Wednesday, March 24, 2010

Legión de Ángeles


El poder de la fe

Ricardo Martínez García

Desde el principio de los tiempos, el conflicto entre el bien y el mal ha marcado el destino de la humanidad. Para los persas antiguos, el mundo estaba gobernado por la eterna lucha entre esas dos fuerzas, algo que se parece a la concepción de Heráclito de la lucha de los contrarios, que da como resultado el movimiento del mundo.

El zoroastrismo, religión tan antigua o más que la hebrea, consideraba que ese conflicto estaba representado por la lucha entre las deidades llamadas Ahura Mazda y Angra Mainyu, hermano malévolo de Mazda. Con el paso del tiempo, esta concepción naturalista al parecer se fue adaptando a una visión que abarcaba aspectos míticos y religiosos con su consiguiente cosmovisión ética y divina, la cual influyó en la configuración posterior del judaísmo y del cristianismo.

El director Scott Stewart presenta Legión de Ángeles (Legion, 10), una visión del fin de la humanidad, en la que Dios ha dejado de creer en su propia creación debido a su desordenada y pecaminosa vida, y ordena su destrucción, primero al arcángel Michael, o Miguel (Paul Bettany), quien se rebela ante la orden, y luego al arcángel Gabriel, quien hará todo lo posible por cumplirla.

Con un guión escrito por Peter Schink y por el propio Stewart, la cinta gira en torno a Charlie (Adrianne Palicki) y el nacimiento de su bebé. Ella es mesera de un perdido restaurante en medio de un desolado y árido Estado norteamericano; el hijo del propietario (Dennis Quaid), Jeep (Lucas Black) la ama sin reservas y por el mero hecho de amarla, amor que al final será lo que los salve no solo a ellos sino a la humanidad entera.

La cinta ofrece una vuelta de tuerca interesante respecto de la tradicional forma de presentar la mitología angelical, al plantear una inesperada rebelión del arcángel Michael: eso no hace que se convierta en el ángel caído, sino por el contrario, el que muestra lo que Dios necesita de sus creaciones, y que es algo más que obediencia ciega.

Sin exagerar en aspectos visuales como los efectos especiales, o sin engolosinarse en visiones guerreras, con un buen ritmo, la cinta plantea algunas reflexiones, un tanto superficialmente, sobre algunas formas de ser de los seres humanos, como el egoísmo, la indiferencia, la solidaridad, el amor desinteresado, el sacrificio, el deseo de ser mejores. Esta parte es a mi juicio lo mejor de Legión de Ángeles.

La aparición de actores como Bettany, Quaid o la hermosa Kate Walsh (conocida por su participación en las series de televisión Gray, y luego en Práctica Privada) le dan un aire de película grande, aunque hay algo que le falta; tal vez no le tengo demasiada fe a argumentos como el que desarrolla esta entretenida y a ratos divertida –por algunas exageraciones- cinta.

Monday, March 22, 2010

Alicia en el país de las maravillas


Alicia en el cine

Ricardo Martínez García

Lewis Carroll, seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson, publicó Alicia en el País de las Maravillas en 1865 y Alicia a través del espejo y lo que Alicia encontró allí en 1871. Siendo un sacerdote anglicano, pero también un estudioso de la lógica matemática y más que aficionado a la fotografía, Carroll tenía una cultura preponderante y unos puntos de vista que lo colocan, a partir de su trabajo como escritor, como parte de una tradición de escritores como Jonathan Swift, también hombre religioso, y su obra Los Viajes de Gulliver (1726) dado su carácter irónico y sarcástico, crítico de la sociedad de su tiempo, a la que implacablemente le mostró sus defectos y debilidades, sus excentricidades y excesos. Al mismo Carroll se le acusó de tendencias pedófilas por su gusto por fotografiar a niñas, sin saberse si era así o no.

La crítica de Carroll –que también hiciera Swift en su época- va desde señalar las absurdas costumbres sociales aristocráticas en la Gran Bretaña, las guerras sin sentido entre pueblos hermanos (como la Reina Roja de Corazones y la Reina Blanca), la hipocresía y el deseo de quedar bien de los súbditos rastreros con los soberanos, hasta las costumbres no tan extrañas de algunos, como la afición a la pipa de opio y otros a la escritura de novelas de una fantasía desbordada cercana a la alucinación.

Tim Burton realiza un trabajo espléndido de animación e ilustración de un mundo fantástico, dejando para la interpretación del espectador el aspecto crítico de la sociedad británica del siglo XIX.

A algunos les parecerá que la cinta (visualmente extraordinaria, como acostumbra Burton) no tiene ni pies ni cabeza, que está chiflada, que es incomprensible, pero olvidan ese aspecto sarcástico que se muestra tan candorosamente como parte del imaginario de una chica diferente, Alicia (interpretada maravillosamente por Mia Wasikowska), al que accede cada vez que le resulta insufrible habitar el mundo victoriano que le ha tocado vivir. Además, como dice el padre de Alicia, algunas de las mejores personas son las que precisamente están chifladas.

