Tuesday, November 25, 2014

Más negro que la noche

Nostalgia o carencia 
Reciclando el miedo

Ricardo Martínez García

En 1975 el director Carlos Enrique Taboada presentó la cinta “Más negro que la noche”, en la que una rica anciana hereda a su sobrina su mansión, con la condición de que cuide de su gato. La cinta estaba protagonizada por Pedro Armendáriz Jr., Lucía Méndez, Claudia Islas, Susana Dosamantes y Helena Rojo.

Este año Henry Bedwell dirige un remake de aquella cinta, que consolidó a Taboada como el máximo exponente del género de suspenso o de terror en nuestro país, luego de sus cintas El espejo de la Bruja (62), Hasta el viento tiene miedo (68) y El libro de Piedra (69).

La nueva versión de Bedwell cuenta con una buena escenografía y ambientación (la enorme y descuidada mansión de aspecto lúgubre, de una riqueza fastuosa que vio mejores tiempos; una ama de llaves siniestra y mandona), con adecuados efectos especiales (sombras que recorren pasillos, figuras en pinturas que cobran movimiento), pero carece originalidad, al ser predecibles los momentos climáticos de la historia, al menos para cierto sector de los espectadores. El trabajo actoral inicia tibio, mejora un poco al comenzar las acciones terroríficas, pero no va más allá e incluso queda a deber.

Bedwell ha dicho que quería homenajear el trabajo de Taboada, pero ¿por qué homenajearlo con un remake, que difícilmente podría superar el trabajo de la cinta original, y ya considerada clásica de nuestra cinematografía? Además la tendencia al remake, ya mostrada por El libro de Piedra del 2009, y del Hasta el viento tiene miedo, del 2007, solo ha dejado claro que difícilmente se pueden superar los trabajos originales, o que se teme apostar o arriesgar por proyectos originales e irse por lo seguro, es decir usar un guión que mostró ser exitoso, pero a costa de la pérdida de novedad.


Sería interesante ver a Bedwell, o a Guillermo del Toro haciendo una adaptación fílmica, por ejemplo, de El legado Peabody, o de cualquier relato incluido en el libro “La habitación cerrada”, de H.P. Lovecraft y August Derleth, o llevar a las salas algún buen relato de terror inédito, escrito por un mexicano. Eso sí sería novedad.

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