Friday, September 28, 2007

El Buen Nombre

De la tradición sólo lo mejor
Ricardo Martínez García

Una pareja recién casada de hindúes bengalíes emigran a los Estados Unidos y viven un choque cultural en el que sus hijos se adaptan mejor, aunque su identidad cultural surge en los momentos más duros de su vida.

La cineasta y socióloga Mira Nair (57), originaria de Nueva Delhi, conocida por sus cortometrajes, documentales, por su primera cinta Salaam Bombay y además por La Familia Perez y Missisipi Masala (con Denzel Washington), presenta en The Namesake (El Buen Nombre, 06) una cinta costumbrista y atractiva por varias razones: es la narración del inmigrante hindú recién casado Ashoke y su esposa Ashima, que se trasladan de Calcuta a Nueva York y que se tienen que adaptar forzosamente a la nueva cultura pero sin perder su identidad.

Su primer hijo nace en Nueva York, por lo que se les pide den un nombre para el acta de nacimiento; la costumbre de esta familia bengalí es darle al niño un nombre o apodo provisional, mientras se decide su “buen nombre” lo cual puede tardar años. Ante la premura del momento, su padre decide ponerle Gogol, en honor a Nikolai Gogol, autor del libro que leía cuando, siendo joven, viajaba en un tren que se accidentó. Los rescatistas lograron ver el libro manchado de sangre que agitaba trémulamente su mano, y por eso para él ese nombre significaba algo más que un literato ruso esquizofrénico.


Al ir creciendo, Gogol reniega, ante las burlas que causa entre sus compañeros de escuela, de su nombre oficial y adopta el de Nikihil, su “buen nombre”. Su padre le explica por qué le puso Gogol, pero es hasta que éste muere que se da cuenta del significado completo que su padre puso en él.

La universalidad del fenómeno migratorio que vive esta familia (que se enfrenta raramente a muestras de xenofobia o discriminación racial) recuerda fuertemente al caso de los millones de familias mexicanas que viven en los Estados Unidos. Con tintes más humorísticos y de denuncia ante la corrupción de algunas autoridades migratorias y policiacas mexicanas, la película Bienvenido Paisano (06), dirigida por Rafael Villaseñor Kuri y protagonizada por Rafael Inclán y María Sorté, presenta a unos inmigrantes mexicanos que logran con grandes esfuerzos establecerse y criar a sus hijos en algún lugar de los Estados Unidos que regresan de vacaciones a México. Como en The Namesake, los hijos son los primeros en renegar de sus raíces, pero terminan aceptándola al final, siendo su hija mayor la que se rinde ante un guapo primo mexicano.

La película de Nair profundiza mucho más en los sentimientos, las pasiones y los deseos de sus personajes. Su narración va de una generación a otra, primero se centra en la vida del nuevo matrimonio, luego en la evolución de Gogol, aunque extrañamente omite la de su hermana menor, de la que no se sabe si tuvo un “buen nombre” o si sólo aplica a los hijos varones.

La tristeza y soledad de Ashima, luego de la muerte de su esposo, encuentra una conclusión feliz al regresar a Calcuta y proseguir con sus estudios de canto, a sus cuarenta y cinco años. Su hija menor también encuentra el amor en un hombre no bengalí. Gogol, por su parte, antes de la muerte de su padre, tiene una novia rubia, anglosajona y de mente abierta llamada Maxine, pero rompe con ella cuando la excluye de los ritos y ceremonias fúnebres de su padre.


Ante la depresión que lo anterior le genera, su madre le aconseja seguir su vida, reconciliarse con Max, o llamarle a una chica bengalí soltera, quien había estado a punto de casarse pero su boda se frustró. Nadie pregunta la razón de esto, y menos él, quien al comenzar a salir con ella se topa con una exuberante y sexy mujer; naturalmente se enamora rápidamente de ella y se casa según su tradición, pero su pasado le pasa factura (en forma de recuerdos de un ex amante francés) y el matrimonio se va a pique.

Una de las constantes de Mira Nair es mostrar en sus películas el drama humano como una odisea por la vida. Lo hizo así en su primera película Salaam Bombay (88) que significa “Saludos, Bombay”, en la que narra la odisea de un niño que es arrojado de su hogar, se une a un circo que lo abandona en un lugar lejano, luego forma parte de un grupo de niños de la calle, se vuelve vendedor de té, y otras peripecias más. Todo lo que desea este niño es regresar a casa con su madre. La obra, me parece, tiene ciertas referencias al estilo literario de Rudyard Kipling en su libro Kim.

Otra odisea familiar es la que vemos en La Familia Perez (95), una familia cubana cuyo padre, Juan Raúl Pérez, luego de salir de prisión intenta reunirse con su esposa e hija que ya han huido hacia Florida, pero en una confusión al llegar a la costa, los oficiales de inmigración creen que la mujer con la que viene Juan es su esposa, pero en realidad es una prostituta que intenta rehacer su vida. Juntos, intentarán establecerse, uniéndose a otros inmigrantes con los que fingen ser familia. La cinta cuenta con las actuaciones de Alfred Molina, Anjelica Huston, Marisa Tomei y Chazz Palminteri, entre otros.

El Buen Nombre es un filme interesante, con ritmo, centrado en los pequeños pero importantes y cotidianos dramas humanos, pero sin caer en excesos, que conducen a revalorar las manifestaciones culturales propias y las adquiridas. Como la gran mayoría de las películas de su directora (egresada de Harvard como socióloga), representa una excelente opción ante las comedias de corte Hollywoodense.

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