Alicia, como personaje, es una chica sencilla y de gran sentido común, a la que le gusta su libertad, aunque en su mundo convive naturalmente con elementos que se considerarían como de brujería (con pócimas para crecer o reducirse, túneles que conducen a un inframundo, animales que hablan, reinas que usan animales terribles para atacar a sus enemigos). El sombrerero loco (el inefable Johnny Depp) es un personaje que no está tan loco y que brilla por su bondad y capacidad de sacrificio.

Se trata de una excelente película que recrea esa difícil novela que se ha creído –de manera equivocada- que era una obra infantil, puesto que supone una férrea crítica social. No deje de verla.

Sunday, March 21, 2010

Preciosa



La extrema desgracia

Ricardo Martínez García

La vida de Clarice Precious Jones es la expresión cotidiana de una serie de abusos prolongados y sufridos de manera casi inconsciente, y desde su infancia, por parte de sus padres. Su madre es la antítesis del espíritu maternal convertido en una ignorancia egoísta, insensible y parásita, mientras que su padre solo es capaz de mostrar un total embrutecimiento con ella. Tales son las circunstancias familiares adversas de este personaje tomado de la novela Push, de la escritora Sapphire (cuyo verdadero nombre es Ramona Lofton) y llevado al cine por Lee Daniels.

Habitante de uno de los barrios más pobres de la Gran Manzana, Harlem, Precious es una obesa adolescente de 16 años embarazada por segunda ocasión, víctima de su propio padre. Su madre no la ve como una hija sino como su competencia, en lo que constituye una visión completamente retorcida de su relación familiar. Solo algunas personas, de manera casi fortuita, como su bella maestra Blue Rain (Paula Patton), ayudan a Precious cuando decide huir de casa para buscar hacerse dueña de su propia vida.

Protagonista de un drama conmovedor, aunque sin acudir al fácil sentimentalismo, Precious es un personaje al que pareciera que la sórdida vida familiar que le ha tocado en suerte la pone total y radicalmente a prueba. Todas las desgracias posibles parecen cebarse en esta inteligente adolescente afroamericana, pero ella muestra una extraordinaria respuesta al recibir un poco de atención: se muestra capaz de ser consciente de su propia situación, pero sobre todo, de tener el deseo de superarse en la medida de sus posibilidades. Es su fuerza interior lo que llama a admiración.

La interpretación de Gabourney Sidibe como Precious es excelente, pues le valió competir con Sandra Bullock al Oscar de este año como mejor actriz; la cinta cuenta con actuaciones muy buenas de Mo´Nique, Lenny Kravitz y Mariah Carey, entre otros. Muy recomendable si le gustan los dramas profundos y sin concesiones.

Wednesday, March 17, 2010

Personalidad Múltiple


Possession

Ricardo Martínez García

Sarah Michelle Gelar vuelve a protagonizar una cinta de suspense que le sienta muy bien. Pero eso no quiere decir que la cinta sea buena, si acaso regular. En ella interpreta a Jessica, abogada que trabaja para la policía, casada con el hombre perfecto, pero que tiene que lidiar con su hermano ex presidiario.
Durante un choque más que improbable en el que los hermanos son los participantes, su sangre se toca todavía más improbablemente en el momento justo en que le aplican un electroshock a alguno de ellos, lo que al parecer tiene consecuencias funestas e inesperadas para ambos y para Jessica.
Bajo una premisa tan descabellada se desarrolla esta cinta de suspense, en la que la Gelar luce sus dotes de actriz. El título de la cinta remite a aquella memorable película de Andrzek Zulawasky, esa sí inquietante y perturbadora por el manejo de las pasiones en los personajes.
En esta cinta dirigida por Joel Bergvall y Simon Sandquist, subtitulada Personalidad Múltiple, no hay ni verdadera posesión ni personalidad múltiple sino solo un personaje que en sí mismo es un excelente actor, el cual roba la identidad de otro a partir de lo que éste escribió o le contó, en una variación de La Letra Escarlata (Joffé, 95) o aún más de aquella que protagonizara Gérard Depardieu, El Regreso de Martin Guerre (Vigne, 82).

Sin la sorpresa que generó con La Maldición (The Grudge, Shimizu, 04), la esposa de Freddie Prinze vuelve a un género que le ha redituado buenos comentarios, aunque esta cinta es más de suspenso psicológico que terrorífico. Bastante regular, esta cinta es de las llamadas palomeras, pero no espere grandes sobresaltos de ella.

La Isla Siniestra


Aceptar la realidad

Ricardo Martínez García

¿Vale más vivir la vida como un hombre bueno o morir como un monstruo? Tal es la pregunta que se hace el Sheriff Edward Daniels (Leonardo Di Caprio) al final de la cinta La Isla Siniestra (Shutter Island, 10) del laureado cineasta Martin Scorsese.

Daniels decide investigar la desaparición de un paciente en un centro psiquiátrico llamado Shutter Island, ante la sospecha de un complot por parte del gobierno de usar personas para experimentos mentales, investigación cuyo resultado le hace preguntarse al espectador ¿qué es lo real? Y ante esa crucial pregunta solo queda atenerse a las evidencias, por duras que éstas sean y difíciles de aceptar.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de los Estados Unidos llevó a cabo una serie de juicios por crímenes de guerra conocidos como los Juicios de Nuremberg. El primero de ellos fue un enjuiciamiento por crímenes por realizar experimentos médicos y psicológicos en seres humanos, los cuales eran elegidos en los campos de concentración de Auschwitz, Dachau y otros.

