fracaso de la justicia, a convertirnos en vengadores anónimos o centinelas? Tal vez ya haya algunos así, pero la policía no los dará a conocer.

Red de Mentiras



El amor por encima del deber


Ricardo Martínez García


La insatisfacción civil hacia las acciones bélicas que ha desarrollado el gobierno de los Estados Unidos de América tiene a veces un cauce de expresión mediatizada en la cinematografía actual. Tal es el caso de cintas como Traidor (Nachmanoff, 08), Leones por Corderos (Redford, 07), En el Valle de Elah (Haggis, 07) y algunas otras por el estilo, donde se muestra el juego político-burocrático-militar que está detrás de las acciones emprendidas en países como Afganistán e Irak, luego del 11 de septiembre del 2001.


Red de Mentiras (Ridley Scott, 2008) es una cinta en la que se sigue manifestando el sinsentido de una cruenta y lenta guerra en la que se vale realmente todo, con tal de hacer que aquel que ha sido catalogado como el enemigo asome la cabeza y pueda ser atrapado, en aras de la lucha contra el terrorismo.


La película comienza con una frase en la que queda claro que las acciones que se realizan en contra de alguien –casi siempre violentamente- tienen repercusiones, algo así como la ley del talión pero a nivel global: las masacres a las que han sido sometidos durante tantos y tantos años los pueblos “enemigos de la libertad” tal como la entienden los funcionarios del gobierno norteamericano, han comenzado a pasarle la factura a los mismos agresores en forma de explosiones y atentados terroristas. La cinta parece querer decir: “si siguen así, no se extrañen de que en el futuro se repitan más 11 de septiembres”.


Luchar genuinamente contra el terrorismo no es lo mismo que provocar terrorismo para combatir el terrorismo, y en eso es en lo que está involucrado el agente encubierto de la CIA Roger Ferris (el cada vez mejor actor Leonardo Di Caprio) y su poco fiable jefe Edward Hoffman (un Russell Crowe bastante contenido y discreto), todo en aras de conseguir la victoria sobre la amenaza real del terrorismo que amenaza a los buenos ciudadanos norteamericanos, aunque extrañamente los ataques casi siempre se producen en territorios extranjeros, salvo naturalmente aquellos del 11 de septiembre.


En la lucha mefistofélica y con sofisticaciones altamente tecnificadas caen, como siempre, víctimas “colaterales”, como el arquitecto árabe al que el buen agente Ferris, con la mano en la cintura y sin medir consecuencias, le construye una vida paralela desde la virtualidad de la red internet pero ya no como el honrado arquitecto que es, sino como un supuesto líder terrorista, todo con el sagaz objetivo de provocar la egolatría del verdadero jefe para que dé signos de vida y atraparlo.


Ferris se encuentra de pronto entre el cinismo de su jefe y la superior astucia del jefe de inteligencia jordano, el tan elegante como siniestro Hani (el inglés Mark Strong) y su despiste amoroso, elemento más que improbable en una trama de espías profesionales pero que tiene como objetivo darle cierto romanticismo a la cinta, sobre todo porque presupone que Ferris antepondrá sus sentimientos por la hermosa Aisha (la actriz iraní y ex estudiante de piano en el Conservatorio de Viena Golshifteh Farahani) por encima de su deber de patriota: tal es la red de situaciones inciertas que dan título a este entretenido filme del célebre director Ridley Scott.


Hay ciertas cosas en la trama de la cinta que difícilmente pueden ser creíbles, como el trabajo secreto de un agente de la CIA evidentemente caucásico operando casi sin problemas en peligrosos lugares de Oriente Medio, auxiliado tan solo por un teléfono satelital que lo mantiene en permanente contacto con su jefe, quien opera cómodamente desde su casa mientras atiende a sus hijos. Es más creíble en ese sentido el personaje de Don Cheadle en Traidor: un norteamericano musulmán negro estudioso del Corán, quien se encuentra en la disyuntiva de serle fiel a su país y/o a su religión. Ferris se da cuenta de sus errores operativos pero para entonces es demasiado tarde para el arquitecto-señuelo que “fabricó” y casi también para él mismo, a su vez convertido en señuelo por el jefe de la inteligencia jordano Hani, que busca en apariencia lo mismo que él: atrapar al jefe terrorista.


La cinta representa un intento más de crítica a las acciones bélicas del gobierno de Bush en Afganistán e Irak, si se le desea interpretar así, pero se distrae un poco con el planteamiento personal del modo en que resuelve Ferris su trabajo como espía y la emergencia de un nuevo amor. De otro modo, es una excelente opción o alternativa de cinta de acción con temas sobre política internacional y terrorismo.