La cinta de Ingmar Bergman El Huevo de la Serpiente (77) ya exploraba de manera más explícita las consecuencias de la experimentación en seres humanos sin su consentimiento. En la cinta de Scorsese también se plantea, por parte de Daniels, la posibilidad de que el gobierno de su propio país haya realizado ese tipo de experimentos, lo cual parecería posible aunque suene a una locura.

De acuerdo con el doctor Cawley (Ben Kingsely) hay tres formas de tratar a los pacientes: por medio de una psicocirugía (como la lobotomía, que es un tratamiento radical), la psicofarmacología (tratamiento con drogas) y la que él prefiere, el tratamiento que consiste en escuchar al paciente, en tratarlo con amabilidad y de manera razonable e incluso en seguirle la corriente a los enfermos. Pero su método preferido al parecer no funciona con casos extremos. ¿Quién le sigue el juego a quien?

Conforme la cinta avanza, la trama se va convirtiendo en una constante vuelta de tuerca muy interesante y que mantiene al borde de la butaca al espectador. La fotografía y ciertas escenas oníricas son verdaderamente hermosas, en una especie de homenaje a Tarkovsky, sobre todo de su cinta El Espejo (74), con esas escenas en cámara lenta de incendios, donde aparecen personajes acuosos que se desintegran, que así como aparecen desaparecen, todo dentro de un ambiente antinatural pero no sobrenatural.

El trabajo actoral es de primera línea, como ya es costumbre en los actores dirigidos por Sorsese.

Se trata de un complejo y entretenido thriller psicológico que explota hábilmente la paranoia y las alucinaciones de un ex combatiente de la Segunda Guerra Mundial, producto de los horrores de guerra, los cuales se suman a su tragedia familiar que lo termina por traumatizar, en un ambiente de paranoia social generalizada luego de conocerse los crímenes de guerra aludidos y dados a conocer con los Juicos de Nuremberg. Un ejemplo más de que la ciencia sin conciencia moral destruye la humanidad.

Saturday, March 06, 2010

Opio: Diario de una Mujer Poseída


Adicciones y locura

Ricardo Martínez García

La cinta Opio, diario de una mujer poseída narra la historia de un médico neurólogo, morfinómano y adicto al sexo que comienza un tratamiento en un manicomio para tratar a una paciente obsesionada por escribir y escribir. Sus vidas parecieran las caras opuestas de la misma moneda, y su encuentro será crucial para ambos.

El director húngaro Janos Szasz, especializado en memorables dramas psicológicos, como Woyzeck (94) y Eyes of The Holocaust (00), entre otras cintas, dibuja en Opio, Diario de una mujer poseída (07) ciertas personalidades extremas. El doctor Jozsef Brenner (Ulrich Thomsen) es a la vez un médico y escritor que se encuentra bloqueado para escribir, teniendo que lidiar con enfermos y con sus propias enfermedades, como la de una enorme dependencia a la morfina. Gizella (Kirsti Stubo) es una mujer obsesionada con la idea de que el Mal la quiere invadir y apoderarse completamente de su vagina, y cuya expresión la lleva a sufrir con una compulsión por escribir. Sus terribles e incontrolables espasmos la llevan a ser objeto de medievales y salvajes tratamientos como baños de agua helada y electroshocks.

Brenner se interesa por Gizella primero como paciente. Pero luego el deseo lo cambia todo. Son como dos cuerpos de universos diferentes que siguiendo su órbita de pronto se acercaran y confluyeran en un punto, sus compulsiones sexuales, pero luego del encuentro la realidad de sus universos comienza a alejarlos, pues sus posiciones en esa sociedad cerrada que es el psiquiátrico y sus ideas son completamente diferentes.

La pretensión de ayuda del médico sobre la paciente se revierte y luego de su encuentro el que sale mejor librado es él, pues su bloqueo creativo desparece gracias al trabajo de ella, a sus textos escritos en sus diarios, mientras que él la trata como lo habían hecho anteriormente, aplicándole los viejos métodos medievales.

Las actuaciones son de un intenso dramatismo, descarnadas al grado de rozar el hiperrealismo. La delicada y precisa fotografía de Tibor Mathe nos introduce en un mundo sombrío de finales del siglo XIX, evocando con closeups sobre las texturas rugosas de viejas paredes descarapeladas, de la frialdad de las celdas de los pacientes, de la crudeza del sexo y de la miseria del espíritu humano, una perturbadora opresión difícil de quitar, un simbolismo difícil de descifrar. Todo un caso para el psicoanálisis.

La trama recuerda un poco, aunque sin su carácter particularmente esotérico, a la extravagante cinta del polaco Andrzej Zulawski Possession (81), en la que una mujer se ve irresistible y perturbadoramente compelida a tener relaciones sexuales con una criatura diabólica de enormes tentáculos, dando rienda suelta a una enferma pasión que no conoce límites. Pero los límites entre Brenner y Gizella regresan finalmente en forma de un tratamiento de cincel y martillo. Se trata en suma de una cinta inquietante que muestra una vez más la distancia entre el cine comercial norteamericano y una obra de autor europea: diferentes orientaciones dramáticas, temáticas y técnicas.

Tuesday, March 02, 2010

El Hombre Lobo


Mitos cinematográficos

Ricardo Martínez García

En el folklore europeo, y en muchos otros del mundo, existe la creencia de que algunos hombres se vuelven lobos o bestias feroces a causa de alguna maldición o como resultado de ciertos manejos de magia negra. La mitología coloca a los hombres lobo y a los vampiros como los más recurrentes en las supersticiones tradicionales. La cinta de Joe Johnston El hombre lobo, protagonizada por Benicio Del Toro, se apega completamente a la vieja tradición de ese mito y a la ya extensa filmografía que ha hecho del tema su objeto narrativo.

Bram Stocker hace decir a su personaje más famoso, el Conde Drácula, en un momento de su charla sobre sus antepasados con Jonathan Harker, que “en este remolino de razas europeas, la tribu ugra trajo de Islandia el espíritu guerrero que le dieron Thor y Odín, y del que sus bersekers hicieron gala en las costas europeas y en las de Asia y África, con tal ferocidad, que los pueblos creyeron que se trataba de una invasión de hombres lobo”. Esta explicación resulta bastante creíble para un personaje de ficción. La ferocidad de algunos pueblos guerreros sería entonces el origen de esas creencias que veían a esos combatientes casi como hombres lobo, como dice el Conde Drácula.

Otra explicación del mito, y que está presente con gran claridad en la cinta de Johnston, se expresa como una visión de la forma en que ciertas poderosas y avasallantes pasiones dominan a algunas personas al grado de convertirlas en bestias feroces, pasiones que se convierten en patologías de la mente. Pasiones destructivas y conectadas con una sexualidad tan reprimida como en ciertas sociedades, tal como lo era la victoriana de la Gran Bretaña del siglo XIX y en la que circunscribe esta nueva versión de El Hombre Lobo (The Wolfman, 10).

Sin los efectos especiales, la simpatía y el humor de An American Werewolf in London (Landis, 81), esta cinta del también director de cintas como Jumanji y Parque Jurásico 3, (director que actualmente prepara una cinta sobre El Capitán América) ofrece una estética visual oscura y nostálgica interesante pero que no logra cuajar, al grado de que al final algunos elementos de la escenografía, los efectos especiales y el maquillaje logran recordar a cintas como Santo y Blue Demon contra Drácula y el Hombre Lobo (Delgado, 71). El actor puertorriqueño ha manifestado su deseo de hacer con el cineasta Carlos Reygadas una nueva versión de esta cinta mexicana.

La actuación de Del Toro, sin estar mal, no es de las que lo harán acreedor a alguna nominación, mientras que el veterano Anthony Hopkins nada literalmente de a muertito en una de sus pocas actuaciones que no será de las recordadas como memorables.

Sunday, February 21, 2010

El libro de los secretos


Visiones apocalípticas

Ricardo Martínez García

A lo largo de la historia de la literatura universal de vez en cuando aparecen noticias o rumores de libros secretos, esotéricos o no aptos para todo el público, que contienen conocimientos considerados peligrosos por su poder evocativo, regulatorio o francamente subversivos, sean de carácter político, religioso o social.

Así, en El Nombre de la Rosa (Annaud, 86), por ejemplo, la trama gira en torno a un libro de Aristóteles –el titulado Poética- que ridiculiza el culto divino según cierta interpretación, la cual hace que los monjes benedictinos medievales que poseen una copia única la consideren prohibida, no solo para el gran público sino para sí mismos.

En la literatura es famoso Howard Phillips Lovecraft por sus cuentos de terror, sobre todo Los Mitos de Cthulu, en los que crea toda una bibliografía fantástica de ciertos libros secretos, exclusivos para iniciados en ritos satánicos y monstruosos.

En El libro de los secretos, de los hermanos Albert y Allen Hughes (The Book of Eli, 10), el mundo o al menos los Estados Unidos han sufrido la tercera guerra mundial, que ha dejado en ruinas casi todo. En medio de paisajes apocalípticos, que recuerdan a Mad Max (Miller, 79) y de algún modo a 9 (sí, la cinta animada de Shane Acker, 09), el caminante Eli (Denzel Washington, en un personaje cuyo nombre hebreo significa algo así como el sublime) se ha fijado como misión llegar al Oeste, específicamente a la isla de Alcatraz, antigua cárcel inexpugnable devenida en refugio de la cultura universal, para entregar un libro que sólo él posee.

Ese mismo libro es buscado por Carnegie (Gary Oldman), que supone que el libro le puede dar poder sobre los pocos habitantes del mundo sobrevivientes. Para encontrarlo manda a unos salvajes pero analfabetas secuaces a confiscar todos los libros que puedan. El desenlace de la cinta recuerda aquellas historias de algunos judíos recluidos en los campos de exterminio de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y quienes eran capaces de recordar de memoria la totalidad de los textos que ellos consideran sagrados, para no hablar de las doctas interpretaciones de las que eran capaces.

Por momentos la cinta muestra una fotografía excelente que hace recordar con fuerza a Gabriel Figueroa y el trabajo característico que hizo en asociación con Emilio El Indio Fernández. Solo por esas imágenes y su evocación vale la pena ver esta cinta.

Wednesday, February 17, 2010

La Zona de Miedo


La guerra como adicción

Ricardo Martínez García

La directora norteamericana Kathryn Bigelow presenta en Zona de Miedo (The Hurt Locker, 08) una visión muy personal de un soldado que se enfrenta a las situaciones más peligrosas con una actitud como de irresponsable o de un temerario hombre de acción, sin miedo a la muerte.

El sargento William James (Jeremy Renner, nominado por esta cinta como mejor actor) es asignado a un escuadrón antibombas del ejército norteamericano en ocupación de Irak. Bagdad es una ciudad desolada y semidestruida en medio del desierto, escenario perfecto para personas que ya no tienen casi nada qué perder, como son los miembros de ese escuadrón.

La directora Bigelow muestra una cinta llena de dramatismo en el que seguramente las situaciones reales que se producen en la guerra son vistas tan cotidianas por los verdaderos soldados pero que en la pantalla grande pasan como de ficción. Ya se sabe que la realidad supera a la imaginación, triste y dramáticamente para las víctimas.

Un aspecto en el que Bigelow pone especial atención es en la camaradería tan viril pero a la vez tan nihilista que prevalece entre los soldados nortemaricanos destacados en Irak, que son conscientes de que en cualquier momento pueden perder su vida de manera casi irreal de tan repentina. El sargento James es tan osado que pareciera que en cada operación de desarme de bombas está buscando la muerte, en una especie de suicidio laboral o en cumplimiento de su "deber".

Otras cintas bélicas como Salvando al Soldado Ryan, o La delgada línea roja, ambientadas en la ya mitificada Segunda Guerra Mundial, tienen una visión ligeramente más global de la naturaleza de estos enormes conflictos bélicos, pero ninguna de ellas abunda en las causas políticas, sociales o económicas que llevaron a los países a enfrentarse. Eso es para los historiadores o investigadores, no para el mundo del cine, podrían alegar los cineastas.

La cinta de Bigelow, basada en el libro The Hurt Locker del periodista Mark Boal, que ofrece sus experiencias de guerra al lado de un escuadrón antibombas, (y quien escribió también un artículo para Playboy en el 2004 titulado Muerte y Deshonor, artículo que fue el fundamento argumentativo de la cinta En el Valle de Elah [Haggis, 07¨]), tampoco tiene ese interés ideológico de explorar las causas de la invasión. Bigelow aborda el tema como algo que naturalmente se vive –la guerra y la ocupación- y se tiene que enfrentar de una u otra manera, en la que tanto los protagonistas como el espectador son meros testigos de las puras acciones bélicas, sin prácticamente ningún cuestionamiento.

La película se enfoca así en la personalidad del sargento James, el cual difícilmente pasaría por un héroe patriota o un hombre de familia, pues se encuentra realmente en una situación de adicción a la adrenalina que la guerra le provoca, lo que lo hace actuar como un temerario y eficaz desarmador de bombas sin más, hasta que no estalle en mil pedazos. Hay no obstante, un resto de humanidad y conciencia en él cuando descubre el cadáver de un niño vendedor de dvd´s conocido suyo, que aparece torturado y con una bomba en el interior de su cuerpo.

La cinta es un excelente retrato sobre terribles detalles de una desquicida guerra productora de soldados traumatizados y de actitudes nihilistas que solo esperan poder alcanzar vivos la siguiente misión.

Tuesday, February 09, 2010

Asalto al camión blindado


¿Sólo buenos chicos?

Ricardo Martínez García

El manejo constante de dinero siempre genera malas ideas, pero no siempre malas acciones. Tal es el caso de Ty (Columbus Short), quien entra a un equipo de guardias de seguridad que trasladan valores en vehículos blindados, tentado a corromperse pero sin caer, en la nueva cinta de Nimród Antal Asalto al Camión Blindado (Armored, 09).

Ty es un ex combatiente condecorado de Irak que obtiene un trabajo en Eagle Shield, compañía de camiones blindados, gracias a su mentor Mike (Matt Dillon). Su plan es conseguir horas extra para pagar sus deudas. Pero Mike y sus compañeros Quinn (Jean Reno), Baines (Laurence Fishburne) tienen otros planes para él: emular un viejo robo en el que alguien se salió con la suya llevándose algunos millones de dólares.

La honestidad a toda prueba de Ty lo coloca de inmediato como enemigo de su mentor y equipo, por lo que de alguna manera tendrá que salir su a flote su integridad, a pesar de que en principio había aceptado participar en los planes de Mike.

Los imprevistos surgen en cualquier momento, pero lo que no puede cambiar es la formación moral de ciertas personas, que no se dejan llevar por la ambición o porque una vez traspasado los límites ya no se puede detener.

La cinta recuerda en cierto modo a Tarde de Perros, o incluso a Perros de Reserva, pero carece en absoluto del atractivo patológico delincuencial de ambas cintas, pues Antal no logra sacar el mejor provecho del reparto de sus actores de lujo. Su propuesta moral es aparentemente tan poco atractiva como su cinta: siempre hay alguien que es honesto a toda prueba. Pero por personas así de honestas el mundo no se ha vuelto todavía el caos completo.

Friday, February 05, 2010

Invictus


La aparente dicotomía deporte-política no lo es tanto

Ricardo Martínez García

Hace algunos días estuvo en México el periodista británico John Carlin. Reportero y escritor, Carlin trabaja para el diario español El País pero ha estado de viaje en la promoción de su libro Playing the Enemy, que en castellano se llama El Factor Humano. El libro ha dado pie a un guión admirable, a cargo de Tony Peckham, para la nueva cinta de Clint Eastwood Invictus (09), protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon.

Nelson Mandela es sin duda uno de los grandes líderes del mundo actual, carismático pero sobre todo de gran inteligencia política. Luego de pasar casi treinta años en diferentes prisiones, Mandela salió para convertirse en el primer presidente negro de Sudáfrica, dando término al terrible apartheid al que habían sometido a su población los gobiernos sudafricanos del partido Afrikáans oficialmente desde 1948.

Con la llegada de Mandela al poder, el líder ve en el Mundial de Rugby de 1995, a celebrarse en su país, la oportunidad de reconciliación nacional que tanto se necesitaba en ese momento crítico de su historia. El recelo y la desconfianza que se vivía entre los ciudadanos blancos y negros estaba imposibilitando la vida armoniosa que anhelaba el llamado Madiba.

Eastwood nos presenta el retrato de un Mandela (con una actuación de Freeman que seguramente obtendrá, por méritos propios, al menos una nominación más al Oscar de este año) carismático, amable, dispuesto a perdonar a sus enemigos en aras de un fin mayor: la concordia y la armonía de los grandes grupos raciales sudafricanos: blancos y negros.

La armonía puede ser construida a partir de un símbolo deportivo en el cual se sientan identificados todos los sudafricanos, y resulta que el débil equipo de rugby sudafricano encarna a la perfección dicha bandera simbólica. El mérito de Mandela consiste precisamente en aprovechar la popularidad del equipo entre la población blanca y brindarle su apoyo, sin importar las diferencias raciales.

Franςois Pinaar (Matt Damon) es el capitán de ese equipo que necesitaba urgentemente que alguien creyera en ellos, y quién mejor que aquel que ha salido de treinta años de prisión dispuesto a perdonar. Ante la contundencia del ejemplo, a él no le queda más que dar lo mejor de sí mismo.

“Creo que lo más importante de una película es que te atrape, que pierdas toda la noción del tiempo y que te sumerjas en ella”, dijo Carlin en una entrevista para El Universal. Tal cosa ocurre durante tres cuartas partes de la cinta. El experimentado Eastwood cede en los últimos minutos a la tentación de mostrar en toda su contundencia la fuerza de la afición al rugby en Sudáfrica (y en casi todo el planeta, sobre todo si se considera que este país será sede del Mundial de Fútbol el próximo junio), regodéandose en escenas del juego, alargando la tensión sobre el anhelado resultado. Buena película sobre el hombre que abolió el apartheid, uno de los grandes cánceres de la humanidad.

A ver qué tal le va a México al inaugurar el Mundial justo contra esos formidables anfitriones.

Sunday, January 31, 2010

Enamorándome de mi ex


Pasiones otoñales divertidas

Ricardo Martínez García

Meryl Streep es tan buena actriz que en cualquier género cinematográfico se ve desenvuelta y muy natural. No por nada es considerada una de las más grandes actrices en la actualidad. Tal es el caso de su trabajo en la tragicomedia romántica de Nancy Meyers, en la cual comparte créditos con Alec Baldwin y Steve Martin.

Es una tragicomedia porque mientras reímos con las situaciones jocosas que se presentan en la vida de Jane (Streep) al tener que lidiar con un reencuentro con su ex esposo Jake (Baldwin), por otro lado la vemos sufrir y debatirse con el conflicto que le genera el saber que aunque su ex es alguien todavía importante para ella, la relación que tenía a nivel individual con él se ha terminado mucho tiempo atrás.

La vemos sufrir las dudas, las inseguridades propias de quien ha perdido la práctica de salir y divertirse con alguien, y que cuando las circunstancias lo permiten, se da el lujo de vivir algo que ella desea pero que no sabe qué final tendrá. Es complicado, como ella le dice a su terapeuta.

Jake es un hombre maduro y en la antesala de la vejez que logró fundar una nueva relación con la joven Agness (Lake Bell) y tiene un niño de cinco años. Pero esto no lo hace feliz y luego del reencuentro casual con su ex intenta regresar a la relación que tuvo con ella. Ambos lo intentan pero las inercias de tantos años presentan sus circunstancias propias haciendo que todo sea “complicado”.

Una nueva oportunidad se abre para Jane cuando conoce a Adam (Steve Martin) pero entre que sí y que no regresa con Jake hay una enorme ambigüedad que tiene que ser resuelta. ¿Quién no se ha visto en una situación humana así? Meyers presenta una cinta aparentemente ligera pero de la cual el espectador puede sacar temas de reflexión de manera divertida y madura.

Sherlock Holmes


Guy Ritchie se pone clásico

Ricardo Martínez García

El Sherlock Holmes de Guy Ritchie es un ejercicio fílmico de un cineasta que ha logrado alcanzar su madurez, y lo hace con un tema clásico de la literatura popular británica, desde su visión particular pero sin dejar de lado la esencia del genial personaje creado por sir Arthur Conan Doyle.

El método detectivesco fundamentado en la observación y en la deducción, tan desarrollado por Sherlock Holmes y que es un elemento esencial en el personaje literario llevado a extremos próximos a la grosería de tan exactos, es respetado por Ritchie, no así algunos excelentes elementos ambientales o escenográficos, pero esto en la cinta del ex de Madonna se agradece, pues con ello logra un trabajo redondo: es entretenido, hay un misterio que resolver, los personajes protagónicos corren aventuras y romances y finalmente los malos no se salen con la suya.

El intercambio de diálogos entre Holmes y su inseparable compañero Watson (Robert Downey Jr. y Jude Law, ambos en una de sus mejores interpretaciones) son divertidos e ingeniosos, así como la picardía de Irene Adler (Rachel McAdams, preciosa y audaz ladrona objeto amoroso de Holmes), lo que hace que sean personajes simpáticos y con los cuales el espectador se identifica plenamente.

Holmes y Watson a ratos parecen dos esposos que se llevan tan bien que a cada rato quieren separarse pero sin lograrlo, se conocen tan bien que es un gusto verlos interactuar. No son como los personajes sobrios que dibuja Conan Doyle sino son mucho más intensos, algo que los puristas han rechazado. Ritchie adereza de modo muy lúdico la esencia de los relatos de Conan Doyle y ofrece un producto divertido, ameno, atractivo para las grandes audiencias que no necesitan haber leído los relatos detectivescos originales para disfrutarlos. Incluso aquellos que sí los hayan leído podrán ver que la transformación mantiene la esencia del personaje y la recreación es más que buena. No deje de verla si le gustan las cintas de detectives al estilo clásico.


Wednesday, January 20, 2010

Actividad Paranormal


Terror a Cuentagotas
Ricardo Martínez García
Prácticamente sin efectos especiales y con un estilo fílmico que combina el video casero con la autofilmación testimonial que evoca a películas como La Bruja de Blair o Cloverfield, la cinta Actividad Paranormal, del cineasta de origen israelí Oren Peli del 2007, pero apenas estrenada en México, muestra un manejo de los tiempos y las circunstancias bastante efectivo para generar terror, a pesar de tener una trama relativamente sencilla.

Katie (Katie Featherson) y Micah (Micah Sloat) son una joven pareja que vive en una cómoda residencia. Katie expresa un sentimiento de estar siendo acechada, o de que escucha pequeños ruidos en la noche, y Micah decide comenzar a filmar lo que acontece en su dormitorio.

Pequeños ruidos o movimientos inexplicables son registrados al principio en la videograbadora, pero ante la insistencia de Micah por que la entidad o lo que sea se manifieste, poco a poco van creciendo de intensidad las cosas inexplicables.
En la casa de Micah ocurren cosas extrañas: Katie se levanta por las noches y se queda inmóvil en el mismo sitio por largo tiempo, se escuchan ruidos que los despiertan, una ouija se mueve solita. Cualquiera de estas manifestaciones son cosas algo más que suficientes para salir corriendo, pero Katie cree que no puede irse porque el fantasma o lo que sea la persigue a ella, no a la casa. Un psiquiatra los visita y aconseja que vean a un demonólogo pero no encuentran el modo de comunicarse con él. Así se gesta el desenlace.
El correcto manejo del ritmo de las acciones (todas transcurren dentro de la casa), muy bien dosificado, genera ansiedad y muchas expectativas, las cuales se cumplen dramáticamente para la pareja (y el espectador). Al parecer el hecho de que Micah comenzara a filmar fue el detonante para que un ente que era provocado y retado a manifestarse finalmente lo hiciera. Un par de escenas son de verdadero escalofrío. No deje de verla si le gustan las cintas del género.

Tuesday, January 19, 2010

El vengador


Inteligencia desbordada

Ricardo Martínez García

Gerard Butler, el excelente actor escocés de cintas como 300 y Rocknrolla, hace una dupla explosiva con el no menos talentoso Jamie Foxx en este thriller jurisprudencial que ataca cierto aspecto del sistema de justicia en los Estados Unidos, El Vengador (Law Abiding Citizen, F. Gary Gray, 09)

Clyde Shelton (Butler) es aparentemente un ciudadano ejemplar con una familia normal y todo. De pronto sufre en su casa el ataque de unos delincuentes que violan y matan a su esposa e hija. Sobreviviente del ataque, y luego de la captura de los delincuentes, Shelton acude a los tribunales solo para ver cómo el fiscal del caso Nick Rice (Foxx) hace un trato con uno de los delincuentes, el más culpable, para que el caso se amarre, aunque eso signifique que no se paguen debidamente los crímenes. La lógica del fiscal es que al hacer el trato se logra castigar a los dos delincuentes pero no cuenta con la idea de justicia de Shelton. Eso lo lleva a planear una venganza meticulosa que incluye aún al fiscal del caso.

El personaje de Butler es sumamente listo, todo un genio, pero llega un momento en que en el afán de aleccionar al sistema de justicia, pierde piso y va más allá de lo que originalmente era su idea. Hace grandes demostraciones de su genio pero no se da cuenta de que su lucha destructiva no conducirá al mejoramiento del sistema de justicia. No puede luchar contra todo el establishment porque eso es ir en contra de la propia sociedad. No es como el personaje de Charles Bronson en El Vengador Anónimo, que toma la justicia por su cuenta. Shelton en su egocentrismo quiere poner en su lugar a todo el sistema de justicia.

El fiscal Rice es un personaje que solo hace su trabajo, aunque le queda claro que en ciertos casos no se trata de ganar o ganar, sino de buscar justicia realmente, aunque el sistema proteja a los delincuentes, y eso lo aprenderá del modo más duro.

Al final la cinta se cae un poco debido a esa compulsión increíble de Shelton de llevar hasta sus últimas consecuencias su venganza irracional. La cinta entonces se vuelve predecible y da una vuelta de tuerca: el astuto fiscal es el que finalmente nulifica a Shelton. El corolario de esta cinta así parece ser que la practicidad se impone sobre la genialidad. ¿Será así en la vida real?

Amor sin Escalas


Despidos al por mayor

Ricardo Martínez García

¿Será posible tener un trabajo peor que uno en el que se tenga que despedir a otros?, bueno, ése es el trabajo que le permite a Ryan Binghan (George Clooney interpretándose casi a sí mismo: simpático, ocurrente, soltero empedernido, un ente solitario pero casi nunca triste) viajar por todo el territorio norteamericano y acumular cientos de miles de kilómetros, lo cual lo hacen acreedor a ciertos insospechados privilegios, además de que su vida cotidiana es como un manual de viajero frecuente.

Jason Reitman, el director de Amor sin Escalas (Up in the air, 09) logró cierta notoriedad a raíz de su trabajo en Juno, con un excelente guión de Diablo Cody y la extraordinaria actuación de Ellen Page. Con esta cinta refuerza su idea de que odia las historias con mensaje, aunque tal vez más bien sea posible encontrar un antimensaje.

En época de crisis debidas a guerras o depreciación de la vida económica, ciertas cintas trágicas o de terror, dicen los entendidos, logran de algún modo encauzar parte de las percepciones negativas de la población en general hacia salidas menos traumáticas. Así, las películas se vuelven en cierto modo catárticas. La cinta de Reitman que nos presenta en esta ocasión le queda como anillo al dedo a los mexicanos, que en este mes de enero ven cómo el gobierno federal, encabezado por Felipe Calderón, que en campaña se vendió como un candidato que impulsaría el empleo, no solo no ha generado nuevos empleos sino los que hay los va acabando poco a poco, para no hablar de los aumentos en impuestos y en productos básicos.

El espectador ve cómo se desenvuelve el profesional del despido Ryan y su compañera novata Natalie (Anna Kendrick) y no puede hacer menos que identificarse con aquellos que son despedidos. A modo de consuelo (que no carece de cierta gracia) estas aves de mal agüero les muestran ciertas estrategias a los nuevos desempleados con el fin de que vean su despido más como una oportunidad de crecer (que sin duda lo puede ser) que como una calamidad en su vida. De modo que el darwinismo social se impone como explicación de los que sobreviven a ese ambiente adverso, pero no todos lo logran, lógica y naturalmente.

Cuando Ryan conoce a su contraparte femenina, en uno de sus tantos viajes, se encuentra en efecto con su propio reflejo, pero en la jugada del amor sin darse cuenta sale perdiendo. No deje de verla, si su ánimo anda volando bajo.

El Conquistador


Historias Universales

Ricardo Martínez García

No es la primera vez que la vida de Gengis Khan, el gran conquistador mongol que vivió en el siglo XII de nuestra era, es llevada a la pantalla grande. En 1956 John Wayne hizo el papel del caudillo de oriente en una cinta dirigida por Dick Powell y en la que intervino en el reparto Pedro Armendáriz.

Más allá de la anécdota cinematográfica, en la cinta El Conquistador (Tayna Chingis Khaana, 09) del director ruso Andrei Borissov se muestran las situaciones tradicionales de las tribus mongoles que en realidad no son tan diferentes a las de otras tribus del mundo.

Los líderes de esas tribus nómadas de la salvaje y extensa estepa al norte de China, a veces prósperas y a veces paupérrimas, siempre están a un paso de caer en desgracia. Las traiciones de las que son objeto, las envidias y la infidelidad, aunadas a los resentimientos que sus propias personalidades van generando, hacen que sus familias pasen de ser la familia principal en su sociedad a ser los perseguidos y humillados.

Otras historias no menos universales están presentes aquí, como la de los amigos que se vuelven hermanos y que alguna vez se juraran fidelidad mutua, de pronto las circunstancias o la ambición los lleva a luchar entre sí, como en el mítico relato bíblico de Caín y Abel. Esto es lo que en parte nos muestra la cinta de Borissov, que hace un relato épico del tezón y la fortaleza de quien se volviera el Kahn de todos los mongoles, gobernando en un territorio casi tan vasto como el que conquistó Alejandro Magno quince siglos atrás.

La excelente fotografía y ambientación hacen de esta ejemplar cinta rusa un contraste muy agradable respecto a cintas como Gladiador o la vieja Espartaco, que son completamente propias de una tradición occidental. Oriente también tiene sus héroes y uno de los mayores es este Gengis Kahn. Si la ve exhibiéndose en alguna sala no deje de verla.